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PROTAGONISTAS MONKEY WEEK: BETUNIZER

No son unos recién llegados. Betunizer tienen tres estupendos discos que les han convertido en una de las bandas más respetadas de la escena alternativa española. El trío es, además, adicto al trabajo: Jose Guerrero (guitarra, voz) también forma parte de Cuello y Jupiter Lion. Marcos Junquera (batería) toca habitualmente con artistas extranjeros como Dorian Wood o Daniel Johnston. Y Pablo Peiró (bajo) ha grabado y producido en su estudio a buena parte del underground valenciano reciente (Carmonas, Teletexto, etc.). En el Monkey Week demostrarán que la reputación que se ha ganado su directo está más que justificada. Al habla con Jose Guerrero.

 

Con tres discos ya en el mercado y un reconocimiento crítico indiscutible, ¿en qué momento se encuentra actualmente Betunizer?

Pues estamos en un buen momento, seguimos trabajando duro y cada vez nos entendemos mejor y es más fácil tomar decisiones. Tenemos más seguridad en que estamos haciendo lo que nos apetece hacer, y eso ayuda bastante a mantener la banda viva.

 

Este año habeis estado en el festival SXSW (South by SouthWest). ¿Cómo fue la experiencia y qué conclusiones sacais de ella?

Musicalmente hablando, nos hubiese gustado tener más tiempo para organizar una gira por allí aprovechando el viaje, pero solo pudimos buscar un concierto fuera del festival, en Nueva York, y la verdad es que ese bolo fue mucho mejor que los que dimos en el propio SXSW, ya que en NY teníamos un público más afín a nuestra música, y en el festival nos pusieron en un escenario en el que no pegábamos mucho y el público no era el nuestro. De todos modos, valió la pena y algún nuevo fan seguro que ganamos. Tocar siempre vale la pena.

 

De hecho, actuais fuera de España siempre que podeis. ¿Es una buena manera de mantener la banda en estado de alerta, de no dormirse en los laureles?

La verdad es que no entiendo por qué muchas bandas de este país se limitan a tocar solo en España y no hacen el esfuerzo o no tienen interés en tocar fuera. Según mi opinión, lo que mantiene viva a una banda es tocar todo lo que se pueda y donde se pueda. Y hay muchos lugares donde tocar. Si te organizas bien, se puede tocar sin perder dinero, y se supone que cuantas más veces vayas, mejor irá, aumentará poco a poco tu público y te será más fácil organizar futuras giras e incluso generar algo de beneficio. ¡¡¡Y además, viajar es maravilloso!!!

 

¿Cómo describirías la evolución del sonido de Betunizer desde el primer dico hasta hoy?

Lo que comentaba en la primera pregunta, sobre conocernos mejor y tomar decisiones más facilmente, también se aplica a la hora de componer, y eso te hace llegar a conseguir más rápidamente lo que buscas. Supongo que es cuestión de experiencia, y también puedes jugar un poco más y elaborar las cosas de otros modos. Nos parece que cada disco tiene el rollo que teníamos en ese momento; el primero quizá es más punk, el segundo tiene algo más de ritmo, el tercero es más serio… No sé… Para nosotros no es tan fácil definir la banda, o los discos, solo vamos haciendo nuevas canciones sin pensar en si se parecen o no a lo que hemos hecho anteriormente. Las cosas van cambiando y evolucionando de manera natural, y eso seguro que es bueno.

 

Aunque los tres estais metidos en otras mil cosas, sois bastante prolíficos. ¿Hay ya material para el nuevo disco? ¿Y planes de grabación y edición?

Sí, tenemos ya casi todas las canciones del próximo disco, estamos acabándolas, pero no hay prisa, así que todavía no tenemos la fecha para la grabación o edición. Cuando lo tengamos claro, entraremos a grabar.

 

¿Qué objetivos os marcais para el Monkey Week?

Sobre todo, comer todo el “pescaíto” frito que podamos.

 

¿Qué grupos quereis ver en el festival?

El que más me apetece es Orthodox, porque nunca los he visto en directo y me gustan muchos sus discos.

 

 

BETUNIZER

Procedencia: Valencia

Miembros: Jose Guerrero (guitarra, voz), Pablo Peiró (bajo) y Marcos Junquera (batería).

Discografía:

“Quien nace para morir ahorcado nunca morirá ahogado” (BCore, 2010)

“Boogalizer” (BCore, 2012)

“Gran veta” (BCore, 2013)

Influencias reconocidas: Fugazi, Sonic Youth, The Ex.

Próximos conciertos: Festival Villamanuela (3 de octubre), Monkey Week (10 de octubre) y gira por Francia, Inglaterra y Bélgica del 6 al 24 de Noviembre.

Fotos Betunizer: Iván Caño

 

bythefest

BYTHEFEST, MEDIO OFICIAL DEL MONKEY WEEK

Estamos muy contentos de anunciar que byTHEFEST será uno de los medios oficiales del Monkey Week 2014. Un equipo de la web se desplazará hasta El Puerto de Santa María (Cádiz), durante los tres días que durará el festival (del 10 al 12 de octubre), para seguir con detalle tanto los conciertos que se celebrarán por toda la ciudad como las jornadas profesionales Monkey Brain, en las que se debatirá sobre la situación actual de la industria musical y su entorno.

Pero eso no es todo. Además de dar buena cuenta de lo que ocurra en el festival, byTHEFEST comenzará a publicar hoy mismo una serie de diez entrevistas a otras tantas bandas españolas emergentes que actuarán en el Monkey Week. Una decena de interesantes propuestas de futuro a las que podrás conocer un poco mejor antes de que se suban al escenario: Jupiter Lion, Trajano!, Betunizer, Terrier, Siesta!, Deers, Miraflores, Perro, Rosy Finch y Nunatak.

Y aún hay más, porque a la entrevista que publicamos hace unos días con The Sadies se sumará pronto una más con otro de los principales cabezas de cartel internacionales del Monkey Week: Holy Fuck. Se trata de una conversación muy especial, ya que los encargados de hacer las preguntas al grupo canadiense han sido los componentes de Jupiter Lion.

Permaneced atentos a byTHEFEST, porque van a ser muchas las sorpresas relacionadas con Monkey Week que tenemos preparadas.

Emergency-Ponchos

MONKEY WEEK: ÚLTIMAS INCORPORACIONES

Nueve nuevas propuestas se suman a la amplísima programación del Monkey Week: el proyecto en solitario de Leo Mateos, vocalista de Nudozurdo, como Acuario, el arrollador directo de El Lobo En Tu Puerta, la contagiosa frescura punk de Emergency Ponchos (en la foto), la explosión de blues y rock de Fino Winos, la indietrónica con aroma teenager de los británicos Goodbye Stranger, las bestias pardas de La Moto de Fernan, el divertidísimo show de Los Farelli, el rock de raíces de Quentin Gas y Los Zíngaros, y el inspirado cancionero intimista de Ricardo Vicente.

A estos nombres hay que añadir la recién estrenada sección dedicada a jóvenes valores del flamenco, Flamonkey, que presentará cinco propuestas tan atractivas como la singular puesta en escena de Ana González Cía., los hipnóticos ritmos percusivos de Javier Hang & David Martín, el espectacular cruce de caminos y disciplinas de Melisa Calero & Tensión Co., el sonido entre la soleá eléctrica y la seguiriya rock de Mixtolobo, y la fusión del flamenco con el jazz y otros géneros al piano de Sergio Monroy.

Por último, Monkey Week adelanta además que en esta edición está prevista una sorpresa muy especial, protagonizada por artistas invitados para la ocasión de la mano de Son Estrella Galicia y que tendrá lugar el sábado 11 de octubre en un escenario inédito hasta el momento en el festival. En breve se irán revelando los detalles de este nuevo escenario y este Secret Show de Son Estrella Galicia.

Monkey Week 2014 se celebrará los días 10, 11 y 12 de octubre en El Puerto de Santa María (Cádiz).

Más información en monkeyweek.org

Siniestro-Total

PRIMER AVANCE DEL VIÑA ROCK 2015

Viña Rock acaba de dar a conocer el primer avance de su cartel para la edición 2015 del festival, que se celebrará del 30 de abril al 2 de mayo. En su línea habitual, abundan las bandas enmarcadas en los estilos que lleva potenciando el festival de Villarrobledo desde sus inicios: rock urbano, punk, hip hop y mestizaje.

Las veinticuatro bandas confirmadas son: Envidia Kotxina, Shotta, El Reno Renardo, Green Valley, La Gossa Sorda, Los Chikos del Maíz, Leo Jiménez, Little Pepe, Desakato, Nerviozzo, Iratxo, Aspencat, Siniestro Total (en la foto), Rapsusklei, Sínkope, Fyahbwoy, Esne Beltza, El Puchero del Hortelano, SFDK, Narco, Sr. Wilson, WarCry, La Pulquería y Boikot.

Tickets a 25 euros en: http://www.vina-rock.com/

 

primavera club

PRIMAVERA CLUB: UNA INTRODUCCIÓN

El Primavera Club empezó su andadura con el objetivo de trasladar a España el modelo de festivales como South By Southwest. La organización del que se ha convertido por derecho propio en uno de los festivales más grandes de Europa -el Primavera Sound- siempre se ha caracterizado por buscar nuevas parcelas de crecimiento y, en un momento dado, el Primavera Club intentó cubrir una demanda (la de vivir la música en directo en las distancias cortas de una sala de conciertos) que su hermano mayor (amante de los grandes baños de masas) jamás podría aspirar a satisfacer del todo. Para el recuerdo quedan conciertos soberbios de grupos como Black Heart Procession, Retribution Gospel Choir, Ariel Pink’s Haunted Graffiti o So Cow. A lo largo de su andadura, el festival ha ido reformulando constantemente esa idea inicial e incluso tuvo que afrontar un parón que parecía definitivo, tras el cual ha vuelto con un nuevo formato mucho más cercano a la idea original que el de su hasta ahora última edición, la de 2012. Después de un insatisfactorio alojamiento en el espacio del Palau Sant Jordi, el Primavera Club 2014 vuelve a las salas de conciertos (sin ocupar, eso sí, la totalidad de los clubs de la ciudad, como hacía en ediciones anteriores) y lo hace con un cartel acorde a la filosofía que se le presupone (la de promover bandas más o menos nuevas que no hayan tocado en España, junto a una selección de grupos locales), dando un pequeño paso atrás en cuanto a producción y objetivos. Veremos si esta apuesta se consolida o si es simplemente un experimento más en la historia del festival.

 

 

 

 

A continuación daremos un pequeño repaso al cartel del PC’14, una colección de cuarenta y cuatro bandas que reflejan un intento de configurar un cartel variado pero ciertamente acomodaticio, con alergia por la experimentación y el riesgo, pero al que hay que reconocer que refleja perfectamente el signo de los tiempos. Como ya viene siendo costumbre en los últimos carteles del Primavera Sound, el perfil que se busca satisfacer es el del aficionado al indie que entra en Pitchfork dos veces al día y cuya idea de transgresión viene filtrada por Vice Magazine. Así, encontramos desde pop de corte más o menos electrónico (Jungle, Movement, Ben Khan), indie rock noventero del de toda la vida (Fighter Pillows, Tweens), pop de aires retro (Halcón -formados por componentes de Nisei, Veracruz o Me & The Bees-, los británicos Fear of Men, Younghusband), decibelios y guitarras (Rebuig, Cerebral Ballzy, Perfect Pussy, The Saurs), renovadores de la tradición folk como Steve Gunn… Como siempre, el cartel esconde algunas sorpresas. Os dejamos con nuestra particular selección:

 

 

Perfect Pussy

El quinteto neoyorquino es una de las demostraciones de que todavía se puede hacer punk rock de guitarras y no sonar como la enésima fotocopia de la fotocopia de Black Flag. La carismática presencia de Meredith Graves les ha proporcionado una atención extra por parte de algunos medios generalistas, que ellos han sabido aprovechar perfectamente para dar salida a su mensaje (reflexiones sobre política, autoimagen, relaciones de pareja). Ocasión perfecta para comprobar si en directo son para tanto como se dice por ahí.

 

 

Black Bananas

Jennifer Herrema decidió hace un par de años que su grupo dejaba de llamarse RTX y pasaban a ser Black Bananas. Junto a Neil Hagerty, Herrema formó parte del legendario combo de art/noise/blues Royal Trux, la clase de banda que haría que le reventara el cerebro al típico festivalero de Coachella. Black Bananas reinventan el purulento legado de Royal Trux y le añaden funk, pop y ritmillos electrónicos. Típico concierto que no dará lugar a las medias tintas: será glorioso o una mierda de campeonato.

 

 

Opatov

Famèlic es un sello independiente de los de verdad. Sacan discos de sus colegas (muchos de ellos en cassette) porque de otra manera no los publicaría nadie. Todos los grupos que han sacado (Dofí Malalt, Mates Mates, Da Souza) molan bastante: Lo mejor que se puede decir de ellos es que escuchándolos te dan ganas de publicar fanzines, montar un grupo, organizar conciertos. Opatov son de Cerdanyola del Vallés y hacen este garage rock psicodélico tan en boga que se toca con la guitarra por encima de la cintura.

 

 

Ought

Con un primer LP calentito bajo el brazo (“More Than Any Other Day”, publicado por Constellation, nada menos), el quinteto de Montreal intentará confirmar las buenísimas sensaciones dejadas por su estupendo debut. Post punk lleno de tensión que, por momentos, recuerda al de los añorados Women y a bandas ignotas del catálogo antiguo de Dischord, como Circus Lupus.

 

 

White Lung

El parecido de las canciones de este trío de Vancouver con las de Hole puede poner nervioso a más de uno. Resulta bastante significativo que lo que hacen White Lung sea saludado como punk o hardcore por parte de la intelligentsia musical oficialista (Rolling Stone, Pitchfork), aunque es cierto que grupos como estos hay que verlos en directo para poder emitir un veredicto definitivo.

 

 

Tobacco

Thomas Fec (frontman de Black Moth Super Rainbow) ocupa parte de su tiempo libre maltratando cacharrería electrónica analógica (sintetizadores y manipuladores de cassette). Un acercamiento libre, narcotizante y de baja fidelidad a la música electrónica más pantanosa, que tiene pinta de funcionar muy bien en directo.

 

 

Greys

Este cuarteto de Toronto rememora la época (mediados de los noventa) en que el post-hardcore dominaba la escena independiente americana, incluso a través de la elección de los títulos de sus canciones (“Guy Picciotto”). En disco parecen recrear el cánon de manera más o menos conseguida, veremos si en directo también lo logran.

 

 

Nothing

El hecho de que este cuarteto publique sus discos en uno de los sellos de metal por excelencia puede llevar a engaño. Nothing están mucho más cerca de My Bloody Valentine que de Mastodon. El enésimo intento de aunar distorsión guitarrística, melodía y ambientación lánguida.

 

 

Tony Molina

Uno de los platos más interesantes de todo el menú, la inclusión de Tony Molina en el cartel es de las que justifican por sí solas un festival. Ahora es el momento de verlo. Un chaval californiano que puede sonar tanto a Dinosaur Jr y Teenage Fanclub como a Wavves o Weezer, y hacerlo siempre de manera personal y encantadora. “Dissed and Dismissed” es de esos discos que crean toneladas de expectativas.

 

 

Steve Gunn & De Stervende Honden

Es una suerte poder disfrutar regularmente de la presencia de Steve Gunn en los escenarios españoles. Steve Gunn es la demostración de que se puede actualizar el legado clásico de la música de raíz folk americana si eres un músico creativo, trabajador y dotado técnicamente como él. En esta ocasión podremos verlo con una pequeña banda de acompañamiento.

cabecera lisa & the lips

ASÍ TE CONTAMOS EL BAM 2014

VIERNES 19

A primera hora de la noche, en cuanto la última universitaria abandona la Facultad de Comunicación y Relaciones Sociales que desemboca en la plaza Josep Coromines, la atención se dirige hacia los dos jóvenes que se manejan como operarios detrás de una mesa que ocupa la mitad de un escenario prestado. Junto a ellos, una batería varada como el esqueleto de un cetáceo espera a los galeses Islet, que actuarán más tarde aunque nosotros no vamos a verlos.
En esta plaza de pasear perros empezamos nuestro recorrido por la vigésimo primera edición del BAM (Barcelona Acció Musical), en el contexto de la fiesta mayor de la ciudad, escuchando a Cristina Checa, a quien conocimos por su efímero proyecto Granit, ahora en coalición con quien fuera allí productor, el exSelenitas Eloi Caballé. Ambos hacen el total de Desert, el grupo de dos que ahora es atendido por un público todavía frío y en buena parte casual, pero que muestra cierto interés en dejarse subyugar.

 

Salvo imprevistos, los horarios se cumplen a rajatabla en el BAM. Desert se ha de bastar con tres cuartos de hora que les van a ser suficientes para derramar su pop volátil y entonar este recodo en el corazón de Barcelona. Cristina lo hace con voz de membrana y canto de blusa, sobrevolando el sonido sintetizado de las máquinas, y cuando se cumplen los cuarenta y cinco minutos, pese a que ha sido un directo sin despegue, más por la propia naturaleza evanescente que define la propuesta que por el minutaje impuesto, el personal está más o menos ensimismado. Al fin y al cabo, ha de ser lo que se pretendía, al menos si tenemos en cuenta el título del EP por el que se conoce a Desert, “Envalira”, que cruza los verbos catalanes embadalir (embobar) y delirar. Un neologismo que tal vez habría gustado a Coromines, el filólogo al que se tributa esta plaza entre dos acrónimos siniestros, el del MACBA y el del CCCB.
Mucho más céntrica, aunque en realidad a diez metros, está la plaza dura llamada dels Àngels, otro de los escenarios del festi donde de inmediato arrancan Blouse, combo de Portland de patrón clásico, espolvoreado de un sintetizador perezoso y sin magia, que con su sonido más orgánico va reuniendo vecinos, lateros y paseantes atolondrados. Los Blouse cultivan aspecto retro, la actitud displicente y monótona del roquero alternativo y a lo suyo lo llaman dream-pop, pero yo creo que es porque están dormidos. La plaza no la cohesionan, esto no es un problema de ellos porque va a ocurrir toda la noche y en todas partes, el público mixto es el peaje de los conciertos gratuitos, pero tampoco malgastan talento porque saben cuánto les queda. Y no es mucho.

 

Bajamos las Ramblas que un día fueron nuestras (las bajamos anegados en llanto como hace todo barcelonés desde 1992) y ahora sí, el ritmo. En el Moll de la Fusta, fachada marítima de la ciudad, Sonny Knight & The Lakers despliegan su dispositivo de relojería. Soul añejo y vibrante, sin novedad pero de altura, con un Knight radiante tras el “I’m Still Here” que hace un par de años lo recuperaba para los escenarios tras décadas inactivo, y un cuadro de siete músicos en diálogo. A Knight le falta un poco de negro en la voz, pero lo suple todo vestidito de blanco (que es lo que más raza hace) y termina de convencer en esa modulación suya precisa y vitalista, con la que es muy difícil no empatizar.
Al borde de la dársena, en primera línea de mar, una parte inope del público se deja mecer por los temas más souleros. Cuentan los veteranos que hace años rondaban la zona lanchas de la Cruz Roja, porque en los conciertos siempre había algún borracho que se caía al agua, y aunque hoy eso no ocurre, la gente en el meollo se lo está pasando bien, al menos por arrebatos. El repertorio, con cierto espíritu de pachanga, está muy bien trenzado y guarda mucho lugar para la alusión al respetable, que responde a las trompetas de alerta vital y brinca si hay que brincar aunque siempre dentro de un orden, el que dictan estos profesionales del soul genérico.

 

Hora exacta más tarde, una docena de técnicos hacendosos, dos de ellos con barba, remodelan el escenario para dar lugar a Lisa Kekaula, voz en melocotonazos imbatibles como el “Good Luck” de Basement Jaxx o capitana de The BellRays, que ahora conduce, junto a su marido Bob Vennun, Lisa & The Lips, un equipazo con músicos de Diamond Dogs, The Right Ons o True Loves.
Lisa es un fuego, una madre. En la vida corriente ha de ser un remanso, porque lo da todo aquí. Viste pantalones ajustados que evitan que le vibren los muslos como las tartas, eso nos lo escatima, pero el resto es torrente y supremacía. No logra el caldo completo porque lo que no puede ser, no puede ser, pero consigue por fin que el público se muestre expansivo y por momentos parezca cuajarse con el espectáculo. Ayuda la sofisticación de los lateros, que aquí además de cerveza ofrecen mojitos en bandeja que parecen muy del gusto de las guiris, pero el principal mérito está en la energía de una banda bien ensamblada que, sin hacer derroches, borda la operación tan difícil e inversa a la memoria histórica: dar auténtico soul con genuina alma de rock.
Lo negro, definitivamente, le sienta muy bien a Barcelona.
La estructura supersónica del bolo de Lisa nos lleva a regañadientes, recorriendo el litoral, hacia el recinto del Fòrum…

 

Las fiestas de los pueblos ocurren en la plaza mayor, donde el vínculo ya está hecho, y con el Fòrum sólo se sienten vinculados los visitantes y los primaveras, así que esto, para un barcelonés, ya no es la Mercè, ya no lo parece porque el Fòrum, en su ajenidad natural de bosque cadavérico, opera en contra del ambiente festivo, pero Javiera Mena va a saber cómo reparar eso.
La media de edad baja enteros para escuchar a la chilena, que aunque parapetada tras el dichoso mac que le da autonomía, se muestra confiada y defiende muy bien ese romanticismo suyo basado en una nostalgia temprana de niña del primer mundo. Hay mayoría de seguidores que se delatan tarareando las canciones de la radio en “Sol de invierno”, aunque son los temas más furiosos, los de amoríos menos preocupantes y los que desechan el sosiego del acento chileno, los que ensalzan el bolo, que cuenta con sorpresas poco celebradas como la intervención de Gerard Alegra Dòria, El Último Vecino, poniendo voz y aspaviento en “Al siguiente nivel”.

 

Aunque una buena tropa de mantas no se mueve de las escaleras del anfiteatro, Javiera sintoniza enseguida con propios y extraños gracias a sus modos de diva manejable y a una puesta en escena sencillísima y de absoluto cutrelux, que cristaliza en petardeo y alza el vuelo, como era de esperar, en “Espada”, cuando sus cuatro bailarinas se frotan en vaivén inguinal sendos sables láser que ilustran la metáfora más chabacana y gloriosa del último pop: “Quiero que tu espada me atraviese solamente a mí”. Enlaza con “Luz de piedra de luna”, abrocha con una selfie colectiva y a otra cosa.
Cuando Frikstailers dejan ir sus primeras pulsaciones en la explanada del Fòrum, somos exactamente siete personas delante. Se pueden contar porque sólo son siete. Siete personas sin amigos ni familia que de inmediato se harán multitud, en cuanto Rafa Caivano y Lisandro Son pisen el pedal de su nave suborbital.

 

Frikstailers, con sus pelucas traídas de Fraggle Rock, sus gafas cegadas y su desmodulador de voz, resultan diáfanos y adorables aun siendo argentinos. Se les ve la ingeniería, son puro folklore y su cumbia digital con arranques hip hop saca a bailar a todo el mundo, incluso a algún catalán. En su primitivismo, la sesión se emparenta a otros recuerdos de esta noche, y si bien el público sigue siendo de su padre y de su madre y odioso en su abundancia de personajes despreciativos con lo que tienen delante, en su perseverancia el dúo se certifica en chamán y a golpe de cadera nos concilia con el cosmos, aunque ocurre poco antes de que decidamos abrirnos paso entre los indígenas y tirar para casa a escribir en absoluto silencio esta primera crónica de cuatro.

 

SÁBADO 20

Todo no puede ser. El BAM es un festival que se dispersa por Barcelona y al que en las jornadas de fin de semana es imposible atender en su totalidad. Luego está el nulo interés que suscitan ciertas bandas para el cronista, quien esta tarde, sin ir más lejos, se ha quedado en su casa. La otra opción era acudir arrastrado por bueyes a la Antiga Fàbrica Estrella Damm, donde Coriolà y Mishima tenían previsto dar lo suyo y, al menos según nuestro deseo, triunfar bien triunfados.

 

 

Declinando lo inocuo, nos conducimos como peatones por los márgenes y empezamos la velada con la chufla de Andrés Schteingart, un pibe en la onda de El Guincho, de filiación más psicotrónica, que encarrila el sábado en el escenario de la Joan Coromines, la plaza que acoge los pases más menudos y en teoría atrevidos del festival y donde la tónica es en cierto modo la de los sonidos un poco abúlicos, la banda sonora de una generación nacida escasa de rabia incluso en sus individuos más inconformes. Pese a lo que digan los mayores, es una opción que también conlleva discurso, de ahí el nombre artístico de Schteingart, El Remolón, que además nos engaña la tensión porque va a propulsión con su cumbia, siempre hacia arriba, incluye cambios de vestuario y aquí secunda sus ritmos de cepa latina las piezas del VJ Ovideo Opendesktop, que hace unos audiovisuales en descomposición que si los chupas te llevan a la fase cuatro. El público, bien bonito, se cimbrea. Es todavía familiar pero augura buena noche.

 

 

No tenemos manera de quedarnos a escuchar la sesión que sigue, cut-up a cargo de Den Sorte Skole, porque la llamada del mainstream nos obliga a subir a la Fàbrica, donde la presencia internacional con más tirón del festi emite su alegría de vivir pero de vivir en casa de los padres, que puestos a hacer balance es donde mejor hemos vivido todos. Nada que objetar a los Klaxons, que actúan en un lugar muy adecuado a su propuesta: la cuadrícula que es el Eixample. La calle esta a rebosar, la convocatoria es multitudinaria, hay personas con ropaje de futbolista y abunda el crío repeinado, uno de ellos con un paraguas, el chaval se ha traído un por si acaso de su madre, pero está en contexto. Los Klaxons salen pidiendo palmas, como los delfines, y en dos temas corroboran que ni tienen power ni tienen poética ni tienen nada. Aspiran a las melodías, pero en tres discos no han dado todavía un himno. En el cuarto tampoco lo harán. Fijar el sentir de una generación no es cosa fácil, simularlo está tirado. El trío, que en directo son cuarteto para echar masilla en los huecos que en estudio cubre la producción, esgrime su mejor baza en los breves momentos de compresión sónica, justo los instantes que su público desatiende. No queremos estar aquí, esto es una música que militariza el pensamiento.

 

 

Eludimos también la cita con Modern Baseball, un guapito, un galán, un simpático y un chistoso que juntos hacen música con sentido de la comedia, piezas de instituto concisas y flechadas. Los hemos visto en YouTube, muy frescos, ejecutando un punk-rock apócrifo y candeal, sin asperezas, que los condena a convertirse en yernos en el momento menos pensado. Los eludimos no por nada, sino porque elegimos acudir de vuelta al refugio del Raval, siempre más estimulante en sus sorpresas. Teníamos ganas de escuchar el hip-hop bailón (o grimcore, de acuerdo) de Linkoban, que ha resultado una tía divertida, ambiciosa y muy hábil gestionando su exotismo de danesa con ascendencia china. Sale a pelo, con un encapuchado al secuenciador y otro a la batería, y sostiene muy bien la faena, locuaz y con un punto insolente, jubilosa y sentimental, entre temas que cantan a SuperMario (“Fire Flower”) o a los chicos de nariz grande (“Big Boys”).

Antes hemos hecho parada eventual y muy nutritiva en la plaza dels Àngels para ver a Grey Filastine, norteamericano afincado en Barcelona que ofrece una puesta en escena tan sencilla como efectiva: candiles de barco y cacharrería, megáfono, chelo, triángulo, bases y mimbres tecnológicos y querencia por la batucada simple. Es en ese reduccionismo de la percusión donde mejor funciona su concepto de sermón sociopolítico, ilustrado por un ciclorama de vídeos que van haciendo geometría del zeitgeist. Sonidos hondos que casan muy bien con el sentir de este barrio. Las plazas, ya todas, hasta la bandera.

 

 

Junto al mar, los británicos Basement, veloces pero sin prisa, hacen la suya mientras el iniciado se va engorilando para sus adentros, agradece las guitarras predominantes y gozará, si la tocan, su versión empacada del “Animal Nitrate” de Suede (donde el “oh-oh-oh”, y esto es significativo, se ha trocado en “ah-ah-ah”). No sabemos si la tocan porque en cuanto llegamos percibimos sobre la capa de gasoil de las aguas una marejadilla procedente del Fòrum, una llamada de la tiniebla que se llama High Tone, viene del sur de Francia y allá que vamos de cabeza.

La fiesta requiere disolución y desorden para merecer ese nombre, y aunque en el Fòrum no hay nada que desordenar porque en el Fòrum no hay nada, el lugar es hoy un océano de niños, de miles de niños y algún que otro gañán molestando a las niñas que nos pone agresivos. Con mucho esfuerzo nos abrimos paso hasta la primera fila del anfiteatro, donde los amplis nos hacen sentir flotante el esternón, y allí damos con una baldosa suelta desde la que surfear lo que queda del día.

 

 

High Tone toman la noche, la templan con su drum and bass contaminado de verbo y nos entregan la condensación, que no sabemos si nos abraza o si nos está abrasando. Los lioneses no atienden a razones, están a oscuras porque no es necesario mirarlos, el público mixto dificulta la comunión pero al cronista, que es un cursi, le baja el santo y siente la música hecha sexo mundial, logra la abstracción y danza desvestido la tralla ascendente. Cuando alzamos los cuernos de saludo para agradecer el final del pase, una onda expansiva de realidad se abre a nuestro alrededor, y aunque los malagueños BSN Posse acaban de tomar el relevo y abren apuntando maneras, van a tener que disculparnos porque, ahora sí, nos vamos a la casa nuestra, dulce y calladita, con la cabeza festiva, un poco rota y a rebosar del residuo que hay que dejar aquí escrito.

En la calle, la temperatura ambiente, según indican los farmacéuticos de guardia, ronda a estas horas los veintitantos. El metro es una aventura difícil y agotadora pero a no perdérsela, incluye cánticos ebrios que alternan la independència con el camarero-qué-una-de-mero, eventuales riñas femeninas con hostias, patadas y hasta palabras malsonantes e incluso una chica que le cuenta a otra, entusiasmada, que tiene un amigo que es poeta.

Barcelona sigue siendo muy bella pese a estar tan tocada de miedo y coerción. En los alrededores del Fòrum, apostados en los semáforos, unos guardias urbanos prohibían a los chavales cruzar con el disco en rojo. La temperatura será la que sea, pero la sensación de bochorno es considerable en estos últimos días del verano.

 

DOMINGO 21

El BAM es un festival escarpado y casi inabarcable en el espacio, pero muy manejable en el tiempo. Su estructura es amable: nos camela el viernes, nos arrastra por el sábado hasta el final de la noche y nos mece el domingo con una programación escueta y balsámica para que el lunes nadie falte a sus clases. Luego, el miércoles, se celebrará la Mercè, patrona de la ciudad, así que en cuanto caiga el sol del martes volverá a llenarse la parrilla, por fin descartando ese Madrid Arena planetario que es el Fòrum, que ya solo acogerá actuaciones de fiesta mayor ajenas al BAM, como Fundación Tony Manero, La Troba Kung-Fú o Delafé y las Flores Azules. Delafé y las Flores Azules, ¡menuda fiesta! Perdón, perdón, perdón.

Hoy salimos de casa con buena luz, pero cuando llegamos al centro es de noche. Llamamos a información y nos mandan a tomar por culo. Nos ocurre algo más que no nos había pasado en cuarenta años, y es que bajamos las Ramblas creyendo que las estamos subiendo. Son los efectos secundarios del tercer día de festival, desorientación y sonambulismo, un estado de conciencia que resultará adecuado para la primera actuación de la velada.

 

 

De los artífices de Ursula y McEnroe llega Viento Smith. Pop afligido. Temas acuarelados. Muchachos sensibles con la camisa desplanchada. Nanas para arrullar osos panda. Una llantina un poco demasiado afectada que en otra plaza, o en ésta misma de haber existido en otra época, se habría resuelto a pedradas, pero que aquí, en un momento dado, se hace con la parroquia. Esto es un mérito. Su disco “Campos Magnéticos” da en el título, si lo dices en inglés, la aspiración primera de Viento Smith, que hacen una música de estarse quietos, un poco inquietos, incluso. Estamos siendo expeditivos, tal vez no es justo, pero es que nos resultan muy morosos en la lírica (la única audacia verbal de su repertorio es la línea “el amor que nos hicimos”, así está el tema) y no tenemos el día para encajar guitarras ultrajadas por arcos de violín.

Ahora toma dos tazas. En la plaza dels Àngels nos espera una segunda ración de melancolía con voluntad luminosa. Lo que habíamos escuchado de ellos no nos convencía nada y tampoco es que ahora lo haya hecho, pero es justo decir que Lanterns on the Lake toman en el directo un cuerpo inesperado. El primer bolo en España de estos británicos pretende bañarnos de pop ululante pero nos resbala, aunque su narratividad plomiza podría estar indicada para muchachas sietemesinas y estandarizadas. Bajo los pies les corre un arroyuelo subterráneo de folk y tienen aspecto de funcionar como el mecanismo de los Sea Monkeys: si los mojas un poco despiertan con forma de hipocampo y se vienen arriba en los epílogos instrumentales, pero en general son pisaflores y una murga. ¡Oh, no, otro arco de violín rasgueando una guitarra eléctrica!

 

 

En el BAM no hay ninguna banda con actitud de sabemos dónde vives, que es algo que de vez en cuando apetece, pero ya nos hemos hecho a la idea y hoy no dejamos de repetirnos que es el día del sosiego. Seguimos trabajando. Trabajamos en la calle. Nos lo pasamos cañón. Ahora el foso de los fotógrafos se alboroza y se pone contento: los que vienen llevan la cara pintada con brillantina.

Moodoïd nos levanta el ánimo con su glam telúrico y su psicodelia acolchada. Pablo Padovani, guapo como un demonio recién nacido, se acompaña de una banda de cuatro mujeres, pero la única sirena es él, que nos conquista y nos fecunda con este proyecto paralelo a su ocupación como músico de sesión, o más bien guitarra de ruta, en los directos de Melody Prochet con su proyecto de dream pop Melody’s Echo Chamber, que involucra a su expareja Kevin Parker de Tame Impala, quien a la postre mezclaría el EP con que se presentó Moodoïd.

A Barcelona llegan con su primer disco, “Le Monde Möö”, todavía caliente tras su publicación hace apenas un mes. Tal vez les faltan temas y un hervor, nada, un baño maría, todavía no son formidables, pero no nos resistimos a emparentarlos, en una primera impresión, con el nunca bien ponderado en nuestro país Matthieu –M– Chedid en sus conatos de espectáculo, sus dejes étnicos, sus falsetes sinceros y su todo sensación. En Barcelona, esta noche, el público no está a la altura, pero goza en silencio canciones como “La lune” o “Je suis la montagne”, tal vez está asimilando la sorpresa y cae en la cuenta de que lamenta que la banda se vaya a retirar cuando suena “De folie pure”, con la que cae telón. Moodoïd elabora una música que se rompe y se recompone y que en esta noche de domingo es la música de nuestros pequeños corazones europeos. Estos parisinos son nuestro descubrimiento de este BAM 2014. Nos los llevamos puestos.

 

 

El último pase del fin de semana corre a cargo de Seward, que vienen con bagaje de auditorio y muy bien afianzados en escena. No deja de ser sintomático que en estos tiempos sin memoria se llame experimental a lo arcaico, que es lo que desarrollan Seward, autóctonos, en su mejunje estrambótico de free jazz, rock enajenado y charanga de aliento sinfónico. El patio se muestra algo reflectante, no atiende, consulta sus redes sociales y sus tonterías. Hay uno que se hace una foto con un palo. Un picado majestuoso con esa ampliación tecnológica consistente en un palo, qué te parece. Seward, que se toman la prerrogativa de una hora larga rompiendo la regla de los tres cuartos clavados por bolo, se hacen un poco esnobs en sus citas a Nicanor Parra o Miguel Piñero y, aunque brindan una actuación con momentos de excelencia, suenan algo cargantes en la plaza del pueblo, donde su indiscutible poso de compostura, tal día como hoy, nos abruma y nos aturde y nos recuerda que se va haciendo tarde y que mañana es jornada lectiva en Barcelona, ciudad de negociantes, emprendedores y pequeñas y medianas empresas.

 

MARTES 23

Cuando retomamos el festival, el día vacío del lunes nos ha incorporado una sensación extraña, como de reencontrarse en la oficina con la propia esposa. A lo largo del martes hay más de una veintena de conciertos repartidos por la ciudad, aunque solo media docena es atribución del BAM, que hoy dedica su programación a Estocolmo, ciudad invitada de las fiestas de la Mercè. Auguramos una noche entre la gravedad y la levitación, sentimos un pesar anticipado, una aflicción nórdica. No va a ser así.

 

 

Los meteorólogos vaticinan lluvia en la plaza Joan Coromines, pero Mariam Wallentin, mitad del dúo de alt pop Wildbirds & Peacedrums, ahora protagonista de un nuevo proyecto, va a disipar toda amenaza. Con un piececito en el lado oscuro, que es el único lugar desde donde se puede vislumbrar la luz, Mariam The Believer suena a acecho, a ritual, pero más tirando a santuario que a funeral. Su música es agorera en los bajos, y su voz, que mana en inglés, da todos los colores e incluso sus excedentes. Mariam la sobreelabora y la humilla y la humilla y la sobreelabora, a voluntad, rebañándose por dentro como las brujas del soul. Hoy elude sus temas de estructura más dentada para ofrecernos clarividencia pop, pagana y un poco justa en la banda, que aunque es funcional se hace monótona y no acaba de arroparla. Da un concierto lineal pero embriaga, da gusto, es buena, sabe lo que hace, vive inspirada y vive en su canto, en el que deja intuir capacidad para transformarse a capricho, si quisiera, en una ristra de latas atadas a la cola de un perro. Si un día le dan un disgusto, puede llegar a convertirse en una Diamanda Galas de bolsillo. Empezamos contentos.

 

 

Cambio de tercio radical. Con un solo álbum en su haber, Postiljonen suena, pues como suena el dream pop, a carajillo de líquido amniótico. Sus reflujos ochenteros emergen encabritados en los sintes, crecen, van encaramando plataformas, se pasan la pantalla de los noventa y echan a arder como una pirotecnia avistada a lo lejos en el cielo gris de este siglo XXI. Una precipitación nostálgica, una nostalgia del futuro un poco gaseosa. Es curioso que la memoria artística de cada generación se limite a la década anterior a la que nacieron, pero eso es un mal ya muy asimilado que no sólo impregna de tristeza esta manera de hacer música, si no que por lo general la sostiene y la hace ternura. Postiljonen, un trío joven que esta noche en Barcelona anuncia su último concierto con esa formación (diríamos, leyéndoles lo gestual, que porque largan a la vocalista), son unos horteras del tamaño de Mónaco, pero el dream pop es así y en esta casa nos gusta y nos pone cara de arpegio. Una pena que hoy no funcione. Son muy bien recibidos pero pronto el escenario de la plaza dels Àngels, donde se manejan a contraluz, se les ha hecho grande. La chica hace el avión pero el público, con perdón, se hace un poco el sueco, y todo resulta en un no se qué muy poco imaginativo, no hay plenitud.

 

 

Volvemos a la Joan Coromines para escuchar a Seinabo Sey, escandinava de incógnito en el pop soulero que practica, sin rastro de frío. La explicación está en sus raíces gambianas y un poco en Destiny’s Child. Llega con sólo dos singles registrados, “Younger” y “Hard Times”, con los que cerrará, en orden inverso, su pase triunfal de hoy. El público, tras el primer impacto que supone descubrir tal madurez de voz en una muchacha de 23 años, pasa al alboroto y en cero coma la está adorando. No hay riesgo pero tampoco hay secreto: buenos temas bien ejecutados. Y un chorrazo natural. Un concierto naturalista, bravo y preciso del que tal vez nos encontremos hablando dentro de un tiempo, porque no es descabellado decir que sí, que tal vez aquí está naciendo una estrella.

 

 

La noche de Estocolmo está muy bien pensada en el irse haciendo boreal, se ilumina, aunque el de Frida Sundemo va a ser un recital un tanto indolente. El público parlante de la plaza dels Àngels dificulta mucho las cosas, pero el combo resuelve. Estábamos convencidos de que veníamos a ver a una chica un poco enfurruñada haciendo pucheros, y sin embargo Frida se gana nuestro respeto, parece tener carretera y disciplina, o al menos bastante determinación, y ahora nos cae bien porque está lejos, ahí arriba, haciendo frente a este público regulero con su pop electrónico sin novedad, algo anacrónico y más expresivo que melódico.

 

 

Pasados treinta minutos de la medianoche tomamos conciencia de que un moderno barcelonés es la cosa más antigua que existe. Zhala lo sabe y llega para darles pábulo con su escenario fluorado y su mamarrachismo kármico. Hace un despliegue de pop neurótico, maquinista y tribal, algo impenetrable, de hecho, casi lésbico y entreverado de sonidos kurdos que lo sofistican. Lo acelera, lo revoluciona y pide volumen brutal a los técnicos de la Joan Coromines, que según hemos ido comprobando a lo largo de la velada, hoy están un poco sopa. Tiene la desfachatez de acabar un tema en fundido pero eso no achica al personal, que se entrega a la euforia y presagia una fiesta que no se va a dar, pues Zhala articula un bolo de apenas media hora para que no se le desparrame en rave, que esto lo paga el ayuntamiento o vete a saber si la embajada.

 

 

El remate es tarea de NONONO, que están pidiendo el chiste en el nombre. Se trata de una banda de un solo tema, “Pumpin Blood”, que con su silbido de jingle ha arrastrado hasta aquí a unos cuantos seguidores atípicos, muy jóvenes, que lo esperan afanosos y que no lo tendrán hasta el final, tras un manojo de medianías. La vocalista, Stina Wäppling, tiene el nombre saltarín y es muy vanidosa, más bien pánfila, con la boca llena de dulzuras. No se sabe si acaba de bajar de Pedralbes y es que ha pasado por un Zara, pero el caso es que ahora canta con los ojos cerrados como quien reza, por darse aires introspectivos y cargar drama en la balada correspondiente. Es una impostura, por supuesto, todo es cuento en el pop ortodoxo de este grupo impropio del BAM, una pochez que, si se la disculpa, viene a completar la panorámica de esta Noche de Estocolmo donde nadie, por cierto, ha cantado ni en finés ni en sueco. No vamos a pedir que nos devuelvan el dinero porque es un festival gratuito.

 

 

Un festival del que aquí termina la edición que hace veintiuno y que hace tiempo que no es lo que era, pero que ahora es lo que es, lo que viene siendo un festival, un mogollón que todo lo devalúa, pero que aporta un agotamiento que hace muy feliz, que nos devuelve al mundo extinguidos y un poco más leves.

Hasta aquí nuestras crónicas impresionistas del BAM 2014. El año que viene, si Dios quiere… ¡Que lo escriba él!

Fotos: Xavier Mercadé (excepto las indicadas)

Future Islands

ARRANCA EL CICLO CLOUDY DOG

El 30 de septiembre arrancará la primera edición del ciclo de conciertos Cloudy Dog, organizado por la promotora barcelonesa del mismo nombre, que pretende acercar a la ciudad condal a algunos nombres de relevancia de la escena indie internacional.

La línea artística del ciclo va del neo-folk de la americana Angel Olsen o el dream folk de Marissa Nadler hasta el synth-pop de Future Islands (en la foto), pasando por Glass Animals (en su primera visita a Barcelona), Peaking Lights (que presentarán “Cosmic Logic”) o una auténtica leyenda del post-punk: los americanos Pere Ubu. Cerrando el cartel, Owen Pallett, que estrenará “In Conflict”.

Siete conciertos que se desarrollarán entre el 30 de septiembre y el 13 de diciembre, con la idea de que el ciclo se consolide y tenga nuevas ediciones en el futuro.

 

Programación completa Cloudy Dog:

 

Angel Olsen

30 septiembre 2014

Sala: La [2] de Apolo

 

Marissa Nadler

7 octubre  2014

Sala: La[2] de Apolo

 

Future Islands 

20 octubre 2014

Sala: Razzmatazz 1

 

Glass Animals 

22 octubre 2014

Sala: La [2] de Apolo

 

Peaking Lights 

6 noviembre 2014

Sala: Music Hall

 

Pere Ubu

28 de noviembre 2014

Sala: La[2] de Apolo

 

Owen Pallett

13 diciembre 2014

Sala: Apolo

 

cabecera sadies

ENTREVISTA: THE SADIES

The Sadies llevan dos décadas desarrollando una manera de entender el rock americano que no se circunscribe a un único estilo. Country alternativo, folk, psicodelia, garage, surf, pop o rock and roll son ingredientes que la banda de Toronto (Canadá), liderada por los hermanos Dallas y Travis Good, utiliza cada vez que encara el proceso de composición de nuevo material. Adictos al trabajo y conocidos por sus colaboraciones con muchos otros artistas (Andre Williams, Neko Case, Heavy Trash), vuelven a España para realizar una nueva gira, que hará escala en el festival Monkey Week. Una excelente ocasión para charlar con su batería, Mike Belitsky.

 

Llevais veinte años en activo. ¿Ha sido fácil mantener la banda unida tanto tiempo?

Es una buena pregunta. Creo que todo es cuestión de encontrar a la gente adecuada y el nivel de compromiso necesario. Todos estamos muy involucrados en la banda. Hay momentos buenos y malos, pero al final se trata de seguir publicando discos y construyendo una carrera. En nuestro caso, todo el mundo tiene el mismo objetivo en mente. No hay nadie que tenga una idea diferente sobre lo que significa el éxito. Todos estamos en el mismo barco y, de algún modo, sabemos que estamos creando un legado. Hemos crecido respetando bandas que han funcionado así y queremos ser como ellas, así que conocemos el camino. Es una suerte que sigamos juntos después de crear una banda que ha durado tanto tiempo.

 

Además, en la vuestra hay dos hermanos, Dallas y Travis Good, con lo que eso implica de desgaste en las relaciones.

Desde luego. Quizá sepas que su padre estaba en The Good Brothers, un grupo que se mantuvo en activo alrededor de cuarenta años, y donde también tocaba un tío suyo, así que crecieron entendiendo que se puede trabajar con la familia y llevarse bien. Llevan años mamándolo con su padre y sus tíos, por lo que para ellos es algo natural, no un concepto inusual.

 

Habeis tocado y grabado con músicos como Andre Williams, Neko Case, John Doe o Jon Langford. De hecho, a veces se habla de vosotros más como banda de acompañamiento, como si se diera más importancia a ese rol que a vuestra propia carrera. ¿Teneis esa sensación? ¿Os importa?

Es otra buena pregunta. No, en realidad no me preocupa. Me molestaría si eso se convirtiera en la principal razón de existir para The Sadies, pero no lo es. Es, simplemente, otra cosa que hacemos. Y cuando la hacemos, nos metemos al cien por cien, pero todos sabemos que tiene un propósito determinado y que también tiene un final, y cuando termine, los Sadies seguirán en marcha. Esa es la fuerza motriz detrás de nuestra existencia como banda, y nunca ha sido puesta en duda. The Sadies es lo primero. Nos encanta que otros músicos compartan su mundo con nosotros, porque siempre se aprenden cosas trabajando con otra gente, y es muy importante crecer y aprender.

 

Hablando de compartir, tengo entendido que sois miembros honorarios de los Mekons. ¿Es así?

Bueno, fuimos de gira con ellos cuando celebraron su 25 aniversario e hicimos de teloneros adoptando otra identidad y tocando canciones suyas (risas). Así que nos ganamos el estatus de miembros honorarios. Fue muy divertido. Además, hemos colaborado con Jon Langford y conocemos a Sally (Timms), Sarah (Corina), Tom (Greenhalgh) y Lu (Edmonds) desde hace mucho tiempo. Siempre que viajamos a Inglaterra vamos a verles, existe una excelente relación y les respetamos muchísimo, así que es un honor ser miembro honorario de su banda.

 

Clase y elegancia (Foto: Vanessa Heins)

 

En las entrevistas, los músicos siempre soleis decir que vuestro último disco es el mejor. Como hace ya más de un año que apareció “Internal Sounds” (2013) y esta conversación está motivada por vuestra nueva gira española y no por la salida del álbum, me gustaría saber si hay alguno del que os sentís especialmente orgullosos.

Me gusta mucho “Tremendous Efforts” (2001). Creo que para nosotros fue un importante salto adelante en cuanto a nuestro crecimiento como banda y el modo en que aprovechamos el tiempo en el estudio, que fue un poco más largo que en los álbumes anteriores… Diría que es un disco bisagra, coincidió con una etapa muy creativa y captura muy bien aquel momento, porque fue cuando empezamos a encontrar nuestro camino como banda. Me gustan los que han ido saliendo después, pero hasta que hicimos “Tremendous Efforts”, no estábamos seguros al cien por cien de quienes éramos y a dónde íbamos. Éramos como un adolescente que empieza a comprender cosas nuevas. Después, siento que cada disco ha sido una experiencia de crecimiento, cada vez hemos dado un paso adelante, y quizá por eso muchas bandas dicen siempre que el último es el que más les gusta, porque sigues aprendiendo de tus aciertos y de tus errores, y tratas de que cada disco contenga cada vez menos errores y más aciertos, aunque todos ellos tienen su cantidad compartida de ambos.

 

En vuestros discos hay de todo: psicodelia, garaje, surf, bluegrass, country… ¿Os resulta sencillo manejar tantos estilos?

No es complicado. Quizá sea así porque llevamos veinte años de carrera. En el pasado podía ser un poco más difícil, pero me gusta que no se nos pueda reconocer como una banda country o bluegrass, porque durante mucho tiempo fue así como se nos etiquetaba, y creo que siempre hemos tenido elementos de los otros géneros que mencionas en nuestra música: incluso cuando hacíamos discos country, ya incluían elementos de garage. Y el surf suena muy cercano al garage.

 

En directo siempre vais con traje, muy bien vestidos, utilizando una estética que recuerda las bandas del pasado. ¿Os considerais parte de una larga tradición musical?

Absolutamente, sí, así es. No es algo que hagamos con intención irónica, sino que demuestra nuestro respeto por músicos que se subieron al escenario mucho antes que nosotros, y también por el público, el escenario, la sala… Estamos trabajando, y eso conlleva un código ético.

 

Acabais de terminar una gira y volveis a salir de viaje rumbo a España. ¿Cuánto tiempo al año pasais en la carretera?

Depende del año. No tanto como solíamos hace tiempo, pero cuando no estamos de gira trabajamos en otros proyectos: Quizá un nuevo disco, alguna banda sonora… Solemos estar bastante ocupados incluso cuando no estamos tocando. Hemos tenido un verano bastante ocupado, acabamos de hacer un pequeño tour por Canadá, vamos a España y a la vuelta giramos otra vez por Canadá. Volviendo a tu primera pregunta, una de las principales razones para mantener una banda unida es mantenerse ocupado. No hace falta que seas una gran banda de estadio para tener éxito, el hecho de que la gente quiera verte tocar y viajes de ciudad en ciudad es ciertamente un logro. Entendemos que esto es un trabajo, un trabajo estupendo, que nos encanta y por el que sentimos un gran respeto. A veces hemos estado de gira cuatro meses al año; otra veces, seis. Depende.

 

En el Monkey Week también actúa Holy Fuck, otra banda de Toronto. ¿Manteneis contacto entre vosotros?

Desde luego, son amigos nuestros. Podemos ser dos tipos de bandas absolutamente diferentes, pero somos de la misma ciudad y hemos tocado en los mismos clubs, aunque no necesariamente a la vez. Conozco mucho a su batería, hacemos deporte juntos y tenemos un hijo de la misma edad, así que nos tratamos a nivel musical y social.

 

 

“Internal Sounds” apareció en 2013. ¿Para cuando el nuevo disco?

No hemos empezado a grabar, pero ya estamos componiendo y preparando la grabación, el modo en que lo desarrollaremos y qué forma le daremos.

 

Habeis grabado con Steve Albini o Gary Louris, pero “Internal Sounds” fue el primer disco de The Sadies que produjo Dallas Good. ¿Seguirá haciéndolo en el futuro?

No creo que ninguno de nosotros lo sepa con seguridad. Desde luego, es algo que volverá a suceder, porque la experiencia fue buena y todo el mundo quedó satisfecho con el resultado. No puedo aventurar lo que ocurrirá en el futuro, porque no está calculado, pero volverá a pasar.

 

Con Gary Louris grabasteis en España. ¿Qué relación manteneis con el país?

Nos encanta. En mi caso particular, me gusta tanto España que voy a ir una semana antes de la gira para viajar por el país con mi familia, con objeto de que puedan experimentar todas las cosas que les he ido contando estos años, cada vez que volvía a casa. Cuando era joven, a los dieciocho años, visité el país por primera vez, hace mucho tiempo, pero entonces ya me enamoré. La gente es muy agradable, la geografía es fantástica, la historia fascinante, la comida estupenda… Cuando hice aquella primera visita estuve en muchos clubs punk, y las bandas inglesas visitaban el país con frecuencia… Cuando hicimos nuestra primera gira con The Sadies fue muy emocionante. La gente ama el rock and roll en España, así que es un sitio estupendo para nosotros.

 

Aquí tocais en clubs. ¿Soleis hacerlo también en festivales?

Este verano hemos tocado en muchos festivales en Canadá, y en algunos más pequeños en Estados Unidos. Nos gusta, porque muchas veces hay gente que no nos ha visto nunca antes y tocamos para una audiencia nueva. En los clubs, normalmente, el público sabe quién eres o va con amigos que les han convencido de que vale pena vernos. En los grandes festivales tienes la ventaja de tocar para público que no te conoce y, con suerte, ganar nuevos fans. Los festivales suelen ser divertidos, porque coincides con muchos otros músicos. No tengo quejas.

 

Vuestras canciones han sonado en películas y series como “True Blood” o “Veronica Mars”. ¿Son las sincronizaciones una buena forma de financiación alternativa actualmente?

Ayudan, desde luego. La industria musical pasa por un estado de vacío financiero, y la televisión, el cine y la publicidad nos han permitido hacernos un hueco, aunque la coyuntura actual ha hecho que se abaraten los precios. Antes era como: “OK, nadie vende discos, pero están la tele, el cine y la publi”, mientras que ahora es: “Vale, te damos una gran oportunidad de dar a conocer tu música gracias a la publi y el cine, así que no me exijas mucho dinero”. Es un poco engañoso, porque cada vez es más difícil ganar dinero licenciando canciones, pero siempre lo habrá en la música en directo, y nosotros somos una banda de directo.

 

Cegados por el sol (Foto: Rick White)

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RICHIE HAWTIN, AL MADRID WINTER FESTIVAL

El hiperactivo Richie Hawtin (en la foto superior) es la gran estrella de la primera tanda de confirmaciones que ha hecho pública el Madrid Winter Festival, que se celebrará el 1 de enero de 2015 en el Campus de la Universidad Complutense. El DJ británico de origen canadiense es prácticamente imprescindible en cualquier festival de electrónica que se precie, y este año ya estuvo en el Sónar. Su propuesta sonora y visual del año pasado en el Madrid Winter Festival y el gran éxito cosechado entre el público, además de la propuesta que ha desarrollado en 2014 (nuevo álbum y sesiones ENTER), han sido motivos más que suficientes para que la organización volviera a apostar por él.

 

Seth Troxler

 

Además, el festival ha avanzado tambien otros nombres, como el de Seth Troxler, DJ de la comunidad de Detroit conocido por su rol de agitador de la escena, tanto dentro como fuera de las pistas de baile. El polifacético fundador del sello Visionquest es un ejemplo de personalidad y fusión de estilos.

 

Blawan

 

Desde tierras británicas llegará Blawan, heredero del sonido de Birmingham que se distingue por sus sets realizados exclusivamente con vinilos y sus actuaciones en los festivales más importantes del género este género.

 

Ben Klock

 

El alemán Ben Klock es el máximo representante del sonido del club Berlinés Begrhain/Panorama Bar, uno de los más importante de Europa en la actualidad, mientras que Dixon pondrá el ingrediente deep house. Se trata de uno de los productores más solicitados del género, imprescindible en propuestas como Sonar Kollektive e Innervisions y situado en el número 1 del Top 100 de Resident Advisor.

 

Dixon

 

Por último, el Madrid Winter Festival anuncia también un ‘back to back’ protagonizado por Valentín Corujo y Héctor Sandoval, que forman uno de los dúos más reconocidos y demandados en el panorama nacional. Junto a ellos, un artista siempre en busca del perfeccionismo: Juan Rico. Los tres son Exium B2B Reeko.

Tickets en: http://www.madridwinterfestival.com

BAM 2014

CRÓNICA BAM: MARTES 23

Cuando retomamos el festival, el día vacío del lunes nos ha incorporado una sensación extraña, como de reencontrarse en la oficina con la propia esposa. A lo largo del martes hay más de una veintena de conciertos repartidos por la ciudad, aunque solo media docena es atribución del BAM, que hoy dedica su programación a Estocolmo, ciudad invitada de las fiestas de la Mercè. Auguramos una noche entre la gravedad y la levitación, sentimos un pesar anticipado, una aflicción nórdica. No va a ser así.

 

Mariam The Believer (Foto: Rosario López)

 

Los meteorólogos vaticinan lluvia en la plaza Joan Coromines, pero Mariam Wallentin, mitad del dúo de alt pop Wildbirds & Peacedrums, ahora protagonista de un nuevo proyecto, va a disipar toda amenaza. Con un piececito en el lado oscuro, que es el único lugar desde donde se puede vislumbrar la luz, Mariam The Believer suena a acecho, a ritual, pero más tirando a santuario que a funeral. Su música es agorera en los bajos, y su voz, que mana en inglés, da todos los colores e incluso sus excedentes. Mariam la sobreelabora y la humilla y la humilla y la sobreelabora, a voluntad, rebañándose por dentro como las brujas del soul. Hoy elude sus temas de estructura más dentada para ofrecernos clarividencia pop, pagana y un poco justa en la banda, que aunque es funcional se hace monótona y no acaba de arroparla. Da un concierto lineal pero embriaga, da gusto, es buena, sabe lo que hace, vive inspirada y vive en su canto, en el que deja intuir capacidad para transformarse a capricho, si quisiera, en una ristra de latas atadas a la cola de un perro. Si un día le dan un disgusto, puede llegar a convertirse en una Diamanda Galas de bolsillo. Empezamos contentos.

 

Postiljonen (Foto: Rosario López)

 

Cambio de tercio radical. Con un solo álbum en su haber, Postiljonen suena, pues como suena el dream pop, a carajillo de líquido amniótico. Sus reflujos ochenteros emergen encabritados en los sintes, crecen, van encaramando plataformas, se pasan la pantalla de los noventa y echan a arder como una pirotecnia avistada a lo lejos en el cielo gris de este siglo XXI. Una precipitación nostálgica, una nostalgia del futuro un poco gaseosa. Es curioso que la memoria artística de cada generación se limite a la década anterior a la que nacieron, pero eso es un mal ya muy asimilado que no sólo impregna de tristeza esta manera de hacer música, si no que por lo general la sostiene y la hace ternura. Postiljonen, un trío joven que esta noche en Barcelona anuncia su último concierto con esa formación (diríamos, leyéndoles lo gestual, que porque largan a la vocalista), son unos horteras del tamaño de Mónaco, pero el dream pop es así y en esta casa nos gusta y nos pone cara de arpegio. Una pena que hoy no funcione. Son muy bien recibidos pero pronto el escenario de la plaza dels Àngels, donde se manejan a contraluz, se les ha hecho grande. La chica hace el avión pero el público, con perdón, se hace un poco el sueco, y todo resulta en un no se qué muy poco imaginativo, no hay plenitud.

 

Seinabo Sey (Foto: Xavi Torrent)

 

Volvemos a la Joan Coromines para escuchar a Seinabo Sey, escandinava de incógnito en el pop soulero que practica, sin rastro de frío. La explicación está en sus raíces gambianas y un poco en Destiny’s Child. Llega con sólo dos singles registrados, “Younger” y “Hard Times”, con los que cerrará, en orden inverso, su pase triunfal de hoy. El público, tras el primer impacto que supone descubrir tal madurez de voz en una muchacha de 23 años, pasa al alboroto y en cero coma la está adorando. No hay riesgo pero tampoco hay secreto: buenos temas bien ejecutados. Y un chorrazo natural. Un concierto naturalista, bravo y preciso del que tal vez nos encontremos hablando dentro de un tiempo, porque no es descabellado decir que sí, que tal vez aquí está naciendo una estrella.

 

Frida Sundemo (Foto: Xavi Torrent)

 

La noche de Estocolmo está muy bien pensada en el irse haciendo boreal, se ilumina, aunque el de Frida Sundemo va a ser un recital un tanto indolente. El público parlante de la plaza dels Àngels dificulta mucho las cosas, pero el combo resuelve. Estábamos convencidos de que veníamos a ver a una chica un poco enfurruñada haciendo pucheros, y sin embargo Frida se gana nuestro respeto, parece tener carretera y disciplina, o al menos bastante determinación, y ahora nos cae bien porque está lejos, ahí arriba, haciendo frente a este público regulero con su pop electrónico sin novedad, algo anacrónico y más expresivo que melódico.

 

Zhala (Rosario López)

 

Pasados treinta minutos de la medianoche tomamos conciencia de que un moderno barcelonés es la cosa más antigua que existe. Zhala lo sabe y llega para darles pábulo con su escenario fluorado y su mamarrachismo kármico. Hace un despliegue de pop neurótico, maquinista y tribal, algo impenetrable, de hecho, casi lésbico y entreverado de sonidos kurdos que lo sofistican. Lo acelera, lo revoluciona y pide volumen brutal a los técnicos de la Joan Coromines, que según hemos ido comprobando a lo largo de la velada, hoy están un poco sopa. Tiene la desfachatez de acabar un tema en fundido pero eso no achica al personal, que se entrega a la euforia y presagia una fiesta que no se va a dar, pues Zhala articula un bolo de apenas media hora para que no se le desparrame en rave, que esto lo paga el ayuntamiento o vete a saber si la embajada.

 

NONONO (Foto: Rosario López)

 

El remate es tarea de NONONO, que están pidiendo el chiste en el nombre. Se trata de una banda de un solo tema, “Pumpin Blood”, que con su silbido de jingle ha arrastrado hasta aquí a unos cuantos seguidores atípicos, muy jóvenes, que lo esperan afanosos y que no lo tendrán hasta el final, tras un manojo de medianías. La vocalista, Stina Wäppling, tiene el nombre saltarín y es muy vanidosa, más bien pánfila, con la boca llena de dulzuras. No se sabe si acaba de bajar de Pedralbes y es que ha pasado por un Zara, pero el caso es que ahora canta con los ojos cerrados como quien reza, por darse aires introspectivos y cargar drama en la balada correspondiente. Es una impostura, por supuesto, todo es cuento en el pop ortodoxo de este grupo impropio del BAM, una pochez que, si se la disculpa, viene a completar la panorámica de esta Noche de Estocolmo donde nadie, por cierto, ha cantado ni en finés ni en sueco. No vamos a pedir que nos devuelvan el dinero porque es un festival gratuito.

 

El público, feliz (Foto: Xavi Torrent)

 

Un festival del que aquí termina la edición que hace veintiuno y que hace tiempo que no es lo que era, pero que ahora es lo que es, lo que viene siendo un festival, un mogollón que todo lo devalúa, pero que aporta un agotamiento que hace muy feliz, que nos devuelve al mundo extinguidos y un poco más leves.

Hasta aquí nuestras crónicas impresionistas del BAM 2014. El año que viene, si Dios quiere… ¡Que lo escriba él!

 

cabecera Zoobazar

WOMEX: NUEVAS CONFIRMACIONES

WOMEX, la mayor feria mundial de ‘world music’, ha anunciado la presencia de dos nuevos grupos españoles en su XX edición de Santiago de Compostela, que tendrá lugar del 22 al 26 de octubre. Se trata del grupo catalán de fusión flamenca Calima y de los madrileños Zoobazar (en la foto), autodefinidos como “música tradicional del Mediterrráneo”.

Estos dos grupos, junto con la argentina La Yegros, participarán en el escenario ‘Atlantic Connections’, en el que estará representada la música de la Península y de Latinoamérica. En él también tocarán otras formaciones, ya anunciadas anteriormente, como los vascos Korrontzi, el zanfonista Germán Díaz, la cantante gallega Uxía, Sertanília (Brasil) y Custódio Castelo (Portugal).

WOMEX también ha anunciado un nuevo artista de la Selección Oficial: la compositora y cantante de Zimbabwe Netsayi. Los españoles que también formarán parte de este escenario son el cantante gallego Davide Salvado y el guitarrista flamenco RaúlRodríguez, hijo de Martirio, que presentará en este festival su primer trabajo en solitario, ‘Razón de Son’.

WOMEX cumple en esta edición 20 años en los que se ha consolidado como la principal referencia mundial de las músicas del mundo. Desde la primera edición celebrada e Berlín en 1991, este encuentro profesional ha viajado por toda Europa. WOMEX es un encuentro profesional para el sector de las músicas del mundo, que incluye una feria profesional, unos 60 showcases (conciertos), atrae a unos 2.500 delegados y 1.260 empresas de más de 90 países, entre los que hay 800 programadores, más de 500 sellos, editores y distribuidores, así como más de 300 periodistas (y 130 emisoras de radio). Además, también acoge un DJ WOMEX Summit, conferencias y ‘mentoring’ a cargo de 80 oradores y mentores de más de 25 países; proyecciones de películas, etc.

 

Más información en:

http://www.nordesia.com/womex14/ (en gallego y español)

http://www.womex.com (en inglés)

 

cabecera La Roux

EL BIME CIERRA CARTEL CON LA ROUX

BIME Live ya tiene cerrado su cartel. A nombres tan destacados como The National, Placebo, Macy Gray, The Kooks, Mogwai, Basement Jaxx, Mando Diao, The Divine Comedy, Imelda May o Billy Bragg, entre otros, se les suman en este cierre otros siete artistas.

Lo más destacado de estas últimas incorporaciones es la presencia de La Roux. Este grupo inglés de synthpop fue formado en 2006 por la vocalista Elly Jackson y el productor Ben Langmaid y obtuvo un gran éxito comercial y de crítica con su debut homónimo de 2009. Con ese primer disco ganaron, entre otros muchos premios, el Grammy al mejor disco de Electrónica/Dance, gracias a hits como ‘In For The Kill’ o ‘Bulletproof’. Tras varios intentos fallidos de publicar su segundo trabajo y varios desencuentros artísticos entre los dos componentes de la banda, finalmente Langmaid decide abandonar el grupo y Elly Jackson pasa a liderar el proyecto en solitario, publicando, por fin, el pasado mes de julio, el segundo trabajo de La Roux, ‘Trouble In Paradise’.

 

 

Además de La Roux, estarán también en BIME Live los argentinos Babasónicos. Formados a comienzos de los 90, formaron parte de la generación denominada como ‘nuevo rock argentino’. Con once discos editados, Babasónicos muestra desde sus inicios un gusto por el rock progresivo y psicodélico que le sitúa como uno de los grupos alternativos más interesantes de Latinoamérica. Peso pesado del underground del otro lado del charco, en BIME presentarán ‘Romantisísmico’ (2013).

También se subirán a los escenarios del BEC! Mount Kimbie DJ Set (duo británico de música electrónica con dos álbums propios que llegará a BIME en formato DJ set); Soak (jovencísima norirlandesa procedente de Derry que ha sorprendido con su EP de debut); Ángel Stanich Band (joven santanderino residente en Madrid que ha debutado recientemente con ‘Camino Ácido’ y que visitará el BEC! con su banda); El_Txef_A (el gernikarra Aitor Etxebarria tiene dos sensacionales discos de electrónica en su haber) y Javi Green & Nemo Gauss (la alianza de dos DJs tan consolidados en el Estado como Javi Green y el lisboeta afincado en Bilbao Fernando Carvalho, que tiene en Nemo Gauss uno de sus múltiples alias).