MUSICA / JAH9 & DUBTONIC CREW

ASÍ TE CONTAMOS EL ROTOTOM

SÁBADO 16

Comenzó el Rototom, el encuentro mundial de las culturas del reggae. A las 16 horas todo estaba preparado en el recinto para el público, que a lo largo de dos días ha ido ocupando progresivamente un espacio que durante una semana funciona como una ciudad, una comunidad que convive en armonía y en la que se siente el respeto por el aspecto cultural de la Bass Culture.

 

 

Dos días en los que el tiempo, pese a lo que se temía, ha respetado al festival y ha permitido respirar a los presentes con una temperatura suave y agradable. Era rimera hora de la tarde y los asistentes se iban aposentando en el camping y esparciéndose como una mancha que lo cubre todo. A esas horas, lo más interesante ocurría en la carpa de la Reggae University, donde se proyectaba el documental “Born in Trenchtown”, con un sorprendente lleno, por el día y hora elegidos. Allí tuvieron lugar citas interesantes: Tras el pase, se presentó la ONG Trenchtown Town Reading Center, a través de su portavoz en España, Abril Mills. Por su parte, Donisha Prendergast, nieta de Bob Marley, exponía con pasión las causas que originado el movimiento Occupy Pinnacle, que lucha por preservar ese espacio emblemático para el colectivo rastafari en Jamaica (fragmentado en distintas facciones), ya que allí fundó Leonard Howell el primer asentamiento rastafari. En la actualidad, el Gobierno jamaicano, amparado en la legalidad, ha anunciado que apoya al propietario legítimo de las tierras en su voluntad de construir en la zona. Según explicó Donisha, detrás de la maniobra subyacen otros motivos, relacionados con castigar al movimiento rastafari y acabar con su rebeldía, como ha ocurrido en otros momentos de la historia desde su nacimiento. Junto a ella estaba el artista y agitador cultural jamaicano I-Nation.

 

 

La jornada no hacía más que empezar y las ganas de escuchar a los artistas programados se notaba en el ambiente. Tanto, que para el primer concierto, el de Cornell Campbell, ya se congregaba gran parte de los asistentes. El jamaicano ocupó el escenario con una estética que bebía directamente de la cultura disco de los años ochenta, derrochando negritud y glamour decadente. Comenzó echando mano de clásicos como “Queen of The Ministrels” y “I am The Gorgon”, entre otros clásicos de Studio One, para acabar con una apoteósica versión del clásico “100 Pounds of Collie”, con el público disfrutando al máximo. Junto a él, la banda, los británicos Soothsayers, le dio consistencia al show y dejó clara su sensibilidad para los sonidos más tradicionales. También repasaron temas de su último disco. Una gran manera de empezar la noche.

 

 

Las nuevas generaciones se abrieron paso hasta el escenario principal cuando el rabioso Kabaka Pyramid salió al escenario enarbolando la etiqueta del llamado Reggae Revival. Demostró que le sobra potencia para poder aspirar, con algo más de rodaje y repertorio, a ocupar un lugar entre los grandes. Ofreció un concierto compacto, basado en las letras conscientes, la tradición del ritmo one-drop y los guiños al dancehall. Repasó temas de su disco “Lead The Way” y del anterior, “Rebel Music”.

 

 

La conciencia y la militancia anticapitalista y rastafari de Kabaka Pyramid dio paso a la fórmula de éxito de Busy Signal, quien tras el buen sabor de boca dejado en el Rototom 2013 volvió a demostrar un poderío fuera de toda duda. Solvente y en forma, el artista repasó algunos de los temas de su último disco, “Reggae Music Again”, basado, en gran medida, en el reggae tradicional, aunque no descuidó su faceta dancehall, desgranando algunos de sus éxitos pasados. El público disfrutó de un espectáculo radiante y cargado de energía que alcanzó su punto álgido cuando sonó su éxito “Jamaica Love”, basada en el riddim de “Forever Young” (adaptación de la famosa canción de Alphaville). El desarrollo del tema fue ganando en intensidad y el público respondió al estímulo, porque la calidad lo merecía. Signal cerró su propuesta con toda la fuerza del dancehall, dejando al público en lo más alto.

 

 

Y por fin llegó el momento más esperado, el de ver y oír a la historia viva del reggae, escrita en mayúsculas: Jimmy Cliff. La gran estrella de los setenta llegó cargadísima de energía, aunque su voz sufrió mucho y fue apagándose a lo largo del show, hasta puntos que llegaban a producir padecimiento al espectador. Pero su generosidad en la puesta en escena, dando todo lo que tenía para enganchar y entretener al público, junto con algunos guiños de calidad, apoyados en su repertorio, salvaron el show. Repasó sus éxitos y parte del repertorio de su disco “Rebirth”, producido por Tim Armstrong, cantante de Rancid (antiguo punk, ahora skinhead con interés por el reggae), con el que recupera el sonido del early reggae más estricto. Sin embargo, el directo no anduvo por esos derroteros en cuanto a textura y se situó más cerca del show de una estrella decadente del soul, anclada en una puesta en escena de enérgicos bailes funk y mucha energía positiva. La suya fue una propuesta luminosa y festiva, lo que en realidad es muy coherente con su esencia artística, la de un showman deudor del sentido pop del soul de los años sesenta y setenta.

 

 

No significa que no funcionara. Al contrario. Dentro de esos parámetros, Cliff se entregó por completo al público. Aunque es bien cierto que, en su ansiedad por conectar, en algún momento se deslizó por terrenos delicados e innecesarios, optando por recursos fáciles que quizá funcionen ante públicos generalistas, pero que chirrían en un festival de reggae, como la versión edulcorada de “Hakuna Matata”. Jimmy Cliff no necesita recurrir a esos trucos para levantar a un público entregado de entrada, le sobra repertorio y trayectoria como para ofrecer algo más puro. Dicho esto, necesario es destacar que también hubo lugar para la cultura y las lecciones de historia; hizo una versión del clásico “Rivers of Babylon” con una sección de tambores Nyahbinghi dándole todo el sentido (su grabación es una versión pop de un tema Nyahbinghi), cerrando así el círculo y haciendo llegar a las masas una muestra de esta cultura religiosa. También nos dejó algunos de sus temas ska, como la magnífica “Miss Jamaica”, recordándonos sus orígenes.

 

 

DOMINGO 17

El segundo día del festival la atención estaba puesta en el concierto de Beenie Man, el proclamado rey del dancehall, llegado de Jamaica para poner las cosas en su sitio y volver a revalidar su título. El concierto fue potente, y Man volvió a demostrar la altura a la que está como artista de dancehall, aunque en algunos momentos las fuerzas parecían abandonarle. No es raro, no paró de saltar, arengar, mover al público y cantar. Al final, obtuvo su recompensa y la conexión con el público funcionó a la perfección. Sacó a un grupo de bailarinas y pese a que por momentos desplegó una propuesta de dancehall accesible con tintes comerciales, no dejó desilusionados a sus seguidores más duros a base de temazos.

 

 

Por el escenario principal había pasado antes Romain Virgo, el chico que enamora a las chicas con su estilo suave y elegante, deudor de la gran tradición de cantantes melódicos jamaicanos. El show discurrió por el terreno del dancehall más accesible, haciendo que la casa se viniera abajo al sonar su éxito “We No Worry Bout Them”. Gracias al trabajo y energía desplegada, Romain logró una conexión muy alta con el público que se entregó a su fiesta.

 

 

Y la sorpresa llegó con una artista electrizante e hipnótica, Mo’Kalamity, francesa de origen africano. Empezó su concierto en el Main Stage al principio de la noche, sin aspavientos, con una banda que suena a la perfección y que busca y bebe de los sonidos más cercanos al Black Power de los años sesenta, del soul-jazz y el funk, pasados por la tradición jamaicana. Una flauta travesera que sonaba perfecta ayudaba a crear ese sonido tan cercano a la blaxplotation. La presencia de la cantante sobre el escenario daba un nuevo sentido a lo que oíamos con sus bailes y manera de dirigirse al público. Pura belleza reggae, derrochando actitud y reivindicación. Una mujer fuerte, consciente, exultante y acogedora al mismo tiempo. El concierto de la noche.

 

 

Otra de las sorpresas, de carácter menor, la dio el sound system Soulboys vs Rudeboys, que llenaron la carpa del Ska Club a pesar de coincidir en algunos momentos con Romain. Funcionó a la perfección su propuesta de pinchar clásicos de los sesenta y primeros setenta, seguidos de increíbles versiones sobre las que su DJ desplegaba sus habilidades como toaster (rapero) en el sentido más clásico del término, remitiendo a Dennis Alcaponne y los primeros DJ jamaicanos.

 

 

LUNES 18

Rototom ha ido cogiendo forma y creciendo en los días que lleva en activo y ya ha dejado muy buenos momentos en todos los sentidos, no sólo en el musical. Atendiendo a estos detalles, merece la pena destacar el debate que se desató en la carpa de la Reggae University, durante la ponencia posterior al pase del documental “Living in Waterhouse”, de la productora de Fernando García-Guereta, Nice Time. Tras su visionado, se celebro una mesa redonda en la que García-Guereta planteó la necesidad de acompañar de acciones y reacciones las denuncias y las soflamas revolucionarias en Jamaica, donde la población asiste pasiva a abusos continuos por parte del poder, sin mover un dedo. El debate sobre si el Reggae Revival es un truco de marketing o un movimiento real sigue encima de la mesa. A continuación, Addis Pablo (hijo de Augustus, una de las cabezas visibles del desarrollo del dub en los setenta) estuvo explicando en qué medida el dub ha reaparecido en la escena jamaicana actual.

 

 

Por el escenario principal, el lunes las cosas estuvieron calientes. Anthony B, estrella de la noche, no tenía nada que demostrar. Se le puede achacar que artísticamente está en un momento poco creativo, pero su puesta en escena sigue siendo impoluta. Apareció ataviado con un elegante traje de corbata, turbante Bobo Ashanti (una de las sectas rastas) y su bastón de mando en la mano (simbología rasta, en referencia al bastón de Joshua). Como en otras ocasiones, el artista demostró estar en plena forma, sin parar de animar, arengar y saltar. Mucho “jaka jaka jo” se coreó esa noche. Porque ante cada interpelación del cantante, el público respondía con entusiasmo. El show arrancó con Johnny Cool al micrófono, que demostró gran presencia, y tras un par de temas empezó a oírse desde el fondo la inconfundible voz de Anthony B, que a partir de ese momento contó con la entrega del público en una fiesta colectiva que tuvo picos de intensidad gracias a su mezcla de reggae music y new roots. La entrega del cantante se vio recompensada por el público, que estalló en bailes masivos cuando sonaron algunos de sus éxitos. Para empezar, dejó una soberbia versión de “Higher Meditation”, y no bajó ya el listón en todo el show, que continuó con enérgicas lecturas de “Territory”, “Born to be Free”, “Freedom Fighter”, “Police”, “Living my Life” (que tiene poco de reggae y mucho de rock facilón, pero a la que logra imprimir su sello y convertirla en un eficaz y potente himno), “Whip Dem Jah Jah” o “My Yes & My No”, entre otros temazos. Muy prescindible resultó el “Imagine” de John Lennon, incluido en su último disco, “Tribute to Legends”. Acabó el show con un gesto de respeto a los mayores, Interpretando una gran versión de “One Love”, de Bob Marley.

 

 

El final del día fue, pues, apoteósico, pero no había empezado nada mal. Más tranquilos dieron inicio a la tarde Gladiators con nuevo cantante al frente, Droop Lion, un joven cachorro de gran voz, muy educada, de textura algo rota, al estilo de Joseph Hill (Culture), que le imprimió mucha energía al concierto de este combo de la foundation de la roots music. Mucho respeto para los orígenes y amor es lo que recibió el grupo por parte del público. Echaron mano de algunos de sus éxitos y de temas de su nuevo disco, así que pudimos escuchar clásicos como “Dreadlocks the Time is Now”, “Dread Natty Dread” o “Mix Up” con renovada energía e intensidad. La voz de Droop Lion es perfecta para actualizar la propuesta anclada en el pasado de este grupo de referencia del roots, porque se mueve entre el góspel y el soul aportando mucha vitalidad.

 

 

A continuación, Jesse Royal ocupó el escenario con algo de timidez, pero demostrando un gran potencial, por lo que no sería raro que en poco tiempo se convierta en una estrella. Royal es una de las referencias más destacadas del nuevo roots que se está haciendo en Jamaica actualmente y ha ligado su carrera a uno de los productores más destacados en la nueva escena jamaicana con vocación internacional, Major Lanze. Su show demostró que como cantante es completamente solvente y logra transmitir y conectar con el público, como vimos en “Butterflies”, la versión que hizo de Mama Africa (Garnett Silk) y, por supuesto, en su hit “Modern Day Judas”.

 

 

MARTES 19

La jornada del martes 19 estuvo dominada por el mensaje de Jah Rastafari, de la mano de la joven generación de artistas roots que ha dado Jamaica. Tras el intenso debate desatado el día anterior en la carpa de la Reggae University sobre la consistencia del movimiento Reggae Revival, el tema volvió a surgir en la conferencia que tuvo lugar en la misma carpa con Chronixx, Micah Shemaiah, Infinite y Exile di Brave. Bajo el título de “Jah ova Evil” (Jah sobre el demonio), los artistas, moderados por Pete Lily, de la revista Riddim, explicaron en qué consiste el mensaje rastafari en el nuevo reggae. Lily dio las claves que hicieron nacer al movimiento y aseguró que se trata de una operación de marketing. Eso sí, se trata de un marketing que vende un mensaje positivo destinado a millones de jóvenes pobres alrededor del mundo. ¿Invalida la supuesta falta de compromiso de los artistas su labor educativa? Obviamente, no.

 

 

Los artistas del Reggae Revival, que fueron pasando a lo largo del día por el stand de I-Nation (situado junto a la Reggae University y punto de encuentro de la intelligentsia del movimiento, donde comprar sus discos y merchandising), dominaron la programación. Tras la conferencia, algunos de ellos acudieron a la Dub Academy, donde Addis Pablo ofreció una sesión de dub con melódica sobre los ritmos pinchados por los Suns of Dub. Una actuación intensa, densa, cargada de meditation y grandes ritmos clásicos. La sorpresa llegó cuando Infinite, Shemaiah y Exile di Brave se unieron a la fiesta sin estar anunciados y comenzó un auténtico jolgorio improvisado, con el micro pasando de mano en mano y Pablo soltando fraseos con la melódica. Se nota que funcionan como un equipo y que les une algo más que el trabajo. Un momento auténtico de sound de Kingston, donde vimos a unos jóvenes expertos en ese terreno pasarlo bien, disfrutar y transmitirlo. A mitad de la actuación nos dirigimos a ver a su otro colega, Chronixx, con la conciencia de estar dejando atrás una experiencia única.

 

 

De la oscuridad y el minimalismo de la Dub Academy cambiamos a la magnificencia del Main Stage para ver a la estrella emergente, Chronixx, un joven de Kingston miembro de la nueva escena roots que demostró que está llamado a ser una estrella, pese a que aún le falta presencia en el escenario. Esto se notó, especialmente, en su versión de “Somewhere”, que bajó la intensidad del espectáculo, para recuperarla de nuevo en cuanto volvió a apoyarse en temas propios como “Smile Jamaica” o “Here comes the Trouble”. Lo más interesante lo dejó para el final del concierto, con sonidos propios del dub más denso que suena en los sound systems, con sirenas y mucho bajo de alto octanaje. Sonidos gruesos para un mensaje iluminado de liberación individual y resistencia, que rompieron con lo habitual en este tipo de show, un riesgo que bien gestionado puede hacer que el artista brille, como fue el caso. Chronixx dio al público lo que esperaba y más, mantuvo la calidad en su puesta en escena, pero aún le falta experiencia para llegar a ser un cabeza de cartel solvente.

 

 

La organización debía tenerlo muy claro, porque ese puesto lo dejaron en manos de un valor seguro, Alpha Blondy. El de Costa de Marfil lleva lustros funcionando con la misma propuesta, sin sobresaltos, sin riesgos, basada en sus viejos éxitos, salpicada con algún tema actual. Y así se comportó la noche del martes en Benicàssim, sin saltarse ni una línea del guión. Desplegó un espectáculo de luces apabullante, guitarras épicas de corte rockero, clásicos y una puesta en escena rebosante de energía, sin parar de moverse por el escenario, demostrando que aún es capaz de defender su set con total solvencia. Sonaron los clásicos de siempre, “Politiqui”, “Cocody Rock”, la versión “I Wish You Were Here” (Pink Floyd) y la enorme “Peace in Liberia” que presentó con un discurso en el que repasó todos los conflictos armados actuales para pedir que cesen las matanzas, haciendo especial hincapié en la masacre de Gaza. Fue un momento electrizante, en el que el artista dejó clara su postura política y su conocimiento de lo que ocurre alrededor del mundo. De nuevo el mensaje de “Jah Ova Evil” reinaba en la noche de Benicàssim. Alpha Blondy sigue funcionando. El público le sigue venerando como a una gran estrella y no parece buscar nada nuevo en sus conciertos, que son una fiesta al son de su reggae africano, de factura más dulce que el jamaicano.

 

 

MIÉRCOLES 20

Lo que todos temíamos sucedió el miércoles. Nada más arrancar el concierto de Junior Kelly en el Main Stage, se desató una tromba de agua típica del Mediterráneo, intensa y corta, por lo que, tras la descarga, la vida volvió al recinto. Y la organización respiró tranquila, porque la noche del miércoles era de peso. Por el escenario principal tuvimos al veterano Kelly, al gran rastaman Luciano y al ganador de Grammys y fabricante de hits internacional, Sean Paul. Un cartel ambicioso, y algo incoherente, por la presencia del más que comercial Sean Paul, cuyo mensaje (o ausencia de él) entra en confrontación con las ideas rastas desplegadas por los otros dos artistas. Vayamos por partes.

 

 

Al final, pudimos verlos a todos, aunque Junior Kelly tuvo que acortar su show para adaptarse a las condiciones. Kelly, una de las luminarias del llamado New Roots que surgió en Jamaica en los noventa, ha reaparecido este año con nuevo disco, tras casi ocho años de silencio. Se presentó en Benicàssim con un show basado en algunos hits, como “Love so Nice”, en combinación con temas nuevos. El sonido que busca es accesible para todo el público y roza lo facilón, aunque hay que ser conscientes de que asistimos a un show corto y adulterado, por lo que resulta casi imposible emitir una opinión sobre lo que vimos.

 

 

Mediada la noche llegó el rastaman Luciano, demostrando una fuerza y una energía desbordantes, plasmada en forma de volteretas y carreras por el escenario. Repasó algunos de sus clásicos y dejó un testimonio de su apuesta por la roots music con un show emocionante y cargado de intensidad. La misma que cautivó a los asistentes a la sesión de Iration Stepas en el rincón de la Dub Academy, donde el cantante apareció con su bastón para cantar algunos temas en directo sobre bases que le iba poniendo el sound selector. Fue un momento mágico, de comunión total entre el artista y el escaso público asistente.

 

 

Antes de entrar en terrenos dub y otras densidades, tuvimos la oportunidad de ver a la megaestrella Sean Paul. El jamaicano vino para presentar su último disco, “Full Frequency”, aunque adaptó el set al festival que le acogía con algunos guiños al reggae. Fue una noche en la que se cantó a las mujeres, al éxito y al amor de telenovela y en la que el artista no dejó de apelar a las chicas sexy. Literal. En cualquier caso, el recinto se llenó por primera vez hasta la bandera para ver este producto hecho a sí mismo, a base de bombazos que suenan en clubs y discotecas de todo el mundo con su mezcla de dancehall, hip hop, r&b y pop. Sean Paul no defraudó. Dio de sí lo que se esperaba. El espectáculo remitía directamente al universo MTV y sus propuestas grandilocuentes que, ciertamente, chirrían con la esencia del festival. De repente, Rototom dejó de ser una ciudad alternativa para usar cañones de humo y confeti, proyectar juegos de luces asombrosos y construir el espectáculo a base de bailarinas sobre tarimas, entre otros fuegos de artificio. Su propuesta quedó bien definida con su versión de “Bailando” (Enrique Iglesias). Escuchar este tema en Rototom fue doloroso para quien espera del reggae un discurso musical y de contenido emancipado y lúcido. “Gimmie the Light” y otros de sus éxitos sonaron poco convincentes junto a temas de su nuevo disco.

 

 

Afortunadamente, el festival siempre ofrece contenidos que llevarse a la boca con gusto. Fue el caso del show vespertino de (nuevamente) Addis Pablo, con su inseparable melódica, apoyado por la banda de Mafi & Fluxi, que ofreció un conciertazo de dub vibrante, con un bajo asesino, ajustado al milímetro, que no dejaba escapar ni un compás sin sonar amenazante. Un concierto menor, comparado con el resto de la programación, pero deslumbrante e hipnótico.

JUEVES 21

Tras el mal sabor de boca que dejó Sean Paul (cuyo show del miércoles fue cuestionado hasta por el propio Rodigan), Rototom nos volvió a ofrecer el jueves una noche de conciertos mágica. En el Main Stage abrieron los veteranos del roots más puro, The Wailing Souls, un trío vocal que comenzó su carrera grabando para el mítico sello Studio One (una especie de Motown a la jamaicana), etapa que dio paso a la marcada por el sonido pesado y militante de Channel One, para el que trabajaron durante los años esenciales del periodo roots. Se trata de otro de los grupos que hemos podido ver en distintas ocasiones, con un show que no sorprende, pero que resulta eficaz. Siguen haciendo lo suyo, lo de siempre, pero sin defraudar a pesar de su avanzada edad. El recinto no se llenó, era pronto aún y todavía quedaba artillería por delante.

 

 

Sobre las 22 horas tomó el escenario (o lo barrió como un torbellino, aún estamos tratando de digerir lo que vimos) la gran sorpresa y confirmación de la noche y hasta ahora, del festival: Jah9. Menuda de tamaño, Jah9 es una mujer luchadora, emancipada, apasionada, iluminada, con una misión y una gran fe rastafari. Y encima del escenario lo pudimos ver y sentir. Ofreció un gran espectáculo, cargado de electricidad, compartiendo sus puntos de vista e ideas con el público entre las canciones, con una garganta portentosa. Un show en el que la fuerza y la intensidad venían envueltas en la sutileza de su voz, los ritmos hipnóticos, la actitud aguerrida y la fe de su mensaje. Una gran voz soul que estuvo perfectamente acompañada por Dubtonic Kru, una gran banda que protagonizó un momento de conexión total con la artista. El repertorio estuvo centrado, sobre todo, en temas nuevos y singles, a pesar de lo reciente de su disco, “New Name”, del que sólo tocó un par de canciones: la enorme “Mr. Preacher Man” y la que da título al álbum. El concierto y la artista fueron creciendo a lo largo de un set basado en sonidos reggae de corte contemporáneo, muy hipnótico, buscando paisajes sonoros base de ritmos contenidos y mucha elegancia. Ya hay quien la ha coronado como la reina de esta edición del Rototom.

 

 

Jah9 es un personaje fascinante. La habíamos podido escuchar en una de las mesas redondas de los primeros días del festival acerca del mensaje rasta en la música reggae. Allí vimos a una mujer con ansias por transmitir, por compartir sus puntos de vista, de hacer proselitismo de su fe rastafari. Habló de emancipación de la mujer, de resistencia frente al capitalismo, de cómo los rastas no han dejado un pensamiento político escrito ni les interesa, porque la revolución para ellos es algo cotidiano en sus comunidades, donde han logrado una especie de sociedad paralela a la que gobierna Jamaica. La artista se quejó también de que su música está dejada de lado en su país, donde es ninguneada sin recibir cobertura mediática ni presencia en el mundo del sound system jamaicano, donde otros artistas del Reggae Revival como Chronixx sí se han situado.

 

 

Las buenas vibraciones que dejó la reina del Reggae Revival resurgieron con la presencia de otro grupo místico y con mensaje rasta. Midnite, de la isla de St. Croix, una de las citas obligadas del cartel. Aparecieron para compartir su energía con el público mediante canciones hipnóticas, circulares, de tempo lento, sin prisas, generando un momento colectivo de misticismo con el que la audiencia disfrutó y ante el que mostró su apoyó en todo momento. La voz de Vaughn Benjamin sigue en estado de gracia y continúa siendo una de las más carismáticas del reggae actual. De hecho, todo el grupo es una excepción dentro de la escena mundial, por su sonido, composiciones y letras. Se trata de una propuesta única en la que se perciben las raíces africanas, que remite al universo sonoro del reggae del continente negro, marcado por una dulzura que se mezcla con la aspereza urbana de la gran ciudad y la densidad del dub más hipnótico.

 

 

Con la sensación de que ya nada podía igualar lo vivido, y tras recorrer el recinto buscando propuestas interesantes, nos topamos casi por casualidad con uno de los grupos más interesantes de los últimos años en la escena del ska británico, anclada en muchos clichés y carente de creatividad. Se trata de The Delegators, que dieron un gran show sobre el escenario del Ska Club, conducido casi en su totalidad por su cantante, Janet Kumah, quien demostró tener todo lo necesario para ser una gran estrella, algo que no parece que vaya a ocurrir, dado el género musical que ha elegido para desarrollar su carrera, el early reggae, el ska y el rocksteady. Unos estilos olvidados y maltratados con demasiada frecuencia. Janet no paró de moverse con elegancia y fuerza, mientras la banda iba cumpliendo su papel con exactitud. Su voz nos remite al soul de los sesenta, y su presencia sobre el escenario lo llena todo. Un dulce caramelo que llevarnos a la boca antes de ir a dormir tras una de la mejores (si no la mejor) jornada vivida hasta ahora en el Rototom.

 

 

VIERNES 22

Con dos cabezas de cartel tan dispares como el facilón Shaggy (supuesta estrella de la noche) y el arrollador Femi Kuti, al día siguiente Rototom volvió a mostrar su compleja personalidad, que da cabida a propuestas tan distintas que resultan casi opuestas. A grandes rasgos, el viernes el festival sonó a África. La presencia en el escenario principal de la estrella del afrobeat Femi Kuti, hijo del inmortal Fela, propició que a su alrededor se articularan varias actividades para reivindicar los orígenes de las víctimas de la diáspora. Así, la periodista Sagrario Luna presentó la biografía “Fela Kuti: Espíritu indómito”, en el espacio African Village, donde a lo largo de toda la semana se han ido sucediendo actuaciones y actividades que dan visibilidad a las muchas culturas del continente negro. Luna dio algunas claves del personaje, que revolucionó la música en su país con un compromiso claro y no exento de polémica. Asimismo, el escenario del Showcase también sonó a afrobeat con la energía y más que correcta actuación de Café Touba. En el mismo espacio, los Hermanos Thioune, senegales afincados en España, aportaron sonidos más tradicionales, pero igual de comprometidos.

 

 

La estrella de la noche era Shaggy, aunque Femi Kuti, segundo cabeza de cartel, despertaba a priori más interés entre quienes esperan algo de complejidad y profundidad en la música, entre ellos muchos africanos que ven en él una voz que se levanta frente a las injusticias que asolan África. Y así fue: resultó infinitamente más interesante y divertido Femi Kuti que el saltarín Shaggy. Son dos conceptos diametralmente opuestos. No nos equivoquemos, ambos buscan la implicación del público, que baile, que coree y responda. En definitiva, ambos montan una fiesta comunal inmensa, pero la gran diferencia es que uno, el jamaicano, opta por el histrionismo y el exceso, mientras que el nigeriano lo hace con una entrega absoluta, una banda competente, compacta, potente y resolutiva y optando por la calidad y la excelencia, demostrando que no es necesario recurrir a o obvio para transmitir fuerza e intensidad y emocionar al público.

 

 

Femi Kuti apareció ataviado con un colorido traje africano y rodeado por un grupo de músicos que le ayudaron a llegar a lo más alto, siempre bajo su férrea dirección y control (en ocasiones recordaba a un director de orquesta). Condujo el show por donde le interesó y logró que el público se involucrara y disfrutara con un set de temas vibrantes y bailables, en el que no faltó la adaptación a coordenadas reggae de alguna de sus canciones. Apabullante, como las tres bailarinas que le acompañan, que vestidas con una ligera indumentaria africana desplegaron una energía asombrosa a base de bailes infinitos que enlazaban los bailes del dancehall actual con la tradición africana. Femi es un torbellino sobre el escenario, baila, canta, anima al público, toca diversos instrumentos y pilota su nave musical arrastrando a todo el recinto hasta para lanzar desde ese estado frenético sus soflamas políticas y de denuncia. El concierto de la noche, sin duda.

 

 

A continuación llegó la fiesta jamaicana de Shaggy, que no resultó tan desastroso como Sean Paul, pero estuvo algo falto de forma. El simpático chico que había logrado llevar el dancehall al terreno del pop más comercial y entrar en listas de éxitos, llegó con la voz tocada, por lo que se apoyó en colaboradores que salían al escenario para suplirle en algunos pasajes. Fue un concierto deslavazado, que tuvo algún momento con música pinchada al estilo sound system: Para sorpresa de todos, en un divertido y original guiño se pudo escuchar a Camarón en un sound system style. Lamentablemente, las ansias de Shaggy por asegurar la fiesta y la diversión le llevan a convertirse en un showman sobrecargado, hiperactuado y cargante por su manera de increpar sin parar al público buscando su reacción.

 

 

El repertorio estuvo plagado de éxitos, así que no faltaron “Boombastic”, “Sexy Lady”, “Feel the Rush” o “It Wasn’t Me”, entre otros. Dio cabida a temas de su nuevo disco, “Out of many, One music”, que no funcionaron tan bien entre el público, como por ejemplo, “Bridges”, grabada con el cantante de Reggae Revival Chronixx. No paró de gritar y de dirigirse al público buscando la respuesta colectiva, que al final consiguió mientras el show se iba dirigiendo hacia ninguna parte. Un set errático, en el que Shaggy metió de todo, desde homenajes a grandes cantantes clásicos hasta un baño con un barreño de agua fría en solidaridad con la campaña mundial por la lucha contra la ELA, aunque él no supo especificar el motivo por el que lo hacía (puro show frívolo), y al final dejó al espectador con mal sabor de boca. Shaggy es un animal sobre el escenario, pero le sobra manierismo y le falta forma y coherencia.

 

 

Pese a todo, con una programación tan amplia como la del Rototom, siempre hay grandes momentos que recordar. Antes de Shaggy y sus excesos, habíamos tenido música roots y cultura africana. Los seguidores del roots tradicional disfrutaron de una buena ración con la impecable actuación de los veteranos Twinkle Brothers, que arrancaron su carrera dejando clásico absolutos como su primer LP “Rasta P’on Top”, hundido de lleno en el sonido roots más puro de los años setenta, para evolucionar con el tiempo hasta convertirse en unos de los embajadores de los sonidos más oscuros y densos que recorren sounds systems y fiestas de toda Europa. No faltaron aromas de dub electrónico y roots digital -forman parte de su propuesta actual-, pero pasados por el filtro de sus músicos, que les hizo ganar en calidez. Y para deleite de los presentes, tampoco olvidaron sus clásicos. Un concierto equilibrado, en el que cupo todo, perfectamente ejecutado por parte de unos hermanos Grant que derramaron alma.

 

 

SÁBADO 23

Agradecidos a Jah y, especialmente, a la climatología por habernos evitado las fuertes lluvias que se anunciaban, encaramos el sábado el tramo final de una edición del Rototom que, según su director, Filippo Giunta, ha logrado batir las cifras de asistencia del año pasado, alcanzando los doscientos cincuenta mil espectadores. Pero en un festival dedicado al reggae y sus culturas y movimientos, resultó decepcionante para muchos de sus asistentes veteranos ver que el gran momento del festival estaba dedicado a una artista ajena a su cultura. El sábado era el día de Lauryn Hill, y se dejó notar en el número superior de personas que abarrotaban el recinto y en el tipo de público que se unió a los habituales habitantes del Rototom, gentes más tranquilas y sosegadas.

 

 

Con todo, el día volvió a dejar buenos momentos para la reggae people. Bajo el título “Everything is Great”, se celebró una mesa redonda con un invitado valiosísimo por su importancia en el desarrollo de la música jamaicana y por haber sido uno de los protagonistas del nacimiento del reggae, tal y como hoy lo conocemos: El señor Bunny Lee. Le acompañaron en su hijo Striker Jr y los miembros del grupo Inner Circle: Ian Lewis, 
Roger Lewis, Bernard “Touter” Harvey y Lancelot Hall. Entre risas y buen humor, estas leyendas vivas del reggae estuvieron compartiendo con los asistentes a la carpa de la Reggae University, recuerdos, ideas, impresiones y anécdotas de una vida pasada en el mismo epicentro del reggae. Recordemos que Bunny “Striker” Lee vivió su época dorada como productor durante el período de transición entre el rocksteady y el reggae, dejando grandes éxitos (le llamaban Mr Hitmaker) y ritmos que siguen vivos en la actualidad, ya que son recuperados una y otra vez por los artistas del dancehall. Sobre este aspecto, Lee comentó, sin cargar las tintas contra nadie, que es normal que esto suceda, porque la música que produjo estaba hecha con alma, por lo que es eterna. Lo que está por ver, dijo, es si estos artistas dancehall de ahora logran dejar un legado que viva tanto tiempo, porque tiene la impresión de que falta alma y amor en el dancehall jamaicano actual. Tras la charla, el productor de más de 74 años, estuvo cercano y amable con los fans, dejándose retratar y entablando conversación con quien se acercara.

 

 

Mientras Mr. Lee saludaba y mostraba su cercanía, Inner Circle salieron para el Main Stage, donde abrían la programación. Esperábamos un reggae más blando y festivo, ese que parece grabado para anunciar cervezas en verano, pero, por el contrario, lograron lo que Shaggy había buscado histéricamente el día anterior: Llenar el recinto y ganarse al público con una gran fiesta. No se trató de mística rastafari, fue puro baile y diversión, pero de gran calado, muy bien realizado, sin caer en clichés y con estilo rub-a-dub, tan del gusto jamaicano durante los años ochenta. No faltaron dubs, algo de raggamuffin y efectos de sound system, que se entremezclaban fabulosamente con algunos de sus clásicos como su versión del clásico “Games People Play”, una impresionante “Bad Boys”, e incluso una dignísima versión de su megaéxito, la pegajosa “Sweat”, que en directo se situó en los terrenos del onedrop, mejorando infinitamente la versión grabada. El público entregado, los músicos encantados y cierre con broche de oro.

 

 

A continuación pasaron por el escenario los franceses Danakil, una banda de largo recorrido, enclavada en la vertiente rasta del reggae, que ha girado a nivel internacional. Los vimos correctos, pero después de tanto concierto, el suyo quedó un poco gris, en tierra de nadie.

 

 

Y por fin llegó el turno en el Main Stage de la diva del soul revolucionario, del rap consciente y del activismo exhibicionista. Lauryn Hill tardó 45 minutos en salir a escena, mientras, en el escenario sonaban clásicos del rap y el dancehall, que no hacían prever lo que íbamos a ver. Al final, con un público entregado de antemano, a cantante salió con un vestido retro blanco y llenando todo el escenario con su presencia. El volumen era mayor que en los otros conciertos que hemos visto, por lo que resultaba casi imposible no moverse al ritmo que marcaba la banda.

 

 

El show transcurrió entre temas soul de su disco “The Miseducation of Lauryn Hill”, canciones grabadas con The Fugges (como el estándar “Killing me Softly With His Song”), una versión de “Bang Bang”, de Cher y Sonny Bono, rapeos, baladas (marcaron un punto de bajada de intensidad importante) y una obsesión incompresible por homenajear a Bob Marley, del que llegó a tocar hasta cuatro temas (“Jammin’”, “Turn the Light Low”, “Is This Love” y “Could you be Loved”. Evidentemente, se trataba de enganchar así al público del Rototom, pero llegó a resultar cargante escuchar el último día de festival una selección de éxitos de Marley en clave reggae pop. Numeroso público abandonó el recinto antes de que acabara el espectáculo, buscando otras sensaciones por el resto de escenarios que estaban en marcha en aquel momento.

 

 

La cantante y el grupo lograron un sonido casi perfecto, bien armado, incontestable y que dejaba bien claro cuál es la diferencia entre una estrella y un aspirante. Ella desplegó su talento y energía. Demostró una gran eficacia tanto como cantante de soul como rapeando. Del lado negativo, la inclusión compulsiva de temas de Marley y el dudoso criterio de selección por parte del festival por incluir a una estrella innegable como Hill en un festival de reggae. Acabamos la noche vibrando en la Dub Academy, con un show mucho más profano pero cargado de vibes, como fue el de los franceses Stand High Patrol con Pupa Jim, quienes dieron una lección, desde los platos y micrófonos, de los nuevos caminos por los que evoluciona el dub de la mano de jóvenes europeos.

 

 

Terminado el Rototom, las ideas se agolpan en el cerebro, pero sobre todo hay una reflexión que nos queda clara: Los criterios de gestión de un festival son complejos, hay que equilibrar muchas facetas y satisfacer muchos intereses que viven en tensión, pero toda organización debe saber hacia donde va y, en caso de crecer, tener claro para qué quiere hacerlo y qué coste y riesgos conlleva. Larga vida al Rototom, punto de encuentro de tantas personas maravillosas y artistas cercanos al público. Un festival bien organizado, que ha logrado que el público se sienta bien tratado y atendido. Donde se tiene la sensación de vivir en la capital del reggae mundial y donde todo es posible. Si esa esencia se pierde algún día, Rototom se diluirá como un azucarillo, porque sin sus gentes no sería posible. Positive vibrations!

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