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A FAVOR – EN CONTRA: MORRISSEY

Continuamos nuestra sección en que dos redactores de byTHEFEST se posicionan a favor o en contra de un cabeza de cartel festivalero. En esta ocasión es el turno de Morrissey, el bombazo que anunció el SOS 4.8 hace unos días para su edición 2015. Una confirmación sobre la que byTHEFEST fue el primero en sospechar. (¿Morrissey en el SOS?)

A FAVOR: RAFA CERVERA

A veces me da por imaginarme cosas raras. Y cuando lo hago, me da por fantasear con lo que llegaría a ocurrir si Morrissey, en uno de esos gestos dramáticos que le caracterizan, se hubiese mudado a Valencia -la ciudad en la que vivo- tras la separación de los Smiths. Lo imagino lanzando dardos envenados a los gobiernos municipal y autonómico, metiéndose con políticos de uno u otro bando, despotricando contra la barbarie urbana en la que se convierte la fiesta fallera, montando en pollo junto a la Plaza de Toros de Valencia… Bien, pues aunque solo sea porque si esta fantasía delirante se hiciera realidad algunos valencianos estaríamos más contentos, estoy absolutamente a favor de Morrissey, el hombre que se ha convertido en el grano en el culo de la cultura pop, el adalid de causas perdidas, el excéntrico inteligente, el cargante por el que no puedes dejar de tener simpatía. Lo único que no puedo perdonarle, y quiero decirlo cuanto antes, es su comentario acerca de las matanzas en Utoya y Oslo en 2011. Su comparación de este atentado con la matanza de animales fue desafortunado y su incapacidad para pedir disculpas, también.

El mundo de la música pop, fiel reflejo de las sociedades occidentales, es cada vez  más manso y homogéneo. Cuesta trabajo encontrar opiniones relevantes cuando los músicos actuales abren la boca. Y también cuesta trabajo encontrar espectáculo más allá del escenario. Hoy, cuando todo el mundo exclama glamour, icono,  mito, sin tener la más puñetera idea de lo que están diciendo, resulta que andamos terriblemente escasos de glamour auténtico, iconos reales y genuinos aspirantes a mito. En ese aspecto, Morrissey es una de las últimas figuras que cumple con los requisitos para ser glamouroso, icónico y mítico. Morrissey es casi siempre sinónimo de polémica, alguien con una opinión afilada, a veces tan afilada que en ocasiones acaba ensartado en sus propias declaraciones. A estas alturas ya no está claro si está en sus cabales o no, ya que su comportamiento es tan errático que nunca sabes por dónde va a salir. No se me ocurren más estrellas capaces de tanto, de ser un espectáculo hagan lo que hagan, de liarla parda sin tener que esforzarse. De ser una leyenda en vida.

Claro que no hay que olvidar la música. Ya lo dije cuando escribí a favor de los Strokes, a mí me parece más interesantes los grandes artistas que se equivocan que los que tienen una carrera aparentemente intachable. Morrissey es especialista en cagarla, aunque seguro que sus fans opinan lo contrario, porque para eso son fans, y en concreto, los suyos son a veces tan de armas tomar como él. “You are the quarry” supuso, en 2004, su regreso por todo lo alto tras siete años sin disco. Los dos álbumes que llegaron a  continuación no alcanzaban la excelencia que suele esperarse de él. Y de repente, tras más silencios discográficos y nuevos cambios de compañía discográfica, llegó  “World peace is none of your business” (2014), un disco excelente que él mismo se encargó de borrar literalmente del mapa tan solo unos meses después de su lanzamiento. Si Joaquín Reyes le dedicara un Celebrities le haría decir: “Hola, soy Morrissey y tengo los huevos cuadraos”. Él es así, nunca sabes muy bien si es consciente de que se la está jugando con cada una de esas espantadas, o si le importa siquiera. También es posible que sea muy consciente de todo esto, que lo alimente precisamente porque es consciente de que ya no quedan estrellas así, como él, artistas vehementes, apasionados, sin miedo al error (aunque insisto que su comentario sobre la matanza de estudiantes noruegos es inadmisible). Morrissey es un tipo de estrella que el siglo XXI parece que no está dispuesto a darnos.

¿Cuántos artistas pueden presumir de crear expectación cada vez que anuncian un concierto o una gira? Luego los conciertos son como son, de lo bueno a lo estupendo pasando por lo regulero. Pero es Morrissey y el riesgo forma parte de su arte, y no me refiero a que sea experimental, que no lo es, sino a que nunca sabes lo que va a pasar con él. Mal que le pese la comparación, le ocurre un poco como a los toreros. Y aunque sea cuestión de locos aventurar nada en esta vida, es  muy probable que se muera sin que hayamos vuelto a ver juntos a los Smiths (o a la versión más cercana de los Smiths que pudiera ser posible). Esa tozudez a prueba de talonario le añade más valor aún al gran tesoro universal que es. Hoy, cuando todo el mundo entierra sus diferencias artísticas y personales en cuanto aparece una oferta económica sustanciosa, y que la nostalgia se ha convertido en uno de los grandes activos de nuestra cultura, la idea de que los Smiths no se reúnan jamás por culpa de un artista cabezón es de lo más irresistible. Por mí Blur pueden separarse y volver todas las veces que les apetezca, eso ni quita ni pone nada a lo que han sido. Pero los Smiths pertenecen a otra época. Revivirlos sería aniquilar parte de esa magia que hoy tanto escasea. Mozz es el guardián enloquecido de esa esencia, y como tal confío y creo en él. Y por supuesto, es el antídoto perfecto para combatir la idiotez que llega con el caloret.

EN CONTRA: F. R. LÓPEZ

Me piden así, sin rodeos, que “hable mal de Morrissey”, y en mi estilo, “directo al cuello”. Vale, lo que me pidáis. Me limitaré a retratar la realidad que llega a mis ojos y oídos de este cantante y compositor británico. Aunque ya de primeras os adelanto que sería una de las 5 personas que mataría con mis propias manos.

¿Quién es realmente Morrissey? Sin lugar a dudas el personaje de ámbito musical más sobrevalorado que ha parido el Reino Unido. Un prepotente carente de maneras, estilo, actitud  y los más importante, carente de eso que hace que una canción cobre vida y que tenga el puto mojo que nos la pone gorda y moja bragas emocionales, eso que se hace llamar talento.

He de confesarlo, lo he intentado mil y una veces. Amigos con excelente gusto y criterio y que respeto al máximo, admiran a Moz, con lo que he llegado a acumular en mi casa la colección completa de LP de los Smiths y 2 o 3 de su faceta en solitario, por si me faltaban horas de escucha o me compraba el disco equivocado,  o quién sabe, pero… NO! ¡Que tipo más poco rock and roll! Ni un ápice del Thunders que dice admirar. Centrémonos en tres facetas; la de interprete, la de compositor y la más llamativa, pero no peor, la de bocazas, por delimitar un poco el acercamiento a este hit-maker nivel Hacendado.

Intérprete:

La primera vez que escuché a los Smiths, a mediados de los 80, creí que el disco estaba a 33rpm en lugar de a 45rpm. ¡Qué aburrimiento! Esa facilidad para dejar a la audiencia muerta e inconsciente con esa voz de barítono de tercera regional, esos falsetes. ¡Dios mío! ¿Qué se cree?¿El cantante de los Communards? Esa sobreactuación vocal que lo coloca más cerca de la lírica que del pop y lo más básico para mí, esa carencia y falta absoluta de peligrosidad, intensidad e inmediatez que esa forma de cantar tan engolada y pedante produce.

Qué triste es que algunas de sus tonadillas consigan llegar a convertirse en canciones dignas cuando otros las ejecutan, y no estoy pensando en Duncandhito precisamente, a mi mente viene Mojo Nixon, por ejemplo. Si podéis escuchad como salva el “Girlfriend in a a coma”. Ni siquiera en su etapa punk sustituyendo a Wayne en The Nosebleeds consiguió acercarse a eso llamado rabia/actitud. En pocas palabras, un sangre de mermelada por muchos saltitos que pegue en el escenario con flores en el culo.

Compositor:

Nunca llegaré a comprender la sumisión intelectual a este señor. Cuando llegan alabanzas a mis oídos dedicadas a Morrissey, me pregunto, ¿es que esta gente no ha leído la letra de “Rock and Roll” de la Velvet? ¿No han leído la letra de “I Want you” de Dylan? ¿No han logrado asimilar las maravillas que se esconden en el “Forever Changes” de Love?

¿Qué pasa aquí? ¿Es un caso más del “todo vale”? No estoy hablando de gustos, hablo de calidad como compositor. A mí me gustan grupos terriblemente malos que me hacen pasar unos ratos cojonudos, pero no voy a equipararlos al genio vocal de Dion Dimucci ni al nivel compositivo de Leiber-Stoler. Cada Cosa en su sitio, y Moz en la mediocridad.

Bocazas:

Esta, sin duda alguna,  es la faceta del jefe de la panda indievegana que más buenos ratos de risotadas continuas me ha ofrecido y más odio africano me ha generado. Todo comenzó con su “Ramones are rubbish” que por mucho que intentó explicar con los años y encubrirlo con su filiación al newyorkdollismo, ni yo, ni los de la tribu de los de Queens nos tragamos (obviaré esa mierda de portada que ha plantado en el recopilatorio que se ha marcado de los Ramones). ¿Quién en su sano juicio puede cuestionar la importancia y revolución IN-ME-DIA-TA que supusieron los Ramones? Desde ese momento una serie continua de despropósitos se sucedieron: que si el animalismo sin límites, que si el veganismo como religión extremista, que si el sexo es sucio, que si no necesita vida social… Esa fijación con putear a los trabajadores de los festivales a los que accede a ir y no dejarles que se alimenten con su catering habitual, porque Meat is murder!.

Me parece excelente su elección de dieta alimentaria, me parece realmente acertado que sienta que tiene que ayudar en la lucha contra el maltrato animal, me parece hasta lógico que un tipo como él no quiera procrear ni confraternizar con otros seres humanos, pero por favor, nadie necesita sus lecciones e imposiciones, sus condiciones pseudo-fascistoides en contratos de cualquier tipo de evento.

Moz, aburres…

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