Mario Franco - The National (Undercreatives Productions) SOS 4.8 portada

ASÍ TE CONTAMOS EL SOS 4.8 2015

VIERNES

El SOS 4.8 es un festival tocado por la varita de la buena gestión. No hay otra magia posible cuando todo funciona bien en un evento masivo. Los elementos juegan a favor: el hecho de ser uno de los primeros de la temporada, el buen clima de Murcia -mangas cortas hasta la madrugada-, un recinto urbano cómodo y aseado, su precio asequible, el añadido cool de la sección de arte y voces… Y un cartel musical interesante, claro. Desde la organización deslizaron la cifra de “más de 30.000” espectadores, pero si el festival no batió el récord de asistencia de sus ocho ediciones poco debió faltar.

Dentro del buen programa del viernes, el día fuerte del festival, un nombre congregaba la máxima atención: Morrissey. El último gran icono del pop era el eje de casi todos los comentarios previos. Que si en los últimos años acumula más caprichos que buenas canciones, que si no ofrece repertorios amables para el público, que si no acepta que se venda carne durante sus conciertos -esto fue cierto-, que si ya veremos si no da la espantada. Que la noche del jueves, tras su concierto del día anterior en Barcelona -sus dos únicas escalas en España- no se presentara en su lujosa suite reservada encendió las alarmas. Alarmas que saltaron por los aires a los cinco minutos de concierto. Sonó ‘Suedehead’ de salida y entonces lo recordamos: no se puede cantar mejor. O al menos no se puede hacer con mayor clase y romanticismo devastador.

Morrissey

‘Staircase at the university’ y ‘World peace is none of your business’ confirmaron el gran estado de su garganta y su buena disposición escénica en un show que comenzó basado en su último álbum y en el que poco a poco fue haciendo alguna concesión. Algarabía cuando sonó ‘Stop me if you think you’ve heard this one before’ de The Smiths, éxtasis general cuando lo hizo ‘First of the gang to die’, levitación global con ‘Everyday is like sunday’. Pero además de genio, Mozzer es muy cabrón, como bien sabemos. De modo que cuando aquello se asemejaba a la gloria -pese a su casaca azul tirando a horrorosa-, el astro rey decidió que había llegado el momento de joder, que no hay cielo sin infierno.

Y aderezó ‘Meat is murder’ con sonido áspero y con unas imágenes que obligaban a apartar la mirada (lindos animalitos cruelmente sacrificados en primer plano). Una chica cayó al suelo a mi lado -verídico- y el tono grosero ya no bajó en las tres últimas hasta el cierre. Lo maldije un poco pero me pareció estupendo. En este sentido es políticamente radical y esto, en tiempos artísticamente tan aseados como los actuales, me parece otro punto a su favor. Mozzer estuvo imperial en Murcia. Es tan egocéntrico que hasta sus músicos lucen camisetas de Morrissey. Debe ser difícil ser a la vez Dios y el Diablo. Los presentes solo éramos simples mortales afortunados. Muy afortunados.

El SOS 4.8 había dado inicio por la mañana con los ‘Aperitivos SOS’ y unas muestras del talento murciano: The LawyersLos Últimos Bañistas y El Bueno, El Feo y El Mena. Buena onda, como la mostrada ya en recinto de La Fica por el rock básico y asilvestrado The Purple Elephants. Tomaron el relevo en el Escenario Radio 3 unos Perro cada vez más solicitados y con toda lógica. Están como cabras y aunque el sonido pedía dos puntos más de volumen, no solo resultaron convincentes sino que las varias canciones que adelantaron hacen prever un nuevo álbum excitante y todavía más directo, casi punk por momentos. Van lanzados.

Perro

Todo lo contrario que un Xoel López que abrió el escenario principal con una sucesión de baladas para el bostezo. El coruñés disculpó la tardanza en la publicación de un nuevo disco que aseguró está al caer, pero a juzgar por lo escuchado no habría problema si decide demorarlo otros tres años. Efectivamente, su avance ‘Todo lo que merezcas’ no traía buenos presagios. Por alguno ignoto motivo Xoel parece querer convertirse en el nuevo José Luis Perales, pero ni llega.

Con Luna se comprobó que la diferencia de volúmenes entre los dos escenarios principales era excesiva, lo que obligó a los del Radio 3 a un esfuerzo extra para no sucumbir ante los del Estrella de Levante. La banda del hierático Dean Wareham ofreció un buen concierto que… no acabó de explotar. Para los veteranos fue un placer volver a escuchar temas como ‘Chinatown’, ‘Bonnie and Clyde’ o ‘Bewitched’ -y recordar lo muy influida por The Velvet Underground de su música-, pero me dio la sensación de que son los propios músicos los que ahora no acaban de creerse del todo su propia propuesta. Quizá en una sala hubiera sido diferente. Me alegré de verlos, en todo caso.

Dean Wareham de Luna

Como acababa de ver a Bigott en el showcase de la Zona VIP, a la de un par de temas no especialmente gloriosos, me decanté por Supersubmarina. Ya saben, a los críticos nos gusta poner a caldo este tipo de propuestas indie mainstream, así que fui en busca de mis argumentos. Pero, oh sorpresa, me encontré con un grupo que supo defender su discurso con tremenda solvencia. Gustos personales al margen, lo cierto es que nunca ha sido sencillo pasar del pequeño al alto presupuesto y los de Baeza no solo demostraron sentirse encantados en el megaescenario, sino también dar lo necesario para satisfacer a su público: interpretación, sonido, entrega, compromiso con su discurso. No voy a poner pegas porque sería injusto. El propio Jose Chino es consciente, como se desprende de su explicación antes del último tema: “a muchos no les gustamos y seguiremos sin gustarles, pero ante la duda lo mejor es bailar”. Y vaya si bailó la peña.

Supersubmarina

Crudo Pimento y Hinds ofrecieron conciertos cortos porque Morrissey había exigido silencio para su actuación. Los primeros aprovecharon su chance para hacer una especie de performance-atentado que dejó a muchos con la boca abierta. Las segundas también lo hicieron -lo de la boca abierta- pero por lo malas que son. Y miren que mi estilo favorito es el punk. Pero por Dios, hay que saber tocar aunque sea mal. Después llegó Mozzer, nos dejó sin ganas de volver a probar un bocata de jamón en la vida, pero por suerte a continuación era el turno de Palma Violets. ¡La madre que los parió, qué actitud! Si alguna vez alguien escribe un libro desde la perspectiva del roadie, que sea uno de los pipas de los londinenses. En las tres primeras canciones se cargaron otros tantos pies de micro, además de hacernos recordar que el rock era esto y no lo de (los actuales) The Rolling Stones. Adelantaron canciones de su inminente nuevo álbum (verá la luz el martes) y aunque el momento más glorioso llegó con la muy coreada ‘Best of friends’ (¡pogo en La Condomina!), verlos y entrarte ganas de beberte dos litros de cerveza es todo uno. Aunque se te caiga al suelo, a fin de cuentas el lugar donde se pasan medio concierto -el otro medio están destrozando el escenario- Samuel Fryer y Chilli Jesson. Entre el garage, el punk y la psicodelia chunga, es cierto que sin actitud sus canciones soporten peor el análisis. Pero es que van sobrados.

Hinds

Pasar de Palma Violets a Metronomy es como hacerlo del infierno al cielo. Un cielo pulcro, sintético, plastificado, bailable y excelentemente ejecutado. Pop de diseño. Onda cool. Arte contemporáneo. Si te gusta su propuesta de tono claro (¡y vaya si nos gusta!), su directo te encantará. Sin pasiones, que esto es otra cosa. El sonido además fue imponente, probablemente el mejor de toda la jornada, tanto como el encantador falsete vocal de Joseph Mount. Cartas de amor para personas perfectamente depiladas y con expediente académico brillante. Tan placentero, frío y bello como la seda.

Un vistazo breve a Jupiter Lion (muy bien) y la proximidad del siguiente concierto hizo que solo me tragara 20 minutos de Years & Years, pero la verdad es que lo agradecí. El proyecto electrónico de moda entre las compañeras de clase de mi hija (13 años) suena impecable, pero me cuesta entender qué pinta en un festival indie. Si esta es la tendencia no me extrañaría que pronto viéramos a Raphael encabezando alguno (smiley malvado). No diré que sean malos -ni buenos-, pero no creo que Shakira o will.i.am acumulen menos méritos alternativos. Es verdad que los más jóvenes bailaron como si no hubiera un mañana con ‘Worship’.

The Vaccines

Y por fin llegaron The Vaccines. Son muy buenos y tienen un gran directo, digámoslo desde ya, aunque no les perdonaré que no tocaran su mejor canción, ‘No hope’. A un fan esto no se le hace. En cualquier caso, tienen toneladas de canciones entre muy buenas, buenas y resultonas, así que vale: ‘Post break-up sex’, ‘Handsome’, la apertura a saco con ‘Teenage icon’ y ‘Wreckin’ Bar (ra ra ra)’, la recta final con ‘I always knew’ e ‘If you wanna’… Convincentes, con buen sonido -pese a la voz a veces algo baja de Justin Young-, un seguro de vida, el grupo perfecto para un festival. Me gustaron, los disfruté y puse a prueba mis magníficos tobillos, pero hmmm… no acabé de ver ese factor que diferencia a un muy buen grupo de uno genial. Quizá fuera culpa de Morrisey, el puto amo de la notable primera jornada de la octava edición del SOS 4.8. Cuando empezó el buenrollismo inevitablemente sueco de Satellite Stories, decidí largarme. Que no está uno ya para tanta felicidad.

Fotos: Javier Sanchez /Undercreatives Productions/SOS 4.8

SÁBADO

Al parecer formaba parte de una acción literaria. Alguien se acercaba como para pedirte fuego y, grabadora en mano, te espetaba: ¿el indie ha muerto? Dependiendo de la respuesta entraba una segunda cuestión acerca de su cadáver. Al parecer hubo mayoría de enterradores y de filósofos del caos pero, paradojas del mundo del rock, esto ocurría precisamente en un festival que despedía su octava edición en loor de multitudes, superando por segundo día consecutivo los 30.000 asistentes. Precisiones lingüísticas al margen, una cosa parece clara: este muerto está muy vivo.


La segunda jornada del SOS 4.8 se despertó perezosa. El programa no era tan bueno como el de la inicial, pero no fue éste el motivo del lento goteo de espectadores sino la feliz resaca del día anterior. CorreosLos Fresones Rebeldes y Alborotador Gomasio se vieron bien arropados en los Aperitivos SOS y hasta casi tres centenares de personas se acercaron a escuchar el levantamiento del cadáver indie en la mesa redonda sobre festivales, hipsters y otras barbas protagonizado por Víctor LenoreTomás Fernando FloresGerardo CartónMarisol Salanova y Marc Gili (Dorian) en la zona de ‘Arte y Voces’. Alguien afirmó que Camela mola y esto borró de mi disco duro el resto de conclusiones, si es que las hubo.

Juventud Juché rompieron las hostilidades acústicas. El sol en lo alto nunca ha sido el mejor acompañante del punk-rock, ya lleve prefijo art o post, pero el grupo madrileño casi provoca un eclipse con su directo dinamita. Dos bloody-mary más tarde, Murciano Total ofrecieron la mejor actuación que les recuerdo hasta la fecha. Es una propuesta llevada al directo hace poco tiempo que por fin parece cuajar. Sus ‘Quereres y dejenes’ cada vez trazan mejor. Mi Capitán inició la serie del escenario principal de manera correcta. Todos son veteranos del cadáver, digo del indie, y aunque su aportación al pop-rock no tiene visos de pasar a los anales, se dejan escuchar bien. Tanto como unos Nunatak que están en su año del despegue y que contaron con el favor de un buen número de espectadores. El pop-folk soleado de los murcianos transmite un buen rollo que se traduce en conexión directa con el público. Como tengo el don de la ubicuidad -son muchos años muriendo- aún me dio tiempo a degustar el tecnopop de El Último Vecino. De buena factura y filiación 80s, más deudor de La Mode que de Orange Juice.

Y en éstas llegó Dorian. Su pop de melodía elemental y presunta intelectualidad postadolescente siempre me ha parecido un tanto sonrojante, pero no se puede negar el buen sonido de su discurso aseado, afeitado, perfumado y permanentemente recién peinado. No se despeinan ni con un huracán. La calidad de sus canciones es otro asunto del que no voy a hablar dada su ausencia elocuente. Igualmente me cuesta apreciar el valor del sentido del humor a la madrileña de Los Punsetes y su propuesta de hieratismo supuestamente indie-punk. A mucha gente le gusta y a muchos compañeros de la crítica también, así que su aquél tendrá, aunque yo no se lo acabe de ver. Y mira que lo intento. El de Disco Las Palmeras! en cambio da igual que lleves gafas de pasta porque te salta al cuello y te mete en la cara antes de darte tiempo a valorar. Que ahora hayan bajado un punto al volumen de sus guitarras y subido otro al factor melódico vocal me parece un acierto, aunque hay que decir que el sonido les fue de menos a mucho menos. Cosas del escenario underground (Jäggermusic), supongo.

Los Punsetes

La caída del sol se agradeció notablemente, casi tanto como el primer gran concierto de la jornada, el de Temples. Visualmente poderosos, estéticamente atractivos y sonoramente categóricos, se agradece que el pop psicodélico de los ingleses gane dos puntos de impacto en directo con respecto a su muy interesante pero nada novedoso único álbum, ‘Sun structures’. Su discurso está muy claro, casi demasiado. Se trata de revitalizar -aquí, eludiendo la palabra revival- la psicodelia más amable de finales de los sesenta, sin ningún atisbo de mal viaje o factor inquietante. Es una de las diferencias que los distancian de contemporáneos más audaces como PondTame Impala o TOYTemples sonaron de lujo, el suyo es un directo concluyente y con pocas tachas o ninguna. Lo que no evita la percepción de ‘dejà vu’, así como una cierta sensación final de linealidad. Están muy bien, se me van a olvidar pronto.

Temples

La de Glass Animals es una oferta bien diferente e igualmente disfrutable. Se aprecian las influencias de Kanye West, de quien adaptaron su ‘Love lockdown’, del trip-hop más amable de final de los noventa -más Morcheeba que Tricky, para entendernos-, de aquel neosoul que nunca acabó de ser soul… Pero su sonido se aprecia más contemporáneo. Abrieron con ‘Psylla’ y desde Black mambo’ se vio que Dave Bailey estaba disfrutando a modo, embebido en su canto de textura ensoñadora. Ladies and gentlemen, we are dancing in space. Un concierto muy interesante, cautivador. Con ‘Gooey’ tuve un flashback y por momentos creí que me había subido la pasti del 99.

Y así, medio flotando, me trasladé hasta el escenario Estrella de Levante para despertarme con una ducha de contundente realidad: la de las 20.000 personas (¿seguro que no eran más?) que bailaban, cantaban y levantaban los brazos al son de las canciones de Lori Meyers. No iré de guay, conseguir eso es extremadamente complicado y tal vez un fenómeno más merecedor de análisis que si la abuela del reguetón fuma. Ni Morrissey o The Vaccines lograron semejante feedback popular. Los granadinos tienen un directo muy bueno en el que, esto sí, el factor riesgo brilla por su ausencia. Hit tras hit hasta la goleada final. Me parece bien, son suyos, aunque el hecho de haberlos visto siete veces en los últimos tres años y con prácticamente idéntico repertorio les resta algo de mérito. Arropados por un gran despliegue visual -que no ganará premios de arte-, sonaron las de siempre, desde ‘Luces de neón’ hasta ‘Mi realidad’, ‘Planilandia’ o ‘Emborracharme’.  Para pensárselo.

Lori Meyers

I’m From Barcelona son tan suecos -y por tanto felices- como todos los grupos suecos -y por tanto felices-, pero la banda de 14 piezas liderada por Emaniel Lundgren añade algún acento folkie, es menos saltarina y un poco más… cómo decirlo, Viva la Gente. No sé, bien, supongo, quiero decir… Tampoco vi mucho porque enseguida comenzaba el que debía ser y fue el gran concierto de la jornada, el de unos imponentes The National. Con un gran despliegue visual -ahora sí, mucho más arty-, su directo fue introducido con los acordes de ‘Riders on the storm’, de The Doors. Abrieron con ‘Don’t swallow the cap’, siguieron con ‘I should live in Salt’ y por fin logré cerrar la boca (y abrir los ojos) a la salida de ‘Bloodbuzz Ohio’. Imponentes. Oscuros. Dramáticos. Y menos americana, de hecho nada americana, de lo que pensaba. No sé si Matt Berninger sufre tanto como parece, pero que no se cure nunca. ‘Abel’ sonó grandiosa y ‘I need my girl’ me robó un par de lágrimas. Transformada en catarata cuando cerraron con ‘Terrible love’. Antes de ello, alguien me esbozó el esperado “no es un grupo festivalero”. Y, claro, sacó el Bruce Lee que todos llevamos dentro. The National justificó la segunda jornada del SOS4.8.

The National

Apenas pillé cachito de Étienne de Crécy y su espectáculo Superdiscount 3, pero tenía muy buena pinta. O cómo provocar el baile desde una cierta elegancia y desde unos bajos turbadores que ganan al habitual bombo a negras. Desde la cabina, Digitalism me devolvieron al mundo real, así que  imité a ET y me fui a mi casa, con el teléfono y mi cabeza ya sin batería. El SOS 4.8 mola mucho.

Fotos: Mario Franco /Undercreatives Productions/SOS 4.8

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