DCODE

CRÓNICA DCODE FESTIVAL

El DCODE es desde hace cuatro ediciones el festival referente de la capital, plaza históricamente complicada para este tipo de eventos. De la primera edición conserva el hecho de que los dos escenarios principales están colocados uno al lado del otro, alternando sus actuaciones sin llegar a solaparse, pero ha pasado de celebrarse a lo largo de dos días a ocupar (desde el año pasado) una sola jornada. Con estos precedentes, entramos en materia musical.

A Perro y a Belako ya los habíamos visto hacía poco en el Sonorama, y debido al buen sabor de boca que dejan en sus directos, lo normal es que se conviertan en habituales en la mayoría de festivales. Los murcianos agradecieron un escenario con mayor potencia sonora que en Aranda de Duero, demostrando que son uno de los grupos más frescos de la nueva hornada del indie nacional. Los ritmos gamberros y el humor surrelista –sirva de ejemplo la letra de “Marlotina”, donde se nombra a los exfutbolistas Valeri Karpin, George Finidi y Jimmy Floyd Hasselbaink– son sus principales armas. Belako son mucho más serios, todo lo serio que pueda ser el after-punk, que a pesar de su juventud parecen dominar a la perfección. Suenan a muchas cosas de los ochenta, pero como referente actual podrían asemejarse a Savages.

 

Perro (Foto: DCODE)

 

Nada más terminar Belako comenzaron Band of Skulls, que regresaban a nuestro país con su tercer disco (“Himalayan”) recién estrenado. Tienen un directo construido alrededor de riffs poderosos y una densidad asimilada del rock americano, material que llevan a terreno accesible –es difícil encontrar un single suyo que no pueda corearse–. También tienen ramalazos de blues, pero no son The Black Keys, más bien lo utilizan en el mismo sentido que Josh Homme en Queens of The Stone Age.

 

Anna Calvi (Foto: DCODE)

 

Anna Calvi continua teniendo como principal arma su voz y su interpretación casi operística, aunque en sus nuevas canciones parece haber difuminado un poco estas características. Emocional y altiva desde el inicio, con “Suzanne and I”, repartió equitativamente el protagonismo entre sus dos únicos álbumes, aunque también tuvo tiempo de realizar algunas de sus personales reinterpretaciones, como la de “Wolf Like Me” (TV On The Radio). Será muy difícil que se deshaga de las comparaciones con PJ Harvey.

 

Bombay Bicycle Club

 

Bombay Bicycle Club suenan a cosas diferentes cada dos canciones: bailables con toques étnicos, pop o folkies. Empezaron fuerte, con temas de “So Long, See You Tomorrow”, pero se fueron diluyendo hacia el pop étnico, demostrando que son un grupo totalmente inofensivo. El cambio de escenario daba paso a Russian Red, pero se solapaba con Royal Blood y decidimos acudir a ver al nuevo fenómeno de masas británico.

Como suele ocurrir en el Reino Unido, un país que encumbra a bandas incluso antes de nacer, han debutado directamente en el número uno y han arrasado en su concierto en Glastonbury. Es extraño, pero alentador, que los ingleses por una vez decidan dar el protagonismo a una banda rockera, claramente heredera de Led Zeppelin y emparentada con Black Keys o Dead Weather, pero usando una batería y un bajo como únicos instrumentos. Su set, aunque corto (normal, teniendo en cuenta que su disco dura poco más de media hora), fue intenso, únicamente mermado por el escaso volumen, que hasta la cuarta canción fue nulo. El público vibró e incluso se formaron algunos tímidos pogos, pero es que temas como “Out of the Black” o “Como On Over” son auténticos bombazos.

 

Royal Blood

 

El jovenzuelo Jake Bugg amenaza con convertirse en aquellos Franz Ferdinand que no paraban de visitarnos temporada tras temporada al principio de su carrera, cuando tenían la costumbre de sacar discos muy seguidos y llegaron casi a saturarnos. Bugg tiene una personalidad impensable para alguien tan joven, además de unas referencias clásicas extraordinarias: además del obvio Bob Dylan, la canción que sirvió de introducción a su show podsría ser indicativa: “Cross Road Blues” de Robert Johnson. Como en el FIB, repartió los momentos acústicos con los eléctricos, ganando claramente los primeros, donde es único, mientras que en los segundos es uno de muchos.

 

Jake Bugg

 

Y por fin llegaba el turno de Beck, plato fuerte de la noche y uno de los nombres más importantes de la temporada festivalera –era su primer concierto en España en seis años–. Empezó fuerte, con “Devil’s Haircut”, “Black Tambourine” y “Loser” de un tirón, y luego continuó haciéndonos bailar hasta que después de una versión de “I Feel Love” (Donna Summer) decidió cambiar el tempo con algunas de sus nuevas canciones, como las preciosas “Blue Moon” o “Waking Light”. La gente se lo estaba pasando en grande, gracias a una banda espectacular, inmersa en una continua y divertida broma, y a un Beck rebosante de energía, que no paró de bailar de lado a lado del escenario en toda la actuación. Tras este breve intermezzo volvió a apretar el acelerador con “Girls” o “E-Pro”, con la que se marcharon de un escenario que, como es habitual en sus shows desde hace años, precintaron con cinta policial (CRIME SCENE DO NOT CROSS). Pero poco duró el cordón, porque rápidamente volvieron para romperlo con “Sexx Laws”, “Where it’s At” y un medley de versiones donde se presentó a la banda y se puso el punto y final. Fue un concierto por los que vale la pena pagar una entrada, sin lugar a dudas, el mejor del festival, y posiblemente uno de los mejores del año.

 

Beck

 

Vetusta Morla son cada vez más ambiciosos, pero su música y su puesta en escena adolece de una intensidad demasiado impostada, aunque perfectamente ejecutada. Con el trato innegable de cabezas de cartel –fueron el único grupo que no se solapaba con el escenario pequeño y tenían toda la atención fijada en ellos– se dedicaron a desgranar tanto sus nuevas canciones como todas aquellas que ya se saben de memoria la multitud de fans presentes, convirtiendo el Polideportivo Cantaranas en un karaoke.

 

Vetusta Morla

 

Como es habitual en la mayoría de los festivales, una vez rebasado el climax producido por los cabezas de cartel, se da paso al baile, al divertimento y al jolgorio, y en este DCODE ese momento comenzó con la anteriormente pelirroja y ahora rubia La Roux. Su nuevo disco se llama “Trouble in Paradise” y aunque es un poco más pop, continúa teniendo ese aroma de música de baile elegante de los ochenta, más aun cuando el look de la cantante –tupé platino y abrigo/gabardina blanco– y sus movimientos recuerdan indefectiblemente al Bowie de esa época. Tiene una voz agradable, al igual que el ritmo de sus canciones, pero es imposible evitar la sensación de monotonía pasados los quince minutos.

 

La Roux

 

Tras ella, Chvrches, un fenómeno que se agranda y continúa creciendo a base de melodías synthpop romanticonas, herederas tanto de Depeche Mode como de Cocteau Twins. Su escenografía es espartana y permite disfrutar del encanto de la pequeña Lauren Mayberry, entre dos torres de sintetizadores comandados por Ian Cook y Martin Doherty. Su tremendo éxito es sorprendente, pero no cabe duda de que singles como “We Sink”, “The Mother We Share”, “Recover” o “Gun” son de lo mejor del pop electrónico del nuevo siglo.

 

Chvrches

 

Tras el trío de Glasgow solamente quedaban los sets de Digitalism DJ’s y Ocho y Medio DJ’s para despedir una cuarta edición del DCODE que nos deja con la impresión de que bien podría haber sido una jornada del FIB de hace unos pocos años.

Fotos: Óscar L. Tejeda (excepto las indicadas)

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