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ASÍ TE CONTAMOS EL BILBAO BBK LIVE 2016

JUEVES

Un festival comienza con los preparativos para acudir a él, con la ilusión o angustia con el que puedas vivir el momento. Nuestro Bilbao BBK Live comenzó ayer en una parada de bus bulliciosa donde la mayoría de los viajeros vestían de blanco y rojo y partían rumbo a Pamplona -7 de julio San Fermín ayer-, la única ciudad del mundo que en estas fechas puede rivalizar con la capital de la urbe, aka Bilbao.

Antes de partir, recibimos una llamada de casa, con nuevas muy negativas. Parece inminente la pérdida del único superviviente de la generación de más edad de nuestra familia, un ser cercano que nos conecta con aquello que una vez fuimos y no conocimos. Llamada de ámbito privado, no es esta una cuestión para airear en la crónica de un evento musical del calibre del Bilbao BBK Live, pero indudablemente, la noticia condicionará en adelante nuestro estado anímico y, por lo tanto, la percepción de todo lo que podamos escuchar en Kobetamendi los días venideros.

Por lo demás, Bilbao nos acoge calurosa, un tanto ajena al trajín que su pequeña cima acogerá las próximas tres jornadas. Salimos del Botxo en dirección a Kobetamendi, y como no estamos como para aguantar ni colas ni a nadie, tiramos hasta arriba a pie; ¡toma bilbainada!

Una vez dentro del recinto, y aún sin aliento, nos encontramos con los londinenses Years & Years. Atrás han quedado, entre otros, Begiz Begi, banda vasco-francesa que abre el festival en euskera; los también locales Rural Zombies, banda guipuzcoana que ha contado con un par de groopies sextagenarios en la primera fila y The Flying Monkeys, banda portuguesa que, nos cuentan, ha molado.

Years & Years / Foto: OScar L. Tejeda

Con camiseta corazón-polla rosa -ya me perdonarán- y cinta a juego en el pelo, el risueño Olly Alexander, vocalista de Years & Years, hace brazear a su público “como una ola”; nosotros aprovechamos para darnos una vuelta por el recinto mientras suena “Desire”. La novedad de esta edición se encuentra en la firme apuesta por un espacio estrenado en la pasada edición del festival, Basoa -bosque en euskera-, pista de baile situada en el extremo más alejado de Kobetamendi, rodeada de  arbolado. Espacio acertado que, sin duda, cobrará éxito según avance la madrugada.

Basoa presenta ya, a media tarde, un buen ambiente; el sonido es poderoso y la gente responde al embite. A estas horas, la presencia británica es mayoritaria en el recinto festivo -con sus banderas y borracheras, se hacen notar inflando condones; y se diluyen según avanza la noche-; son más los festivaleros que están de camino que los que se agolpan ya en Kobetamendi. Parece que este año se lleva la pintura fosforescente, tanto para ella como para él.

Chvrches / Foto: Javier Rosa

Chvrches solapa su actuación con Hidrogenesse, también con DMA´S. Abren con “Never Ending Circles”, con un sonido más limpio y menos oscuros que en el BIME de 2015. Son la antesala de M83 y de New Order, trío que encadena actuación y casa bien en cuanto a sonoridad. Poco más podemos decir de ellos, pues no volvimos de lo que en principio iba ser una escapada a Hidrogenesse. A éstos los pillamos con “No hay nada más triste que lo tuyo”, mientras el recinto de Kobetamendi, ahora sí, comienza a llenarse. A tope con el vocoder, Genis Segarra -muy serio enfundo en un buzo blanquinegro difícil de describir- y Carlos Ballesteros -¿desafina algo? ¡y qué importa!- dieron uno de los conciertos más frescos y divertidos de la tarde, siendo también el más imperfecto. El público, preparadísimo, bailo y coreó todas las canciones; en la primera fila, uno de ellos vestía “Un disfraz de tigre” (!!).

Hidrogenesse / Foto: Javier Rosa

Tanto de French Films, como de DMA´S o de Hinds, no pudimos escuchar más que un puñado de canciones. Nos gustaron estas últimas, aunque les vendría bien un poco más de nervio. Son las bandas guitarreras de un día en el que sobraban -las guitarras son cosa del siglo XX, que dirían Hidrogenesse-, sometidas esta vez sí, por sintetizadores.

En el extremo opuesto a Basoa -una pasarela facilita el acceso al bosque de los Djs y evitara, quizá, que el lateral de la carpa se colapse-, el autobús sobre el que actuaban en la entrada ha desaparecido, y el cuarto escenario gana cuerpo, bordeado con unas pequeñas gradas. Es el segundo escenario el que, a nuestro entender y a pesar de su amplitud, resulta un tanto insuficiente para el público que en él se agolpa. Nos lo pareció ayer con New Order.

Hinds / Foto: Javier Rosa

Antes que la veterana banda de Manchester actuó M83, repartiendo protagonismo entre sus componentes y tratando de contagiar entusiasmo. Fueron todo luz, pero su directo nos resultó un tanto monocorde. ¿Pueden miles y miles de personas acudir a un concierto a escuchar un solo tema? Así lo parecía, puesto que los que teníamos alrededor no callaron ni prestaron atención hasta que, hacia el final, sonó el superhit “Midnight City”. Los franceses, por cierto, comenzaron su  bolo con casi 20 minutos de retraso, coincidiendo con el descanso de la semifinal entre Francia y Alemania. ¿Casualidad?

Algo más oscuros e infinitamente más intensos, sin interrupciones ni fuegos de artificio, New Order estuvo a la altura de su historia -sin Hook y de negro riguroso- , con un directo impecable, cantado por Bernard Sumner a cara de perro y poca voz, en el que no faltaron clásicos como “Bizarre Love Triangle” o “Blue Monday” y que clausuraron recordando su etapa Joy Division en “Love Will Tear Us Apart “. ¡Tremendos!

New Order / Foto: Javier Rosa

Mientras los abuelos británicos recordaban al añorado Ian Curtis, miles de espectadores tomaban posiciones ante el escenario principal; también nosotros. Arcade Fire repetía visita a Bilbao tras actuar en la explanada del Museo Guggenheim el 13 de julio de 2011 -¡cómo pasa el tiempo! Evento que recuerdo con gran desilusión, quizá por el poco respeto que mostró parte del público, cotorreando todo el rato. “Esta vez no”, nos dijimos anoche, mientras defendíamos nuestra posición.

Los canadienses no defraudaron esta vez, en una actuación en la que tocaron todos sus himnos con Win Butler como frontman y guía, quien nació el mismo año en el que se fundó New Order, 1980.

Con un despliegue escénico apabullante, interpretaron una veintena de temas en hora y media. Cuerdas, metales y percusión, llegaron a estar en escena una decena de multi  instrumentistas -cada uno con traje de distinto color-, y media banda se sentó en el teclado colocado detrás de Win Butler, lo que da cuenta de su maestría.

Abrieron fuerte con “Ready to Start”, “The Suburb” y “Sprawl II (Mountains Beyond Mountains)”, tres temas de “The Suburbs”, de 2010; para tocar después temas más recientes, con otros tres de “Reflektor”, de 2013; todo por bloques.

Arcade Fire / Foto: Oscar L Tejeda

Butler saltó al ruedo con el tema que da título a su último lanzamiento, comenzó el sirimiri y se desplegaron en el escenario grandes espejos cuadrados que iban cambiando su orientación, los cuales nos permitieron gozar de una vista cenital del escenario.

En la parte central sonó el bloque de “Neon Bible”, de 2007 (otros tres temas), y el ambiente se atemperó, aunque “Keep the Car Running”, a la mandolina y con su característico aire folk, nos pareció uno de los momentos más hermosos de la noche. Tras la caribeña “Haïti”, que cantó y bailó Régine Chassagne, el bloque de su magistral debut “Funeral”, de 2004, como colofón épico: “Neighborhood”, “Rebellion (Lies)” y “Wake Up”, con su celebrado cambio de ritmo y todo el mundo cantando el estribillo extasiado.

Caras de felicidad entre los asistentes, y de mucho cansancio también. Pasadas las dos de la madrugada, el sirimiri es ya constante en un Kobetamendi cada vez más brumoso. Hot Chip presenta temas nuevos y Alexis Taylor, ataviado con un singular gorro de paja que va que ni pintado con la estética que envuelve al recinto, trata de prolongar el estado anímico de los que se congregan en el segundo escenario. Poco a poco, el Bilbao BBK Live desplazará su espacio vital hacia el noctámbulo Basoa.

Hot Chip / Foto: Javier Rosa

En la primera jornada del Bilbao BBK Live de 2016, con 36.000 asistentes, tan solo unos viejos zorros como New Order han sido capaces de seguir la estela de Arcade Fire. Ambas bandas han logrado que por momentos nos olvidáramos del mundo; ha merecido la pena.

VIERNES

Con el corazón en stand by acudimos ayer a la segunda jornada del Bilbao BBK Live, en la que se iba a consumar una de las actuaciones más esperadas de esta su undécima edición, la de Pixies (y Belako).

El habitual nerviosismo que nos desborda en tales citas ha desaparecido hoy, una inexplicable placidez nos invade. Con el cielo plomizo, nos desperezamos para acudir a Kobetamendi antes de que el recinto abra siquiera sus puertas –hasta arriba en la línea 58 de Bilbobus-,  y antes de adentrarnos al festival, visitamos la cervecera adyacente. No somos nosotros, sino la mayoría de los festivaleros los que se lo toman con parsimonia. De los ruidosos guiris del día anterior, no queda casi rastro alguno.

Todo lo anterior a John Berkhout suena lejano mientras apuramos nuestra cerveza. El quinteto guipuzcoano presenta “Bloo Mind”, donde los sintetizadores ganan presencia. Sin embargo, el viernes es más de guitarras, aunque sean acústicas, como las de José González. Aún es pronto y la calma es máxima cuando el sueco de origen argentino ofrece un set casi íntimo, del que destacamos “Deadweight On Velveteen”, con las citadas guitarras acústicas, percusiones y exquisitas melodías vocales.

José González / Foto: Oscar L Tejeda

Con mayor asistencia del público y el habitual sirimiri, la cosa se anima con Ocean Colour Scene. El elegante cuarteto de Birmingham comienza fuerte, con una versión del “Day Tripper” y su hit “The Riverbot Song”, pero en vez de decaer su directo, sólido y solvente, fue in crescendo, con Simon Fowler a la acústica y preocupado de leer el atril y Steve Cradock aportando clase tanto a la guitarra como al piano. Con ellos comenzó a tomar cuerpo nuestra jornada, que eclosionaría después con Belako.

Antes, también escuchamos a C. Tangana (¿y Rosalía?) cantando el que, según Jenesaispop, puede ser el hit underground del verano, el rap “Antes de morirme”. No es nuestro rollo, sí el de cientos de adolescentes que registran en sus móviles el momento.

Mientras Love of Lesbian pisa el escenario principal, Belako sacude el recinto más estrecho, desbordado como después lo estaría con WAS, ambas bandas vizcaínas. Si El Mundo Today titulaba recientemente “Nace el Sin Love of Lesbian Fest, el primer festival sin Love of Lesbian”, otro tanto se podría decir de la banda de Mungia -repetían actuación en el Bilbo BBK Live, tras reventar la carpa en 2014-.

Entonces, hace dos años, el cuarteto de Mungia presentaba su debut “Eurie” -lluvia- con el que pillaron la buena ola, de la que aún no se han bajado. Esta vez presentaban su reválida, “Hamen” -aquí, en euskera-, y lo hicieron de forma brillante, porque son modernos mirando hacia atrás, porque sus temas transmiten y ellos, enérgicos en las tablas, desbordan entusiasmo. El público se entregó a ellos, tanto en como en los temas más luminosos, “Sea of  Confusion”, como en los más sucios “Track sei”. Antes del colofón, sonó una hipnotizante versión de Nina Simone, “Sinnerman”; después, desde Josu Ximun se atrevió a lanzarse al vacío -no es post punk, sino punk-. Tranquilos, fue recogido al vuelo. Por cierto, la línea inicial del bajo en “Haunted House” no remite lejanamente a Kim Deal y a Pixies?

Belako / Foto: Javier Rosa

Absortos con Belako nos perdemos la actuación de Love of Lesbian -¡qué pasa, todo no se puede!-, quienes se han dado un baño de masas con el público cantando todas sus canciones.

Entre la dicotomía de tener  que elegir entre Grimes y WAS, al contrario de con Belako y Love of Lesbian, nos decantamos a priori por el escenario grande, aunque a la postre terminamos atrapados en el sonido de la txalaparta -legendario instrumento musical vasco; percusión compuesta por madera contra madera- con el que abren Deu y Willy. Poderoso ritmo de baile que imprimen los de Getxo. Mientras esta banda imprime un poderoso ritmo de baile a su actuación vitalista, que termina con la apoteósica “On the Floor” -”no nos vamos ¡hasta que nos echen!”, grita Deu-; problemas técnicos obligan a la canadiense Grimes -cuatro chicas en escena, dos en la danza y dos a la voz- a parar una actuación que está gustando. Cuando la retoman, con bandera arco iris cual capa, volvemos de nuestra excursión a We Are Standard.

Antes de tomar una buena posición para el bolo de Pixies, conocemos en la cola del baño a un guiri, asombrado de que los baños sean unisex -no lo son en realidad, pero una chica apremiada nos pide paso-. “Nice festival” -nos dice en inglés-. Bien organizado, con buenas bandas y gente agradable; el mejor en el que he estado”. Viene desde  Noruega con su mujer, “por primera vez a Bilbao y exclusivamente al festival -dice ella-, y enumera: Arcade Fire, New Order, Pixies…”.

El resto de los escenarios interrumpen su actividad cuando Pixies están próximos a hacer acto de  presencia en el escenario principal. Frente a él se congregan, según la organización, alrededor de 33.500 expectantes festivaleros. ¿Dónde estaban a finales de los 80 y principios de los 90, con los de Boston en activo? Banda de culto, a Pixies le vino bien su ausencia de los escenarios, sus fans se multiplicaron.

Al orondo Black Francis, quien recitó y berreó lo suyo, le costó tomarle el pulso a la noche, pero cuando lo consiguió, no lo soltó hasta acelerarlo al máximo. En parte, gracias a la inestimable colaboración de la  batería de David Lovering, quien hizo que la locomotora no interrumpiera su ritmo. El también miembro original de la banda Joey Santiago, a la guitarra, y la argentina Paz Lenchantin, sustituta de Kim Deal al bajo, completaba  el cuarteto. Una banda que no necesitó de virguerías visuales -sí de mucha luz, principalmente blanca- para demostrar que sus temas, que han envejecido muy bien, son inmortales.

¿Cuántos temas se pueden tocar en hora y media? Al ritmo de Pixies… ¡más de treinta!, incluidas algunas de  los álbumes  más recientes, dos tanto de “Indie Cindy (2014) como de “Head Carrier (2016)”. De los clásicos, pasaron de puntillas por “Bossanova” para dar protagonismo a “Doolitle”; sonó medio disco.

Pixies / Foto: Oscar L Tejeda

La apertura corre a cuenta de “Bone Machine”, “Head On” -versión de The Jesus and Mary Chains- y “Wave of Mutilation”. En un tema la voz de Francis se va por cuestiones técnicas y él no se da cuenta. En otro la banda entra a destiempo y deben de comenzar de nuevo. Pero el cuarteto se engrasa según avanza la noche.

La clausura, intensa -interpretan “Velvety” que rara vez tocan en directo-, corre a cuenta de “Caribou” y “Debaser”. Además de los estribillos, el público canta incluso los riffs de guitarra. Un poco antes, el momento estelar de la noche, cuando Francis ha empuñado la guitarra acústica para encadenar “Where Is My Mind?”, “Here Comes Your Man” y una trepidante “Vamos”. Hemos rejuvenecido, al menos, una década.

Para nosotros, hubo un tiempo en el que Pixies, con quienes compartimos muchas horas (y escuchas) de felicidad, fue uno más de la cuadrilla. Hasta que, tras el Primavera Sound de 2004, fuimos poco a poco perdiendo contacto. Tras muchos años ausente, ayer volvió como el amigo que regresa tras una larga temporada fuera y, desubicado al principio, tras el tercer vino parece que nunca se fue.

Tras Pixies, la de Underworld es la última actuación `grande´ de una noche con cuerpo de jota. Hace tiempo que no cae sirimiri, la gente tiene  ganas de  baile. Suena “I Exhale”, y suena bien.

SÁBADO 

“Hemos rejuvenecido, al menos, una década”, decíamos en la crónica de ayer. No lo suficiente como para participar de la onda de Tame Impala. Si anteriormente grandes dinosaurios copaban las cabezas de cartel, en esta edición del Bilbao BBK Live, que a priori nos parecía una de las más atractivas, ha contado con la participación, entre las tres bandas estelares, con dos formadas en este siglo XXI, Arcade Fire y Tame Impala. Una tercera, Foals, robó ayer el protagonismo a los australianos.

El sábado amaneció radiante en Bilbao, por fin, con un sol espléndido. También en lo musical la jornada se presentaba como la más ecléctica de la actual edición, incluso con hueco para Soleá Morente. Para cuando nosotros llegamos a Kobetamendi, la actuación de la hija del maestro granaíno es historia, así como la de los locales Dekot en el escenario principal. Allí se halla Courtney Barnett, mientras nosotros decidimos, como primera tarea, zamparnos un bocata. Pronto nos arrepentimos de no haber esperado un poco, puesto que aunque no podamos ver a la australiana -suena muy lejana-, si vemos a su público. Vaya, por el movimiento parece que se está montando una buena.

Courtney Barnett / Foto: Oscar L Tejeda

Al contrario, el directo de Father John Misty nos resulta un tanto anodino. De él solo podemos destacar el trompazo que se pegó tras caer del escenario al foso, percance del que se levantó como si no hubiese pasado nada. El ex Fleet Foxes, en lo que a su actuación de ayer hace referencia, tiene mucha pose estética y poco peso musical. Lo abandonamos a su suerte pues su actuación se solapa con la de Bad Breeding y Juventud Juché. De los primeros dicen que son la nueva sensación punk británica, y a nosotros nos recuerdan a las bandas jarcoretas centroeuropeas que en los 90 paseaban por nuestros gaztetxes -casas ocupadas-. Los segundos, ¡ofrecían su tercer concierto en 24 horas! -uno de ellos también en Bilbao, en sesion vermouth-. Afortunadamente, el trío madrileño es joven y aguantó el tipo. Presentaban “Movimientos” en una carpa repleta que pusieron a saltar y que sonaba como cuando de adolescente te encerrabas en el baño con el radiocasette -¿existen aún?-.

Father John Misty / Foto: Liberto Peiró

Tras Tame Impala, y antes de Foals -dejamos ambas bandas para después-  se solapaban otras tres propuestas, las de Editors, Jagwar Ma y León Benavente. El indie pop épico del grupo liderado por Tom Smith es a priori el que goza de más cartel. Presentan “In Dream”, quinta referencia en una década de existencia, en la que han pisado Kobatamendi tres veces ya -las anteriores, en 2009 y 2013-. En esta última, Smith se presenta algo más canalla que en su anterior visita, y no se quita la capucha hasta hacer sonar “Smokers Outside the Hospital Doors”. La verdad, resultan efímeros y no aportan nada nuevo desde su anterior visita, por lo que los abandonamos a su suerte.

La propuesta electrónica del trío Jagwar Ma, sin batería pero con sintetizadores -segunda banda australiana de la jornada-, entra como un tiro en la carpa y nos convence más, pero picando de aquí para allá, son León Benavente quienes consiguen nuestra atención. Con Abraham Boba al frente -desgañitándose al micro o frente al teclado-, dijeron que Bilbao es una de sus ciudades preferidas. Si vuelven a cantan “Estado provisional” y “Gloria” como si fuera a ser la última vez que lo hacen, el amor será reciproco. Su intensa e brillante actuación tuvo también un prólogo en el centro de la ciudad, en sesión vermuth.

Tame Impala figuraban como cabeza de cartel, aunque su actuación se programó siendo aún de día, dejando la medianoche para Foals. Son muchos los que seguirán su actuación, como las de media tarde, sentados en las praderas del recinto. Se ve alguna que otra falda escocesa hoy, también plumas de indio. En un paseo por el recinto nos encontramos con una barbería donde peinan bigotes, hemos conocido a unas catalanas que repiten en Bilbao porque les gusta la dimensión del recinto y a unas australianas felices de poder disfrutar de tres bandas aussies en la jornada de ayer; Tame Impala es la tercera. Saludamos también a un amigo que está trabajando en un food truck. Acostumbrado a currarse fiestas  patronales a horas intempestivas, está flipando con los festivaleros: “¡Sin broncas, hasta hacen cola para pedir!”.

Tame Impala / Foto: Oscar L Tejeda

Admitámoslo, la brecha generacional entre Tame Impala y nosotros es tan grande que, incluso reconociendo que el suyo es un buen directo, nos impide gozar plenamente de su soft rock de pinzeladas psicodélicas; o aquí hay algo que se nos escapa. Los repetitivos y ya muy vistos visuales, las interrupciones entre temas y alguna que otra larga intro tampoco ayudan.

Tras una intro sonó “Let it Happen”, e inmediatamente el publicó más joven comenzó a brincar. El quinteto dirigido por Kevin Parker -empuña una molona Rickenbaker 335 verde del año 67-, muy arropado y un tanto estático, se relaja después en “Eventually”; las idas y venidas serán ya constantes. En “Elephant”, que remite a  bandas como Led Zeppelin -Robert Plant ¡actúa hoy domingo en Bilbao!- nos invitan a volvernos locos, y hacia el final, suena el hit “The Less I Know The Better”. El sonido es bueno, aunque peña de Zaragoza se nos quejara después de que faltaba volumen. No nos lo ha parecido.

Está bien, Tame Impala nos ha demostrado, sin entusiasmarnos, que es una gran banda. Pero de que se hayan puesto de moda los pantalones cortos con calcetines blancos hasta la rodilla, como hemos visto estos días a los más “fashion” de Kobetamendi… ¡por ahí no pasamos!

Foals presenta algunas características parecidas en escena. Sexteto arropado -con el batería tocando descalzo-, protagonismo de teclados y tintes épicos. Pero su intensidad aumenta a medida que avanza el set, hasta finalizar totalmente desbocados.

Foals /Foto: OScar L Tejeda

En horario estelar, han abierto con “Snake Oil”, “Olympic” y “My number” y el protagonismo estelar de un Yannis Philippakis que acabaría saltando al foso y fundiéndose con el público  -con “Providence”  primero, y al final de su actuación, después-. Especialmente delicada ha sonado “Spanish Sahara”, de lo mejor de la noche.

Si el jueves nos dañamos las rodillas por defender nuestra posición con Arcade Fire, el espacio disponible nos permitió bailar tanto el viernes con Pixies como ayer con Foals. Quizá los temas de Tame Impala sean más complejos y elaborados, pero el disfrute tiene su importancia y Foals ha sabido cómo atrapar al público. Con la celebrada “Mountain At My Gates” decenas de chavalas bailan a hombros de sus parejas; todos cantan -¡aquí todo el mundo sabe inglés, oigan!-. Tras “Late Night” dicen adiós. Los bises, en plan desbarre jarcoreta, son apoteósicos -con un pogo brutal en las primeras filas-, comenzando por “Inhaler”. Se lo han currado muy bien.

El trepidante final del bolazo de Foals coincide con el principio de Triángulo de Amor Bizarro, con cuya intensidad va que ni pintada. El sonido, bueno, el recinto, a rebosar; como con León Benavente -lamentamos no haber podido asistir allí a la actuación de McEnroe, cuyo horario coincidía con el de Tame Impala-. “¡Guillotina!” grita el genial cuarteto gallego en “Robo tu tiempo”, tema que nos recuerda que debo marchar a escribir la crónica que tú leerás mañana -tu hoy-. Las tres baterías de Soulmax, en septeto de riguroso blanco, sacuden la madrugada.

La organización, en una apuesta por la cultura de Djs, ha habilitado una entrada nocturna para Basoa, boscosa pista de baile. Allí esperan 2ManyDjs. Más de 35.000 festivaleros han asistido a la clausura del Bilbao BBK Live 2016, con unas cifra global de más de 100.000 asistentes, siempre según la organización.

 

 

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