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ASÍ TE CONTAMOS EL PRIMAVERA SOUND 2016

JUEVES

Al ponerme frente a los horarios del primer día de este Primavera Sound, y plantearme el tránsito entre artistas y escenarios, me parecería totalmente estúpido comenzar con el típico soniquete de “los fatídicos solapes”, “fue terrible tener que elegir entre fulanito o menganito”, cuando en este festival lo difícil es equivocarme gravemente al elegir  –en conjunto- o quedarme sin opciones de calidad para rellenar un hueco temporal. Venga, por favor, no es sano, ni realmente disfrutable, ver más de una docena de conciertos al día, verlos a medias, pasarse ocho horas corriendo, y asimilar la música como el que se come un bocadillo de butifarra de dos bocados. Mastiquen amigos, mastiquen, ustedes son los únicos culpables de esa absurda avaricia y la esquizofrenia en la que deriva. Recuerden que el cuñado del héroe de las películas de cazatesoros siempre muere con los sacos rebosando oro, mientras vuelve atrás a por más. Prefiero que haya varios artistas buenos actuando al mismo tiempo, que esa moda de no solapar los conciertos que se celebran en diferentes escenarios con la excusa de poder verlo todo. Excusa, sí señor, porque en la mayoría de casos se enmascara el hecho de que no hay suficiente programación para mantenerlos en marcha todo el tiempo. El problema es que no queremos verlo todo, que no queremos tener la obligación de comernos los garbanzos crudos, que los hay, y que no queremos esperar dos o tres horas para volver a ver algo decente. ¡Bendita sea la elección! ¡Benditos solapes!

En esta crónica voy a empezar a contaros mi travesía por el Primavera Sound 2016 con la primera jornada real del festival – la del jueves -, aunque tengo claro que este festival es muchas más cosas –destacables todas-, como una importante jornada de bienvenida gratuita, una oferta de muchos días de conciertos por la ciudad y un PrimaveraPro cada vez más importante e interesante. Quizá otro año nos planteemos ampliar el número de artículos e incluso cubrir el Pro, donde este año además de coloquios, presentaciones, etc. hay showcases de más de 30 bandas emergentes de medio mundo, pero este año no nos ha sido posible, así que al lío.

Ambiente del Escenario Heineken a primera hora / Foto: Eric Pamies

La única cosa realmente clara de la jornada, era que iba a empezar mi recorrido con Algiers, un grupo al que tenía ganas de ver después de escuchar en disco y leer las buenas críticas de su paso por el Primavera Club, pero lo más divertido de los planes es cambiarlos, y a última hora decidí calentar motores con Lee Ranaldo y el Rayo en el Hidden Stage de Heineken, cosas del directo.

Ver al más simpático y sonriente de los Sonic Youth, acompañado de la minibanda formada por Cayo Machancoses al bajo y Raül Refree a todo lo demás, siempre resulta atractivo, más todavía para escuchar a primera hora como apetitivo de una larga jornada. Con este formato de trío, Ranaldo se aleja de expresiones ruidistas y se instala en una posición de cantautor indie rock alternativo que le sienta como un guante. Las canciones de su último disco – con The Dust como banda y el mismo Refree como productor- , sirvieron de base para un concierto sobrio pero entretenido y en el que queda refrendado que el norteamericano tiene un hueco de actualidad alejado de herencias, y que Refree es un hombre renacentista al que imaginas friendo un huevo mientras pinta un cuadro y resuelve una ecuación en una pizarra. Vale para todo y todo lo hace bien. Es un lujo empezar nuestro recorrido en este escenario exclusivo que ha montado Heineken con la campaña “Heineken Live Your Music”, dónde en formato reducido y cercano actuarán diferentes delicatessen como el propio Ranaldo, Lush, Peaches, Bob Mould o Los Hermanos Cubero. Intentaremos volver a acercarnos de nuevo.

Lee Ranaldo y el Rayo en el Hidden Stage de Heineken

El siguiente hito en el recorrido lo tenía marcado en el Escenario Pitchfork, dónde los sagrados prescriptores de la modernidad habían  programado a Car Seat Headrest, una banda marcada por el liderazgo y la personalidad de Wil Toledo, y que tras 12 discos publicados en bandcamp entre 2010 y 2015, Matador “descubrió” para publicarles “Teens of Style” y una continuación que verá la luz en breve. El concierto comenzó con este chaval poco expresivo y pinta de nerd que es Toledo solo en el escenario, interpretando “Way Down” con una maravillosa y abrasadora desgana a modo de larguísima intro a la que se fueron añadiendo sus compañeros de banda, y con ellos la correspondiente apisonadora de electricidad lo fi que nos acompañaría todo el concierto. Después de un concierto lleno de actitud – sí, porque el cantar estático e inerte, como si te impostase todo una mierda, también es actitud -, trufado de grandes canciones que recogen desde a Pavement a Dinosaur Jr. o a cualquier gran banda de referencia del circuito indie rock alternativo americano de finales del pasado milenio, podemos decir que no será raro que Car Seat Headrest se convierta en uno de los descubrimientos de esta edición. Además, aunque Wil Toledo parece tener menos sangre que una momia dejada al sol, la verdad es que es un tío con guasa, no dejo de bromear todo el rato con que eran Radiohead y acabó haciendo un atisbo de versión de “Paranoid Android” al final de su canción “Vincent”.

Daughter / Foto: Eric Pamies

La primera visita al escenario grande, el Heineken, fue para ver a los británicos Daughter y constatar que su pop sigue siendo hiriente, sutil pero barroco, pero que con su último trabajo “Not to disappear” suenan más completos y rellenan mejor los huecos en sus canciones. Ya no parecen “Elena Tonra y su banda”, ahora suenan más compactos. Eran las ocho y pico, y el recinto ya estaba lleno de gente.

De camino a la otra esquina del recinto había que parar a picar un poco en varios escenarios. El primer picotazo fue para disfrutar un poco de Destroyer en el escenario Ray-Ban, y es que es una gozada ver a la bandaza de Dan Bejar sobre las tablas. Lo suyo son las canciones atemporales de pop clásico vestidas con una instrumentación de lujo, algo que merecía un mejor sonido. De lo sutil a lo tosco, y es que Suuns lo son –toscos, claro-. Lo suyo es el sonido apabullante, las cadencias hipnóticas y oscuras, los bajos que se te meten hasta el tuétano y los mantras que se repiten como sirenas de barco. El Escenario Primavera parecía imbuido por una secta perversa, que te atrapa sin remedio, pero que al menos te deja bailar al ritmo de la música.

Y por fin lllegué a la otra punta del recinto, al escenario Martini, donde A.R. Kane certificaba ante nosotros un agradable retorno. Pocos les recuerdan, aunque había bastante público – es que en esta edición hay gente en todas partes por condena-, pero estos tipos fueron los responsables de abrir nuevos caminos mezclando música de baile y pop, rompiendo tabúes y batiendo cócteles sonoros que sirvieron para que después otros, con mejor o peor acierto, se apuntaran los tantos. Ayer hicieron lo que se les presuponía, hacernos bailar con un puñado de buenas canciones que realmente han aguantado muy bien el paso del tiempo.

Parece ser que el Primavera Sound no quiere encasillarse en el indie, y quizá por eso está cuidando y potenciando su programación de hip hop. Si fueron los primeros en traer hace un par de años al entonces emergente Kendrik Lamar, lo hacen ahora con Vince Staples, otro joven prodigio llamado a poner patas arriba el estilo. Con una puesta en escena sumamente austera, el californiano se marcó un set repleto de groove y de rimas envolventes, posiblemente de lo mejor del género que se puede disfrutar en la actualidad.

Vince Staples / Foto: Dani Cantó

Y como había caminado poco, me volví a marchar a la otra esquina del recinto, a la de los escenarios grandes. Tame Impala ya estuvieron y maravillaron en su anterior participación en el Primavera Sound de 2013 – lo mismo que en sus dos actuaciones en el FIB-, pero esta es la primera ocasión en la que venían con su nuevo disco “Currents”, su salto de la psicodelia rock a la psicodelia sintética, el trabajo que les ha hecho pasar de una gran banda a una banda grande, de la de escenario principal hasta los topes. Este sonido aperturista, esta moderna lisérgica, les ha abierto al gran público, pero ¿qué quieren que les diga? Aun ofreciendo un gran espectáculo, para mí ha sido el concierto más flojo de los cuatro que les he visto. ¿Qué es culpa de que su último disco es el que menos me ha atrapado? ¿Qué la culpa es mía? Sí, a todo sí, lo siento. Ninguno de sus tres discos es demasiado original, -agénciense una ouija y pregúntele a Syd Barret por los dos primeros-, pero tampoco han descubierto la vacuna contra el cáncer con su tercer trabajo. Eso sí, como ya he dicho, el espectáculo que han montado es brutal, las pantallas del Escenario H&M justificaron su seguramente alto precio reflejando el maravilloso juego visual de los australianos –el de siempre, pero mejor-. También demostraron ese salto a mega estrellas en el desarrollo y la forma de encarar el concierto, y es con la segunda canción ya soltaron “Let it Happens” y llenaron de confeti a media Barcelona.

Tame Impala / Foto: Eric Pamies

Antes del otro plato fuerte de la jornada –LCD Soundsystem-, queríamos disfrutar un poco de los africanos Mbongwana Star, y es que es alucinante como una banda liderada por dos señores en silla de ruedas puede contagiar tantas ganas de bailar y tan buen rollo. Esta propuesta no tiene nada de “banda para cubrir cuota étnica”, son un auténtico torbellino de sonidos, entre los que mezclan sin miedo el dub, el post punk más oscuro y los ritmos africanos más cálidos. Una maravillosa experiencia.

Si con los congoleños ya nos habían entrado ganas de bailar, con LCD Soundsystem ya no pudimos frenarnos, y es que si James Murphy manda, nosotros obedecemos. El capo de DFA Records estuvo en su salsa, bromista y simpático con su crew ofreció el mismo repertorio de hits que un par de días antes en la Sala BARTS, por lo que se confirmó que aquello fue un ensayo general a pequeña escala; pequeña porque esto fue muy grande, una pista de baile descomunal. Algunos reniegan de los retornos de bandas, pero es que cinco años no son una despedida, es un pequeño descanso.

LCD Soundsystem / Foto: Eric Pamies

Si antes de irme a casa, lo medicamente adecuado hubiera sido bajar pulsaciones con algo que preparara mi cuerpo para el descanso y el letargo, no pude saltarme de forma más descarada esta premisa que con el concierto de Thee Oh Sees. El acelerado garage del hiperactivo John Dwyer es pura adrenalina. Sin respiro, sin pausa, como un ejercicio atlético de alta intensidad, me encontré en un auténtico fuego cruzado, el de los trallazos de la banda sobre el escenario y el de un público desatado y sin freno. Tras esto, y ya sin energía, me fui a casa resoplando. Hoy toca de nuevo jornada intensiva, esta con propuestas mucho más calmadas, y es Radiohead no son la alegría de la huerta que digamos.

VIERNES

La verdad es que no sé qué contaros que vosotros no sepáis de lo que pasó ayer en el Primavera Sound. Porque ayer estábamos todos, ¿no? Y si no estábamos todos, al menos casi todos, quizá demasiados. Bueno, seguro que demasiados. ¡Joder, cuanta gente! Bueno, aunque seguro que nos cruzamos en algún escenario abarrotado, tercera fila de una barra o larga cola de un baño, os voy a contar lo que yo viví ayer en el Fòrum, para eso he venido.

El recorrido de la jornada lo comencé  a eso de las seis y pico de la tarde con White Fence dando un conciertazo en el Escenario Primavera. La banda de Tim Presley gozó de un sonido potente y compacto, algo totalmente imprescindible para poner en valor una propuesta basada en garage rock psicodélico. Lograron transmitir la tensión eléctrica de sus canciones, lo que quiere decir que consiguieron su propósito.

Tras ellos, bajamos las escalinatas del Escenario Ray-Ban para ver a Ben Watt junto a Bernard Butler dar una lección de pop minúsculo en pretensión y mayúsculo en ejecución. Esas son las premisas de la carrera en solitario del exEverything But The Girl, algo para lo que el exguitarrista de Suede se ha sumado de una manera sorprendente, con contención pero con una destreza exquisita. El enorme tamaño de un festival como el Primavera Sound te permite estas cosas, picar a cada momento de propuestas que distan años luz unas de otras. Porque esa es la distancia entre Ben Watt y Titus Andronicus, la banda de punk adolescente del desaliñado Patrick Stickles. Aunque el nuevo disco de los de New Jersey es demasiado conceptual y pesado – aburrido- para un grupo que tiene su razón de ser en lo urgente, en lo divertido y en lo contundente, el concierto fue, gracias a Dios, el entretenido desenfreno al que nos tienen acostumbrados. Con “Buenos días, Barcelona. Somos Titus Andronicus, rock&roll hero number one, ¡órale!”, empezaron los guitarrazos, y así hasta el final, versión de “Blitzkrieg Bop” incluida.

Savages / Foto: Eric Pamies

Como ya estaba en la zona de los escenarios grandes –en el Primavera Sound juegan un papel muy importante las distancias a la hora de elegir el recorrido musical-, lo preceptivo era acercarse al Escenario Heineken para ver a Savages. La oscuridad rabiosa se adueñó de la gran esplanada del escenario principal, y es que con su segundo disco han conseguido las herramientas perfectas para mantenernos en tensión sin descanso durante más de una hora. Sus canciones te llevan a un límite que se mantiene pero no se sobrepasa, como descargas eléctricas de estudiada intensidad que realmente no te dañan pero te dejan extenuado.

De nuevo en un tremendo giro, tanto musical como de concepto, en el escenario de enfrente le tocó el turno a Beirut. Una banda que, afortunadamente, ha vuelto a abrazar el pop preciosista, melancólico y épico que es marca inconfundible de su música. Es increíble como parece que sin esfuerzo logran recrear melodías pop, aunque vestidas de folk, tan acertadas que suponen un auténtico bálsamo tras el concierto de Savages. Porque aunque nos guste fustigarnos, también nos gusta luego aplicarnos pomadas sobre las heridas.

Beirut / Foto: Eric Pamies

Tras Beirut llegó el dilema de la noche –realmente para mí no lo era-, decidir si ver a Dinosaur Jr o a Radiohead, o una combinación de ambos. Si estuviera en el festival únicamente como espectador no habría duda de que me hubiera decantado por ver únicamente a Mascis y a Barlow y luego comerme una rica empanada argentina – el verdadero descubrimiento del festival- en cualquier esquina poco concurrida, pero como estoy aquí para ser vuestros ojos, repartí mi tiempo entre los americanos y los británicos. Comenzamos en el escenario Ray-Ban con Dinosaur Jr – su concierto era más corto, y viendo la mitad del mismo todavía nos quedaba más de una hora de “quejíos” de Thom Yorke y compañía -. Dinosaur Jr no hicieron nada que no estuviese en el guion: interpretar un repertorio que empezaba con canciones de su último trabajo –con el que también estuvieron en el Primavera de hace un par de años-  y que derivaba hacia los ruidosos grandes éxitos de la banda. Una maravilla, que por reiterativa no deja en absoluto de serlo. Estuvieron ágiles y atronadores –las características torres de amplis tras los dos veteranos artistas parecían de chiste, pero no lo era- y el fiel público que se congregó para disfrutarles –el que no era muy fan estaba en Radiohead- lo agradeció extasiado.

Cuando llegué al abarrotado concierto de Radiohead, compañeros de prensa me contaron que habían empezado con temas de su reciente nuevo disco, que la marabunta de gente les había respetado los silencios absortos y que si Thom Yorke hubiera aprovechado para decirles que pusieran todo su dinero al 17 rojo, todos lo hubieran hecho. Cuando yo llegué ya empezaban a caer canciones de todos sus discos, aunque la gente donde realmente se emocionaba y se abrazaba era con temas como “No Surprises”, “Karma Police” o “Paranoid Android” – ¿Qué hubiera sido de Radiohead sin “OK Computer”-, aunque realmente fueron canciones de “In Raimbows” o “Kid A” las que sostuvieron el esqueleto del concierto. Terminaron el espectáculo con “Creep”, su hit repudiado ahora recuperado, un tema que realmente poco o nada tiene que ver conceptualmente con el repertorio reciente de la banda, pero bueno, eso a la gente le importa tres pimientos.

Radiohead / Foto: Eric Pamies

Si Radiohead era el grupo anhelado de este festival, lo mismo podemos decir de The Last Shadow Puppets, pero es que el Primavera Sound 2016 se ha llevado a todos los gatos al agua. Realmente si miras al cartel solo ves gatos –los mejores cabezas de cartel de este año en nuestro país- y nada de agua. Solamente dos tipos con tanto talento como Turner y Kane pueden hacer de un artefacto “only for fun” un proyecto con tanta enjundia y tantas buenas canciones, porque aunque “Everything You’ve Come To Expect” es mucho más musculoso y menos sutil que aquel debut que nos pilló por sorpresa y nos robó el corazón, todavía podemos rascar en él los trazos de Ray Davis o Scott Walker, las inspiradas letras de estos dos jóvenes talentos y el descaro de dos chavales que pueden poner el mundo a sus pies con solo chasquear sus dedos. Sonaron redondos, estuvieron divertidos y se les vio sobrados, aunque parece que el juego cómico que llevan al escenario ha calado más hondo en un Turner atrapado en un impersonator de “Elvis de vacaciones en la Costa Azul”. Tras este concierto, en el escenario de enfrente, Beach House diluyeron en dream pop la emoción del momento. Porque realmente nadie estaba ya allí para comerse las natillas, por muy buenas que estuvieran, después de meterse entre pecho y espalda a dos grandes búfalos.

The Last Shadow Puppets / Foto: Eric Pamies

SÁBADO

Ty Segall y sus colegas han dado el conciertazo de este Primavera Sound. Lo siento, pero no podía guardármelo hasta el final. Una vez dicho esto, empiezo la habitual crónica de la jornada, la última de un Primavera Sound que ha sido sobresaliente y que nos dejará un buen puñado de momentos para el recuerdo.

Ayer no pude hacer siesta, porque a las cinco de la tarde tocaba Bob Mould en el Hidden Stage de Heineken. Difícilmente un tipo puede defender sus canciones en solitario durante cuarenta y cinco minutos a grito pelado y con el único acompañamiento de su guitarra eléctrica, pero a Bob Mould le sobra. Sonriente, entregado, enlazando canciones, el veterano maestro del hardcore ultramelódico dio ayer una lección de actitud, y los trescientos privilegiados que pudimos disfrutarlo se lo agradecimos manteniéndole en el escenario unos minutos tras su última canción a base de aplausos.

Bob Mould “electric solo” en el Hiden Stage de Heineken

Con la sonrisa puesta y demasiada adrenalina en las venas para ser tan pronto, salí de la oscura y escondida sala que es el Hidden para ir a ver a Pájaro Jack en el Escenario Adidas; había que poner las pulsaciones en su sitio. Tras la avalancha de guitarrazos viscerales, el control de los granadinos me podía venir de perlas para encarar de nuevo la tarde. Pájaro Jack puede que hagan el mejor pop que se puede escuchar actualmente en nuestro país; clásico y sosegado, melancólico pero intenso. Ellos han sido la única banda nacional que he visto, y me sabe mal porque la programación de nacionales era estupenda, pero bueno, al menos esta elección ha merecido la pena. Continuando con el clasicismo, pero esta vez en forma de pop rock, me dirigí al Escenario Ray-Ban para disfrutar del retorno de The Chills, de sus clásicos, pero también de sus nuevas canciones, porque los kiwis han vuelto con nuevo disco  - “Silver Bullets” y es cojonudo. Nueva Zelanda es una pequeña isla a tomar por culo, de cuatro millones y medio de habitantes, dónde se juega el mejor rugby del mundo, donde sus maravillosos parajes naturales sirven para grabar superproducciones fantásticas y donde también se hace música cojonuda. ¡Viva Nueva Zelanda!

Ambiente en el concierto de Brian Wilson en el Escenario Heineken / Foto: Eric Pamies

Tras disfrutar de estos señores encaré con estoicismo la larga travesía que es viajar hasta el Escenario Heineken para ver a Brian Wilson interpretar el “Pet Sounds”. Este disco es sin lugar a dudas una de las mayores joyas con las que el ser humano puede escuchar, pero tenía miedo de Wilson, de que no estuviera fino, de que estuviera muy mayor o muy ido, y que no pudiera estar a la altura de su obra, y así fue. Está claro que los que somos conocedores de su historia, y somos fans de su música, no podemos tenerle más que cariño y admiración infinita, lo que no quita para que siendo objetivos nos demos cuenta de que parecía que a las mascotas les habían disparado dardos tranquilizantes, y que no había energía para interpretar ninguno de los maravillosos y ricos sonidos, ninguno de sus maravillosos coros, ninguno de sus impetuosos y sublimes arranques. Parecía que la banda había ralentizado sus biorritmos para no dejar atrás a un Wilson evidentemente ausente. El público se animó bastante con el final del repertorio, en el que llegaron los hits de The Beach Boys, pero a mí este concierto me puso triste.

Brian Wilson en el Escenario Heineken / Foto: Eric Pamies

Antes de volver al mismo lugar para ver a PJ Harvey, creí oportuno hacer un recorrido rápido por diferentes escenarios, cerveza y empanada argentina en mano. Me dio tiempo para escuchar la última canción de Richard Hawley y darme cuenta de lo que hubiera ganado eligiendo a este maravilloso crooner de voz profunda y guitarra majestuosa en vez de a Wilson; de ver como Los Chichos lo petaban incrédulos en un Escenario Adidas lleno hasta los topes; y de comprobar porque Drive Like Jehu influenciaron a tantas bandas, a pesar de su corta historia, a base de combinar pesados guitarrazos con poderosas melodías.

El concierto principal de la noche era sin lugar a dudas el de PJ Harvey, que volvía a Barcelona para presentar su último y más reivindicativo trabajo, “The Hope Six Demolition Project”. La realización audiovisual en blanco y negro fue exquisita y la puesta en escena de Polly Jean y su banda – entre los que estaban Mick Harvey y John Parish – de una elegancia absoluta, pero creo que adoleció de punch. Este nuevo trabajo es quizá demasiado etéreo, no tiene el desgarro emocional de “Let England Shake”, ni el desgarro rockero de anteriores trabajos. A ver como lo digo, está más cerca de Florence and The Machine que de Nick Cave. Ale, ya lo he dicho. Nada de esto empeña que el suyo fuera uno de los mejores conciertos de entre los cabezas de cartel, sobre todo con un concepto más coherente y un espectáculo más personal, lo que pasa es que a mí me gusta más otra PJ, nada más, no se me enfaden.

PJ Harvey / Foto: Eric Pamies

Lo siento, no soy mucho de Sigur Ros, y menos para verles rodeado de miles de desaprensivos que no me van a dejar meterme en su onírico mundo, por lo que me fui a echarle un vistazo a Julia Holter en el Escenario Ray-Ban. Esta chica es una auténtica heroína del pop de riesgo, de afilar las melodías y de encontrar el envoltorio perfecto para cada canción, desde la épica hasta la austeridad, siempre brillante. Stay Gold, Julia Holter.

Julia Holter / Foto: Xarlene

Y tras la Holter, el concierto que más ganas y también más miedo tenía del festival, el de Ty Segall & The Muggers. Ganas porque este chaval tiene una energía y un talento desbordante e insultante, miedo porque en algún momento tiene que cagarla y en este tipo de proyectos y viajes con colegas es dónde más fácil lo tiene. Pero no, no solo no la cagó si no que Ty Segall y su pandilla dieron un conciertazo brutal. Rodeado de escuderos como el tímido Mikal Cronin al bajo o King Tuff en modo guitar hero, se dedicó a desgañitarse a ritmo de garage rock pesado pero divertido, serio en concepto pero cachondo en ejecución. Ustedes saben que en este tipo de festivales no se hacen bises, ¿verdad? Pues el público obligó a que volvieran a salir al escenario para tocar otro tema. Al terminar me tuve que marchar del recinto para no empañar el momento.

Mi Primavera Sound 2016 había acabado, y mientras me asfixiaba en el tranvía camino del hotel hice un breve repaso mental de los hightlights del festival: los mejores conciertos grandes fueron los de The Last Shadow Puppets y PJ Harvey; disfruté como un enano con Dinosaur Jr; descubrí el poderío de White FenceCar Seat Headrest y SuunsBrian Wilson debería de quedarse en casita paseando por la playa junto a sus nietos; y Ty Segall volvió a volarme la cabeza. En resumen, un Primavera Sound sobresaliente si no fuera porque había tanta gente que había momentos asfixiantes.

PRIMAVERA SOUND 2016: CRÓNICA JUEVES

PRIMAVERA SOUND 2016: CRÓNICA VIERNES

PRIMAVERA SOUND 2016: CRÓNICA SÁBADO

PRIMAVERA SOUND 2016: MANUAL DE USO (II) “LETRA PEQUEÑA”

PRIMAVERA SOUND 2016: MANUAL DE USO (I) “Spanish Army”

Portada: The Last Shadow Puppets / Foto: Eric Pamies

 

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