SanSan Viernes © Liberto Peiró

ABRIR UN FESTIVAL: PROS Y CONTRAS

Ocurrió en el último Bilbao BBK Live. Los norteamericanos Parquet Courts salieron a escena y se quejaron de tener que tocar a las seis de la tarde porque consideraban que era excesivamente pronto para sus canciones. Fueron el primer grupo en aquel escenario, pero no los que abrieron el festival.

 

Casi una semana antes, a esa misma hora, pero en Vilanova i la Geltrú, Alberto Montero y su banda sí se encargaron de los primeros acordes del Vida Festival. “Fue un concierto un poco desangelado en comparación a la afluencia de público durante el resto del festival. Hubo un problema con los trenes en Barcelona y nosotros fuimos los grandes perjudicados. De todas formas, el lugar donde estaba el escenario era muy bonito y el concierto nos salió bastante bien”, recuerda el músico valenciano.

 

Y es que ser los primeros en subirse a un escenario en un festival es toda una prueba de fuego. Lo habitual es que acuda poco público (amigos, fans fatales, algún crítico y despistados varios) y que, incluso, mientras el grupo empieza a desgranar su repertorio, el personal esté accediendo al recinto. A los nervios de tocar en un festival, las bandas sumar el hecho de hacerlo delante de una audiencia reducida, que se colocará a varios metros de distancia, como si los músicos pudieran contagiarles algún virus, creando una sensación aún mayor de vacío. “Tocar los primeros conlleva una mayor incertidumbre, no sabes cómo vas a encontrar el recinto cuando sales al escenario, y temes que todos los errores o problemas técnicos que puede haber, y que pueden arreglarse mientras avanza la jornada, te pasen factura”, explica Mario Peiró, cantante y guitarrista de Lyann, encargados de abrir el último Low Festival. “Por suerte, no pasó nada de eso”, puntualiza.

 

Tocar de día y con mal tiempo: poco público garantizado (Foto: Xavi Mercadé)

 

También es importante la actitud con que el grupo afronta las circunstancias. “En general, siempre nos da igual tocar primeros, últimos o entre medias”, aclara Raúl Querido que, con El Pardo, alzó el telón del FIB el pasado verano. “Debe de ser complicado cuadrar tantos grupos, horarios y escenarios. Abrir el festival agita un poco los nervios, pero para bien. Cuando tienes un grupo que disfruta siendo ruidoso, ver que vas a poder sonar muy fuerte es ya, en sí mismo, un gustazo”.

 

Cada banda es un mundo y las sensaciones ante el reto de enfrentarse a unas condiciones no del todo propicias para un directo son de lo más variadas. Desde la óptica más realista, Montero reconoce que, “inevitablemente, la sensación es la de ser los pringados del festival. Pero, a la vez, estás agradecido de poder estar en un festival de estas características”. Fira Fem (que inauguraron un miércoles, a las 17 h, el Primavera Sound) optan por un discurso vitalista: “La sensación es de descorchar la botella. Todo está por empezar y tienes a favor el elemento sorpresa, los oídos del público están limpios y tu música es lo primero que van a escuchar”.

 

Teniendo en cuenta todas estas particularidades, ¿cómo afrontan y preparan los músicos un concierto así? De nuevo, hay disparidad de criterios. Trashtucada (los primeros en el Arenal Sound 2014), eludieron cualquier responsabilidad añadida y se decantaron por hacerlo “con alegría, con la mejor de las actitudes, con ganas de divertirnos y de hacerlo lo mejor posible. De no ser así, creemos que sería una falta de respeto a los que sí están allí por voluntad propia”. Lyann lo vivieron “con muchos nervios y muchas ganas. Para nosotros era una oportunidad única. Sabíamos que teníamos que hacerlo como nunca, de ahí los nervios, pero en todo momento el entusiasmo estuvo por encima de ellos”. Las ganas y la ilusión también forman parte de la respuesta de Alberto Montero, porque no está “acostumbrado a tocar en sitios tan grandes”.

 

El Pardo, abriendo el FIB 2014 (Foto: Liberto Peiró)

 

Sus nombres aparecen en letra (a veces, muy) pequeña en el cartel, mucha gente seguirá su set sin saber cómo se llaman, seguramente cargarán a las espaldas con las peores condiciones climatológicas de la jornada (la mayoría tocan a pleno sol), su sonido (aunque todos reconocen que pudieron hacer la pertinente prueba) no será el mejor del día y el minutaje asignado a sus conciertos será menor que el de otras bandas. Pero a pesar de todo, coinciden en que se sintieron igual de bien tratados que cualquier otro grupo por parte de la organización. “Nos trataron muy bien, de hecho la zona VIP del Vida fue espectacular”, apunta Alberto Montero, “pero, evidentemente, en esto también hay clases. Yo tenía que ir entrando y saliendo de la zona VIP para estar con mi mujer, porque esta zona era estrictamente para los grupos. Eso seguro que a Rufus Wainwright no le pasaba”. En similares términos lo recuerda el cantante de El Pardo: “El trato en el FIB fue inmejorable. Está claro que un grupo grande va a contar con un horario de relumbrón y va a cobrar un caché mayor. Pero el nuestro fue justo y el trato muy similar del que veías que le daban a los cabezas de cartel. Tuvimos nuestro espacio propio, todo tipo de atenciones y comodidades el día del concierto, y disfrutamos luego de los demás días de festival como público”.

 

Ese es, precisamente, uno de los aspectos positivos de ser los primeros en actuar. Un beneficio colateral, como “tocar al poco de haber hecho la prueba de sonido, por lo que cuando empiezas ya estás familiarizado con el espacio y sonido del escenario. Además, el público que tienes está ahí para escucharte y tienes toda su atención”, indica Mario Peiró. Montero no es tan optimista: “En las reseñas, a veces, no sales porque muchos periodistas ni han llegado, te ve mucha menos gente y no te abandona la sensación de haberte colado en la fiesta de alguien más importante que tú. Creo que lo bueno es que siempre hay alguien que te conoce a raíz del festival y ya solamente el hecho de que salga tu nombre en el cartel es una herramienta de promoción poderosa”.

 

Distintos puntos de vista para rememorar unos conciertos ante los que, seguro, todos firmarían el deseo de Fira Fem: “Ahora que hemos vivido la experiencia de abrir un festival, queremos cerrarlo”.

 

Foto cabecera: Liberto Peiró

Foto slider: Óscar L. Tejeda

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