Snarky Puppy

CRÓNICA CARTAGENA JAZZ FESTIVAL (1)

El otoño es mi estación preferida para el jazz. Las hojas que caen, el cuello de la chaqueta subido, la calle mojada, la neblina que se despereza contra el sonido de una trompeta… Es una bella estampa. Y noviembre es precisamente el mes en que la portuaria ciudad de Cartagena se inunda de jazz. Bueno, de jazz y géneros amigos (folk, fusión, soul, funk, R&B, bossa nova, old school rock), que ya sabemos cómo funcionan los festivales de jazz en la actualidad. Un evento de duración extendida -los fines de semana todo el mes- que ha conseguido mantener un interesante grado de calidad y que cuenta con el respaldo del público -de Murcia y Cartagena, pero también de Alicante y zonas limítrofes-, lo que suele saldar los conciertos con aforos completos o cercanos al lleno. En dos entregas, en byTHEFEST te ofrecemos un resumen de lo más destacado del festival. Ésta es la primera.

 

Macy Gray

La encargada de inaugurar la trigesimocuarta edición del Cartagena Jazz Festival, y de saludar a noviembre desde su primera fecha, fue la norteamericana Macy Gray. La cantante negra de Ohio es toda una estrella en su país, donde el urban soul y el R&B son moneda común. Allí la quiere mejor el público que la crítica y en directo se descubrieron los motivos: se trata de una estupenda cantante de timbre singular -su voz es como lengua de gato, acariciante y rasposa a la vez- cuya propuesta tiene una nítida intención comercial. Sus músicos se limitan a acompañar con aptitud -que no actitud, ésta brilla por su ausencia- unas canciones de construcción sencilla y sonido amable óptimo para radio. Ni siquiera en un festival de jazz se atrevió a romper el guión.
Supongo que hasta la propia Gray es consciente de no haber sido capaz de superar las prestaciones de su millonario primer álbum, ‘On how life is’ (1999), como prueba que de salida ofreciese tres piezas de aquel disco: ‘Why did’nt you call me?’, ‘Do something’ y ‘Caligula’. Eso hizo paliar -imposible obviar- el estrépito visual que suponía su puesta en escena, con vestido mil brillos, boa al cuello y los músicos tocados con corbatas de, ehem, lucecitas fluorescentes. Faltaba el reno, el turrón y el anuncio de los grandes almacenes. El blues rock de ‘Bang bang’ y el acento disco de ‘Hands’ fueron lo mejor de su reciente última entrega (‘The way’, 2014) en un concierto plano pero aun interesante que acabó tonteando por Rod Stewart (‘Do you think i’m sexy?’) y Radiohead (‘Creep’) y finalizó con sus hits más redondos y ronroneantes: ‘Beauty in the world’ y por supuesto ‘I try’.

 

Branford Marsalis

Una semana más tarde, Branford Marsalis ofreció lo que cabe esperar de él. Esto es, una elevada dosis de elegancia y calidad instrumental dentro de un discurso de jazz melódico, pulido y de ejecución impecable. El repertorio estuvo basado en su último disco de estudio al frente del BMQ (Branford Marsalis Quartet), un ‘Four MFs playin’ tunes’ (2012) del que interpretaron casi todos sus cortes. Branford es una especie de Xavi Hernández en escena, repartiendo pases ventajosos para que el pianista Joey Calderazzo, el contrabajista Eric Revis y el jovencísimo baterista Evan Sherman -menuda bronca le metió tras el primer tema para que apaciguara sus ánimos: esto es jazz, chaval- lucieran a modo en sus solos. A él le basta con algunas pinceladas geniales, tras las que no duda en salir incluso del foco escénico.
El ambiente místico de ‘Maestra’; el original de Thelonious Monk ‘Teo’ o la adaptación más ligera pero igualmente destacada del clásico de Irving Berlin ‘Cheek to cheek’ fueron algunos momentos destacados de un concierto de tono alto en el que Branford Marsalis -ya con el saxo o el clarinete, pero sobre todo en su faceta de líder- justificó lo aristocrático de su apellido.

 

Snarky Puppy

Previamente había llegado la agradable sorpresa, que no la única como veremos, del Cartagena Jazz Festival, con el trepidante directo de Snarky Puppy. El colectivo con base en Brooklyn liderado por el bajista y compositor Michael League es una especie de Podemos del jazz-rock. Me explico, una sucesión de jovenzuelos vestidos con tejanos y camisas, la mayoría con gafitas desgastadas y pinta de freakies con problemas de relaciones y sobresalientes por doquier. Y vaya si justifican su expediente: cada solo es mejor y más sorprendente que el anterior, cada nuevo desarrollo resulta más brillante y atractivo que el previo. La base es aquel jazz-prog-rock que un día se inventó Miles Davis, que consolidaron Return to Forever y Weather Report y que algunos grupos de rock progresivo desgastaron. Pero en manos de Snarky Puppy suena a hoy, porque está hecho con sonidos de hoy, con sensibilidad de hoy y porque pasa de la casta del jazz.
Que nadie se confunda por su Grammy a la mejor interpretación de R&B (‘Something’, junto a la cantante Lalah Hathaway), eso debió ser un encargo alimenticio. Lo que ofrecen en ‘We like it here’ (2014), a la sazón el disco que fue eje de su concierto, es más frenesí que amor. Pura rítmica -no siempre, a veces moderan su discurso y rozan lo psicodélico- inesperada, a veces moderadamente funk, y siempre vibrante.

 

Jaques Morelenbaum Cello Samba Trio

Finalizo la primera entrega del Cartagena Jazz Festival con el concierto del Jaques Morelenbaum Cello Samba Trio. Pese al enunciado del combo, el que probablemente sea el arreglista y violoncellista más solicitado de la música brasileña -también habitual de Caetano Veloso o Ryuichi Sakamoto- ofreció un directo basado en la bossa nova, a fin de cuentas una reformulación estética del samba llevado a territorios de jazz a finales de los 50 por autores como Antonio Carlos Jobim, en cuyo cancionero precisamente estuvo basado un show, esto sí, ofrecido en dos mitades diferenciadas. Una primera instrumental, apoyado en la guitarra clásica de Lula Galvao y la batería de Rafael Barata, y una segunda con su esposa Paula Morelenbaum a la voz.
Mejor la primera, una suerte de bossa nova de cámara -por no decir directamente de alcoba-, extremadamente tenue y sutil con momentos destacados en ‘Retrato em branco e preto’ o ‘Radamés y Pelé’, además de en aquellos escasos momentos en los que el maestro osaba pervertir con algunas disonancias su noble instrumento. ‘Desafinado’, interpretada en las dos versiones, instrumental y vocal, fue el puente para que sonasen clásicos en formato más convencional. Pero pese a títulos tan incontestables como ‘Corcovado’, ‘A felicidade’ (“Tristeza não tem fim, felicidade sim”), ‘Gabriela’ o ‘Águas de março’, lo cierto es que la voz de Paula se apreció tan frágil -vale, supongo que es la idea- que aquello acabó sonando a hilo musical. De buena calidad, pero hilo al fin.

Nos esperan Cat Power, Al DiMeola, Hannah Williams & The Tastemakers, Jo Harman, Melanie de Biasio y Silvia Pérez-Cruz & Raül Fernández Miró. Mucho jazz (o no tan jazz) de nivel.

 

Fotos: Pablo Sánchez del Valle

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