The 1975

CRÓNICA BILBAO BBK LIVE: VIERNES

El Bilbao BBK Live acogía ayer su segunda jornada sin dar respiro a quienes vieron amanecer al ritmo de The Suicide of Western Culture -estaba previsto que su actuación del jueves finalizara a las 6.45 h.-; a priori, la más discreta de su novena edición. Además del cabeza de cartel, The Prodigy, quienes actuaron en el mismo emplazamiento en 2008, repetían visita al Bilbao BBK Live Jack Johnson y El Columpio Asesino. Los navarros no subieron entonces a Kobetamendi, pues tocaron a las 13 h. frente al Teatro Arriaga -centro neurálgico de la ciudad-, emplazamiento y hora poco frecuentes que pretenden acercar el festival al corazón de Bilbao, y que este año han acogido actuaciones a la hora del vermú. A las 11 h. de hoy sábado, por ejemplo, la Rock´n´Kids Band repasaba hits ya inmortales para un público infantil y familiar.

 

Dawes (Foto: Rhythm And Photos)

 

Con todo el mundo instalado ya el jueves, la subida y el acceso al recinto festivo resultaban más fluidos, aunque cada vez cuesta más -valga la redundancia, por la cuesta- escalar los ochocientos últimos metros, mortales. Rompe el silencio Chet Faker, solapado en la carpa con los californianos Dawes, quienes cierran con “From the Right Angle” un bolo que gustó. La mayoría del público, ajeno a ellos, se lo toma con tranquilidad y se expande por el recinto; son muchos los que aprovechan para visitar los stands promocionales y hacerse con los atuendos y disfraces -¡menuda fauna pupula por Kobetamendi!- que más tarde lucirán. Similar situación se encuentran Animic, quienes tocan encima de un bus a las puertas del recinto. No es ni la hora ni el lugar para su interesante atmósfera.

 

The 1975 (Foto: Music Snapper)

 

Fue con The 1975 y, sobre todo, con Bastille, cuando las campas de Kobetamendi comenzaron a tomar color, con miles de fans agolpados ya bajo las tablas. Nos gustaron más los primeros, joven banda galesa -con compatriotas entre el público- que factura un pop que no puede ser menos que delicioso en temas como “Chocolate”, y actuaron con entusiasmo en un escenario que de día y sin juegos de luces extra se antoja inmenso. Más inofensivos, en actitud y en sonido, aunque también enérgicos, resultan los londinenses Bastille, quienes tras cantar al ‘ritmo de la noche’, -“Of the Night” lo llaman ellos y no importa que no suene muy bien pues, de lo popular que resulta, funciona- cerraron con su celebradísimo “Pompeii”, con los últimos cientos de festivaleros a la carrera, en el trayecto que va de la entrada del recinto al pie del escenario.

 

Bastille (Foto: Tom Hagen)

 

Para entonces había tocado en el Stage 2 Frank Turner a la misma hora que Conor Oberst -vocalista de Bright Eyes-, con Dawes como banda de apoyo, en la aún accesible carpa Sony; dos bolos, a priori, para un público similar. Oberst, aunque aceptó peticiones del público, se mostró más introspectivo, un puntito más oscuro que Turner, muy comunicativo y locuaz con el público, al que quiso hacer participe de su directo. Con “Wessex Boy” abrió Turner, con “Another travelin’ song” cerró Oberst.

 

Conor Oberst (Foto: Tom Hagen)

 

La misma fórmula se repite con Izal y Jack Johnson, quienes actúan en escenarios enfrentados y alejados. La nula accesibilidad de la carpa elige por nosotros. Izal está imposible, así que visitamos al surfista hawaiano. Jack Johnson nos acoge con “Good People” y en apenas un instante se despide ya con “Better together”; muy positivo él. Estimulante y curiosa resulta su mirada a “Whole Lotta Love” de Led Zeppelin -rapeo de Merlo Podlewski incluido-. Además del bajista, conforma el cuarteto Adam Topol a la batería y Zach Gill, fantástico al piano y al acordeón. Jack Johnson, por su parte, tocó principalmente en acústico, la guitarra y, como no, el ukelele. Muchos declararon su actuación demasiado pausada y relajada para la altura del festival; a nosotros, tras girar de aquí para allá como peonzas, nos devolvió el equilibrio y la calidez. Caras muy sonrientes entre los que siguieron con atención su actuación.

 

Jack Johnson (Foto: Tom Hagen)

 

En un día brumoso y fresco -escarmentado, el festivalero luce ya chubasquero-, se nos hizo de noche para cuando Foster The People atacó el escenario principal en horario de banda grande. Arrancaron enérgicos y encendieron al público con “Coming of Age” y un Mark Foster -sudando la camiseta- como protagonista absoluto. En disposición inusual, con el batería en un lateral y de costado al público, el sexteto hizo un alarde técnico con cinco teclados -menos el batería, ¡uno cada músico!- y una ristra de pedaleras impresionante. Sonaron bien e hicieron vibrar al público (más adolescente) cerrando con su hit “Pumped Up Kicks”; un triunfo que se antoja efímero.

 

Foster The People (Foto: Rhythm And Photos)

 

Al contrario que Foster The People, nadie podrá decir que The Prodigy sea una banda actual, aunque la mecha de sus explosivos nunca se humedece. El trío británico comandado por Liam Howlett se presentó como quinteto en escena con Maxim y Flint, sobre todo este último, resistiendo a las voces. Repetían actuación tras su visita de 2008 y no parecía que pudieran ofrecer nada nuevo pero, viejos zorros, saben que su beat big sigue sonando poderoso e incluso excesivo.

Exhaustos para entonces, medianoche ya, botar o desfallecer es la única alternativa y, seguimos el bolo a tan solo diez cuerpos de distancia de la banda, donde el sonido se vuelve una cuestión física y sacude el cuerpo. En 2008 “The Law” fue la apertura y sonó “Out of Space” como cierre. En esta ocasión no suena esta última. No importa, “Breathe” es el primer tiro y, con actitud punk, “Smack My Bitch Up” el último. El pogo es salvaje en nuestras inmediaciones y el bolo, intuimos, prescindible para los que lo siguen desde el fondo.

 

La fiesta no se detiene en Kobetamendi (Foto: Music Snapper)

 

Antes de ‘la bajada’ -a la ciudad, se entiende-, nos adentramos valientes en una imposible carpa, preocupantemente saturada, dejando en el escenario secundario a Palma Violets -debieron sonar muy bien-, donde actuaban los esperadísimos El Columpio Asesino; los navarros aglutinaron más audiencia que los londinenses. Ni la preocupación por no pisar a nadie -mucha gente sentada e incluso tumbada en las praderas adyacentes-, ni la de poder respirar nos impidieron ya disfrutar de la presentación de “Ballenas muertas en San Sebastián” -qué nombre más poético- ni del megahit “Toro”, cantado por miles de gargantas como colofón a la jornada. El eco de su estribillo, “te voy a hacer bailar toda la noche…”, flota aún en Kobetamendi.

Anartz Bilbao

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