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ASÍ TE CONTAMOS EL AZKENA ROCK 2015

VIERNES

L7, por su fiereza, y Television, por su delicadeza, se llevaron por delante a los pesados riffs de ZZ Top y a todas las bandas que actuaron en la jornada inaugural de la 14ª edición del Azkena Rock, un viernes más que aceptable aunque un tanto frío. Por lo demás, el festival vitoriano sigue siendo una reunión anual de viejos y grandes amigos.

De atrás adelante, por la senda natural de la memoria, nos encontramos al cuarteto angelino Elseven (L7) en el Stage 2, dispuesto a incendiar la ya casi gélida noche. Donita Sparks saluda en vasco y se muestra comunicativa, “es muy tarde para nosotras”, se excusa. Lidera la banda secundada por la más discreta Suzi Gardner a la guitarra y la cabrioletera Jennifer (Precious) Finch al bajo -como diseñadora gráfica, esta última se ha encargado de la página web de Die Antwoord, quienes tocaban ayer en el Sónar de Barcelona-. Detrás y conformando el cuarteto, la pegada de la briosa batería Dee Plakas alimenta el contundente directo que, sin respiro, no decae en su hora larga de duración. Creado en 1985, L7 fue partícipe y protagonista de la eclosión grunge con trabajos como “Smell the Magic” (1992, Sub Pop). Con un sonido crudo y áspero, como corresponde, espabilan la madrugada con la coreada “Shitlist” y la celebrada “Pretend We´re Dead”; fin de fiesta. Inactivas más de una década, la reunificación demuestra que así han estado ellas, fingiendo estar muertas. En actitud y derroche, lo mejor de lo mejor de la noche.

L7 Foto: MusicSnapper

Antes de la irrupción en escena de las angelinas, cuatro enormes zetas parecen mandarnos a la cama en el escenario principal. Son dos zetas dobles, las de ZZ Top. Con más historia que volumen solo el sonido inconfundible del trío demuestra que, parapateados bajo dos sombreros idénticos y tras sus gafas de sol, las barbas protohipsters que vislumbramos son las de Billy Gibbons y Dusty Hill; tras ellos se esconde Frank Beard. Ambos tocan unas desvencijadísimos instrumentos musicales, donde la pintura desaparece para dar paso a la madera. Los pies de micro emulan los tubos de escape de los camiones Mack estadounidenses. El trío tejano presenta un correcto juego de luces y el apoyo de pantallas en las que desfilan y bailan sensuales mujeres y más mujeres; poco artificio para lo que acostumbran otras primeras espadas del festival -Scorpions, KissAlice Cooper…-. Hacia la mitad del aforo, el volumen resulta ya, a nuestro entender, insuficiente. “Más fuerte!”, gritan desde detrás nuestro, pues el blues rock que factura resulta anodino si el volumen no se convierte en un asunto físico.

Con Gibbons muy justo de voz -mejor Hill cuando cantó-, la actuación resulta un tanto plana y carente de pegada, ni al principio ni al final, ni con temas como “Tush” o “Gimme All Your lovin´” consiguen enganchar a un público que, dejando al lado los de a pie de escenario, apenas se anima. Tras cambio de atuendo y tocar unos curiosos instrumentos de algodón -¿o son guitarras nube?-, para abordar el incombustible hit “La Grange” (“Tres Hombres”, 1973) -tema dedicado a una casa de citas: ”To that home out on the range, They got a lot of nice girls”, reza la letra-, Gibbons empuña una Gibson SG; ahora sí, coreografía con Hill incluida. Demasiado tarde, la noche está ya fría.En su anterior visita a tierras vascas, ZZ Top actuó en la segunda edición del BBK Live festival, en 2008. Entonces facturó un blues rock pesado y poderoso, mientras que en el a priori más adecuado Azkena Rock, nos han parecido un tanto apagados e insípidos. Tras su paso por Vitoria-Gasteiz, ZZ Top actuará hoy en el Hellfest francés y pasado mañana en el Live at the Marque de Cork, Irlanda. Keep on rockin´!

ZZ Top Foto: MusicSnapper

La noche de Mendizabala se hizo luminosa con Television, cuarteto liderado por Tom Verlaine que visitaba Vitoria-Gasteiz con el propósito de recrear su obra maestra, el Lp de culto “Marque Moon”. La seminal banda neoyorquina, primera en pisar el escenario del CBGB, volvía así al Azkena Rock, en la que actuó hace justo una década, entonces con el también miembro original Richard Lloyd a la guitarra. En esta ocasión, Verlaine y el batería Billy Ficca estaban acompañados por el bajista Fred Smith -quien sustituye al hoy escritor Richard Hell desde 1975 y el excelente guitarrista Jimmy Rip, recientemente incorporado. También entonces, en 2005, basaron su repertorio en el “Marque Moon”, con un resultado menor. Al igual que el disco, abrieron con “See No Evil”, enérgicos pero retumbantes. Con “Elevation” el sonido mejoró y el directo mejoró, siempre in crescendo. Abordaron entonces la cara B, con “Prove It”  y “Torn Curtain”, para retornar a “Friction” y “Venus”. Tras la delicada “Guiding Light”, se marcaron un final exquisito, diez minutos de la celebrada “Marque Moon”. Ni más ni menos, ocho temas en 54 minutos. Grandiosos. Surgida en New York en 1973, Television compartió escena con artistas como Patti Smith o Ramones, aunque su art-rock de vanguardia estuviera quizá más cercana a Talking Heads o Pere Ubu, pues conviene contextualizar la época. Apenas publicó tres discos de estudio -Verlaine voló pronto en solitario-, por lo que carece de una gran discografía; pero su debut “Marque Moon” es esencial para entender la historia del rock. Alguien debería preguntar a Jeff Tweedy sobre la influencia de dicha obra en las guitarras de Wilco.

Tom Verlaine de Television Foto: MusicSnapper

Pocas horas antes de la actuación de Television, problemas logísticos nos obligan a abandonar el recinto de Mendizabala, por lo que nos perdemos el  rockabilly de los compostelanos Mad Martin Trio y el rock soul del quinteto holandés Sven hammond, presentando “The Usual Suspects”, destacado por la crítica -tampoco atendimos a Nico Duportal & His Rhythm Dudes, pues coincidía con L7-. Frente a un hotel cercano al festival, observamos un señor larguirucho al lado de un semáforo. Tras cinco minutos, en los cuales ni se mueve ni parece estar esperando a nadie -varios taxis pasan frente a nosotros-, decido abordarlo como nunca con nadie. Al acercarnos nos oye pero se hace el despistado. Pedimos hacernos una foto con él, y responde, quizá luego. Para la próxima vez que coincidamos, allá por Nueva York, Tom Verlaine nos debe una foto.

Por lo demás, Lee Bains III & The Glory Fires solapó actuación con Black Mountain, y como Bains había declarado que el suyo era el auténtico rock&roll de Alabana -hard rock de los 70-, nos quedamos con los de Vancouver. A ratos crepitantes y también setenteros, con vocalista femenina, Black Mountain se acercó a la sonoridad de Pink Floyd y recordó vagamente a My Morning Jacket, sin llegar a la excelencia de estos. Psicodélica y ácida, muy interesante la banda canadiense.

The White Buffalo, en áspero acústico, se batió con D-Generation, y los chicos de Jesse Malin, esta vez en su vertiente más canalla, salieron victoriosos. Mezclando punk, glam y enérgico garaje, precedieron a Television, una banda de la que hubieran querido ser coetáneos.

Otro duelo lo protagonizó la castigada banda aussie The Dubrovniks -¿o mejor australianocroata?-,  ilustres que retornaban con miembros de The Saints; y The Last Internationale, comandada por Delila Paz a la voz -actuaron en el pasado BBK Live y nos gustaron-. Demasiado sol para ambas.

Entre unos y otros, JD McPherson revisó tiempos pretéritos con su mezcla de rhytm&blues y rockabilly vitalista, trasportando a la ya numerosísima asistencia a la mitad del siglo pasado; mientras que el cuarteto vizcaino Highlights se enfrentó a la siempre ingrata tarea de abrir el festival. Su presencia en el Azkena Rock, donde defendieron su destacado debut “Storming the Gates” -hard rock de alto octanaje-, se la pelearon en el Villa de Bilbao, donde se hicieron con el Premio a la mejor banda de Euskal Herria.

Según Last Tour International, organizadora del evento, el Azkena Rock reunió alrededor de 14.000 rockeros en la jornada inaugural de su decimocuarta edición, climatológicamente muy fresca. Una edición en la que ha desaparecido la carpa del Stage 2, en pro de su sonido y con la contra de dejar todo el recinto a la intemperie.

SÁBADO

Azkena significa último en euskera, por lo que al igual que ayer viernes, desandaremos lo escuchado y vivido la jornada del sábado, la de la clausura de la 14ª edición del Azkena Rock festival, “el último festival de rock”, el de Vitoria-Gasteiz. Jornada esta más equilibrada que la anterior, en la que destacaremos, sobre todo, el buen hacer de PowersoloCracker y John Paul Keith.

Varios cientos de melómanos despiden el evento con los nebulosos Wovenhand de David Eugene Edwards (16 Horsepower), quienes ritualizan la salida del recinto festivo, mientras otros miles se desbocan con la contundencia de Kvelertak. Si rivaliza en pegada con Mastodon, nos quedamos con el sexteto noruego -con tres guitarras saltarinas- comandado por el oso Erlend Hjelvik y protegido por dos búhos que permanecen al acecho encima de los amplificadores, a ambos lados del escenario. Su mezcla de black metal y hardcore, necro&roll lo llaman, los hace pesados y rápidos a la par. Es además la única banda del festival, en esta edición, que no utiliza mayoritariamente el inglés en sus canciones, pues cantan en noruego.

De Mastodon, sin embargo, poco podemos decir. Aprovechamos un solo de guitarra en “The Motherload” para cenar, y al volver, como aquel otro mastodonte, el del cuento de Monterroso, el punteo aún estaba allí. Sin menoscabo hacia sus miles de entusiastas fans, no es el suyo un estilo, siempre presente en el Azkena, que nos encandile.

Mastodon Foto: MusicSnapper

Paradógicamente, mientras los fascinados con Mastodon tildaban de soporífera la actuación de Ocean Color Scene -“en modo catenaccio, ralentizando el festi”, leímos en twitter- a nosotros nos gustó, aunque fuera un bolo discutible. ¿Era la hora y el lugar?

Acompañados por músicos jóvenes, Simon Fowler y Oscar Harrison se jugaron nada más salir un órdago a mayor, abriendo con “The Riverboat Song”, su hit más reconocible. Y aunque a ratos rockearon, ofrecieron un bolo delicado y a ratos acústico, preciosista, quizá no demasiado adecuado para un festival de esta envergadura -¿está el britpop fuera de lugar en el Azkena?-.

Ajeno al murmullo de la multitud que tenía enfrente, Simon Fowler se esforzó a la voz, tocando guitarra en mano “Robin Hood” en solitario. De Birmingham a Liverpool, dejaron “The Day We Cautch the Train” casi para el final -quien conocía a la banda y la atendió frente al escenario, vaya si lo disfrutó-, y cerraron con ¡una versión de los Fab Four! “Day Tripper”.

Ocean Colour Scene Foto: RhythmAndPhotos

Llegados a este punto, se presentan solapados los conciertos de Off! frente a John Paul Keith y el de Red Fang frente a Reigning Sound -habitual en otros festivales de gran formato, que se actúe en dos escenarios simultaneamente es algo relativamente reciente en el Azkena; sucede desde la irrupción del tercer escenario-. En resumen, propuestas más cálidas (stage 3) frente a otras más contundentes (stage 2). Nos parapetamos en el escenario dedicado a Kim Fowley, el tercero, abandonando el segundo, que debe su nombre a Bobby Keys -el primero se llama BB King; todos ellos músicos fallecidos este último año-.

La superbanda Off!, compuesta por músicos de Circle JerksRoket From the Crypt o Redd Kross, se presenta con su vocalista Keith Morris (Black Flag) tocado con un sombrero naranja de promoción, de la telefonía vasca Euskaltel, mientras arenga a las masas -excesivamente comunicativo entre tralla y más tralla-, en plan “fuck the politician!”. Del stoner de Red Fang hemos oído hablar muy bien; no podemos atestiguarlo.

Off! Foto: RhythmAndPhotos

Más atención prestamos a John Keith Paul, y vaya si la merece. Tejano como los ZZ Top y elegante como él solo, el guitarrista cool, con reminiscencia costeliana, se presentaba en trío para defender “Memphis Circa 3 am”, su trabajo más cálido y reposado. Pero el definido como un “hacedor de canciones esplenderosas” por Fernando Navarro, autor del blog de El País “La ruta norteamericana”, tiro más de su anterior “The man that time forgot”, con más pegada rockera; quizá por aquello de encontrarse en un festival masivo. Sonando fresco y actual, tocó garage, rockabilly, country, soul, rock&roll… la lección fue tal que por aclamación popular John Paul Keith se ganó un bis -con el que jugó con el público-, algo inusual en el Azkena de no ser cabeza de cartel. Soberbio.

John Paul Keith Foto: MusicSnapper

El mismo escenario acogió anteriormente a Reigning Sound, banda conformada en torno al ex Oblivian Greg Cartwright. El quinteto garagero de Tennessee ha facturado uno de los discos de rock más interesantes del último año, “Shattered”, y aunque nuestra expectación fuera máxima, se quedaron a medio camino. Abrieron impetuosos y divertidos en plan “North Cackalacky Girl”, pero sonaron un tanto planos incluso en gemas delicadas como “Never Coming Home”. Al contrario que con Jhon Paul Keith, el zurdo Cartwright se encontró al finalizar la actuación con diez minutos extra que casi no supo cómo aprovechar. No lograron entusiasmar.

Seguimos viajando en el tiempo para encontrarnos con Cracker en el escenario principal, en la que resultaría una de las actuaciones más notables de la jornada. El vigoroso quinteto dirigido por David Lowery, con el guitarrista Johnny Hickman pletórico (conforman el quinteto el bajista Bryan Howard, el batería Coco Owens y la teclista Thayer Sarrano), mejoró canción a canción, a ratos convertida en sexteto con el apoyo de la slide guitar de Matt “Pistol” Stoessel. Cómodos bajo el sol de Mendizabala, presentaban su más reciente “Berkeley to Bakersfield” (2014). Dejaron claras sus intenciones con “The World is Mine”, y en plena fiesta, cerraron con “Euro-trash Girl”; rotundo colofón.

A media tarde, The Outside Hours se batía el cobre con Eagles of Death Metal; mal asunto para los catalanes. El día se presenta demasiado luminoso para el sonido oscuro de The Outside Hours. Acudimos curiosos hacia el stage que acoge a la banda angelina. La guitarra la toca un señor con sombrero y barba larguísima, cual Hibbons o Hill. Es Josh Homme disfrazado? No, es el guitarrista stoner Dave Catching, sustituto del lider de QOTSA y apoyo del gamberro Jesse Hughes. Siempre divertidos, Eagles of Death Metal presentan “Zipper Down” y excitan a la audiencia. Hasta Brent Hinds, de Mastodon, bailó con ellos.

Eagles of Death Metal Foto: RhythmAndPhotos

Resulta difícil destacar la actuación de alguna de las primeras bandas en salir a escena, pero si la actitud con la que se pisan las tablas es clave, Powersolo la tienen. El cuarteto danés creado por los hermanos Jeppesen -Kix y Atomic Child, les dicen-, dotados de un gran sentido del humor escénico, está a punto de cumplir una década bajo los focos. No solo facturan rockabilly, pero también. Están en plena forma y su energía es contagiosa; su empuje nos hace bailar sin parar  al ritmo de “The Real Sound”, publicado recientemente.

Disculpen lectores… esperen un momento. ¿Como? Que actuaron en el Azkena Rock como backing band de Heavy Trash, de Jon Spencer? Ahora se entiende todo mejor. Apunten: Powersolo.

Powersolo Foto: MusicSnapper

Como Highlights el viernes, el trío jijonense Black Horde se encarga de rascar el silencio en la jornada del sábado, esta vez bajo un sol plomizo. Según ellos mismos, facturan Mad Max Rock & Roll; apenas tuvieron tiempo de demostrarlo. Por entonces, los festivaleros estaban aún dispersados por las terrazas de la ciudad.

Hasta aquí en lo que respecta a Mendizabala, recinto festivo, pues el Azkena Rock hace ya unos años que se expande por la ciudad. Al mediodía, en sesión vermouth, la Plaza Virgen Blanca observa el poderoso soul rock de Sven Hammond, quien en la jornada anterior debutó en el Estado. El quinteto holandés defiende con solvencia “The Usual Suspects”. Se muestran cercanos y simpáticos, e invitan al escenario a decenas de espectadores, niños incluidos. El frontman tiene carisma, se ha ganado la ciudad.

El público en la Plaza de la Virgen Blanca durante el concierto de Svan Hammond Foto: MusicSnapper

Ajeno al Azkena Rock, pero no al halo rockero que desprende estos días Vitoria-Gasteiz, en los Jardines de la Falerina se han montado su propio festival con The Midnight Ghost Train y los locales Cobra, el Txuleta Rock. La carne se asa a la parrilla mientras suena Cobra, brutal!

Con ZZ Top se marcharon también los moteros que ayer aparcaron sus monturas en manada. Resultado, el sábado hubo dos mil asistentes menos, con una cifra total de 26.00 espectadores, según la empresa organizadora, Last Tour International.

 

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