Audiencia Social

PORTAL SOCIAL DE BYTHEFEST: ANÁLISIS DE LA AUDIENCIA SOCIAL

Grandes e interesantes son las ventajas y características que ofrece esta aplicación. Una sección en la que festivales, medios y usuarios podrán descubrir grandes beneficios y usarlos para sus necesidades.

En este artículo vamos a analizar las diferentes posibilidades que podréis encontrar aquí.

Mediante esta aplicación, lo que se hace es básicamente una monitorización en directo de la repercusión social online que el festival analizado, tiene el día de su celebración. Mediante una serie de estadísticas y datos cruzados, podrás hacerte eco fácilmente de cosas como éstas:

 

-       Cuáles son los hashtags relacionados con el festival que más se están usando:

¿Cómo aprovecharlo?

Festivales: Descubre si tu hashtag es el más usado o se ha impuesto uno creado socialmente.

Medios: Infórmate bien de donde esta la noticia, utiliza el hashtag correcto.

Bythefesters: Entérate de que hashtag es el que se está usando y participa con él en Twitter.

 

-       Qué artistas son los que más menciones están recibiendo

¿Cómo aprovecharlo?

Festivales: Entérate de los gustos de los aficionados y asistentes. Aprende y utilízalo para próximas ediciones

Medios: Infórmate y da parte de ello en tus noticias y actualizaciones en Twitter. Queda bien ante tu público.

Bythefesters: Conoce que artista son los que más lo están petando en Twitter en esos precisos instantes. Ayuda a tu grupo favorito a escalar posiciones.

 

-       Qué horas son las más activas socialmente hablando

¿Cómo aprovecharlo?

Festivales: Conoce los picos de interactividad y los momentos más esperados por los asistentes y seguidores

Medios: Hazte eco de los momentos con mayor grado de interactividad y utilízalo para captar la atención.

Bythefesters: Infórmate de cómo de caliente esta el ambiente en los distintos momentos del festival.

 

-       Las estadísticas generales de cada uno de los artistas convocados

¿Cómo aprovecharlo?

Festivales: Compara y analiza los artistas en cuanto a repercusión, interactividad y actividad en su cuentas de Twitter

Medios: Utiliza los datos estadísticos para enriquecer tus artículos y publicaciones

Bythefesters: Conoce que grupos tienen mayor número de seguidores y que grupo se muestra más activo. Curiosear es gratis

 

Además, nos gusta tanto la aplicación que hemos decidido publicar nuestras propias audiencias sociales. Por ahora hemos lanzado tres, pero estamos abiertos a sugerencias, ya que éste portal esta hecho por y para vosotros.

Por un lado hemos querido crear una audiencia social comparativa de los festivales más top del momento.

Entra y descubre que festivales tienen más menciones a lo largo del año o cuales son los festivales con mayor número de seguidores y actividad.

También hemos querido saber y comparar la repercusión social que suscitan los 10 grupos indie españoles más representativos del momento.

No te pierdas quien lidera el ranking de seguidores, cuales han sido sus Tweets más relevantes en cuanto a interacción se refiere, etc…

Además, cada mes, analizaremos la audiencia social de los festivales que se celebren en dicho periodo, consiguiendo compararlos entre sí y consiguiendo datos relativos al comportamiento social en relación a ellos. De momento puedes ver el realizado en el mes de noviembre

Dicho esto, nos encantaría que dejaras en el cuadro de comentarios de abajo cualquier idea que te surja y, si es interesante, la crearemos para el disfrute de todos.

 

Si eres medio o festival y estás interesado en más información, no dudes en escribirnos a hola@bythefest.com

 

Izal

IZAL SE UNEN AL SAN SAN FESTIVAL

Izal encabezará el cartel de la segunda edición del San San Festival, que se celebrará los próximos 2, 3, 4 y 5 de abril en playa de Gandía (Valencia). El nombre de la banda madrileña se une a los de Dorian y La Pegatina, anunciados hace solo unas horas dentro de la Semana de Acción de Gracias con la que el festival quiere agradecer su apoyo a los seguidores más fieles.

El directo de Izal se une a los nombres también confirmados de Supersubmarina, Arizona Baby, Belako, Bravo Fisher, Corizonas, Elefantes, Eme DJ, Jero Romero, Joe La Reina, L.A, La Habitación Roja, Los Pilotos, Mcenroe, Meneo, Neuman, Second, Sidonie, Varry Brava, Vinila Von Bismark DJ o We Are Standard.

El San San Festival será el único del año en el que se podrá disfrutar de las canciones de su último álbum, “Agujeros de gusano” antes de la parada temporal que han anunciado para tomar impulso.

El nombre de Izal completa los ya conocidos de Dorian y La Pegatina, que presentan disco en mayo de 2015. Dorian celebran su décimo aniversario en los escenarios con un nuevo disco que reinterpreta sus mejores canciones con nuevos arreglos y con una gira que da el pistoletazo de salida en el San San Festival.

Además, San San quiere premiar a los asistentes a la primera edición, a quienes comparten en redes sociales los contenidos del festival y a los que ya tienen su abono para esta edición. Cualquiera que cumpla estos requisitos puede conseguir su abono gratis. Solo tiene que juntarse con tres amig@s más y podrá ir al San San 2015 por la cara. Las bases se pueden consultar en la página oficial de Facebook de San San Festival (https://www.facebook.com/sansanfestival), en la web del festival y en el correo electrónico info@sansanfestival.com

Los abonos de los cuatro días ya están a la venta desde 34 euros en la ticketera www.ticketbell.com así como en la página web del festival: www.sansanfestival.com

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PRIMEROS NOMBRES DEL SONORAMA

Anoche, en una fiesta celebrada en Madrid que contó con las actuaciones de Iván Ferreiro, Arizona Baby, Jero Romero, Smile y Correos, se dieron a conocer los primeros nombres del cartel de la próxima edición del festival Sonorama Ribera, que se celebrará en Aranda de Duero (Burgos) del 12 al 15 de agosto de 2015.

Fiel a su vocación de apoyar la escena nacional en toda su diversidad, en el cartel caben nombres como los de Dorian -que presentarán “10 años y un día”, nuevo disco y espectáculo-, propuestas consagradas como las de Mercromina o Marlango y bandas emergentes como Neuman o Dinero. Clap Your Hands Say Yeah (en la foto) y The Royal Concept son la apuesta internacional de esta primera tanda de confirmaciones.

Aquí la primera muestra de lo que se podrá ver y escuchar en la que será ya la decimoctava edición del festival, uno de los más veteranos de nuestra escena:

 

 

Las entradas para la cita con Sonorama Ribera en Aranda de Duero ya están a la venta en la web del festival. Los 500 primeros en hacerse con su abono podrán llevárselo por sólo 42€.

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KASABIAN, CABEZAS DE CARTEL DEL LOW

Kasabian se convierte en el primer cabeza de cartel del Low Festival 2015. Será el único concierto que la banda de Leicester ofrecerá en España el próximo año, tras haber pasado este verano por el FIB.

Con cinco álbumes a sus espaldas desde su debut en 2004, Kasabian es una de las formaciones en activo más importantes de la escena británica. Ha arrasado en las listas de éxitos y festivales de las islas a base de contundencia y energía, con temas como “Underdog”, “Fire” o “Shoot the runner”. En Low Festival unirán estos temas con los de su recién publicado “48:13” (2014), como “Bumblebee” o “Eez-eh”, en un espectáculo que estimula los sentidos a base de música, visuales y un ritmo frenético.

Tras esta confirmación, los abonos para Low Festival cambiarán de precio esta noche. Pueden adquirirse desde 48€ aquí: http://lowfestival.es/abonos/

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LENNY KRAVITZ, AL STARLITE FESTIVAL

Ayer se presentó en Madrid Starlite 2015, en un evento que reunió a un millar de personas y en el que se confirmaron algunos de los nombres que conformarán el cartel de conciertos del festival marbellí. Como Lenny Kravitz (en la foto), que lo abrirá el día 22 de julio, Roger Hodgson (exmiembro de Supertramp) cuya actuación se celebrará el 6 de agosto, o India Martínez & Pitingo, previsto para el 12 de agosto. Además, Alejandro Sanz volverá a subirse al escenario de Starlite el 20 de agosto y Amaia Montero lo hará en una fecha que está aún pendiente de desvelar. La artista actuó anoche en la gala de presentación.
En la fiesta de presentación de Starlite se desveló también la celebración de su primera edición fuera de España. Tras tres ediciones realizadas con éxito en Marbella, el festival ha logrado renombre y proyección fuera de nuestras fronteras y en marzo de 2016 realizará su primera cita internacional en México y también irá a Rusia en fechas que se anunciarán próximamente

 

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A FAVOR – EN CONTRA: MUSE

Segunda entrega de la sección en que dos redactores de byTHEFEST se posicionan a favor o en contra de un cabeza de cartel festivalero. Esta vez es el turno de Muse, gran baza internacional del festival BBK Live de 2015.

 

 

A FAVOR: RAFA CERVERA

Muse es un grupo que está muy bien durante los cuatro primeros álbumes. Después van perdiendo gradualmente la chaveta hasta convertirse en uno de esos casos en lo que grupo de rock y tostón son sinónimos. Solo de pensar en que van a sacar un nuevo disco ya da pereza. Pero para hablar de los contras ya está mi compañero y tocayo, así que al grano. Cuando Muse surgieron en 1999 eran un grupo impactante, una mezcla de música hiperfísica y etérea que hizo de ellos algo especial. No estaban inventando nada, pero tenían algo. Eran una versión heavy y nada arty de Radiohead, y como consecuencia directa de esto mismo, son de los primeros grupos que incorporan en su música manierismos vocales inspirados en el malogrado Jeff Buckley. “Showbiz” (1999) es un debut deslumbrante que aparece en un momento en el que Muse estaban solos en el plano musical, equidistantes entre Radiohead y Coldplay. A su manera, el trío liderado por Matt Bellamy reivindicaba una manera de afrontar el rock políticamente incorrecta –por sus pretensiones– y que, sin embargo, funcionaba. O, al menos, lo hizo hasta hace algunos años. Muse nunca han tenido complejos a la hora de mostrar influencias de esas de las que solo los miembros de Nirvana podrían jactarse sin peligro de acabar linchados. Una de esas influencias, sin duda, es Queen. Conseguir filtrar ese lado preciosista y excesivo del rock de una manera muy similar a la de Freddie Mercury y compañía, sin saturar, es algo digno de encomio. Muse lo consiguieron durante un tiempo.

Otro punto interesante es la fascinación de Bellamy con una serie de asuntos que podríamos denominar como expedientes X. Teorías conspiratorias, historias paranormales, fenómenos extraños. Muse incorporaron todo un mundo de política y ciencia ficción que les daba otro nivel de interés, no tanto por lo que contaban sino porque te hacían pensar en esos músicos medio pirados que hablaban de otros planetas con tanta familiaridad como si hablaran de su cocina, o incluso aseguraban proceder de ellos, como Von Lmo, que siempre me parecerá mucho más interesante que Muse, dicho sea de paso. Ese interés les llevó a tener una gran portada, la de “Black holes and revelations” (2007), que también se puede decir que es su último gran disco. La autoría es de Hipgnosis, que también firman algunas cubiertas históricas de Pink Floyd, Genesis y Led Zeppelin, y que eran perfectos para un disco de Muse. Esto, en cierto modo, venía a constatar que el trío encarnaba todo aquello por lo cual el punk se convirtió en una revolución necesaria. Sin embargo, y hasta después del 97, Muse siempre mantuvieron ese fino equilibrio entre lo aceptable y lo inexcusable, lo cargante y lo asombroso, lo moderno y lo carca, surcando esa fina línea que a veces separa lo sublime de lo ridículo. “Black holes…” era la máxima expresión de ese equilibrio. Un solo de guitarra de más, un gorgorito extra, un pasaje sinfónico pelín más largo y quizá se habría convertido en un álbum inaguantable. Pero, de alguna manera, el equilibrio persiste y, aquello que escuchado en un disco de Queen –o en algunos de Smashing Pumpkins– puede empujarte a arrojar los altavoces por la ventana, con Muse hacía que uno tuviera ganas de surcar una galaxia cercana.

Dicho esto, “Black holes…” figura entre mis álbumes favoritos de la pasada década –es el único de estas características, y dada su naturaleza no cabe ninguno otro así en ninguna lista–. Y esa fascinación hizo que me tragara enterito el DVD en directo “H.A.A.R.P (Live at the Wembley Stadium)” y me encantara. Una vez más, Muse rizaban el rizo con una puesta en escena que a veces parecía “La fuga de Logan” rodada con medios y que poco menos venía a encarnar todo aquello por lo cual el mundo necesitaba tanto a los Ramones en 1976. Pero entre tanto despliegue y grandiosidad había algo disfrutable, que además hacía que otros grupos de estadio como U2 parecieran un teatro de guiñol comparado con aquello. Pero después Bellamy se convirtió definitivamente en una rock star consagrada y Muse en un grupo con licencia para hacer lo que quisieran. Nadie podía pararles, y como nadie lo hizo, llevan años convertidos en un monumento musical de unas dimensiones insoportables, una suerte de Ciudad de las Artes y las Ciencias del rock, pero con el presupuesto bien saneado y sin trencadís que se caiga. Pero hasta que llegó ese momento, fueron gigantescos.

 

 

EN CONTRA: RAFA RODRÍGUEZ GIMENO

Matt Bellamy, lider de Muse, nunca ha ocultado su admiración por Tom Waits. Posiblemente, porque el músico americano representa todo lo que ni él, ni su grupo, conseguirán jamás: una carrera coherente y con personalidad. Por eso, se tuvo que conformar con tomarle prestado “What’s He Building?” como tema introductorio en alguno de sus conciertos; con fusilarle algún que otro riff de “Blue Valentines” o con aporrear la batería con huesos de animales en “Screenager” (canción incluida en el segundo álbum de la banda, “Origin of Symmetry”, 2001) para sentir lo más cerca posible el aliento del californiano. Un “quiero y no puedo” que bien podría resumir una trayectoria que ha tenido como motor principal el saqueo continuado de la historia de la música.

“Showbiz” (1999) los presentó como una coctelera en la que todo valía con la manida excusa del sonido propio, cuando en realidad buscaban robarle los fans a unos Radiohead en plena crisis creativa post- “OK Computer”. Bellamy se cansó de negar cualquier influencia, mientras imitaba, sin rubor alguno, la manera de cantar de Thom Yorke; encargaban la producción del disco a John Leckie (que había hecho lo propio con “The Bends”, segundo álbum de sus “inspiradores”); y buscaban desesperadamente un éxito en las listas, esperando que “Falling down” corriera la misma suerte que “Creep”.

Para no resultar excesivamente evidentes, edulcoraron su propuesta con un falsete vocal que resucitaba los peores momentos de Freddie Mercury, abrazaron la teatralidad esquivando cualquier intención glam y dirigiendo todos sus esfuerzos a conquistar el rock de estadios, coquetearon con la música clásica y la ópera pero sin afán investigador sino buscando una coartada que les permitiera (junto a sus letras) dotar a su música de una pátina culta, y morían por ir a rebufo de Rage Against the Machine aunque acabaron sonando como años después lo harían Evanescence.

Son muchos los ejemplos que demuestran que cuando un grupo se encuentra en horas bajas de inspiración, opta por la grandilocuencia y la ampulosidad, confiando en que los fuegos artificiales enmascaren la ausencia de ideas. Muse optó desde el principio por ese camino y a nadie debe extrañarle, por tanto, que con sólo dos álbumes de estudio editaran un doble disco con caras b y un directo. Un grupo afectado de progeria que, sin embargo, alcanzaba el éxito masivo. Certero, pero triste análisis, de la situación por la que atravesaba (y atraviesa) la música.

Bellamy y sus compañeros (Christopher Wolstenholme y Dominic Howard, juntos desde los inicios hasta hoy en día) amansaron su sonido con “Absolution”(2003), como si una vez conseguido el objetivo de las ventas millonarias tocara dar el siguiente paso de un plan preconcebido, algo que no habría que descartar del todo dada la querencia por las teorías de la conspiración del vocalista. Ahora ya no estaban Radiohead en el punto de mira, Muse querían ser los nuevos U2. Y en su siguiente entrega, “Black Holes and Revelations” (2006), no se esforzaron en ocultarlo lo más mínimo como lo demuestran canciones como “Starlight”. Su pastiche se completó con guiños a Queen, hurtos a Franz Ferdinand, préstamos de Depeche Mode y pequeños expolios a la música negra. A estas alturas ya, únicamente, eran fieles a su cleptomanía musical.

La cosa empeoró con sus dos últimos discos, “The Resistance” (2009) y “The 2nd Law” (2012), y Muse fueron parasitando en cuerpos ajenos con la misma desvergüenza que cuando empezaron. Atracaron a mano armada a Pink Floyd (en disco y en directo), jugaron con Chopin a lo Luis Cobos, flirtearon con la electrónica con el mismo interés que Bono y sus amigos, convirtieron la hipérbole sonora en su guía musical acabando como una caricatura de ellos mismos (si es que eso no llevara ocurriendo ya unos cuanto años), plagiaron a George Michael y añadieron el dubstep a su larga lista de aburridas novedades.
Seis discos dan cuenta de una discografía que ha disfrazado, de evolución, los bandazos discursivos de un grupo que, engañaron a unos cuantos, haciéndose pasar por los herederos ilustrados del rock sinfónico y han acabado como una versión lírica de Bon Jovi.

 

Cat Power

CRÓNICA CARTAGENA JAZZ FESTIVAL (2)

Comenzamos el resumen de la segunda mitad de la trigésimo cuarta edición del Cartagena Jazz Festival con el directo del infalible Al Di Meola. Acompañado por tres músicos-maceta (con perdón, pero tanto los dos percusionistas como el pianista, en la práctica, fueron poco más que aderezo), el astro de Nueva Jersey confirmó su técnica depurada y su asombrosa velocidad digital. Supuestamente, el concierto debía girar en torno a ‘All your life’, el disco en el que más que adaptar reinterpreta originales de The Beatles, pero de los de Liverpool solo sonaron la dulce ‘And I love her’ y una pirotécnica ‘Eleanor Rigby’, convertida en el momento comunión del concierto.
Con una única guitarra semiacústica de fabricación española de la que extraía tres diferentes tipos de sonido según el tema, DiMeola tuvo el detalle de abrir su concierto con ‘Azzurra’, de su segunda reunión con Paco de Lucía y John McLaughlin en 1996, se acercó con frecuencia a territorios de jazz latino, flirteó con el tango (‘Café 1930′, de Piazzolla), con el sinfonismo (‘Mawazine’) y batió récords de velocidad cuando era el jazz-rock el que tomaba la ‘pole position’, justificando su apodo -y si no lo tiene, se lo pongo yo- de Speedy Meola. Previsible y espectacular.

 

Al Di Meola

En la misma velada hacía su presentación Jo Harman, quien venía con la etiqueta de revelación tras la buena acogida de su álbum debut, ‘Dirt on my tongue’, y de su ya grabado disco en directo para la BBC. Pero la rubia londinense hizo aguas por todos lados, con la salvedad de un par de desnudas torch songs, ‘Cold heart’ y ‘(This is my) Amnesty’. Su discurso es ligero e insuficiente, sin dominio escénico ni una banda que justificara su presencia en un festival internacional de jazz. Quizás en un ámbito pop pueda disimular, pero aquí se hicieron evidentes sus carencias. Desde el principio pareció más interesada en demostrar su variedad de registros vocales y su poder de decibelios que en cantar bien. Ya aprenderá que eso vale para los concursos de televisión, de donde parece provenir, pero no para ser una artista respetada. Es joven pero también hortera, así que no sé si el tiempo estará de su lado.

 

Jo Harman

Desde que se adelantó su presencia en Cartagena, uno de los conciertos más esperados del festival era el de Cat Power. Ya conocíamos su inestabilidad emocional y lo imprevisible de sus directos, pero también su capacidad para generar bellas melodías embelesadas con su voz de magia y cristal. Así que rezamos, pero nadie escuchó la oración y los fantasmas que pueblan el universo personal de Chan Marshall, quien actuó a solas, se presentaron en su vertiente más cruel y lastimera.
Dos horas y media, casi todo el tiempo sentada al piano y con acompañamiento de acordes básicos, en las que la americana dejó algunas muestras de su brillantez, cierta y vulnerable, pero en las que no dejó de lamentarse (y disculparse) por todo: por las molestias de su embarazo, por el micrófono, por sus mil dolores pequeños, por lo insoportable que le resulta viajar y hasta por su flequillo supuestamente mal peinado. Parecía estar pasándolo tan mal que costaba no sentir pena. No sé si fue más un concierto o una llamada de auxilio. Brillante por momentos, irreal en otros, de continua sensación ensimismada y enfermiza.

 

Cat Power

Tal vez la sensación se vio aumentada debido al vibrante concierto previo a cargo de la volcánica Hannah Williams y sus Tastemakers. Fuego en el cuerpo. Puro soul de vieja escuela, ardoroso, vitalista, apasionado y carnal, emitido por una notable banda de siete piezas y conducido por la garganta prodigiosa de Williams, deslumbrante tanto en los momentos de mayor euforia rítmica como en los medios tiempos. Qué potencia, qué precisión, qué encanto. Descalza sobre las tablas, la de Londres se reveló también como una buena comunicadora, simpática, disfrutando -y haciendo disfrutar- de cada momento del concierto. Cuando por fin pidió que el público se pusiera en pie, saltamos como un resorte. Lo que no sé es cómo habíamos podido aguantar en las butacas. Solo tiene un (notable) álbum publicado en 2012, ‘A hill of feathers’, pero a juzgar por un repertorio plagado de nuevas canciones, su continuación debe ser inminente y hasta mejorada. A veces, estas vitaminas sonoras previenen la anemia y mejoran la salud.

 

Hannah Williams

La belga Melanie de Biasio fue la encargada de abrir la última jornada del 34 Cartagena Jazz Festival con una propuesta oscura, perturbadora y también dura en su minimalismo acústico. Si en sus dos únicos álbumes, la frialdad inquietante se alterna con narcotizadas melodías que recuerdan a la Billie Holiday más drogada, en directo desaparece casi por completo el factor melódico, lo que hace que aquello que comenzó interesante acabe por producir una sensación de ahogo al no ofrecer tabla a la que asirse. Estéticamente bello y lejano, entre blancos y negros, luces puntuales al modo de velas y penumbra global, De Biassio gustó con sus sonoridades levemente jazzies y sus recitados a media voz, cual mezcla de Laurie Anderson y Lydia Lunch, pero no acabó de cautivar porque aquello acabó derivando en una especie de meditación trascendental ligeramente plomiza.

 

Sílvia Pérez Cruz y Raül Fernández Miró

Sílvia Pérez Cruz y Raül Fernández Miró echaron el cierre con una propuesta ganadora ya desde su diseño. Buen trato, pero también algo de truco. Porque ya me dirán qué si no puede ser la unión de una cantante sensacional con unos autores soberbios (Leonard Cohen, García Lorca, Enrique Morente, Edith Piaf, Miguel Hernández, Caetano Veloso -por más que ‘Tonada de luna llena’ sea original de Simón Díaz-, Lluis Llach, Fito Páez, María del Mar Bonet…) y con un Raül Refree aportando la pátina cool con una serie de fraseos de guitarra distorsionados, que no siempre inspirados. Que sí, claro que funciona. Más discutible es la coherencia y la cohesión que todo ello pueda tener.
Aún así, temas como ‘Compañero (elegía a Ramón Sijé)’ o el momento Albert Pla (‘Papa, jo vull ser torero’ / ‘La sequía’ / ‘La platja’), que encaja mejor que bien con el canto aniñado de Sílvia, resultaron satisfactorios. Por cierto, finalizaron -en loor de multitudes- exactamente igual que en el concierto que Pérez Cruz ofreció hace dos años y medio en La Mar de Músicas: con ‘Pequeño vals vienés’, también entonces acompañada por Refree. Bien, eh, pero de una vocalista con tanto potencial como la catalana cabe esperar un gran trabajo que todavía no ha sido capaz de entregar.

 

Fotos: Pablo Sánchez del Valle

lagwagon

VIÑA ROCK SUMA 35 NUEVAS BANDAS

El Festival Viña Rock ha anunciado hoy la segunda tanda de artistas confirmados que formarán parte del cartel de su vigésimo aniversario, con nombres como Lagwagon (en la foto), Gatillazo, O’Funk’illo, Morodo y Mellow Mood.

Se trata de más de treinta artistas que se unen al cartel de Viña Rock 2015, entre los que se encuentran también Dubioza Kolektiv, Marky Ramone’s Blitzkrieg, The Toasters, The Qemists, El Canijo de Jerez, El Último Ke Zierre, Gigatron, Che Sudaka, Los de Marras, Vita Imana, Mala Reputación, Miguel Campello, Skunk D.F, Dr. Calypso, Gérmenes, Discordia, Ostiaputa, Salida Nula, Oferta Especial, Malsujeto y Zoo.

Cookin’Soul + Toteking + Juan Solo, Hablando en Plata Squad, Natos & Waor, Carmona vs. Darmo, Suite Soprano y Arce Perro Viejo se suman al escenario de rap, mientras que Skip & Die, Chulito Camacho y Mediterranean Roots al de reggae, según ha informado la organización en un comunicado.

El vídeo oficial cuenta ya más de 125.000 visitas en menos de dos meses.

Viña Rock celebra su XX edición del 30 de abril al 2 de mayo de 2015.

Pere Ubu 2

ENTREVISTA: PERE UBU

La de Pere Ubu es una visita histórica. No solo porque se trata de una banda que no se ha prodigado en exceso por los escenarios españoles a lo largo de sus cuatro décadas de carrera, sino porque siguen siendo una de las células creativas más interesantes de la escena post-punk americana. Liderados por el carismático David Thomas, asumieron los preceptos sonoros de Frank Zappa o Captain Beefheart y los pasaron por el filtro punk, convirtiéndose con el paso de los años en grupo de referencia para nombres clave del rock alternativo de los ochenta y noventa como Pixies o Hüsker Dü.

Con motivo de la reciente publicación de “Carnival of Souls”, su decimoctavo disco de estudio, la banda cierra el próximo día 29 de noviembre en Madrid (Sala El Sol) el festival itinerante 981 Heritage, dentro de una gira española que también incluye las ciudades de Vitoria-Gasteiz (Jimmy Jazz, 27 de noviembre), Barcelona (La [2] de Apolo, 28 de noviembre), Valencia (16 Toneladas, 30 de noviembre), Alicante (Teatro Arniches, 1 de diciembre), Zaragoza (CMA Las Armas, 2 de diciembre) y Vigo (Marco, 6 de diciembre). Motivo más que suficiente para ponernos al habla con Thomas.

 

“Carnival of Souls” es una estupenda película fantástica de 1962, dirigida por Herk Harvey. ¿Tiene el disco alguna relación con ella?

Estuvimos tocando en directo una banda sonora alternativa en algunas proyecciones de la película durante el año pasado, y tres o cuatro canciones sirvieron como esbozos para temas que luego hemos trabajado en el disco. Pero escogí el título porque quería que el álbum fuera una especie de memento mori, un recordatorio de que vamos a morir. “Carnival of Souls” encajaba con esa idea, aunque la película en realidad trata sobre gente que no encaja en sus vidas.

 

Recientemente se ha incluido también alguna de vuestras canciones en la serie “American Horror Story”. ¿Os identificais con el género terrorífico?

No (risas). Ni siquiera he visto la serie, no tengo televisión, pero me imagino el motivo por el que las han elegido, ya que nuestra música es muy atmosférica, y alguna de las canciones escogidas habla sobre la oscuridad. Desde pequeño he visto en televisión películas de ciencia ficción y monstruos en la tele, los viernes por la noche, así que les tengo cierto cariño, pero no puedo con el cine de terror actual, es demasiado sangriento y violento. Las películas clásicas de los cincuenta y sesenta eran más psicológicas, no estaban llenas de tripas saltando por los aires en todas direcciones.

 

¿Cómo es eso de que no tienes tele?

Me gusta ver chorradas en la tele, como a todo el mundo, resulta relajante, pero me he cansado de tanto mono. La televisión moderna trata de venderte lo que tienes que pensar y hacer, intenta controlarte, y me harté de tanta vulgaridad. No la quiero en mi casa y me deshice de ella.

 

 

Vuestro anterior disco, “The Lady from Shanghai” (2013), también era producto de la composición de una banda sonora alternativa, en este caso para el film homónimo de Orson Welles. ¿Dirías que el cine es una influencia importante en vuestra manera de concebir la música?

Bueno, si nos remontamos al principio de la banda, en los años setenta, cuando la gente nos preguntaba qué música hacíamos e intentaba situar nuestro sonido, decíamos que era cinematográfico, que hacíamos películas para la imaginación, así que siempre ha sido una manera de describirlo. Nuestras canciones evocan imágenes. Pero no soy un gran fan del cine. Me gustan las buenas películas, como a cualquiera, y algunos directores en particular. Aprendí mucho de Alfred Hitchock y Orson Welles. Si los estudias a ambos, tienes un master en arte.

 

Cuando empezasteis, también se definió vuestra música como folk industrial.

No, nosotros nunca describimos nuestra música usando la palabra industrial, lo hacían los demás.

 

¿Y avant-garage?

Esa sí era nuestra.

 

¿La idea era confundir a los medios?

No era nuestra intención, los medios se confundían por sí solos. Utilizaban la etiqueta industrial porque Cleveland estaba llena de plantas siderúrgicas, pero para nosotros era un paisaje misterioso y emocionante, mientras que ellos empezaron a hablar del páramo industrial. Nosotros lo negábamos, en absoluto nos parecía un páramo. Lo del avant-garage llegó cuando nos cansamos de que la gente buscara una etiqueta para definirnos, porque la prensa, no te ofendas, necesita siempre una etiqueta que ponerte; si no, se sienten perdidos. Y avant-garage era algo que podíamos decir para cerrarles la boca. Además, era correcto, porque resumía los dos elementos que integraban nuestro sonido. Reconocíamos ser una banda arty, tendente al ruido y la abstracción, pero al mismo tiempo nos interesaba el garage-pop de los sesenta, los riffs y las estructuras simples. Era un término que unía nuestras dos vertientes.

 

Tras casi cuarenta años de carrera, ¿qué objetivos os marcais cuando entráis en el estudio?

El plan siempre es continuar desarrollando el sonido que escucho en mi cabeza y que algún día espero reproducir de la manera correcta. Hasta ahora siempre ha sido un fracaso, no consigo llegar al punto de concretarlo, pero con cada disco me encuentro un poco más cerca, lo cual es un estímulo.

 

“Carnival of Souls” es un gran disco. ¿Cómo se mantiene esa tensión que os permite seguir arriesgando en cada grabación?

¿Cómo? ¡Pues no dejándola morir! (risas) No es una respuesta difícil. Siempre hemos tratado de no repetirnos, de movernos hacia el objetivo final, que sigue siendo elusivo, pero nunca estamos satisfechos con lo que hacemos. ¿Por qué no íbamos a mantener el espíritu vivo? No somos una banda pop, no lo hacemos por el negocio, aunque obviamente nos pagan por nuestro trabajo. Es una forma de progreso científico. ¿Por qué un científico sigue investigando? Es lo mismo. Quizá otros lo dejan correr, pero lo que hagan los demás no es problema nuestro.

 

 

Has dicho que nunca estás satisfecho con los discos. ¿Te pasa lo mismo con los directos?

Probablemente. Lo encuentro muy frustrante, porque no permite fijar la música. El disco es algo que, en mi opinión, permanece para ser escuchado durante muchos años y te permite encontrar algo nuevo en él cada vez que lo escuchas. Por el contrario, el directo es algo inmediato, visceral, se hace y desaparece. A cambio, en un concierto puedes correr riesgos, lo cual es muy emocionante para un músico. Y es un entretenimiento, también hay que tenerlo en cuenta. Ojalá nosotros podamos entretener de un modo intelectual, espiritual y conceptual. Por eso estamos aquí.

 

En los ochenta, grabaste con The Pedestrians y The Legs. ¿Están actualmente todas tus necesidades cubiertas con Pere Ubu?

No, de hecho estoy empezando a trabajar en otro disco de Rocket From The Tombs. También sigo haciendo conciertos solo e improviso con otros músicos. No me restrinjo a nada.

 

Sois una banda de culto ¿Qué significa eso exactamente?

Que somos tremendamente populares (risas). No lo sé. Significa que somos demasiado buenos como para que nos ignoren. Es una de esas cosas que dice la gente. Supongo que si fuéramos muy malos nadie diría que somos un grupo de culto.

 

Has mencionado a Rocket From The Tombs, la banda en la que empezaste a tocar con músicos como Cheetah Chrome y Johnny Blitz, que luego fomarían parte de los Dead Boys con Stiv Bators. ¿Era la escena rock de Cleveland en aquella época tan excitante como parece leyendo las crónicas?

Bueno, lo puedes considerar emocionante si cien personas te parece un número a tener en cuenta, porque no éramos más los que estábamos al tanto de lo que ocurría. Solo había un puñado de bandas, ninguna metía más de un centenar de espectadores en un concierto, y solo tocábamos tres o cuatro veces al año. Pero estoy seguro que suena mucho mejor visto desde la distancia. Lo cierto es que había una competitividad muy intensa entre nosotros, porque el resto de grupos de la ciudad eran malas copias de bandas mainstream como Journey.

 

¿Entonces, el club The Pirate’s Cove no era el equivalente en Cleveland del CBGB neoyorquino?

De nuevo es una visión romántica de las cosas. Era un bar al que no iba nadie, así que nos dejaron tocar en directo. De algún modo, en ese sentido sí que fue como el CBGB (risas). Pero no había un apoyo mediático detrás de lo que hacíamos, como sí lo hubo en Nueva York, donde la escena la creó la prensa. En Cleveland, todo el mundo nos odiaba, nadie hablaba de nosotros en los periódicos y las emisoras de radio no pinchaban nuestra música. Todo era muy subterráneo, reducido a un puñado de gente y tres o cuatro tiendas de discos que nos apoyaban. Era pequeño, intenso y había algunos grandes músicos. Lo bueno es que conseguimos hacer las cosas rápido y había cierta sensación de comunidad.

 

Siempre se os ha relacionado con el art-rock, empezando por la elección de un nombre como Pere Ubu, que remite al teatro del absurdo de Alfred Jarry. ¿Crees que ha sido un handicap para lograr mayor proyección popular?

Todo lo que hemos hecho a lo largo de nuestra carrera ha sido un handicap para conseguir mayores audiencias. El hecho de estar cambiando continuamente, de no entrar en el juego de los músicos pop, de no explotar la promoción personal y las relaciones… Hay cien cosas que podríamos haber hecho y no hicimos, porque nos molestan. Tienes que entender que cuando empezamos todo el mundo nos decía que no éramos buenos, excepto un reducto muy pequeño, y no había sitios para tocar. En esa situación, tienes dos opciones: Tratar de captar la atención en el sentido comercial o mandarlo todo al carajo y hacer lo que te de la gana. Éramos libres, hacíamos lo que queríamos, así que nunca hubo tentaciones al respecto. Siempre fuimos así. Puedes resumirlo en que teníamos principios y un grado de compromiso, o que no queríamos que los chavales se echaran a perder. Ambas opciones son válidas.

 

¿Cómo has vivido los diferentes cambios de formación de la banda a lo largo de estas cuatro décadas?

Nunca he cambiado la banda. La gente se marcha. Se retira. Muere. Se va y hace otras cosas con su vida. La formación actual lleva junta veinte años. Dime otra banda, exceptuando los Rolling Stones, que lleven tanto tiempo juntos. La gente piensa que somos como The Fall. ¡No! Llevamos veinte años juntos, más de los que aguantó la banda original, si es que el término original significa algo, porque antes de ser Pere Ubu ya habíamos pasado por varias formaciones diferentes. Los periodistas siempre lo comentan, pero no es verdad. Nadie ha sido despedido nunca de Pere Ubu. La gente se marcha. Si mantienes un grupo activo cuarenta años, la gente se va, se muere, decide hacerse piloto de avión…

 

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A FAVOR – EN CONTRA: THE STROKES

Inauguramos nueva sección, en la que dos redactores de byTHEFEST exponen sus motivos a favor y en contra de algunos de los cabezas de cartel más importantes de los festivales de 2015. Comenzamos con el primero anunciado por el Primavera Sound: The Strokes.

 

 

A FAVOR: RAFA CERVERA

Profeso una enorme simpatía por The Strokes. Tengo la teoría de que el tiempo terminará dándoles la razón y que se demostrará que bastante de lo que han hecho después de ”Is this it” no es ni mucho menos tan malo como pudiera parecer en el momento de su publicación. Me gustan los Strokes no solo porque hicieron uno de los álbumes clave de la pasada década, sino por todo lo que han tenido que sufrir por haberlo hecho. Pero mejor empezar por el comienzo. “Is this it” es uno de esos álbumes que aparecen en el momento exacto y en el lugar idóneo. El momento exacto fue 2001, cuando el rock hecho con guitarras necesitaba que alguien le diera un empujoncito, después de una temporada en la que Inglaterra había sido el centro de tendencias del pop occidental a base de Britpop –y, sobre todo, Oasis– y presente –las mil ramificaciones que tomó la música electrónica durante los noventa–. 2001 fue el año en el que la música independiente –entendida esta como la que se hace más o menos al margen de lo establecido, aunque acabe formando de eso mismo en cuestión de minutos– se reconcilió con el rock & roll, y los Strokes tuvieron mucho que ver con ello. No estaban solos, The White Stripes, The Kills, The Vines, The Hives y muchos otros grupos de nombre breve con el artículo “the” delante –como The Kinks, The Who, The Yardbirds…–, les acompañaban.

Los Strokes también aparecieron en el lugar exacto, el Nueva York previo al 11-S –recuerdo una comentario sarcástico del NME en el que aseguraban que “ninguno de los miembros de los Strokes había resultado herido” tras el fatal atentado–. Con 11-S o sin él, Nueva York había perdido lustre como urbe musical durante los años anteriores. El grunge y todo lo demás hicieron que su legado, ese que va de Velvet Underground a Sonic Youth, quedara algo olvidado. El quinteto de Julian Casablancas colaboró mucho para que los focos volvieran a posarse sobre el underground –o la escena alternativa, o independiente o como se la quiera llamar– de la ciudad, y eso a su vez sirvió para que se hablara de nuevo de su escena y de cómo nombres como Interpol, Yeah Yeah Yeahs, The Walkmen, The Rapture, A.R.E. Weapons, Andrew WK y LCD Soundsystem iban a regenerarla. Aunque Lydia Lunch deteste a muchos de esos grupos por considerarlos niños quejicas en una escena artística que ya entonces no era ni la sombra de lo que fue, me niego a no concederles a Strokes ese mérito. Además, “Is this it” constató que la fiebre por el grupo estaba justificada. Eran jóvenes, tenían buena imagen y además hicieron un excelente álbum con canciones memorables que hoy, casi tres lustros después, son clásicos y definen a una generación lo mismo que The Smiths o Suede definieron a otras.

Desde entonces se espera de ellos que hagan “Is this it II” o algo similar. No han superado su propio debut y llevan años pagando las consecuencias. Otra cuestión es si realmente ellos tienen ganas de hacer un disco como aquel o el mundo lo necesita. Lo intentaron con “Room on fire” (2003) y fracasaron. A partir de ahí, han intentado encontrarse a sí mismos sin saber muy bien hasta qué punto estaban realmente perdidos. Su caso fue pionero. Strokes son el primer grupo de la era de internet que tuvo que crecer en tiempo real ante la atenta y ansiosa mirada de los medios y los fans. Fueron víctimas de ello, del mismo modo que también lo han sido, a diferente escala, otros fascinantes recién llegados de los dosmil como Franz Ferdinand. Es muy probable que Arctic Monkeys tomasen buena nota de lo ocurrido con los neoyorquinos para poder evolucionar sin morir en el intento. A estas alturas, eso es algo que los Strokes seguramente ya no conseguirán, aunque confieso que sigo esperando que nos sorprendan con un disco que deje boquiabierto a todo el mundo, a fans y detractores. Y no tendría por qué ser un álbum donde recuperen la quintaesencia de su sonido, ¿para qué? Que se salgan por la tangente. Les lloverán pedradas pero seguro que vale la pena.

Después de ver lo que han hecho casi todos sus miembros en solitario, sigo creyendo que el talento no ha abandonado a esos músicos. El álbum de Casablancas y The Voidz, “Tyranny” (2014) aún tengo que asimilarlo –y no tengo claro que llegue a conseguirlo–, pero así y todo, me parece muy saludable que se meta en berenjenales de los que otros músicos consagrados no querrían oí ni hablar. Pienso que “Tap out” es una canción estupenda, y me encanta el falsete de Casablancas, y aunque no les perdono esa portada tan fea que parecía negar “Comedown machine” (2013) desde el principio, es de lo mejor que tiene su discografía. Y no he hablado de que la imagen –que es vital cuando hablamos de la música pop– también era fabulosa, un motivo más para estar a favor de los Strokes incluso si acaban fulminados para siempre por el peso de aquel debut. Las historias trágicas e injustas son a veces tan fascinantes como los artistas que las protagonizan.

 

 

EN CONTRA: ÁLVARO GARCÍA MONTOLIU

Antes de empezar a cargar contra The Strokes quería dejar una cosa clara: como confirmación de un festival me parece perfecta. Y más en el Primavera Sound, donde de algún modo han de cuadrar las cuentas. El evento no tendría viabilidad si no fuera por grandes reclamos como el quinteto neoyorquino. Cada edición ha tenido una banda de este tipo, ya sea Bloc Party, Interpol, Franz Ferdinand o Arcade Fire y está claro que si no te gustan, a esa hora siempre habrá alternativas la mar de interesantes. Sin ir más lejos, este año, mientras los de Win Butler actuaban en uno de los escenarios grandes, al otro lado del Fòrum estaba Charles Bradley impartiendo una lección de estilo con un público bien amplio y entregadísimo. Además, no les niego que musicalmente aportaron algo cuando surgieron. “Is this it” sigue siendo uno de los trabajos clave de los últimos 20 años. Fue el encargado de volver a traer las guitarras a las portadas de las revistas y ahora que parece que la electrónica vuelve a ganarle la partida al rock, es una buena manera de reivindicarlo de nuevo.

Dicho esto, cabe recordar que han pasado catorce años desde que se publicó ese álbum de debut. Mucho ha llovido desde entonces. En ese 2001 nacía Primavera Sound (quizá la razón, más allá de lo económico por la que los han escogido para encabezar su decimoquinta edición) y ellos venían a comerse el mundo. Pero poco a poco el efecto de The Strokes se ha ido diluyendo como un azucarillo. Fans siguen teniendo, pero cada álbum que han lanzado es peor. No diré que fueron flor de un día, porque “Room On Fire” es bastante reivindicable, pero a partir de ahí han ido cuesta abajo y sin frenos. Tanto que tras la publicación de su tercer disco, “First Impressions Of Earth”, se tomaron unos años de barbecho que muchos seguidores interpretaron como el final de la banda. Pero no, volvieron con el insustancial “Angles” y el polémico “Comedown Machine”, que yo creo que sinceramente pocos han escuchado de cabo a rabo después de ese sencillo de adelanto chocante que fue “One Way Trigger”. Prueba de que ni ellos mismos creen en sus últimos trabajos son los setlists de los últimos conciertos que han ofrecido, en los que apenas hay material de su cuarto y quinto LP (cosa que agradecerán los que quieran una actuación de grandes éxitos).

Y es que The Strokes a veces parecen los niños caprichosos que seguramente son. Siempre más interesados en sus proyectos paralelos que en la banda principal, el quinteto neoyorquino no ha sabido seguir explotando el enorme potencial de “Is this it”. Parece como si fuera más importante los logros individuales que los colectivos. A su líder, Julian Casablancas, se le ha visto últimamente más implicado en sus trabajos en solitario que en The Strokes, y lo mismo podría decirse de Albert Hammond Jr. y Fabrizio Moretti con sus Little Joy, el grupo que tiene junto a Binki Shapiro y Rodrigo Amarante, una pequeña maravilla que reclama una continuación digna a la voz de ya.

Falta comentar lo más importante: sus directos. El último que tuve el placer de ver fue en el Festival Internacional de Benicàssim de 2011. Dejaron a todos una sensación agridulce. Si eres justo con ellos tienen temazos para aburrir, sí, eso no se lo puede discutir nadie. Pero el problema es que la química entre ellos es inexistente. Cada uno toca a su bola, sin importarle qué está haciendo el de al lado. El dudoso premio del pasotismo se lo lleva Julian Casablancas. Él siempre en el centro del escenario plantado como una seta con su chupa de cuero, sus gafas de sol y su melena larga ofreciendo el show de Casablancas en lugar del de The Strokes. Si estaban así después de haber pasado juntos unos meses en la grabación de “Angles” nos preguntamos en qué estado de forma se presentarán el año que viene en el Primavera Sound después de dos años de la edición de su último álbum “Comedown Machine” y después de poderse contar con los dedos de la mano los conciertos que han ofrecido en este 2014. Yo, desde luego, no estaré ahí para comprobarlo.

 

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TRES NUEVAS BANDAS PARA EL AZKENA

Primero fueron Red Fang, la reunificación de The Dubrovniks, la primera visita a España de Chuck Ragan & The Camaraderie y la recuperación de los conciertos gratuitos de la plaza de la Virgen Blanca. Posteriormente se sumaron al cartel del Azkena Rock los vizcaínos Highlights, tras proclamarse mejor banda de Euskal Herria en la última edición del Concurso Pop Rock Villa de Bilbao. Y el pasado lunes se confirmaba a los legendarios ZZ Top como uno de los cabezas de cartel de su decimocuarta edición.

Hoy se incorporan otras tres bandas a la programación: Eagles Of Death Metal, Powersolo y Sven Hammond. Los californianos Eagles Of Death Metal nacieron en 1998 de la mano de Jesse Hughes y Josh Homme. Ambos son los únicos miembros permanentes de la formación, aunque Homme no suele actuar en directo con el grupo, debido a sus compromisos con su formación principal, Queens Of The Stone Age. El grupo ha contado con ilustres colaboradores, tanto en sus giras como en los tres discos de estudio que ha grabado hasta la fecha: desde Dave Grohl o Taylor Hawkins (Foo Fighters) hasta Mark Lanegan, Nick Oliveri (Kyuss, Queens Of The Stone Age, Dwarves, Mondo Generator) o el mismísimo Jack Black. En Vitoria-Gasteiz Jesse Hughes y los suyos volverán a demostrar su indiscutible poderío sobre el escenario.

Tras haber visitado el festival como banda de acompañamiento de los Heavy Trash de Jon Spencer, Powersolo llegarán a Mendizabala con su propio repertorio y un sonido tan peligroso como sexy. Su último disco, ‘The Real Sound’, publicado el pasado mes de mayo, es un retorno a las raíces de esta formación danesa compuesta por los hermanos Kim y Bo Jeppesen. Blues, rockabilly, punk, rhythm & blues… todo cabe en la música de Powersolo, sin duda una de las mejores formaciones de rock and roll del momento.

La del Azkena Rock 2015 será la primera actuación que Sven Hammond ofrezca en el Estado. El tercer disco de estudio de este quinteto holandés (antes conocidos como Sven Hammond Solo) se llama ‘The Usual Suspects’ y ha sido considerada una obra maestra por parte de la crítica especializada. Rock y soul de muchos quilates por parte de una de las formaciones europeas más importantes dentro del género. Además, os recordamos que desde el pasado martes ya está abierto el plazo de inscripción y de votaciones online para Rock Party, el concurso de solistas y bandas del que saldrán tres formaciones que actuarán en el Azkena Rock 2015.

 

MBC Fest

NACE EN VALENCIA EL MBC FEST

Aún no se ha dado a conocer ningún nombre del cartel, pero se sabe que la primera edición del MBC Fest (las siglas corresponden a Music Beside Comedians) se celebrará en la localidad valenciana de Puerto de Sagunto, los días 3 y 4 de abril, en plena Semana Santa y coincidiendo con el San San Festival de Gandía.

En la imagen se puede ver una recreación virtual del recinto que acogerá un festival que apostará por los artistas nacionales, pero que contará, como mínimo, con dos cabezas de cartel internacionales y con varias bandas emergentes británicas.

El equipo directivo del MBC Fest cuenta con profesionales curtidos en Viña Rock o Arenal Sound, y aspira a vender entre doce y quince mil abonos. Su oferta incluirá, además, actividades paralelas como teatro de calle, danza, humor o cabaret.

A la espera de que se hagan públicas las primera confirmaciones, el MBC Fest echa a andar apostando por la calidad de los servicios (camping, restauración) y la iniciativa privada. Seguiremos informando.