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A FAVOR – EN CONTRA: THE STROKES

Inauguramos nueva sección, en la que dos redactores de byTHEFEST exponen sus motivos a favor y en contra de algunos de los cabezas de cartel más importantes de los festivales de 2015. Comenzamos con el primero anunciado por el Primavera Sound: The Strokes.

 

 

A FAVOR: RAFA CERVERA

Profeso una enorme simpatía por The Strokes. Tengo la teoría de que el tiempo terminará dándoles la razón y que se demostrará que bastante de lo que han hecho después de ”Is this it” no es ni mucho menos tan malo como pudiera parecer en el momento de su publicación. Me gustan los Strokes no solo porque hicieron uno de los álbumes clave de la pasada década, sino por todo lo que han tenido que sufrir por haberlo hecho. Pero mejor empezar por el comienzo. “Is this it” es uno de esos álbumes que aparecen en el momento exacto y en el lugar idóneo. El momento exacto fue 2001, cuando el rock hecho con guitarras necesitaba que alguien le diera un empujoncito, después de una temporada en la que Inglaterra había sido el centro de tendencias del pop occidental a base de Britpop –y, sobre todo, Oasis– y presente –las mil ramificaciones que tomó la música electrónica durante los noventa–. 2001 fue el año en el que la música independiente –entendida esta como la que se hace más o menos al margen de lo establecido, aunque acabe formando de eso mismo en cuestión de minutos– se reconcilió con el rock & roll, y los Strokes tuvieron mucho que ver con ello. No estaban solos, The White Stripes, The Kills, The Vines, The Hives y muchos otros grupos de nombre breve con el artículo “the” delante –como The Kinks, The Who, The Yardbirds…–, les acompañaban.

Los Strokes también aparecieron en el lugar exacto, el Nueva York previo al 11-S –recuerdo una comentario sarcástico del NME en el que aseguraban que “ninguno de los miembros de los Strokes había resultado herido” tras el fatal atentado–. Con 11-S o sin él, Nueva York había perdido lustre como urbe musical durante los años anteriores. El grunge y todo lo demás hicieron que su legado, ese que va de Velvet Underground a Sonic Youth, quedara algo olvidado. El quinteto de Julian Casablancas colaboró mucho para que los focos volvieran a posarse sobre el underground –o la escena alternativa, o independiente o como se la quiera llamar– de la ciudad, y eso a su vez sirvió para que se hablara de nuevo de su escena y de cómo nombres como Interpol, Yeah Yeah Yeahs, The Walkmen, The Rapture, A.R.E. Weapons, Andrew WK y LCD Soundsystem iban a regenerarla. Aunque Lydia Lunch deteste a muchos de esos grupos por considerarlos niños quejicas en una escena artística que ya entonces no era ni la sombra de lo que fue, me niego a no concederles a Strokes ese mérito. Además, “Is this it” constató que la fiebre por el grupo estaba justificada. Eran jóvenes, tenían buena imagen y además hicieron un excelente álbum con canciones memorables que hoy, casi tres lustros después, son clásicos y definen a una generación lo mismo que The Smiths o Suede definieron a otras.

Desde entonces se espera de ellos que hagan “Is this it II” o algo similar. No han superado su propio debut y llevan años pagando las consecuencias. Otra cuestión es si realmente ellos tienen ganas de hacer un disco como aquel o el mundo lo necesita. Lo intentaron con “Room on fire” (2003) y fracasaron. A partir de ahí, han intentado encontrarse a sí mismos sin saber muy bien hasta qué punto estaban realmente perdidos. Su caso fue pionero. Strokes son el primer grupo de la era de internet que tuvo que crecer en tiempo real ante la atenta y ansiosa mirada de los medios y los fans. Fueron víctimas de ello, del mismo modo que también lo han sido, a diferente escala, otros fascinantes recién llegados de los dosmil como Franz Ferdinand. Es muy probable que Arctic Monkeys tomasen buena nota de lo ocurrido con los neoyorquinos para poder evolucionar sin morir en el intento. A estas alturas, eso es algo que los Strokes seguramente ya no conseguirán, aunque confieso que sigo esperando que nos sorprendan con un disco que deje boquiabierto a todo el mundo, a fans y detractores. Y no tendría por qué ser un álbum donde recuperen la quintaesencia de su sonido, ¿para qué? Que se salgan por la tangente. Les lloverán pedradas pero seguro que vale la pena.

Después de ver lo que han hecho casi todos sus miembros en solitario, sigo creyendo que el talento no ha abandonado a esos músicos. El álbum de Casablancas y The Voidz, “Tyranny” (2014) aún tengo que asimilarlo –y no tengo claro que llegue a conseguirlo–, pero así y todo, me parece muy saludable que se meta en berenjenales de los que otros músicos consagrados no querrían oí ni hablar. Pienso que “Tap out” es una canción estupenda, y me encanta el falsete de Casablancas, y aunque no les perdono esa portada tan fea que parecía negar “Comedown machine” (2013) desde el principio, es de lo mejor que tiene su discografía. Y no he hablado de que la imagen –que es vital cuando hablamos de la música pop– también era fabulosa, un motivo más para estar a favor de los Strokes incluso si acaban fulminados para siempre por el peso de aquel debut. Las historias trágicas e injustas son a veces tan fascinantes como los artistas que las protagonizan.

 

 

EN CONTRA: ÁLVARO GARCÍA MONTOLIU

Antes de empezar a cargar contra The Strokes quería dejar una cosa clara: como confirmación de un festival me parece perfecta. Y más en el Primavera Sound, donde de algún modo han de cuadrar las cuentas. El evento no tendría viabilidad si no fuera por grandes reclamos como el quinteto neoyorquino. Cada edición ha tenido una banda de este tipo, ya sea Bloc Party, Interpol, Franz Ferdinand o Arcade Fire y está claro que si no te gustan, a esa hora siempre habrá alternativas la mar de interesantes. Sin ir más lejos, este año, mientras los de Win Butler actuaban en uno de los escenarios grandes, al otro lado del Fòrum estaba Charles Bradley impartiendo una lección de estilo con un público bien amplio y entregadísimo. Además, no les niego que musicalmente aportaron algo cuando surgieron. “Is this it” sigue siendo uno de los trabajos clave de los últimos 20 años. Fue el encargado de volver a traer las guitarras a las portadas de las revistas y ahora que parece que la electrónica vuelve a ganarle la partida al rock, es una buena manera de reivindicarlo de nuevo.

Dicho esto, cabe recordar que han pasado catorce años desde que se publicó ese álbum de debut. Mucho ha llovido desde entonces. En ese 2001 nacía Primavera Sound (quizá la razón, más allá de lo económico por la que los han escogido para encabezar su decimoquinta edición) y ellos venían a comerse el mundo. Pero poco a poco el efecto de The Strokes se ha ido diluyendo como un azucarillo. Fans siguen teniendo, pero cada álbum que han lanzado es peor. No diré que fueron flor de un día, porque “Room On Fire” es bastante reivindicable, pero a partir de ahí han ido cuesta abajo y sin frenos. Tanto que tras la publicación de su tercer disco, “First Impressions Of Earth”, se tomaron unos años de barbecho que muchos seguidores interpretaron como el final de la banda. Pero no, volvieron con el insustancial “Angles” y el polémico “Comedown Machine”, que yo creo que sinceramente pocos han escuchado de cabo a rabo después de ese sencillo de adelanto chocante que fue “One Way Trigger”. Prueba de que ni ellos mismos creen en sus últimos trabajos son los setlists de los últimos conciertos que han ofrecido, en los que apenas hay material de su cuarto y quinto LP (cosa que agradecerán los que quieran una actuación de grandes éxitos).

Y es que The Strokes a veces parecen los niños caprichosos que seguramente son. Siempre más interesados en sus proyectos paralelos que en la banda principal, el quinteto neoyorquino no ha sabido seguir explotando el enorme potencial de “Is this it”. Parece como si fuera más importante los logros individuales que los colectivos. A su líder, Julian Casablancas, se le ha visto últimamente más implicado en sus trabajos en solitario que en The Strokes, y lo mismo podría decirse de Albert Hammond Jr. y Fabrizio Moretti con sus Little Joy, el grupo que tiene junto a Binki Shapiro y Rodrigo Amarante, una pequeña maravilla que reclama una continuación digna a la voz de ya.

Falta comentar lo más importante: sus directos. El último que tuve el placer de ver fue en el Festival Internacional de Benicàssim de 2011. Dejaron a todos una sensación agridulce. Si eres justo con ellos tienen temazos para aburrir, sí, eso no se lo puede discutir nadie. Pero el problema es que la química entre ellos es inexistente. Cada uno toca a su bola, sin importarle qué está haciendo el de al lado. El dudoso premio del pasotismo se lo lleva Julian Casablancas. Él siempre en el centro del escenario plantado como una seta con su chupa de cuero, sus gafas de sol y su melena larga ofreciendo el show de Casablancas en lugar del de The Strokes. Si estaban así después de haber pasado juntos unos meses en la grabación de “Angles” nos preguntamos en qué estado de forma se presentarán el año que viene en el Primavera Sound después de dos años de la edición de su último álbum “Comedown Machine” y después de poderse contar con los dedos de la mano los conciertos que han ofrecido en este 2014. Yo, desde luego, no estaré ahí para comprobarlo.

 

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