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CRÓNICA PRIMAVERA SOUND: VIERNES

Los sudafricanos John Wizards (con muchos problemas para poder llegar a Barcelona) tuvieron que cancelar su concierto programado para el jueves y al final se les asignó un slot en el Auditori que había quedado vacante tras la cancelación de Linda Perhacs. La joven banda probó sonido en quince minutos y acabó empezando su concierto con algo de retraso, algo que influyó en su desarrollo. John Wizards lo intentaron, con una contagiosa actitud y grandes dosis de desparpajo, pero tras su show uno se queda con la misma sensación que cuando escucha su primer disco: un atractivo cóctel sonoro (mezcla de electrónica de baile y música de raíces africana) que no consigue disimular la falta de canciones.

Drive-By Truckers, bajo la lluvia

Siguiente parada: Drive By Truckers. Al salir del Auditori comprobamos con desolación que el tiempo había cambiado rápidamente y que estaba lloviendo con cierta intensidad, algo que no nos impidió acercarnos a escuchar al quinteto norteamericano y su rock de raíces sureñas. Pudimos disfrutar igualmente de un impecable repertorio de canciones inspiradas en grandes nombres como Steve Earle, Neil Young o Tom Petty. Una lástima que el concierto quedara algo deslucido por las circunstancias adversas. Ya sin lluvia, nos dirigimos al escenario ATP, donde nos encontramos una notable cantidad de público reunida para presenciar el regreso de los británicos Loop, un grupo que veinte años después me sigue pareciendo -opinión muy personal, hablé con amigos a los que les había gustado mucho el show- de lo más mediocre. Viéndolos, uno se pone a pensar qué sentido tiene todo esto de las reuniones y cómo esta tendencia (que Primavera Sound y ATP Festival han explotado hasta la saciedad) refleja una actitud muy característica del consumo cultural del Siglo XXI: estamos acostumbrados a tener acceso inmediato a todo y nos creemos capaces de viajar atrás en el tiempo (como si fuésemos una especie de vampiros culturales), capturar a Loop, The Pixies o quien sea y traerlos al día presente. Por desgracia, la mayoría de veces -no todas, como tendríamos ocasión de comprobar a lo largo del día- el experimento no funciona.

La imagen del festival: Chubasqueros y arco iris

Iba con muchas ganas al reencuentro con Kim Gordon y su proyecto Body/Head (junto al guitarrista Bill Nace) y su breve concierto cumplió con las expectativas de manera sobrada. Poco más de treinta minutos de una intensidad apabullante (un directo que amplifica el impacto del disco que publicaron el año pasado, “Coming Apart”), llena de sonidos primarios y experimentales y gran fuerza lírica. Vanguardia y riesgo cien por cien New York que ahuyentó a una parte de la audiencia que se había acercado de manera casual. El primer gran concierto del día y uno de los mejores en lo que llevábamos de festival. Salimos disparados a la otra punta del recinto, donde nos esperaban Slowdive (en la imagen de cabecera). Intentamos mutar el chip y prepararnos mentalmente para el radical cambio de lugar: en el escenario de Llevant los conciertos son otra cosa. Como es previsible, hay un auténtico mogollonazo de gente (suspiro, cabeceo) y nos situamos más o menos en el área grande de la portería contraria de un campo de fútbol y así nos disponemos a disfrutar del show de los de Reading (otra de las reuniones que pueblan el cartel de la jornada). Un sonido ciertamente bajo de volumen (uno de los mayores problemas en casi todos los escenarios), pero que llegaba con una nitidez cristalina, imprescindible para poder disfrutar del shoegaze atmosférico y etéreo del grupo liderado por Neil Halstead y Rachel Goswell. Estamos a unos sesenta metros del escenario, pero Slowdive están sonando de fábula. Van cayendo hits como “Machine Gun”, “When The Sun Hits” e incluso “Rutti”, una canción que he escuchado cientos de veces en la soledad de una habitación y que al aire libre suena igual de bien. Decíamos un poco más arriba que algunas reuniones funcionan y otras no. La de Slowdive desde luego funcionó.

Black Francis (Pixies)

Poco antes de terminar el concierto dirigimos nuestros pasos hacia el escenario donde actuarían Pixies para poder situarnos en un espacio más o menos cercano. Al llegar ya hay un montón de gente y nos tenemos que mentalizar otra vez de que esto es un macrofestival, de que hay mucha gente que quiere ver a este grupo, etc, etc (algunos lo llamarían autosugestión). Empiezan The Pixies con “Bone Machine”, luego “Gouge Away” y “Caribou” y venga hits, uno detrás de otro (muchas veces he pensado que sólo los Beatles tienen un cancionero más sólido que el de Black Francis y los suyos). Pero algo falla. Por las pantallas podemos ver que sí, que son los Pixies, pero al escucharlos (volumen bajo, falta de nervio, ejecución más o menos pulida pero plana y sin ningún tipo de espontaneidad) nos damos cuenta de que no son los Pixies: son un grupo de versiones de los Pixies formado por miembros de los Pixies. Coca Cola light, como decía un amigo mío. Un sucedáneo. A mitad del concierto damos media vuelta y emprendemos el camino de vuelta hacia el ATP, donde en unos minutos empezarán Slint. Afortunadamente no hay mucha gente esperando el inicio del show y podemos pillar un sitio inmejorable, que nos permitirá disfrutar del concierto en impecables condiciones.

Slint

Empieza el show y el ambiente reinante es el de las grandes ocasiones: nadie saca el jodido telefonito móvil y reina el silencio durante todo el concierto. De vez en cuando, uno se encuentra estos momentos en el Primavera y recupera la fe en la humanidad. Corre algo de brisa y el sonido llega con nitidez. De repente Slint están tocando sólo para mí, no hay nadie más en el Forum. Estoy solo, la música llega de algún lugar mágico e indeterminado. Toda la carga existencial que conlleva la experiencia vital capturada en un puñado de canciones, una intensidad sobrecogedora y angustiante, ejecutada con maestría (uniendo precisión instrumental y alma). El típico concierto del que hablaremos durante años y con el que torturaremos al pobre amigo que no pudo venir. Un encuentro histórico, que confirma a Slint como uno de los grandes grupos de su generación y cuyo impacto, lejos de apagarse, se va acrecentando con el paso de los años. Agotados emocionalmente, llegamos a tiempo de pillar los últimos coletazos del concierto de The National y su estilizado y épico adult oriented indie rock. Un concierto en el que hicieron un repaso de su carrera y que gozó de una gran aceptación. De veras que intentamos meternos en la actuación, pero fue imposible por dos factores: por un lado, todavía no nos habíamos recuperado del impacto emocional del show de Slint, y por el otro, se hace casi imposible disfrutar de los conciertos en la zona de Llevant, donde uno sólo puede ver al grupo a menos de treinta metros si llega una hora antes. Era realmente curioso observar a miles de personas siguiendo el concierto de The National por la pantalla que hay detrás de la mesa de sonido, a unos setenta metros de Matt Berninger. Definitivamente no es lo que uno entiende por “ver un concierto”. Mañana, más.

Texto: Manel Peña

Fotos: Xavi Mercadé

IS-TROPICAL

IS TROPICAL SE SUMAN AL FESTIVAL DO NORTE

Tras su gira de ocho conciertos abriendo para Crystal Fighters, el trío inglés Is Tropical se suma al cartel del Festival do Norte, que tendrá lugar los días 3, 4 y 5 de julio. Un evento que, después de trece años celebrándose en Vilagarcía de Arousa, se traslada este año al municipio vecino, también de la provincia de Pontevedra, de Illa de Arousa, y que contará en su cartel con, entre otros, Austra, The Horrors, The Pains Of Being Pure At Heart, The Wave Pictures, Kakkmaddafakka y Veronica Falls.

Is Tropical son responsables de un electro-pop bailable que en cierta manera traslada al paradigma sonoro el aroma a violencia visual de sus vídeos, como los de las canciones “The Greeks” y “Lies”. Se formaron en 2009 y en enero de 2010 sacaron su primer single, “When O’ When”, que rápidamente les hizo fichar por el sello francés Kitsuné (el de Phoenix, Two Door Cinema Club y Hot Chip). Su primer disco llegó en junio de 2011, “Native To”, impulsado por el impacto del citado vídeo de “The Greeks”, su sencillo de avance, que recibió varios premios internacionales, entre ellos el UK Music Video Awards y el Artrocker Award. Tras pasarse la mayor parte de 2011 y 2012 girando (Europa, América -en Estados Unidos con Crystal Fighters-, Japón y el Lejano Oriente), en enero de 2013 publicaron el EP “Flags”, de más marcado acento electrónico, y cinco meses después llegó su segundo larga duración, “I’m Leaving”, en el que han añadido más variedad a su sonido.

I-AM-LEGION

I AM LEGION ENCABEZAN LAS NUEVAS INCORPORACIONES DE DREAMBEACH VILLARICOS

El festival de música electrónica Dreambeach Villaricos (Almería, 8 y 9 de agosto) ha anunciado quince nuevos artistas. I Am Legion, la unión de dos formaciones tan contundentes como Noisia y Foregin Beggars, es la incorporación estrella en esta nueva tanda, en la que también figuran Dosem, Christian Smith, Ismael Rivas y Perc.

También se hecho saber el reparto de artistas que actuarán cada día en el recinto del festival, en plena playa de Villaricos. Así, sabemos ya que Snoop Dog Aka Snoop Lion actuará junto con Carl Cox o Krewella el viernes día 8 de agosto, tras el special opening set del que se encargará Marco Carola, mientras que el sábado 9 será el día para disfrutar de Armin Van Buuren, Knife Party, Richie Hawtin, I Am Legion o las únicas actuaciones en festivales en España este verano de Netsky (live) o W&W, entre otros. Los abonos entran en un nuevo tramo de precios y ya están disponibles las entradas de día del festival.

publico primavera

CRÓNICA PRIMAVERA SOUND: JUEVES

Justo cuando las nubes daban paso al sol, empezamos nuestro periplo por el festival con uno de los cuatro conciertos programados en el Auditori, un escenario que cada año acostumbra a ofrecer un buen número de actuaciones imprescindibles. A diferencia de otros años, en esta edición se programaron conciertos allí el mismo jueves. El encargado de abrir el fuego fue Colin Stetson, un músico que estudia los recursos expresivos del saxo en sus canciones. Sirviéndose únicamente de dos saxos (uno de ellos barítono), Stetson recordó a maestros del minimalismo como Terry Riley o Steve Reich añadiéndole un fuerte elemento percusivo e incluso voces -¡todo ello sin dejar de tocar!-. Lástima que -al contrario de lo que sucede en sus discos- el conjunto acabara haciéndose algo reiterativo.

Julian Cope

Unos minutos después de Stetson, era el turno de uno de los platos fuertes de la jornada en el Auditori: el ex-Teardrop Explodes, Julian Cope. El chamán, musicólogo, poeta y carismático guitarrista ofreció un impactante concierto centrado en su último disco, “Revolutionary Suicide”, convirtiendo el escenario en una especie de ritual chamánico de efectos altamente intoxicantes. Su concierto era de los más esperados y desde luego no defraudó a ninguno de sus seguidores. Seguro que Julian Cope -obseso estudioso del krautrock alemán- hubiera aprobado nuestra siguiente elección en la ruta, los chilenos Follakzoid. Formado en 2007 y con discos publicados en sellos de referencia como Sacred Bones, el cuarteto desplegó la alfombra voladora y nos llevó de viaje durante unos minutos: krautrock de manual, excelentemente ejecutado, al que el único pero que se le puede poner (la hora de la actuación) no hay que achacárselo a ellos. Era el turno de volver al Auditori, donde en unos minutos empezarían A Winged Victory For The Sullen, el proyecto de ambient y neoclásica comandado por el pianista Dustin O’Halloran y Adam Wiltzie (ex-Stars of The Lid). Fue un lujo dejarse abrazar por sus composiciones atmosféricas e hipnóticas, para las que el dúo contó con el apoyo de un cuarteto de cuerda que ayudó a dar más profundidad al conjunto. Al salir aún estuvimos a tiempo de presenciar parte del show de los holandeses The Ex, cuya efectividad en directo está fuera de toda duda. El veterano cuarteto nos enseñó por enésima vez cómo unir punk con ritmos de raíz africana, ofreciendo un imparable y frenético torrente musical que culminó con su clásica y festiva canción -homenaje a la banda africana Konono #1-, “Theme From Konono”.

Warpaint

Nos trasladamos a continuación al espacio de Llevant, donde el cuarteto femenino Warpaint presentaba las canciones de su segundo disco. Las de Los Ángeles nos dejaron boquiabiertos con una excelente interpretación que no perdió interés en ningún momento, llena de esa sonoridad sofisticada y vaporosa (deudora de Cocteau Twins o The Cure) que tan bien recrean en disco y que por lo visto ayer no es un trabajo de laboratorio, sino fruto de la interacción musical. Un conjunto orgánico y natural que las confirma como una banda a seguir. Tras coger fuerzas unos minutos, nos dirigimos de vuelta a un escenario ATP, que se quedaría pequeño para recibir a Jeff Mangum y sus colegas de Elephant Six. La expectación con que el público congregado ha estado esperando el concierto de Neutral Milk Hotel (recordemos que fue un grupo ignorado en su momento por prensa y público) da material para la reflexión, y el concierto tuvo mucho de tributo y homenaje, casi un ejercicio de restitución de la memoria histórica. Los de Jeff Mangum se esforzaron por borrar las distancias de este espacio tan poco natural para disfrutar de la música de Neutral Milk Hotel, pero lo cierto es que se hizo muy difícil meterse en el concierto, que acabó siendo una experiencia de lo más frustrante. Viendo a Chrome, en cambio, en el escenario Vice, desde luego se pudo vivir el concierto con mucha más comodidad. Nos pudimos acercar al líder de la formación -el carismático Helios Creed- y dejarnos abofetear por su protopunk oscuro y peligroso. Un irresistible mazacote mugriento y ruidoso que sonaba como si subiera directamente de las cloacas y que fue toda una sorpresa (Creed lleva unos treinta años en el negocio).

Win Butler (Arcade Fire)

Como si se tratara del típico primo de Cuenca al que sólo ves una vez al año, eso es más o menos en lo que consiste el reencuentro con Shellac de cada año. No faltamos a la cita y los de Chicago nos dieron exactamente lo que esperábamos (“Steady as she goes”, “The squirrel song”, “The end of radio”) y cómo lo esperábamos (enfermizo post-hardcore primorosamente interpretado). Mientras su concierto del año pasado nos dejó con la sensación agridulce de que quizá ya había llegado el momento de que los de Steve Albini aparcaran el proyecto un tiempo, el show de ayer nos hizo recuperar la fe en ellos, y de qué manera. Vuelta a la zona de Llevant para darnos uno de los mayores baños de masas que viviremos en la edición de este año: Arcade Fire. Diez años después de su debut en España, en el mismo marco del Primavera Sound, volvía el grupo de Win Butler, ya convertido en toda una realidad, uno de esas bandas de impacto transversal que escuchan tus primos de trece años y los compañeros de trabajo que sólo ven futbol. En estos conciertos uno se lo tiene que tomar con calma, pero no se puede negar que el show de Arcade Fire fue de los que se reciben con euforia, sus épicas canciones con estribillos reconocibles y coreables se adaptan al marco como un guante de seda. Viéndolos reventar el espacio Llevant, uno se da cuenta de que no hay ningún otro grupo que encaje mejor en el rol de cabeza de cartel del Primavera. Su show se centró en su último disco, “Reflektor”, pero lógicamente incluyó citas a sus clásicos: “Power Up”, “Rebellion (Lies)” o “No Cars Go”. Todos contentos, Win. Menos mal que tuvimos tiempo de pescar el último tramo de la actuación de Charles Bradley, al que algunos ya habíamos visto en directo (pasó por una edición del añorado Primavera Club hace unos años). Un soberbio e irresistible ejercicio de soul clásico, en el que -al igual que sucede en disco- Bradley ofrece su encendido homenaje al legado de la música negra, legado del que él (aunque en su caso haya sido un reconocimiento tardío) ya forma parte con todo merecimiento.

Charles Bradley: Soul power

Texto: Manel Peña

Fotos: Xavi Mercadé

Exsonvaldes1-©Valerie-Archeno

ARENAL SOUND, GRUPOS A PALADAS

El Arenal Sound continúa sumando nombres a un cartel que parece intentar batir algún récord, aunque en términos de calidad obliga a separar el grano de la paja como ningún otro festival estatal. La cita es en la playa de Burriana, del 31 de julio al 3 de agosto (aunque  también habrá conciertos el martes 29 y el miércoles 30 de julio), y el aluvión de confirmaciones de última hora, que completa el 95% del cartel, incluye a Evangelos, Gatomidi, deBigote, Los News, Los Nastys, Rock & Wolves, Les Castizos, Niño Burbuja, The Noises, Sandro, La Sonrisa de Julia, Meganimals, Eme Dj, The Parrots, Ville Rowland, Jack Knife, Guille Milkyway Dj, Grises, La Raíz, Lofelive, House South Brothers, Pull My Strings, Carlos Sadness, Vienna In Love, Satellite Stories y Buraka Som Sistema. ¿Será por grupos? Mención aparte para algún nombre de mayor trascendencia, como Tachenko, We Are Standard o los franceses Exsonvaldes.

Foto: Exsonvaldes por Valerie Archeno

Stromae cabecera articulo

CRÓNICA PRIMAVERA SOUND: MARTES Y MIÉRCOLES

El sentido común nos dice que el crecimiento sostenido e indefinido no es algo deseable, pero, oye, aquí están los del Primavera Sound para desafiar este axioma. Lejos de contentarse con el ritmo al que ha ido creciendo el festival, la organización sigue apretando el acelerador, añadiendo escenarios, patrocinadores, grupos de todos los tamaños, estilos y colores, días de programación, etc.. El Primavera ya es, desde hace unos años, un auténtico mastodonte mediático que aglutina todo lo bueno (un cartel que busca un público cada vez más mayoritario pero con un olfato innegable para la selección de propuestas) y todo lo malo (la sensación de estar transitando en una feria de muestras o por un parque de atracciones más que viviendo una experiencia musical) de un acontecimiento festivalero. Una prueba de que el Primavera Sound se ha convertido en un monstruo que todo lo abarca es el calendario de actividades que se celebran alrededor de los tres días centrales: conciertos a la hora del vermut, pases gratuitos (ya sea en salas pequeñas con bandas locales o en grandes espacios con estrellas internacionales), en el metro, en tiendas de discos, showcases con sellos independientes de Barcelona… No hay ser humano que pueda absorber todo lo que ofrece el festival; hay oferta para todo tipo de público. El único riesgo recae en que la omnipresente presión corporativa y de patrocinadores varios acabe arruinando la experiencia, la sensación de ser un extra en un anuncio televisivo.

El frenesí de Antibalas

La noche del martes nos acercamos a la sala Apolo para comprobar cómo se las gastan en las distancias cortas dos bandas de estilos complementarios como Chicha Libre y Antibalas. Los primeros (tres de sus músicos llevaban sombrero e hicieron una versión de “Guns Of Brixton” , de The Clash) cumplieron perfectamente con su papel de teloneros, con un acercamiento a los sonidos afrocaribeños que quizá horrorizaría a los más puristas, pero que logró caldear el ambiente con su cumbia arrabalera y tabernaria. A continuación le llegó el turno a Antibalas, la ya veterana formación de Brooklyn comandada con mano maestra por el músico latinoamericano Martín Perna. Nada más y nada menos que doce músicos dan fuelle a esta engrasadísima locomotora de sonidos inspirados en el libro de estilo afrobeat de Fela Kuti (al que ellos añaden funk y soul) que funcionó a un ritmo constante toda la noche, yendo de menos a más, dejando para el recuerdo un fantástico show lleno de ritmo y calor.

El público del Fórum plantó cara a la lluvia

Manda c*jones que ya el miércoles (¡el miércoles!) uno tenga que andar dándole vueltas a la programación, afrontado solapamientos, descartando conciertos y toda la pesca. La propuesta en la coquetona sala Barts era realmente atractiva, la clase de menú dedicado a los paladares más exquisitos: Shellac (sí, ya nos sabemos el guión a la perfección y los hemos podido ver unas diecisiete veces, pero esta vez es en sala, con buen sonido, etc, etc), The Ex y el gurú del free jazz Petr Brotzmann. También quedaba la opción de darse unos abrazos con los amigos del sello La Castanya y todos sus fantásticos grupos de gente guapa y talentosa (Beach Beach, Me and The Bees, Aries). OK. Pues no. Todavía quedaba una tercera opción. Pensar a lo grande. Sacar pecho, coger aire y enfilar para el recinto del Forum a ver los conciertos gratuitos con toda la muchachada. Como si en los siguientes días no fuéramos a estar bastantes horas dando vueltas por el Forum, va y decidimos irnos para allí. ¡El miércoles! Pero la jugada salió de maravilla, ahora veréis. Llegamos justo a tiempo para escuchar los últimos 27 segundos del concierto de Temples (antes habían tocado Fira Fem y Él Mató A Un Policía Que Iba En Moto Y No Llevaba Casco). Llueve un poco, pero nos esforzamos en no pensar sobre la cuestión. Vale. En unos minutos ya empieza a llover en plan llamada de atención. Hace rato que tengo los pies empapados, como si andara por un bosque mojado todo el puto rato. Qué gran sensación.

Stromae: Ha nacido una estrella

Le rezo un par de oraciones a Jim O’Rourke: una para que deje de llover ya y otra para que los conciertos de Stromae y Sky Ferreira molen lo bastante como para poder ignorar a las veinte personas que mañana me dirán que Shellac y The Ex molaron un huevo. Jim O’Rourke vive muy lejos de Barcelona (en Tokyo, nada menos) pero de alguna manera ha escuchado mis plegarias y ya ha dejado de llover. No sólo eso (¡gracias, Jim!): Stromae hace un señor concierto. Lo de este chico es formidable (¿lo pillais?). Se pasea por el escenario (cantando, bailando, actuando, dando palmas) como si hubiera nacido para esto. Nadie de las doce mil trescientas veinte personas que me rodean (unas cuantas de ellas belgas, por cierto) podría hacer lo que hace Stromae. Desde que aparece en el escenario uno no puede apartar los ojos de él. Carisma, personalidad, espontaneidad, cercanía y glamour. Me hace pensar en M.I.A. y también en Ariel Pink. Interpreta cada canción como si fuera una minipelícula y al final de cada una de ellas aplaudimos y damos paso al siguiente personaje que se inventa para nosotros. Hacia el final del show va y desenfunda el pelotazo “Alors On Danse” y venga todos a bailar y a hacerse selfies y ya hace rato que no llueve. Estoy a veinticinco metros del escenario, en medio de un mogollonazo de gente (dos inglesas se las apañan para pisarme y meterme el paraguas en el ojo al mismo tiempo) pero Stromae me dice que baile y yo bailo. “Alors On Danse”. Se acaba el concierto y tengo ganas de llamar a Jim O’Rourke y darle las gracias por todo personalmente (no lo hago).

Sky Ferreira

Después sale Sky Ferreira y arranca el concierto con una “Boys” que suena absolutamente infame, como si estuvieran tocando Sunn o))) y ella cantara desde la habitación de al lado. A la tercera canción (“24 Hours”) la cosa ya suena un poquito mejor, pero todos nos hemos dado cuenta de que a Sky Ferreira y sus chavales de negro les falta mucho todavía para llenar un escenario tan grande como éste. Se van sucediendo las canciones de “Night Time, My Time” y me sorprendo pensando en Roxette. La Ferreira -con su look de huésped del Chelsea Hotel- para en mitad de un par de canciones por no sé qué problema de sonido, se toca el pelo, se pone y se quita las gafas de sol. Así llegamos hasta el final del concierto, cuando tienen a bien tocar esa canción rotunda y poderosa que es “You’re Not The One” y durante esos tres minutos de bailoteo feliz y cansado creo firmemente que Sky Ferreira podría llegar a ser algo más que otra Carly Rae Jepsen.

Mañana, más.

Texto: Manel Peña

Fotos: Xavi Mercadé

Puchero

VUELVE EL ESPÁRRAGO MUSIC FESTIVAL

Antes incluso que el FIB, el festival más longevo de España, exisitió el Espárrago Rock, que desapareció sin dejar rastro para resurgir de sus cenizas de manera modesta, en Huétor Tajar, donde se gestó también por primera vez. El II Espárrago Music Festival se celebrará el sábado 12 de Julio en la localidad granadina, con un cartel cargado de fusión en el que destacan El Puchero del Hortelano, Eskorzo, Tatamka y Sonido Vegetal, entre otros.

El Puchero del Hortelano es uno de los grupos clave en la escena mestiza, y se encuentra presentando su sexto álbum de estudio. Eskorzo tienen una trayectoria paralela, que se inclina por la fusión, la bullanga y el groove. Adelantarán temas de “Camino de Fuego”, su nueva grabación. En cuanto a Tatamka, es el grupo hueteño que más efervescencia tuvo en los novento, y se ha vuelto a reunir para compartir cartel con bandas hermanas como Sonido Vegetal y Los Vecinos del Callejón.

El festival ha lanzado una promoción de lanzamiento al precio de 12 euros.

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CRÓNICA DEL KRAFTWERK FESTIVAL (VIENA)

Telegráficamente. Joya cultural centroeuropea y antigua capital del berlanguiano Imperio Austrohúngaro, Viena fue la ciudad escogida entre los días 15 y 18 de mayo pasados porRalfHütter y sus obreros especializados para la presentación en tan incomparable marco de “Der Katalog 1 2 3 4 5 6 7 8″, espectáculo en casi estricto alemán con el que el grupo teutón repasa últimamente su discografía canónica. El Wiener Festwochen, o Festival de Viena, evento multidisciplinar que se da todos los años en la ciudad natal de Wittgenstein entre los meses de mayo y junio, ofició de gustoso anfitrión. Pocos artistas pueden permitirse el lujo de actuar cuatro días seguidos en un escenario tan exclusivo como el Burgtheater, edificio neobarroco inaugurado a mediados del siglo XVIII, aunque en otra localización, por la titánica María Teresa I de Austria, progenitora de la esta vez coppoliana Maria Antonieta. Edificio en cuya fachada destaca orgulloso, junto a los de Molière o Shakespeare, el nombre de nuestro Calderón. De la Barca, claro. Que no todo va a ser fútbol, caramba… Su situación actual a orillas del asfaltado Ring (tramo Universität), con el popular Volkstheater contrastando al otro lado de la avenida, se antoja ideal para la en cierta medida desafiante representación retrofuturista del cuarteto de Düsseldorf, cuyas entradas se agotaron en apenas unas horas durante el curso de la estresante mañana del 14 de febrero de 2014, si la memoria y mis vacilantes telómeros no fallan.

Kraftwerk ostentan por derecho propio la condición de grandes clásicos de nuestra época. Para quienes conocen su obra creo que el consenso es mayoritario. Pero yendo un poco más allá, también poseen dentro de su sintética simplicidad la de perspicaces innovadores de las formas musicales, o por lo menos de su representación. ¿Alguien me puede decir si antes de ellos sonó en alguna parte algo parecido a “Autobahn”? No creo. Ni Stockhausen, ni Walter Carlos, ni Silver Apples. Lo siento, pero Kraftwerk están a la altura de grandes colosos del arte del siglo XX como Picasso, Duchamp y Orson Welles, cuya interpretación por cierto de Harry Lime en “El tercer hombre” (Carol Reed, 1949), ya saben, el villano más simpático de la historia del cine, todavía puede rastrearse con placer secreto y cinéfilo por muchos rincones de la vieja Vindobona. Localizaciones míticas en Josefplatz, el Café Mozart o la noria del Prater aún conservan prácticamente intactas las huellas del escurridizo estraperlista y de su desconcertado amigo Holly Martins (Joseph Cotten). Igor Stravinsky, otro revolucionario de las formas del siglo pasado,también reapareció en nuestras simples vidas de turistas accidentales con su convulsa “Le Sacre du Printemps”,gracias a la Orquesta Filarmónica de Viena y en un escenario como el Musikverein, cerca de la Karlplatz (precisamente la plaza de las cloacas de Lime), lugar desde el que se retransmite cada año el concierto de Año Nuevo y la inevitable marcha Radeski. Uno de los espacios con mejor acústica del mundo, de turbio pasado y deslumbrante presente. Como ven, en Viena la música, pero también la arquitectura, el cine, la literatura, la pintura, la escultura, la filosofía, la historia y hasta el psicoanálisis, transpiran por todos sus poros. Anton Karas, Freud, Hawelka, Klimpt, Messerschmidt, Schiele, Angelo Soliman, Otto Wagner, Sissi, Eugenio de Saboya, Mozart, Schubert, Beethoven, romanos, otomanos y nazis, Johann Strauss padre, hijo y espíritu santo, Leonard Cohen, Ultravox… ¡Oooh, Vienaaa!

Pero volviendo a Kraftwerk, en tanto sale al mercado su nuevo álbum (ya todo un MacGuffin de la mitología tecno), lo que según la cronología interna de la banda haría el número nueve de su katalog (recordemos que hay un mutismo casi absoluto con lo que precedió a “Autobahn”, es decir, desde 1973 hacia atrás, a pesar de los comentarios vertidos hace unos pocos años sobre la esperada remasterización de trabajos ya casi apócrifos como “Ralf und Florian” y compañía), el cuarteto se está dedicando durante el último lustro a recorrer el mundo con su viejo repertorio, bajo diferentes formatos según el escenario y las posibilidades financieras, con predilección por entornos especiales tipo la Tate Modern de Londres o el MOMA de Nueva York, en lo que podría denominarse la sempiterna reinterpretación de sí mismos. “Kraftwerk sobre Kraftwerk, endlos, endlos”. Un se supone que lucrativo esfuerzo por mantener viva la llama (¡una central eléctrica jamás descansa!) superando de forma encomiable pasados esfuerzos por adaptar su sonido a las nuevas tendencias, algo que en mi opinión lograron definitivamente con el infravalorado “Tour de France”(2003), pero que no acabó de cuajar antes con “The Mix”(1991). Sintetizadores en la lluvia prealpina en pleno contraste con el clasicismo de una urbe donde pasado y presente se dan la mano en bellísima, pacífica, a veces dolorosa, concordia. No hay más que observar los edificios de postguerra en la lisiada plaza Hoher Markt o en la antaño temida Morzinplatz.

Fue interesante comprobar qué proporción hay en Kraftwerk de vivo y programado, directo y enlatado. Curiosidad por averiguar si esos tipos más que maduritos ataviados con monos reflectantes tocan en directo de verdad o si es todo un paripé. Por otro lado, es todo un triunfo de Hütter resultar convincente a sus casi setenta años con esa facha. El caso es que so pena de haber sucumbido a la más bochornosa disonancia cognitiva, me llevé la sensación de que el concepto tradicional de honestidad rock’n’roll gana la partida. ¡Si hasta parece que improvisan! Fue revelador para ese fin repetir actuación, algo que pudimos permitirnos durante tres conciertos seguidos: “Autobahn”(1974) el jueves 15, “Trans Europa Express”(1976), el viernes 16, y “Computerwelt” (1978), el sábado 17. Tres de ocho no es mala cosecha excepto para la cuenta corriente de uno… La banda acometía en realidad dos discos por día en sesiones de 7 y 10 pm. Al repaso revisado de cada uno de los ocho discos elegidos añadían sin solución de continuidad una segunda parte con temas pertenecientes al resto del repertorio del grupo, que variaban ligeramente de un día para otro, sumando un total de dos generosas horas de música por sesión. Algunos temas que eché en falta durante mis tres días de asistencia: Radioland, Neon Lights, Vitamin, Elektrokardiogram, una versión más gozosa de Franz Schubert… No se puede tener todo, aunque la verdad es que podrían haber alterado un poco más la sección popurrí.

“Trans Europa Express”, principal objetivo de este sobrecogido testigo, fue en buena medida una decepción. Su gran obra maestra sonó desvaída, desordenada, casi anémica, como poco ensayada. Franz Schubert, pieza que podría haber supuesto un acertado homenaje a la ciudad natal del compositor romántico tan utilizado en sus bandas sonoras por Stanley Kubrick, de quien por cierto se mostraba en Viena una exposición de su etapa como reportero gráfico en Nueva York, se vio reducida a una rácana introducción previa a Europa Endlos, cuya proyección en 3D falló a su vez estrepitosamente. O bien es que no tenían imágenes preparadas para la mejor canción con secuenciadores de la historia del pop electrónico (seguida de cerca por Your Silent Face de New Order), que todo puede ser. Los seminales hierofantes de la música industrial son, al fin y al cabo, seres humanos. Una desilusión más de aquellas tardes inolvidables fue descubrir que no siempre interpretaban de forma íntegra los elepés anunciados (cosa que sí hicieron con “Autobahn”y “Computerwelt”). Ni siquiera respetaban, como ya hemos apuntado, el orden original de las canciones, optando por una secuenciación no siempre afortunada. Sin ánimo de parecer un finolis desagradecido, lo que sí pudimos anticipar fue la incomodidad de permanecer atados a una estrecha silla de platea (excepto por el amplio palco del último día) y soportar las fastidiosas gafas de cartón 3D (con envase adaptado para cada LP que entregaban a la entrada del teatro), presionando una nariz ya damnificada en quienes somos además miopes y utilizamos gafas normales. De hecho, el tercer día opté por quitarme las 3D y prestar más atención a la música en detrimento de esas proyecciones tan pulcras, dinámicas e increíblemente imaginativas con las que deleitaron al entregado y respetuoso público… Y es que hay mucho que aprender del Imperio Austrohúngaro. Todos nos conocíamos las canciones al dedillo, pero casi nadie se lo hacía saber a los demás con aplausos intempestivos, salvo quizás en la irresistible Das Modell. Todo un gozo para los sentidos, la verdad. De especial recuerdo son los infinitos rascacielos sintéticos de Metropolis. Lástima que las imágenes se vieran a veces desdobladas en lo que supongo era un efecto visual no deseado. En cualquier caso, un trabajo ímprobo de diseño gráfico, gusto e inventiva tecnológica que espero algún día pueda disfrutarse en la comodidad del domicilio particular (siempre como alternativa y nunca como producto sustitutivo de la atávica ceremonia del directo).

 

Los hombres máquina se mostraron relajados en el desempeño de las tareas asignadas por el jefe: Falk Grieffenhagen en la coordinación de imágenes (es el que menos broncas se lleva, ya que su trabajo se proyecta a espaldas de sus compañeros),Henning Schmitz con las secuencias y bajos, y Fritz Hilperta los ritmos, ambos los miembros más longevos de Kraftwerk a estas alturas de la película, con la excepción de Ralf Hütter a las voces y unos teclados que suenan como su querido Orchestron de toda la vida (sin olvidarnos de Florian Schneider, fugado en 2008 harto de tanta gira). Todos ellos al servicio de una ceremonia que se repite prácticamente sin variación desde hace décadas: se levanta el telón y aparece la liga de los hombres calvos concentrada sobre sus alienadas máquinas. Con el último tema, siempre el mismo (Musique Non Stop), van desapareciendo uno a uno de forma escalonada tras un solo improvisado de botones y/o teclas, cada cual en su respectiva especialidad a excepción de Grieffenhagen, que es el primero en hacer mutis por el foro sin necesidad de hacer bailar ninguna imagen. Las que ya no van de gira son las famosas réplicas articuladas de We are the robots. Ahora los maniquíes solo salen en el video.

La experiencia fue, en definitiva, plena a pesar de las dificultades carnales del 3D, algo que tiene fácil solución con unas simples lentillas, supongo. A las puertas del viaje tripulado a Marte parece mentira que todavía no hayamos solucionado esta insignificante penuria de primer mundo. Todo lo demás en la banda es evolución y musique non stop. Ya lo dijo Scott Ross: la esencia de la música es la repetición. Es algo filosófico. Analítico. El cerebro busca las estructuras por pequeñas que sean. Las canciones de Kraftwerk siguen siendo las mismas pero han cambiado a lo largo de los años a pesar de sus metronómicas estructuras, alguna de ellas a peor (quizás el estribillo de Die Mensch-Machine, por ponernos pejigueros). Otras sin embargo han crecido, como Musique Non Stop, la archiconocida Radioaktivität o la otrora rancia Spacelab, cuyo video se erigió en uno de los momentos álgidos del espectáculo visual: su nave orbital se va acercando a uno hasta traspasarle completamente haciéndote olvidar la precaria condición de seis ojos en ese viaje sintetizado que estos genios de la electrónica melódica avant garde con más clase de la historia (uf) han conseguido diseñar y depurar tras cuatro décadas de escaso pero insuperable legado. Insuperable porque nadie ha conseguido como ellos interpretar con la tecnología a su alcance, y más allá, verdadera paleta artística del siglo XX y de lo que va de XXI, la esencia de esa Europa nuestra, infinita, pasada y presente, imaginada y real, vivida y soñada. Para siempre en mi cabeza y en mi corazón.

José Manuel Caturla

Nacho Vegas

NACHO VEGAS CIERRA EL CARTEL DEL PRIMAVERA SOUND 2014

Nacho Vegas es el último artista sorpresa de Hidden Tracks de Heineken y, por tanto, la última confirmación del cartel de esta edición de Primavera Sound. En las últimas semanas se han ido revelando las pistas, o Hidden Tracks, que ocultaban los nombres de los seis artistas que actuarán en el Hidden Stage de Heineken, un nuevo espacio que se suma al festival en su recinto del Parc del Fórum.

Nacho Vegas actuará en Hidden Stage el jueves 29 (19:15 h.). Ese día también tendrá lugar el directo de un nombre histórico del rock, Peter Hook, acompañado de su banda The Light. El ex bajista de Joy Division y New Order interpretará al completo (21:30 h.) uno de los discos clásicos de su primera banda, ‘Unknown Pleasures’.

El viernes 30 a las 19:15 h. será el turno de los británicos The Wedding Present, autores de discos como ‘George Best’ o ‘Seamonsters’. Junto a ellos, la programación de ese día de Hidden Stage incluirá la presentación del proyecto en solitario de Hamilton Leithauser (21:30 h.), ex líder de The Walkmen y una de las voces más poderosas del indie rock estadounidense, que acaba de publicar ‘Black Hours’.

El sábado 31, Hidden Stage albergará el directo de The Pizza Underground (21:15 h.), una de las bandas más singulares de la escena internacional actual. Liderados por el actor Macaulay Culkin, recrean algunas de las mejores canciones de The Velvet Underground. Finalmente, otro nombre histórico será el encargado de cerrar la programación del escenario a las 23:00 h. Buzzcocks fueron unos de los pioneros del sonido punk, y conservan la misma energía y fuerza casi cuatro décadas después de su formación.

Los asistentes al festival tendrán la oportunidad de conseguir una reserva para presenciar los conciertos de Hidden Stage. Las reservas gratuitas se pondrán en circulación cada una las jornadas a las 17 h. en el punto de información situado en el interior de recinto, a razón de un ticket por actuación y por persona.

Junto a todas estas bandas, Hidden Stage también albergará las actuaciones de Oso Leone (jueves 29 a las 18 h.) y Girl Band (viernes 30 a las 17:15 h.). Estos conciertos no dispondrán de un sistema de reserva de entradas, serán de acceso libre para todos los asistentes al festival hasta completar aforo.

PROGRAMACIÓN HIDDEN STAGE DE HEINEKEN®

Oso Leone
Jueves 29 a las 18:00

Nacho Vegas
Jueves 29 a las 19:15

Peter Hook & The Light (performing Unknown Pleasures)
Jueves 29 a las 21:30

Girl Band
Viernes 30 a las 17:15

The Wedding Present
Viernes 30 a las 19:15

Hamilton Leithauser
Viernes 30 a las 21:30

The Pizza Underground
Sábado 31 a las 21:15

Buzzcocks
Sábado 31 a las 23:00

Foto Nacho Vegas: Juan Pérez Fajardo

Mogwai-1

MOGWAI: “NOS ENCANTA LA ATMÓSFERA DEL PRIMAVERA SOUND”

Se les ha calificado como post-rock, pero Mogwai son ante todo un grupo de rock, con tantas influencias de los Stooges como de ciertos grupos experimentales. Con casi veinte años en activo y ocho álbumes en estudio, además de varias bandas sonoras, el septeto escocés es ya un clásico del rock contemporáneo. Este año volverán a pisar el escenario del Primavera Sound, uno de sus festivales favoritos, para presenter “Rave Tapes”, su último album. Barry Burns es el encargado de contestar a nuestras preguntas.

 

Las canciones de “Rave Tapes” son en algunos aspectos menos complejas que las de vuestro anterior álbum. ¿Se podría decir que este es vuestro disco más cercano al pop?

Lo dudo mucho. Seguimos sin cantar, o al menos, seguimos cantando muy poquito, y también seguimos sin vender muchos discos, así que yo creo que nos mantenemos firmes en nuestra posición, alejados del campo del pop.

 

¿Crees que el hecho de ser un grupo instrumental que además hace música experimental interfiere a veces con la vision que se tiene de Mogwai?

La verdad es que lo que hacemos es componer e interpreter música como la banda que somos. No tenemos una vision de nosotros mismos que no sea la de una banda. También es cierto que queremos hacer las cosas de una manera distinta a otros grupos, pero eso no es algo que nos estemos planteando constantemente.

 

¿Dirías que últimamente vuestra música está más abierta a elementos electrónicos?

Problablemente lo esté, o al menos está más cercana a la electrónica que a otras clases de música, como la clásica. Hoy todas las formas musicales están abiertas a incorporar elementos electrónicos. Son de gran ayuda para ampliar los márgenes de los sonidos que vas a crear.

 

¿Improvisáis mucho cuando os encontráis grabando en el estudio? 

Yo, desde luego, sí. Quizá sea el que más improvisa de todos los que estamos en el grupo, pero así es como me gusta funcionar. Llevamos las canciones más o menos estructuradas al local, luego comenzamos a trabajar con ellas y cada uno va aportando cosas. Entre todos les damos forma y las cambiamos. Cuando la canción es mía implica que ya he escrito mis partes, así que ya no es necesario que improvise nada. A veces todos nos ponemos a improvisar, y eso puede funcionar en alguno casos. Y en otros no funciona en absoluto.

 

Es evidente que seguís eligiendo aleatoriamente los títulos de las canciones y los álbumes.

Siempre intentamos acordarnos de frases que vemos por ahí y anotarlas, cosas que vemos en los periódicos, en un grafiti o en cualquier otra parte. Por ejemplo, el título del tema “The Lord Is Out Of Control” lo sacamos de un noticiario de la televisión norteamericana. Había una mujer contando que hacía un calor insoportable y su aparato de aire acondicionado se había estropeado.

¿Y “Master Card”?

No estoy del todo seguro, pero me parece que la idea surgió a partir de un problema con un visado de trabajo en Estados Unidos. Eso dio pie a un juego de palabras.

 

Stuart Braithwaite canta en “Blues Hour”. ¿Significa que empezáis a sentiros más cómodos para cantar en alguna canción cada tanto?

Stuart y yo somos los que solemos poner voz cuando hay que hacerlo, pero seguimos sintiéndonos muy inseguros al respecto. Definitivamente, cantar no es nuestro punto fuerte.

 

¿Qué dice el texto de “Repelish”?

Es la voz de un predicador explicando que “Stairway To Heaven” es una canción satánica. Va desentrañando toda una teoría al respecto. Lo encontramos en el archivo de una radio cristiana, pero decidimos volver a grabar la locución para evitar que nos demanden y nos lleven a juicio.

 

Habéis hecho varias bandas sonoras para documentales y películas. Dada la naturaleza de vuestra música, ¿contempláis los scores como uno de los mejores medios de expresión para Mogwai?

Sí, disfrutamos mucho haciendo este tipo de música. Cada vez nos llegan más ofertas para poner música a películas. Como estamos mucho de gira no nos resulta fácil aceptarlo todo, pero decimos que sí a todo lo que podemos.

 

¿Cuál es la diferencia entre una banda sonora hecha por Mogwai y un álbum de Mogwai?

Las películas, los documentales y las series son fruto de un esfuerzo conjunto en el que, de alguna manera, interviene parte del equipo de producción. Cuando se trata de un álbum de Mogwai, entonces es algo exclusivamente nuestro, no hay influencias externas, más allá de la que tenga el productor del disco.

 

¿Ha habido algún tipo de música que os haya influenciado más a la hora de grabar “Rave Tapes”?

Los discos de Boards Of Canada y las bandas sonoras de John Carpenter fueron bastante populares mientras estábamos grabando el album.

 

Seguís trabajando con vuestro sello, Rock Action. ¿Se puede definer la línea del sello o su filosofía?

Sí, diciendo que editamos discos de bandas que nos gustan mucho. La última en entrar a formar parte del sello ha sido Sacred Paws, y pronto sacaremos nuevo disco de Remember Remember, que ya llevan un tiempo en Rock Action.

 

Regresáis al Primavera Sound, festival en el que habéis estado varias veces. ¿Qué destacarías de él?

Me encanta la atmósfera del lugar. Todos los conciertos que hemos dado allí han sido siempre muy especiales. Quizá uno de mis favoritos de siempre sea el que ofrecimos en el Primavera en 2011.

Rafa Cervera

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PRIMAVERA SOUND: MANUAL DE USO

El festival de la hipérbole. En eso se ha convertido, tras muchos años de duro trabajo, el Primavera Sound. Todo en el evento barcelonés es lo más de lo más: El espacio donde se celebra (el magnífco Parc del Fórum), la presentación del cartel (mediante un mediometraje rodado en Detroit y proyectado en cines), la selección de bandas (superior en número y calidad a cualquier rival)… Además, con el tiempo el PS ha crecido extendiendo su influencia en múltiples direcciones: Desde el Primavera Pro, que aglutina a la vertiente empresarial del sector, hasta un departamento de contratación que proporciona artistas a festivales afines (del Low al Vida), pasando por un sello discográfico (El Segell del Primavera) cuyos grupos tienen garantizada la presencia en dichos festivales.

El público se queja del precio de los abonos (entre los más caros del país), de la enorme distancia entre algunos escenarios y de un cartel acumulativo que, por fuerza, obliga a descartar propuestas de interés por solapamiento horario, pero lo cierto es que continúa acudiendo en masa y es el principal activo de un festival que, por otro lado, mantiene una relación tirante (por utilizar un término suave) con los medios profesionales: Es el único grande que no retransmite en directo Radio 3, ha expulsado a periodistas del recinto por no compartir sus opiniones, reparte bendiciones o vetos a capricho y este año, como gran novedad, ha impuesto una cuota de 50 euros a los acreditados. Desde su atalaya, los gestores del PS se sienten omnipotentes. Y les sobran motivos. Pero torres más altas han caído.

Otra de las novedades incorporadas en las últimas ediciones, destinada principalmente al público local, son iniciativas como Primavera als Bars (conciertos de aforo reducido en clubs de la ciudad en fechas previas al festival) y Primavera als Clubs (similar, aunque incluyendo también algunos teatros), que comienza el lunes 26 y protagonizan algunos de los grupos que también pasarán en días sucesivos por el Fórum. De este modo, puede decirse que el festival dura una semana, aunque la primera cita verdaderamente ineludible es la del miércoles 28, ya en el recinto principal. Allí se podrá comprobar la solidez de la propuesta en directo de Sky Ferreira, la vigencia actual de los preceptos psicodélicos enarbolados por los británicos Temples y, sobre todo, el alcance real de un Stromae que con un par de discos se ha convertido en la gran revelación francófona de los últimos años, y cuenta por millones las visitas a sus videos en internet. Para algunos, se trata de un genio con gran futuro. Para otros, de un hype que no merece tanto revuelo. Será la ocasión de salir de dudas, en la primera visita a España de Paul van Haver, un belga de 29 años que comenzó como rapero y poco a poco ha ido perfilando un sonido en el que caben eurobeat, hip hop, chanson, electrónica y afrobeat.

 

JUEVES, 29 DE MAYO

No obstante, los conciertos del miércoles serán un mero aperitivo de cara a lo que se avecina a partir del jueves. Una orgía de nombres interesantes entre los que habrá que hilar muy fino y sacrificar por fuerza a más de uno para establecer una hoja de ruta satisfactoria. La que te proponemos desde byTHEFEST incluye como gran artista destacado de la jornada a Arcade Fire, la banda canadiense que ha sabido conjugar como ninguna otra en los últimos años el acceso al público mayoritario con un control de calidad musical fuera de toda duda. Tras dos álbumes cargados de himnos de estadio, supieron dar un inteligente giro que ha desembocado en el indiscutible “Reflektor”, disco con el que aterrizan en Barcelona.

El día será pródigo en nombres a los que hemos prestado atención en las últimas semanas, como el imprevisible Julian Cope o los rocosos Queens of the Stone Age, ambos altamente recomendables. Entre las demás propuestas de la jornada, inevitable será también la cita histórica con Neutral Milk Hotel, grupo emblemático del colectivo indie Elephant 6 que se despidió tras dos discos de culto y no ha grabado material nuevo desde 1998. Y si de leyendas hablamos, la de los holandeses The Ex se basa en todo lo contrario: La suya es una trayectoria tan longeva (comenzaron en 1979) como productiva, cimentada en su inquebrantable filosofía autogestionaria y una feroz actitud de combate. Excitante post-punk cada vez más marcado por la influencia africana, al que no afectó ni el cambio de vocalista que se produjo en la banda en 2009.

Otro tipo con principios es Steve Albini, líder indiscutible de Shellac, viejos conocidos del festival que regresan un año más para ofrecer una de sus potentes descargas eléctricas (salpimentada, como es habitual, con pausas para conversar con el público). Y es que si por algo se caracteriza el PS es por combinar talentos emergentes con formaciones míticas. Y la Sun Ra Arkestra también entra en la segunda categoría. Comandada por Marshall Allen desde 2004, tras la muerte del propio Sun Ra y de John Gilmore, preserva el inabarcable legado de un artista irrepetible, que modeló las fronteras del free jazz a su antojo y le dio una dimensión cósmica fascinante.

No se vayan todavía, que aún hay más. Por ejemplo, el soul de aliento clásico de Charles Bradley, un auténtico portento vocal. O el rock industrial de Chrome. O la clase del cantautor brasileño Rodrigo Amarante, componente de Los Hermanos y Little Joy que ha debutado en solitario con “Cavalo”, un maravilloso álbum editado este mismo año. Y tampoco olvidemos el rock psicodélico de los australianos Pond, el estupendo indie rock con solera de Real Estate, el seductor rock de tintes arty del cuarteto femenino de Los Ángeles Warpaint, el irresistible electropop con tintes de los 80 de Chvrches, el house multidireccional de Disclosure, la contenida y elegante épica folk-pop de Midlake o la reinvención de St. Vincent, que ha dado un nuevo paso adelante tras grabar “Love This Giant” (2012) con David Byrne y se presenta en el festival con un reciente disco homónimo bajo el brazo.

 

VIERNES, 30 DE MAYO

La oferta de la jornada del viernes tampoco se queda corta. Si convenimos que Pixies se han convertido en una caricatura de sí mismos y solo siguen subiéndose a los escenarios por trincar la pasta, es posible que The National sean los cabezas de cartel oficiosos del día. La banda de Matt Berninger ha creado escuela practicando un rock de vocación oscura y poso emocional en el que no falta la épica, pero tampoco la elegancia. Además, se han sabido resarcir de préstamos demasiado evidentes (que condenaron a otros grupos de su generación) y caminan con paso firme hacia su conversión en grandes estrellas.

Ya lo fueron, y de peso, Sonic Youth. La formación, hoy disuelta, contribuyó a configurar el mapa del rock alternativo americano de finales de los ochenta en un momento clave, previo al estallido de Nirvana. Ahora, sus miembros trabajan en nuevos y excitante proyectos. Lee Ranaldo, acompañado una banda rock (The Dust) de corte más convencional; Kim Gordon, al lado de Bill Nace en Body/Head, abundando en su inclinación experimental. Unos y otros estarán en el PS el viernes.

Si de clásicos hablamos, en el programa del día hay unos cuantos: Por ejemplo, el venerable Dr. John, que a sus 73 años es una de las figuras más relevantes de la música de Nueva Orleans. Actuará junto a The Night Trippers, en un show cargado de historia. Linda Perhacs también es una veterana, pero tiene una carrera mucho más corta: Editó “Parallelograms” en 1970 y desapareció, hasta que su folk psicodélico fue redescubierto y ha vuelto a grabar, más de cuarenta años después. “The Soul of All Natural Things” (2014) es el resultado.

Otros nombres con pedigrí son los del productor y DJ francés Laurent Garnier, fundamental en el desarrollo de la música electrónica de los años 80 y 90, un Mick Harvey conocido por haber acompañado durante décadas a Nick Cave, pero que acude al PS para interpretar sus discos de versiones del gran Serge Gainsbourg, y los Slowdive de Neil Halstead, que aprovechan el revival shoegazing para resucitar y pasearse por algunos festivales, aunque si hacemos referencia a retornos ilustres, hay que destacar los de Loop (la estupenda banda británica coetánea de Jesus & Mary Chain, que volvió en 2013) y, claro, Slint, piedra de toque de una concepción del rock que bebe del post-hardcore y de slowcore para modelar un estilo que terminaría llamándose post-rock. “Spiderland” (1989), su segundo y último álbum, es un clásico de todos los tiempos.

Además, el vitaminado rock sureño de Drive-By Truckers, el desenfreno rítmico de !!! (Chk Chk Chk), la infinita emotividad de John Grant, el pop hedonista de Jagwar Ma y tres mujeres que entienden la canción de autor desde postulados tremendamente atractivos: Jenny Lewis, Julia Holter y Sharon Van Etten.

 

SÁBADO, 31 DE MAYO

La gigantesca presencia de Caetano Veloso, tótem de la música popular brasileña, ensombrece casi a cualquier otro artista de la jornada del sábado, aunque quizá un festival de grandes dimensiones no sea el lugar más adecuado para disfrutar de su repertorio. En todo caso, otra cita con la historia (y ya van unas cuantas en este PS) que además puede acercar a públicos inicialmente distantes: el de los jóvenes hipsters y el de los veteranos seguidores del cantante. En terreno sonoro diferente, pero con similar carga mítica, se puede enmarcar el concierto de Television interpretando su disco “Marquee Moon”. La banda neoyorquina ya estuvo en el festival hace años, pero esta vez viene a tocar su álbum más emblemático.

No hay que olvidar tampoco a Black Lips, pese a que su último disco ha resultado más irregular de lo esperado, y a unos Nine Inch Nails que son otro de los platos fuertes del día. Trent Reznor es capaz de cualquier cosa, y aunque tiene disco reciente (“Hesitation Marks”, 2013), puede hacer derivar su show en tantas direcciones que es casi imposible aventurar pronósticos: dark ambient, rock industrial, electro-metal… Además, la cantidad de amigos con los que coincide en el festival (entre ellos, Josh Homme, de Queens of the Stone Age) permite soñar con presencia de invitados en el escenario.

Abierto cada vez más a sonidos africanos, el PS cuenta el sábado con Seun Kuti, hijo de la gran leyenda afrobeat Fela Kuti, que actuará acompañado de Egypt 80, la banda de su padre. En el ámbito experimental, no faltará el post-rock de Godspeed You! Black Emperor ni la jugosa entente formada por Teho Teardo y Blixa Bargeld (Einstürzende Neubauten, Nick Cave), aunque también habrá que mirar de reojo a los siempre eficaces Superchunk (que llegan con notable disco reciente), el revival sintético de los 80 que proponen unos Chromeo entre Prince y Earth, Wind & Fire, la asegurada lección de clase del Kronos Quartet, el hip hop de nueva generación de Kendrick Lamar, la deriva hacia sonidos electrónicos de los infalibles Mogwai, el retro garage de Ty Segall y el indie rock revivalista de Cloud Nothings, las voces celestiales de Volcano Choir, la senda tenebrosa de Cold Cave, el girl power de Dum Dum Girls, la melancolía de Islands y, claro, la invitación al baile inteligente de Cut Copy y Foals. Casi nada.

Una carta amplia y variada, en la que se puede encontrar cocina de autor, recetas clásicas, nouvelle cuisine y platos combinados. También fast food y comida recalentada varias veces. Es decisión de cada cliente escoger un menú que satisfaga su apetito. Como siempre, podreis compartir el nuestro desde twitter y leyendo las crónicas diarias que publicaremos en la web a lo largo de la semana. ¡Buen provecho!

Eduardo Guillot

Cabecera Jon Spencer Blues Explosion

ASÍ TE CONTAMOS TERRITORIOS SEVILLA

VIERNES

Otra vez le tocó hacer encaje de bolillos a la organización de Territorios Sevilla para sacar adelante la que es ya su decimoséptima edición. Y por la cantidad de público que se veía en las praderas del Monasterio de la Cartuja, otra vez parecen haber dado con la tecla. No están resultando las cosas fáciles para el que es seguramente el festival más longevo que se celebra en el sur de España. A la espantada de financiación pública se ha unido la reducción del número de patrocinadores, de forma que la venta de entradas y el consumo en las barras del festival se han convertido en los ingresos principales para cubrir un presupuesto que roza el millón de euros. Poca broma. En un momento determinado, la única escapada posible fue hacia adelante, el festival tenía que dejar de lado la exquisitez en el cartel y buscar un crecimiento de público exponencial. Y lo consiguieron.

La fórmula para lograr año tras año asistencia record: un precio muy atractivo para el abono de los dos días, que se ha podido comprar desde 15€ siendo mínimamente previsor, y una combinación absolutamente única de grupos de distintos estilo y pelaje. Dejando un poco aparcado el “morro fino” hasta que soplen mejores tiempos, el festival apuesta por valores seguros, grupos que atraen a un público mayoritariamente joven y ligero de poses y prejuicios, interesado en pasar un fin de semana entretenido escuchando música de grupos que conocen o de los que al menos han escuchado hablar.

En la primera jornada ese papel era el que cumplían Loquillo, Mala Rodríguez, Love Of Lesbian o incluso unos inesperadamente populares allende sus fronteras, Manel. Luego grupos como Anna Calvi, Shannon & The Clams o el ciertamente exótico Jose Domingo eran motivo suficiente para atraer a la muchachada hipster. Pero si algo tiene de bueno Territorios es que al final todo el mundo sale confundido. Ha sido cosa común en años anteriores ir al festival para ver a Los Planetas y salir de allí fascinado por Salif Keita o renegar de Tricky y enamorarte de Amaral.

Comenzaba la jornada, todavía con escasa afluencia de público, que, es tradición, prefiere avituallarse en los alrededores hasta que llega la hora de los grandes nombres, con la propuesta mestiza de Chocolata, flamenco & jazz, quizás con algo de sobreexcitación. No desmereció su versión de la “Llorona” de DePedro, y hasta contó la granadina con la colaboración en el escenario de un Pájaro (Andrés Herrera) que también estará en la jornada de hoy en el Homenaje a Triana.

A escasos cien metros, en el otro escenario de la ladera, comenzaba uno de los platos más apetecibles del festival, el que se presumía iba a servir la londinense Anna Calvi. Luciendo banda y un arsenal de guitarras que mudaba con la misma soltura que una folclórica cambia de bata de cola, la británica combinaba arrebatos fieros, por momentos a lo guitar hero, con sutilezas vocales. Comenzó con “Suzanne and I” y “Suddenly”, y para cuando terminó con el himno que abre su segundo trabajo ya tenía a todo el público en el bolsillo. Solemne, casi marcial, fue desgranando un repertorio magnífico que se encontró sin embargo con numerosos problemas de sonido. Primero, un volumen muy por debajo del que después tendrían otros grupos en ese mismo escenario restaba contundencia a unos temas que lo son. Poco después, el grupo se lanzó a una jam session tarantiniana, un homenaje al veinte aniversario de “Pulp Fiction” que quizás tenían reservado para otro momento, pero que tuvieron que improvisar a mitad de “Blackout”  mientras le cambiaban el micro a la cantante entre los silbidos del respetable. Media hora antes de lo previsto abandonaba el escenario Anna Calvi, y de paso dejaba también una sensación agridulce, como de lo que fue y lo que pudo haber sido. Seguro que ha tenido mejores noches. Los que al parecer sí que tuvieron su noche fueron José Domingo, pero la coincidencia fatal en horario con la nueva heredera de PJ Harvey, no me permite dar fe.

Mientras las fanfarrias anunciaban la esperada llegada de Loquillo al escenario principal de Territorios, delante de muchos menos, en el interior del Monasterio, rebosantes de carisma y clase, Shannon Shaw y sus Clams exudaban la verdadera esencia del rock and roll, ramazalazos surfers y arrebatos punk para un directo harto disfrutable y celebradísimo por unos privilegiados que se hartaron de bailar. Volviendo al abarrotado escenario principal, Loquillo, sobrado de tablas y con una banda que funciona como un metrónomo, aprovechaba para soltar, en clave política, que venía a “sumar pero no a restar”, y desgranar temas recientes como “Sol” o “Cruzando el paraíso” (batallita de que tocó con Johnny Hallyday incluida) o bajarse al escenario y cantar “Cuando fuimos los mejores” con sus más fieles. Pero no es hasta que llegan canciones como “La mataré”, “Ritmo de garaje”, “El rompeolas” o “Cadillac solitario”, que uno realmente asimila cual es la verdadera dimensión de este artista, de esta rock and roll star.

Otra que ha alcanzado una dimensión mundial y cuando uno ve su concierto comprende el porqué es Mala Rodríguez. La MC jerezana parió su espectacular debut, “Lujo Ibérico”, en Sevilla, jugaba en casa, y saben sus seguidores que tiene mucho de Curro Romero. Se cuenta que el torero de Camas tiene tardes malas, muchas, pero también algunas buenas, y ay, cuando la tarde es de gloria, se rinde la Maestranza. Algo similar ocurrió en Territorios, se vio a la Mala suelta, cómoda, con el flow fácil, estuvo provocativa, lasciva incluso, y lo bordó. La audiencia, que parecía desconfiar al principio, fue poco a poco sucumbiendo a las artes y el contoneo de la Mala para acabar en un éxtasis colectivo que seguro animó a más de uno no solo en lo espiritual. Ella tenía lo que queríamos, ella fue la que mandó. Jefa.

Casi un shock pasar de su propuesta al mar de los Manel, pero es lo que tiene Territorios. Y tampoco defraudaron los catalanes. Por mucho que se haya repetido no deja de ser verdad, el suyo es el triunfo de la gente normal. No llamarían la atención entre el público, pero sobre el escenario, saben combinar canciones excelentemente sencillas con un sentido del show tan natural como excepcional. Estamos acostumbrados a escuchar desgañitarse al público en inglés inventado, ¿pero en catalán? No deja de sorprender como la modernidad se esfuerza en corear, no ya solo los estribillos, si no toda la letra de canciones soberbias pero nada sencillas en lo lírico. Mérito exclusivo de una banda, y sobre todo de un Guillem Gisbert,  que acabó con “Teresa Rampell” haciendo bailar raro, más raro, todavía más raro, a una audiencia tan numerosa como entregada. Bravo por Manel.

Pero si por aclamación popular fuera, los triunfadores seguros del festival habrían sido Love Of Lesbian. Es año par, así que presencia y éxito asegurado en Territorios, triunfaron en 2012 y se despidieron este 2014 hasta 2016. Puesta en escena impecable con esas cuatro pantallas que van proyectando imágenes y mensajes que agitan si cabe más a un público entregado desde el primer momento. Santi Balmes se maneja con su público como uno de esos predicadores americanos, parecería que si se bajara y golpeara la frente de alguna de sus enfervorizadas fans de primera fila pudiera sanarlas de todos sus males. Hasta se permitieron caminar sobre las masas mientras estas coreaban embelesadas “Fantástico” (para-pá-para-pá-pá). El alemán Sven Väth trataría después en el mismo escenario de conseguir un trance similar con su minimal techno y sus beats y sus cosas, pero nones. Ni de lejos.

Destacar la organización tantos en los accesos como en la distribución de los escenarios. Cero problemas tanto a la entrada como a la salida, y solventada la contaminación acústica entre los escenarios de la pradera que tantas quejas supusieron el año pasado.

 

SÁBADO

La idiosincrasia de Territorios, tres escenarios diferentes con actuaciones simultáneas, concentradas además en un lapso de tiempo mucho menor que el de otros festivales, suele hacer optar al festivalero por el menú degustación. Ir de un escenario a otro, catando un poco de cada, pero sin empacharse, porque de lo contrario se perdería otros platos. No ocurrió así en la jornada de ayer. Conciertos como los de Lori Meyers, Jon Spencer Blues Explosion o la constelación de estrellas del indie que se disponían a homenajear a Triana merecían verse de principio a final. Ocurre que Territorios transcurre en un espacio de dimensiones asequibles y siempre puede echarse un vistazo con el rabillo del ojo a alguna otra cosa de las que están sucediendo.

La coincidencia de jornada con la final de la Copa de Europa, la Champions, que disputaban dos equipos españoles, hizo que ninguno de los platos principales se sirviera antes de las once de la noche, cuando se presumía ya se habría dirimido el vencedor del partido de marras. No ocurrió así, cosas de las prórrogas, y Lori Meyers empezaron sin saber a quién felicitar. Más adelante Noni lo haría a las dos aficiones, a una por el título liguero y a otra por la décima. Guiño recogido con frialdad, Sevilla es una ciudad que se divide en lo futbolero, pero ninguno de los dos equipos de la ciudad se jugaban nada esa noche. Y comenzaron los Lori y arrancó el vendaval. Se les puede criticar por lo que se quiera, pero no por su falta de energía y la facilidad con que la contagian a su público. Arrancaron con canciones de su último disco, “Una señal”, “Planilandia”, “Impronta” y la ya clásica aparición “sorpresa” como invitada de Anni B Sweet en “El tiempo pasará”. Más adelante también caería “Emborracharme”, que incluye ese “con las ganas que ahora tengo de follarte” en el que más de uno y una se dejó la garganta. Estos temas ya forman parte de su universo de hits. Ya sea trasmutados en unos Brincos contemporáneos como en “Dilema”, “Tokio ya no nos quiere”, “De superhéroes” y “Luciérnagas y mariposas”, o ya más sofisticados y menos revivalistas en “Luces de neón” y “Alta fidelidad”, pero siempre igual de efectivos a la hora de hacer bailar al público. Remataron la faena sacudiendo cuerpos y sintetizadores con “¿A-ha han vuelto?” y “Mi realidad”. Ovación cerrada para los granadinos, que parecen haber dado con la fórmula de la Coca-Cola.

Los que no necesitaron fórmula ninguna fueron Jon Spencer Blues Explosion. Antes de los Black Keys, antes de los White Stripes, estaban ellos. Cero concesiones en un directo tan impecable como contundente. Fiero y arrebatado rock garagero y blues postmoderno, sin fisura alguna. Pluscuamperfectamente punk. El trío formado por el guitarrista Judah Bauer, el baterista Russell Simins y Jon Spencer, EL HOMBRE, ofreció el mejor concierto de todo el festival. Es una suerte que hayan vuelto y lo hayan hecho en una forma tan sobresaliente. Cortes de su último disco como “Black Mold” o “Bottle Baby” no desmerecen respecto a trallazos como “Dang”, “Bellbottoms” o “Sweat”. Tampoco importaron demasiado los problemas de sonido, recurrentes en el segundo escenario de la ladera, ni que lo que balbuceaba Spencer entre canción y canción fuera casi ininteligible. Territorios Sevilla guardará en su memoria la hora que estuvieron JSBX sobre el escenario como un tesoro.

Después se pudo ver a Él Mató A Un Policia Motorizado en el escenario del interior del Monasterio. El grupo argentino, de larga trayectoria en su país, está empezado a llamar mucho la atención por estos lares. Jota (Los Planetas) ha sido su embajador en España, y aprovechando que estaba en la ciudad se subió al escenario para cantar con ellos “Yoni B”, que tiene un espléndido aire a The Strokes. Poco antes habían sonado temas como “Más o menos bien” o “Diamantes”. Por culpa de JSBX no pudimos ver mucho más, pero fue suficiente para certificar la excelencia del combo capitaneado por Santiago Motorizado.

Destacaron también unos Ska-P a los que no se les puede negar el mérito de haber sido el grupo que más público ha congregado nunca en un show de Territorios: Más de diez mil personas parecieron enloquecer con el carrusel de tópicos trasnochados que forman el imaginario del grupo. Energía y espíritu combativo a raudales, pero todo muy de trazo grueso. Hora y media larguísima de concierto en la que no faltaron las populares “El vals del obrero”, “Cannabis” o “Romero el Madero”.

El final de la jornada estuvo protagonizado por el proyecto en homenaje a la mítica banda sevillana Triana, que se presentaba por primera vez y se articula alrededor de los músicos de Maga, con la colaboración de un elenco de figuras de la escena granadina y sevillana que incluye a Jota (Los Planetas), Noni y Álex (Lori Meyers), Kiko Veneno, Sr. Chinarro, Antonio Arias (Lagartija Nick), Juan Alberto (Niños Mutantes), Soleá Morente, Niño de Elche o Pájaro. El grupo que formaran Jesús de la Rosa, Eduardo Rodríguez y Juan José Palacios no solo ha sido influencia para multitud de bandas, sino que sigue teniendo en Sevilla multitud de fans. Y llegó el momento que todos estaban esperando. Tardó cuarenta minutos más de lo que debía, pero llegó. Ya aventuraban algunos que esas no eran horas para juntar a algunos de estos artistas. Y no pudo empezar peor: Un Jota visiblemente perjudicado se atrevía con “Recuerdos de una noche”, y ya se escuchó algún silbido. Después, Anni B Sweet se uniría al de Los Planetas para intentar enderezar la cosa un poco. Sí que lo hizó Pájaro, que interpretó, voz y guitarra, “Del crepúsculo lento nacerá el rocío”. Jugaba en casa y seguro había compartido muchas experiencias con (los) Triana acompañando a Silvio. Una de cal y otra de arena. Tampoco lo bordó Noni de Lori Meyers con “Todo es de color”, y el que sí que se ganó el abucheo ya decidido del público fue Sr. Chinarro, que no atinaba con la letra de “Sr. Troncoso”, pero sí que soltó unos cuantos vivas a Cajasol por lo bien que lo habían hecho (imaginamos que hacía alusión al desastre de Torre Pelli, que está construyendo la entidad justo entre el Monasterio de la Cartuja y el barrio de Sevilla que da nombre al grupo que homenajeaban). Muchos empezaron a desfilar hacia la puerta con tal de no presenciar el despropósito. Se equivocaban, porque otros como El Niño de Elche, quizás la mejor interpretación de la noche, o Soleá Morente, sí que estarían a la altura de una banda, Maga, que también interpretaba los temas con solvencia. Seguro que tienen oportunidad de volver a repetir experiencia y, en la siguiente, alguno no se lo tomará con tanta ligereza. Broche extraño, en fin, para una edición de Territorios, la decimoséptima, que una vez más, y a falta de datos oficiales, presagiamos ha batido récord de asistencia.

Larga vida a Territorios.

Texto: Santiago Cotes

Fotos: Rafa Marchena