la habitacion roja

ASÍ TE CONTAMOS EL DELESTE FESTIVAL 2015

VIERNES

El principal secreto del buen sabor de boca de esta primera jornada del Deleste 2015 ha sido la heterogeneidad del menú que se nos ha servido; diferentes generaciones y estilos de artistas que han cumplido la misión de contentar a un público igualmente heterogéneo. Los entrantes -We Used to Pray y Tulsa- han cumplido con la labor de despertar el paladar de manera agradable; los platos principales – La Habitación Roja y Pep Gimeno “El Botifarra”- han estado a la altura de expectativa que su relevancia preveía; y en la calidad de los postres y licores -MournMike KrolEl Último Vecino y Perro- se ha marcado realmente la diferencia.

We Used to Pray

La ingrata labor de poner en marcha la jornada musical, recayó en unos We Used to Pray que supieron aprovechar las ventajas de tocar en el Auditorio para  poner en juego toda la épica atmosférica de sus canciones, acompañándolas de unas trabajadas y coordinadas proyecciones que demuestran la ambición de una banda que apunta y dispara hacia el gran formato. Tras ellos, en el escenario de abajo, Tulsa actuaba en una hechura más próxima –física y musicalmente- ante un público que empezaba a darle color a la sala a una hora en teoría temprana. En la reconstrucción de Tulsa como banda, quizá aprovechando el nuevo sonido trazado con “La Calma Chicha” -mucho más sintético-, Miren Iza ha renovado su nómina de acompañantes, ahora formada por Javi CarrascoMartí Perarnau IV y Ramiro Nieto, terna de músicos de pasmosa ubicuidad. Este giro, que separa a las canciones del folk americano, aligera el envoltorio sin hacerlas perder la esencia de la ternura melancólica de base del repertorio de la cantante guipuzcoana, punto que se agradece y se certifica con acierto.

Tulsa

Tras la banda con nombre de ciudad lejana, volvimos al Auditorio para ver a un maestro de la música cercana, Pep Gimeno “Botifarra”. Sin lugar a dudas, la inclusión de este artista en el cartel es uno de los hechos más significativos del Deleste de este año, abriendo las ventanas del festival a sonidos que refrescan el fácil estancamiento en propuestas de raíz anglosajona. La arrolladora personalidad de Pep Gimeno “Botifarra”, ha permitido acercar el folklore tradicional valenciano a un público más amplio. La labor titánica de recolección del cancionero popular, pueblo por pueblo, familia por familia, es encomiable, pero encontrar el formato para lograr transmitirlo es puro talento. Un espectáculo cercano que entre “acudits” y juegos de palabras en el que Pep desgrana la esencia del cant d’estil, repasando y barajando palos -desde la malaguenya, la seguidilla, el cant de batre o la jota-. Con estos cambios, el Botifarra pasa de una comarca a otra con las historias de las tías y abuelas que le cantaron las canciones de la tierra y a las que él rinde homenaje, pues gracias a estas personas se conserva nuestra cultura y nuestra lengua. En este repaso toponímico de la voz del pueblo, al cantaor se amolda al lenguaje de cada zona, desde el valenciano más dulce al apitxat, sin hacer de menos la forma de hablar castellanizada de las comarcas de interior, un auténtico ejercicio de coherencia y de apertura de mente. Flanqueado por Paco Lucas y Pedro Ródenas y Ramón MartíPep Gimeno se marcho del escenario con el público ganado para retornar al momento para “un regalet”, la interpretación de la canción que más fama le ha dado, la “Malagueya de Barxeta”. A aquel que por prejuicios ayer no disfrutara de este espectáculo solo puede aplicársele uno de los muchos dichos que el artista cuenta en sus actuaciones: “La naranja nace verde y la madura el calor, pero el que nace gilipollas no lo madura ni Dios”.

 

Pep Gimeno “Botifarra”

Con la sonrisa en la cara salimos de entre las butacas para ver a Mourn, la banda juvenil de indie rock noventero que está en boca de todos, pero que todavía no había disfrutado la mayoría del público de la ciudad –actuaron en mayo en el Festival de les Arts, pero el target de este festival y aquel es en esencia diferente-. Nosotros ya conocemos bien lo que hacen, pero para mucha gente fue el descubrimiento de la jornada, atónitos al desparpajo, destreza y contundencia de unas adolescentes con cara de no haber roto un plato. La fórmula no tiene nada de novedoso, pero esa forma visceral y fresca de revisitarla le da el atractivo necesario para obviar este hecho.

Mourn

El último concierto en el Auditorio correspondía a los cabeza de cartel del día, La Habitación Roja. Un merecido homenaje a la banda indie valenciana más importante de las últimas dos décadas –este concierto está enmarcado en su gira vigésimo aniversario -. Con un set list idéntico al que han llevado a docenas de ciudades y festivales en el último año, repasaron desde “Mi Habitación” hasta “Ayer” su carrera en orden cronológico, con la fiabilidad y la contundencia que les caracteriza. Personalmente, les he visto en varios de estos conciertos, y aunque la actuación transcurrió sin mácula, el comienzo de la actuación pareció distante y es que en la mayor parte del concierto el recinto se transformó en hándicap más que en ventaja. Por muy bien que suene y muy espectaculares que se vean las proyecciones, un auditorio con butacas no es lugar para el pop y el rock de intensidad y bailable. El público solamente se encuentra barreras y el grupo no siente la cercanía y el calor, lo cual sin duda se refleja de manera incuestionable. No fue hasta a falta de tres canciones cuando Jorge Martí, antes de cantar “La Moneda al Aire”, y gracias a un trabajado concierto, logró romper las barreras y hacer que todo el mundo se levantara y bailara –algo que hasta el momento solamente se había producido en los laterales y los palcos-; el abrelatas fue un sencillo: “Si vais a darlo todo tiene que ser ahora, que esto se acaba”. Desde ahí hasta el final, pura celebración; desde confeti hasta el vocalista cantando brazos en alto en medio del patio de butacas. Como un gol en Mestalla, ché.

La Habitación Roja

Los tres conciertos que quedaban corrieron de seguido en el escenario de abajo, comenzando por un Mike Krol que, camino del Primavera Club, nos dejó para el recuerdo a cinco divertidos gamberros vestidos de policías pegando brincos y cantando a toda velocidad. Garaje pop muy a la moda; Thee Oh SeesFidlarWavves e incluso The Black Lips llegan rápido a la mente. Media docena de carreras entre el público y los pedales distorsionando los gritos de Mike hicieron sostenerse la divertida broma poco más de veinte minutos; una mentira repetida mil veces no siempre se convierte en una verdad. Eso sí, tanto ellos como nosotros pasamos un buen rato.

Mike Krol

Si en vez de 23 de noviembre de 2015, hubiera dado la coincidencia de que el concierto de El Último Vecino se hubiera producido el día 21 me hubiera venido de perlas soltar la coña de que acababan de llegar con Marty McFly de 1985, pero no pasa nada, no ha coincidido pero yo lo he calzado igual. Anyway, el pop sintético del proyecto de Gerard Alegre, a pesar ser claramente un vintage ejercicio de estilo, tiene una innegable elegancia retro apoyada en una estudiada impostación y los espasmódicos bailes de su cantante. Recuerdan lo del eclecticismo del cartel del principio de la crónica, lo dicho, un acierto.

Perro

El concierto fin de fiesta estaba en manos de Perro, divertidos terroristas sónicos, que se han ganado con sencillez, desparpajo y ritmo el estar en la mayoría de festivales del último año y medio. Lo mismo valen para abrir la tarde y calentar el ambiente, como para cerrar la noche en un colofón adrenalínico sin par. Letras divertidas, ritmos altos y sincopados hicieron de “Tiene bakalao, tiene melodía” uno de los discos más refrescante de los últimos años, pero el que viene en semanas, “Estudias, trabajas”, es todavía más potente. Mucho más kraut, más sucio, más abrasivo, pero con canciones igual de contagiosas; solo hay que ver como su adelanto “OLRAIT” arrastró al pogo más grande de las cuatro ediciones del Deleste, solamente comparable al reservado para la traca final con “Marlotina”. Tras los murcianos, Ley DJ fue la encargada de aprovechar la efervescencia adquirida para demostrar porque es la Dj valenciana que más festivales reclaman.

SÁBADO

Si la primera jornada destacó por lo bien compensado de un menú variado y heterogéneo, esta segunda se fundamentaba en un plato principal con guarnición; Low y el resto.

Este segundo día de festival se celebró la matinal popular en forma de Deleste Kids, con las actuaciones de Ramírez, que demostró que es una de las perlas pop de la temporada y que actuó por primera vez con batería –Alfonso Luna de Tachenko y Maronda-, y La Habitación Roja haciendo el repertorio de versiones que ofreció en el Sonorama en la Plaza del Trigo. Uno de los aspectos reseñables del Deleste 2015 es el éxito de esta jornada matutina, donde docenas de niños, en una Rambleta con el aforo completo –una larga cola esperaba en la puerta para que les dejaran entrar al ritmo que marcaba, con cuenta gotas, la gente salía del recinto-  disfrutaron de versiones desde Joy Division hasta Radio Futura, pasando por Stone RosesThe Cure o The Smiths. Es prioritario crear cantera y, mientras la legislación sigue vetando el acceso a los conciertos de los menores, es necesario que se haga el esfuerzo de proponer actividades musicales que puedan disfrutar los niños.

La Habitación Roja en el Deleste Kids

El saque de honor de la jornada vespertina fue responsabilidad de Mist presentando “The Loop of Love”, su regreso al mundo discográfico después de siete años. El holandés Rick Treffers, flanqueado por Gilberto AubanRemi CarreresSergio Devece y Javi Galope, magníficos músicos valencianos que lo mismo valen para un roto que para un descosido, repasó sus nuevas canciones demostrando que su centro de gravedad permanente son el romanticismo melódico y la elegancia pop. Es una suerte que músicos foráneos como Treffers, al igual que Josh Rouse o Soledad Vélez, elijan Valencia como centro de operaciones.

Mist

El Auditorio cobró vida con la actuación de La Familia del Árbol, que también presentaban disco. “Odisea” es un segundo trabajo que continúa el naturalista camino de folk y pop psicodélico que trazaron con su debut, “La montaña y el río”. El preciosista sonido de la banda de Elche, sobre todo la voz de Nacho Casado, relucía exquisito en la sala idónea y necesaria para ello. Viajes oníricos con feliz vuelta a casa, melancolía positiva y una riqueza armónica que si vinieran firmada por Midlake sería tomada como referencia del buen gusto.

La Familia del Árbol

Ocellot ya les habíamos visto en el Vida Festival y el FIB de este año, donde nos sorprendieron por su lisergia pop y una suerte de psicodelia magnética con juguetonas texturas sintéticas; experiencias psicotrópicas naturales con solo la cara de la moneda, la que sonríe. Ya se llevaban tres bandas en el día y a pesar de un buen hacer innegable, el río simplemente fluía; McEnroe tampoco iba a cambiar la dinámica.

Ocellot

Si El Último Vecino llegaron la jornada anterior montados en un Delorean desde 1985, McEnroe lo hizo desde 2013 y prácticamente en la misma posición que entonces. Este fue un concierto que encandiló a los fans ya adquiridos pero que no sumó en adeptos a la banda; hace dos años ya se gastó la bala del factor sorpresa. Poco o nada ha cambiado desde entonces, solamente dos años y un disco, algo que debería ser significativo pero que no se apreció sobre el escenario. “Rugen las Flores” ahonda en el camino lírico de  “La Deriva”, poniendo en común y sobre la mesa un universo introspectivo y melancólico que para algunos tan fácilmente atrapa como para otros repele.

Ocellot

La misión de El Páramo era la de repetir la arrolladora conmoción de Toundra dos años atrás. Pero eso es lo mismo que decirle a alguien que el sábado no quede a cenar porque le vas a dar una fiesta sorpresa. La magnífica efectividad y el consabido efectismo de Toundra estuvo en boca de todos al finalizar la edición de 2013, pero realmente no caló tan hondo como para sumar adeptos al post rock metálico, teorema demostrado al ver que El Páramo no congregó ni a la mitad del aforo del Auditorio. Algo similar desgraciadamente pasará con Pep Gimeno “Botifarra”; “¿Te acuerdas de como moló el Botifarra en el Deleste?, le dirá un indie a otro dentro de unos meses mientras comen un niguiri de pez mantequilla y se descargan el nuevo remix de El Columpio Asesino de Elyella Djs. A todo esto, también hay que decir que El Páramo carece de la sutileza sónica de Toundra y que puede que no hubieran salido del recuerdo para grabar un segundo disco sin el triunfo y repercusión de los primeros.

El Páramo

Y si la tarde fluía con una sensación de imperturbable calma, Exsonvaldes no habían venido para hacer que eso cambiara. Los franceses son placebo, pero no la banda, el término farmacéutico. Pop tan ligero y elegante como inocuo y dócil. Si tuvieran que romper una frágil copa de fino cristal tirándola contra el suelo, sin lugar a dudas rebotaría sin un rasguño. Es lo que pasa cuando le quitas el fuego a Phoenix, te quedas con el pájaro y te das cuenta de que tras las llamas no hay un águila.

Exsonvaldes

Todo lo anteriormente acontecido perdía valor ante la expectación del concierto de Low, banda de referencia del slowcore de los 90 pero que continúa su efectivo e imperturbable discurso con magníficos artefactos como “Ones and Sixes”, publicado este mismo año. En un auditorio en el que no cabía ni un alfiler, disfrutamos del mejor concierto del festival y de los cuatro años de Deleste. A maza y escobilla y con los dedos desnudos, como su música, Low demostraron que la actitud y la tensión no es solamente patrimonio del sudor y la velocidad, y que el susurro y la mesura pueden decir tanto o más que el grito y el desatino. Juegos de voces cristalinos, cadencias áridas e hipnóticas, dinámicas arrolladoras que los convierten en sirenas y a los espectadores en marineros indefensos. Imperturbables sobre el escenario cual filósofos patafísicos, formularon la excepción, la que nadie se creía hasta que bandas como la suya aparecieron, que la calma es trasgresora.

Low

Con todo respeto, tras lo visto con Low, lo que vino después carecía de importancia; Los Tiki Phantoms pusieron a la gente a bailar a base de surf rock juerguista, con la misma sensación de que llegan los deportes en el telediario tras un sobrecogedor reportaje sobre un terremoto en Argelia.

Los Tiki Phantoms

Tras los terroríficamente enmascarados, llegó el turno de El Chico Biónico Dj aka Gerardo Cartón y los Atomos Djs para poner punto y final con un ecléctico y descacharrado popurrí sonoro a una cuarta edición del Deleste Festival que nos deja para el recuerdo dos actuaciones memorable – Low y Pep Gimeno “Botifarra”- un puñado de estupendos conciertos – La Habitación RojaPerro o Mourn- y la sensación de un resultado favorable pero pactado. Todo trascurrió como estaba previsto, los nombres avalaban las propias actuaciones y nadie se salió del guion, ni por arriba, ni por abajo.

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