Manuela Kant

CRÓNICA BAM: DOMINGO 21

El BAM es un festival escarpado y casi inabarcable en el espacio, pero muy manejable en el tiempo. Su estructura es amable: nos camela el viernes, nos arrastra por el sábado hasta el final de la noche y nos mece el domingo con una programación escueta y balsámica para que el lunes nadie falte a sus clases. Luego, el miércoles, se celebrará la Mercè, patrona de la ciudad, así que en cuanto caiga el sol del martes volverá a llenarse la parrilla, por fin descartando ese Madrid Arena planetario que es el Fòrum, que ya solo acogerá actuaciones de fiesta mayor ajenas al BAM, como Fundación Tony Manero, La Troba Kung-Fú o Delafé y las Flores Azules. Delafé y las Flores Azules, ¡menuda fiesta! Perdón, perdón, perdón.

Hoy salimos de casa con buena luz, pero cuando llegamos al centro es de noche. Llamamos a información y nos mandan a tomar por culo. Nos ocurre algo más que no nos había pasado en cuarenta años, y es que bajamos las Ramblas creyendo que las estamos subiendo. Son los efectos secundarios del tercer día de festival, desorientación y sonambulismo, un estado de conciencia que resultará adecuado para la primera actuación de la velada.

 

Viento Smith

 

De los artífices de Ursula y McEnroe llega Viento Smith. Pop afligido. Temas acuarelados. Muchachos sensibles con la camisa desplanchada. Nanas para arrullar osos panda. Una llantina un poco demasiado afectada que en otra plaza, o en ésta misma de haber existido en otra época, se habría resuelto a pedradas, pero que aquí, en un momento dado, se hace con la parroquia. Esto es un mérito. Su disco “Campos Magnéticos” da en el título, si lo dices en inglés, la aspiración primera de Viento Smith, que hacen una música de estarse quietos, un poco inquietos, incluso. Estamos siendo expeditivos, tal vez no es justo, pero es que nos resultan muy morosos en la lírica (la única audacia verbal de su repertorio es la línea “el amor que nos hicimos”, así está el tema) y no tenemos el día para encajar guitarras ultrajadas por arcos de violín.

Ahora toma dos tazas. En la plaza dels Àngels nos espera una segunda ración de melancolía con voluntad luminosa. Lo que habíamos escuchado de ellos no nos convencía nada y tampoco es que ahora lo haya hecho, pero es justo decir que Lanterns on the Lake toman en el directo un cuerpo inesperado. El primer bolo en España de estos británicos pretende bañarnos de pop ululante pero nos resbala, aunque su narratividad plomiza podría estar indicada para muchachas sietemesinas y estandarizadas. Bajo los pies les corre un arroyuelo subterráneo de folk y tienen aspecto de funcionar como el mecanismo de los Sea Monkeys: si los mojas un poco despiertan con forma de hipocampo y se vienen arriba en los epílogos instrumentales, pero en general son pisaflores y una murga. ¡Oh, no, otro arco de violín rasgueando una guitarra eléctrica!

 

Lanterns on the Lake

 

En el BAM no hay ninguna banda con actitud de sabemos dónde vives, que es algo que de vez en cuando apetece, pero ya nos hemos hecho a la idea y hoy no dejamos de repetirnos que es el día del sosiego. Seguimos trabajando. Trabajamos en la calle. Nos lo pasamos cañón. Ahora el foso de los fotógrafos se alboroza y se pone contento: los que vienen llevan la cara pintada con brillantina.

Moodoïd nos levanta el ánimo con su glam telúrico y su psicodelia acolchada. Pablo Padovani, guapo como un demonio recién nacido, se acompaña de una banda de cuatro mujeres, pero la única sirena es él, que nos conquista y nos fecunda con este proyecto paralelo a su ocupación como músico de sesión, o más bien guitarra de ruta, en los directos de Melody Prochet con su proyecto de dream pop Melody’s Echo Chamber, que involucra a su expareja Kevin Parker de Tame Impala, quien a la postre mezclaría el EP con que se presentó Moodoïd.

A Barcelona llegan con su primer disco, “Le Monde Möö”, todavía caliente tras su publicación hace apenas un mes. Tal vez les faltan temas y un hervor, nada, un baño maría, todavía no son formidables, pero no nos resistimos a emparentarlos, en una primera impresión, con el nunca bien ponderado en nuestro país Matthieu –M– Chedid en sus conatos de espectáculo, sus dejes étnicos, sus falsetes sinceros y su todo sensación. En Barcelona, esta noche, el público no está a la altura, pero goza en silencio canciones como “La lune” o “Je suis la montagne”, tal vez está asimilando la sorpresa y cae en la cuenta de que lamenta que la banda se vaya a retirar cuando suena “De folie pure”, con la que cae telón. Moodoïd elabora una música que se rompe y se recompone y que en esta noche de domingo es la música de nuestros pequeños corazones europeos. Estos parisinos son nuestro descubrimiento de este BAM 2014. Nos los llevamos puestos.

 

Moodoïd

 

El último pase del fin de semana corre a cargo de Seward, que vienen con bagaje de auditorio y muy bien afianzados en escena. No deja de ser sintomático que en estos tiempos sin memoria se llame experimental a lo arcaico, que es lo que desarrollan Seward, autóctonos, en su mejunje estrambótico de free jazz, rock enajenado y charanga de aliento sinfónico. El patio se muestra algo reflectante, no atiende, consulta sus redes sociales y sus tonterías. Hay uno que se hace una foto con un palo. Un picado majestuoso con esa ampliación tecnológica consistente en un palo, qué te parece. Seward, que se toman la prerrogativa de una hora larga rompiendo la regla de los tres cuartos clavados por bolo, se hacen un poco esnobs en sus citas a Nicanor Parra o Miguel Piñero y, aunque brindan una actuación con momentos de excelencia, suenan algo cargantes en la plaza del pueblo, donde su indiscutible poso de compostura, tal día como hoy, nos abruma y nos aturde y nos recuerda que se va haciendo tarde y que mañana es jornada lectiva en Barcelona, ciudad de negociantes, emprendedores y pequeñas y medianas empresas.

 

Seward

 

Fotos: Xavier Mercadé

 

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2 comentarios
  1. Ada says:

    Rubén, no estaría mal asesorarse un poco, leerse las bios de los grupos y esas cosas. “Campos Magnéticos” es una de las últimas canciones que han publicado Viento Smith, un adelanto de un nuevo EP, no un disco completo. Su disco se llama “Viento Smith”.

    Estaré siendo expeditiva, tal vez no es justo, pero es que me resultas muy moroso en tu lírica y no tengo el día para textos que se hacen llamar crónica, y me producen exactamente el mismo efecto que a ti una guitarra eléctrica ultrajada por un arco de violín. Saludos!

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  2. Rubén Lardín says:

    Gracias por la corrección, Ada. Pido perdón. Podría achacar el desliz a la premura, a la sobrecarga psíquica y a más cosas mías, pero no hay excusa. Pido a intendencia que respete la gamba, que al fin y al cabo da más “verdad” a la crónica como tal, y asumo el escarnio. ¡Saludos también!

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