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ASÍ TE CONTAMOS EL FESTIVAL DE LES ARTS 2016

VIERNES

Si montas un sarao, vendes todas las entradas, y ves como la concurrencia se lo pasa chachi piruli, no voy a ser yo el gilipollas que venga y te diga que se están equivocando, ¿o sí?. Bueno, la fórmula funciona, no es la de la coca cola, no es una vacuna que salve de una enfermedad importante, pero funciona, y a poco que no la fastidies (creo que de eso se trata) te puedes llevar el gato al agua, o al menos mojarle los pies en el Escenario Kaiku.

Mi recorrido por el Festival de les Arts empezó cerca de la insolación viendo a Perro a la hora en la que los señores juegan al dominó en el bar y las señoras roncan mientras dicen que ven una telenovela. Y es que las cuatro y poco de la tarde son una condena más que un premio, y solamente unos locos murcianos como Perro son capaces de sacar algo así adelante. “Estudias, navajas” tiene tanto ritmo y tantos cojones que, si lo intentas, puedes abstraerte un rato del calor imperante si te hidratas convenientemente (era la hora de la cerveza 2×1). Al acabar el concierto escuché a algunos chavales comentar lo tremendo que les había parecido el concierto, mientras yo pensaba que ojalá les vieran de noche y en su salsa, pero claro, es difícil que vayan a verles si después no tocan Love of Lesbian. A continuación, en el mismo escenario, el cántabro Ángel Stanich salió solo con su guitarra pisando las notas de “Wedding Dress” de Mark Lanegan (creo que fui el único presente que se dio cuenta del dato, pero para mí fue lo mejor del día). Poco importó que luego se limitara a seguir el manual del Dylan más eléctrico o el Neil Young rockero menos ácido, en un mundo del indie que ha olvidado los referentes más clásicos, es reconfortante que este barbudo los rescate. El problema es que me giraba a mi alrededor diciendo: “Coño, claro, esto es…”, y todos me miraban como a un loco, aunque estoy bastante acostumbrado.

El escenario grande lo estrenaron Manel, a los que había visto triunfar hacía poco en el Primavera Sound, y que viendo la cantidad considerable de público que había delante de ellos, era previsible que aquí también lo hicieran. Bueno, venga, digámoslo todo, había mucha gente, pero quitando de “Teresa Rampell”, “Jo competeixo” y alguna canción nueva movidita en la que se vio a varios grupúsculos vibrar como bancos de sardinas, se hizo evidente que muchos de los presentes estaban haciendo ya hueco para ver a Love of Lesbian (joder, estaban de espaldas). Al margen de condicionantes externos, los nuevos Manel, los que han sumado ritmos frescos y sintéticos a ese folk de catalanía militante, estuvieron estupendos. Con su nuevo disco han abierto fronteras estilísticas que les lleva a estar en festivales como este sin desentonar demasiado, insuflando un poco de enjundia sin asustar a las jóvenes masas poco acostumbradas al producto poco manufacturado. Todo lo contrario que Carlos Sadness (sustituto de Fuel Fandango), cuya enjundia se limita a… nada. Pero tampoco importa (bueno, a mi sí), porque tiene ritmito, es fresco y lánguidamente simpático. Antes de Sadness (infinite sadness), tocaron The Dandy Warhols y Neuman, pero es que el cuerpo me pedía comparar a Manel con Carles Sadness, ustedes perdonen, ya vuelvo al redil. Poco que decir de Neuman, poco pero bueno. La recuperación del formato de trío, la contundencia y la austeridad, les sienta de maravilla. Parece que ya no se pierden en lánguidos y extensos páramos sónicos y se han dado cuenta de que ir directos al grano con rotundidad era lo único que necesitaban. Al acabar sus conciertos es un clásico escuchar eso de “joder, qué directo”, y con razón. Ya solo me queda hablar de The Dandy Warhols para recuperar el recorrido temporal, bueno, voy bien.

Carlos Sadness / Foto: Jota Martínez Fotografía

Aunque The Dandy Warhols han sacado nuevo disco, a los de Oregon (dicen que una de las ciudades más aburridas de Estados Unidos) solo se les pedía no asustar a nadie y que tocaran “Bohemian like you”, y bueno, eso hicieron. Realmente, si no fuera por esta canción, exprimida hasta el tuétano y que hasta mi madre sería capaz de tararear sin saber de dónde viene, no hubieran estado aquí (y desde hace tiempo en casi ningún sitio). Porque esta banda, que realmente contiene todas las referencias clásicas necesarias para crear grandes temas, siempre se ha mostrado diletante en el escenario, y viejos vicios no se curan sin terapia. Eso sí, siempre les agradeceré su presencia en el maravilloso documental “Dig!”, en el que se relata su rivalidad con The Brian Jonestown Massacre, pero bueno, los buenos eran (y son) los otros.

Y recuperado el hilo ya puedo hablar del plato fuerte de la noche (si se creen que las bandas internacionales pintaban algo, están muy equivocados), Love of Lesbian. Los reyes del chiste malo (no lo digo yo, lo dicen ellos) han conseguido destilar la fórmula mágica de la empatía y la van a explotar hasta que se la roben, o se les caiga y la rompan. Llegaron en “1999” (2009) aunque ya estaban aquí mucho antes, y reformulando y puliendo aquel disco se han quedado sentados en la cima. Si les ves ahora puedes reconocer a un gigante de cuidado y estudiado directo, con una producción impoluta, con melancólicos y juguetones himnos, que domina el discurso y con él al público, y que pueden homenajear a Bowie y a Prince de forma facilona sin que a nadie le importe. ¿Una vez descubierto el Flambeado de Mou para que seguir experimentando? ¿Por inquietud?

Love of Lesbian / Foto: Nerea Coll

Nada importa que The Strypes sean una banda joven internacional que hace buen rock and roll y son lo más cercano en décadas a Dr Feelgood (bueno, cercano pero lejano), el público estaba extasiado con los lesbianos. El ambiente era impresionante (el sold out ya era patente) y aunque había mucha gente disfrutando de sus energéticas canciones, muchos estaban allí de rebote. La verdad es que estos chavales irlandeses entran muy bien, porque aunque tengan tintes garajeros y emulen puntualmente a MC5, vienen de unos Beatles que quieren ser The Jam, lo cual es siempre agradable aunque no te vuele la cabeza.

Tras ellos, la noche continuó descafeinándose con The Fratellis (lástima que no tocaran en el Escenario Kaiku, porque lo de “descaifeinándose” encajaría de perlas), porque si al menos The Dandy Warhols viven de un temazo como “Bohemian like you”, “Henrietta” no es ni por asomo tan buena.

Que el asunto terminara con We Are Scientists a la gente le importaba un pimiento (aunque el recinto continuaba lleno y el ambiente festivo era imperante), pero para mí fue reconfortante, lo mismo que en el anterior Arenal Sound. Estoy totalmente de acuerdo con el artículo “El basurero del nuevo milenio” de Kiko Amat para El País, en el que se toma a guasa la relativa relevancia de las nuevas bandas de la primera década de este milenio, y es que encima We Are Scientists no son ni de los importantes, pero joder, a mi “Nobody Move, Nobody Get Hurt” y “The Great Escape” me siguen encantando. Y si a eso unimos que su nuevo disco no está mal, se pasan el concierto dando guitarrazos (poco hirientes, lo reconozco), pues a mí me sirve. Sé que me conformo con poco, pero bueno, es lo que hay y es con lo que me quedo. Con esto terminó el sarao, pero no quiero volverme a acostar sin hablar del infame Escenario Kaiku, cárcel acuática de las bandas locales, dónde creo que artistas como Senior i el Cor BrutalSiberian Wolves o Beaaroid cumplieron una condena que no merecen; aquello parecía una aparición mariana en medio de La Albufera. Aunque algunos valientes mojaran sus tobillos y se acercaran al escenario, esa parte del recinto estaba tan desangelada, y daba tanta pena, que no pude quedarme más de cinco minutos seguidos a verles. Lo siento chicos, os veo en los bares.

We Are Scientists / Foto: Jota Martínez Fotografía

SÁBADO

Ayer Izal dieron un conciertazo. No, en serio, lo digo en serio. Ya lo he dicho, dejadme en paz. Bueno, empecemos por el principio. Cuando ayer llegué a la Ciudad de las Artes y las Ciencias, ya había pasado la tormenta, o al menos eso me imaginé cuando vi a Badlands en el “escenario inundado tras el paso del Katrina”, y es que si con una banda puedes abstraerte y pensar que estás en New Orleans es con ellos. Realmente ese country-bluegrass estaría mejor ubicado en Nashville, pero oigan, no nos pongamos exquisitos, ustedes tampoco saben tanto de geografía musical americana y el Katrina es lo único que se me ha ocurrido para hablar poéticamente de ese destierro acuático. Badlands me gustan, los chavales tienen una musicalidad desbordante, cuando se proponen hacer un juego vocal te conquistan, pero es que nadie se puede tomar en serio nada de lo que pase en este escenario puesto a joder. Ahora sí verdaderamente llegando a las puertas de Nashville nos encontramos tras Badlands a Arizona Baby, la banda de El Meister y sus amigos barbudos, la anterior a Corizonas, la buena. Este trío de rock and roll adusto y acústico se mantiene únicamente a base de garra y personalidad, y de eso El Meister va sobrado. No inventan nada, ni tampoco se lo proponen, pero les saboree hasta la última nota sabiendo que iban a ser el último reducto de rock&roll de la noche, con permiso de L.A. Tras los vallisoletanos le tocó el turno a Miss Caffeina en el escenario grande, en el que para mí fue el mejor concierto nacional de la noche. Y es que en el yermo páramo que se ha convertido el indie nacional actual (el que llena, no el otro), se agradece una banda que como mínimo quiere sonar fresca y no se pierde en épicas y melancolías mal traídas. Además, salieron tras una canción de la banda sonora de Robocop, y es que perdónenme, estos detalles de mierda a mí me ganan. Tras una hora de synth-pop bailable de meridiano buen gusto, terminaron con Zahara en el escenario –que había tocado hacía un rato-, dando paso al relevo en el trono del indie nacional, Full. Cuando en unos años la gente diga: “Vetusta Morla-Supersubmarina-Izal…” alguien gritará Full y se llevará los 100 pavos del bote, y es que los sevillanos tienen todas las hechuras para darle continuidad a la dinastía. Tienen himnos de rabia moderada, hacen de la  coreabilidad su bandera (sin llegar al extremo de Second) y realmente pueden hacer de la falta de reproche (aunque quizá también de alabanzas) una magnifica y buscada carta de presentación.

Miss Caffeina con Zahara / Foto: Nerea Coll

La siguiente banda en subirse al escenario fue Izal, poniéndose así sobre la mesa el plato fuerte de la noche todavía en horario infantil. Si de épica va la cosa, estos chavales van sobrados, y es que vaya, lo de “Copacabana” es un poco pasarse, pero es lo que ahora parece que gusta, y visto lo visto no voy a ser yo el que diga que todos estos chavales están equivocados (aunque lo piense). Un grupo que toca en más de una docena festivales al año, siendo además el reclamo principal del evento, se sustenta con un buen directo, y lo tienen, nadie lo discute, aunque a mí me encantaría utilizar un agujero de gusano para estar en otra parte (y por favor, otra época), porque ni de lejos soy su público objetivo, lo que no quita para que las 25.000 almas presentes vibraran con su impostación de estadio y ese antinatura híbrido de “Standstill meets Coldplay”. Después de esto, y tras los fuegos artificiales de fin de recital, solo quedaba mantener la relativa tensión para que todo marchara por los cauces previstos, y L.A. casi la joden. Con ello no quiero decir que la banda de Luis Alberto Segura no sea cojonuda, que lo es, si no que su rockandroll sosegado, de buen rollismo “Big Sur”, encaja poco entre la épica de bolsillo del nuevo manual del indie. Pero si L.A. no la jodieron, tampoco iban a hacerlo Hurts, pero es que los de Manchester al menos si tienen épica (sí, la épica ahora es el todo, ponle épica a un bocadillo de calamares y te monto un food truck). A base de caras B de de Depeche Mode aguantaron el tirón hasta llegar a Second (parece mentira que L.A. y Hurts sean simplemente la excusa para pasar de Izal a Second, pero es así, no me lo estoy inventando). Perdonen si parece que esté haciendo de menos a Hurts, nada más lejos de mi intención, realmente fue el concierto más elegante del festival, aunque a nadie le importara demasiado. Bueno, Second: yo no sé qué tienen estos murcianos pero lo tienen, tienen épica (otra vez la épica, perdón), tienen himnos (otra vez con los himnos), y tienen…. bueno, eso tienen, nadie pide más y tampoco lo busquen que no lo hay. Posiblemente fue el momento culminante de la noche; Izal la dejó botando en medio del área y Second chutó a bocajarro: gol.

Hagamos recuento, ya habían tocado Izal y Second, que era lo que la mayoría quería, y aunque después le tocó el turno a un grupo del calibre de The Drums, estoy seguro que sería más fácil que cualquier chaval de los presentes me recitara el último discurso del Rey en Navidad, que que me resumiera el concierto de la banda de Brooklyn. Aunque “Encyclepedia”, el ya lejano tercer disco de Jonathan Pierce y Jacob Graham, no es un disco de hits, está a años luz de lo escuchado estos días, poco consuelo pero suficiente para cerrar el fin de semana. Me marché a casa y una chica esperando el taxi me preguntó si habían tocado la buena y le dije que sí – para ella era “Let’s go surfing”, aunque para mí era “Money”, pero tocaron ambas, así que todos contentos – .Un apunte, si les ha gustado The Drums, les ha sorprendido, no vivieron los 80 pero quieren más de esto y además quieren entender las letras, escuchen a El Último Vecino.

FESTIVAL DE LES ARTS 2016: CRÓNICA VIERNES

ENTREVISTA A PERRO

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