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ASÍ TE CONTAMOS SÓNAR 2014

JUEVES

El festival de música avanzada Sónar inició su vigésimo primera edición con una afluencia considerable de público. El grueso de los actos tuvieron lugar por segundo año consecutivo en el recinto firal de Montjuïc, junto a la plaza de España de Barcelona. Como aperitivo, dos días antes tuvo lugar un interesantísimo simposio internacional con el sugerente título de “A la escucha”, cuyo objetivo fue el de abordar los nuevos retos del arte sonoro y de la escucha. Este evento estuvo enmarcado dentro del programa de Sónar+D. Porque Sónar es esto, un festival multidisciplinar que no solo se centra en la música electrónica, aunque ésta cuente con un peso más que evidente, claro.

 

El jueves nos deparó más de una grata sorpresa. Abrió fuego Nev.Era. El proyecto afincado en Barcelona desplegó su amplio catálogo de ritmos rotos. Balago, por su parte, no se sometieron a los fáciles clichés que los encorsetaron durante tanto tiempo en los territorios del post-rock. Su propuesta va mucho más allá, y más teniendo en cuenta su afinidades hacia la indietrónica y la música orgánica. Nils Frahm fue uno de los triunfadores de la jornada. Su segunda visita a Barcelona en prácticamente cuatro meses se saldó con un resultado idéntico en cuanto a rendimiento musical (y emocional). El público que se congregó en el escenario SónarHall vitoreó cada uno de los cortes del pianista alemán, que como vienen siendo habitual en sus sets apareció rodeado de sinteticadores y un sinfín de artilugios electrónicos. Contó con un apoyo visual resolutivo con imágenes que iban del paisajismo bucólico a la abstracción geométrica. En ese mismo momento el artista japonés Daito Manabe sorprendió a propios y extraños con un nuevo concepto de show interactivo que combina el videomapping con la danza contemporánea.

 

Ryan Hemsworth prometió mucho más de lo que realmente ofreció. El canadiense, productor de pelotazos de hip hop, R&B y dubstep, no estuvo afinado con los platos. La selecció fue sosegada, más adecuada para disfrutar de una buena siesta que para levantar los ánimos de la legión festivalera. Elijah & Skilliam intrv. Flava D, por su parte, concentraban al público más juvenil en el escenario SonarDome. Pusieron los ritmos más urbanos a esta jornada de apertura diurna del festival. Lástima de la excesiva luminosidad del espacio, que en más de una ocasión le confiere un cierto aire de rave diurna.

El proyecto Despacio permaneció abierto al público durante seis horas seguidas. ¿Y en qué consiste el asunto? Pues en el acondicionamiento especial de un espacio a base de instrumentos de audio hi-tech ideados especialmente para la ocasión por McIntosh. Ese es el continente y su contenido es una selección sublime de música procedente de las colecciones privadas de nada menos que 2Many Dj’s y James Murphy, los cuales se van turnando a los platos durante las tres jornadas diurnas de Sónar entre las 15.30 y las 21.30 horas. Sin duda, fue un auténtico turmix sonoro, con continuos saltos a través de estilos como el soul, el house, la música disco, el funk, el post punk, el krautrock…

Y, mientras tanto, las otras actuaciones se ivan sucediendo a lo largo de los otros cuatro escenarios. Así, las japonesas Nisennenmondai aportaron la cota oscurantista a base de ritmos repetitivos, en una confluencia post punk, kraut rock y post disco. El trío prefiguró por momentos estadios sonoros duros, casi industriales. En cuanto a Desert, fueron un contrapunto a aquella bocanada ruidista. El dueto conformado por Cristina Checa y Eloi Caballé se sirvió de laptops y drum machine para encaminarse hacia la vertiente más lumínica de la electrónica. Su propuesta se inspira unas veces en Cocteau Twins y otras en el dream pop de bandas como Beach House. En la otra punta del recinto de la Fira, unos de los protagonistas de la electrónica primigenia, los británicos Chris & Cosey dieron una clase magistral de arqueología de la música hecha con sintetizadores. Y es que su sonido fue piedra angular para estilos posteriores como la música industrial, la EBM o incluso el synth pop.

Ben Frost fue el otro gran triunfador del día. Con su post clasicismo desestructurado dejó con la boca abierta a prácticamente todo el público que reventó el Auditori de la Fira. Acompañado por dos músicos, y bien cargado de artillería instrumental, decidió encarar su set a un nivel altísimo de ruido, y su gran reto fue el de incrementar el número de capas saturadas hasta el final de la actuación. En buena parte de su desarrollo, la materia prima venía de la deconstrucción de sonidos orgánicos. Fue apoteósico.

Y por la noche, como concierto especial, Massive Attack vinieron a presentar su último espectáculo, con motivo de la inminente publicación de su nuevo trabajo. Desgraciadamente, el concierto no pasará a la historia. Por un lado, se encontraron con una calidad de sonido que nada tenía que ver con la que habíamos tenido durante el día. Quizá la nueva estructuación del espacio, agrandando aún más la megalítica nave industrial, tuvo algo que ver. Por otro lado, se esperaba algo más de la parte visual, diseñada por el propio Robert Del Naja y el cineasta Adam Curtis en Manchester, Duisberg y Nueva York. Para este nuevo espectáculo de Massive Attack, en el que Del Naja co-diseñaba la puesta en escena, y en la que se esperaba una confluencia entre arte, música y política, nos quedamos con la sensación de haber probado un sucedáneo bastante aguado de lo que ofrecieron en su anterior gira de hace diez años, en la que curiosamente los visuales fueron de mucha mayor envergadura y contundencia a nivel de contenidos. Musicalmente, los nuevos temas sonaron gruesos, con muchas guitarras y oscuridad, mucha oscuridad. También hubo tiempo para revisionar su cancionero clásico. No faltaron “Karmakoma”, “Unfinished Sympathy”, “Inertia Creeps”, “Teardrop” y “Angel”.

VIERNES

La segunda jornada de la edición 2014 de Sónar nos dejó algunas de las propuestas más contundentes, sobre todo las que tuvieron lugar por la noche en el recinto de la Fira 2 en L’Hospitalet. Recapitulando sobre todo lo que dio de sí la jornada diurna, cabría comenzar por decir que la afluencia de público fue nutrida desde la hora de apertural, a las 12 del mediodía. De este modo, Enpunto ya pudo pinchar para los primeros festivaleros bajo un sol de justicia. Mientras tanto, el MC Arufe puso la crema en el escenario SonarDôme. La sesión del proyecto de Badalona Sau Poler fue del todo seductora. Sobre todo, por sus bajos contagiosos.

Más tarde, el veterano Pina se aventuró con una buena traca de ritmos quebradizos, siguiendo, eso sí, la misma matriz que popularizaron los grandes tótems de la IDM -como Autechre- durante la década de los noventa. Sanatruja, un poco más tarde, se encontraron con un aforo algo más reducido, debido a las inclemencias climáticas estivales. Aún y así, se esforzaron por atrapar a las valientes almas que se congregaron para bailar una sesión cargada de dubstep al ralentí combinada con pirotecnia sonora ensoñadora. Henry Saiz fue el primero de la jornada en apostar por el hedonismo y la fiesta. Su fórmula no fue otra que la mezcla de balearic beats con italo disco resultón, todo ello bien condimentado con unos visuales vintage de electrónica de principios de los noventa.

Simian Mobile Disco, a primera hora de la tarde, venían a presentar su nuevo espectáculo, “Whort”. Debería haber sido uno de los momentos álgidos del viernes, pero no lo fue. Carentes de la explosividad de anteriores comparecencias, sin duda la mejor opción fue cambiar de escenario. Bonobo plantó su tienda de campaña en el SonarVillage y allí maravilló con su máquina de fabricar texturas sonoras. La propuesta de Matmos, decididamente fue mucho más sesuda: el dúo formado por M.C. Schmidt y Drew Daniel, paladines de la IDM norteamericana, volvió a sorprender con una amalgama de samplers creativos e inusuales. Pero la gran sorpresa de la tarde fueron los islandeses FM Belfast. ¿Y por qué? Pues porque en disco no suenan ni la mitad de festivos que lo hacen en directo. Encima de un escenario pueden llegar a recordar a I Am From Barcelona, eso sí, con muchos más abalorios electrónicos. Fueron los primeros que consiguieron poner patas arriba el escenario SonarVillage.

Justo después, en SónarDôme, los peruanos Dengue Dengue Dengue! pusieron el toque exótico con una propuesta basada en la cumbia electrónica. Oneohtrix Point Never aportó el punto experimental a la tarde a base de pasajes sonoros desolados y algo de dark ambient. Pero el gran triunfador de la jornada diurna no fue otro que el artista norteamericano Jon Hopkins. Nadie dudaba que su presentación era una de las más esperadas de la edición de este año, y por suerte para todos los que allí estuvimos, su concierto resultó espectacular. En el escenario SonarHall –fue una excelente decisión escoger este espacio para su directo- no cabía ni un alfiler cuando empezaron a sonar los primeros compases de “Immunity”, su celebradísimo último disco. Sorprendió en su apuesta por usar un mayor número de resortes rítmicos para vestir sus temas, otorgándoles así una mayor riqueza de matices. Por la noche, tras realizar un necesario traslado hacia las instalaciones de dimensiones gigantescas del recinto de L’Hospitalet, gran parte del público se aglutinó frente al gran escenario SonarClub.

Allí tuvo lugar uno de los conciertos-reclamo de la edición de este año. Se trataba del proyecto que protagonizan a partes iguales Röyksopp y Robyn. Pero fue un parto difícil el suyo. La parte visual y la puesta en escena fueron espectaculares, con una legión de músicos aporreando instrumentos electrónicos y sintetizadores. Aquí nada que objetar. Donde sí flojearon fue en los temas que presentaron, aquellos que no forman parte de “Do it Again”, su único EP conjunto publicado hasta la fecha. En cambio, el momento en que se quedaron Röyksopp solos en el escenario, el espectáculo ganó enteros a la velocidad de la luz. Fue el momento de pulverizar la osamenta de las caderas gracias al baile frenético que propiciaban temas de electro-techno oscuro de corte centroeuropeo. También hay que destacar la excelente calidad de los visuales que aportaron como soporte. Fue una lástima que la parte protagonizada por Robyn –por momentos con regusto a eurobeat rancio- desluciera un espectáculo que podría haberse convertido en el más celebrado de esta edición. Suerte que al rato, en el escenario de al lado, actuaban unos que nunca fallan.

Los alemanes Moderat, igual que hicieran quince días antes en el Primavera Sound, salieron a barraca con una puesta en escena pulida y estéticamente arrebatadora. El trío se presentó en línea, cada uno tras su panel de mandos electrónico – a la manera de Kraftwerk-, y detrás proyectaron una serie continuada de visuales con imaginería geométrica que combinaban perfectamente con la iluminación. Una vez más, lograron encandilar al público, que se volvió especialmente loco con el hit atemporal “Rusty Nails”. Poco después, y de vuelta al escenario SonarClub, el británico Joshua Steele, conocido artísticamente como Flux Pavilion, consiguió persuadir a todos con hits contundentes y basslines bestiales. Le dio el relevo Pretty Lights, eso sí, esta vez tirando de sampling, combinando ritmos hip hop, glitches y muestras de funk y soul añejos. Caribou, que vino a presentar temas nuevos, atestó de gente el escenario SonaPub. Lástima del sonido, se echó a faltar algo más de firmeza en la ecualización. Suerte que más tarde llegó Todd Terje, que en apenas unos segundos logró borrar de nuestra memoria la palabra “cansancio”. Por último, el set de 2Many DJs fue de aquellos para enmarcar. Los belgas volvieron a poner temas a la velocidad del rayo y de nuevo engatusaron al público con su fórmula ganadora, consistente en mezclar temas raros con hits atronadores.

 

SÁBADO

La última jornada de Sónar nos dejó una imagen de público atestando el recinto diurno de la Fira. Y es que no era para menos, el cartel todavía guardaba algunos ases en la manga. Eso sí, la gente empezó a llegar algo más tarde que durante los días predecentes. Era un buen momento para visitar las actividades extramusicales que se concentraban en el apartado Sónar +D. Allí se podían probar desde las nuevas gafas tecnológicas de Google hasta un juego de construcción de un instrumento de música electrónica de 8 bits. También se pudo disfrutar con calma de la maravillosa instalación de casi 40 metros de longitud y 6 metros de altura del artista y explorador de estéticas digitales Carsten Nicolai. O de los conciertos a cargo del proyecto conceptual Machine Variation, de Martin Messier y Nicolas Bernier, los canadienses responsables de “La Chambre des Machines”, o lo que es lo mismo, su interpretación de las máquinas de ruido de Luigi Russolo.

Como en las jornadas anteriores, Despacio, el proyecto de sesiones a seis manos entre James Murphy y 2ManyDjs, era una visita del todo ineludible. La cola bajo el sol era un justo peaje antes de disfrutar de esa espectacular recreación de una discoteca clásica de los 80, en la que los tres anfitriones ofrecían una sesión con lo mejor de sus colecciones privadas de vinilos. Comenzaron con un ritmo sosegado, con un tempo marcado a bajas revoluciones, con la música disco como gran protagonista.

Un poco más tarde, Neneh Cherry apareció escoltada por RocketNumberNine. El trío se encontró con un espacio lleno a rebosar de público. La escenografía era sencilla, pero el sonido se apreció bajo. Ciertamente no fue un gran concierto. La selección, basada en gran medida en sus trabajos recientes, desconsoló a todos aquellos que esperaban una mayor presencia de sus hits de su primera época. Incluso la revisión que hizo al final de “Buffalo Stance” quedó un tanto insulsa.

Fue momento de cambiar de aires para ver el espectáculo que había preparado Kid Koala, que presentaba “Vinyl Vaudeville 2.0”, una locura en la que había cabida para bailarinas, marionetas y jukebox. El canadiense, que iba enfundado en un caluroso disfraz de koala, incluso salió del escenario y acabó disfrutando de un baño de masas hacia el final del concierto.

Luego fue momento de enfrentarse a un planteamiento mucho más sesudo, con el concierto del norteamericano Audion. Su techno inteligente atrapó al público desde el minuto uno. Destacó también su puesta en escena, incrustado dentro de una estructura oval ataviada con luces de LED. Mientras tanto, DJ2D2 volvió a dar una clase magistral de hip hop de corte underground en el escenario SonarVillage. En el SonarComplex, a última hora de la tarde,Majical Cloudz, el proyecto radicado en Montreal y formado por el cantante y compositor Devon Welsh y el productor Matthew Otto,desplegaron su habitual art pop de fantasía.

Casi al mismo tiempo, en el escenario SonarDôme, TOKiMONSTA cautivó con sus filias sampledélicas, despues de que Dâm-Funk nos transportara a la época del boogie funk merced a su dominio del sintetizador. Hacia el final de la tarde, nos topamos con dos fiascos. Por un lado, WhoMadeWho, que demostraron que su giro estilístico hacia el rock de manual no lleva a ningún lugar. Por otro, la fallida última propuesta de James Holden, en la que incorpora vientos cubriendo una serie de elucubraciones dispersas.

Suerte que estaba DJ Harvey para solucionar el desaguisado que había dejado Holden. Su sesión fue finísima y enloqueció al respetable que se amontonaba en el escenario más grande del recinto. La noche, por su parte, sorprendió por la disminución notable de público respecto a la jornada anterior. Abrió fuego Four Tet, que volvió a encandilar con una sesión sorpresiva de altos vuelos. Luego fue momento para la reválida de Massive Attack, que ofrecieron mejor cara que en su comparecencia de la noche del jueves. Mejoraron en el sonido y en la puesta en escena. Esta vez sí que consiguieron atrapar con los visuales y por fin oímos bien las voces de Horace Andy y Robert Del Naja.

A la vez, Lykke Li se presentó con banda en el escenario SonarPub. Fue un concierto cargado de intensidades, sobre todo cuando interpretó los temas de su penúltimo trabajo, “Wounded Rhymes”. Por su parte, la magistral sesión de Matthew Dear se hizo corta. Sumergido bajo un manto de techno oscuro, mostró las claves de su impecable discografía. Sin duda, la suya fue la mejor sesión de toda la noche. Porque lo de Rudimental fue más bien para olvidar. EDM de garrafa para un público cada vez más mermado.

Suerte que Chic estuvieron allí para levantar los ánimos. Los padrinos de la música disco ofrecieron un concierto sin fisuras, con temas propios –tienen una batería de éxitos impecable– y otros ajenos de Donna Summer o Daft Punk. A partir de aquel momento no hubo gran cosa que destacar. Durante el concierto de Boys Noize cayó un chaparrón de órdago que provocó la suspensión de la esperada sesión de Ralph Lawson. El alemán de Turbo Recordings sonó abrupto y el ritmo de su concierto fue más bien descompasado. Y desgraciadamente, Tiga, que puso el colofón con la lluvia todavía como protagonista, no tuvo su noche. Sorprendió incluso que se arriesgara con ritmos étnicos. En definitiva, fue una jornada algo descafeinada en cuanto a resultados de las propuestas musicales, pese a contar con un cartel de mayor calado que la anterior.

Texto: Lluís S. Ceprián

Fotos: Xavi Mercadé

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