Sleaford Mods / Foto: Garniñe Irizar

ASÍ TE CONTAMOS EL PRIMAVERA SOUND 2017

Texto: David Blutaski

Portada: Sleaford Mods / Foto: Garbiñe Irizar

JUEVES

Aunque esta crónica trata sobre lo sucedido el jueves del Primavera Sound 2017, no podemos –y no debemos- dejar de comentar lo que disfrutamos con “Dancefloor Meditations” de Jarvis Cocker y Steve MacKey, gracias al Hidden Stage de Heineken, la jornada anterior. Fue lo único que llegamos a ver el miércoles gratuito del Fórum, pero ya que era una oportunidad de disfrutar de un espectáculo singular, hicimos un esfuerzo que valió la pena. No teníamos una idea clara de lo que iba a tratar esta actuación, pero quizá eso la hizo más especial. Para nada fue una pinchada de esas tan desgraciadamente de moda de músicos en formato dj set, fue una lección locutada sobre los elementos que componen la música de baile y su evolución histórica. Otra cosa también tenemos clara, de no ser por la hipnótica voz de Jarvis, pocos hubiéramos aguantado impertérritos, como hicimos, la densa hora y media de bajos y beats y poco más de media docena de canciones.

Jarvis Cocker y Steve MacKey en el Hidden Stage de Heineken

Bueno, ya el jueves, a una hora no demasiado temprana –échenle la culpa al Boogie-, empezamos nuestro recorrido musical en el escenario Pitchfork con la intención de ver a una de las artistas de moda, Alexandra Savior, porque la irrupción de esta chica, con su disco de debut “Belladona of Sadness”, ha sido toda una agradabilísima sorpresa. Esta jovencísima songwriter de Portland vale un Potosí por sí misma, pero es indudable que ver su nombre relacionado al de Alex Turner le ha reportado una cuota de fama mucho mayor, y de forma más rápida, que cualquier artista primerizo en sus circunstancias – ha colado un tema trabajado con el monkey en la banda sonora de la segunda temporada de True Detective y su nombre aparece en los créditos de “Miracle Aligner” del último trabajo de The Last Shadow Puppets-. Para nosotros, además de escuchar los aterciopelados temas de su disco, era importante ver cómo se desenvolvía en el escenario, y la suficiencia, tranquilidad y desparpajo con la que se mostró ante nosotros, acabó por derribar cualquier atisbo de prejuicio que pudiéramos tener ante la posibilidad de estar asistiendo al enésimo hype. Su delicada y dulce presencia contribuyeron a que su voz profunda, hipnótica y ensoñadora, entrara en nosotros como cuchillo caliente en mantequilla; actualmente, solo Lana del Rey es capaz de transformar en hermosos, paisajes tan áridos, algo que por otro lado ya estableció como marca personal una tal Dusty Springfield hace unas cuantas décadas.

Alexandra Savior / Foto: Alba Rupérez

Tras “la Savior”, queríamos ver a otra personal e interesante voz femenina, “la Jacklin”. Esta vez, en el otro escenario pequeño al otro lado de la escalera del gran puente de hormigón –el Adidas-, pintaron más bastos que oros. Julia Jacklin acaba de publicar un catálogo magnífico de canciones místicas, que ondulan desde el folk contemporáneo más delicado hacia el indie folk mínimamente rockero y áspero que están empezando a practicar algunas nuevas voces – como su compatriota Courtney Barnett-, pero la forma que dio a su repertorio no nos pareció de lo más acertado. Empezar con todas tus canciones de folk intimista, teniendo cuatro o cinco excelentes temas algo menos adustos, que intercalados pueden mantener la atención de un público de festival, es un riesgo. Por supuesto que todas las canciones de la tímida Julia fueron agradables, pero si para los que veníamos con su disco como lección aprendida el remonte final del concierto fue un alivio, imagínense para los que no se lo esperaban. Bueno, bien está lo que bien acaba, ¿no?

Como suele pasar en este enorme festival, a Broken Social Scene les vimos de refilón de camino a otro sitio, pero lo suficiente para constatar lo mucho que atrae la épica mayúscula y el barroquismo pop a los canadienses, que aunque tienen a Arcade Fire como tótem, estos compatriotas también practican con fruición. Bueno, a quién íbamos realmente a ver era Solange en el quinto pino –el escenario Mango, uno de los grandes-, que volvía al Primavera Sound con un recién publicado “A Sea in the Table”, que aúpa a la hermana pequeña de Beyonce un peldañito más arriba, algo que es totalmente merecido. La verdad es que el paso de los canadienses a la americana no podía ser más significativo y más agradable, sutil pero impactante, como si el r’n’b reivindicativo aprovechara la frontera no defendida más larga del mundo para robarle las gallinas a sus vecinos del norte. Esta mujer tiene presencia, personalidad, música y mensaje. Verla es un gozo. Ah, dicho esto, nosotros somos de los que nos perdimos a Arcade Fire en su concierto sorpresa en la lomita verde de la zona norte del festival. En nuestro viaje entre escenarios vimos a mucha gente agolpada en un sitio no habitual, pero no nos dimos por aludidos y seguimos nuestro recorrido. Uno no puede estar en misa y repicando, y menos cuando no te avisan para la misa.

Solange / Foto: Sergio Albert

Como somos masocas, pero presumimos de criterio, decidimos que a pesar de tener a Bon Iver a punto de empezar a nuestras espaldas, nuestro siguiente punto de interés estaba en el extremo más alejado en el concierto de The Molochs –nos cuentan que acertamos de pleno-. Estos cinco tipos californianos interpretan un rock de cadencia lánguida pero soleada, muy 60s, que puede recordarnos Allah-Las, otra banda de “El Estado Dorado” que también estuvieron, como ellos, en el sello Innovate Leisure. Bueno, puede recordarnos a la banda comandada por Miles Michaud, pero The Molochs tienen mucho más garbo, sus canciones son más enérgicas y, aunque rezuman en ocasiones de ese sabor añejo y dylaniano, su propuesta en directo nos pareció algo más atractiva –no piensen que no nos gustan Allah-Las, no, no es eso, por el amor de Dios-.

The Moloch / Foto: Dani Cantó

El renacimiento de The Afghan Whigs es una de las mejores noticias para los amantes del rock de alma soul, de carácter brumoso y testiculínico. Ya estuvieron hace pocos años en el Primavera Sound certificando la validez de su retorno, y en esta ocasión han vuelto para hacer patente que, aunque la sombra de sus tres últimos discos de los 90 es alargada, son capaces de sacar nuevos trabajos dignos herederos de aquellas joyas, como es el caso de su reciente “In Spades”. Empezaron con temas nuevos, apabullándonos con cuatro guitarras, con un muro sónico abrumador, con actitud y garra, pero fue con “Debonair” cuando desataron el éxtasis de los numerosos fans congregados. Así se las gasta Greg Dulli y su panda, te aplastan, te arrastran y te ponen dónde ellos quieren. Nadie se puede quejar de que la gran mayoría del concierto fueran temas de su nueva época, porque supieron encajar “Gentleman” o “John The Baptist” entre su nuevo material, supieron elevar la potencia de unas guitarras majestuosas sumando metales y cuerdas, supieron darnos descanso con baladas negroides con Dulli al piano, y supieron rematarnos con esa joya que es “Faded”, introduciéndola como una versión de Bonnie Raitt. Una auténtica catarsis.

Gregg Dulli de The Afghan Whigs / Foto: Nuria Ríus

Nos apetecía mucho ver a Kate Tempest, pero la rapera británica estaba a punto de finalizar y ver a Slayer en un escenario grande de un festival de este perfil era demasiado goloso como para perdérnoslo. Puede que algún fan despistado de Bon Iver sufriera un colapso nervioso, pero la verdad es que la cantidad de público que se congregó para ver a estos pioneros del trash metal era más que sorprendente. Es cierto que algunas campañas de moda les han puesto de moda entre un público moderno y alejado a su target habitual, pero quitarle mérito a la banda y al pedazo de espectáculo que ayer dieron sería totalmente injusto.

Slayer / Foto: Sergio Albert

Las guitarras hirientes, en todas sus acepciones, habían tomado carrerilla y con The Black Angels se estableció una velocidad de crucero que se mantuvo en nuestra andadura por el festival hasta el final de la noche –somos de esos que sacrificaron a Aphex Twin. Sí, de esos-. La psicodelia garagera de estos texanos es impactante, encima si les ponen en bandeja una pantalla en la que proyectar su lisérgica iconografía y un escenario de sonido potente pero claro, pueden noquearte. Dieron uno de los conciertos de más punch de la jornada y fueron la antesala perfecta para una de las bandas que más apetecían del festival, King Gizzard & The Lizard Wizard.

The Black Angels / Foto: Garbiñe Irizar

Estos locos australianos se han ganado ser una de las bandas más comentadas del planeta. No hacen más que revivalizar un género exprimido hasta la saciedad, pero al contrario que sus lánguidos y artys compatriotas Tame Impala, King Gizzard tiran de crudeza y experimentación. Pueden llevarte en volandas con un ritmo kraut, exaltarte siendo unos sucios garageros y mientras tirar de una psicodelia adrenalínica que puede hacerte volar a una velocidad supersónica cercana a mach 5. Empezaron con “Rattlesnake” y formaron un set que casi estaba centrado en exclusiva en sus tres últimos discos –circunscritos a los últimos trece meses, señores-, en el que tuvieron sus momentos álgidos en canciones como “Gamma Knife” o “Cellophane” –con la que cerraron-, pero que su mejor virtud fue el éxtasis continuo. Si hay que poner un pero al concierto es que si le ponen un sonido tan bajo –aunque de calidad exquisita- a Swans, Michael Gira va a bajar del escenario a partirle la cara a alguien.

VIERNES

La segunda jornada del Primavera Sound 2017 la desprecintamos viendo a Sinkane en el escenario que da entrada al festival, porque los suecos de The Radio Dept seguro que lo hicieron muy bonito en el Hidden Stage, pero propuestas tan excitantes como las de este angloafricano no son tan fáciles de ver por estos lares. Con una bandaza y una cantante espectacular, este tipo y sus acompañantes interpretaron una música que ha sabido traspasar sus étnicas raíces, que recogen todas las tradiciones negras que puedan enumerar, y fusionarlas con kraut, free jazz o post punk. Aquello sonaba increible y muy fresco, pero a pesar de lo gozoso del momento, tuvimos que hacer nuestra primera apuesta: marcharnos de allí para ir a ver a Mitski en el Escenario Pitchfork; la americana de ascendencia japonesa, publicó el año pasado “Puberty 2”, uno de los mejores álbumes de la temporada. Esta joven artista – aunque con 26 años ya ha publicado cuatro discos – escupió sus canciones de forma totalmente hierática, dejando que fueran ellas las que con sus opresivos mensajes nos dieran puñetazos en el estómago. Impertérrita, pero con una cara de furia capaz de derretir los casquetes polares, y mientras su guitarra y su batería se retorcían y sacaban jugo a sus instrumentos, Miski Miyawaki fue escupiendo temas de acuchillante indie rock de corte noventero, y poco a poco fue ganando la atención de un público que empezó frío, pero acabó rendido ante la fuerza y la actitud de una artista que terminó su show a pleno alarido.

Sinkane / Foto: Nuria Ríus

Cuando terminamos en el Pitchfork, nos entraron remordimientos de no haber visto a The Radio Dept y nos acercamos al Hidden Stage de Heineken para ver su final, pero “oh, cáspita”, el concierto estaba terminando y todavía había una cola de al menos cien personas esperando a entrar, cosas de ponerse de moda, así que directos al Escenario Heineken a ver a The Growlers. Ya les habíamos visto hace pocas ediciones, pero constatar su paso del escenario más pequeño al más grande del Primavera, nos parecía interesante. Tampoco es que hayan vivido un cambio significativo, que haya nada nuevo bajo el sol, siguen a su marcha de típica banda californiana de rock de aroma añejo, de garage lánguido y de toques psicodélicos de mínimo octanaje, pero se dejan disfrutar, eso sí. Se comenta que tienen fama de que en directo dan una de cal y una de arena, pero a mí ya me han tocado dos de cal, ¿o de arena? Bueno, dos actuaciones buenas, que a veces es más fácil decirlo de manera normal y directa.

The Growlers / Foto: Eric Pamies

Cuando empezaron el campechano Mac Demarco y sus locos acompañantes en el Escenario Mango–el batería iba en bolas- se nos ocurrió ir al baño un momento en la zona cercana al Night Pro y al salir de la puerta misma del Poly Klyn vivimos una situación desconcertante: cientos de personas se apresuraban en dirección a los escenarios grandes. ¿La gente no se había enterado de que Frank Ocean había suspendido su concierto hace unos días? ¿El habitual Mac Demarco había pasado de repente a ser una megaestrella? ¿Era yo el único que no se había enterado de otro concierto sorpresa de Arcade Fire? ¿La gente iba a pillar sitio para The XX un par de horas antes? Después de meditarlo un ratito, ya lejos de la marabunta que amenazaba con aplastarnos, llegamos a la conclusión de que era esto último; The XX son el cabeza de cartel del festival, el grupo más modernito y de moda de entre lo presente. Vale, el público siempre tiene la razón, pero por muchas X que se pongan en su nombre, nadie iba a impedir que nosotros nos fuéramos a ver a Descendents.

Mac DeMarco / Foto: Eric Pamies

Hay bandas de estilos musicales generacionales y eminentemente asociados a la rebeldía juvenil, que verles sobre un escenario a una edad madura puede llegar a ser patético, pero ese no es el caso de Descendents. Tres décadas después, con idas y venidas, cambios y fallecimientos, siguen dando un repaso de actitud a muchas bandas de punk rock actuales. Estos veteranos nos hicieron gozar con esos trallazos de hardcore melódico o ese punk de reminiscencias pop que luego sobreedulcoraron y llevaron a las masas bandas como Green Day. Tras la fresca sensación de Descendents, nos apetecía sumergirnos en los últimos coletazos de unos Swans que prometían sumergirnos en un tsunami de gravedad sónica. Michael Gira de espaldas al público, a modo de director de orquesta, se dedicó a exprimir una banda capaz de hacer aullar a sus instrumentos o de marcar unos ritmos que pondrían a marchar a todos los habitantes del averno, demostrando, una vez más, que son uno de los directos más demoledores que se han visto nunca.

Descendents / Foto: Nuria Ríus

El festival premió a Swans con dos horas de escenario para ellos solos, pero a mitad de actuación nos fuimos a ver a The Make-Up al Escenario Primavera. Teníamos el pálpito de que podíamos vivir una experiencia memorable, como así fue. Ya sabemos que Ian Svenonius es puro espectáculo y que, sea con el proyecto que sea, va a ponernos del revés, pero lo de ayer ya fue insuperable. A los diez segundos de la primera canción ya estaba correteando entre nosotros, gritándonos a la cara y bailando como si una bailarina tribal africana, James Brown, el cuerpo astral de Jon Spencer y un demonio epiléptico, luchasen por hacerse con el control de su cuerpo. Se pasó más del noventa por ciento del concierto sujetado de pie sobre el público, pasándose el micro con mucho estilo de mano a mano – cuando no lo tenía metido en la boca hasta la campanilla -, pero ninguno de estos excesos disminuía el poder de una música que podía ir del garage al góspel o del punk al rock sixties, y es pura adrenalina, sudor y sexo. Seguro que en estos días habrá muchos conciertos mejores, pero pocos tan impactantes.

The Make-Up / Foto: Garbiñe Irizar

Esperando a Sleaford Mods en el Escenario Ray-Ban nos las prometíamos felices rodeados de británicos con ansia de jarana, pero el comienzo de su set no pudo ser más caótico. Jason Williamson empezó a escupir la letra de “Army Nights” sobre las bases del sonriente Andrew Fearn, pero algo fallaba. No se oía un carajo, solamente nos llegaba el sonido de sus monitores, y el público empezó a gritar y quejarse. El dúo de Nottingham siguió a muerte con la canción pensando que los gestos del público eran la furiosa forma de expresión de una audiencia excitada, pero antes de terminarla les llegó el mensaje de que aunque ellos se escuchaban de puta madre –Vive Dios que tenían los monitores al once-, los de abajo no. Entonces llegó el cabreo, no de Andrew, que es un sonriente fumeta, de la bestia parda de Jason. Después de gritarles a los técnicos de la mesa de sonido que eran unos amateurs, de enseñar el culo y de cagarse en todo lo que meneaba, soltó el micro y se largó. Volvieron a los pocos minutos, empezaron la misma canción de nuevo y tras unos segundos sonando, se les fue de nuevo el sonido. “Fuckin spaniards” fue lo más suave que salió de la boca del cantante esta vez, pero los problemas técnicos, afortunadamente, ahora fueron cuestión de segundos. Atacaron de nuevo “Army nights” –son unos jodidamente maravillosos cabezones- y empezaron los pogos. Interpretaron “English Tapas” prácticamente al completo, pero también picotearon en el resto de sus álbumes, una discografía que es un compendio de ácidos y abruptos mensajes sobre lo más sucio de la cultura de barrio inglesa, escupidos sobre machacones beats. A poca empatía de clase que se tenga, imposible no conectar con su visceralidad mayúscula y sus esquizoides movimientos.

Sleaford Mods / Foto: Garniñe Irizar

Nuestra intención era ir a ver a Run The Jewels, lo juramos, pero cometimos el “error” de subir las escaleras del anfiteatro para echarle un vistazo a Front 242 y allí que nos quedamos. Es muy posible que fueran rescatados para esta edición, y en un escenario prominente, gracias al libro “Bacalao” de Luis Costa, pero los que de verdad vivimos La Ruta nunca les hemos olvidado. Quizá fuera un poco de abuelito cebolleta quedarse imbuido por los ritmos industriales del EBM de los belgas, pero cada uno tiene sus debilidades.

Front 242 / Foto: Sergio Albert

SÁBADO

Las dos jornadas anteriores nos habíamos permitido el lujo de no empezarlas a primera hora, pero esta última no podíamos hacer lo mismo porque queríamos certificar la resurrección de Surfin’ Bichos en el Hidden Stage de Heineken. Muchos fueron los fans valientes que presentaron sus respetos a estos mitos de Albacete a las cinco de la tarde, y es que… ¡Eran las cinco en sombra de la tarde! Alfaro, Pascual, Cuevas y Mora se han reunido este año para dar una serie de conciertos celebrando el 25 aniversario de “Hermanos Carnales” y es justo que nosotros nos unamos al homenaje del mejor disco de unos pioneros en todo esto llamado indie en nuestro país. “Los años nos atacan y les devolvemos esto”, fue una de las contadas, pero significativas, frases que soltó Fernando Alfaro entre los temas. Fue reconfortante ver la solidez de la banda, la fiabilidad inquebrantable, el estado de forma de los músicos y que parece que hacen esto con pleno convencimiento y de que lo disfrutan. “Hermanos Carnales” cayó enterito, con sus canciones casi en orden, pero dejando para el final “Hermano Carnal” y “Fuerte”, los hits del álbum, antes de cerrar con “La Estación de las lluvias”.

Surfin’ Bichos / Foto: Dani Cantó

Todavía abrumados por los bichos surfistas, decidimos que lo adecuado era aprovecharnos de un Fórum todavía sin aglomeraciones para presentarnos en un santiamén en la otra esquina del recinto en el Escenario Heineken para ver a Shongoy Blues. Es muy agradable ver como el Primavera Sound da cada vez más espacio a estupendas propuestas africanas como la de estos malienses. Agresivo blues sahariano, melodías hipnóticas, tensión y carácter, eso es lo que vimos y por supuesto disfrutamos.

Shongoy Blues / Foto: Sergio Albert

Al acabar los africanos, en el escenario de enfrente tocó el turno de Pond. Los australianos son otra de esas bandas que han crecido en el Primavera y que, pocos años después de su primera presencia, suben el peldaño de obtener un escenario mayor –lo mismo que pasaría un poco más tarde con Japandroids, o pasó el día anterior con The Growlers o Mac DeMarco-. Estos primos hermanos de Tame Impala acaban de publicar “The Weather”, quizá su disco más pop hasta el momento, pero todavía rezuman lisergia y conservan cierta querencia experimental que les hace atractivos. Mientras que Tame Impala han pasado a llevar su psicodelia a una zona de suteliza y electrónica, Pond se mantienen en unos riffs que les sitúa en un punto intermedio de fusiones interesante. Otra cosa que les diferencia, es que Nick Allbrock, cantante y guitarrista de Pond –bajista en Tame Impala-, tiene mucho más carisma en directo que Kevin Parker. Esto es así.

Pond / Foto: Sergio Albert

Sacrificamos el final de Pond, y el recital de El León de Belfast, por poder entrar a ver a Thurston Moore en un concierto en sala dentro del Primavera Sound; ese es el tipo de experiencia que ofrece el Hidden Stage. Nuestro alto interés venía derivado por lo mucho que nos ha gustado “Rock N Roll Consciousness”, último trabajo del exSonic Youth en el que recupera la vía experimental y el sabor de su antigua banda. El concierto fue la interpretación de los larguísimos cinco temas que componen este trabajo, con Moore armado de una acústica de doce cuerdas que exprimió hasta la última astilla y un batería que le daba un juego rítmico demoledor. La interpretación fue maravillosa, de lo mejor del festival, y el misticismo de los temas se coló en nuestro cuerpo acompañado por los viajes intergalácticos que se proyectaban en la pantalla que hacía de telón.

Thuston Moore / Foto: Dani Cantó

Cuando salimos de la oscuridad del Hidden y fuimos a acomodarnos para ver a Angel Olsen, nos encontramos un Escenario Ray-Ban hasta los topes, incluidas gradas –solo estuvimos un minuto en el final del concierto de Royal Trux y nos parecieron espectros-. Esta mujer, desde el minuto uno, con una constante sonrisa arrebatadora, transmitió la seguridad que ofrece el poderío de su último trabajo, “My Woman”, el dominio de su portentosa voz y el verse arropada por una majestuosa banda. Empezó con “High & Wild” de su trabajo “Burn Your Fire For No Witness” y al momento atacó ese temazo que es “Shut Up Kiss Me”. Los mejores y más intensos momentos se produjeron en la primera parte de un concierto en el que se nos presentó el último trabajo casi en el orden del track list, pero que en ningún momento flojeó en destreza o estilo.

Royal Trux / Foto: Dani Cantó

Hemos visto a Teenage Fanclub docenas de veces en todo tipo de conciertos, más que a muchos familiares, pero no nos importa porque les queremos más que a muchos de ellos –tanto como para perdernos la final de Champions que estaban proyectando a menos de cincuenta metros en la zona de comida-. Encajaron cuatro temas de su último trabajo, “Here”, en un set list de hits de todas sus épocas, porque sus nuevos trabajos encajan a la perfección en una discografía que avanza sin fallo y porque tienen tantas canciones memorables que construir un set list mediocre debe ser casi imposible. La multitud de británicos –entre ellos, cientos de escoceses- coreando, saltando y disfrutando ponía los pelos de punta. Ellos por su parte se mostraron tan felices como sus melodías –Norman Blake no paró de sonreir- y repartieron las voces principales y los coros con una fiabilidad y magia que les hace únicos.

Teenage Fanclub / FOto: Sergio Albert

Uno de los conciertos que nos parecían más interesantes de toda la programación en los escenarios grandes era el de Grace Jones en el Heineken. La diva jamaicana de setenta años salió dispuesta a poner todo de su parte para ofrecernos el mayor espectáculo del festival. Porque hay algo que en muchos de los grandes artistas se ha perdido, el sentido del espectáculo. En esta categoría, ella se debería llevar el premio de esta edición. Canciones, buenas canciones, suyas y ajenas, fueron la motivación principal de asistir a su concierto, pero el aderezo de lo que nos podía ofrecer como complemento también nos interesaba muchísimo. No nos defraudó en absoluto, dominó el enorme escenario con su interpretación y su cuerpo semidesnudo pintado con dibujos en blanco, rematado con diferentes penachos, que reforzaba una imagen tribal pero sin embargo futurista. Grace Jones nos enamoró, pero King Krule nos defraudó, al menos no nos consiguió atrapar; demasiadas derivaciones jazzísticas y poca chicha. Poco antes, en el escenario Adidas habíamos visto un entretenido ejercicio de indie noventero a cargo de de Lvl Up, una de las bandas más frescas del nuevo catálogo de Sub Pop; se podían reconocer influencias de Dinosaur Jr o Pavement, entre otros, sin mucho esfuerzo, y eso es un valor importante si lo haces con la naturalidad y desparpajo de estos chavales.

Grace Jones / Foto: Eric Pamies

Japandroids se han hecho de rogar con la continuación de su magnífico “Celebration Rock” – que presentaron también en el Primavera Sound-, pero ha merecido la pena porque “Near To The Wild Heart Of Life” es otro disco excelente. Entre uno y otro, este dúo de Vancouver, nos sirvió un menú de acelerados riffs, de ritmos frenéticos, de moderno punk para canciones emocionales y fueron la guinda guitarrera perfecta de esta edición. No podíamos irnos a casa con el corazón tan acelerado, así que intentamos ver el final de los también canadienses Preoccupations, antes conocidos como Viet Cong. No conseguimos llegar a tiempo, bueno sí, escuchamos una canción y media a través de sus monitores, porque estaban sobreestimulados y les importó un pimiento que les apagaran el sonido al haber sobrepasado su tiempo. La verdad es que esta entrega era una buena imagen con la que cerrar otra gran edición del Primavera Sound.

Japandroids / Foto: Garbiñe Irizar

 

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