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ASÍ TE CONTAMOS EL VIDA FESTIVAL 2015

JUEVES – VIERNES

La segunda edición del Vida Festival arrancó en jueves con una fiesta de presentación en el Molí de Mar, una de las antiguas ubicaciones del Faraday, que sirvió como toma de contacto para los más madrugadores. Un par de DJs, que abrieron y cerraron la velada, sirvieron de complemento para una jornada que contaba con los concierto de Ocellot y su pop psicodélico, positivo y amable y unos Hidrogenesse que ofrecieron un concierto/performance divertidísimo marca de la casa. “Roma” es el nuevo disco de Genís y Carlos, que continúa sacando petroleo de un pozo sin fondo de letras ingeniosas y rítmos pegadizos. Entre medio, Gerardo Cartón nos contó algunas de sus estrambóticas andanzas en festivales de medio mundo para amenizar la presentación del “Manual del perfecto festivalero”, libro que ha escrito en colaboración con el periodista Jorge Obón. Una noche agradable, pero ventosa, junto a la playa.

Hidrogenesse. Foto: Mika Kirsi

El debate entre lo que realmente es un festival gourmet y los que se publicitan como que lo son (pero no) puede ser largo y espinoso. Otro debate interesante sería la necesidad de que un festival lo sea, pero esa es otra larga historia. Lo que no deja lugar a dudas es que el Vida Festival se adapta a la etiqueta que anuncia; el cartel ya lo conocíamos, por lo que en ese aspecto no había duda, así que solo quedaba dar la primera vuelta de reconocimiento por los diferentes rincones de la Masia d’en Cabanyes para ver que el diseño del recinto estaba cuidado con exquisito mimo.

En cuanto a la música, la tarde comenzaba con Neil Halstead en medio del bosque, tocando rodeado de un solemne, pero curioso, silencio que recibía la faceta de one folky man del ex Slowdive y ex Mojave 3 subido al escenario del barquito –El Vaixell-. Un silencio y una quietud algo hostil e inquietante. Entiendanme, no era una feliz comuna hippie, era el Liceu trasladado a un bosque indie. Eso sí, muy bonito todo.

Tras el rubio exruidista reconvertido a floklorista actuaban en diferentes escenarios Mourn y Ezra Fournan, en lo que era primer solape de la tarde. Los escenarios principales, Estrella Damm y La Masía, no se solapan durante el transcurso de todo el festival, pero si lo hacen con el escenario La Cabana Jäggermusic, donde se programan los grupos emergentes del cartel. Ante esta circunstancia decidimos ver un poco de los dos conciertos anteriormente citados, puesto que aunque las jovenes rockeras ya han pasado por nuestras páginas últimamente, están en un momento de frescura enviadiable, y  Ezra Furman también tiene un especial atractivo; nuevo disco a publicar este año ya definitivamente sin la banda que le acompañaba –The Harpoons-.

Mourn volvieron a dar un concierto contundente, prácticamente calcado en cuanto a set list a los ofrecidos en el Primavera Sound y el Festival de les Arts, pero no por ello falto de chispa y energía (a pesar de las anginas de Carla). Esa es la bondad de la juventud. Ezra y acompañantes, mientras tanto, daban rienda suelta a ese indie rock que en ocasiones le acerca a Jonathan Richman, con letras ingeniosas y frescas, y otras al Lou Reed más juguetón y acido, algo especialmente valorable en un intérprete tan joven. Sacará nuevo disco en menos de una semana, y por lo escuchado tiene buena pinta.

Nada más acabar ambos conciertos subió al escenario “El Vaixell” Xoél López, un lugar idóneo para que un gallego emigrante interpretara las nuevas canciones de su recientemente publicado segundo disco en solitario “Paramales”, que combinadas con su anterior “Atlántico” fueron la base de su concierto. Folk hispanoamericano, melodías vocales llevadas quizá demasiado lejos –círculo polar antártico-, pero, sin lugar a dudas, mostradas en un ecosistema ideal.

Xoél López es un músico estupendo y tiene muy buenas canciones, por lo que en un lugar tan singular y bonito es dificil que falle, y no lo hizo, lo que no quita que me viniera a la mente la pregunta de quién asesinó a aquel Xoél que versionaba “Mellow Doubt” de Teenage Fanclub, “Baba O’Riley” de The Who o hacía algún giro de norther soul sobre el escenario. ¿Os acordáis de él? Ya no existe.

Grupo de Expertos Solynieve, lo que nació como un proyecto menor de un puñado de grandes músicos granadinos, sin ninguna duda, pero sin hacer ruido, se ha colado en las primeros escalones del indie patrio. Al escucharles nadie puede dehar de ver a unos Planetas más enraizados si cabe, pero desprovistos de ese noventismo que caracteriza a la nave nodriza de J. ¿Una comparación injusta y sesgada? Puede. ¿Una afirmación a la que es fácil sumarse? Seguro.

La organización del Vida Festival anunció hace pocos días que el inglés de origen nigeriano, pero criado en Francia, Benjamin Clementine actuaría por primera vez con banda en un festival. Este acompañamiento fue mínimo; un chello que estuvo presente las primeras canciones y una batería y un teclado que solo le daban el apoyo puntual, el justo y necesario, puesto que el protagonismo del concierto residió en la portentosa voz del artista y el acompañamiento de su piano. Este concierto fue la actuación más especial de la noche. El hipnotismo emocional que ejerció sobre el publico a través de su portentoso dominio vocal, solo fue empañado por un final de concierto sin éxtasis. Un coitus interruptus cruel para un público mantenido de puntillas durante poco más de una hora.

Benjamin Clementine. Foto: Mika Kirsi

El primer gran nombre anunciado para esta segunda edición del Vida Festival, fue el de The War on Drugs, que con “Lost in the Dream” ocuparon los primero puestos de las listas de los mejores discos del año pasado de las publicaciones más relevantes. Un tercer álbum que afinaba algo más ese rock ligero genuinamente americano que desde hace unos años fascina por estos lares. Haciendo un pensamiento no demasiado peregrino, y si la banda continúa sólida en su trayectoria, podrían ser un digno relevo de Wilco, aunque afrutando el sonido de los de Jeff Tweddy con la clara influencia del “Tunnel of Love” de Bruce Springsteen. No, no esoy loco, veo esa influencia en casi todas sus canciones. Con “Red Eyes”, y un par de las canciones más animadas de su set, se vivieron los mejores momentos de la noche. Sonrisas, bailes comunales y positividad desbordante.

The War on Drugs. Foto: Mika Kirsi

Aunque Nueva Vulcano son una banda con un directo casi infalible, tenía la duda de si el concierto sería más parecido al del pasado Primavera Sound o al del Festival de les Arts. Mientras que el primero fue pura adrenalina entre cientos de amigos, el segundo, a pesar de tener un set list similar y del esfuerzo de los músicos, fue algo más algo frío y desubicado; quizá porque había mucho menos calor humano y tocaban a la vez que Izal, una banda que arrasaba con un concepto totalmente diferente -valoraciones a parte-. En esta ocasión, ni una cosa ni otra, el público del Vida no fue demasiado efusivo – gourmet, eso sí-, y además Artur parecía tener uno de sus, últimanente habituales, problemas de afonía. Igualmente, transcurridas unas cuantas canciones, ambos handicaps fueron superados por el cancionero clásico de la banda y de un “Novelería” que parece funcionar a la perfección.

El último grupo importante de la nochefueron unos Super Furry Animals que permanecían en un extraño limbo desde hacía unos años, no sabemos si encerrados como el general Zod, Usa y Non en la Zona Fantasma, o como Han Solo atrapados en carbonita. Atabiados con unos monos parecidos a los de protección bactereológica apareciaron en el escenario y comenzaron un repertorio de clásicos de la banda que hasta “Rings Around the World” (cuarta canción) tuvo su gracia, pero que después se perdió en una soporífera marea de medios tiempos psicodélicos.

Super Furry Animals. Foto: Mika Kirsi

Con los jovenes y garajeros catalanes The Saurs sonando en La Cabana Jäggermusic nos retiramos a nuestros aposentos después de una agradable velada, supongo que lo que se pretende en este tipo de festival gourmet. El que escribe estas palabras pincha dentro de unas pocas horas bajo el nombre de BLUTASKI DJ en la sesión matinal de sábado del Vida en La Daurada Beach Club.

SÁBADO

La segunda y última jornada del Vida Festival comenzaba a media mañana en La Daurada Beach Club, una discoteca con una espectacular terraza al final del muelle del puerto de Vilanova, recordando a los que se acercaron que este pueblo no solamente tiene preciosos bosques y masías, también tiene el mar como estrella en su currículum. Polock y Mi Capitán fueron las bandas encargadas de tocar en el interior de la discoteca y Blutaski Dj y Monami DJ los escogidos para amenizar la mañana a los que prefirieron el aire libre. Seguro que las bandas también hubieran agradecido estar fuera, hubieran lucido bastante más.

Ya por la tarde, The Zephyr Bones fueron los primeros en actuar en la Masía d’en Canabyes, dejando claro desde una hora temprana que el segundo día del festival iba a reunir a más público; el cartel en general tenía bastantes perlas pero obviamente mucha gente iba a asistir solo el sábado por el tirón de Primal Scream. Como el día anterior, muchos niños correteaban por todas partes, no solamente en El Niu –zona reservada para su esparcimiento-. Es esperanzador que los más pequeños puedan disfrutar de la música en directo. Cantera, La Masía…. estos catalanes tienen visión de futuro.

Fryars y Senior i el Cor Brutal se repartieron el siguiente tramo horario. El pop electrónico de Benajmin Garret desafiando el solazo en el Escenario La Masía y el indie-contry-folk rebautizado como “valenciana” de los de Miquel Àngel Landete a la sombra de los pinos de un abarrotado Escenario Jäggermusic. Ambos cumplieron sus objetivos, Fryars fueron la banda revelación para bastante gente y Senior hizo las delicias de un público catalán –aunque también había bastantes valencianos- que le tiene un gran aprecio. Quizá el perfil de los primeros era para haberles dado un horario más tardío, aun así resultó muy agradable escuchar los medios tiempos delicados del joven Garret en su primera visita a nuestro país.

El Vaixell vivió su momento cumbre con una multitud de fieles seguidores a la espera del concierto de Nacho Vegas, que antes había sido ocupado por la joven Nuria Graham, pequeña y delicada pero con gran fuerza y pegada. El asturiano, que estuvo acompañado por su fiel escudero Abraham Boba en su faceta de multiinstrumentista, tiene un repertorio ideal para ese formato y ese entorno; no se me ocurre mejor rincón del recinto donde poder sacarle mejor partido a un ukelele o un acordeón entre la voz quebrada que le caracteriza. Comenzó el concierto con canciones de “Resituación” como “La vida manca” o “Ciudad Vampira”, para ir introduciendo alguno de sus clásicos y culminar con la redondísima “La gran broma final”. A pesar de tenerlo todo a favor, según avanzaba el concierto se le notaba algo apagado y quizá oxidado, hace mucho que no recurre a este formato y quizá eso fuera un hándicap.

Lo contrario le pasó a un Andrew Bird, que probablemente hubiera destacado más sin banda, porque realmente no fue lo uno ni lo otro. Con un repertorio formado por canciones de su último disco “Echolocations: Canyon” y temas antiguos como “Imitosis”, “Plasticities” o “Tables and Chaisr” no llegó a emocionar y se quedó en el extraño limbo de la insustancialidad. Si Father John Misty se desveló más tarde como el fantasma juguetón que era difícil de meter en la caja contenedora por los Cazafantasmas, a Andrew lo podían haber cogido con la mano.

Father John Misty Foto: Mika Kirsi

El crooner del indie folk que lleva dentro Johsua Tillman se llama Father John Misty y fue sin duda el triunfador del festival. Su hipersensual interpretación fue un auténtico oasis en un cartel repleto de grandes artistas, pero de carácter más bien lánguido o contenido, como lo quieran ustedes llamar. Ni tan siquiera Bobby Gillespie poco después se acercó a la empatía que demostró el americano. A los 10 segundos de comenzar con “I love you, honeybear” ya estaba arrodillado al borde del escenario. No paró de contonearse o de bailar sensualmente subido a la batería, ni tan siquiera colgarse la guitarra acústica parecía servir para domarle. Tillman merece relevar a Julio Iglesias en sus clásicos memes. Aunque tiene estupendas canciones y una voz arrebatadora, este tipo listo sabe que su personaje puede hacer que ese aspecto pase a un segundo plano. Si Pávlov hubiera utilizado a mujeres para sus experimentos sobre el reflejo condicional, en vez de filetes les hubiera enseñado vídeos de Father John Misty para hacerlas salivar. Y por favor, no me sean Eduardo Inda, no estoy comparando a mujeres y perros.

Actuar tras la bestia parda de Tillman podía convertirse en algo incómodo, pero Woods tiraron de oficio y buenas canciones y no se vinieron abajo en absoluto. Rock, folk y algún toque psicodélico herencia de sus primeros trabajos, en resumen, un concierto redondo.

El reclamo del día era Primal Scream. Mucha gente acudió a Vilanova para ver a Bobby y los suyos –los suyos sin Mani-, para eso les pusieron en nómina aunque poco tenían que ver con el resto del plantel, sembrado de artistas de corte más indie folk. Para los que hayan visto varias veces a la banda escocesa, el concierto no pasará en absoluto a la historia, tres cuartas partes fueron un trámite al que tampoco ayudó un público bastante frio, lo que no quita que una recta final infalible con “Swastika Eyes”, “Country Girl”, “Loaded”, “Movin’ on up” y “Rocks” hicieran bailar al más pasmado del lugar. Bobby Gillespie consiguió remontar el partido y lo despidió con una sorprendente y amplia sonrisa de felicidad.

Primal Scream Foto: Mika Kirsi

Con el subidón del final del concierto anterior nos dirigimos al Jäggermusic para que Los Mambo Jambo remataran la faena, había mucha adrenalina contenida de todo el fin de semana, y vaya que lo hicieron a base de rock & roll, surf y rythm & blues comandados por el saxo de Dani Nel.lo. De ahí a casa, no sin antes pasar por el escenario donde pinchaba Guille Milkyway, del que nos despedimos mientras sonaba “I want you back” de los Jackson 5 cuando enfilábamos el camino de tierra de salida del recinto. ¿Era eso una señal de que quieren que vuelva? Puede que lo haga, el festival ha sido sumamente cómodo y tanto la selección musical como los elementos de diseño del recinto han sido cuidados con un mimo difícil de ver en los festivales de nuestro país. Además ya han dado un nombre para el año que viene, The Divine Comedy, y esa prontitud en desvelar parte del cartel es un punto a favor a la hora de elegir entre la multitud de festivales que se concentran cada año en los meses de verano.

Foto portada de Primal Scream por Mika Kirsi

 

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