Esperit

VUELVEN LAS BARCELONA INDEPENDENT SESSIONS

El próximo jueves 4 de septiembre da inicio la cuarta edición del BIS: Barcelona Independent Sessions. Lo hará con una fiesta-pinchada en la sala Sidecar, dentro de la sesión CRIT!, con La Banda Municipal del Polo Norte DJ’s, Nacho Ruiz y Viktor Ollé. El viernes 5 tendrá lugar en el Centre Cultural Albareda el pistoletazo de salida a los conciertos, con las actuaciones de Mourn y Mee and The Bees.

 

Mee and The Bees

 

El sábado 6 comenzarán las actividades en el Auditori de Les Basses con el “De Quintos al BIS”. La sesión matinal es de entrada gratuita, se inicia a las 12 h. y contará con la ya habitual feria discográfica y las actuaciones de Flamaradas y The Hills Around, amenizadas con las pinchadas de Óscar Fernández (Discos de Kirlian) y César Prieto (Discos de Paseo).
A partir de las 19:30 h, volverán los conciertos al Auditori de Les Basses, con Esperit! (en la foto de apertura), La Banda Municipal del Polo Norte, Súper Gegant, Ran Ran Ran, The Last 3 Lines, Ós Bru y la pinchada de Miguel Atienza (La Fonoteca). Una vez finalicen las actuaciones en el Auditori, con la misma entrada se podrá acceder a la post fiesta que se celebrará en La 2 de Apolo, con DJ Coco y HAL 9000.

 

La Banda Municipal del Polo Norte

MUSICA / JAH9 & DUBTONIC CREW

ASÍ TE CONTAMOS EL ROTOTOM

SÁBADO 16

Comenzó el Rototom, el encuentro mundial de las culturas del reggae. A las 16 horas todo estaba preparado en el recinto para el público, que a lo largo de dos días ha ido ocupando progresivamente un espacio que durante una semana funciona como una ciudad, una comunidad que convive en armonía y en la que se siente el respeto por el aspecto cultural de la Bass Culture.

 

 

Dos días en los que el tiempo, pese a lo que se temía, ha respetado al festival y ha permitido respirar a los presentes con una temperatura suave y agradable. Era rimera hora de la tarde y los asistentes se iban aposentando en el camping y esparciéndose como una mancha que lo cubre todo. A esas horas, lo más interesante ocurría en la carpa de la Reggae University, donde se proyectaba el documental “Born in Trenchtown”, con un sorprendente lleno, por el día y hora elegidos. Allí tuvieron lugar citas interesantes: Tras el pase, se presentó la ONG Trenchtown Town Reading Center, a través de su portavoz en España, Abril Mills. Por su parte, Donisha Prendergast, nieta de Bob Marley, exponía con pasión las causas que originado el movimiento Occupy Pinnacle, que lucha por preservar ese espacio emblemático para el colectivo rastafari en Jamaica (fragmentado en distintas facciones), ya que allí fundó Leonard Howell el primer asentamiento rastafari. En la actualidad, el Gobierno jamaicano, amparado en la legalidad, ha anunciado que apoya al propietario legítimo de las tierras en su voluntad de construir en la zona. Según explicó Donisha, detrás de la maniobra subyacen otros motivos, relacionados con castigar al movimiento rastafari y acabar con su rebeldía, como ha ocurrido en otros momentos de la historia desde su nacimiento. Junto a ella estaba el artista y agitador cultural jamaicano I-Nation.

 

 

La jornada no hacía más que empezar y las ganas de escuchar a los artistas programados se notaba en el ambiente. Tanto, que para el primer concierto, el de Cornell Campbell, ya se congregaba gran parte de los asistentes. El jamaicano ocupó el escenario con una estética que bebía directamente de la cultura disco de los años ochenta, derrochando negritud y glamour decadente. Comenzó echando mano de clásicos como “Queen of The Ministrels” y “I am The Gorgon”, entre otros clásicos de Studio One, para acabar con una apoteósica versión del clásico “100 Pounds of Collie”, con el público disfrutando al máximo. Junto a él, la banda, los británicos Soothsayers, le dio consistencia al show y dejó clara su sensibilidad para los sonidos más tradicionales. También repasaron temas de su último disco. Una gran manera de empezar la noche.

 

 

Las nuevas generaciones se abrieron paso hasta el escenario principal cuando el rabioso Kabaka Pyramid salió al escenario enarbolando la etiqueta del llamado Reggae Revival. Demostró que le sobra potencia para poder aspirar, con algo más de rodaje y repertorio, a ocupar un lugar entre los grandes. Ofreció un concierto compacto, basado en las letras conscientes, la tradición del ritmo one-drop y los guiños al dancehall. Repasó temas de su disco “Lead The Way” y del anterior, “Rebel Music”.

 

 

La conciencia y la militancia anticapitalista y rastafari de Kabaka Pyramid dio paso a la fórmula de éxito de Busy Signal, quien tras el buen sabor de boca dejado en el Rototom 2013 volvió a demostrar un poderío fuera de toda duda. Solvente y en forma, el artista repasó algunos de los temas de su último disco, “Reggae Music Again”, basado, en gran medida, en el reggae tradicional, aunque no descuidó su faceta dancehall, desgranando algunos de sus éxitos pasados. El público disfrutó de un espectáculo radiante y cargado de energía que alcanzó su punto álgido cuando sonó su éxito “Jamaica Love”, basada en el riddim de “Forever Young” (adaptación de la famosa canción de Alphaville). El desarrollo del tema fue ganando en intensidad y el público respondió al estímulo, porque la calidad lo merecía. Signal cerró su propuesta con toda la fuerza del dancehall, dejando al público en lo más alto.

 

 

Y por fin llegó el momento más esperado, el de ver y oír a la historia viva del reggae, escrita en mayúsculas: Jimmy Cliff. La gran estrella de los setenta llegó cargadísima de energía, aunque su voz sufrió mucho y fue apagándose a lo largo del show, hasta puntos que llegaban a producir padecimiento al espectador. Pero su generosidad en la puesta en escena, dando todo lo que tenía para enganchar y entretener al público, junto con algunos guiños de calidad, apoyados en su repertorio, salvaron el show. Repasó sus éxitos y parte del repertorio de su disco “Rebirth”, producido por Tim Armstrong, cantante de Rancid (antiguo punk, ahora skinhead con interés por el reggae), con el que recupera el sonido del early reggae más estricto. Sin embargo, el directo no anduvo por esos derroteros en cuanto a textura y se situó más cerca del show de una estrella decadente del soul, anclada en una puesta en escena de enérgicos bailes funk y mucha energía positiva. La suya fue una propuesta luminosa y festiva, lo que en realidad es muy coherente con su esencia artística, la de un showman deudor del sentido pop del soul de los años sesenta y setenta.

 

 

No significa que no funcionara. Al contrario. Dentro de esos parámetros, Cliff se entregó por completo al público. Aunque es bien cierto que, en su ansiedad por conectar, en algún momento se deslizó por terrenos delicados e innecesarios, optando por recursos fáciles que quizá funcionen ante públicos generalistas, pero que chirrían en un festival de reggae, como la versión edulcorada de “Hakuna Matata”. Jimmy Cliff no necesita recurrir a esos trucos para levantar a un público entregado de entrada, le sobra repertorio y trayectoria como para ofrecer algo más puro. Dicho esto, necesario es destacar que también hubo lugar para la cultura y las lecciones de historia; hizo una versión del clásico “Rivers of Babylon” con una sección de tambores Nyahbinghi dándole todo el sentido (su grabación es una versión pop de un tema Nyahbinghi), cerrando así el círculo y haciendo llegar a las masas una muestra de esta cultura religiosa. También nos dejó algunos de sus temas ska, como la magnífica “Miss Jamaica”, recordándonos sus orígenes.

 

 

DOMINGO 17

El segundo día del festival la atención estaba puesta en el concierto de Beenie Man, el proclamado rey del dancehall, llegado de Jamaica para poner las cosas en su sitio y volver a revalidar su título. El concierto fue potente, y Man volvió a demostrar la altura a la que está como artista de dancehall, aunque en algunos momentos las fuerzas parecían abandonarle. No es raro, no paró de saltar, arengar, mover al público y cantar. Al final, obtuvo su recompensa y la conexión con el público funcionó a la perfección. Sacó a un grupo de bailarinas y pese a que por momentos desplegó una propuesta de dancehall accesible con tintes comerciales, no dejó desilusionados a sus seguidores más duros a base de temazos.

 

 

Por el escenario principal había pasado antes Romain Virgo, el chico que enamora a las chicas con su estilo suave y elegante, deudor de la gran tradición de cantantes melódicos jamaicanos. El show discurrió por el terreno del dancehall más accesible, haciendo que la casa se viniera abajo al sonar su éxito “We No Worry Bout Them”. Gracias al trabajo y energía desplegada, Romain logró una conexión muy alta con el público que se entregó a su fiesta.

 

 

Y la sorpresa llegó con una artista electrizante e hipnótica, Mo’Kalamity, francesa de origen africano. Empezó su concierto en el Main Stage al principio de la noche, sin aspavientos, con una banda que suena a la perfección y que busca y bebe de los sonidos más cercanos al Black Power de los años sesenta, del soul-jazz y el funk, pasados por la tradición jamaicana. Una flauta travesera que sonaba perfecta ayudaba a crear ese sonido tan cercano a la blaxplotation. La presencia de la cantante sobre el escenario daba un nuevo sentido a lo que oíamos con sus bailes y manera de dirigirse al público. Pura belleza reggae, derrochando actitud y reivindicación. Una mujer fuerte, consciente, exultante y acogedora al mismo tiempo. El concierto de la noche.

 

 

Otra de las sorpresas, de carácter menor, la dio el sound system Soulboys vs Rudeboys, que llenaron la carpa del Ska Club a pesar de coincidir en algunos momentos con Romain. Funcionó a la perfección su propuesta de pinchar clásicos de los sesenta y primeros setenta, seguidos de increíbles versiones sobre las que su DJ desplegaba sus habilidades como toaster (rapero) en el sentido más clásico del término, remitiendo a Dennis Alcaponne y los primeros DJ jamaicanos.

 

 

LUNES 18

Rototom ha ido cogiendo forma y creciendo en los días que lleva en activo y ya ha dejado muy buenos momentos en todos los sentidos, no sólo en el musical. Atendiendo a estos detalles, merece la pena destacar el debate que se desató en la carpa de la Reggae University, durante la ponencia posterior al pase del documental “Living in Waterhouse”, de la productora de Fernando García-Guereta, Nice Time. Tras su visionado, se celebro una mesa redonda en la que García-Guereta planteó la necesidad de acompañar de acciones y reacciones las denuncias y las soflamas revolucionarias en Jamaica, donde la población asiste pasiva a abusos continuos por parte del poder, sin mover un dedo. El debate sobre si el Reggae Revival es un truco de marketing o un movimiento real sigue encima de la mesa. A continuación, Addis Pablo (hijo de Augustus, una de las cabezas visibles del desarrollo del dub en los setenta) estuvo explicando en qué medida el dub ha reaparecido en la escena jamaicana actual.

 

 

Por el escenario principal, el lunes las cosas estuvieron calientes. Anthony B, estrella de la noche, no tenía nada que demostrar. Se le puede achacar que artísticamente está en un momento poco creativo, pero su puesta en escena sigue siendo impoluta. Apareció ataviado con un elegante traje de corbata, turbante Bobo Ashanti (una de las sectas rastas) y su bastón de mando en la mano (simbología rasta, en referencia al bastón de Joshua). Como en otras ocasiones, el artista demostró estar en plena forma, sin parar de animar, arengar y saltar. Mucho “jaka jaka jo” se coreó esa noche. Porque ante cada interpelación del cantante, el público respondía con entusiasmo. El show arrancó con Johnny Cool al micrófono, que demostró gran presencia, y tras un par de temas empezó a oírse desde el fondo la inconfundible voz de Anthony B, que a partir de ese momento contó con la entrega del público en una fiesta colectiva que tuvo picos de intensidad gracias a su mezcla de reggae music y new roots. La entrega del cantante se vio recompensada por el público, que estalló en bailes masivos cuando sonaron algunos de sus éxitos. Para empezar, dejó una soberbia versión de “Higher Meditation”, y no bajó ya el listón en todo el show, que continuó con enérgicas lecturas de “Territory”, “Born to be Free”, “Freedom Fighter”, “Police”, “Living my Life” (que tiene poco de reggae y mucho de rock facilón, pero a la que logra imprimir su sello y convertirla en un eficaz y potente himno), “Whip Dem Jah Jah” o “My Yes & My No”, entre otros temazos. Muy prescindible resultó el “Imagine” de John Lennon, incluido en su último disco, “Tribute to Legends”. Acabó el show con un gesto de respeto a los mayores, Interpretando una gran versión de “One Love”, de Bob Marley.

 

 

El final del día fue, pues, apoteósico, pero no había empezado nada mal. Más tranquilos dieron inicio a la tarde Gladiators con nuevo cantante al frente, Droop Lion, un joven cachorro de gran voz, muy educada, de textura algo rota, al estilo de Joseph Hill (Culture), que le imprimió mucha energía al concierto de este combo de la foundation de la roots music. Mucho respeto para los orígenes y amor es lo que recibió el grupo por parte del público. Echaron mano de algunos de sus éxitos y de temas de su nuevo disco, así que pudimos escuchar clásicos como “Dreadlocks the Time is Now”, “Dread Natty Dread” o “Mix Up” con renovada energía e intensidad. La voz de Droop Lion es perfecta para actualizar la propuesta anclada en el pasado de este grupo de referencia del roots, porque se mueve entre el góspel y el soul aportando mucha vitalidad.

 

 

A continuación, Jesse Royal ocupó el escenario con algo de timidez, pero demostrando un gran potencial, por lo que no sería raro que en poco tiempo se convierta en una estrella. Royal es una de las referencias más destacadas del nuevo roots que se está haciendo en Jamaica actualmente y ha ligado su carrera a uno de los productores más destacados en la nueva escena jamaicana con vocación internacional, Major Lanze. Su show demostró que como cantante es completamente solvente y logra transmitir y conectar con el público, como vimos en “Butterflies”, la versión que hizo de Mama Africa (Garnett Silk) y, por supuesto, en su hit “Modern Day Judas”.

 

 

MARTES 19

La jornada del martes 19 estuvo dominada por el mensaje de Jah Rastafari, de la mano de la joven generación de artistas roots que ha dado Jamaica. Tras el intenso debate desatado el día anterior en la carpa de la Reggae University sobre la consistencia del movimiento Reggae Revival, el tema volvió a surgir en la conferencia que tuvo lugar en la misma carpa con Chronixx, Micah Shemaiah, Infinite y Exile di Brave. Bajo el título de “Jah ova Evil” (Jah sobre el demonio), los artistas, moderados por Pete Lily, de la revista Riddim, explicaron en qué consiste el mensaje rastafari en el nuevo reggae. Lily dio las claves que hicieron nacer al movimiento y aseguró que se trata de una operación de marketing. Eso sí, se trata de un marketing que vende un mensaje positivo destinado a millones de jóvenes pobres alrededor del mundo. ¿Invalida la supuesta falta de compromiso de los artistas su labor educativa? Obviamente, no.

 

 

Los artistas del Reggae Revival, que fueron pasando a lo largo del día por el stand de I-Nation (situado junto a la Reggae University y punto de encuentro de la intelligentsia del movimiento, donde comprar sus discos y merchandising), dominaron la programación. Tras la conferencia, algunos de ellos acudieron a la Dub Academy, donde Addis Pablo ofreció una sesión de dub con melódica sobre los ritmos pinchados por los Suns of Dub. Una actuación intensa, densa, cargada de meditation y grandes ritmos clásicos. La sorpresa llegó cuando Infinite, Shemaiah y Exile di Brave se unieron a la fiesta sin estar anunciados y comenzó un auténtico jolgorio improvisado, con el micro pasando de mano en mano y Pablo soltando fraseos con la melódica. Se nota que funcionan como un equipo y que les une algo más que el trabajo. Un momento auténtico de sound de Kingston, donde vimos a unos jóvenes expertos en ese terreno pasarlo bien, disfrutar y transmitirlo. A mitad de la actuación nos dirigimos a ver a su otro colega, Chronixx, con la conciencia de estar dejando atrás una experiencia única.

 

 

De la oscuridad y el minimalismo de la Dub Academy cambiamos a la magnificencia del Main Stage para ver a la estrella emergente, Chronixx, un joven de Kingston miembro de la nueva escena roots que demostró que está llamado a ser una estrella, pese a que aún le falta presencia en el escenario. Esto se notó, especialmente, en su versión de “Somewhere”, que bajó la intensidad del espectáculo, para recuperarla de nuevo en cuanto volvió a apoyarse en temas propios como “Smile Jamaica” o “Here comes the Trouble”. Lo más interesante lo dejó para el final del concierto, con sonidos propios del dub más denso que suena en los sound systems, con sirenas y mucho bajo de alto octanaje. Sonidos gruesos para un mensaje iluminado de liberación individual y resistencia, que rompieron con lo habitual en este tipo de show, un riesgo que bien gestionado puede hacer que el artista brille, como fue el caso. Chronixx dio al público lo que esperaba y más, mantuvo la calidad en su puesta en escena, pero aún le falta experiencia para llegar a ser un cabeza de cartel solvente.

 

 

La organización debía tenerlo muy claro, porque ese puesto lo dejaron en manos de un valor seguro, Alpha Blondy. El de Costa de Marfil lleva lustros funcionando con la misma propuesta, sin sobresaltos, sin riesgos, basada en sus viejos éxitos, salpicada con algún tema actual. Y así se comportó la noche del martes en Benicàssim, sin saltarse ni una línea del guión. Desplegó un espectáculo de luces apabullante, guitarras épicas de corte rockero, clásicos y una puesta en escena rebosante de energía, sin parar de moverse por el escenario, demostrando que aún es capaz de defender su set con total solvencia. Sonaron los clásicos de siempre, “Politiqui”, “Cocody Rock”, la versión “I Wish You Were Here” (Pink Floyd) y la enorme “Peace in Liberia” que presentó con un discurso en el que repasó todos los conflictos armados actuales para pedir que cesen las matanzas, haciendo especial hincapié en la masacre de Gaza. Fue un momento electrizante, en el que el artista dejó clara su postura política y su conocimiento de lo que ocurre alrededor del mundo. De nuevo el mensaje de “Jah Ova Evil” reinaba en la noche de Benicàssim. Alpha Blondy sigue funcionando. El público le sigue venerando como a una gran estrella y no parece buscar nada nuevo en sus conciertos, que son una fiesta al son de su reggae africano, de factura más dulce que el jamaicano.

 

 

MIÉRCOLES 20

Lo que todos temíamos sucedió el miércoles. Nada más arrancar el concierto de Junior Kelly en el Main Stage, se desató una tromba de agua típica del Mediterráneo, intensa y corta, por lo que, tras la descarga, la vida volvió al recinto. Y la organización respiró tranquila, porque la noche del miércoles era de peso. Por el escenario principal tuvimos al veterano Kelly, al gran rastaman Luciano y al ganador de Grammys y fabricante de hits internacional, Sean Paul. Un cartel ambicioso, y algo incoherente, por la presencia del más que comercial Sean Paul, cuyo mensaje (o ausencia de él) entra en confrontación con las ideas rastas desplegadas por los otros dos artistas. Vayamos por partes.

 

 

Al final, pudimos verlos a todos, aunque Junior Kelly tuvo que acortar su show para adaptarse a las condiciones. Kelly, una de las luminarias del llamado New Roots que surgió en Jamaica en los noventa, ha reaparecido este año con nuevo disco, tras casi ocho años de silencio. Se presentó en Benicàssim con un show basado en algunos hits, como “Love so Nice”, en combinación con temas nuevos. El sonido que busca es accesible para todo el público y roza lo facilón, aunque hay que ser conscientes de que asistimos a un show corto y adulterado, por lo que resulta casi imposible emitir una opinión sobre lo que vimos.

 

 

Mediada la noche llegó el rastaman Luciano, demostrando una fuerza y una energía desbordantes, plasmada en forma de volteretas y carreras por el escenario. Repasó algunos de sus clásicos y dejó un testimonio de su apuesta por la roots music con un show emocionante y cargado de intensidad. La misma que cautivó a los asistentes a la sesión de Iration Stepas en el rincón de la Dub Academy, donde el cantante apareció con su bastón para cantar algunos temas en directo sobre bases que le iba poniendo el sound selector. Fue un momento mágico, de comunión total entre el artista y el escaso público asistente.

 

 

Antes de entrar en terrenos dub y otras densidades, tuvimos la oportunidad de ver a la megaestrella Sean Paul. El jamaicano vino para presentar su último disco, “Full Frequency”, aunque adaptó el set al festival que le acogía con algunos guiños al reggae. Fue una noche en la que se cantó a las mujeres, al éxito y al amor de telenovela y en la que el artista no dejó de apelar a las chicas sexy. Literal. En cualquier caso, el recinto se llenó por primera vez hasta la bandera para ver este producto hecho a sí mismo, a base de bombazos que suenan en clubs y discotecas de todo el mundo con su mezcla de dancehall, hip hop, r&b y pop. Sean Paul no defraudó. Dio de sí lo que se esperaba. El espectáculo remitía directamente al universo MTV y sus propuestas grandilocuentes que, ciertamente, chirrían con la esencia del festival. De repente, Rototom dejó de ser una ciudad alternativa para usar cañones de humo y confeti, proyectar juegos de luces asombrosos y construir el espectáculo a base de bailarinas sobre tarimas, entre otros fuegos de artificio. Su propuesta quedó bien definida con su versión de “Bailando” (Enrique Iglesias). Escuchar este tema en Rototom fue doloroso para quien espera del reggae un discurso musical y de contenido emancipado y lúcido. “Gimmie the Light” y otros de sus éxitos sonaron poco convincentes junto a temas de su nuevo disco.

 

 

Afortunadamente, el festival siempre ofrece contenidos que llevarse a la boca con gusto. Fue el caso del show vespertino de (nuevamente) Addis Pablo, con su inseparable melódica, apoyado por la banda de Mafi & Fluxi, que ofreció un conciertazo de dub vibrante, con un bajo asesino, ajustado al milímetro, que no dejaba escapar ni un compás sin sonar amenazante. Un concierto menor, comparado con el resto de la programación, pero deslumbrante e hipnótico.

JUEVES 21

Tras el mal sabor de boca que dejó Sean Paul (cuyo show del miércoles fue cuestionado hasta por el propio Rodigan), Rototom nos volvió a ofrecer el jueves una noche de conciertos mágica. En el Main Stage abrieron los veteranos del roots más puro, The Wailing Souls, un trío vocal que comenzó su carrera grabando para el mítico sello Studio One (una especie de Motown a la jamaicana), etapa que dio paso a la marcada por el sonido pesado y militante de Channel One, para el que trabajaron durante los años esenciales del periodo roots. Se trata de otro de los grupos que hemos podido ver en distintas ocasiones, con un show que no sorprende, pero que resulta eficaz. Siguen haciendo lo suyo, lo de siempre, pero sin defraudar a pesar de su avanzada edad. El recinto no se llenó, era pronto aún y todavía quedaba artillería por delante.

 

 

Sobre las 22 horas tomó el escenario (o lo barrió como un torbellino, aún estamos tratando de digerir lo que vimos) la gran sorpresa y confirmación de la noche y hasta ahora, del festival: Jah9. Menuda de tamaño, Jah9 es una mujer luchadora, emancipada, apasionada, iluminada, con una misión y una gran fe rastafari. Y encima del escenario lo pudimos ver y sentir. Ofreció un gran espectáculo, cargado de electricidad, compartiendo sus puntos de vista e ideas con el público entre las canciones, con una garganta portentosa. Un show en el que la fuerza y la intensidad venían envueltas en la sutileza de su voz, los ritmos hipnóticos, la actitud aguerrida y la fe de su mensaje. Una gran voz soul que estuvo perfectamente acompañada por Dubtonic Kru, una gran banda que protagonizó un momento de conexión total con la artista. El repertorio estuvo centrado, sobre todo, en temas nuevos y singles, a pesar de lo reciente de su disco, “New Name”, del que sólo tocó un par de canciones: la enorme “Mr. Preacher Man” y la que da título al álbum. El concierto y la artista fueron creciendo a lo largo de un set basado en sonidos reggae de corte contemporáneo, muy hipnótico, buscando paisajes sonoros base de ritmos contenidos y mucha elegancia. Ya hay quien la ha coronado como la reina de esta edición del Rototom.

 

 

Jah9 es un personaje fascinante. La habíamos podido escuchar en una de las mesas redondas de los primeros días del festival acerca del mensaje rasta en la música reggae. Allí vimos a una mujer con ansias por transmitir, por compartir sus puntos de vista, de hacer proselitismo de su fe rastafari. Habló de emancipación de la mujer, de resistencia frente al capitalismo, de cómo los rastas no han dejado un pensamiento político escrito ni les interesa, porque la revolución para ellos es algo cotidiano en sus comunidades, donde han logrado una especie de sociedad paralela a la que gobierna Jamaica. La artista se quejó también de que su música está dejada de lado en su país, donde es ninguneada sin recibir cobertura mediática ni presencia en el mundo del sound system jamaicano, donde otros artistas del Reggae Revival como Chronixx sí se han situado.

 

 

Las buenas vibraciones que dejó la reina del Reggae Revival resurgieron con la presencia de otro grupo místico y con mensaje rasta. Midnite, de la isla de St. Croix, una de las citas obligadas del cartel. Aparecieron para compartir su energía con el público mediante canciones hipnóticas, circulares, de tempo lento, sin prisas, generando un momento colectivo de misticismo con el que la audiencia disfrutó y ante el que mostró su apoyó en todo momento. La voz de Vaughn Benjamin sigue en estado de gracia y continúa siendo una de las más carismáticas del reggae actual. De hecho, todo el grupo es una excepción dentro de la escena mundial, por su sonido, composiciones y letras. Se trata de una propuesta única en la que se perciben las raíces africanas, que remite al universo sonoro del reggae del continente negro, marcado por una dulzura que se mezcla con la aspereza urbana de la gran ciudad y la densidad del dub más hipnótico.

 

 

Con la sensación de que ya nada podía igualar lo vivido, y tras recorrer el recinto buscando propuestas interesantes, nos topamos casi por casualidad con uno de los grupos más interesantes de los últimos años en la escena del ska británico, anclada en muchos clichés y carente de creatividad. Se trata de The Delegators, que dieron un gran show sobre el escenario del Ska Club, conducido casi en su totalidad por su cantante, Janet Kumah, quien demostró tener todo lo necesario para ser una gran estrella, algo que no parece que vaya a ocurrir, dado el género musical que ha elegido para desarrollar su carrera, el early reggae, el ska y el rocksteady. Unos estilos olvidados y maltratados con demasiada frecuencia. Janet no paró de moverse con elegancia y fuerza, mientras la banda iba cumpliendo su papel con exactitud. Su voz nos remite al soul de los sesenta, y su presencia sobre el escenario lo llena todo. Un dulce caramelo que llevarnos a la boca antes de ir a dormir tras una de la mejores (si no la mejor) jornada vivida hasta ahora en el Rototom.

 

 

VIERNES 22

Con dos cabezas de cartel tan dispares como el facilón Shaggy (supuesta estrella de la noche) y el arrollador Femi Kuti, al día siguiente Rototom volvió a mostrar su compleja personalidad, que da cabida a propuestas tan distintas que resultan casi opuestas. A grandes rasgos, el viernes el festival sonó a África. La presencia en el escenario principal de la estrella del afrobeat Femi Kuti, hijo del inmortal Fela, propició que a su alrededor se articularan varias actividades para reivindicar los orígenes de las víctimas de la diáspora. Así, la periodista Sagrario Luna presentó la biografía “Fela Kuti: Espíritu indómito”, en el espacio African Village, donde a lo largo de toda la semana se han ido sucediendo actuaciones y actividades que dan visibilidad a las muchas culturas del continente negro. Luna dio algunas claves del personaje, que revolucionó la música en su país con un compromiso claro y no exento de polémica. Asimismo, el escenario del Showcase también sonó a afrobeat con la energía y más que correcta actuación de Café Touba. En el mismo espacio, los Hermanos Thioune, senegales afincados en España, aportaron sonidos más tradicionales, pero igual de comprometidos.

 

 

La estrella de la noche era Shaggy, aunque Femi Kuti, segundo cabeza de cartel, despertaba a priori más interés entre quienes esperan algo de complejidad y profundidad en la música, entre ellos muchos africanos que ven en él una voz que se levanta frente a las injusticias que asolan África. Y así fue: resultó infinitamente más interesante y divertido Femi Kuti que el saltarín Shaggy. Son dos conceptos diametralmente opuestos. No nos equivoquemos, ambos buscan la implicación del público, que baile, que coree y responda. En definitiva, ambos montan una fiesta comunal inmensa, pero la gran diferencia es que uno, el jamaicano, opta por el histrionismo y el exceso, mientras que el nigeriano lo hace con una entrega absoluta, una banda competente, compacta, potente y resolutiva y optando por la calidad y la excelencia, demostrando que no es necesario recurrir a o obvio para transmitir fuerza e intensidad y emocionar al público.

 

 

Femi Kuti apareció ataviado con un colorido traje africano y rodeado por un grupo de músicos que le ayudaron a llegar a lo más alto, siempre bajo su férrea dirección y control (en ocasiones recordaba a un director de orquesta). Condujo el show por donde le interesó y logró que el público se involucrara y disfrutara con un set de temas vibrantes y bailables, en el que no faltó la adaptación a coordenadas reggae de alguna de sus canciones. Apabullante, como las tres bailarinas que le acompañan, que vestidas con una ligera indumentaria africana desplegaron una energía asombrosa a base de bailes infinitos que enlazaban los bailes del dancehall actual con la tradición africana. Femi es un torbellino sobre el escenario, baila, canta, anima al público, toca diversos instrumentos y pilota su nave musical arrastrando a todo el recinto hasta para lanzar desde ese estado frenético sus soflamas políticas y de denuncia. El concierto de la noche, sin duda.

 

 

A continuación llegó la fiesta jamaicana de Shaggy, que no resultó tan desastroso como Sean Paul, pero estuvo algo falto de forma. El simpático chico que había logrado llevar el dancehall al terreno del pop más comercial y entrar en listas de éxitos, llegó con la voz tocada, por lo que se apoyó en colaboradores que salían al escenario para suplirle en algunos pasajes. Fue un concierto deslavazado, que tuvo algún momento con música pinchada al estilo sound system: Para sorpresa de todos, en un divertido y original guiño se pudo escuchar a Camarón en un sound system style. Lamentablemente, las ansias de Shaggy por asegurar la fiesta y la diversión le llevan a convertirse en un showman sobrecargado, hiperactuado y cargante por su manera de increpar sin parar al público buscando su reacción.

 

 

El repertorio estuvo plagado de éxitos, así que no faltaron “Boombastic”, “Sexy Lady”, “Feel the Rush” o “It Wasn’t Me”, entre otros. Dio cabida a temas de su nuevo disco, “Out of many, One music”, que no funcionaron tan bien entre el público, como por ejemplo, “Bridges”, grabada con el cantante de Reggae Revival Chronixx. No paró de gritar y de dirigirse al público buscando la respuesta colectiva, que al final consiguió mientras el show se iba dirigiendo hacia ninguna parte. Un set errático, en el que Shaggy metió de todo, desde homenajes a grandes cantantes clásicos hasta un baño con un barreño de agua fría en solidaridad con la campaña mundial por la lucha contra la ELA, aunque él no supo especificar el motivo por el que lo hacía (puro show frívolo), y al final dejó al espectador con mal sabor de boca. Shaggy es un animal sobre el escenario, pero le sobra manierismo y le falta forma y coherencia.

 

 

Pese a todo, con una programación tan amplia como la del Rototom, siempre hay grandes momentos que recordar. Antes de Shaggy y sus excesos, habíamos tenido música roots y cultura africana. Los seguidores del roots tradicional disfrutaron de una buena ración con la impecable actuación de los veteranos Twinkle Brothers, que arrancaron su carrera dejando clásico absolutos como su primer LP “Rasta P’on Top”, hundido de lleno en el sonido roots más puro de los años setenta, para evolucionar con el tiempo hasta convertirse en unos de los embajadores de los sonidos más oscuros y densos que recorren sounds systems y fiestas de toda Europa. No faltaron aromas de dub electrónico y roots digital -forman parte de su propuesta actual-, pero pasados por el filtro de sus músicos, que les hizo ganar en calidez. Y para deleite de los presentes, tampoco olvidaron sus clásicos. Un concierto equilibrado, en el que cupo todo, perfectamente ejecutado por parte de unos hermanos Grant que derramaron alma.

 

 

SÁBADO 23

Agradecidos a Jah y, especialmente, a la climatología por habernos evitado las fuertes lluvias que se anunciaban, encaramos el sábado el tramo final de una edición del Rototom que, según su director, Filippo Giunta, ha logrado batir las cifras de asistencia del año pasado, alcanzando los doscientos cincuenta mil espectadores. Pero en un festival dedicado al reggae y sus culturas y movimientos, resultó decepcionante para muchos de sus asistentes veteranos ver que el gran momento del festival estaba dedicado a una artista ajena a su cultura. El sábado era el día de Lauryn Hill, y se dejó notar en el número superior de personas que abarrotaban el recinto y en el tipo de público que se unió a los habituales habitantes del Rototom, gentes más tranquilas y sosegadas.

 

 

Con todo, el día volvió a dejar buenos momentos para la reggae people. Bajo el título “Everything is Great”, se celebró una mesa redonda con un invitado valiosísimo por su importancia en el desarrollo de la música jamaicana y por haber sido uno de los protagonistas del nacimiento del reggae, tal y como hoy lo conocemos: El señor Bunny Lee. Le acompañaron en su hijo Striker Jr y los miembros del grupo Inner Circle: Ian Lewis, 
Roger Lewis, Bernard “Touter” Harvey y Lancelot Hall. Entre risas y buen humor, estas leyendas vivas del reggae estuvieron compartiendo con los asistentes a la carpa de la Reggae University, recuerdos, ideas, impresiones y anécdotas de una vida pasada en el mismo epicentro del reggae. Recordemos que Bunny “Striker” Lee vivió su época dorada como productor durante el período de transición entre el rocksteady y el reggae, dejando grandes éxitos (le llamaban Mr Hitmaker) y ritmos que siguen vivos en la actualidad, ya que son recuperados una y otra vez por los artistas del dancehall. Sobre este aspecto, Lee comentó, sin cargar las tintas contra nadie, que es normal que esto suceda, porque la música que produjo estaba hecha con alma, por lo que es eterna. Lo que está por ver, dijo, es si estos artistas dancehall de ahora logran dejar un legado que viva tanto tiempo, porque tiene la impresión de que falta alma y amor en el dancehall jamaicano actual. Tras la charla, el productor de más de 74 años, estuvo cercano y amable con los fans, dejándose retratar y entablando conversación con quien se acercara.

 

 

Mientras Mr. Lee saludaba y mostraba su cercanía, Inner Circle salieron para el Main Stage, donde abrían la programación. Esperábamos un reggae más blando y festivo, ese que parece grabado para anunciar cervezas en verano, pero, por el contrario, lograron lo que Shaggy había buscado histéricamente el día anterior: Llenar el recinto y ganarse al público con una gran fiesta. No se trató de mística rastafari, fue puro baile y diversión, pero de gran calado, muy bien realizado, sin caer en clichés y con estilo rub-a-dub, tan del gusto jamaicano durante los años ochenta. No faltaron dubs, algo de raggamuffin y efectos de sound system, que se entremezclaban fabulosamente con algunos de sus clásicos como su versión del clásico “Games People Play”, una impresionante “Bad Boys”, e incluso una dignísima versión de su megaéxito, la pegajosa “Sweat”, que en directo se situó en los terrenos del onedrop, mejorando infinitamente la versión grabada. El público entregado, los músicos encantados y cierre con broche de oro.

 

 

A continuación pasaron por el escenario los franceses Danakil, una banda de largo recorrido, enclavada en la vertiente rasta del reggae, que ha girado a nivel internacional. Los vimos correctos, pero después de tanto concierto, el suyo quedó un poco gris, en tierra de nadie.

 

 

Y por fin llegó el turno en el Main Stage de la diva del soul revolucionario, del rap consciente y del activismo exhibicionista. Lauryn Hill tardó 45 minutos en salir a escena, mientras, en el escenario sonaban clásicos del rap y el dancehall, que no hacían prever lo que íbamos a ver. Al final, con un público entregado de antemano, a cantante salió con un vestido retro blanco y llenando todo el escenario con su presencia. El volumen era mayor que en los otros conciertos que hemos visto, por lo que resultaba casi imposible no moverse al ritmo que marcaba la banda.

 

 

El show transcurrió entre temas soul de su disco “The Miseducation of Lauryn Hill”, canciones grabadas con The Fugges (como el estándar “Killing me Softly With His Song”), una versión de “Bang Bang”, de Cher y Sonny Bono, rapeos, baladas (marcaron un punto de bajada de intensidad importante) y una obsesión incompresible por homenajear a Bob Marley, del que llegó a tocar hasta cuatro temas (“Jammin’”, “Turn the Light Low”, “Is This Love” y “Could you be Loved”. Evidentemente, se trataba de enganchar así al público del Rototom, pero llegó a resultar cargante escuchar el último día de festival una selección de éxitos de Marley en clave reggae pop. Numeroso público abandonó el recinto antes de que acabara el espectáculo, buscando otras sensaciones por el resto de escenarios que estaban en marcha en aquel momento.

 

 

La cantante y el grupo lograron un sonido casi perfecto, bien armado, incontestable y que dejaba bien claro cuál es la diferencia entre una estrella y un aspirante. Ella desplegó su talento y energía. Demostró una gran eficacia tanto como cantante de soul como rapeando. Del lado negativo, la inclusión compulsiva de temas de Marley y el dudoso criterio de selección por parte del festival por incluir a una estrella innegable como Hill en un festival de reggae. Acabamos la noche vibrando en la Dub Academy, con un show mucho más profano pero cargado de vibes, como fue el de los franceses Stand High Patrol con Pupa Jim, quienes dieron una lección, desde los platos y micrófonos, de los nuevos caminos por los que evoluciona el dub de la mano de jóvenes europeos.

 

 

Terminado el Rototom, las ideas se agolpan en el cerebro, pero sobre todo hay una reflexión que nos queda clara: Los criterios de gestión de un festival son complejos, hay que equilibrar muchas facetas y satisfacer muchos intereses que viven en tensión, pero toda organización debe saber hacia donde va y, en caso de crecer, tener claro para qué quiere hacerlo y qué coste y riesgos conlleva. Larga vida al Rototom, punto de encuentro de tantas personas maravillosas y artistas cercanos al público. Un festival bien organizado, que ha logrado que el público se sienta bien tratado y atendido. Donde se tiene la sensación de vivir en la capital del reggae mundial y donde todo es posible. Si esa esencia se pierde algún día, Rototom se diluirá como un azucarillo, porque sin sus gentes no sería posible. Positive vibrations!

ebrovision2

Ebrovisión 2014: Horarios

El festival Ebrovisión de Miranda de Ebro, que se celebrará entre el 4 y el 6 de septiembre ha hecho público los horarios. Tres días cargados de buena música y de un gran número de actividades paralelas repartidas por el centro urbano de la ciudad, que harán las delicias de los asistentes (cerca de 15.000 en la pasada edición).

Aquí te los dejamos detallados:

 

JUEVES 4. FABRICA DE TORNILLOS

FIESTA DE BIENVENIDA

GRATIS CON ABONO HASTA COMPLETAR AFORO

 APERTURA DE PUERTAS 21.00H

LEFTOVER LIGHTS  21.30

THE CORNER 22.40

MUCHO 0.00

POLOCK 1.20

A partir de las 2.30h Fin de Fiesta en Sala Orosco

VIERNES 5. FABRICA DE TORNILLOS.

ENTRADA GRATUITA HASTA COMPLETAR AFORO.

JACK KNIFE 17.00

REALIZACION EN DIRECTO DE “TURBO 3” DE RADIO NACIONAL DE ESPAÑA-RNE3. 18.00

 VIERNES 5   MULTIFUNCIONAL DE BAYAS

APERTURA PUERTAS 20.00

ANGEL STANICH                 20.15

SECOND                               21.20

EL COLUMPIO ASESINO     22.30

KAKKMADDAFAKKA           23.50

IZAL                                         1.25

REPTILE YOUTH                    2.55

SALA OROSCO A PARTIR DE LAS 3.45

Entrada gratuita con pulsera hasta completar aforo.

OCHO Y MEDIO DJ´S

OPTIGAN1

PATRULLERO

SABADO 6, CALLE PEATONAL FRANCISCO CANTERA. Gratuito

EBROPEQUE

Concierto de SMILE y Talleres para niños. 11.30H

SABADO 6. FABRICA DE TORNILLOS.

Entrada Gratuita hasta completar aforo

NOVEDADES CARMINHA  13.00H

JULIAN MAESO 14.00H

 SABADO 6. PLAZA DE ESPAÑA, CASCO ANTIGUO

COMIDA POPULAR. 2€ CON PULSERA DEL FESTIVAL.

ACTUACIONES GRATUITAS “ESCENARIO CAFES GOMETERO”

 SEÑORES 16.00H

CARLOS SADNESS  17.00H

DJ´S

SABADO 6 – MULTIFUNCIONAL DE BAYAS.

 APERTURA DE PUERTAS  20.30

SMILE                                20.50

BELAKO                             21.50

LEON BENAVENTE           22.55

FRENCH FILMS                   0.10

VETUSTA MORLA               1.30

WE ARE STANDARD           3.10

 SALA OROSCO A PARTIR DE LAS 3.45 

ENTRADA GRATUITA CON PULSERA HASTA COMPLETAR AFORO.

DANI LESS

BRUMMEL

ICO DJ

ESTEREOCLUB

Cada vez quedan menos abonos y la organización ha decidido dejarlos a 45 € hasta el viernes 29. A partir de ahí, los precios subirán. Consigue tus entradas aquí. Y si estas interesado en hacerte con su app oficial, pincha aquí (de momento solo se encuentra disponible para android).

EBROVISION NO ES SOLO MUSICA Y LOS EBROVISIVOS LO SABEN, MIRANDA SE CONVIERTE EN UNA GRAN FIESTA, COMIDA POPULAR, EBROPEQUE, EXPOSICIONES, MERCADILLO, RUTA DE PINCHOS, CATAS, CONCIERTOS GRATUITOS EN DIFERENTES UBICACIONES, DJ´S…

cabecera

PATROCINADOR: EL MEJOR AMIGO DE LOS FESTIVALES

Mickey Baker fue un prolífico músico de sesión al que se rifaban los productores de los años cincuenta y sesenta. El guitarrista dejó su impronta en numerosas grabaciones de los sellos Atlantic o Savoy, y en discos de Ray Charles o The Drifters. Acompañado de Jean Muset al piano, Dean Doritz al bajo y Charles Boy a la batería, como Mickey Baker Quartet, actuaron en la primera edición del Festival de Jazz de San Sebastián. Era el año 1966, y aquel, el primer evento de esas características que se celebraba en nuestro país. En su cartel no había ni rastro de las bandas que formaban parte del mismo (en realidad, cuatro grupos amateurs además del citado) y al margen del nombre del certamen, sólo se podía leer que estaba organizado por el Centro de Atracción y Turismo. Ni rastro de patrocinadores, marcas comerciales o cualquier cosa que se le pareciese.

 

Cuarenta y nueve ediciones después, el festival continúa vivo (este año con nombres tan variopintos como George Clinton, Chick Corea, Ray Davies, Bobby McFerrin, Echo & The Bunnymen o The Horrors) como Heineken Jazzaldia, una nomenclatura adoptada en 2001 y que la organización asumió sin temor a ser reprobados por sus seguidores. “Se analizó y debatió. Una vez razonado y tomada la decisión, las críticas contaron poco”, reconoce Miguel Martín, director del certamen.

Algo similar vivió el FIB con la misma marca cervecera. “Es cierto que hubo sus reticencias con el tema del “naming”, desvela David Díaz, director de patrocinios del festival, “pero luego creo que se asumió rápido porque Heineken aportaba un valor cualitativo al evento que lo que hacía era, como gran marca de consumo, estandarizar un concepto de ocio que, en su momento, los padres percibían como el típico “sexo, drogas y rock and roll”, y les hizo perder el miedo a dejar ir a sus hijos a un festival. El tema del “naming” fue más positivo que negativo. Y para la marca ha sido tan positivo, que la gente sigue llamándolo FIB Heineken, cuando ahora es sólo un patrocinador más”.

Y es que las relaciones entre los festivales y los patrocinadores han cambiado mucho en la última década. Ya nadie se sorprende de que aparezca una marca en el nombre de uno de ellos. No es la única manera en la que suelen estar presentes. Eso sí, ya no buscan la publicidad pura y dura, el valor estático de una valla o de un cartel, persiguen la interacción con la gente y ser partícipes del contenido y la imagen del mismo. En definitiva, integrarse, sin perder su propia esencia. Aunque no todo vale: “Nosotros hemos llegado a aconsejar a posibles anunciantes que no entraran en el festival porque su propuesta no estaba en consonancia con nuestro perfil”, explica David Díaz. “En ese caso, como no nos interesa mucho su presencia, subimos el coste para compensar su posible participación. Es una manera de poner ciertos límites y cuidar la idiosincrasia de tu evento. También puede darse el caso que una marca proponga alguna acción que no tiene nada que ver con el festival y su filosofía, no sé, como podría ser montar una pista de bicis, y en ese caso lo rechazamos de pleno”.

 

Foto: Rafa Marchena

Ahora que el dinero público escasea y más si es para destinarlo a actividades culturales, el papel de las marcas publicitarias en los festivales es decisivo. “Sin ellos no se podrían llevar a cabo muchas de las actividades y propuestas que se realizan durante el evento. Su apoyo es una pieza clave para la celebración y continuidad del festival”, apunta Tomás Abril, responsable del departamento de prensa del Arenal Sound. Miguel Martín incide en esos argumentos: “La continuidad de las marcas en el apoyo al festival nos garantiza que podemos cumplir nuestros acuerdos y mantenemos el prestigio del certamen”.

Sin embargo, el público mira con cierta desconfianza esos apoyos económicos, como si se perdiera cierto halo de autenticidad, sin ser conscientes, en ocasiones, de que son absolutamente necesarios. “Siempre me ha parecido injusto y poco práctico: el público de las manifestaciones deportivas se muestra casi orgulloso de la presencia de marcas en las camisetas de los deportistas y en los nombres de los eventos: colabora con el patrocinio utilizando el nombre de las marcas. En el caso de la cultura y, casi exclusivamente, en Europa, se es mucho más crítico”, razona Martín.

 

Foto: Tom Hagen

Acusar exclusivamente de ello a los espectadores sería injusto. Es una labor en la que tienen que unir esfuerzos, festivales y anunciantes. Algunos certámenes ya han tomado nota, como es el caso del Cruïlla, que en su página web explica la importancia de los patrocinadores en su evento y desmenuza lo que aporta cada uno. A su vez, “las marcas tienen que trabajar más esa cuestión, intentar conectar con el público”, explica David Díaz. “Nosotros, hace mucho tiempo, cuando empezó el festival, comenzamos a poner publicidad en las pantallas de Movistar y el público pitaba y abucheaba. Si las marcas no generan acciones que traten de sintonizar con la gente y se limitan a poner publicidad sin más, es algo que está bien, pero no termina de encajar dentro del evento. La publicidad tiene que disponer de un gancho que tenga sentido y contexto con el festival en que se encuentra”.

Pero, ¿qué lleva a una marca a decidir estar presente en un festival? Miguel Martín lo tiene claro: “Asociarse al prestigio del certamen y llegar más fácilmente a su público”. Un objetivo previsible, pero que, en ocasiones, no es el único. “Nosotros apoyamos propuestas que tengan que ver con nuestro ADN”, contesta Javier Pomar, responsable de Marketing de Cerveza Ambar (presentes en Pirineos Sur, el FIZ, Deleste o el Slap!), “cercanos a cultura que nos interese, cultura que sea divertida, entretenida y en los que pueda encajar la cerveza. El objetivo y beneficio es dar a conocer nuestras especialidades en aquellos que piden algo más que “cerveza-refresco”. Buscamos certámenes con personalidad y un proyecto propio. Huimos de “otro festival indie más”.

 

Foto: Liberto Peiró

Por eso, ellos prefieren “no interferir jamás en la programación”. Una máxima que parece cumplirse en buena parte de los festivales. “Ninguna marca nos ha exigido pautas a la hora de confeccionar el cartel”, confirma Tomás Abril. “Nunca hemos tenido imposición alguna”, ratifica David Díaz. “Sí es cierto que, a veces, hay marcas que desarrollan acciones dentro del festival e intentan incluir contenidos musicales, pero todo eso siempre está controlado por el propio festival. Controlamos mucho todo lo que suena en nuestro recinto. Si viene una marca, monta un stand y quiere poner un DJ, le vamos a pedir hasta la última canción que va a pinchar”.

 

 

 

los-planetas

Los Planetas sustituyen a Chk Chk Chk (!!!) en el Kutxa Kultur Festibala

Tras la desafortunada e imprevista noticia de la cancelación de los norteamericanos Chk Chk Chk (!!!) alegando problemas familiares, la organización del Kutxa Kultur Festibala ha reaccionado confirmando a Los Planetas en su sustitución.

El grupo andaluz, que estuvo hace bien poco deleitando al público del Sonorama (ver crónica aquí), se une a un cartel que cuenta con nombres como Lori Meyers, The Wombats o El Columpio Asesino.

La propia organización del festival ha informado que aquellas personas que quieran devolver su entrada tendrán opción de hacerlo por los mismos canales por los que la adquirieron hasta el día 2 de septiembre. Hasta este mismo día continuaran a la venta los abonos para el Festival por 32 €. A partir de ese momento solo se venderán entradas de día al precio actual de 20 €. Los puntos de venta son: Kutxabank, ticketmaster.es, ticketea.com y atrápalo.com

El cartel, tras el cambio, queda de la siguiente manera:

fiesta de bienvenida Alhambra Sound festival

Alhambra Sound Festival: Fiesta de bienvenida

Ya esta disponible el cartel que presentará la fiesta de bienvenida del Alhambra Sound festival. El próximo 19 de septiembre y en directo desde la nueva Industria COPERA, Miss Caffeina, Vúfalo, Veintiuno e Indiescabreados Djs, se encargarán de calentar los motores un día antes de la celebración oficial del festival.

La propia organización sorteará 20 entradas VIP y el acceso será para todo aquel que compre la entrada en el siguiente enlace: https://www.ticketea.com/fiesta-presentacion-alhambra-sound-2014/.

Date prisa, el aforo es limitado!

 

Blink 182

Así se vivió el Reading Festival

Blink 182 y Disclosure fueron los cabeza de cartel encargados de cerrar la tercera y última jornada del festival británico. El Reading & Leeds Festival, que se ha desarrollado durante este último fin de semana, ha contado con un cartel de máxima categoría. Ya os enseñamos los vídeos que nos dejaron los dos primeros días (ver en este enlace), donde Arctic Monkeys, Jake Bugg o Queen of Stone Age demostraron su grandeza y calidad.

La jornada del domingo, que vino marcada por las actuaciones de Blink 182, Disclosure, The 1975 o The Horrors, puso fin a un festival que se pudo seguir por streaming gracias a la BBC inglesa. Estos son los mejores momentos que nos dejó la noche:

DOMINGO:

Blink 182 – All the small things

 

Disclosure – When a fire starts to fire

 

The Kooks – Forgive and forget

 

The Horrors – I see you

 

You Me At Six – Room to breathe

 

The 1975 – Settle down

 

Papa Roach – Last resort

 

Young Guns – I want out

 

Sleeping With Sirens – If you can´t hung

 

FEMI KUTI

CRÓNICA ROTOTOM: JUEVES, VIERNES Y SÁBADO

Tras el mal sabor de boca que dejó Sean Paul (cuyo show del miércoles fue cuestionado hasta por el propio Rodigan), Rototom nos volvió a ofrecer el jueves una noche de conciertos mágica. En el Main Stage abrieron los veteranos del roots más puro, The Wailing Souls, un trío vocal que comenzó su carrera grabando para el mítico sello Studio One (una especie de Motown a la jamaicana), etapa que dio paso a la marcada por el sonido pesado y militante de Channel One, para el que trabajaron durante los años esenciales del periodo roots. Se trata de otro de los grupos que hemos podido ver en distintas ocasiones, con un show que no sorprende, pero que resulta eficaz. Siguen haciendo lo suyo, lo de siempre, pero sin defraudar a pesar de su avanzada edad. El recinto no se llenó, era pronto aún y todavía quedaba artillería por delante.

 

The Wailing Souls (Foto: Violeta Palazón)

 

Sobre las 22 horas tomó el escenario (o lo barrió como un torbellino, aún estamos tratando de digerir lo que vimos) la gran sorpresa y confirmación de la noche y hasta ahora, del festival: Jah9. Menuda de tamaño, Jah9 es una mujer luchadora, emancipada, apasionada, iluminada, con una misión y una gran fe rastafari. Y encima del escenario lo pudimos ver y sentir. Ofreció un gran espectáculo, cargado de electricidad, compartiendo sus puntos de vista e ideas con el público entre las canciones, con una garganta portentosa. Un show en el que la fuerza y la intensidad venían envueltas en la sutileza de su voz, los ritmos hipnóticos, la actitud aguerrida y la fe de su mensaje. Una gran voz soul que estuvo perfectamente acompañada por Dubtonic Kru, una gran banda que protagonizó un momento de conexión total con la artista. El repertorio estuvo centrado, sobre todo, en temas nuevos y singles, a pesar de lo reciente de su disco, “New Name”, del que sólo tocó un par de canciones: la enorme “Mr. Preacher Man” y la que da título al álbum. El concierto y la artista fueron creciendo a lo largo de un set basado en sonidos reggae de corte contemporáneo, muy hipnótico, buscando paisajes sonoros base de ritmos contenidos y mucha elegancia. Ya hay quien la ha coronado como la reina de esta edición del Rototom.

 

Jah9 (Foto: Luca D’Agostino)

 

Jah9 es un personaje fascinante. La habíamos podido escuchar en una de las mesas redondas de los primeros días del festival acerca del mensaje rasta en la música reggae. Allí vimos a una mujer con ansias por transmitir, por compartir sus puntos de vista, de hacer proselitismo de su fe rastafari. Habló de emancipación de la mujer, de resistencia frente al capitalismo, de cómo los rastas no han dejado un pensamiento político escrito ni les interesa, porque la revolución para ellos es algo cotidiano en sus comunidades, donde han logrado una especie de sociedad paralela a la que gobierna Jamaica. La artista se quejó también de que su música está dejada de lado en su país, donde es ninguneada sin recibir cobertura mediática ni presencia en el mundo del sound system jamaicano, donde otros artistas del Reggae Revival como Chronixx sí se han situado.

 

Jah9, diamante reggae (Foto: Maria Stawska)

 

Las buenas vibraciones que dejó la reina del Reggae Revival resurgieron con la presencia de otro grupo místico y con mensaje rasta. Midnite, de la isla de St. Croix, una de las citas obligadas del cartel. Aparecieron para compartir su energía con el público mediante canciones hipnóticas, circulares, de tempo lento, sin prisas, generando un momento colectivo de misticismo con el que la audiencia disfrutó y ante el que mostró su apoyó en todo momento. La voz de Vaughn Benjamin sigue en estado de gracia y continúa siendo una de las más carismáticas del reggae actual. De hecho, todo el grupo es una excepción dentro de la escena mundial, por su sonido, composiciones y letras. Se trata de una propuesta única en la que se perciben las raíces africanas, que remite al universo sonoro del reggae del continente negro, marcado por una dulzura que se mezcla con la aspereza urbana de la gran ciudad y la densidad del dub más hipnótico.

 

Midnite (Foto: Luca Sgamellotti)

 

Con la sensación de que ya nada podía igualar lo vivido, y tras recorrer el recinto buscando propuestas interesantes, nos topamos casi por casualidad con uno de los grupos más interesantes de los últimos años en la escena del ska británico, anclada en muchos clichés y carente de creatividad. Se trata de The Delegators, que dieron un gran show sobre el escenario del Ska Club, conducido casi en su totalidad por su cantante, Janet Kumah, quien demostró tener todo lo necesario para ser una gran estrella, algo que no parece que vaya a ocurrir, dado el género musical que ha elegido para desarrollar su carrera, el early reggae, el ska y el rocksteady. Unos estilos olvidados y maltratados con demasiada frecuencia. Janet no paró de moverse con elegancia y fuerza, mientras la banda iba cumpliendo su papel con exactitud. Su voz nos remite al soul de los sesenta, y su presencia sobre el escenario lo llena todo. Un dulce caramelo que llevarnos a la boca antes de ir a dormir tras una de la mejores (si no la mejor) jornada vivida hasta ahora en el Rototom.

 

Janet Kumah, vocalista de The Delegators (Foto: Carlo Crippa)

 

Con dos cabezas de cartel tan dispares como el facilón Shaggy (supuesta estrella de la noche) y el arrollador Femi Kuti, al día siguiente Rototom volvió a mostrar su compleja personalidad, que da cabida a propuestas tan distintas que resultan casi opuestas. A grandes rasgos, el viernes el festival sonó a África. La presencia en el escenario principal de la estrella del afrobeat Femi Kuti, hijo del inmortal Fela, propició que a su alrededor se articularan varias actividades para reivindicar los orígenes de las víctimas de la diáspora. Así, la periodista Sagrario Luna presentó la biografía “Fela Kuti: Espíritu indómito”, en el espacio African Village, donde a lo largo de toda la semana se han ido sucediendo actuaciones y actividades que dan visibilidad a las muchas culturas del continente negro. Luna dio algunas claves del personaje, que revolucionó la música en su país con un compromiso claro y no exento de polémica. Asimismo, el escenario del Showcase también sonó a afrobeat con la energía y más que correcta actuación de Café Touba. En el mismo espacio, los Hermanos Thioune, senegales afincados en España, aportaron sonidos más tradicionales, pero igual de comprometidos.

 

Hermanos Thioune (Foto: Luca Valenta)

 

La estrella de la noche era Shaggy, aunque Femi Kuti, segundo cabeza de cartel, despertaba a priori más interés entre quienes esperan algo de complejidad y profundidad en la música, entre ellos muchos africanos que ven en él una voz que se levanta frente a las injusticias que asolan África. Y así fue: resultó infinitamente más interesante y divertido Femi Kuti que el saltarín Shaggy. Son dos conceptos diametralmente opuestos. No nos equivoquemos, ambos buscan la implicación del público, que baile, que coree y responda. En definitiva, ambos montan una fiesta comunal inmensa, pero la gran diferencia es que uno, el jamaicano, opta por el histrionismo y el exceso, mientras que el nigeriano lo hace con una entrega absoluta, una banda competente, compacta, potente y resolutiva y optando por la calidad y la excelencia, demostrando que no es necesario recurrir a o obvio para transmitir fuerza e intensidad y emocionar al público.

 

Femi Kuti (Foto: Liberto Peiró)

 

Femi Kuti apareció ataviado con un colorido traje africano y rodeado por un grupo de músicos que le ayudaron a llegar a lo más alto, siempre bajo su férrea dirección y control (en ocasiones recordaba a un director de orquesta). Condujo el show por donde le interesó y logró que el público se involucrara y disfrutara con un set de temas vibrantes y bailables, en el que no faltó la adaptación a coordenadas reggae de alguna de sus canciones. Apabullante, como las tres bailarinas que le acompañan, que vestidas con una ligera indumentaria africana desplegaron una energía asombrosa a base de bailes infinitos que enlazaban los bailes del dancehall actual con la tradición africana. Femi es un torbellino sobre el escenario, baila, canta, anima al público, toca diversos instrumentos y pilota su nave musical arrastrando a todo el recinto hasta para lanzar desde ese estado frenético sus soflamas políticas y de denuncia. El concierto de la noche, sin duda.

 

Femi Kuti, embajador afrobeat (Foto: Luca D’Agostino)

 

A continuación llegó la fiesta jamaicana de Shaggy, que no resultó tan desastroso como Sean Paul, pero estuvo algo falto de forma. El simpático chico que había logrado llevar el dancehall al terreno del pop más comercial y entrar en listas de éxitos, llegó con la voz tocada, por lo que se apoyó en colaboradores que salían al escenario para suplirle en algunos pasajes. Fue un concierto deslavazado, que tuvo algún momento con música pinchada al estilo sound system: Para sorpresa de todos, en un divertido y original guiño se pudo escuchar a Camarón en un sound system style. Lamentablemente, las ansias de Shaggy por asegurar la fiesta y la diversión le llevan a convertirse en un showman sobrecargado, hiperactuado y cargante por su manera de increpar sin parar al público buscando su reacción.

 

Shaggy (Foto: Liberto Peiró)

 

El repertorio estuvo plagado de éxitos, así que no faltaron “Boombastic”, “Sexy Lady”, “Feel the Rush” o “It Wasn’t Me”, entre otros. Dio cabida a temas de su nuevo disco, “Out of many, One music”, que no funcionaron tan bien entre el público, como por ejemplo, “Bridges”, grabada con el cantante de Reggae Revival Chronixx. No paró de gritar y de dirigirse al público buscando la respuesta colectiva, que al final consiguió mientras el show se iba dirigiendo hacia ninguna parte. Un set errático, en el que Shaggy metió de todo, desde homenajes a grandes cantantes clásicos hasta un baño con un barreño de agua fría en solidaridad con la campaña mundial por la lucha contra la ELA, aunque él no supo especificar el motivo por el que lo hacía (puro show frívolo), y al final dejó al espectador con mal sabor de boca. Shaggy es un animal sobre el escenario, pero le sobra manierismo y le falta forma y coherencia.

 

Las cosas de Shaggy (Foto: Luca Valenta)

 

Pese a todo, con una programación tan amplia como la del Rototom, siempre hay grandes momentos que recordar. Antes de Shaggy y sus excesos, habíamos tenido música roots y cultura africana. Los seguidores del roots tradicional disfrutaron de una buena ración con la impecable actuación de los veteranos Twinkle Brothers, que arrancaron su carrera dejando clásico absolutos como su primer LP “Rasta P’on Top”, hundido de lleno en el sonido roots más puro de los años setenta, para evolucionar con el tiempo hasta convertirse en unos de los embajadores de los sonidos más oscuros y densos que recorren sounds systems y fiestas de toda Europa. No faltaron aromas de dub electrónico y roots digital -forman parte de su propuesta actual-, pero pasados por el filtro de sus músicos, que les hizo ganar en calidez. Y para deleite de los presentes, tampoco olvidaron sus clásicos. Un concierto equilibrado, en el que cupo todo, perfectamente ejecutado por parte de unos hermanos Grant que derramaron alma.

 

Twinkle Brothers (Foto: Tato Richieri)

 

Agradecidos a Jah y, especialmente, a la climatología por habernos evitado las fuertes lluvias que se anunciaban, encaramos el sábado el tramo final de una edición del Rototom que, según su director, Filippo Giunta, ha logrado batir las cifras de asistencia del año pasado, alcanzando los doscientos cincuenta mil espectadores. Pero en un festival dedicado al reggae y sus culturas y movimientos, resultó decepcionante para muchos de sus asistentes veteranos ver que el gran momento del festival estaba dedicado a una artista ajena a su cultura. El sábado era el día de Lauryn Hill, y se dejó notar en el número superior de personas que abarrotaban el recinto y en el tipo de público que se unió a los habituales habitantes del Rototom, gentes más tranquilas y sosegadas.

 

El recinto, a tope el sábado (Foto: Luca D’Agostino)

 

Con todo, el día volvió a dejar buenos momentos para la reggae people. Bajo el título “Everything is Great”, se celebró una mesa redonda con un invitado valiosísimo por su importancia en el desarrollo de la música jamaicana y por haber sido uno de los protagonistas del nacimiento del reggae, tal y como hoy lo conocemos: El señor Bunny Lee. Le acompañaron en su hijo Striker Jr y los miembros del grupo Inner Circle: Ian Lewis, 
Roger Lewis, Bernard “Touter” Harvey y Lancelot Hall. Entre risas y buen humor, estas leyendas vivas del reggae estuvieron compartiendo con los asistentes a la carpa de la Reggae University, recuerdos, ideas, impresiones y anécdotas de una vida pasada en el mismo epicentro del reggae. Recordemos que Bunny “Striker” Lee vivió su época dorada como productor durante el período de transición entre el rocksteady y el reggae, dejando grandes éxitos (le llamaban Mr Hitmaker) y ritmos que siguen vivos en la actualidad, ya que son recuperados una y otra vez por los artistas del dancehall. Sobre este aspecto, Lee comentó, sin cargar las tintas contra nadie, que es normal que esto suceda, porque la música que produjo estaba hecha con alma, por lo que es eterna. Lo que está por ver, dijo, es si estos artistas dancehall de ahora logran dejar un legado que viva tanto tiempo, porque tiene la impresión de que falta alma y amor en el dancehall jamaicano actual. Tras la charla, el productor de más de 74 años, estuvo cercano y amable con los fans, dejándose retratar y entablando conversación con quien se acercara.

 

Bunny Lee, una leyenda en la Reggae University (Foto: David Sandoval Cantos)

 

Mientras Mr. Lee saludaba y mostraba su cercanía, Inner Circle salieron para el Main Stage, donde abrían la programación. Esperábamos un reggae más blando y festivo, ese que parece grabado para anunciar cervezas en verano, pero, por el contrario, lograron lo que Shaggy había buscado histéricamente el día anterior: Llenar el recinto y ganarse al público con una gran fiesta. No se trató de mística rastafari, fue puro baile y diversión, pero de gran calado, muy bien realizado, sin caer en clichés y con estilo rub-a-dub, tan del gusto jamaicano durante los años ochenta. No faltaron dubs, algo de raggamuffin y efectos de sound system, que se entremezclaban fabulosamente con algunos de sus clásicos como su versión del clásico “Games People Play”, una impresionante “Bad Boys”, e incluso una dignísima versión de su megaéxito, la pegajosa “Sweat”, que en directo se situó en los terrenos del onedrop, mejorando infinitamente la versión grabada. El público entregado, los músicos encantados y cierre con broche de oro.

 

Inner Circle (Foto: Luca Sgamellotti)

 

A continuación pasaron por el escenario los franceses Danakil, una banda de largo recorrido, enclavada en la vertiente rasta del reggae, que ha girado a nivel internacional. Los vimos correctos, pero después de tanto concierto, el suyo quedó un poco gris, en tierra de nadie.

 

Danakil (Foto: Luca D’Agostino)

 

Y por fin llegó el turno en el Main Stage de la diva del soul revolucionario, del rap consciente y del activismo exhibicionista. Lauryn Hill tardó 45 minutos en salir a escena, mientras, en el escenario sonaban clásicos del rap y el dancehall, que no hacían prever lo que íbamos a ver. Al final, con un público entregado de antemano, a cantante salió con un vestido retro blanco y llenando todo el escenario con su presencia. El volumen era mayor que en los otros conciertos que hemos visto, por lo que resultaba casi imposible no moverse al ritmo que marcaba la banda.

 

Lauryn Hill (Foto: Liberto Peiró)

 

El show transcurrió entre temas soul de su disco “The Miseducation of Lauryn Hill”, canciones grabadas con The Fugges (como el estándar “Killing me Softly With His Song”), una versión de “Bang Bang”, de Cher y Sonny Bono, rapeos, baladas (marcaron un punto de bajada de intensidad importante) y una obsesión incompresible por homenajear a Bob Marley, del que llegó a tocar hasta cuatro temas (“Jammin’”, “Turn the Light Low”, “Is This Love” y “Could you be Loved”. Evidentemente, se trataba de enganchar así al público del Rototom, pero llegó a resultar cargante escuchar el último día de festival una selección de éxitos de Marley en clave reggae pop. Numeroso público abandonó el recinto antes de que acabara el espectáculo, buscando otras sensaciones por el resto de escenarios que estaban en marcha en aquel momento.

 

Lauryn Hill: soul y rap, pero poco reggae (Foto: Luca D’Agostino)

 

La cantante y el grupo lograron un sonido casi perfecto, bien armado, incontestable y que dejaba bien claro cuál es la diferencia entre una estrella y un aspirante. Ella desplegó su talento y energía. Demostró una gran eficacia tanto como cantante de soul como rapeando. Del lado negativo, la inclusión compulsiva de temas de Marley y el dudoso criterio de selección por parte del festival por incluir a una estrella innegable como Hill en un festival de reggae. Acabamos la noche vibrando en la Dub Academy, con un show mucho más profano pero cargado de vibes, como fue el de los franceses Stand High Patrol con Pupa Jim, quienes dieron una lección, desde los platos y micrófonos, de los nuevos caminos por los que evoluciona el dub de la mano de jóvenes europeos.

 

El sueño continúa (Foto: Violeta Palazón)

 

Terminado el Rototom, las ideas se agolpan en el cerebro, pero sobre todo hay una reflexión que nos queda clara: Los criterios de gestión de un festival son complejos, hay que equilibrar muchas facetas y satisfacer muchos intereses que viven en tensión, pero toda organización debe saber hacia donde va y, en caso de crecer, tener claro para qué quiere hacerlo y qué coste y riesgos conlleva. Larga vida al Rototom, punto de encuentro de tantas personas maravillosas y artistas cercanos al público. Un festival bien organizado, que ha logrado que el público se sienta bien tratado y atendido. Donde se tiene la sensación de vivir en la capital del reggae mundial y donde todo es posible. Si esa esencia se pierde algún día, Rototom se diluirá como un azucarillo, porque sin sus gentes no sería posible. Positive vibrations!

cabecera Expertos_directosierra

EL FESTIVAL SIERRA NEVADA POR TODO LO ALTO REUNIÓ A MÁS DE DOS MIL PERSONAS

Más de dos mil personas subieron a las montañas durante el fin de semana para disfrutar de la quinta edición del festival Sierra Nevada Por Todo Lo Alto. El viernes, 22 de agosto, Corizonas fueron los encargados de liderar el cartel, levantando el vuelo desde su salida al escenario gracias a su actitud arrolladora, que hizo bailar al público desde el primer momento con canciones como “Run to the river”. Coronas y Arizona Baby, sin tener trabajo nuevo a la vista, siguen unidos y dándolo todo en directo, tocando clásicos de su repertorio y versiones como “Wish you were Here” (Pink Floyd) o el tema italiano “Piangi con me”.

 

Corizonas

 

Antes se habían subido al escenario los malagueños Fila India, que repasaron algunos de los temas nuevos de su reciente álbum y rescataron algunos de sus más conocidos de su primera época, como “Niño niñato”; sonaron frescos, con energía y aire renovado. Los locales Plastic Frostik Machine se enfrentaron a la asignatura más difícil, la de caldear al público, pero la pasaron con nota gracias a los temas bailables y pegadizos de su nuevo disco.

 

Fila India

 

El sábado, 23 de agosto, fue la noche del pop, ya que el cabeza de cartel era el Gupo de Expertos Solynieve, que que llevaban mucho tiempo sin tocar en Granada. Como es habitual, escogieron el repertorio con total libertad y tocaron temas de su último EP, como “Ola de calor”, pero también recordaron tiempos pasados con “Claro y meridiano” y “La reina de Inglaterra”, entre otras. El regalo de la noche fue la colaboración de Pájaro Jack en el tema “Perros muertos”, en dulce y delicado mano a mano que dejó un buen sabor de boca.

 

Grupo de Expertos Solynieve y Pájaro Jack

 

Los gaditanos Los Hermanos Dalton, protagonizaron la explosión de la jornada. Sin Carlos en el bajo, dieron igualmente un salto hacia la diversión a base de temas de adelanto de su nuevo trabajo (“Se acabó la fiesta”, “Hacia el huracán”) y de himnos clásicos como “Esperando una señal” o “Espejos”, canción obligatoria en Granada. La apertura había sido cosa de Pájaro Jack, que tocaron temas “El bien”, ideales para llevar la luz y la calma al escenario.

 

Los Hermanos Dalton

 

Además, los talleres abiertos de batería y guitarra impartidos respectivamente por Eric Jiménez y Víctor Sánchez han tenido gran aceptación, sobre todo entre los más pequeños, que han seguido con interés las lecciones de los profesores y han aprendido a tocar algunos acordes en solo dos días. Una quinta edición del Sierra Nevada por Todo lo Alto que promete más para la edición del año que viene.

 

Eric Jiménez, con los baterías del futuro

reading festival

Reading Festival: viernes y sábado

El Reading Festival arrancó el pasado viernes y, hasta esta noche, no dejará de ofrecer las actuaciones de los mejores grupos del momento. A nosotros nos queda algo lejos, pero gracias a dios que existe la BBC, que esta ofreciendo vía streaming muchos de los conciertos y nos otorga la posibilidad de disfrutar en casa de los directos de grupos como Arctic Monkeys, The Hives, Queen of The Stone Age, Paramore, Jake Bugg, etc…

Hemos recogido de youtube los mejores momentos de la primera y segunda jornada. Aquí tienes los ‘highlights’ del festival de Reading. No tiene desperdicio.

 

VIERNES:

Warpaint – ‘Love Is To Die’

 

Gerard Way – ‘No Shows’ 

 

Queen Of the Stone Age – ‘A song for the dead’

 

Vampire Weekend – ‘Unbelievers’

 

Temples – ‘Keep In The Dark’

 

Paramore – ‘Misery Business’

 

Drenge – ‘Bloodsports’

 

SÁBADO:

 

Chrvches – ‘Gun’

 

Royal Blood – ‘Little Monster’

 

Peace – ‘Money’

 

Arctic Monkeys – R U Mine

 

The Hives – ‘Tick Tick Boom’

https://www.youtube.com/watch?v=GOQOHcFEg_I

 

Jake Bugg - There’s A Beast And We All Feed it

 

Bombay Bicycle Club – ‘Feel’

 

black-lips

LLEGAN LOS MONKEY DAYS

En poco tiempo, Monkey Days se ha convertido en un referente para los amantes de la música en Asturias. Un modesto festival que cada año apuesta por grupos nacionales e internacionales de distintos géneros, pero siempre en la órbita independiente. Ubicado en la Universidad Laboral de Gijón, este año se celebra los días 22 y 23 de agosto, y presenta un cartel con indudables atractivos. Según la organización, la intención ha sido “dar un giro al festival para hacerlo más personal y diferente, en el que se utilizarán el Teatro y el patio barroco para los conciertos y sesiones de DJ”.

 

 

El reclamo más importante es, sin duda, el de los Black Lips. Si “Arabia Mountain” fue un feliz intento de limar asperezas en su sonido (de la mano de Mark Ronson), en “Underneath The Rainbow”, su nuevo disco, la banda se mueve en la misma dirección, aunque esta vez ha utilizado dos productores. El grupo ha desterrado la chatarrería garage-punk que empapaba sus primeros trabajos y sacrifica parte de su personalidad, especialmente en las canciones producidas por Patrick Carney (The Black Keys). Solo “Dog Years”, coescrita con Bradford Cox (Deerhunter), mantiene el nivel de su anterior disco, mientras que otros cortes (“Do The Vibrate”, “Dorner Party”) parecen compuestos con el piloto automático. Con menos temas a su disposición, Tommy Brenneck (The Dap Kings) obtiene mejores resultados. “Make You Mine” (firmada junto a Brent Hinds, de Mastodon) exhala una contagiosa frescura pop, mientras que “Boys In The Wood” chapotea en aguas sureñas, apuntalada en unos sinuosos coros y una sección de metal de aire soul. Es un álbum desigual, en el que, por primera vez, los Black Lips recurren hasta tres veces a ayuda externa (Curtis Harding participa en “I Don’t Wanna Go Home”), y quizá esa sea la señal más clara del titubeante momento que atraviesan. Su directo, en todo caso, dictará sentencia definitiva.

 

 

El otro gran atractivo internacional de Monkey Days es The Dodos. El dúo californiano de psych-folk formado por Meric Long y Logan Kroever publicó “Carrier” en 2013, un quinto disco de sonido menos agresivo que su antecesor (“No Color”, 2011), marcado por el periodo del tiempo en que estuvo unido al grupo el guitarrista Christopher Reimer, que formó parte de The Dodos entre su salida de los canadienses Women y su inesperada muerte, acaecida en 2012. Reimer no participa en el disco, pero su presencia se intuye en unas canciones en las que, a diferencia de trabajos anteriores, la guitarra eléctrica reclama mayor protagonismo. La pareja, que también ha contado con la colaboración eventual de Neko Case como vocalista, ofrece en Gijón su única fecha española de la temporada, tras pasar por el Kilkenny Arts Festival de Irlanda, donde actuarán acompañados de la Stargaze Orchestra.

 

 

El tercer nombre destacado del festival es el de Nacho Vegas. El asturiano, que juega en casa, provocó un pequeño terremoto en la escena independiente española con “Resituación”, su última grabación, y aunque no se prodiga en festivales, acaba de dejar buen sabor de boca en Sonorama. Cuando apareció el disco, nos ofreció una entrevista en la que explicaba, entre otras cosas, el uso de unas letras muy directas. “Mis canciones tienen la realidad como materia prima, aunque sí intenté desplazar un poco el yo y hablar de otro tipo de cosas, de gente y de relaciones”, comentaba entonces. “Eso implicaba posicionarme. Cuando vi que algunas canciones tenían esa dimensión política, me pareció que lo único que se podía hacer era reivindicar el panfleto, como un artefacto que puede ser también poético y emocional. No me parece que lo panfletario deba tener necesariamente una connotación negativa. Me di cuenta de que esa tenía que ser la forma”. No obstante, sus actuaciones distan mucho de convertirse en mítines, y muestran a un compositor en plena madurez y a una banda compenetrada al máximo.

 

 

También son de Asturias otros dos artistas emergentes que participan en Monkey Days. Por un lado, Fee Reega. Según afirma, comenzó a hacer música en 2009 y con eso provocó el desmontaje de su vida. En los siguientes tres años, ha editado cinco EPs y un album, todos producidos por ella y grabados y publicados con la ayuda de amigos músicos y pequeños sellos de Do It Yourself internacionales (sobre todo, Woodland Recordings). Ha actuado en toda Europa y reside en Berlín durante largas temporadas.

 

 

El otro astur con proyección del cartel es Pablo Und Destruktion, una de las joyas de la corona del exquisito catálogo del sello Discos Humeantes. Entre el folk, la psicodelia y el noise, ha ratificado con “Sangrín”, su segundo álbum, todo lo apuntado en su debut, y se ha convertido en uno de los músicos de culto más cotizados de la escena subterránea española. Además, propuestas como las de Kresy, La Flecha Negra, Alfredo González, One for Apocalypse, Buffet Libre DJ’s y Termanthia completan un programa que antepone la calidad a la cantidad. Comienzan los días del mono.

ROTOTOM 2014

CRÓNICA ROTOTOM: LUNES, MARTES Y MIÉRCOLES

Rototom ha ido cogiendo forma y creciendo en los días que lleva en activo y ya ha dejado muy buenos momentos en todos los sentidos, no sólo en el musical. Atendiendo a estos detalles, merece la pena destacar el debate que se desató en la carpa de la Reggae University, durante la ponencia posterior al pase del documental “Living in Waterhouse”, de la productora de Fernando García-Guereta, Nice Time. Tras su visionado, se celebro una mesa redonda en la que García-Guereta planteó la necesidad de acompañar de acciones y reacciones las denuncias y las soflamas revolucionarias en Jamaica, donde la población asiste pasiva a abusos continuos por parte del poder, sin mover un dedo. El debate sobre si el Reggae Revival es un truco de marketing o un movimiento real sigue encima de la mesa. A continuación, Addis Pablo (hijo de Augustus, una de las cabezas visibles del desarrollo del dub en los setenta) estuvo explicando en qué medida el dub ha reaparecido en la escena jamaicana actual.

 

Un momento de la mesa redonda tras la proyección de “Living in Waterhouse” (Foto: Tato Richieri)

 

Por el escenario principal, el lunes las cosas estuvieron calientes. Anthony B, estrella de la noche, no tenía nada que demostrar. Se le puede achacar que artísticamente está en un momento poco creativo, pero su puesta en escena sigue siendo impoluta. Apareció ataviado con un elegante traje de corbata, turbante Bobo Ashanti (una de las sectas rastas) y su bastón de mando en la mano (simbología rasta, en referencia al bastón de Joshua). Como en otras ocasiones, el artista demostró estar en plena forma, sin parar de animar, arengar y saltar. Mucho “jaka jaka jo” se coreó esa noche. Porque ante cada interpelación del cantante, el público respondía con entusiasmo. El show arrancó con Johnny Cool al micrófono, que demostró gran presencia, y tras un par de temas empezó a oírse desde el fondo la inconfundible voz de Anthony B, que a partir de ese momento contó con la entrega del público en una fiesta colectiva que tuvo picos de intensidad gracias a su mezcla de reggae music y new roots. La entrega del cantante se vio recompensada por el público, que estalló en bailes masivos cuando sonaron algunos de sus éxitos. Para empezar, dejó una soberbia versión de “Higher Meditation”, y no bajó ya el listón en todo el show, que continuó con enérgicas lecturas de “Territory”, “Born to be Free”, “Freedom Fighter”, “Police”, “Living my Life” (que tiene poco de reggae y mucho de rock facilón, pero a la que logra imprimir su sello y convertirla en un eficaz y potente himno), “Whip Dem Jah Jah” o “My Yes & My No”, entre otros temazos. Muy prescindible resultó el “Imagine” de John Lennon, incluido en su último disco, “Tribute to Legends”. Acabó el show con un gesto de respeto a los mayores, Interpretando una gran versión de “One Love”, de Bob Marley.

 

Anthony B (Foto: Luca Sgamellotii)

 

El final del día fue, pues, apoteósico, pero no había empezado nada mal. Más tranquilos dieron inicio a la tarde Gladiators con nuevo cantante al frente, Droop Lion, un joven cachorro de gran voz, muy educada, de textura algo rota, al estilo de Joseph Hill (Culture), que le imprimió mucha energía al concierto de este combo de la foundation de la roots music. Mucho respeto para los orígenes y amor es lo que recibió el grupo por parte del público. Echaron mano de algunos de sus éxitos y de temas de su nuevo disco, así que pudimos escuchar clásicos como “Dreadlocks the Time is Now”, “Dread Natty Dread” o “Mix Up” con renovada energía e intensidad. La voz de Droop Lion es perfecta para actualizar la propuesta anclada en el pasado de este grupo de referencia del roots, porque se mueve entre el góspel y el soul aportando mucha vitalidad.

 

Gladiators (Foto: Luca Valenta)

 

A continuación, Jesse Royal ocupó el escenario con algo de timidez, pero demostrando un gran potencial, por lo que no sería raro que en poco tiempo se convierta en una estrella. Royal es una de las referencias más destacadas del nuevo roots que se está haciendo en Jamaica actualmente y ha ligado su carrera a uno de los productores más destacados en la nueva escena jamaicana con vocación internacional, Major Lanze. Su show demostró que como cantante es completamente solvente y logra transmitir y conectar con el público, como vimos en “Butterflies”, la versión que hizo de Mama Africa (Garnett Silk) y, por supuesto, en su hit “Modern Day Judas”.

 

Jesse Royal (Foto: Tato Richieri)

 

La jornada del martes 19 estuvo dominada por el mensaje de Jah Rastafari, de la mano de la joven generación de artistas roots que ha dado Jamaica. Tras el intenso debate desatado el día anterior en la carpa de la Reggae University sobre la consistencia del movimiento Reggae Revival, el tema volvió a surgir en la conferencia que tuvo lugar en la misma carpa con Chronixx, Micah Shemaiah, Infinite y Exile di Brave. Bajo el título de “Jah ova Evil” (Jah sobre el demonio), los artistas, moderados por Pete Lily, de la revista Riddim, explicaron en qué consiste el mensaje rastafari en el nuevo reggae. Lily dio las claves que hicieron nacer al movimiento y aseguró que se trata de una operación de marketing. Eso sí, se trata de un marketing que vende un mensaje positivo destinado a millones de jóvenes pobres alrededor del mundo. ¿Invalida la supuesta falta de compromiso de los artistas su labor educativa? Obviamente, no.

 

Los cachorros del Reggae Revival, en la Reggae University (Foto: Carlo Crippa)

 

Los artistas del Reggae Revival, que fueron pasando a lo largo del día por el stand de I-Nation (situado junto a la Reggae University y punto de encuentro de la intelligentsia del movimiento, donde comprar sus discos y merchandising), dominaron la programación. Tras la conferencia, algunos de ellos acudieron a la Dub Academy, donde Addis Pablo ofreció una sesión de dub con melódica sobre los ritmos pinchados por los Suns of Dub. Una actuación intensa, densa, cargada de meditation y grandes ritmos clásicos. La sorpresa llegó cuando Infinite, Shemaiah y Exile di Brave se unieron a la fiesta sin estar anunciados y comenzó un auténtico jolgorio improvisado, con el micro pasando de mano en mano y Pablo soltando fraseos con la melódica. Se nota que funcionan como un equipo y que les une algo más que el trabajo. Un momento auténtico de sound de Kingston, donde vimos a unos jóvenes expertos en ese terreno pasarlo bien, disfrutar y transmitirlo. A mitad de la actuación nos dirigimos a ver a su otro colega, Chronixx, con la conciencia de estar dejando atrás una experiencia única.

 

Addis Pablo (Foto: Violeta Palazón)

 

De la oscuridad y el minimalismo de la Dub Academy cambiamos a la magnificencia del Main Stage para ver a la estrella emergente, Chronixx, un joven de Kingston miembro de la nueva escena roots que demostró que está llamado a ser una estrella, pese a que aún le falta presencia en el escenario. Esto se notó, especialmente, en su versión de “Somewhere”, que bajó la intensidad del espectáculo, para recuperarla de nuevo en cuanto volvió a apoyarse en temas propios como “Smile Jamaica” o “Here comes the Trouble”. Lo más interesante lo dejó para el final del concierto, con sonidos propios del dub más denso que suena en los sound systems, con sirenas y mucho bajo de alto octanaje. Sonidos gruesos para un mensaje iluminado de liberación individual y resistencia, que rompieron con lo habitual en este tipo de show, un riesgo que bien gestionado puede hacer que el artista brille, como fue el caso. Chronixx dio al público lo que esperaba y más, mantuvo la calidad en su puesta en escena, pero aún le falta experiencia para llegar a ser un cabeza de cartel solvente.

 

El show de Chronixx (Foto: Luca Valenta)

 

La organización debía tenerlo muy claro, porque ese puesto lo dejaron en manos de un valor seguro, Alpha Blondy. El de Costa de Marfil lleva lustros funcionando con la misma propuesta, sin sobresaltos, sin riesgos, basada en sus viejos éxitos, salpicada con algún tema actual. Y así se comportó la noche del martes en Benicàssim, sin saltarse ni una línea del guión. Desplegó un espectáculo de luces apabullante, guitarras épicas de corte rockero, clásicos y una puesta en escena rebosante de energía, sin parar de moverse por el escenario, demostrando que aún es capaz de defender su set con total solvencia. Sonaron los clásicos de siempre, “Politiqui”, “Cocody Rock”, la versión “I Wish You Were Here” (Pink Floyd) y la enorme “Peace in Liberia” que presentó con un discurso en el que repasó todos los conflictos armados actuales para pedir que cesen las matanzas, haciendo especial hincapié en la masacre de Gaza. Fue un momento electrizante, en el que el artista dejó clara su postura política y su conocimiento de lo que ocurre alrededor del mundo. De nuevo el mensaje de “Jah Ova Evil” reinaba en la noche de Benicàssim. Alpha Blondy sigue funcionando. El público le sigue venerando como a una gran estrella y no parece buscar nada nuevo en sus conciertos, que son una fiesta al son de su reggae africano, de factura más dulce que el jamaicano.

 

Alpha Blondy (Foto: Luca D’Agostino)

 

Lo que todos temíamos sucedió el miércoles. Nada más arrancar el concierto de Junior Kelly en el Main Stage, se desató una tromba de agua típica del Mediterráneo, intensa y corta, por lo que, tras la descarga, la vida volvió al recinto. Y la organización respiró tranquila, porque la noche del miércoles era de peso. Por el escenario principal tuvimos al veterano Kelly, al gran rastaman Luciano y al ganador de Grammys y fabricante de hits internacional, Sean Paul. Un cartel ambicioso, y algo incoherente, por la presencia del más que comercial Sean Paul, cuyo mensaje (o ausencia de él) entra en confrontación con las ideas rastas desplegadas por los otros dos artistas. Vayamos por partes.

 

Junior Kelly (Foto: Carlo Crippa)

 

Al final, pudimos verlos a todos, aunque Junior Kelly tuvo que acortar su show para adaptarse a las condiciones. Kelly, una de las luminarias del llamado New Roots que surgió en Jamaica en los noventa, ha reaparecido este año con nuevo disco, tras casi ocho años de silencio. Se presentó en Benicàssim con un show basado en algunos hits, como “Love so Nice”, en combinación con temas nuevos. El sonido que busca es accesible para todo el público y roza lo facilón, aunque hay que ser conscientes de que asistimos a un show corto y adulterado, por lo que resulta casi imposible emitir una opinión sobre lo que vimos.

 

Luciano (Foto: Luca Valenta)

 

Mediada la noche llegó el rastaman Luciano, demostrando una fuerza y una energía desbordantes, plasmada en forma de volteretas y carreras por el escenario. Repasó algunos de sus clásicos y dejó un testimonio de su apuesta por la roots music con un show emocionante y cargado de intensidad. La misma que cautivó a los asistentes a la sesión de Iration Stepas en el rincón de la Dub Academy, donde el cantante apareció con su bastón para cantar algunos temas en directo sobre bases que le iba poniendo el sound selector. Fue un momento mágico, de comunión total entre el artista y el escaso público asistente.

 

Sean Paul y sus chicas (Foto: Luca Valenta)

 

Antes de entrar en terrenos dub y otras densidades, tuvimos la oportunidad de ver a la megaestrella Sean Paul. El jamaicano vino para presentar su último disco, “Full Frequency”, aunque adaptó el set al festival que le acogía con algunos guiños al reggae. Fue una noche en la que se cantó a las mujeres, al éxito y al amor de telenovela y en la que el artista no dejó de apelar a las chicas sexy. Literal. En cualquier caso, el recinto se llenó por primera vez hasta la bandera para ver este producto hecho a sí mismo, a base de bombazos que suenan en clubs y discotecas de todo el mundo con su mezcla de dancehall, hip hop, r&b y pop. Sean Paul no defraudó. Dio de sí lo que se esperaba. El espectáculo remitía directamente al universo MTV y sus propuestas grandilocuentes que, ciertamente, chirrían con la esencia del festival. De repente, Rototom dejó de ser una ciudad alternativa para usar cañones de humo y confeti, proyectar juegos de luces asombrosos y construir el espectáculo a base de bailarinas sobre tarimas, entre otros fuegos de artificio. Su propuesta quedó bien definida con su versión de “Bailando” (Enrique Iglesias). Escuchar este tema en Rototom fue doloroso para quien espera del reggae un discurso musical y de contenido emancipado y lúcido. “Gimmie the Light” y otros de sus éxitos sonaron poco convincentes junto a temas de su nuevo disco.

 

Sean Paul superstar

 

Afortunadamente, el festival siempre ofrece contenidos que llevarse a la boca con gusto. Fue el caso del show vespertino de (nuevamente) Addis Pablo, con su inseparable melódica, apoyado por la banda de Mafi & Fluxi, que ofreció un conciertazo de dub vibrante, con un bajo asesino, ajustado al milímetro, que no dejaba escapar ni un compás sin sonar amenazante. Un concierto menor, comparado con el resto de la programación, pero deslumbrante e hipnótico. Y aún quedan tres días por delante.