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AZKENA ROCK 2016: CRÓNICA VIERNES

El rock & roll caló ayer en Vitoria, vaya que sí, gracias al insistente aguacero que no cesó hasta que Lucinda Williams lo ordenó. Desangelado en lo meteorológico -¡con mínimas por debajo de los 10 grados!-, el Azkena Rock no consiguió ayer, en la jornada inaugural de su decimoquinta edición, entrar en calor. Las previsiones apuntas a que el tiempo mejorará hoy sábado, y es que se espera con entusiasmo a The Who.

No fue un chaparrón ni el típico sirimiri sino una lluvia constante la que deslució la reunión anual a la que, tal y como acostumbra, se mostró fiel el público del festival alavés, con o sin chubasquero.  El Azkena Rock ha seducido año tras año a un público quizá cada vez más achacoso, pero que no se amedrenta ni calado hasta el tuétano -12.000 ayer, según la organización-. Los bonos para la próxima edición, de la que no se conoce quién actuará, están ya a la venta.

Nada más llegar al recinto, nos encontramos con la primera sorpresa del día. Julian Maeso, quien no pudo actuar al mediodía en la Plaza de la Virgen Blanca tal y como estaba previsto, ocupa el tercer escenario, situado justo de espaldas a la entrada del recinto. Su actuación se solapa con la de Daniel Romano. El canadiense ocupa el escenario principal en cuarteto y presenta con solvencia y seguridad su reciente “Ancient Shapes”, country reposado y facturado con suma elegancia. Con un sonido igual de exquisito, Maeso, más enérgico y con una pizca de soul y otro poco de funk, se bate el cobre tanto a los teclados como a la guitarra, consiguiendo ganarse rápidamente al público. El ex-The Sunday Drivers es de Toledo, sí, pero su chupa de flecos al estilo de Buffalo Bill delata sus referencias.

Julian Maeso / Foto: MuscSnapper

Para entonces eran historia el metal de los vizcainos The Flying Scarecrow, quienes se ganaron el derecho a abrir el Azkena Rock en el prestigioso concurso Villa de Bilbao, así como Jared James Nichols -gustó, según nos dijeron- y The London Souls, quienes solapaban actuación con una propuesta sonora similar, de blues y hard rock, en un formato muy en boga los segundos, guitarra y batería.

El Azkena Rock repite la fórmula de sus últimas ediciones, con tres escenarios en el recinto -girar 180 grados es suficiente para pasar de uno a otro- y dos de ellos solapando actuación. La novedad, este año, es la retirada de la enorme carpa que envolvía y protegía a la segunda escena -¡qué oportuno!-. Refugio contra las inclemencias meteorológicas, la carpa resultaba también un hándicap para el sonido, además de convertirse a veces en auténtico invernadero. Afortunadamente, la retirada de la carpa ha supuesto que se distribuyan por el recinto algunas más ligeras pero igual de altas, aunque un tanto alejadas de los escenarios -en ellas se resguardan los más prudentes-. Los escenarios siguen tomando el nombre de destacados artistas que han fallecido en 2016. En esta ocasión, el escenario principal está dedicado a Lemmy Kilmister (Motorhead), mientras que el segundo lleva el nombre de David Bowie y el tercero el de Scott Weiland, frontman de Stone Temple Pilots y Velvet Revolver; ahí es nada.

Cuando Vintage Trouble asalta el escenario, Mendizabala luce ya su habitual aspecto, pues hasta entonces la peña se toma con más calma de la habitual su entrada al recinto. Tan elegantes como siempre, como si estuvieran preparados para una partida de póquer en el saloon, salta a escena el cuarteto californiano, con el entusiasta Ty Taylor al frente. El vocalista, cool, tira de repertorio para utilizar todos los trucos de las grandes estrellas del rock; a saber: Speech buenrollista, coreografías varias -haciendo la ola ahora y agachados después-, salto al público desde el escenario… Incluso llega a pedir al público que cante “In the name of love”, como si se tratara de Bono. Lo tienen todo para manejarse con solvencia en estas situaciones, sin embargo, a ratos nos parecen carentes de ritmo, sin la contundencia de anteriores visitas.

Vintage Trouble / Foto: MuscSnapper

Llegaba así una de las citas estelares de la jornada, con la irrupción en escena de la gran Lucinda Williams, mientras el roquero más acelerado se escapaba al bolo del trío bilbaino Los Brazos -irrumpieron arrolladores-; o a la capilla donde un Elvis de pega oficiaba ceremonias nupciales, estilo Las Vegas.

Volumen discreto para la enlutada Lucinda Williams, quien tocada con un sombrero country y chupa negra, ofreció un concierto pausado e íntimo, más propio de recintos más reducidos, comenzando con voz trémula y acabando lo suficientemente relajada como para bailar ritmos reggae; recitando, enumerando y reivindicando, entre medio, su necesidad de amor. Sonaron pronto “Protection” y “Drunken Angel” así como “Dust”, en cuya presentación, en un correcto castellano, recordó a su padre, poeta y autor de la letra -de niña vivió por un tiempo con él en Chile-. Tampoco faltó, hacia el final, “Joy” y, como colofón, una versión de “Rockin in The Free World” -¿es la canción de Neil Young la más versionada de la historia del Azkena?-, que aunque sonó un tanto descafeinada, nunca deja de emocionar. Resultó entrañable, también, ver a Lucinda tan agradecida a su público, y cómo reverenciaba a sus músicos, entre los que estaba, a la guitarra, Stuart Mathis. Ni caso a los amantes de la distorsión, señora Williams, vuelva usted cuando quiera.

Lucinda Williams / Foto: MuiscSnapper

Blackberry Smoke era la opción más acertada tras la dama de Luisiana, pero no se sabe cómo, Jean Beauvoir resultó el elegido. Menudo aspecto el del ex-Plasmatics, oigan, con su cresta mohícano platino y sus polainas con… ¡la bandera confederada! La suya resultó una romería rockanrolera muy divertida, interpretando clásicos imperecederos de KISS, Ramones -trabajó con ambas bandas- o Led Zeppelin, de quienes interpreto “Rock & Roll”. El despiste nos impide prestar atención a unos Blackberry Smoke que suenan exquisitos; los pillamos despidiéndose tras atreverse, esto va de versiones, con… ¿“Three Little Birds”? de Bob Marley.

Jean Beauvoir / Foto: MusicSnapper

The Hellacopters se presentan como cabeza de cartel, tras sustituir a ultimísima hora a Primal Scream, cuyo frontman Bobby Gillespie está lastimado. Con el cambio, y para nuestro disgusto, el festival pierde color, pero compacta su propuesta sonora. Los suecos reunificaron su formación original para una aparición puntual en su país, y añaden la actuación del Azkena a la celebración. Se cumplen veinte años del lanzamiento de “Supershitty To The Max”, álbum que tocarán íntegro.

La banda ya visitó el Azkena Rock en 2003, pero desde entonces el gorro militar de Nick Royale y los tatuajes de Dregen han pisado Vitoria en más de una ocasión, ya sea con Backyard Babies, Imperial State Electric o cualquiera de sus diversas ramificaciones. El ex batería de Entombed y el siempre inquieto guitarrista se reparten protagonismo y le ponen ganas, interpretan su álbum de debut con el sonido pulido de “Rock & Roll is Dead” pero… de verdad “Supershitty To The Max” es una obra capital en la historia del rock&roll, como para dedicarle la actuación estelar del Azkena? Alguien recuerda alguna de sus canciones, ha envejecido bien. Hellacopters fueron grandes cuando eran pequeños y en su día disfrutamos mucho de los suecos, pero ayer su homenaje al orondo Kike Turmix (y a las juergas que se correrían juntos por Malasaña) -el frotman de The Pleasure Fuckers los introdujo en España editándolos en Safety Pins Records- nos pareció lo mejor de un show que finalizó con el hit “(Gotta Get Some Action) NOW!”. Por su parte, The Sex Organs actuaron en el tercer escenario, aunque ni siquiera nos enteramos de ello.

The Hellacopters / Foto: RythmAndPhotos

Reconozcamos que Glenn Danzig no es santo de nuestra devoción desde que lo conocimos en el fallido Bilbao Acción Rock, BAR, en la prehistoria de los festivales. Acudimos pues a su espectáculo sacudiéndonos de nuestros prejuicios, con la pretensión de tratar de comprender qué hace que sea cabeza de cartel; y comprobamos que, al pobre, no le falta voz sino fuelle, pues jadea entre canción y canción. Su actuación coincidía con la de Luke Winslow-King -¿qué demonios hacía allí a esa hora?-; una propuesta cálida y revisionista que recupera el blues del delta -¡atención! repite hoy en la matinal de la plaza de la Virgen Blanca-. Repasó temas de su último lanzamiento, “Everlasting Arms”, y se despidió cantando al amor y preguntándose “Who do you love?”; mientras que Danzig, distante, cerró su actuación, con más pena que gloria, con “Long Way Back From Hell”. El otrora lider de Misfits no da miedo ya, y a sus 60 años está un tanto fondón. Si con Hellacopters las guitarras apagaban el sonido del teclado, la voz de Danzig se dispara por encima de los instrumentos de su banda.

Reventados ya, como la pantalla de nuestro móvil -el rock&roll tiene estas cosas-, asistimos a la singular y desconcertante propuesta que presenta Henry Rollins, “Gutterdammerung”. Un espectáculo cinematográfico en blanco y negro donde el rock es perdición y salvación, con música -ópera aria y metal- y performance en directo pero tras la pantalla; en el que el mismísimo ex Black Flag oficia de maestro de ceremonias y sacerdote -en elfilm, Iggy Pop es un ángel negro, Mark Lanegan el enterrador, Josh Homme el hombre del bazooka…-. En definitiva, una bizarrada que atrapa aunque ya no sean horas, y en la que también aparece Lemmy, por fin en el Azkena aunque fuera en el celuloide, a quien honra Rollins en los agradecimientos. Al parecer, Motorhead es, junto a Neil Young -actúa hoy en Madrid-, el artista más solicitado históricamente en el foro del festival.

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