Arctic Monkeys

Arctic Monkeys, triunfo esperado: Crónica de la tercera jornada del FIB

Los de Sheffield arrasaron ante un público completamente entregado a ellos

Todo son risas en primera fila en un festival hasta que alguien lanza un cubata que impacta contra tu cabeza desde atrás. Del rostro de la chica que contemplaba extasiada a Miles Kane al de aquella estupefacta con un combinado aguado en vaso de plástico derramado sobre su melena iba un mundo. En ese momento te das cuenta de que la integridad física de tu cámara en el foso depende de todo menos de ti. Y te sientes pequeño. Pero pronto se te olvida, porque Kane y su furor mod son un auténtico agujero negro que engullen tu atención y no te dejan escapar. Menuda actuación. De esas de no dejar de bailar. Un directo espectacular diseñado para que las legiones de fans que allí se congregaban no pudiesen sino seguir el ritmo -y sus cambios repentinos- que iba marcando Kane. Come Closer por supuesto fue uno de los temas que enfervoreció al público, con estribillo cantado a coro por todos, que siguió escuchándose casi hasta el siguiente concierto. Muchos fueron los que se quedaron con ganas de ver a Alex Turner subir al escenario para hacer honor a The Last Shadow Puppets. No fue el caso, pero no todo estaba perdido todavía.

Arctic Monkeys no se quedaron atrás ni en expectación generada ni en expectativas satisfechas. Por supuesto, arrasaron. Podríamos decir que Arctic Monkeys se convirtieron en el FIB en sí mismo desde que irrumpieron en el escenario; Turner con ese aire rockabilly del que hacía gala, y Cook impecable de traje y corbata. Su repertorio, variado, tienen recursos de los que tirar, ya no son unos niños; como novedades, tres canciones de su último trabajo: Do I Wanna Know?, R U Mine y Mad Sounds. Frente a ellos, la locura. Hay testimonios de asistentes que juraron que sus pies no tocaban el suelo y aún así mantenían la vertical, tal era la sujeción que ofrecía la presión de los vecinos de platea; otros nos contaron el baño de sudor ajeno del que pudieron disfrutar mientras luchaban por ver algo entre todos los brazos levantados -con sus correspondientes axilas al descubierto-, y cuando alguien ha bebido ya diecisiete cervezas, bailado en tres conciertos previamente y dormido en un cámping, lo último que te apetece es rozarte con su torso empapado en felicidad. Como guinda final, el ansiado dúo con Miles Kane, que se unió para tocar 505. El éxito de Arctic Monkeys fue algo que nadie dudó que fuese a suceder.

En el escenario Maravillas siguió la fiesta con Kaiser Chiefs, entretenidos, pero sin demasiado que decir, y con un Benny Benassi intenso que dio paso a la noche electrónica que tan buenas experiencias nos ofreció. Lo que antes fuera punto de encuentro para brit pop fans, pasó a ser el enclave de un gran rave, que siguió con Svreca y acabó al amanecer.

>Crónica de la segunda jornada, aquí.

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