Maximo Park cabecera

CRÓNICA CONTEMPOPRANEA: VIERNES

En 2013 Contempopranea se hacía mayor de edad. Cumplía 18 ediciones en Alburquerque. Algunos festivaleros no lo recordaran, igual ni lo han vivido, pero hubo un tiempo en que había que ir hasta un pueblo perdido de Badajoz en una especie de romería pop si lo que querías ver eran grupos nacionales, o hasta una localidad costera de la provincia de Castellón si lo que te tiraba era el mercado internacional. Alburquerque o Benicàssim, esas eran las opciones, pocas más. No es que resultaran fáciles las ediciones de 2013 para los dos decanos del festivaleo. En lo que se refiere a Contempopranea, al festival le habían ido surgiendo múltiples dificultades, tanto exógenas, proliferación de una miríada de festivales con un perfil de grupos similar, como endógenas: en cierta forma, el festival se había convertido en la gallina de los huevos de oro para un pequeño pueblo que, como no podía ser de otra forma, lo exprimió todo lo que pudo.

La nueva sede, un acierto

Uno de los principales hándicaps que siempre tuvo Contempopranea fue la falta de plazas hoteleras. Esto se soslayaba con la buena voluntad de unos paisanos que además se sacaban un extra alquilando sus viviendas durante la semana del festival a jóvenes, y no tan jóvenes, que llegaban de todas partes del país. Ocurre que los precios se dispararon tanto que Agustín Fuentes, ideólogo, creador y verdadera alma mater del proyecto, puso el grito en el cielo, o más bien en la prensa, que recogió sus dudas sobre la continuidad del festival. Una llamada personal del actual Presidente de la Junta de Extremadura disipó todas las incertidumbres: Por un lado, garantizó la continuidad de Contempopranea en Alburquerque; por otro, se propuso la creación de un nuevo emplazamiento. Contaría así la edición de 2014 con dos sedes, una en el pueblo, que se seguiría celebrando en verano, y otra en la capital, Badajoz, en primavera. Todo esto acompañado de un incremento muy significativo del presupuesto de ambos festivales, especialmente el de Badajoz, que se convertía así en el “hermano mayor” de la edición de Alburquerque. No se trata de establecer comparativas entre uno y otro, pero hasta unos días antes se ha podido reservar habitación por un precio muy razonable en hoteles de primera categoría en Badajoz. Dicho todo esto, al lío, a la música, que a fin de cuentas es lo que interesa.

Izal, abriendo fuego

De manera sorprendente para muchos de sus jóvenes fans, Izal eran los encargados de abrir el fuego de grandes nombres en el festival (antes había actuado la banda extremeña Burgim). No faltaron a la cita, a pesar de la hora temprana de su actuación, alrededor de dos mil fieles, que coreaban uno tras otro los temas de sus dos discos: “Despedida”, “Palos de ciego”, “Qué bien”, “Agujeros de gusano”, “Magia y efectos especiales”, “Asuntos delicados” o “Prueba y error”. Es el suyo un directo resuelto y enérgico, que seguro ha tenido mucho que ver en la sorprendente irrupción de este grupo en el panorama nacional. No se les puede reprochar que no cale entre sus fans, que saltan y aplauden entusiasmados, aunque quizás al público menos forofo le resulte algo repetitivo en lo que se refiere al esquema de las canciones, que parecen cortadas casi todas por el mismo patrón, sospechosamente cerca en ritmos, letras e incluso en timbre vocal a los celebérrimos Vetusta Morla.

La puesta en escena canadiense de Sidonie

Para el siguiente concierto, protagonizado por Sidonie, habría que esperar treinta minutos. Es otra de las felices ocurrencias de este Contempopranea Badajoz. Un solo escenario principal, que por cierto, sonó de maravilla toda la noche, y para amenizar el tiempo que transcurre entre grupos, DJs pinchando en un pequeño escenario situado justo enfrente del principal, con lo que el público no tiene que entrar en esta espiral loca de no saber a qué fuego atender en que se han convertido algunos festivales. Aprovechamos para loar el espacio: Un recinto amurallado, pero no de cualquier forma, las murallas son las del patio de una Alcazaba del siglo XII, una maravilla arquitectónica que construyeron los almohades en la cima de un cerro, con vistas espléndidas sobre el río Guadiana y Badajoz. Así que después de distraer la mirada en los ojos del puente romano y en los de las mozas que andaban por la Alcazaba, volvimos a Sidonie. Bajo una bandera de Canadá y con una música de himno nacional presumimos que del mismo país norteamericano, hicieron su aparición sobre el escenario Marc, Jesús, Axel y compañía. Empezaron algo destemplados, con temas como “Sierra y Canadá” o “Costa Azul”, pero al abordar otros, especialmente los de su disco “El Incendio”, como “La sombra” o “En mi garganta”, se les notaba muy cómodos. Tienen un repertorio inmenso: “Fascinado”, “Un día de mierda”, “El bosque” o ese “Estáis aquí” del último disco sonaron perfectas y convencieron a un público encantado, que se desgañitó con un fin de fiesta que incluyó una versión del “Video Killed The Radio Star” (The Buggles), además de “Viernes” y “El incendio”.

The Horrors, en penumbra

Máximo respecto para lo que vendría después, The Horrors. Sin duda, el mejor concierto de la noche. Un recital que por sí solo ya justifica la visita a Badajoz. Los británicos dieron una lección de pluscuamperfecto shoegaze, con arrebatos de post-punk y siempre un toque oscuro. Se nota que han tenido que ver con tipos como Chris Cunningham o el Portishead Geoff Barrow. No se les entiende bien, la voz se convierte en un instrumento más que sumar al muro de sonido, apenas se les ve, pero poca falta hacen estas cosas cuando uno encadena temas del calibre de “Chasing Shadows”, “So Now You Know”, “I See You”, “In And Out Of Sight” o los casi diez minutos a los que se fue “Sea Within A Sea”. Hipnótico y subyugante show que sin embargo gran parte del público recibió con cierta frialdad. Supieron emocionar sin recurrir a la estridencia de la que después tirarían sus paisanos Maxïmo Park.

Paul Smith (Maxïmo Park), en su salsa

Paul Smith no dejó de brincar y pasó la mayoría de su tiempo subido a los monitores, voceando con un altavoz y contoneándose, con cierta gracia, eso sí. De todas formas, también tienen grandes píldoras pop que engancharon al público: “Give, Get, Take”, “Lydia”, “Drinking Martinis”, “Girls Who Play Guitars”, “Where We’re Going”… Su set fue el más numeroso, pasaron seguro de la quincena de temas y a pesar de que Paul Smith presumiera de que a esas horas solían estar siempre acostados, renegando de su condición de rock & roll stars, si hubiera que dar ese título a alguien la noche del viernes en Contempopranea Badajoz, sería suyo.

Iván Ferreiro: ¿El nuevo Julio Iglesias?

Bueno, de ellos, o de Iván Ferreiro, que a pesar de tocar casi a las cuatro de la mañana, tuvo tanto o más público que cualquiera de los anteriores. No se resintió el auditorio por las horas, ni tampoco el setlist del que fuera líder de Los Piratas. Maqueado como un lord, se plantó en el escenario y presumió de estampa, de banda y de repertorio. Con maneras de Frank Sinatra empezó este antiguo rockero, a ratos nuevo Julio Iglesias, que fue entregando una tras otra las piezas que su público le pedía: “Turnedo”, “Abrázame”, “El Bosson de Higgs”… Nada más y nada menos.

Mañana, la segunda jornada. En Bythefest.

Texto: Santiago Cotes

Fotos: Rafa Marchena

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