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CRÓNICA AZKENA ROCK FESTIVAL 2014: SÁBADO

La sobremesa vitoriana se desperezó el sábado con Niña Coyote y Chico Tornado, dúo de batería y guitarra que sacudió Mendizabala, entorno del Azkena Rock Festival. Para cuando Ursula Strong y Koldito Soret cantan “Lainoa” (“bruma” o “nube” en euskera) los cielos se abren y se hace la luz, tras un viernes demoledor pasado por agua. Hay relax en el ambiente, más juventud y más color en el festival. Incluso parece más numerosa la asistencia, aunque no sea cierto. Hoy sí, el rockero se expande en el recinto y no se comprime bajo la carpa. Envuelto en hard rock y con energía punk, el Azkena nos abraza y es ya más reconocible.

Deap Vally repiten formato y más atrevimiento en la vestimenta. Compuesto por las casi treintañeras Lindsey Troy (guitarra y voz) y Julie Edwards (batería y voz), el dúo angelino defiende “Sistrionix” en una hora complicada, al igual que sus sucesores The Temperance Movement, en tierra de nadie.

Deap Vally

Las estrellas rutilantes de la jornada, y del festival, con permiso de Scorpions, son Violent Femmes y, sobre todo, Blondie. Entre ambos, el exquisito Joe Bonamassa ocupa la carpa en quinteto. Lamentablemente, nos perdemos su bolo por cenar, pues la disposición simultánea e ininterrumpida de bandas en los dos escenarios principales, enfrentados entre sí, imposibilita a veces darse una tregua.

Con este motivo, el de darnos un respiro, constatamos la existencia del Stage 3, donde actúan entre otras Arenna y Soulbreaker Company, robustas bandas vitorianas ambas, de stoner y blues rock. La segunda tiene una difícil papeleta, pues coincide en horario con Violent Femmes. Por escuchar un rato a los de casa nos perdemos el inicio del trío de Wisconsin, convertido en cuarteto en escena… e incluso en octeto.

Gordon Gano (Violent Femmes)

Para cuando llegamos al escenario principal suena ya la atemporal “Kiss Off”. “Please do not go”, “Add It Up”, suenan los clásicos, el ambiente es extraordinario y la gente disfruta. Gordon Gano firme y con su voz aguda y Brian Ritchie como su fiel escudero, Brian Viglione sustituye a De Lorenzo, batería de la formación original -las rencillas y disputas parecen olvidadas en directo-, y el trío se refuerza con otro percusionista, este al cajón. La banda suena eminentemente acústica, pero añade matices a su sonido originario incorporando metales (saxofones, trompetas) y guitarras eléctricas. Resultan beneficiadas gemas como “Gone Daddy Gone” y “American Music”, con la que cierran en octeto un bolo en ocasiones falto de intensidad, demasiado inofensivo.

Brian Ritchie (Violent Femmes)

Con pantalón y camiseta-vestido amplio a pequeños cuadros rojos y negros, tapando media cara con su pelo platino, apareció en escena Debbie Harry, quién lleva cuatro décadas haciendo bailar al público -a sus 68 años la vimos mejor, más en forma que hace un par de años en el Bilbao BBK Live-. Tras ella, una banda de cinco músicos en disposición inusual. El batería parapetado a nuestra izquierda cediéndo el centro de la escena a un teclista con cascos; al frente, el bajista a la izquierda y los dos guitarristas juntos a la derecha. La verdad, nadie les prestará mucha atención, es la diva newyorker la que brilla. Cariñosa, Harry dijo estar ante una noche especial, agradeció a la asistencia celebrar su 40 aniversario en escena con ellos y, soltando el micrófono del que pendía un pequeño espejo en forma de corazón, se acercó al público para bailar y lanzar besos y más besos.

Mientras la organización, ante las quejas recibidas, emitía una nota en la que pedía disculpas por el sonido de la banda -cosa de sus técnicos, dicen-, a nosotros nos pareció que Blondie sonaron correctos, aunque un tanto apagados. Tras “María”, en la parte inicial, sonaron consecutivamente “Call me” y un “Hanging on the telephone” más lento de lo habitual, pero el punto más álgido lo lograron con algo que el rockero más genuino ha rechazado históricamente, el sonido disco. Lo tuvieron los temas nuevos que presentaron de su nuevo disco, “Ghosts Of Download”, y lo tuvo, como no, un rutilante “Heart of Glass”, acelerado en su final. Con Blondie hubo pop-rock, dub, disco y hasta aires latinos y, como agradable sorpresa, ¡una versión de la imprescindible, por lo actual de su mensaje, “ (You Gotta) Fight for your Right (To Party)” de Beastie Boys! Al final, disparidad de opiniones entre el respetable. Por nuestra parte, creemos que intentaron dotar de variedad estilística su repertorio y de abrir la paleta sonora de la banda. Además, se agradece poder haber bailado.

Blondie, en forma

El rock es a menudo de combustión explosiva. Blondie publicó “Parallel Lines” dos años después de su trabajo inicial, en 1978, y la obra maestra de Violent Femmes es su debut homónimo, de 1982. Y el Azkena Rock es un compendio entre rutilantes viejas glorias y bandas emergentes, rockeros de nueva generación dispuestos a comerse el mundo, como The Strypes. Menor de edad aún, el cuarteto desborda actitud en escena. Sin pausa entre corte y corte, a la manera de unos Dr. Feelgood revitalizados, con postureo y actitud a raudales, los irlandeses incendiaron el Azkena Rock con Ross Farrelly al frente y los chispazos de “Snapshot” como arma. El público botaba en la carpa, extasiada. Gus Tritsch (con Marah) el viernes y The Strypes el sábado, el rock parece aquí un juego de niños.

The Strypes

El festival clausuró su decimotercera edición con una tripleta demoledora y contundente. Bajo la carpa Royal Thunder, eslabón que une a Wolfmother con Kadavar. Deudores todos ellos de Led Zeppelin y de Black Sabbath, por citar las referencias más evidenes, su sonido retro y setentero oscila del blues rock al stoner, con tintes de psicodelia y metal; tan solo varía el porcentaje de los componentes.

La madrugada vitoriana juega, por tanto, a las siete diferencias con Wolfmother y Kadavar. Los australianos, comandados por Andrew Stockdale, son viejos conocidos del festival, pues tocaron en el Azkena de 2006, cuando acompañaron a Pearl Jam en su gira europea. Paradójicamente, casi una década después parecen calcar el directo de entonces, aunque Stockdale tenga ahora nuevos compañeros, Ian Peres (bajo y teclados) y Hamish Rosser (batería) -se presentan en trío, no siempre lo hacen así-. Un tanto trogloditas, suenan arrolladores con artefactos como “Woman”, pero lo que en su día nos dejó boquiabiertos… termina hastiando. El Azkena resulta ya plano, hay poco matiz sonoro. También en trío con largas barbas y melenas, los germanos Kadavar nos gustan más; con un sonido apagado y un ritmo más pausado, resultan hipnóticos.

Wolfmother

Con la asistencia oficial cifrada alrededor de 26.000 espectadores (en torno a los 14.000 con Scorpions y a 11.000 con Blondie) y las previsiones de la organización cumplida, Last Tour Internacional anunciaba hace escasas fechas haber logrado un acuerdo con las instituciones alavesas que aseguraba una nueva edición para 2015.

El Azkena Rock Festival perdió una jornada en la 2014 -pasó a celebrarse en dos días-, y pegada en el cartel desde hace algunas ediciones más. Pero, cita ineludible del rockero más genuino, independientemente de quién esté encima de las tablas, el Azkena ha sido siempre un festival con magia, la misma que encierra el sonido que cobija: “Keep On Rockin”, gritó el abuelo.

Texto: Anartz Bilbao

Fotos: Juan Ramón Felipe

 

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