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BILBAO BBK LIVE 2016: CRÓNICA VIERNES

Con el corazón en stand by acudimos ayer a la segunda jornada del Bilbao BBK Live, en la que se iba a consumar una de las actuaciones más esperadas de esta su undécima edición, la de Pixies (y Belako).

El habitual nerviosismo que nos desborda en tales citas ha desaparecido hoy, una inexplicable placidez nos invade. Con el cielo plomizo, nos desperezamos para acudir a Kobetamendi antes de que el recinto abra siquiera sus puertas –hasta arriba en la línea 58 de Bilbobus-,  y antes de adentrarnos al festival, visitamos la cervecera adyacente. No somos nosotros, sino la mayoría de los festivaleros los que se lo toman con parsimonia. De los ruidosos guiris del día anterior, no queda casi rastro alguno.

Todo lo anterior a John Berkhout suena lejano mientras apuramos nuestra cerveza. El quinteto guipuzcoano presenta “Bloo Mind”, donde los sintetizadores ganan presencia. Sin embargo, el viernes es más de guitarras, aunque sean acústicas, como las de José González. Aún es pronto y la calma es máxima cuando el sueco de origen argentino ofrece un set casi íntimo, del que destacamos “Deadweight On Velveteen”, con las citadas guitarras acústicas, percusiones y exquisitas melodías vocales.

José González / Foto: Oscar L Tejeda

Con mayor asistencia del público y el habitual sirimiri, la cosa se anima con Ocean Colour Scene. El elegante cuarteto de Birmingham comienza fuerte, con una versión del “Day Tripper” y su hit “The Riverbot Song”, pero en vez de decaer su directo, sólido y solvente, fue in crescendo, con Simon Fowler a la acústica y preocupado de leer el atril y Steve Cradock aportando clase tanto a la guitarra como al piano. Con ellos comenzó a tomar cuerpo nuestra jornada, que eclosionaría después con Belako.

Antes, también escuchamos a C. Tangana (¿y Rosalía?) cantando el que, según Jenesaispop, puede ser el hit underground del verano, el rap “Antes de morirme”. No es nuestro rollo, sí el de cientos de adolescentes que registran en sus móviles el momento.

Mientras Love of Lesbian pisa el escenario principal, Belako sacude el recinto más estrecho, desbordado como después lo estaría con WAS, ambas bandas vizcaínas. Si El Mundo Today titulaba recientemente “Nace el Sin Love of Lesbian Fest, el primer festival sin Love of Lesbian”, otro tanto se podría decir de la banda de Mungia -repetían actuación en el Bilbo BBK Live, tras reventar la carpa en 2014-.

Entonces, hace dos años, el cuarteto de Mungia presentaba su debut “Eurie” -lluvia- con el que pillaron la buena ola, de la que aún no se han bajado. Esta vez presentaban su reválida, “Hamen” -aquí, en euskera-, y lo hicieron de forma brillante, porque son modernos mirando hacia atrás, porque sus temas transmiten y ellos, enérgicos en las tablas, desbordan entusiasmo. El público se entregó a ellos, tanto en como en los temas más luminosos, “Sea of  Confusion”, como en los más sucios “Track sei”. Antes del colofón, sonó una hipnotizante versión de Nina Simone, “Sinnerman”; después, desde Josu Ximun se atrevió a lanzarse al vacío -no es post punk, sino punk-. Tranquilos, fue recogido al vuelo. Por cierto, la línea inicial del bajo en “Haunted House” no remite lejanamente a Kim Deal y a Pixies?

Belako / Foto: Javier Rosa

Absortos con Belako nos perdemos la actuación de Love of Lesbian -¡qué pasa, todo no se puede!-, quienes se han dado un baño de masas con el público cantando todas sus canciones.

Entre la dicotomía de tener  que elegir entre Grimes y WAS, al contrario de con Belako y Love of Lesbian, nos decantamos a priori por el escenario grande, aunque a la postre terminamos atrapados en el sonido de la txalaparta -legendario instrumento musical vasco; percusión compuesta por madera contra madera- con el que abren Deu y Willy. Poderoso ritmo de baile que imprimen los de Getxo. Mientras esta banda imprime un poderoso ritmo de baile a su actuación vitalista, que termina con la apoteósica “On the Floor” -”no nos vamos ¡hasta que nos echen!”, grita Deu-; problemas técnicos obligan a la canadiense Grimes -cuatro chicas en escena, dos en la danza y dos a la voz- a parar una actuación que está gustando. Cuando la retoman, con bandera arco iris cual capa, volvemos de nuestra excursión a We Are Standard.

Antes de tomar una buena posición para el bolo de Pixies, conocemos en la cola del baño a un guiri, asombrado de que los baños sean unisex -no lo son en realidad, pero una chica apremiada nos pide paso-. “Nice festival” -nos dice en inglés-. Bien organizado, con buenas bandas y gente agradable; el mejor en el que he estado”. Viene desde  Noruega con su mujer, “por primera vez a Bilbao y exclusivamente al festival -dice ella-, y enumera: Arcade FireNew OrderPixies…”.

El resto de los escenarios interrumpen su actividad cuando Pixies están próximos a hacer acto de  presencia en el escenario principal. Frente a él se congregan, según la organización, alrededor de 33.500 expectantes festivaleros. ¿Dónde estaban a finales de los 80 y principios de los 90, con los de Boston en activo? Banda de culto, a Pixies le vino bien su ausencia de los escenarios, sus fans se multiplicaron.

Al orondo Black Francis, quien recitó y berreó lo suyo, le costó tomarle el pulso a la noche, pero cuando lo consiguió, no lo soltó hasta acelerarlo al máximo. En parte, gracias a la inestimable colaboración de la  batería de David Lovering, quien hizo que la locomotora no interrumpiera su ritmo. El también miembro original de la banda Joey Santiago, a la guitarra, y la argentina Paz Lenchantin, sustituta de Kim Deal al bajo, completaba  el cuarteto. Una banda que no necesitó de virguerías visuales -sí de mucha luz, principalmente blanca- para demostrar que sus temas, que han envejecido muy bien, son inmortales.

¿Cuántos temas se pueden tocar en hora y media? Al ritmo de Pixies… ¡más de treinta!, incluidas algunas de  los álbumes  más recientes, dos tanto de “Indie Cindy (2014) como de “Head Carrier (2016)”. De los clásicos, pasaron de puntillas por “Bossanova” para dar protagonismo a “Doolitle”; sonó medio disco.

Pixies / Foto: Oscar L Tejeda

La apertura corre a cuenta de “Bone Machine”, “Head On” -versión de The Jesus and Mary Chains- y “Wave of Mutilation”. En un tema la voz de Francis se va por cuestiones técnicas y él no se da cuenta. En otro la banda entra a destiempo y deben de comenzar de nuevo. Pero el cuarteto se engrasa según avanza la noche.

La clausura, intensa -interpretan “Velvety” que rara vez tocan en directo-, corre a cuenta de “Caribou” y “Debaser”. Además de los estribillos, el público canta incluso los riffs de guitarra. Un poco antes, el momento estelar de la noche, cuando Francis ha empuñado la guitarra acústica para encadenar “Where Is My Mind?”, “Here Comes Your Man” y una trepidante “Vamos”. Hemos rejuvenecido, al menos, una década.

Para nosotros, hubo un tiempo en el que Pixies, con quienes compartimos muchas horas (y escuchas) de felicidad, fue uno más de la cuadrilla. Hasta que, tras el Primavera Sound de 2004, fuimos poco a poco perdiendo contacto. Tras muchos años ausente, ayer volvió como el amigo que regresa tras una larga temporada fuera y, desubicado al principio, tras el tercer vino parece que nunca se fue.

Tras Pixies, la de Underworld es la última actuación `grande´ de una noche con cuerpo de jota. Hace tiempo que no cae sirimiri, la gente tiene  ganas de  baile. Suena “I Exhale”, y suena bien.

BILBAO BBK LIVE 2016: CRÓNICA JUEVES

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