DOMINGO PORTADA FIB

ASÍ TE CONTAMOS EL FIB 2016

JUEVES

Por una serie de vicisitudes que no vienen al caso, cuando entré en el recinto festivalero John Grvy ya estaba a punto de terminar su corto set – media hora – en el Escenario Las Palmas, aun así nos dio tiempo para constatar que este chico parece haber embrutecido y personalizado el neosoul y r&b que le trajo a Benicàssim hace un par de ediciones. Bien por John Grvy.

Miramos el horario y los siguientes en tocar eran Perlita en el Escenario J&B South Beach. ¡Hostia! ¡Vaya cambio de nombres más radical tienen los escenarios de este año! Tras un par de minutos de desconcierto –soy un tipo al que le gustan menos los cambios que a Rain Man – me di cuenta de que ese escenario con nombre de carpa era el segundo escenario de siempre y que el FIB Club era ahora una carpa comisionada por Radio 3 en la zona de césped detrás de los puestos de comida. También fue un poco desconcertante que el escenario que suele estar cerrado los jueves –los jueves hay un poco menos de FIB- suele ser este al que me dirigía, el más alejado, y el de la entrada – el odioso bus de bebida energizante, pero que este año parece ser un escenario hecho y derecho- es el que estaba apagado. ¿Lo tienen claro? ¿No? Pues vuelvan a leerlo y dibújenlo en un papel.

Bueno, volvamos a la música: a Perlita les descubrimos en el anterior Monkey Week y desde entonces han pasado de ser unos auténticos desconocidos a colarse en un puñado de carteles importantes, y es que dan bastante juego. Diversión funk, sintetizadores 80’s de un kitsch totalmente provocado, psicodelia sintética y galáctica, un Pedro Perles eufórico en plan showman y vocoder, mucho vocoder. Perfectísimos para el cumpleaños de uno de los productores ejecutivos de Corrupción en Miami (no para un episodio, que ahí se ponían de lo más melancólico y coñazo).

El Guincho / Foto: Pau Bellido

Tras Perlita, en el escenario principal le tocaba el turno a El Guincho. Tenía ganas de ver en directo al canario con su tercer disco –“HiperAsia”-, un disco que me parece el más arriesgado de su carrera y en el que conjuga tantos elementos que es difícil de definir; por un lado está esa personal forma de entender y avanzar el pop que le caracteriza sumando todos los elementos multiculturales posibles –todo lo que está en la calle-, pero por otro también lo deconstruye y te lo lanza entrecortado de una forma que a veces te desorienta. El sonido ahora es igual de adictivo, pero menos vitalista y mucho más introspectivo, quizá más adecuado para otro lugar y a otra hora. A pesar de la trabajada –y en ocasiones racargada- producción, la puesta en escena fue austera, demasiado austera, lo que le restó poder empático y diluyó totalmente el atractivo. Actuó con banda – miembros de Extraperlo – pero a mí me dejó muy frío, y eso que iba con ganas.

Nuestra primera incursión en la Carpa FIBCLUB Radio 3 fue para ver a Teleman, uno de nuestros conciertos recomendados de esta edición del FIB. Los londinenses tienen un estilazo brutal, dominan el pop como solo en las islas pueden hacerlo y son capaces de rugir, de virar al kraut o de crear una melodía brillante como si fueran los mismos Belle & Sebastian. El concierto fue la típica sucesión de buenas canciones que te van acorralando hasta rematarte con temas destinados a ser himnos como “Düsseldorf” o “Glory Hallelujah”. Fue una lástima que no terminaran con alguna de ellas, porque la celebrada y bailada “Not in control” me parece de largo peor canción y por lo tanto peor broche.

Después de la delicadeza de estos jovenzuelos llegaron Soulwax en plan apisonadora. Algunos amigos me comentaron que lo ideal hubiera sido que hubieran programado a los hermanos Dawaele en su faceta de Djs, pero yo pensaba: “¿¿¿otra vez???”. Quizá el rock electrónico, el big beat y el house de trazo grueso de los belgas es demasiado monótono y pesado, pero nos hicieron los 90 muy agradables y solamente por eso hay que respetarles.

Skepta / Foto: Pau Bellido

Mucho más pesado me pareció el grime de Skepta, pero al menos su actuación fue breve. Este rapero inglés apareció enfadado con el mundo y seguramente se fue a su casa más enfadado todavía. Se quejó de los móviles, de la sociedad y del universo, pero no resolvió nada de ello, ni su concierto. Como terapia, bien, vale, acepto.

No me parecía que hubiera demasiada gente, pero luego caí en la cuenta de que era jueves, por lo tanto “estaba petado”. Hacía años que no se veía tanto color un jueves y parecía que el esfuerzo de programar a un cabeza de cartel de tirón como Major Lazer había dado sus frutos. Vamos a ver, no me entiendan mal, para mi Major Lazer es un bluf del tamaño del ego de Vladimir Putin, pero la gente lo goza. No tuvieron más que ponerse a vender motos que parecía que todo el mundo estaba con la billetera en la mano para comprar una. Diplo descargando sus hits enlatados, sus chicos en formato MC dándole cuerpo –una pena que faltaran sobre el escenario muchas de las grandes colaboraciones a la voz-, confetis, arengas y todo sin parar en modo ráfaga. Algo extenuante que solo se sustenta de esta forma, no le busquen más que no lo tiene. Hemos venido a bailar y lo hemos hecho ¿no?

Major Lazer / Foto: Pau Bellido

Todavía nos dio tiempo a llegar al final del concierto de Anni B Sweet y su suavidad y languidez casi nos mata. Propondría que alguien pusiera una cámara hiperbárica entre un concierto como el de Major Lazer y otro como el de Anni B Sweet, no puede ser saludable un salto tan radical. Tras la aclimatación todo bien, pero la impresión fue muy grande y eso que Anni ha virado hacia campos mucho más abiertos que el folk de sus comienzos y que ha enriquecido sus temas hasta llegar a un pop mucho más accesible.

Tras atemperar nuestros ánimos se nos hizo cuesta arriba volver a la algarabía que se preparaba; por un lado el maestro DJ Amable recetando pildorazos de indie mezclado con todo lo imaginable; por otro Marc Piñol, posiblemente el rey de la electrónica culta nacional; y por último el polifacético francés Mr Oizo, que no se ha bajado del caballo ganador desde “flat beat” y que es reclamado tanto por su música en festivales como este, como por bandas como Metronomy para poner imágenes a sus últimos singles. Lo testeamos todo, vimos que el guion seguía su curso de manera perfecta y nos fuimos al hotel ¡Todavía es jueves!

VIERNES

Hoy tendré que adelantar mi reloj de bolsillo, porque quería llegar pronto para ver a The Zephyr Bones – banda que me gusta mucho – y por poco me pierdo a Cosmen Adelaida – banda que me encanta -. Menos mal que llegué justo para ver cómo estos madrileños – con el aderezo del catalán Alex Marull –  domaban el ruido y me lo tiraban a los pies totalmente domesticado como unos auténticos maestros. Tienen grandes canciones, pero terminar los conciertos con el bombazo de “Becerro de oro”  debería estar prohibido, es como retar a Usain Bolt a una carrera y darle diez metros de ventaja.

Después de ver a esta buena banda en familia me fui al Escenario Las Palmas para ver un baño de masas, y es que no solo el fenómeno Hinds continúa creciendo, sino que todavía no sabemos dónde llegará. A estas chicas madrileñas ya las hemos visto tres o cuatro veces en esta revista y por tanto la excusa de “la frescura suple a la destreza” ya no nos sirve. Alguien decía a mi lado: “ya saben tocar bien, pero lo que tocan me sigue sin gustar”, bueno, tampoco es exactamente mi caso, su garage pop es entretenido, es muy casual y esas cosas, pero también es cierto de que su vacuidad es absoluta.

Hinds / Foto: Pau Bellido

Antes de que Hinds terminaran su set, nosotros ya estábamos apostados ante el Escenario Usura… perdón, Escenario Visa, para ver a The Soft Moon, una de las joyas ocultas del cartel de este año. Digo oculta porque en su momento álgido podías llegar a primera fila y volver a la barra sin tocar a nadie, algo inaudito ante la brutalidad que estábamos viendo. El espectáculo de estos californianos fue abrumador, post punk a millones de decibelios, darkwave desgarradora y un sonido totalmente apabullante que solamente quedó deslucido por la obsesión de Luis Vasquez de tocar un cubo de basura metálico a modo de timbal -¿WTF?-.

Tenía muchas ganas de ver a Aries, este proyecto unipersonal de Isabel Fernández me parece reconfortante y atractivo, pero su sonido en el Escenario FIBCLUB fue terrible y después de un par de canciones decidí marcharme, no quería que un problema técnico empañara la imagen que tengo de estas canciones y a bien seguro que habrá oportunidades mejores de disfrutar de ellas.

La siguiente parada en el tren del rock&roll era en el Southampton de Band of Skulls. Vamos a ver, estos chiscos me gustan, tienen singles de una efectividad indudable como “Himalayan” o “I know what I am”, pero hacen un stoner, blues rock, etc. etc. con demasiadas pocas aristas; de manual, de las primeras páginas del manual, de las de resumen. Su concierto fue mucho mejor que el que vi en el DCode de hace un par de temporadas, o en Les Arts de la anterior, pero solamente porque en aquellos había muy poco ambiente y en este el público inglés le dio bastante color.

Cuando salía del “Escenario te dejo dinero si me devuelves un poco más” una horda de ingleses casi me atropella y es que The Vaccines estaban a punto de empezar en el escenario principal. El FIB es un festival eminentemente británico y los movimientos migratorios hacia bandas de las islas son fácilmente predecibles –corriente camping/escenario principal sería como lo llamaría un oceanógrafo-. Desde que The Vaccines tocaran en la primera edición del DCode con un disco de inmediatez absoluta y dejes a unos Beach Boys pasados de speed ha pasado mucho y sobre todo muchas visitas a nuestros festivales. La verdad es que son carne de FIB -¿Cuántas veces han venido?- porque son capaces de empalmar singles durante una hora incluso dejando fuera buenas canciones. La efectividad del espectáculo solo depende de cómo encaren el repertorio, y esta vez tiraron por la calle de en medio, la de la contundencia, la de la fiesta asegurada.

The Vaccines / Foto: Pau Bellido

Otros que chutaron por en medio con potencia fueron Juventud Juché. Adolecieron del mismo sonido engolado de Aries, pero estos chicos pueden prescindir de sutilezas porque son más de derribar puertas a patadas que de tener la paciencia de encajar la llave. “Movimientos” debería ser la consagración de esta banda, están maduros y sobrepasan de largo a esas bandas de “nuevo garage” entre las que los ubican y con las que no tienen nada que ver.

En esta segunda noche del FIB 2016 las guitarras estaban a punto de abandonarnos para dejarnos en manos de un Jamie XX imperial; desde la sutileza del house aderezado de r&b hasta la contundencia drum&bass o el dubstep Jamie parecía que tenía las mangas llenas de ases. Bailar, bailar y bailar, el mundo se podía acabar que nos iba a pillar bailando. Echamos de menos a The XX, pero tampoco queremos perdernos esto. Calientes, calentísimos, nos pasamos por la carpa comisionada por Radio 3 para ver a Hidrogenesse, porque la banda más irreverente y original de nuestro país en muchos años merecía robarle algo de tiempo al británico. No vimos nada que no supiéramos, un espectáculo maravillosamente personal, de letras excéntricamente acertadas, y una carpa llena de gente coreando canciones mucho menos kitsch de lo que parecen.

Jamie XX / Foto: Adrian Morote

La jornada ya había sido realmente satisfactoria, pero nos quedaba un gran postre, nos quedaban The Chemical Brothers. Si hay alguien que enlace entre lo que han significado las más de dos décadas de FIB y lo que nos queda por delante son Rowlands y Simons. Nos han hecho bailar con hits tremendos – cayeron todos- pero siguen sacando discos donde suman perlas a un set list de escándalo. Si has conseguido que sus ritmos nada sutiles y sus melodías incandescentes no te atrapen, no mires las proyecciones de humanoides bailando tras ellos, porque entonces estás perdido.

Ni taxi ni hostias, media hora caminando hasta el hotel, había que transformar en energía cinética el espectáculo que nos acabábamos de zampar.

SÁBADO

Un “este muerto está muy vivo” o un mucho más español “no estaba muerto, estaba de parranda”, servirían perfectamente para ilustrar el FIB de este año, puede que el año del renacimiento. Precisamente ayer sábado se produjo una circunstancia que hacía mucho que no se veía en Benicássim y que en otra época era algo clásico: un lleno hasta la bandera. Nos comentaron que mucho antes de la hora de apertura había chavales con camisetas de Muse en las puertas del recinto haciendo cola para correr a conquistar las primeras filas del Escenario Las Palmas, nosotros les vimos nada más llegar para ver a Cápsula. Nuestra jornada musical comenzó en el escenario principal con los argentinos – pero vascos de adopción –  readaptando el “Ziggy Stardust” de Bowie. Readaptando que no imitando, porque si hay algo importante e imprescindible en este tipo de cosas, es que el músico se lleve el clásico a su terreno, porque no hay nada menos atractivo que una banda tributo y nada más excitante que las versiones con personalidad. Cápsula se llevaron a su rocoso terreno algunas de las mejores canciones que se han escrito nunca, e hicieron que el recuerdo del mito desaparecido fuera un cúmulo de sensaciones encontradas: lloramos con “Five Years” o “Starman”, y no pudimos dejar de bailar con “Sufragette City” o  “Rebel Rebel” en el extra bonus. Solamente por darle una lección de rock&roll a los chavales que esperaban a otra cosa y conseguir levantarles con esa tremenda garra, habría que darles un premio a un desatado y maravilloso Martín y por extensión a Cápsula. Hicieron bailar y corear a varios miles de personas que circunstancialmente ya estaban allí y no era para verles a ellos. ¡Bravo!

Cápsula / Foto: Pau Bellido

Tras recordar a “Ziggy” decidimos sacrificar a La Femme –aunque nos dijeron que fue un concierto tremendo- para ver la segunda parte del concierto de Ramírez Exposure en la carpa de Radio 3. El crecimiento de Víctor Ramírez y su banda es evidente y ya esperamos con curiosidad la continuidad del magnífico artefacto que es “Book of Youth”, un compendio de pop personal, delicado y algo naif, con grandes melodías que te atrapan con una facilidad pasmosa. Con una versión de Marc Johnson se despidió deseándonos un buen FIB, una buena tarde y una buena vida.

Tras comprobar que el melodramatismo pop de Walking Cars era totalmente insoportable, decidimos volver a la carpa para ver a Baywaves, y es que el producto nacional abunda en el cartel de esta edición del FIB. Su lisergia pop te traslada a los dos primeros discos de Tame Impala, aunque quizá con algo más de suavidad y ternura. Estos jóvenes tienen buen gusto para la psicodelia ligera y dulcificada y por lo tanto su escucha es agradable y reconfortante.

De camino a The Coral escuchamos que Zahara estaba haciendo una versión de “Te debo un baile” de Nueva Vulcano, pero las prisas por ir a ver uno de los conciertos importantes de la jornada nos hicieron obviar a la joven de Úbeda. Nada más empezar The Coral vimos que la cosa iba en serio, ya era hora de que alguien rodara el botón del volumen al 11 porque a muchos conciertos parecía que les faltaba ese punch necesario. Estos tipos suenan a clásicos, tienen tantos ingredientes que apabullan; tan pronto te pueden trasladar a los sonidos que dieron nacimiento al brit pop, como al rock más ácido de los 70. Los desarrollos instrumentales resultaban abrumadores y las canciones de su reciente “Distance In Between” se sumaron a la perfección a un repertorio lleno de temas imperecederos. Dieron un señor concierto.

The Coral / Foto: Pau Bellido

Aunque el concierto de The Coral nos pareció magnífico, hicimos una escapada para ver a Lois –las distancias en el FIB no lo son tanto-, porque teníamos muchas ganas de ver la evolución del proyecto de Lois Brea. La verdad es que la palabra perfecta es esa: evolución, porque ya se puede observar cómo van cuajando unas canciones valientes que, llámenme loco, me hacen pensar en David Byrne. New wave y “post muchas cosas recicladas” le sirven a Lois para dar rienda suelta a su creatividad y experimentación, solo por ello merece todo lo bueno que le venga.

El siguiente alto en el recorrido fue para ver a Echo & The Bunnymen, auténticos magos y referentes de los 80. Lejos de sonar puramente nostálgicos, tiraron de una contundencia digna de agradecer. Aunque tienen clásicos para dar tres conciertos, su reciente “Meteorites” (2014) – incluso “Fountain” (2009) – no desmerecen ese legado y por tanto sus conciertos no resultan en absoluto anacrónicos. Con un sonido potentísimo y con un Ian McCulloch con la voz íntegra – algo admirable tras comprobar que continua con la costumbre de trago y calada – , nos llevaron por un viaje oscuro pero evocador hasta estremecernos con “Killing Moon” y mandarnos a otra parte con “Lips like sugar”. A otra parte fue el final del concierto de The Shivas, y es que estos chicos de Portland tienen un enorme encanto. Enmarcados en ese garage pop sixtie tan de moda en la actualidad, con reminiscencias surferas y oceánicas –aunque Portland es más de secano que Toledo-, aciertan en las melodías y suenan menos lo fi que muchos compañeros de generación – el lo fi está bien, pero a veces se agradece alguna melodía cristalina – y se ganaron constar dentro del saco de los descubrimientos de esta edición.

Antes de acabar The Shivas ya parecía que el mundo se fuera a acabar, que las rebajar fueran a comenzar, que regalaran Iphones 6, o que Jesucristo estuviera transformando el agua en cerveza, y es que estaba a punto de comenzar Muse y la gente corría a ver el que para muchos era el único concierto del día. Perdonen el inciso, ¿saben ustedes que odio a Muse?. Bueno, la verdad es que ayer me mediqué bastante ante un posible fallo multiórganico producido por mi alergia al rock grandilocuente y ególatra, pero ese antídoto autorecetado dejó de hacer efecto a las pocas canciones y por mi salud tuve que marcharme. ¿Qué vi? Pues un señor que quiere ser al mismo tiempo Fredy Mercury y Monserrat Caballé, eso sin olvidar que quiere que su guitarra suene más alta que ninguna en el mundo, que seguramente después de fregar estruja los estropajos mientras hace una pose rockera y que si pudiera haría esculpir su rostro en el Monte Rushmore: señores, este es Matt Bellamy y el tipo gordo que le acompaña es su ego.

Muse / Foto: Pau Bellido

Me sentía sucio y la mejor manera de devolverme al camino del estilo y el buen gusto fue con The Kills. Les vi hace unas semanas en el Mad Cool y me encantaron, pero en este FIB me acabaron de enamorar. Mosshart y Hince, Hince y Mosshart, cada uno en su papel son arrebatadoramente sexys, y si a eso unimos la cadencia de unas canciones oscurecidas pero no ennegrecidas, tenemos ante nosotros un espectáculo cojonudo. No acabamos su set porque repitieron casi al dedillo su concierto de Madrid y porque Soledad Vélez y sus nuevas canciones merecían la escapada. La chilena no dejó que el sonido infernal de Muse se colara en su carpa y nos hizo volar con sus nuevas y sintéticas canciones. Es increíble como una trasformación tan profunda pueda mantener intacta la personalidad del artista, se le ve suelta y cómoda y eso se trasmite.

Antes de acabar la noche bailando el house de Disclusure como si el mundo fuera a acabarse, pasamos a ver a Bloc Party y comprobar que la banda de Kele Okereke se está diluyendo como lágrimas en la lluvia. Su punch lleva tiempo perdido, y aunque “Hymns” es menos sonrojante que los anteriores trabajos no queda nada de aquel vigoroso grupo de sus dos primeros trabajos.

DOMINGO

Tras tres jornadas extenuantes no había más remedio que recoger nuestra dignidad maltrecha y encarar la última del domingo con estoicismo, porque el FIB 2016 nos tenía preparado como fin de fiesta un menú variado y suculento.

Si el sábado el recinto del festival había estado a reventar, ayer se preveía un bajón de público monumental, como finalmente corroboramos. Jóvenes ingleses arrastrando el petate con la cara desencajada y quemada por el sol era el estereotipo de humano que nos encontrábamos en sentido contrario cuando nos acercábamos a la entrada desde el parking. Pero nosotros, con más corazón que cerebro, conseguimos llegar pronto para ver a Tijuana Panthers poner en marcha el Escenario VISA. A pesar de que la climatología moderada y suave del fin de semana había decidido abandonarnos por un sol justiciero, los pocos cientos que nos presentamos ante la banda de Long Beach disfrutamos al borde de la lipotimia de una lección de garage sixties y de surf pop de factura impecable y gusto exquisito. En una época en la que el desparpajo y el lo fi enmascaran muchas carencias, da gusto como otras bandas son efectivas sin efectos, solamente con una buena melodía bien llevada; “Redheaded Girl” o “Creature” no necesitan nada más.

Tijuana Panthers / Foto: Adrian Morote

Desde otra parte mucho más sucia del condado de Los Ángeles llegaron Fidlar. Se palpaban muchas ganas por ver a estos tipos que últimamente han despachado algunos de los más refrescantes artefactos de la escena punk californiana; si para Tijuana Panthers éramos unos pocos cientos, para Fidlar ya éramos unos pocos miles. Empezar con una versión íntegra y de factura perfecta del “Sabotage” de los Beastie Boys marcó las intenciones de una banda divertida, adrenalínica y guerrillera. Se encuentran cómodos tanto en el punk pop vitamínico como en el harcore melódico, pueden virar hacia el garage lo fi – “Max Can’t Surf” podría ser perfectamente de los Black Lips”-, o si quieren pueden parecerse a Rage Against the Machine – escuchen “Punks”-, tienen himnos para parar un carro y toda la chavalada allí presente se los sabía de cabo a rabo. Tras una espectacular sesión de mosh pit, en la que varios cientos se pusieron a correr en círculos antes de atacar un divertidísimo pogo, y después de que HELP STAFF 207 sacara de muy malas maneras a dos inofensivos chavales por el foso en uno de los actos más despreciables que he visto en mucho tiempo, Fidlar terminaron uno de los mejores conciertos de este FIB con la mayúscula “Cocaine”.

Fidlar / Foto: Pau Bellido

Tras Fidlar decidimos bajar pulsaciones con Jess Glynne, una artista que arrasa en UK y que tiene un hit como “Rather Me” que se saben todos los británicos presentes en Benicássim. Del rythm&blues al disco más ochentero pudimos reconocer en ella desde a Adele o Beyoncé hasta Whitney Houston. No creemos que pase a la posteridad, pero tampoco tiene la necesidad de crear una corriente filosófica, es pop.

Antes de ver a Mac DeMarco nos acercamos a ver un poco de Catfish & The Bottlemen, el enésimo hype del indie mainstream del Reino Unido. Triunfarán, lo aseguramos, pero su indie pop épico es del montón y no precisamente del montón bueno –además de que la voz de su cantante es irritante-. Recogen todos los ingredientes que funcionaron en bandas anteriores como The Kooks, Two Door Cinema Club, The Vaccines, Palma Violets o Circa Waves, los agitan y te los lanzan a la cara. Si esto es “the next big thing” que paren el coche o me bajo en marcha.

Mac DeMarco y su panda de freaks salieron al escenario muy relajados interpretando los temas más evocadores y tranquilos de su discografía, como “The Way You’d Love Her” o la maravillosa “Salad Days”, temas que el público se sabía al dedillo y que eran solo el preludio de la colección de divertidas excentricidades de Mac y sus amigos. Mientras caían temas ya clásicos de su repertorio como “Cooking Up Something Good”, “Ode to Vicery” o “Let Her Go”, empezó el show de bailes, bromas y de desvestirse –porque lo que llevaba el bajista era un vestido de señora-. También de saltar al público; ese mismo bajista celebró su último día en la banda con un stage diving, lo mismo que hizo DeMarco antes de cerrar el concierto con ”Still Togheter”. El canadiense tiene un carisma fuera de toda duda y dos puñados grandes de buenas canciones, pero aunque el concierto fue de menos a más nos dejó un poco fríos, fue mucho más soso que su último concierto en el Primavera Sound.

Antes de prepararnos para los grandes conciertos del Escenario Las Palmas, pasamos a rendir pleitesía a Chucho en la carpa de Radio 3. Como viene siendo habitual en este nuevo retorno, encara sus sets con la presentación de su nuevo disco y una vez avanzados en materia van soltando píldoras como “Perruzo” o “El Detonador EMX3”. Pero no importa, estas nuevas canciones también serán clásicos algún día. A la media hora exacta de Chucho salimos disparados para ver a Kendrick Lamar y solamente el retraso de casi diez minutos nos permitió llegar para verle salir al escenario. “HOW MUCH A DOLLAR COST?” en una enorme pantalla fija al fondo del escenario fue el único recurso que necesitó el rapero de Compton para vestir su set. Cuando tienes el don de este tío la crudeza de sus letras impacta más si va acompañada con la austeridad sobre el escenario. La banda que le acompañaba al final de las tablas fue dejando fluir sonidos jazzy, funky o góspel para que Lamar relatara con firmeza las vivencias y pensamientos que han hecho de “To Pimp A Butterfly” uno de los mejores discos de hip hop en muchísimos años. Dónde unos necesitan cien productores y mil samplers, Lamar solamente un sinte, una guitarra, un bajo y una batería; dónde otros necesitan diseñar su flow, el solo necesita no dejar de enlazar palabras. Aunque no soltó ninguna arenga social –la verdad es que sus letras ya tienen bastantes- era curioso ver como una audiencia compuesta mayoritariamente por jóvenes blancos ingleses se sabía todas las letras como si fueran auténticos Boyz N The Hood  –con “King Kunta” el karaoke fue impresionante-. En resumen: Kendrick Lamar “King of FIB 2016”.

Kendrick Lamar / Foto: Adrian Morote

Antes de prepararnos para ver a Massive Attack pasamos por el set de Dj Shadow como simple ejercicio de nostalgia, pero después del emocionante espectáculo de Lamar nos pareció que el repertorio de Shadow estaba siendo demasiado lúgubre y denso.

Lo más importante del concierto de Massive Attack era comprobar si su directo no había caído en la autoindulgencia de tanto single reciclado en reclamos publicitario y ni mucho menos fue así. Apoyados en lo que parecía una inmensa sala de máquinas –aunque hubiera una batería y un set clásico, entre las sombras parecía emerger la sala de máquinas de un barco-, fueron densos, contundentes y oscuros. Las cadencias de estos padres del trip hop hacían sudar nitroglicerina y la tensión musical era palpable y apabullante, tan apabullante y efectiva como su clásica sucesión de mensajes intercalados entre noticias locales; pudimos ver desde la de la presencia de Pedro Sánchez y Andrea Levy en el FIB, la mayoría de edad de Froilan, hasta recoger ideas impactantes sobre Turquía, el terrorismo o el Brexit, del que son firmes opositores. Cerraron con “Unfinished Sympathy” con la colaboración de Deborah Miller y a los pocos que habíamos aguantado nos mandaron a casa con las pulsaciones al ritmo de sus suaves sucesiones de bpms.

Massive Attack / Foto: Pau Bellido

La reconciliación del FIB con su público está casi certificada. Esta ha sido sin duda la edición más exitosa en muchos años y parece que han encontrado la clave para que el futuro del festival sea sostenible: cabezas de cartel de mucho tirón como Muse, Kendrik Lamar, Major Lazer o The Chemical Brothers, mucha electrónica, un puñado importante de artistas nacionales para reconciliarse con el público español y algunas píldoras fuera de todas esas líneas para darle consistencia al cartel. El año que viene más.

 

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