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ASÍ TE CONTAMOS EL FESTIVAL SINSAL 2016

Texto: Sonia García López

VIERNES

Hay que ser un inconsciente, un soñador o ambas cosas a la vez, para plantear un festival en medio de la nada, en horario diurno y con un cartel desconocido. ¡Bendita locura! El Festival Sinsal 2016 es el triunfo de la valentía. En una época de macro festivales y mega grupos, llega uno de los eventos musicales del año.

Obligados a navegar, como ya lo hicera el Nautilus de Julio Verne, cruzamos la ría de Vigo a bordo de un barco de bateas. Espacio multiusos, en otros tiempos monasterio, orfanato o cárcel, la Isla de San Simón es hoy el más perfecto de los escenarios imaginables.

La isla abre sus puertos, para acoger a público y artistas. Huele a eucalipto, salitre y mar. Una brisa suave nos acaricia y se filtran los primeros sonidos. Pega Monstro es un dúo. María y Julia Reis son hermanas y vienen desde Portugal para compartir su último trabajo: “Alfarroba”. Power pop y dream punk. En medio de una arboleda que se prolonga a lo largo de una senda, se integra el escenario Buxos. Naturaleza y música fundidas en un todo. Guitarra, percusión y la personalísima voz de María. Improvisamos nuestra propia butaca entre los muros de piedra que rodea la isla y simplemente disfrutamos.

Pega Monstro / Foto: José Luís Álvarez

En un respeto absoluto por el entorno, el festival protege con exquisito mimo el espacio de la isla. Apenas plásticos, decibelios controlados y un aforo restringido a 800 personas con el ánimo de crear un modelo de festival sostenible.

Cruzamos a través de un paseo sobre el mar hacia el islote contiguo para disfrutar de uno de los grandes de la música de los 70. Marc Jonson  llega para  recordarnos porque “Years” fue y es un gran disco. Cantautor de culto norteamericano, con más de sesenta años disfruta como un niño. Con su guitarra, navegamos a través de sonidos pop-folk, la psicodelia y el country. Marc se muestra sorprendido por la belleza del marco que le rodea y por el respeto y la sonrisa permanente del público.

Marc Johnson / Foto: José Luís Álvarez

Tras un par de bises nos acercamos a la zona gourmet. Aquí no hay estrellas Michelin, ni emplatados sofisticados. Ni falta que hace. Pizza con zamburiñas y algas, servida en un cartón reciclado o hamburguesas veganas de cultivos ecológicos, son las más que deliciosas propuestas gastronómicas.

Suena música electrónica y en el escenario San Antón aparece El Guincho. Desde Canarias y con su nuevo disco “Hiperasia” bajo el brazo llega para quedarse. Productor y artista, en búsqueda incansable de nuevos sonidos, fusiona el tropicalismo con la electrónica, envolviendo el conjunto con sus letras siempre contundentes.

El publico baila sus temas. Desde niños con maxi auriculares y mini cuerpos,  pasando por adolescentes tatuadas y looks maravillosos, hasta maduritos melómanos que se  apuntan a cuanto festival hay en la zona.

El Guincho / Foto: José Luís Álvarez

Son las 20:20 y suenan un par de riffs contundentes y una batería explosiva. Su majestad Sir Richard Bishop lidera Rangda. Le acompañan Chris Corsano a la batería y Ben Chasny a la guitarra. Sonoridades post rock, mat rock y un gesto imperturbable mientras el público enloquece con el desarrollo de sus melodías. Virtuosos, contundentes, minuciosos, sus guitarras dibujan paisajes magnéticos que atrapan sin escapatoria. Psicodelia fusionada con sonoridades orientales y un auditorio completamente entregado que les secuestra dos temas más.

Rangda / Foto: José Luís Álvarez

El último concierto del viernes le pertenece a una joven banda francesa llamada We Are Match. Es su primera vez en España. Electrónica y pop, sin duda una mezcla ganadora. Y ellos lo saben. Su último trabajo “Shores” está lleno de brillantez y referencias anglosajonas. Afortunadamente aquí no hay estadística que valga. Nada es predecible. Nadie puede  decidir por nosotros. Simplemente la buena música gana.

We Are Match / Foto: José Luís Álvarez

Mientras, la organización a la que damos un más que merecido sobresaliente, regala entre el público sandia y melón para refrescar los paladares, llegan las diez de la noche y tenemos que abandonar la isla. Naturaleza, respeto, convivencia, vanguardia y horizontalidad forman parte del espíritu de este festival. Pocos ejemplos se me ocurren  más enriquecedores. Con la sensación de que pocas veces hemos vivido una experiencia tan mágica, subimos al barco que nos dejara de nuevo en el continente y en la cotidiana realidad

Por suerte aún podemos soñar y  también nos queda mañana…

Festival SinSal / Foto: José Luís Álvarez



SÁBADO

En Cesantes las luces adornan el camino. Son fiestas. Nosotros camino de la isla nos preguntamos cuál será el cartel de hoy. Sorpresa siempre. Apenas  unos minutos para desvelar el misterio y de nuevo el sol regalándonos sin pedir nada a cambio un día espectacular. Volvemos al Festival SinSal.

En sesión vermut suenan Extraperlo. Llegados desde Barcelona, Alba, Aleix  Borja, Cacho y Pau hacen soft rock de los setenta, con bases electrónicas y estribillos repetitivos como mantras. Arreglos estimulantes, sonoridades sensuales y un nuevo trabajo, Chill Aquí, que disfrutamos saboreando un delicioso zumo natural.

Extraperlo / Foto: José Luís Álvarez

Los barcos van acercando el público a la isla. Sombreros de paja, vestidos playeros y bermudas tropicales llenan de color los caminos de San Simón. Ganadora del Mercury Prize 2015, sube al escenario Eska. Con una voz que en segundos nos atrapa y vestida de riguroso negro se mueve como una pantera. Descalza, con incontenible fuerza y una mirada de intensidad insultante, todos los registros vocales se rinden ante ella. En esa difícil conjunción entre elegancia y exuberancia, la artista británica se siente libre para hacer lo que quiere. Merecidísimo aplauso.

Como el engranaje de la maquinaria de un reloj, todo en SinSal se coordina de un modo natural y preciso. Impecable la organización, este no es un festival de formato pequeño. Es un festival grande, muy muy grande, cuyo único propósito es hacernos disfrutar de la buena música en un entorno tremendamente especial.

Eska / Foto: José Luís Álvarez

Hamburguesa ecológica para calmar nuestros rugidos estomacales y un grupo que no nos permitirá que descansemos. Desde Santiago de Compostela, Malandrómeda nos trae su rap en gallego. Retranca, acidez y puntito/ puntazo de mala leche en sus letras,  bajo el ritmo del hip hop. Humor, electrónica y un  público que salta y baila sus divertidos temas. Una propuesta que nos encanta y que demuestra que vanguardia y costumbrismo pueden ir  de la mano en esto de la música.

En el escenario San Antón toca un jovencísimo Ryley Walker. Pantalones cortos deshilachados, visera y camiseta; podría ser un alumno de instituto tocando su guitarra. Pero suena su voz y la magia se produce. Madurez, clase y una música desnuda y transparente que nos deja conocer sus rincones más íntimos. Primrose Green, es su disco más reciente donde son visibles las influencias del jazz, el folk y la psicodelia. Un artista clave en la escena indie actual con todo el camino aún por recorrer.

Ryley Walker / Foto: José Luís Álvarez

Tumbados en la hierba, esperamos el concierto de Sons of Kemet, el personalísimo proyecto de Shabaka Hutchings. Percusiones y metales para fusionar jazz y tribalismo africano. Una propuesta arriesgada con sonidos frenéticos y osados. Dos baterías, un saxofón y una tuba para hacernos bailar sin  tregua sus ritmos tropicales.

Sons of Kemet / Foto: José Luís Álvarez

Una procesión de barcos por el mar tocan sus bocinas mientras Juana Molina interpreta los temas de su último disco Wed 21. En tierra de marineros el respeto al mar es ley. La Virgen del Carmen bendice las aguas  y en el escenario Juana presenta su personal proyecto. Experimental y creadora de un sonido propio, utiliza recursos electrónicos y su inconfundible voz para crear un folk futurista. Es una de las artistas del momento en Argentina  y sin duda una de las propuestas más innovadoras del festival.

Juana Molina / Foto: José Luís Álvarez

Al atardecer las ganas de  baile aumentan y llega un verdadero showman de la música electrónica. Dan Deacon con camisa de rayas, pantalones cortos y calcetines amarillos convierte el escenario del SinSal en una autentica rave. Juegos, humor, coreografías improvisadas, mucha diversión y sobre todo un genio de la electrónica que viene a convertir su directo en una fiesta total. Al terminar uno tiene la sensación de que repetiría una y otra vez hasta caer en el agotamiento.

Dan Deacon / Foto: José Luís Álvarez

La isla al anochecer va lentamente vaciándose. Los barcos vuelven para llevar al público a su puerto de origen. En sesión Dj el chileno Matías Aguayo, construye y de-construye sonidos, en uno de los proyectos más atractivos del minimal pop ambiental. Su personalidad magnética atrapa y el público se une al artista en un único baile. Percusión, improvisación y una sesión de casi dos horas para poner sonidos al cierre del día de hoy.

Matías Aguyao / Foto: José Luís Álvarez

SinSal  tiene la fórmula mágica del festival perfecto. No queremos conocerla, es más esperamos que la guarden celosamente bajo llave. Lo único que sabemos es que es un festival que merece ser escrito en letra capital y negrilla. Bravo.

Con la melancolía de que lo bueno siempre parece durar muy poco queremos despedirnos hasta la siguiente edición con la frase que una chica del público llevaba escrita en su bolsa: La música es la respuesta a aquello que no la tiene.

Gracias  y hasta pronto

 

 

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