kid wave portada

CRÓNICA DE LA PRIMERA EDICIÓN DEL SHE’S THE FEST

Hay gente que se enfrenta a la discriminación positiva de una forma natural, como si bastara con ello para expiar los pecados de una conducta anormalmente errónea, pero no es mi caso. No puedo obviar una sensación profunda de indulgencia, un querer curar el árbol con una poda y no aplicando un tratamiento a la raíz de la enfermedad. En todo caso, tampoco creo que haya que exigirle esta labor a un festival o un programador de ocio, puesto que realmente esto solo se puede arreglar desde lo público y en concreto desde la educación. Hablar de porcentajes o de cuotas es tendencioso, si no hay más mujeres en los carteles de los festivales no es porque se las discrimine y se las aparte para elegir a artistas masculinos, es porque nuestra educación y nuestra sociedad caduca no ha potenciado o ayudado a que haya verdaderas opciones paritarias. Una vez aclarado este punto de vista, tampoco está de más agradecer el esfuerzo de aquellos que, sin ser su cometido, hacen lo que está en su mano para intentar que esto cambie.

La encargada de dar comienzo a la programación musical del viernes, en un auténtico acto de injusticia poética, fue Nuria Graham. A esta joven de Vic ya le tocó defender su cancionero en un horario cruel en el pasado Festival de Les Arts, algo realmente anómalo puesto que no es nada aventurado decir que el suyo fue el mejor concierto de la jornada, los cuarenta presentes lo podemos atestiguar. La sutil melancolía eléctrica de la Graham puede llegar a ser apabullante, más aun si nos encontramos en una sala con un sonido impecable como es el caso. La agradecida destreza a la guitarra y la languidez bien aprovechada de sus canciones la llevan a acercarse al Jeff Buckley menos efectista, demostrando que cuanto más se aleja del folk – totalmente imperceptible – y se aproxima al tamizado eléctrico su propuesta crece. Su revisión del “Toxic” de Britney Spears no deja de ser una anécdota, aunque puede utilizarse de manera ilustrativa para reivindicar que una buena canción pop se puede llevar a cualquier terreno.

Que no conozcamos la escena musical austriaca no es algo casual, ninguna de sus bandas ha trascendido lo suficiente para llegar a nosotros y establecerse por encima de la abrumadora oferta anglosajona, con la cual, vistos tanto Leyya como Hella Comet, tienen que batirse el cobre por elección propia. Supongo que esa misma impresión tienen en ocasiones al escuchar a algunas de nuestras bandas en otros países; por muy bien que los japoneses imiten el flamenco, no pueden superar a lo que se escucha cualquier noche en una cueva del Sacromonte. Leyya hacen pop sintentizado ricamente texturizado, denso y melancólico, pero falto de tensión. La voz de Shopie Lindinger se asemeja a la de Beth Gibbons, pero explicar su música utilizando a Portishead es de un reduccionismo absurdo, porque estos austriacos hacen de casi todo menos trip-hop. Los siguientes en aparecer fueron la otra banda austriaca (en esta primera edición Austria es el país invitado), Hella Comet, que fundamentan su propuesta en las guitarras enmarañadas del ruidismo y el shoegaze de bajo octanaje. El escaso público y lo árida de su propuesta hizo que el concierto empezara claramente con la necesidad de la remontada, que únicamente se produjo cuando las melodías se impusieron al muro de guitarras. Si cantaran aquello de The Minutement de “nuestra banda podría ser tu vida” estarían claramente mintiendo.

Si algo no se le puede negar a las siguientes en actuar es personalidad. Les Sueques aparecieron en escena transportadas como maniquíes, con monos y pelucas de colores complementarios, en clara referencia a la bandera sueca. Distensión y diversión, pop de esencia punk, actitud y humor, frescura y desparpajo, y en catalán, demostrando que no hay nada más trasgresor que la naturalidad.

Soledad Vélez sacará nuevo trabajo en los próximos meses y según las muestras que la chilena afincada en Valencia nos dejó sobre el escenario, en él se consuma la evolución hacia el envoltorio sintético y el abandono del folk más clásico de sus inicios. La actuación en este primer She’s the Fest quedó deslucida por la falta de ritmo, quizá por el escaso rodaje de esta nueva metodología, pero la valentía es positivamente destacable y esperamos poder volver a verla pronto, en un momento en el que la maquinaria este mejor engrasada. La jornada la cerró la malagueña Anni B. Sweet, lo más cercano a un cabeza de cartel en el listado de artistas presentes en el festival. El pop de reminiscencias 80s de “Chasing Illusions” la ha colocado definitivamente en la nómina de artistas indie de tirón comercial. Su voz es brillante, sus canciones son cristalinas, todo es muy bonito, tómenlo tanto como un halago como una crítica.

Anni B Sweet

Tras una mañana del sábado reservada a charlas y los showcases de tres bandas locales: Meridian Response, June Kaleidoscope y Salfumán, las gallegas Bala fueron las encargadas de estrenar la programación de tarde como un puñetazo en la boca del estómago. Sin lugar a dudas su furioso concierto las hace merecedoras del título de “descubrimiento del festival”. Dúo de batería y guitarra que las asemeja en formato y sonido a Deap Vally, pero con un stoner menos blusero y más hardcore que las americanas. Todo lo contrario que Skinny Girl Diet, que no aprovecharon la tensión ambiental creada por el concierto anterior e hicieron del estatismo su sayo. Su directo era uno de los más esperados por ser una pujante banda emergente en el Reino Unido, pero no respondieron a las expectativas, llegan veinte años tarde al grunge y no le aportan nada excitante a un estilo demasiadas veces reproducido.

De vuelta de la electricidad tocó el turno de Joana Serrat, que ya nos maravilló hace meses cuando la vimos en el MBC Fest y que volvió a dejarnos con el mismo buen pálpito que entonces. Ya está en retirada de la gira de “Dear Great Canyon” y el rodaje de sus canciones son un plus para un trabajo exquisito y radiante. Hay una evidente superpoblación de artistas femeninas que practican folk de aroma americano, pero no está de más cuando alguien lo hace con tan buen tino. Aunque la primera jornada había estado bastante floja de público, este segundo día las tornas parecían cambiar y a la hora que Lorena Álvarez y su Banda Municipal empezaban su recital de indie folklórico, tanto en la sala de conciertos como en las terrazas, había una más que aceptable concurrencia. Es sorprendente como la fórmula costumbrista de Lorena Álvarez ha logrado calar en la gente a ritmo de zambomba y rasgado de botella de anís. Lo tradicional deconstruido de forma menos naif de lo que puede parecer, con una acidez implícita y una militancia subyacente. Hizo bailar en corro a su público, como lo hacían nuestros abuelos en las plazas de los pueblos durante las fiestas populares, recuperando la esencia de las costumbres perdidas por el desuso, desatando con ello el corsé del hipsterismo que a veces parece que no nos deja respirar.

Kid Wave

Tras el excelente espectáculo de la asturiana tocaba ver a otra de las bandas internacionales que han recalado este fin de semana en Valencia, y si Skinny Girl Diet no fueron dignas de las expectativas, ocurrió lo contrario con Kid Wave. También con reminiscencias a los 90 como las anteriores, pero con mayor amplitud de espectro, viajaron desde el shoegaze al indie rock o el dream pop con soltura y carisma. Si el She’s the Fest fuera Eurovisión –la idea es nauseabunda, lo sé -, sin duda serían merecedores de los 12 puntos, y los 10 posiblemente serían para Belako, encargados de cerrar la noche. Belako han crecido a base de mucho escenario, porque han paseado su disco de debut durante dos años por todas las plazas posibles. Con “Hamen”, su segundo álbum recién sacado del horno, no han hecho más que perfeccionar la fórmula, post punk aguerrido y mucha actitud. Si en su momento fueron sorpresa, Belako ya son confirmación. Energético final para el festival, que se salda con buenas sensaciones generales y un par de descubrimientos que llevarnos a casa. No sabemos si este tipo de eventos ayudan a la causa femenina, pero esperamos que el año que viene haya una nueva edición y se vuelvan a programar bandas interesantes, porque de eso se trata, de música.

Belako

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