Cabecera Jon Spencer Blues Explosion

ASÍ TE CONTAMOS TERRITORIOS SEVILLA

VIERNES

Otra vez le tocó hacer encaje de bolillos a la organización de Territorios Sevilla para sacar adelante la que es ya su decimoséptima edición. Y por la cantidad de público que se veía en las praderas del Monasterio de la Cartuja, otra vez parecen haber dado con la tecla. No están resultando las cosas fáciles para el que es seguramente el festival más longevo que se celebra en el sur de España. A la espantada de financiación pública se ha unido la reducción del número de patrocinadores, de forma que la venta de entradas y el consumo en las barras del festival se han convertido en los ingresos principales para cubrir un presupuesto que roza el millón de euros. Poca broma. En un momento determinado, la única escapada posible fue hacia adelante, el festival tenía que dejar de lado la exquisitez en el cartel y buscar un crecimiento de público exponencial. Y lo consiguieron.

La fórmula para lograr año tras año asistencia record: un precio muy atractivo para el abono de los dos días, que se ha podido comprar desde 15€ siendo mínimamente previsor, y una combinación absolutamente única de grupos de distintos estilo y pelaje. Dejando un poco aparcado el “morro fino” hasta que soplen mejores tiempos, el festival apuesta por valores seguros, grupos que atraen a un público mayoritariamente joven y ligero de poses y prejuicios, interesado en pasar un fin de semana entretenido escuchando música de grupos que conocen o de los que al menos han escuchado hablar.

En la primera jornada ese papel era el que cumplían Loquillo, Mala Rodríguez, Love Of Lesbian o incluso unos inesperadamente populares allende sus fronteras, Manel. Luego grupos como Anna Calvi, Shannon & The Clams o el ciertamente exótico Jose Domingo eran motivo suficiente para atraer a la muchachada hipster. Pero si algo tiene de bueno Territorios es que al final todo el mundo sale confundido. Ha sido cosa común en años anteriores ir al festival para ver a Los Planetas y salir de allí fascinado por Salif Keita o renegar de Tricky y enamorarte de Amaral.

Comenzaba la jornada, todavía con escasa afluencia de público, que, es tradición, prefiere avituallarse en los alrededores hasta que llega la hora de los grandes nombres, con la propuesta mestiza de Chocolata, flamenco & jazz, quizás con algo de sobreexcitación. No desmereció su versión de la “Llorona” de DePedro, y hasta contó la granadina con la colaboración en el escenario de un Pájaro (Andrés Herrera) que también estará en la jornada de hoy en el Homenaje a Triana.

A escasos cien metros, en el otro escenario de la ladera, comenzaba uno de los platos más apetecibles del festival, el que se presumía iba a servir la londinense Anna Calvi. Luciendo banda y un arsenal de guitarras que mudaba con la misma soltura que una folclórica cambia de bata de cola, la británica combinaba arrebatos fieros, por momentos a lo guitar hero, con sutilezas vocales. Comenzó con “Suzanne and I” y “Suddenly”, y para cuando terminó con el himno que abre su segundo trabajo ya tenía a todo el público en el bolsillo. Solemne, casi marcial, fue desgranando un repertorio magnífico que se encontró sin embargo con numerosos problemas de sonido. Primero, un volumen muy por debajo del que después tendrían otros grupos en ese mismo escenario restaba contundencia a unos temas que lo son. Poco después, el grupo se lanzó a una jam session tarantiniana, un homenaje al veinte aniversario de “Pulp Fiction” que quizás tenían reservado para otro momento, pero que tuvieron que improvisar a mitad de “Blackout”  mientras le cambiaban el micro a la cantante entre los silbidos del respetable. Media hora antes de lo previsto abandonaba el escenario Anna Calvi, y de paso dejaba también una sensación agridulce, como de lo que fue y lo que pudo haber sido. Seguro que ha tenido mejores noches. Los que al parecer sí que tuvieron su noche fueron José Domingo, pero la coincidencia fatal en horario con la nueva heredera de PJ Harvey, no me permite dar fe.

Mientras las fanfarrias anunciaban la esperada llegada de Loquillo al escenario principal de Territorios, delante de muchos menos, en el interior del Monasterio, rebosantes de carisma y clase, Shannon Shaw y sus Clams exudaban la verdadera esencia del rock and roll, ramazalazos surfers y arrebatos punk para un directo harto disfrutable y celebradísimo por unos privilegiados que se hartaron de bailar. Volviendo al abarrotado escenario principal, Loquillo, sobrado de tablas y con una banda que funciona como un metrónomo, aprovechaba para soltar, en clave política, que venía a “sumar pero no a restar”, y desgranar temas recientes como “Sol” o “Cruzando el paraíso” (batallita de que tocó con Johnny Hallyday incluida) o bajarse al escenario y cantar “Cuando fuimos los mejores” con sus más fieles. Pero no es hasta que llegan canciones como “La mataré”, “Ritmo de garaje”, “El rompeolas” o “Cadillac solitario”, que uno realmente asimila cual es la verdadera dimensión de este artista, de esta rock and roll star.

Otra que ha alcanzado una dimensión mundial y cuando uno ve su concierto comprende el porqué es Mala Rodríguez. La MC jerezana parió su espectacular debut, “Lujo Ibérico”, en Sevilla, jugaba en casa, y saben sus seguidores que tiene mucho de Curro Romero. Se cuenta que el torero de Camas tiene tardes malas, muchas, pero también algunas buenas, y ay, cuando la tarde es de gloria, se rinde la Maestranza. Algo similar ocurrió en Territorios, se vio a la Mala suelta, cómoda, con el flow fácil, estuvo provocativa, lasciva incluso, y lo bordó. La audiencia, que parecía desconfiar al principio, fue poco a poco sucumbiendo a las artes y el contoneo de la Mala para acabar en un éxtasis colectivo que seguro animó a más de uno no solo en lo espiritual. Ella tenía lo que queríamos, ella fue la que mandó. Jefa.

Casi un shock pasar de su propuesta al mar de los Manel, pero es lo que tiene Territorios. Y tampoco defraudaron los catalanes. Por mucho que se haya repetido no deja de ser verdad, el suyo es el triunfo de la gente normal. No llamarían la atención entre el público, pero sobre el escenario, saben combinar canciones excelentemente sencillas con un sentido del show tan natural como excepcional. Estamos acostumbrados a escuchar desgañitarse al público en inglés inventado, ¿pero en catalán? No deja de sorprender como la modernidad se esfuerza en corear, no ya solo los estribillos, si no toda la letra de canciones soberbias pero nada sencillas en lo lírico. Mérito exclusivo de una banda, y sobre todo de un Guillem Gisbert,  que acabó con “Teresa Rampell” haciendo bailar raro, más raro, todavía más raro, a una audiencia tan numerosa como entregada. Bravo por Manel.

Pero si por aclamación popular fuera, los triunfadores seguros del festival habrían sido Love Of Lesbian. Es año par, así que presencia y éxito asegurado en Territorios, triunfaron en 2012 y se despidieron este 2014 hasta 2016. Puesta en escena impecable con esas cuatro pantallas que van proyectando imágenes y mensajes que agitan si cabe más a un público entregado desde el primer momento. Santi Balmes se maneja con su público como uno de esos predicadores americanos, parecería que si se bajara y golpeara la frente de alguna de sus enfervorizadas fans de primera fila pudiera sanarlas de todos sus males. Hasta se permitieron caminar sobre las masas mientras estas coreaban embelesadas “Fantástico” (para-pá-para-pá-pá). El alemán Sven Väth trataría después en el mismo escenario de conseguir un trance similar con su minimal techno y sus beats y sus cosas, pero nones. Ni de lejos.

Destacar la organización tantos en los accesos como en la distribución de los escenarios. Cero problemas tanto a la entrada como a la salida, y solventada la contaminación acústica entre los escenarios de la pradera que tantas quejas supusieron el año pasado.

 

SÁBADO

La idiosincrasia de Territorios, tres escenarios diferentes con actuaciones simultáneas, concentradas además en un lapso de tiempo mucho menor que el de otros festivales, suele hacer optar al festivalero por el menú degustación. Ir de un escenario a otro, catando un poco de cada, pero sin empacharse, porque de lo contrario se perdería otros platos. No ocurrió así en la jornada de ayer. Conciertos como los de Lori Meyers, Jon Spencer Blues Explosion o la constelación de estrellas del indie que se disponían a homenajear a Triana merecían verse de principio a final. Ocurre que Territorios transcurre en un espacio de dimensiones asequibles y siempre puede echarse un vistazo con el rabillo del ojo a alguna otra cosa de las que están sucediendo.

La coincidencia de jornada con la final de la Copa de Europa, la Champions, que disputaban dos equipos españoles, hizo que ninguno de los platos principales se sirviera antes de las once de la noche, cuando se presumía ya se habría dirimido el vencedor del partido de marras. No ocurrió así, cosas de las prórrogas, y Lori Meyers empezaron sin saber a quién felicitar. Más adelante Noni lo haría a las dos aficiones, a una por el título liguero y a otra por la décima. Guiño recogido con frialdad, Sevilla es una ciudad que se divide en lo futbolero, pero ninguno de los dos equipos de la ciudad se jugaban nada esa noche. Y comenzaron los Lori y arrancó el vendaval. Se les puede criticar por lo que se quiera, pero no por su falta de energía y la facilidad con que la contagian a su público. Arrancaron con canciones de su último disco, “Una señal”, “Planilandia”, “Impronta” y la ya clásica aparición “sorpresa” como invitada de Anni B Sweet en “El tiempo pasará”. Más adelante también caería “Emborracharme”, que incluye ese “con las ganas que ahora tengo de follarte” en el que más de uno y una se dejó la garganta. Estos temas ya forman parte de su universo de hits. Ya sea trasmutados en unos Brincos contemporáneos como en “Dilema”, “Tokio ya no nos quiere”, “De superhéroes” y “Luciérnagas y mariposas”, o ya más sofisticados y menos revivalistas en “Luces de neón” y “Alta fidelidad”, pero siempre igual de efectivos a la hora de hacer bailar al público. Remataron la faena sacudiendo cuerpos y sintetizadores con “¿A-ha han vuelto?” y “Mi realidad”. Ovación cerrada para los granadinos, que parecen haber dado con la fórmula de la Coca-Cola.

Los que no necesitaron fórmula ninguna fueron Jon Spencer Blues Explosion. Antes de los Black Keys, antes de los White Stripes, estaban ellos. Cero concesiones en un directo tan impecable como contundente. Fiero y arrebatado rock garagero y blues postmoderno, sin fisura alguna. Pluscuamperfectamente punk. El trío formado por el guitarrista Judah Bauer, el baterista Russell Simins y Jon Spencer, EL HOMBRE, ofreció el mejor concierto de todo el festival. Es una suerte que hayan vuelto y lo hayan hecho en una forma tan sobresaliente. Cortes de su último disco como “Black Mold” o “Bottle Baby” no desmerecen respecto a trallazos como “Dang”, “Bellbottoms” o “Sweat”. Tampoco importaron demasiado los problemas de sonido, recurrentes en el segundo escenario de la ladera, ni que lo que balbuceaba Spencer entre canción y canción fuera casi ininteligible. Territorios Sevilla guardará en su memoria la hora que estuvieron JSBX sobre el escenario como un tesoro.

Después se pudo ver a Él Mató A Un Policia Motorizado en el escenario del interior del Monasterio. El grupo argentino, de larga trayectoria en su país, está empezado a llamar mucho la atención por estos lares. Jota (Los Planetas) ha sido su embajador en España, y aprovechando que estaba en la ciudad se subió al escenario para cantar con ellos “Yoni B”, que tiene un espléndido aire a The Strokes. Poco antes habían sonado temas como “Más o menos bien” o “Diamantes”. Por culpa de JSBX no pudimos ver mucho más, pero fue suficiente para certificar la excelencia del combo capitaneado por Santiago Motorizado.

Destacaron también unos Ska-P a los que no se les puede negar el mérito de haber sido el grupo que más público ha congregado nunca en un show de Territorios: Más de diez mil personas parecieron enloquecer con el carrusel de tópicos trasnochados que forman el imaginario del grupo. Energía y espíritu combativo a raudales, pero todo muy de trazo grueso. Hora y media larguísima de concierto en la que no faltaron las populares “El vals del obrero”, “Cannabis” o “Romero el Madero”.

El final de la jornada estuvo protagonizado por el proyecto en homenaje a la mítica banda sevillana Triana, que se presentaba por primera vez y se articula alrededor de los músicos de Maga, con la colaboración de un elenco de figuras de la escena granadina y sevillana que incluye a Jota (Los Planetas), Noni y Álex (Lori Meyers), Kiko Veneno, Sr. Chinarro, Antonio Arias (Lagartija Nick), Juan Alberto (Niños Mutantes), Soleá Morente, Niño de Elche o Pájaro. El grupo que formaran Jesús de la Rosa, Eduardo Rodríguez y Juan José Palacios no solo ha sido influencia para multitud de bandas, sino que sigue teniendo en Sevilla multitud de fans. Y llegó el momento que todos estaban esperando. Tardó cuarenta minutos más de lo que debía, pero llegó. Ya aventuraban algunos que esas no eran horas para juntar a algunos de estos artistas. Y no pudo empezar peor: Un Jota visiblemente perjudicado se atrevía con “Recuerdos de una noche”, y ya se escuchó algún silbido. Después, Anni B Sweet se uniría al de Los Planetas para intentar enderezar la cosa un poco. Sí que lo hizó Pájaro, que interpretó, voz y guitarra, “Del crepúsculo lento nacerá el rocío”. Jugaba en casa y seguro había compartido muchas experiencias con (los) Triana acompañando a Silvio. Una de cal y otra de arena. Tampoco lo bordó Noni de Lori Meyers con “Todo es de color”, y el que sí que se ganó el abucheo ya decidido del público fue Sr. Chinarro, que no atinaba con la letra de “Sr. Troncoso”, pero sí que soltó unos cuantos vivas a Cajasol por lo bien que lo habían hecho (imaginamos que hacía alusión al desastre de Torre Pelli, que está construyendo la entidad justo entre el Monasterio de la Cartuja y el barrio de Sevilla que da nombre al grupo que homenajeaban). Muchos empezaron a desfilar hacia la puerta con tal de no presenciar el despropósito. Se equivocaban, porque otros como El Niño de Elche, quizás la mejor interpretación de la noche, o Soleá Morente, sí que estarían a la altura de una banda, Maga, que también interpretaba los temas con solvencia. Seguro que tienen oportunidad de volver a repetir experiencia y, en la siguiente, alguno no se lo tomará con tanta ligereza. Broche extraño, en fin, para una edición de Territorios, la decimoséptima, que una vez más, y a falta de datos oficiales, presagiamos ha batido récord de asistencia.

Larga vida a Territorios.

Texto: Santiago Cotes

Fotos: Rafa Marchena

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