Peimavera Club  2014

ASÍ TE CONTAMOS EL PRIMAVERA CLUB

Tras un año de descanso, en el que los organizadores del Primavera Club han tenido tiempo de barajar sus opciones y decidir que finalmente el festival era viable, ayer dio comienzo una nueva edición que, en todos los sentidos, es una vuelta a los orígenes. Volvemos a tener varias salas repartidas por el centro barcelonés programando diversos conciertos, en lugar de centrarlo todo, como antaño, en la Sala Apolo o el Sant Jordi Club. Como todas están bien juntitas y las actuaciones empiezan todas en las mismas franjas horarias, minuto arriba, minuto abajo, se propicia el movimiento entre espacios. Porque entre Sidecar y la ya citada Apolo, que es la distancia más larga, no hay mucho más que cinco minutos a pie. Otra cosa es que, por afinidad estilística, se haya propiciado que cada uno se quede en una misma sala. Otro gran rasgo de este Primavera Club es la decisión de apostar únicamente por bandas que no se han visto en la capital catalana (salvo contadas excepciones). Nada de St. Vincent o Girls, aquí no hay cabezas de cartel, sino en su mayoría formaciones noveles con mucho que decir.

 

 

VIERNES 31

Las rutas son muchas y cada cual tendrá la suya, así que la nuestra no tiene porqué ser la oficial ni la mejor, pero sí la que más nos gustaba y más completa era por diversos motivos. Empezar con Cherry es hacerlo con uno de los mejores talentos nacionales que más están despuntando últimamente. Continuar con Jaakko Eino Kalevi era apuesta arriesgada, pero interesante, porque solo te cruzas con este tipo de artista una vez en la vida: Un finlandés loco por los sintetizadores, una rara avis en toda regla. Y luego viene el dolor, es decir, los temidos solapes. Así que decidimos ver mitad y mitad de East India Youth y Fear Of Men. El primero es un joven inglés amante de la electrónica más sedosa. Su álbum de debut del año pasado, “Total Strife Forever”, pasó algo desapercibido; una auténtica injusticia, porque en su ámbito había pocos que le hacían sombra. Y los segundos son una de esas bandas de pop que venimos siguiendo desde hace tiempo gracias a su reguero de singles y que ahora acaban de debutar con el sello Kanine. Empecemos pues.

 

 

No había mucha gente, pero la suficiente como para disfrutar de una propuesta como la de Cherry con comodidad. Mucho humo en el Teatro Latino, pero libertad para moverte por cualquiera de sus rincones y buscar el sitio adecuado. El murciano hizo gala de ese eclecticismo que impregna sus discos, algunos editados por su cuenta, y otros por Foehn. Nino García apareció en el escenario completamente sólo y demostró desde el principio que es un buen hombre orquesta. Se encargaba de la guitarra, los sintetizadores, la percusión (con la que construyó algunos loops), y, por supuesto, una voz, que incluyó tarareos y la-la-la-las. Su propuesta fue de lo más ecléctica, desde un psychobilly de estar por casa a un post-punk o krautrock de lo más contundentes. No interactuó mucho con el público, pero lo suficiente como para que los pocos que le estaban viendo se quedaran prendados con su actuación. Entre los highlights de la noche, una “Cabalgaré” muy western y “Mariposas de lunares”, con la que cerró su actuación.

 

 

Cuando pensábamos que lo de Jaakko Eino Kalevi iría por los mismos derroteros, nos encontramos con que el finlandés iba acompañado por un batería. No fue el directo más orgánico pero sirvió para confirmar que el tipo es el Ariel Pink de su país. Se dice de él que es autodidacta y que se gana el pan con su trabajo como conductor de tranvía, pero su debut en el subsello de Domino, Weird World, le debería servir para llegar a un público mayor. Por lo menos, el dúo le puso ganas. Él, disfrazado de esqueleto, y su partenaire de momia, dieron un toque de color a la velada de Halloween. Entre el pop psicodélico del citado weirdo Pink y el pop electrónico de policromía de Sébastien Tellier, el escandinavo nos encandiló con temas de ayer y hoy (sonó buena parte de su último trabajo, “Dreamzone”). No sabemos muy bien si le volveremos a ver, aunque sería de justicia que así fuera, pero nos quedamos con sus tres cuartos de hora de espacial actuación.

 

 

Lo que vino después fueron palabras mayores. A los pocos minutos de comenzar, East India Youth se metió en el bolsillo al público del Teatro Latino. Su electrónica ensoñadora, planeadora y sedosa cuajó bien entre los asistentes, que venían con ganas de escuchar algo de bombo y menos guitarras. Como Cherry, actuó en solitario, con su laptop, un teclado, un bajo del que apenas se despegaba y el micrófono desde el que hacía salir su voz. Los que le conozcan bien sabrán que su debut, “Total Strife Forever”, es ampliamente instrumental, pero también cuenta con fragmentos vocales. Pues bien, el joven de Bournemouth dio más importancia a sus temas vocales que a los instrumentales, quizá por aquello de estar en un festival pop. No le salió mal la jugada, porque la suya es una electrónica lejos de los estereotipos y los clichés. Dice que sus influencias van de Raime a Shostakovich, y algo de grandilocuente tiene su música, efectivamente, aunque aporta luz a unos temas que van desde el techno más rudimentario (con el que acabó su set) hasta las sinfonías de toma pan y moja, como “Heaven, How Long”. Un crack.

 

 

De poner el cierre se encargaron Fear Of Men, un cuarteto de Brighton que hace tiempo que lleva llamando a la puerta de crítica y público con un puñado de sencillos para los amantes del pop redondo. Si no te gustó el último de The Pains Of Being Pure At Heart pero eres fan de los neoyorquinos, es muy probable que su propuesta te encandile. No en vano beben de las mismas fuentes. No se disfrazaron, pero su vocalista comparó el Teatre Principal con los escenarios de la película “El Resplandor”. No acabamos de comprar la comparación, aunque sirvió para conectar un poco con el público, teniendo en cuenta que se trata de un grupo de indie pop algo lánguido. Pero ojo, si en disco suenan un poco desalmados, en directo resultan mucho más contundentes. Hay toques de post-punk en su sonido, y con canciones como “Luna” o “Tephra” se tienen ganado el cielo. Llegarán muy lejos.

 

SÁBADO 1

La programación del sábado del Primavera Club propiciaba escoger entre los grupos mas extremos y la vertiente más pop de su cartel. Antes de ir de sala en sala, preferimos estar desde última hora de la tarde hasta la noche en un mismo escenario, ya que en el Teatre Principal se aglutinaban algunas de la propuestas mas interesantes del panorama alternativo. Abrieron fuego Karen Koltrane, que debutaban en directo. La suya es una electrónica casera comandada por Ángel Valiente, pero sobre el escenario, y en formato cuarteto, ganaba en organicidad. Les siguieron Woman’s Hour, quizá el grupo más puramente pop de esta edición del festival. Y acabaron la velada Younghusband, con su krautrock y psicodelia con ecos de The Horrors. Si tenías ganas de estar cómodo, sin ajetreos y las típicas aglomeraciones de los festivales, el menú era del todo irresistible.

 

 

Karen Koltrane se estrenaban por primera vez sobre un escenario, y lo cierto es que, a pesar de un fallo técnico que les obligo a empezar de nuevo una canción, parecía que llevaban tocando toda la vida. Con ese nombre de pila en alusión directa a Sonic Youth, algunos podrían esperar algo de noise-rock, pero nada más lejos de la realidad. Eso sí, entre el publico se vio alguna camiseta de “Goo”. Repasaron de cabo a rabo su EP largo, o LP corto, “Plantas de interior”, editado por Foehn, e incluso les dio tiempo para obsequiar al personal con una pieza inédita al final de su actuación. Preparado o no, en mitad de la canción el guitarrista se bajó al público para que un colega, o eso suponemos, tocase su instrumento, mientras él, sobre las tablas, trasteaba con los pedales de efectos. Con Fuck Buttons en la memoria, el cuarteto madrileño sonó aun más contundente que en disco, gracias, en buena medida, a una poderosa percusión. La voz de Valiente, incluso sepultada bajo capas y capas de ruido, sonó frágil a la vez que atrevida. Una propuesta de lo más interesante y que seguramente dará mucho que hablar en los próximos meses.

 

 

Veinte minutos después se subieron al escenario Woman’s Hour, un cuarteto londinense que bien podría ser el resultado de la fusión entre Beach House y The xx. Con los primeros comparten un gusto por las voces ensoñadoras y las melodías cálidas, mientras que con el trío británico comparten un bajo sensual y ritmos nocturnos. La suma de las dos partes da como resultado un pop electrónico para escuchar entre las sábanas. En su actuación en el Primavera Club presentaron las canciones de su muy apañado álbum de debut, “Conversations”. Fueron sonando una a una las mejores canciones de ese trabajo y nos quedamos con momentos como “Her Ghost”, “In Stillness We Remain” o esa “The Day That Needs Defending” con la que acabaron su set. La vocalista Fiona Jane, muy diva ella, no paró de moverse durante toda la actuación, y a ratos pareció recordar a la Lykke Li más desatada. Pese a tener algunos problemas vocales, la chica lo arregló con su coqueto carisma. Decían que vendrían con una puesta en escena cuidada por parte de unos artistas visuales reputados, pero ni rastro. Tampoco se les echó en falta. Si buscabas un concierto que te pusiese tierno estabas en el lugar adecuado.

 

 

La decisión de con quién acabar la noche estaba difícil. Pero sabiendo que Strand Of Oaks, quizá el nombre con más reclamo de este sábado, tiene todas las papeletas de estar en el próximo Primavera Sound por aquello de ser el ojito derecho de Gabi Ruiz, codirector del festival, acabamos optando por los jovencísimos Younghusband, un cuarteto londinense en la estela de The Horrors. Para bien, y para mal. Bien, porque con ellos comparten un gusto por la psicodelia y el krautrock bien entendidos. El suyo no es un mero revival, sino una recreación de los viejos tiempos con mucho oficio. Pero mal porque, como los de Southend-On-Sea, son algo monótonos y planos en directo. Su actuación fue intachable técnicamente, eso no se lo podrá negar nadie, pero se echó en falta algo más de actitud. Apenas se comunicaron con el público, hicieron lo que venían a hacer, y se largaron sin más. Tienen unas credenciales impecables, pues su álbum debut ha sido editado en el sello Sonic Cathedral, pero se espera algo más de tablas de estos chicos. Por lo menos, nos pudimos quedar con canciones redondas como “Wavelenght”, con la que acabaron su concierto. Les auguramos un buen futuro, pero, eso sí, se tienen que poner las pilas.

 

 

DOMINGO 2

Punto final a una nueva edición del Primavera Club, tras un año de descanso, y hora de hacer valoraciones. Musicalmente podemos hablar sin tapujos de un año brillante. Sin cabezas de cartel claros ni grupos con una trayectoria dilatada, el festival ha apostado claramente por los talentos emergentes, y cabe aplaudirlo porque era su filosofía en sus orígenes y porque es todo un riesgo programar a este tipo de bandas y vender abonos al irrisorio precio de 25 euros.

 

 

En cuanto a la producción y otros aspectos extramusicales, hay que elogiar el hecho de que todo haya funcionado como un reloj suizo. Sí, han cancelado cuatro grupos, pero eso no ha sido, ni mucho menos, culpa de la organización. El hecho de que la programación se dividiese en diversas salas fue bueno para que éstas estuviesen descongestionadas, es decir, se podía ver los conciertos sin grandes agobios salvo en Alvvays y JUNGLE, pero tampoco hasta el punto de decir que estuviese el ambiente desangelado. Eso sí, con una programación tan atractiva y con tanto talento por descubrir, se hubiese agradecido poder ver más bandas al día. Tres o cuatro es demasiado poco para un festival. Quizá si se hubiesen centrado en los dos espacios de Apolo el resultado hubiese sido más satisfactorio.

 

 

La jornada del domingo empezó con CARLA, una de las nuevas perlas de la cantera de Vic, convertida en la segunda ciudad catalana en términos musicales. Curiosamente, la formación está liderada por Carla Serrat, la hermana de Joana Serrat, y aunque las comparaciones son injustas, lo cierto es que auguramos una trayectoria aún más brillante que la de Joana, que ya es decir. En formato dúo (también familiar: el batería era su hermano Toni), ofrecieron pequeños bombones de pop electrónico para amantes de la música más sensible y sofisticada. El doble sencillo “Let’s Burn A Forest” fue suficiente como para despertar el interés a primera hora en el Teatre Principal y ver qué tenía que ofrecer. Y fue mucho. Tocó más canciones, entre ellas una versión de “Ring Of Fire” (Johnny Cash) que sonó de maravilla. Con un sonido menos electrónico que de costumbre, la catalana demostró tener un talento que parece llevar en la sangre, y entregó temas como “In The Forest”, por el que perfectamente pelearían Beach House.

 

 

Lo que vino luego fueron palabras mayores. Movement es un trío de Sidney que en los últimos meses ha ido sorprendiendo al personal con una serie de sencillos recopilados en un EP homónimo editado en Modular. Se mueven entre el soul, el R&B y la electrónica que tanto gusta ahora y que les ha valido comparaciones con gente como James Blake, Prince o The xx. ¿El hype de la temporada? Puede ser. Pero sobre el escenario del Teatre Principal demostraron que no son flor de un día. Su actuación sólo duró media hora y constó de seis canciones, pero fueron suficientes como para meterse al público en el bolsillo (había bastante gente y se escuchó un sonoro “¡Quiero follarte!”). No extraña, pues de eso van sus temas, de amar y romper el corazón. Sensuales como pocos y comandados por la poderosa voz de Lewis Wade, que rebosa un extraño carisma, el grupo justificó de sobras la compra del abono. Normal que después se agolpase la gente en el stand de merchandising para hacerse fotos con ellos.

 

 

Después de esta catarsis musical, lo de Alvvays, sin duda, supo a poco. Éramos muchos en la Sala Apolo, pues no en vano los canadienses son una de las sensaciones de la temporada, gracias a un álbum de debut de pop dulce con aromas al C86. Pero el reverb que utilizaron en la voz de una justita Molly Rankin deslució un poco el aspecto melódico de sus canciones. Con todo, su cancionero es sólido, y a pesar de algunos medios tiempos que cortaron un poco el rollo, por lo general se respiró un ambiente eufórico. A ratos recordaron a los mejores Best Coast, es decir, los del principio. Desafortunadamente, nos tuvimos que ir a mitad de actuación para asegurar un sitio en JUNGLE. Pero cuentan nuestros espías que “Party Police” sonó cristalina.

 

 

La velada acabó de la mejor manera posible, con los británicos JUNGLE. El dúo no se llevó el Mercury Prize la semana pasada pese a partir como favorito, pero en el Teatre Principal demostraron que se ha cometido una injusticia con ellos y que han pasado de hype a realidad palpable. Se hicieron un poco de rogar, con un retraso de unos diez minutos, pero ya en el mismo momento en el que salieron a escena empatizaron con el público gracias a su refrescante mezcla de soul y funk. Eran un total de siete músicos, entre los que se incluían los dos vocalistas principales, dos percusionistas y dos coristas. Imagínense la que armaron con semejante despliegue. Quedó claro rápidamente que la sala se les quedaba pequeña y que eran carne de escenario principal de festival a las 3 de la madrugada. Soltaron rápidamente buena parte de sus pelotazos, ¿pero qué canción no es un hit en su redondo álbum de debut? Eso sí, el final con “Busy Earnin’” y “Time” fue gloria bendita. Acabaron y, claro, todos con un sonrisa de oreja a oreja para casa, pero con ganas de más fiesta porque no eran ni las once.

Terminaba así un Primavera Club de alto nivel musical, con formaciones debutantes en muchos casos, pero con tablas. De hecho, algunos parecía que llevasen media vida en la carretera. Como grandes éxitos, destacar los de East India Youth, Woman’s Hour, Movement y JUNGLE, todos ellos con un futuro muy esperanzador.

 

Fotos: Carles Rodríguez

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