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AZKENA ROCK 2016: CRÓNICA SÁBADO

Hace quince años quizá nunca hubiéramos imaginado poder ver en vivo a una banda capital de la historia del rock como The Who, ni tampoco a The New York Dolls, Ray Davies o The Stooges. Para nuestro gozo, todos ellos han pisado el Azkena Rock. En lo que respecta a la histórica jornada de ayer, además de los británicos destacaron las soberbias actuaciones de Radio Birdman y 091.

Escribíamos ayer que Julian Maeso no pudo tocar en la matinal del viernes en la Virgen Blanca, mientras abríamos la crónica con una foto del espectacular aspecto de la plaza durante su actuación. El pase diurno del centro neurálgico de la ciudad contó ayer con la participación de Luke Winslow-King, mientras nosotros estábamos a otra cosa, mariposa.

Aclarado este punto, cabe señalar que aparte de lo musical, la jornada encabezada por The Who arrancaba con la Motor Show, de estreno en el Azkena Rock, con una ruta molona en moto alrededores de Vitoria, visita al valle salado de Salinas de Añana incluida. Ayer todos fuimos muy mod, sí, pero intuimos que fueron más Harleys que Vespas las que participaron del viaje -o BMWs, o Moto Guzzis…-. ¿Y de lo climatológico qué? Olvidado ya el aquarock de la víspera, el sábado aguantó plomizo pero (casi) sin descarga.

Con el público aun disperso por la ciudad y el recinto semivacío, nunca es fácil abrir la jornada de un gran festival. Cumplir el expediente es una forma de hacerlo, ir a machete la otra, elegida tanto por los locales Sumision City Blues, quienes realizaron además un alegato a favor de los refugiados; como por Cobra, banda paralela del bajista de Berri Txarrak, con sonido stoner. The Milkyway Express solapaban su actuación con la serpiente venenosa, y nos perdemos también tanto a Raveneye como a Vintage Caravan, al decantarnos por dejar el recinto en pos de un café. Había que tomárselo con calma.

Cobra / Foto: Rock MusicSnapper

El respiro nos vino bien, pues Radio Birdman iba a exigirnos atención plena. Fue el suyo uno de los mejores bolos de la jornada y, por ende, del festival. Nada que ver aquella otra visita, al Azkena del 2004, en la que se mostraron huraños. Volumen alto y buen sonido para que los pioneros del punk australiano -banda formada en 1974-, intensa e incisiva, sacara brillo a su leyenda y surfeara la ola buena con temas como “Aloha Steve & Danno” o “Murder City Nights”; los de siempre, vaya. Alguien llego a lanzarle una bota de vino a Rob Younger -al que dicen incluso le vieron sonreír-, y esté la atrapó en el aire para devolverla el cielo. El final de su luminosa actuación, la única en la que incluso salió el sol, se solapó con el inicio del de The Scientists. Los de Perth también cumplieron -Australia nunca falla-, en un directo de menos a más que no alcanzó la dimensión de sus predecesores. La banda capitaneada por Kim Salmon, ataviado con un jersey imposible -de tigre-, se atrevió con una versión sucia de “You Only Live Twice”, ¡de Nancy Sinatra! Ciertamente la principal atracción de la jornada de ayer eran The Who, pero más de un puñado de aficionados acudieron a la cita solo por poder escuchar a dos de las bandas seminales del rock australiano.

Radio Birdman / Foto: MusicSnapper

En el tránsito entre Australia y Europa nos dejamos media actuación de Imelda May. Con estética renovada -nos recuerda a Juliette Lewis en el aspecto, no en la voz-, la irlandesa parece haber estandarizado su sonido, ahora menos rockabilly, perdiendo esencia para… ¿ganar en audiencia? Ni siquiera pepinazos como “Johnny Got a Boom Boom” nos hacen despegar como antaño. Nada que ver con 091, puro derroche. Espectacular directo el de los granainos en su “Maniobra de Resurrección”, ¡casi veinte años después de que lo dejaran!

Los músicos, elegantísimos de riguroso negro; el público, encendido; y el show, de los más contundentes del certamen. Abrieron con “El baile de la desesperación” para reivindicar después que “Este es nuestro tiempo” y, sobrados de actitud (de estrellas del rock), se vistieron los “Zapatos de piel de caimán”.

Imelda May / Foto: RhythmAndPhotos

Entre los que no presencian la lección de 091 -allá ellos-, son más los que se agolpan a pie del escenario principal en espera de The Who, que los que atienden a unos oscuros Fields of The Nephilim.

Cuando volvemos de la escapada, 091 nos habla del siglo XX y sin pausa ni respiro, con un sonido brillante, cierran magisterio con “Otros como yo”, la celebradísima “La torre de la Vela” y la vacilona “La vida qué mala es”, que todo el mundo canta, “¡qué mala es!”. Los más fieles, los que les conocían ya, marcharon encandilados. Los que aún no sabían de sus existencia, atrapados. Inmejorables teloneros para The Who.

091 / Foto: RhythmAndPhotos

La cita estelar de la noche estaba próxima ya, por lo que parte del público siguió la actuación de 091 en las colas de los puestos de comida. Ahora llaman Food Trucks a los salchichautos de toda la vida.

The Who, como Radio Birdman, facturaba ya punk antes de que nadie lo llamara así -¿es “My Generation” la primera?-. En Mendizabala demostraron que, aunque algo achacosos, los chicos están bien. Pete Townshend y Roger Daltrey necesitan hoy la compañía de seis músicos para tocar las canciones que antes interpretaban una banda de cuatro. Pero no son años sino canciones lo que le sobra a la leyenda. El ejercicio de los eternos adolescentes resulta sincero y los temas, ¡qué temas!, suenan de maravilla. Son dieciocho en noventa minutos, excelentemente interpretados. Y es que los abuelos, viejos zorros, huyen de lo imposible y se limitan a llegar hasta aquello a lo que pueden llegar. Para el resto, la banda.

Abren con la romántica “I Can’t Explain” y “Substitute”, calcando casi el bolo de Madrid -intercambian “My Generation” y “I Can See For Miles”, sonando esta última antes en Vitoria-. Detrás, donde estamos atrapados nosotros, nos falta volumen. Pero bailamos.

El público es, en general, muy muy veterano -reconozcámoslo, este es un festival viejuno-, aunque Daltrey se congratule de ver jóvenes frente al escenario. Faltan veinteañeros en el Azkena, pero son muchos los que en la actuación estelar de ayer mantenían a sus niños y niñas sobre los hombros.

En “I’m One” Townshend da una exhibición de talento a la voz y a la guitarra, y el show ni siquiera decae en su parte central, que la pareja aprovecha para realizar alguna que otra pirueta. Remolino tras remolino, de guitarra Townshend y de micrófono y panderetas Daltrey. La traca final comienza con “Pinball Wizard” y finaliza con “Won’t Get Fooled Again”. La evolución estilística que va de “My Generation” a “Baba O’Riley” es abismal. Da miedo intentar imaginar a esta banda cuarenta años atrás, con Keith Moon a las baquetas. Enormes Daltrey y Towshend, manteniendo vivo un legado imprescindible y casi inabarcable.

El de Vitoria es, según dicen, el último bolo de quince semanas de gira, que retomarán en septiembre; por lo que Pete y Roger se muestran satisfechos -esto se merecía romper una guitarra, ¡Pete!-. Llevan, según nos cuentan, dos días en la capital alavesa -con alguna visita a lugares de interés y a mesas de buen mantel-, donde viajaron nada más finalizar el concierto del Mad Cool.

he Who / Foto: MusicSnapper

A pesar de coincidir con el recién estrenado festival madrileño, fuerte competencia al programar a Neil Young además de a The Who -el Sónar va de otro palo-, el tirón de la leyenda británica atrae a 18.000 espectadores a Mendizabala; 30.000 de asistencia general en el Azkena Rock de 2016.

Abandonar Mendizabala tras la despedida de The Who hubiera sido, seguramente, la más feliz de las opciones. Pero el festival proseguía con Refused y Marky Ramone, compitiendo ambos por atraer la atención de la congregación. Suena más sólido el regreso de los suecos, pero nos decantamos por el sempiterno Ramone, por su cercanía con el camión de los bocatas. En su show, “Blitzkrieg 40 Years of Punk”, sigue aferrado al legado de Ramones, sí, pero no consigue atraparnos. Nos cuentan que el vocalista de Sumision City Blues, Pela -también frontman de la banda tributo Gramones-, ha estado haciendo las Américas junto al batería neoyorquino, pero ni siquiera podemos distinguir con claridad si es Ken Stringfellow (The Posies) quien canta. Vuelve a llover, más ya no importa.

Marky Ramone / Foto: RhythmAndPhotos

Como colofón a una magnífica jornada, los macarras The Supersuckers, puro ADN Azkena, cierran la decimoquinta edición del Azkena con chulería. Siguen presentándose como la mejor banda de rock & roll del mundo. Los comanda Eddie Spaghetti, ahora a la guitarra acústica. Suena “Roadworm and Weary”, del exquisito disco country “Must’ve Been High”, cuando nos despedimos de ellos. El ronco vocalista la presenta como la favorita de su padre -¡buen gusto!

Cruzamos el recinto por última vez hacia la salida. La venta de libros -biografías de músicos- y vinilos prosigue. La carpa de los Djs se calienta. Lejanos ya, los de Tucson exclaman “I Want the Drugs”.

AZKENA ROCK 2016: CRÓNICA VIERNES

ENTREVISTA A 091

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1 comentario
  1. El Confidente says:

    Buena crónica, tan sólo un apunte. Lo de que llevan días por el País Vasco es falso. Llegaron ayer a las 18.30 horas directos al ARF.

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