Mujeres 940

ASÍ TE CONTAMOS EL FUZZVILLE!!! #2

JUEVES – VIERNES

Buenos días, había pensado decir que mi perro se me había comido la crónica de hoy, pero esa excusa nadie se la creyó nunca cuando iba al colegio así que mi resaca y yo vamos a teclear un rato. Aunque el Fuzzville!!! #2 realmente empezaba viernes, el jueves había una Wellcome Party con tres bandas en la Sala Rockstar de Benidorm. Bueno, tres bandas en una, como el lubricante que todo lo consigue, porque prácticamente eran los mismos integrantes pero en diferente función sobre el escenario. De los tres, Apache eran la banda conocida y estuvieron bastante bien: corrosivos, rockeros, divertidos y con unos estribillos bastante jocosos y acertados; pero fueron Big Tits con una performance loquísima de su cantante, que interpretó todas las canciones entre el público, lo mejor de la noche; porque Slick! realmente fueron poco reseñables, parecían un grupo de colegas de instituto con todos los clichés del rockando roll potente de 70’s y 80’s.

Bueno, la primera jornada del Fuzzville propiamente dicha empezaba en la discoteca KM con Las Señoritas Estrechas estrenando el Rufusville Stage, el que se podría llamar “escenario secundario” y que se alterna con el Fuzzville Stage, el principal. Nosotros llegamos tarde a verles – momento confesión- pero era una especie de justicia poética que una banda de la discográfica Rufus Recordings inaugurara el escenario que homenajeaba a Paco Rufus, auténtico agitador rockandrolero de la zona, ya fuera tocando en bandas, dirigiendo el susodicho sello o regentando la tienda de discos Naranja y Negro, y que falleció de forma inerperada a finales del año pasado. Realmente, cuando nosotros entramos en la discoteca, el otro escenario ya se había puesto en marcha con La Luz, una cuarteto de chicas de Seattle que está bastante de moda porque su último disco ha sido producido por el omnipresente Ty Segall y que acabaron siendo casi lo mejor de la jornada. La psicodelia vintage y el surf rock de bajas pulsaciones tenían pocas posibilidades ante un menú de ritmos acelerados y hombres pasados de vueltas, pero estas chicas conquistaron la primera jornada del Fuzzville a base de poco más – y nada menos – que buenas melodías bien interpretadas.

La Luz

Tras La Luz, la música volvió al interior con Aliment en el segundo escenario – KM tiene forma de discoteca retro al que le han añadido una nave, que es dónde está el escenario principal – y la banda de La Castanya desmigajó su nuevo disco “Silverback”, un artefacto de renovado punk rock visceral y garagero, nada revivalista y fresco; pero no fresco de refrescante, fresco como un cubito de hielo lanzado a mala hostia a tu frente. Este segundo escenario, el Rufusville, sonaba ayer como un tiro – alto y nítido- ; muchísimo mejor que el año anterior, en el que era imposible distinguir los alaridos demoniacos de un exorcismo de una retransmisión deportiva de los Manolos.

De vuelta al escenario sauna – el calor en el interior de la sala era tremendo - Spray Paint dieron uno de los pocos conciertos singulares en cuanto a estilo. En un cartel repleto de garage en todas sus modalidades, punk rock e incluso glam rock, una banda como Spray Paint se puede considerar como la rarita de la clase. Lo suyo es el post punk denso, de los de ni mirarse a la cara, de tensión y de bruma, no como esas bromas pop con el que algunas bandas de ahora insisten en pervertir el estilo. Bueno, la verdad es que este aspecto que he reseñado como virtud acabó pesándoles factura, porque acabaron por aburrir. La gente que viene a este festival, a esta fiesta del fuzz, no respondió del todo bien a esta oscuridad calculada, posiblemente porque estaba a menesteres más festivos como los que ofrecieron de seguido Las Venas en el interior. Nada nuevo en el horizonte: punk muy melódico de vieja escuela pero perfecto para levantar el ánimo de un público ávido de pasarlo en grande. Eso y el aire acondicionado de la sala hicieron que su concierto estuviera abarrotado.

De vuela al principal, los italianos Giuda volvieron a dar una lección de rock& roll – volvieron porque prácticamente todas sus giras pasan por salas de nuestro país- . Junto a los antes mencionados Spray Paint fueron las ovejas negras del rebaño – “oveja negra” entendido como diferente, no como algo negativo -, puesto que su hard rock academicista y su glam rock candidato a himno marcaron diferencia con respecto a sonidos mucho más enmarañados y sucios –tanto en sonido como en espíritu -. Suyo fue realmente el premio a la profesionalidad y la entrega; intensos de principio a fin parecía que estuvieran haciendo una gira de grandes éxitos.

Giuda

El retorno de Los Claveles tras algo más de un año marcaba el siguiente hito en el camino – joder, ahora se llama retorno a cualquier cosa – y los madrileños hicieron exactamente lo que de ellos se espera: punk chulesco y ochentero del que era coetáneo con La Movida. Si el público siempre tiene la razón, las bandas de la sala le estaban ganando la partida de calle a las del escenario principal, pero Mujeres sí que se llevaron el gato al agua con ese garage pop que llevan ya paseando por todas partes desde hace tres discos. No inventan nada – en absoluto- pero han sabido darle un punto pop muy fresco y adictivo a un género de eterna vuelta y que en esta última hornada un tuerto no solamente puede ser el Rey, puede ser el Dios del universo. Tocaron en formato trío – después de las bromas ácidas por la ausencia de su guitarrista queremos saber cuál es el motivo real de su baja – y se excedieron en algunos comentarios chanantes, aunque el público se lo paso pirata y no pararon de subir al escenario para lanzarse – como si esa mierda fuera la medida de evaluación de un concierto -. Aunque ya he utilizado lo de chanante, la verdad es que ahora me vendría de perlas para definir a Angel y Cristo, unos tipos que salen al escenario con trajes plateados de astronauta, que dedican canciones a superhéroes y que encima estos personajes salen a amenizar su canción con la banda – el hombre invisible, el hombre bala…-. Son un grupo de cachondeo y por eso no merecen la excomunión, porque bueno, musicalmente sí.

Mujeres

El reclamo principal de la noche eran Nobunny, banda insignia de Goner Records y sinónimo de espectáculo. Personalmente, cuando logré abstraerme de sus máscaras de conejo, el disfraz de glam rocker con mallas del cantante y de todas esas poses divertidas, me quedé un poco decepcionado. No son mala banda, en absoluto, pero me hubiera gustado que esa imagen tan impactante hubiera estado sustentada por algo más que un punk garagero ultramelódico que ahora mismo pueden interpretar docenas y docenas de grupos y que no quedará en la memoria de casi ninguno de los que les vimos – no creo que casi nadie te sepa tararear una canción suya, pero seguro que todos recuerdan que iban con máscaras de conejo -.

Nobunny

Con todo el tema del homenaje a Paco Rufus había muchas ganas por ver a Las Membranas – una de las muchas bandas en las que militó – , eso se notaba sobre todo entre gente de la escena, además de ser un comentario recurrente entre el público local. Aunque van y vuelven, están pero no están, cada concierto suyo se toma como un comeback, como una fiesta que puede ser la última, y ellos parece que lo viven de la misma manera, dejándolo todo sobre el escenario. Garage punk revivalista, letras ácidas y no siempre políticamente correctas – ¿conocen a Wau y los Arrrghs? Pues eso – y un directo como una patada en la boca del estómago, esas son sus armas. Fue emocionante ver como agradecían al público su presencia en algo que ellos entendían simplemente como un homenaje a Paco y fue tremendo el final del concierto con su versión de “Salvaje” de The Tamrons, una canción que merece la revisión como versión por bandas más jóvenes; como el “Demolición” de Los Saicos, porque es cojonuda y  la de los protopunk peruanos es magnífica pero ya está un poquitito sobada.

Tras la descarga de adrenalina de Las Membranas, a los madrileños Hollywood Sinners se les hizo excesivamente grande el escenario principal. Una pena, porque el retro punk acelerado de estos tipos merecía un reducto más angosto dónde sudarles y empujarse a base de bien – parece una contradicción, pero a veces reclamamos escenario grandes para algunas bandas, pero a otras le sienta mejor las pequeñas -.

Tras esto y con Anni Villamarzo dejando caer clásicos imperecederos en formato vinilo, nos hemos ido a descansar un rato antes de acudir a la jornada matutina del sábado. El día de hoy musicalmente promete, y yo no prometo que mañana no se me coma la crónica el perro.

SÁBADO

Amigos del rock&roll, perdonen la tardanza pero tras una larga carrera por las calles de Benidorm acabo de pillar a mi perro con la crónica en la boca. Todo el mundo sabe que este maldito chucho es adicto a la celulosa igual que su dueño lo es a las películas de John Landis.

Ayer les dejé – o ustedes me dejaron – en el Fuzzville tras una larga noche de viernes de garage, de punk y de mucho sudor, y con esto último retomamos esta crónica en la matinal del sábado que tuvo lugar en el mismo lugar que la Welcome Party del jueves, la Sala Rockstar de Benidorm. Decir que llegamos a disfrutar del renacentista del underground Ian Svenonius a los platos, o de los gallegos Sen Senra, sería más falso que cualquier pacto anticorrupción firmado por los partidos que nos han gobernado en democracia, así que ustedes y yo nos podemos ahorrar cualquier palabra hueca y pasar al meollo del asunto.

Realmente llegamos a la Sala Rockstar a la hora que bold Guardiola le acababa de dar una nueva lección de futbol a grumpy Mouriño en el duelo futbolístico de los equipos de Manchester –Benidorm entera estaba pendiente de esto-, para que el dúo animalesco de Los Bengala nos volviera a dejar con  la boca abierta. Borja – el batería –  se ha roto la clavícula, pero en vez de suspender conciertos han fichado a Alfonso Luna – Tachenko, Maronda- para hacer sus funciones a la percusión, pasando el pequeño aragonés a primera línea de escenario como frontman – algo así como aquello de mandar a Alexanko de delantero, pero esta vez marcando goles -. El espectáculo fue tremendo, de lo mejor del festival y en horario gratuito; adrenalina, monólogos divertidísimos y mucho rock and roll moderno pero de aroma muy clásico. Tocaron todo lo suyo – incluso algún avance de su próximo trabajo – además de ponerle piel de tigre asiático a Lone Star, Los Saicos o Niño Gusano, arrollando a una sala abarrotada y al borde del golpe de calor.

La jornada matutina acabó tan tarde que con gran pena en el corazón, y lágrimas negras tan grandes como el Espíritu de Grisogono, nos perdimos a los valencianos Holy Paul y a los americanos Bad Sports. La pena fue grande porque nos dijeron que estuvieron muy bien, pero el menú era de muchos platos y en diferentes mesas, y no había manera de sentarse a todas si no se es un triatleta, que no es el caso. Con Retraseres mandando a tomar por culo lo políticamente correcto y avasallando con un urgentísimo garage punk de estribillos tronchantes llegamos a “Saunaville”; una manera perfecta de calentarse sin necesidad de microondas. Puestos ya en situación fuimos al escenario principal porque preveíamos que algo grande podía pasar con Ian Svenonius y su banda – Chain and The Gang -. Este peculiar artista empezó su apabullante y magnético show después de pasearse por las primeras filas de espectadores y saludarles y agradecerles su presencia con un café en las manos. Rock&roll , góspel predicativo, funk, new wave y clase, mucha clase, todo ello alrededor de una fuerza de la naturaleza que es un Svenonius que no paraba de platicar con la audiencia, bajar al barro para captar su atención y derrochar tal sensacional repertorio de gritos, bailes y poses que tendría que volver a ver diez veces el concierto en vídeo para recordarlos todos. Suyo fue el primer gran concierto de la noche y posiblemente el mejor.

Chain and The Gang

Tras la emoción del momento, entramos en la sala de la discoteca en búsqueda de nuevos sonidos – falso, era en búsqueda de aire acondicionado- y la sorpresa fue mayúscula cuando, sin darnos cuenta, en vez de descansar nos pusimos a bailar con Texxcoco como si fuéramos peleles a merced de los uppercuts de Mani Pacquiao. Varias personas me preguntaron qué hacía una banda internacional en el Escenario Rufusville y a mí me entraba la risa diciendo que los chavales eran de Canarias. Saben esas bandas americanas punk rockeras, garageras y surferas tan de moda como Wavves, King Tuff, Fidlar, Bass Drum of Death o Best Coast – cada uno en lo suyo –, pues Texxcoco encajarían en esa lista de maravilla. Sonido empastado, estribillos pop dentro de una música aguerrida, cambios de ritmo dentro de cada canción… tampoco son Nicola Tesla y han inventado la radio – sí, coño, no fue Marconi-, pero es de agradecer que alguien por una vez siga el manual de las buenas prácticas.

Volvimos con muchas ganas al escenario principal para ver a The Boys; supervivientes del punk del 77 y con muchas buenas canciones que regalar. Realmente no sabía en qué estado físico me encontraría a estos señores, pero pasadas un par de canciones pudimos suspirar de alivio al ver que posiblemente no lleguaremos a su edad en tan buena forma – de alivio por el concierto, pero si lo pensamos bien es algo preocupante por nosotros – . Su punk rock melódico – les llamaban los Beatles del punk – nos puso la sonrisa en la cara, porque cada canción sonaba a himno tabernario y porque demostraron ser tan buenos – o mejores – en directo que los actuales Buzzcocks, si estos no tuvieran esos putos cuatro temas perfectos. Esa sonrisa se nos quitó de la cara con la bofetada del concierto de La Moto de Fernan. Punk campechano, jugando en casa y con las vísceras encima de la mesa: caballo ganador. Los alicantinos presentes se volvieron majaretas con este dúo de terroristas sónicos, pero yo me quedo con lo de que “con cada concierto suyo nace un galgo”.

The Boys

El mayor reclamo de esta edición eran, sin lugar a duda, unos Thee Oh Sees triunfadores en los dos últimos Primavera Sound. Quizá no llegaron a las cotas aquellos conciertos, pero el ritmo que John Dwyer, su bajista y sus dos baterías imprimieron a su actuación fue demoledor. Un ritmo garagero frenético y tan hipnótico y repetitivo que le daban la vuelta al estilo hasta llegar a la psicodelia hicieron inevitables los pogos, el enseñar las tetas y el llegar a la lipotimia. Realmente, musicalmente no aportan nada en absoluto, pero convierten ese nada en un espectáculo.

Thee Oh Sees

Nos tomamos un descanso para secarnos el sudor – Rafa Nadal hubiera usado ya seis camisetas- para ver a otro de los reclamos de esta edición, los americanos Radioactivity, que acabaron por ser la mayor decepción del festival. La verdad es que tenía ilusión en este concierto; tienen un par de temas muy pegadizos que entran como cuchillo caliente en mantequilla, pero su punk pop de skaters noventeros me bajó la moral a los suelos.

Pero como en el Fuzzville todo ocurre a velocidad vertiginosa, los gallegos Terbutalina me hicieron olvidar en dos canciones a los chavales adoradores de Offspring; no en vano tienen nombre de medicamento broncodilatador con propensión a la adicción – sí, de pequeño tuve asma-. No hay mejor definición para esta banda que la que usan en sus biografías promocionales: “garage punk festeiro”, porque lo que hacen es golperarte con el sonido – parecen un grupo de broma pero tocan de manera muy seria- y ganarte con esa retranca rockera gallega que tanto se echa en falta. Este, con permiso de Texxcoco, fue el mejor concierto del Escenario Rufusville del Fuzzville!!! #2. Ya solamente quedaba el fin de fiesta, y para esos menesteres no hay nadie mejor que Los Chicos. Rock&roll festivo, power pop vitamínico, country acuchillado, soul bastardo y todos los estilos que se pueden tocar con sombrero y botas son sus armas, y las usan con solvencia desde hace bastantes años. Solo se me ocurre una banda que se les asemeje en estilo y descaro, los americanos Supersuckers.

Derrotados y muertos, pero con esa mínima carga de electricidad en el hipotálamo que mueve a los zombies, rematamos el festival bailando lo que nos pinchaban los Djs Head & Banger Oky Von Stoky.

Ya no se puede decir que Fuzzville!!! sea una sorpresa, se acabó lo de festival revelación, a partir de ahora simplemente debe ser una cita ineludible para los amantes de los sonidos sucios y la fiesta loca; del underground, del punk rock, del garage y del buen rock&roll, lo que de verdad es ahora lo alternativo.

 

 

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