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AUTOMATICS: AQUELLOS MARAVILLOSOS AÑOS

Nadie discute que los recopilatorios reactivan carreras de grupos desaparecidos. El año pasado, Elefant y Clifford Records coeditaron “1991-2001”, un vinilo doble que recogía los mejores momentos (más dos canciones inéditas) de Automatics. Los linarenses salieron del letargo. Y este verano se suben a los escenarios del FIB, del Sonorama y del Contempopránea, festival este que, además, les rinde homenaje.

En Contempopránea, todos los grupos del cartel deberán incluir una versión de Automatics en su repertorio. Para bandas como Niños Mutantes supone todo un honor. “Ellos fueron pioneros de la escena indie. Antes incluso de que Los Planetas explotaran, ya venían los Automatics a tocar en garitos “granainos”, y solíamos ir a verlos, nos encantaba su sonido, y eran contundentes, cosa poco habitual en los pre-indies”. Admiración compartida por formaciones más jóvenes como Odio París, también presentes en el line up del festival. “Es de lo mejor que se hizo en los noventa en España. De hecho, parecían de Manchester 100%. La primera vez que los escuchamos, pensamos, “¿en serio que estos tíos son españoles? No me jodas””.

 

 

Automatics fueron cabeza de cartel en diversas ediciones del Contempopránea, así que cuando se supo que volvían a la carretera, el cruce de caminos era predecible. Más aún teniendo en cuenta que Agustín Fuentes, director del festival, es fan confeso. “Fueron el grupo español más internacional, sus canciones y su puesta en escena no tenía nada que envidiar a la de los grandes de aquella época. Les escuchabas o veías en directo y era como estar viendo a Jesus and Mary Chain. Fueron lo ‘más’ para un indie de aquella época”.

El destino ha querido que este reconocimiento al grupo andaluz coincida con el veinte aniversario de la salida de su primer LP, “Cesárea” (Elefant, 1994). Una excusa, como cualquier otra, para volver la vista atrás y recordar aquellos años en los que, musicalmente, este país hacía equilibrios entre la decadencia de la movida y los primeros pasos de una imberbe escena indie. “Fueron años duros”, recuerda José Lozano, cantante de Automatics, “en los que los grupos de aquella época tuvimos que crear un circuito de salas para poder tocar. La generación de los ochenta tuvo la suerte de aprovecharse de ayuntamientos y diputaciones, pero a un grupo que cantaba en inglés no lo contrataba nadie. Dejando a un lado los malos momentos, que fueron muchos, lo recuerdo con cariño e ilusión. Para unos chicos de provincias como nosotros, y con veintitantos años, poder recorrernos el país de gira, grabar discos, actuar en los festivales más importantes, hacer televisión, tocar en el extranjero junto a grupos a los que admirábamos… Es algo que analizas con el paso del tiempo”.

 

 

No es la única celebración indie del 2014. Dos de los sellos pioneros, Elefant y Subterfuge, han cumplido veinticinco años. “Yo no tenía pensado montar un sello, ni pensaba que hiciera falta”, explica Luis Calvo, responsable del primero. “Aunque era muy pequeño, había vivido toda la escena de los años ochenta y me marcó bastante. También estaba al tanto de lo que ocurría fuera de España. Ya en el instituto organizaba conciertos en una discoteca, hacía un fanzine, le grababa muchas cintas a mis amigos… Tenía esa necesidad de descubrirle música a la gente. Y la idea del sello nació así, como un paso más, se me cruzaron varios grupos que me gustaban y a los que nadie editaba en España”.

Fueron años de aprendizaje. Calvo reconoce que “no había una línea a seguir. Cada uno llevaba el sello a su estilo, con sus aciertos y sus errores. Nuestra manera de funcionar y de trabajar con los grupos, seguramente, dista muchísimo de la de Subterfuge, Acuarela u otros sellos, porque cada uno entiende la música y la independencia de una manera. Ni mejor ni peor”.

Había sellos y había grupos. Hacía falta descubrir si también existía un público que demandara esos sonidos. En 1992, el Noise Pop Tour, con El Regalo de Silvia, Usura, Penélope Trip y Bach is Dead se convirtió en la prueba del algodón. Una gira por ocho ciudades en plena resaca de las Olimpiadas de Barcelona y la Expo de Sevilla. “Lo recuerdo como en una pantalla de cine, como algo irreal, porque no me puedo creer, sobre todo con la que está cayendo estos días, que con aquella gira, casi sin difusión ni medios, se agotasen las entradas en algunas ciudades y que la gente se aglutinara alrededor de las salas queriendo entrar. Fue como una fiesta inmensa de público y grupos, todos deseosos de que en su ciudad y país ocurriera algo a nivel musical que les interesara. El éxito no fue que organizáramos la gira, el éxito fue que el público volcase toda esa ilusión en formar parte de ella”, rememora Ana Béjar, que participó en la organización y con su grupo Usura.

 

 

Usura, precisamente, no supieron digerir ese éxito. Editaron su debut largo, “Hake Romana” (Elefant, 1993), y se separaron. “Éramos muy impacientes e inexpertos, poco conscientes de dónde estábamos pisando”, aclara Béjar. “No admitíamos un ‘no’ por respuesta, no podíamos con la falta de espíritu de riesgo de los promotores, managers… Básicamente, creo que nos separamos por falta de apoyo de la industria en general, que en aquel momento tenía que reciclarse y empezar a considerar a grupos como nosotros y olvidarse un poco de algunas glorias de la ‘movida madrileña’. Se generaron tensiones en el seno de nuestro grupo sobre cómo dirigir nuestra carrera y todo explotó”.

Madrid y Barcelona seguían siendo los centros neurálgicos de esta música alternativa, pero se produjo cierto auge periférico que rápidamente fue etiquetado. En un alarde de originalidad, el apellido ‘Sound’ aparecía en todas las nomenclaturas, acompañando a la palabra que limitaba geográficamente la escena en cuestión, fuera Xixón, Donosti o Getxo.

 

 

El Inquilino Comunista fueron una de las cabezas más visible de la última de ellas. “En nuestro caso todo fue muy rápido. Empezamos con toda la ilusión del mundo y pocos conocimientos. No teníamos apenas referencias más allá de Cancer Moon y Los Clavos. Sacamos una maqueta que tuvo bastante repercusión y enseguida estábamos grabando y tocando mucho por ahí. Nunca entendimos por qué tuvimos ese éxito. Imagino, que en el fondo, no lo haríamos tan mal. Eso sí, nosotros nunca pensamos que pudiéramos vivir de la música. No nos lo planteamos así”, aclara Javier Letamendia, batería del grupo.

Pudieron tener su oportunidad cuando RCA llamó a su puerta. Pero prefirieron no seguir el camino de Los Planetas y quedarse en el sello Radiation. “No nos arrepentimos. Rechazamos la oferta porque no nos gustaban nada las condiciones ni el planteamiento en sí”, comenta Letamendia. Para ellos, era más reconfortante que Mark Ibold, bajista de Pavement, apareciera en la portada del New Musical Express con una camiseta de El Inquilino Comunista que los cantos de sirena que les pudieran llegar desde una multinacional.

 

 

El camino abierto por Elefant y Subterfuge fue llenándose de otros sellos: Siesta, Acuarela, Jabalina o Grabaciones en el Mar, por citar sólo algunos. Los dos últimos también soplan velas este año. Cumplen veinte. Aunque su vinculación con la música es anterior a la edición fonográfica. Pedro Vizcaíno, por ejemplo, regentaba una tienda de discos con Sergio Algora (futuro cantante de El Niño Gusano). “Teníamos, sobre todo, material indie, por lo que vivimos bastante la ‘eclosión’ en esa época… El nacimiento de sellos y distribuidoras…” Hasta que vio la luz el suyo propio, Grabaciones en el Mar. “No tenía una referencia concreta, la verdad. Quizás un poco Grabaciones Accidentales, de los cuales tomamos una parte del nombre… Yo siempre he sido más de artistas que de sellos. Llevar una línea estilística muy definida nunca me ha atraído mucho. Supongo que porque me gustan estilos muy distintos”, razona Vizcaíno.

Otro de los tótems de esos primeros años fue el Festival Internacional de Benicàssim (FIB), que para no ser menos, suma dos decenas con la edición de este verano. Automatics estuvieron presentes en su primera edición. “Fue muy importante, entre otras cosas porque nos dio a conocer a un público más amplio, nos eligieron como mejor directo y eso nos ayudó mucho. A partir de nuestro primer Benicàssim el grupo creció en todos los aspectos”, explica José Lozano.

Sin embargo, esos logros no sirvieron para ganarse a la prensa especializada. “Se nos tachó injustamente de imitadores de Jesus and Mary Chain, pero todos intentaban imitar a los grupos de fuera, porque en realidad el movimiento indie de los noventa era eso, cantar en inglés y sonar a bandas extranjeras y así romper un poco la tendencia de los grupos musicales españoles de los ochenta”, protesta Lozano.

 

 

Luis Calvo se muestra más crítico con el papel que desempeñó la prensa ante el nacimiento de una nueva escena independiente. “En general, en España, se portó mal. Pretendían ser como la prensa inglesa, que era muy radical y cañera con los grupos, pero es que aquí no existía una escena autosuficiente o con mucho público como la de allí. En Inglaterra daba igual que cogieran a Menswear y los mandaran al carajo porque vendían miles de discos, pero aquí si las tres revistas que había te ponían mal, te hundían, porque éramos cuatro gatos. Creo que se debía haber apoyado la escena, sin que eso signifique que se dijera que todo era bueno, porque los había mejores y peores, pero si no llega a ser por todos ellos, lo que hay ahora no existiría. No eran conscientes de que grupos y sellos habíamos partido de menos uno, porque no había nada y todo costaba mucho esfuerzo. Sólo valoraban resultados, los discos, y si este se parecía a The Jesus and Mary Chain o a Dinosaur Jr. Me parece todo muy simple. Y, curiosamente, mucha de esa gente a la que criticaban y con la que se metían de aquellos primeros grupos, ahora son portadas de estas revistas, veinte años más tarde”.

Pero no todas las voces son tan críticas con los periodistas. Letamendia no recuerda que se hiciera sangre con El Inquilino Comunista, sino todo lo contrario. Y no tiene reparos en reprender a determinadas bandas de entonces. “Que algunos grupos cantaran en inglés no lo llegaba a comprender, porque tenían un nivel muy bajo, no era entendible lo que decían. Nosotros cuidábamos mucho ese tema, controlábamos el idioma. Tal vez, por eso, nunca se nos criticó”.

Automatics y El Inquilino Comunista sobrevivieron a ello, y aunque con un ritmo (muy) pausado, ambas formaciones han retomado la actividad. Además, José Lozano tiene en barbecho a Universal Circus y milita en Murciano Total; y Javier Letamendia centra sus esfuerzos en Planetaleta. También Ana Béjar sigue ligada al mundo de la música con un par de proyectos (Todo, Io) y el EP que está preparando con su nombre. Los sellos mencionados siguen en funcionamiento. Unos y otros continúan formando parte de la escena independiente de este país, como en aquellos primeros (y ya lejanos) años noventa.

 

Foto Automatics: Jesús Peña

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