Supersubmarina Festival de les Arts - Luis Crown portada

ASÍ TE CONTAMOS EL FESTIVAL DE LES ARTS

VIERNES

Ayer fue la primera jornada de la primera edición del Festival de les Arts, un festival que nace con el propósito de ser el festival al aire libre referente en la ciudad de Valencia y que se instala en un enclave excepcional como es la Ciutat de Les Arts. Este majestuoso complejo ya recibió eventos musicales como el MTV Winter, por donde pasaron en sus cuatro ediciones bandas como Actic MonkeysFranz Ferdinand o The Cure, que se celebraba de manera gratuita antes de la llegada de la primavera –gratuita era la asistencia ese día, aunque fue pagado a razón de un millón por año de las arcas municipales, la hucha de todos-. Un lugar que también ha sido protagonista de algunos anuncios y eventos promocionales, además de una reciente película de Hollywood –Tomorrowland-, pero que difícilmente podrá desmarcarse de ser un símbolo de una época de despilfarro bochornosa en nuestra historia reciente.

En cualquier caso, y como lo que hemos venido es a hablar de música, a las tres de la tarde ya estábamos bajo el sol para ver a la jovencísima (es un adjetivo recurrente, pero es que tienen diecinueve años) Nuria Graham, cuyo debut “Bird Eyes” ha supuesto un poco de aire fresco entre el maremágnum de clones folkies. La catalana aporta personalidad eléctrica y atmósferas tensas a un género replicado hasta el aburrimiento. El único problema fue el inverosímil horario (¿Estamos en Glastonbury, tocan 500 bandas y no me he enterado?) por lo que solamente la disfrutamos una veintena de valientes.

Seguidamente, pero a una hora igual de intempestiva (no lo voy a repetir más aunque, hasta por lo menos tres o cuatro conciertos después, lo fue) actuaron Mishima. Los catalanes tuvieron una actitud encomiable, a pesar de que en algún momento, al ver la frente de David Carabén, estuve tentado de llamar al hospital para reservar cama en la unidad de quemados. Desplegaron todo su arsenal de pop melancólico y épico, haciendo bailar y cantar al par de cientos de incondicionales que les acompañaron. Bueno, valientes los que estuvieron al sol, listos los que vieron el concierto bajo el puente que el señor Calatrava nos construyó a tal efecto por unos millones de euros de nada (es el mejor uso que se le ha dado a esta construcción porque, en mi opinión, para cruzar un rio seco se puede usar algo más económico).

La Bien Querida tampoco le sentó bien el horario. Además de que al pop sintético, melancólico y oscuro de su nuevo disco le hubiera venido mejor el abrigo de la noche, era algo desagradable escuchar cómo se colaban en su set las pruebas de sonido de los otros dos escenarios (el festival contó con tres escenarios, que salvo en un par de ocasiones no estuvieron en marcha al mismo tiempo. Casi doce horas para poco más de una docena de grupos). Posiblemente su actuación fue la más deslucida de la jornada. Al menos venía con nuevo disco, lo que se traduce en “nuevas cosas que enseñar”, algo que en teoría debería de ser normal, pero parece carecer de importancia en esto de los festivales.

De nuevo en el escenario maligno (el del sol en la cara) León Benavente empezaron algo espesos un concierto que en el último año y medio han llevado a prácticamente todos los festivales y salas del país. No fue hasta la tercera o cuarta canción, cuando una vez superadas (o asumidas) las hostiles circunstancias la banda empezó a meterse de lleno en el concierto. Los gritos de Abraham Boba arengaron a un cuarteto que, como una metrelleta, fusiló los temas de su único álbum y el Ep que lo complementa. Ritmos, cadencias y arengas ganaron en intensidad y mostraron lo de siempre, tablas. Tienen uno de los mejores directos nacionales (raro es el que alguien no disfrute con el final épico, aunque recurrente, de “Ser Brigada”), pero necesitan, y merecen, descansar y ponerse a hacer un nuevo disco. Al menos sumaron una nueva canción en el repertorio, la versión de “Bandera Blanca” del inmenso Franco Battiato.

Los primeros conciertos en solaparse (una situación solamente repetida más tarde con Supersubmarina Bigott), fueron los de Betunizer, que entraron el día de antes en el cartel por un problema de salud de una de las componentes de Hinds, y Dorian. Dos grupos totalmente opuestos, los valencianos afilados y desafiantes y los catalanes, que están en su gira de décimo aniversario aunque parece que sigan repitiendo eternamente sus dos primeros discos, accesibles y previsibles. Los segundos fueron el primer concierto multitudinario y los primeros solamente gozaron de la presencia de unos cientos.

Como en el caso de León Benavente con su disco de debut, Triángulo de Amor Bizarro han exprimido “Victoria Mística” lo indecible y más, algo que sería un fastidio si su música y su directo, como en el caso de los anteriormente nombrados, no fuera de lo mejorcito del indie nacional. Sobre el escenario son una apisonadora. Fusionan el ruido y las melodías adrenalínicas de manera soberbia y sus actuaciones son una concatenación de hits que pocos consiguen tener en tan solo cuatro discos. Sin lugar a dudas lo mejor de la jornada.

Tras los gallegos, en el escenario grande comenzaba la primera actuación internacional de la jornada, Everything Everything. La banda de Manchester es, dentro de las bandas indies de nueva hornada, un soplo de buen gusto. Su concierto se sustentó en un buen puñado de temas adictivos que giran en torno a las percusiones y la voz en falsete de Jonathan Higgs. También tiene buena parte de culpa la encomiable actitud del cuarteto disfrazado de coro de góspel futurista. Pero a pesar de ser una banda indie-accesible-internacional que actuaba en el escenario principal, donde posiblemente quepan hasta 20.000 almas, fueron después Second, en un escenario secundario, los que congregaron a una multitud de fervientes espectadores. Los murcianos finalizaron la gira “La montaña rusa” en La Riviera el 25 de abril por todo lo alto, pero claro, los festis son otra cosa, no son gira. Mi opinión es distinta, como cuando Faemino le preguntaba, en uno de los sketches clásicos de “El Orgullo del Tercer Mundo”, a Javier Cansado: “Doctor, ¿el cordero es carne?”, y este le contestaba: “Claro hijo mío, el cordero también es carne”. Nadie quiere perderse la oportunidad de tocar en un festival y para eso vale cualquier fórmula, aunque la gira haya terminado o el disco esté más sobado que “Pavo Real” de El Puma. Dicen que al Cid no le ataron a un caballo después de muerto para ganar una batalla, lo hicieron para actuar en un festival.

El plato fuerte de la jornada, al menos para el target del público asistente, eran Supersubmarina, la banda omnipresente en los carteles de todos los festivales, hasta que Vetusta Morla han dicho: “Aquí estoy yo”. Estas bandas arrasan, posiblemente porque han encontrado la centralidad, eso que buscan todos los partidos políticos pero ninguno consigue, o el pantalón que pega con todo, o el pellizco que no molesta, llámenlo como quieran, pero lo han conseguido, es evidente. Compren un pollo, quítenle las plumas, trocéenlo hasta que no parezca un pollo, lávenlo hasta que no sepa a pollo y rebócenlo con harina poco sabrosa. Con eso conseguirán un pollo que todos los niños se comerán sin hacerle demasiados ascos. No sé si se han dado cuenta, pero no estaba hablando realmente de pollo. Pero como ya dijo Jose El Chino en el SOS 4.8: “a muchos no les gustamos y seguiremos sin gustarles, pero ante la duda lo mejor es bailar”. Llenazo, coros y danzas. Triunfo para los de Baeza.

Tras Supersubmarina les tocaba lidiar con la gente “ya sobradamente satisfecha con su concierto del día” a unos The Wave Pictures que sacan discos a una velocidad, quizá, excesiva y que nos visitan, posiblemente, también en exceso. Son interesantes, inquietos, no se limitan a los estándares más comerciales, pero si concentraran su esfuerzo serían una bandaza. Tienen cosas de los Modern Lovers, de Talking Heads, del pop de Nick Lowe, no le tienen miedo a los ritmos étnicos y mil cosas más pero…

El fin de fiesta corrió a cargo de The Sounds, unos suecos que hace unos años lanzaron unos cuantos hits de pista de baile jugando con un mucho de new wave y un poco de post punk. Esa es su fórmula, lo malo es que esa fórmula no es la de la penicilina y que tuvo su gracia hasta “Dying to say this to you” de 2006. Al menos nos quedaba disfrutar en directo de los felinos movimientos de Maja Iversson, pero ayer ni eso, quizá un francotirador apostado en lo más alto de la cúpula del Ágora la amenzaba por el pinganillo con volarle la cabeza si bailaba o sonreía.

SÁBADO

La segunda jornada del Festival de les Arts comenzó con la misma broma pesada del día anterior, un concierto a las tres de la tarde. Los primeros en inmolarse a ritmo de rock sinfónico fueron los valencianos Lyann, que actuaron ante más camareros que público. Algo más de apoyo tuvo Joan Miquel Oliver, que estoicamente dio un recital de gusto exquisito y factura impecable, solamente deslucido por la molesta intromisión de las pruebas de sonido ajenas (tuvo incluso que parar su set por el ruido). El mallorquín exAntonia Font crea, a partir de localismos, un universo de riqueza incuestionable y credibilidad increbrantable, lo contrario que Carlos Sadness, que actuó un ratito más tarde en el mismo escenario. Porque aunque este chico de pelo de concurso cumple al dedillo con el decálogo de “diez pasos para sonar fresquito y estar de moda” es igual de creíble que el abrazo que Bob Sugar (el manager rival de Jerry Maguire) le da a su estrella de football, o sea nada.

Entre estas dos actuaciones y con más calor que una vaca en brazos (todos asumimos que una vaca pesa, pero estoy seguro de que ese abrazo animal también nos proporcionaría un calor infernal) pudimos ver a Delacruz (la banda, no el feo exbaloncestista), nuevo proyecto de Miguel Rivera y César Cruz de Maga, que, entre un par de canciones nuevas, una versión de “Close to me” de The Cure y los grandes éxitos de Maga, construyeron un set list resultón.

El festival gastó muy pronto la bala de Izal, uno de los reclamos del día junto a Lori Meyers, pero con la certeza de que la diana estaba asegurada. Al igual que Supersubmarina el día anterior, el triunfo de público fue incontestable. Este grupo ha asumido en muy poco tiempo las hechuras de banda de grandes recintos e incomprensiblemente sus canciones sientan cátedra (seguro que si perdieran una sandalia alguien la veneraría, como en La Vida de Brian), pero al ver las caras de satisfacción de la gente al salir de su concierto solo queda que felicitarles. Mientras tanto, en uno de los escenarios pequeños, actuaban Nueva Vulcano. Los catalanes están de vuelta con un disco estupendo y la energía renovada, no repitieron el éxito de público de la semana anterior en el Primavera Sound, pero es que claro, este festival es más de Izal y Supersubmarina que de Mikal Cronin y The Replacements. Vibrantes, simpáticos y divertidos, acabaron su actuación con una adecuadísima “Ley de Costas” (“Gracias por el edificio, nos hacía mucha falta…”)

Después del aire fresco de Nueva Vulcano, fue un poco extraño ver a  Delorean con un concierto bastante “como que de costumbre”. Bueno, extraño para mí, en general la gente no creo que se pare a hacer estas comparaciones; el público de Delorean no venía a ver a Nueva Vulcano, el de Carlos Sadness no venía a ver a Toundra y el de Izal y Supersubmarina veían a verlo a ellos y punto. A la hora del futbol (se televisó la final de la Champions en una pantalla en la zona de esparcimiento), se solaparon la malagueña Anni B. Sweet, que presentó su energético nuevo disco, y los rocosos Band of Skulls. La primera luminosa y los segundos oscuros (creo que hasta dieron vacaciones al técnico de luces), cumplieron con su extraño papel secundario (un also starring bastante secundario si además de a los grupos de moda le sumamos el partido de futbol más importante del año).

Si alguien se merece un año de continuo homenaje, es La Habitación Roja, que pueden gustar más o menos, pero llevan 20 años siendo fieles a sus citas discográficas, haciendo buenos discos y ofreciendo actuaciones de fiabilidad indiscutible. Van sobrados de hits y de actitud y eso en un concierto de festival se agradece mucho.

Este es un caso opuesto al de Lori Meyers. Mientras que los valencianos están de celebración puntual, pero su renovación discográfica es constante, los granadinos están exprimiendo la cascara de la naranja. No tengo nada en contra de que una banda rentabilice un amplio repertorio de singles sí los eventos y el público lo reclaman, pero ¿para cuándo algo nuevo Lori Meyers? Es muy divertido tomarse unas cervezas y echarse unos bailes con estas canciones, incluso creo que “Alta Fidelidad” o “Luces de Neón” están instaladas en el olimpo del indie pop nacional, pero una banda no tan veterana debería variar su repertorio más a menudo, y no solo con una canción sobre el telescopio Hubble.

Mientras, en uno de los escenarios pequeños, Mourn se lo pasaban en grande. Como comentaba mi compañero Jordi Garrigós en su crónica del pasado Primavera Sound, estas chiquillas hacen lo mismo que estábamos cansados de escuchar en los 90, pero lo hacen bien y de forma creible. Que canciones como “Marshall”, “Otitis”, “Your brain is made of candy” o “Squirrel” estén en el mismo disco ya es mucho para los tiempos que corren. Bravo.

Con la sonrisa en la cara puesta al contemplar la inocencia rockera de las jovencísimas catalanas y el estómago lleno por la cena gourmet (variedad musical había poca, pero de variedad gastronómica el festival iba sobrado) desee ser un Fremen y tener un destiltraje (prometo que es mi última referencia literaria o cinéfila), porque las colas de los pocos baños eran exasperantes. Era el momento idóneo antes de encarar la recta final del festival con Is Tropical, que este año actúan varios de nuestros festivales y que son tan premeditadamente dasaliñados estética como musicalmente. Tan poco desafiantes como un cuchillo de plástico. Algo más adictivos fueron The Wombats, eneava banda inglesa para público joven con canciones de consumo masivo, rápido y prescindible. Aunque si pusiéramos a ambas bandas en la misma rueda de reconocimiento acertaríamos señalando como culpables a cualquiera de las dos. Mientras tanto Toundra atronaban con su rock mayúsculo para solamente unos cuantos raritos.

Bueno, pues Valencia ya tiene un gran festival urbano, parecido al resto pero lo tiene. Hubo mucha gente en SupersubmarinaIzal y Lori Meyers, pero muchos de los asistentes a esos conciertos no se acercaron a los otros dos escenarios, o lo hicieron como el que ojea sin querer “Breve historia del tiempo” de Stephen Hawking (menos mal, no hubieran cabido ni la cuarta parte). Siendo sincero y positivo, esperamos que se pulan algunos aspectos organizativos pero que la cita se consolide. Es mucho más sano ir a un festival que estar por ahí delinquiendo.

Foto de portada: Luis Crown /Festival de les Arts

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2 comentarios
  1. Sasha says:

    Arriba con todas las referencias literarias! No soy la única!
    Coincido totalmente con la valoración de Supersubmarina, Izal y Lori, he dicho cosas muy parecidas. Band of Skulls fue mi actuación favorita, pero claro… Fútbol.

    Me encanta el tono de la crónica. Usted, señor, es un gran escritor.

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