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ARENAL SOUND 2015: CRÓNICA SÁBADO

Zeus, padre de los dioses y los hombres, dios del cielo y de la lluvia parecía que iba a darnos por fin una tregua. Que bastantes chavales no llegaran a disfrutar del sol, porque tuvieran que marcharse a su casa con poco más que una mochila llena de barro, parecía importar poco para “los supervivientes”; había que exprimir lo que quedaba y apartar de la mente malos rollos. Como deja clara la moraleja de la película “La Playa” de Danny Boyle, el hedonismo es egoísta. Nadie quiere que le fastidien su porción de paraíso, el sufrimiento ajeno mejor lejos, no sea que recordemos que la vida no siempre nos sonríe a todos.

El público del Arenal Sound en el Hawkers Pool Stage / Foto: Luis Crown

De esta manera, como si lo ocurrido el jueves y el viernes fuera una broma, pesada y mal calculada, comenzaba el concierto de Hola A Todo El Mundo. Había mucha menos gente frente al escenario Ron Negrita que los días anteriores a la misma hora, posiblemente porque, al prever que la noche sería larga, muchos chavales guardaban sus fuerzas para empezar a darlo todo a partir de las tres de la mañana, lo habitual, claro, qué tonto.

A los HATEM parecía que también les querían gastar una broma pesada cuando tuvieron que parar el comienzo de su set al ver que las pruebas de sonido del escenario Desperados sonaban más fuerte que ellos, pero solo fue un momentito, claro, era broma. Una vez superado este escollo, la banda madrileña, reconvertida a las atmósferas electrónicas evocadoras desde el folk neohippy de sus comienzos, fue desgranando un repertorio zen que, aunque brillante y refinado, estuvo quizá estaba desprovisto de la épica de antaño, algo que hizo difícil la conexión con un público que seguramente estaba guardando fuerzas para el “me gusta el mueve mueve”.

Tampoco hubo la avalancha de Supersubmarina el día anterior para acudir a ver a Second (ya ni digamos la de La Pegatina), pues los murcianos no tienen el tirón de los jienenses, aunque en un principio cubran el mismo espectro de público. Están en el proceso de mezclas de nuevo disco, pero su set es similar al de la gira “Montaña Rusa” que finiquitaron en abril, pero que han recuperado para festivales. Canciones como “Rincón exquisito”, “Rodamos” o “Lobotomizados” están hechas para corear, y a eso se dedicaron los presentes. Veremos que nos traen con su nuevo trabajo, porque grupos como Izal o Supersubmarina les han hecho quedarse muy atrás en una parcela que en principio podía haber sido suya.

La Habitación Roja están celebrando su vigésimo aniversario, por lo que es de justicia que una banda con la trayectoria, y el presente, de este calibre esté en el cartel de todos los festivales. La constancia de los valencianos es innegable y han trabajado muy duro para sumar disco a disco temas a un cancionero infalible, que sin hacer demasiado ruido se ha colado en la memoria de un par de generaciones. Solo basta con escuchar el repertorio cronológico que están haciendo en esta gira para quedarse con la boca abierta. Desde “Mi habitación”, “Un día perfecto” (que la letra diga “hoy es un día perfecto, ha dicho la tele el hombre del tiempo” con lo acontecido está edición parece sacado de un guion made in Hollywood), “La edad de oro” o “Eje del mal”, hasta “Indestructibles”, “La moneda al aire” o “Ayer, con la que cerraron el concierto, encadenaron hit tras hit con la solvencia que les caracteriza. El concierto fue estupendo y cuando terminaron ya parecía haber mucha gente viéndoles, pero nada que ver con lo ocurriría más tarde con las pinchadas de altas horas de la noche, esto es el Arenal Sound.

Citizens! tampoco es que sean los Arctic Monkeys o Jack White, pero al menos están más de actualidad que The Kooks, que tocaban después de ellos. Los medios británicos nos han vendido “True Romance”, “Caroline” y “Reptile” como el paradigma de lo que es la modernidad elegante que se inspira en el pasado, y no lo son, pero son canciones dignas. Épica sintética, esos ochenta que, al igual que Grecia, están en pleno rescate, y una dulzura pegadiza tan agradable como prescindible.

The Kooks ya han paseado su último disco, “Listen”, por varios festivales nacionales, pero este intento de renovación no parece funcionar. Siguen siendo “Naive”, “Ooh La”, “She moves on her own way” de su debut, o “Always where I need to be”, de su segundo álbum “Konk”, lo único rescatable de su repertorio. No son cabeza de cartel para ningún sitio, pero en el Arenal Sound da igual, se pueden corear temas aprendidos recientemente en Spotify y hacer agradable la espera para darlo todo más tarde.

The Kooks / Foto: Luis Crown

No me resigno a pensar que Sunset Songs se vayan a poner de moda. Este pop rock buenrollista de manual, ligeramente épico (y dale con la épica), carne de hype de radiofórmula indie británica, perpetrado por estos guapitos exsurfers tiene el recorrido juvenil que la madurez de una mente despierta quiera darle. Ninguno.

The Ting Tings son un grupo tan listo que resulta entrañable. Con muy poquito hicieron un par de temas como “Shut up and let me go” y “That’s not my name” que nos hicieron bailar en 2008 y van a seguir estirando la cuerda hasta que se rompa, o no. Porque “Super Critical”, su último trabajo, no le añade más que algo de aliño a su fórmula, y con ella hasta la muerte. “Do it again” o “Wrong club” también nos pueden hacer bailar, pero con tan poco que se les ve el cartón rápidamente. Acabaron su extrañamente corto concierto a base de ritmos tan machacones y faltos de envoltura que tuve miedo de que aparecieran los gusanos de la arena de Dune; se hubieran comido a mucha gente, porque el recinto ya estaba a reventar.

The Ting Tings / Foto: Luis Crown

La band girl Neon Jungle anunció su separación hace un mes para continuar cada una de ellas su carrera en solitario. A mí personalmente me “apenó” mucho esta noticia y mucho más después de sufrir su concierto; ya es bastante con que exista una banda, como para tener que aguantar a cuatro. Ya pasó con las Spice Girls y tuve suficiente.

Pero los momentos realmente “sounders” de la noche estaban por llegar y el enorme recinto ya se estaba quedando pequeño. Tocaba uno de los instantes esperados de la noche, la sesión de Zedd, que inauguraba el largo tramo de DJs, y había que hacerse un selfie. Con palo, sin palo, con amigos, con extraños, no importa, lo importante era inmortalizar ese momento para que todo el mundo supiera que lo estábamos pasando bien, y que empezaba lo bueno e íbamos a darlo todo hasta el amanecer o más allá. Con la satisfactoria sensación de que dejaba a los chavales encaminados hacia el placer que deseaban, me marché de Burriana, que soy un rarito y quiero ver los primeros conciertos de la tarde del domingo.

Arenal Sound 2015: Crónica viernes

Arenal Sound 2015: Crónica jueves

 

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