Grupo de expertos solynieve

CRÓNICA DELESTE FESTIVAL

Los festivales urbanos es lo mejor que le ha pasado a los festivales en mucho tiempo. Recintos cerrados, aforos limitados, sonido estupendo, aglomeraciones inexistentes, indiferencia climatológica y pequeños grandes lujos como acudir en autobús, dormir en casa (siempre que uno resida en la ciudad que acoge el evento) o no tener que aguantar, al lado, el roce de un torso sudado sin camiseta. Llámenlo, si quieren, comodidad burguesa, pero bienvenida sea. La gente acude porque les interesa la música. ¿A todos? Siempre hay parlanchines dispuestos a robarle protagonismo a lo que sucede encima del escenario. Nadie, ni nada, es perfecto.

 

El Deleste es uno de esos festivales. Tres ediciones le han bastado para vender todo el papel en una ciudad tan imprevisible como Valencia. Un mérito digno de reconocer, sobre todo en un año en el que la presencia internacional (Fanfarlo y Josh T. Pearson en 2012 y The Pastels y Nice Weather for Ducks en 2013) se había esfumado del cartel. Como contrapeso indirecto nacía el Deleste Loft, una apuesta por la música electrónica que, sin embargo, no ha obtenido la respuesta esperada. Más que un problema de nombres parece haber sido de horarios. Bastará con una simple redefinición de los mismos para acabar de consolidar una oferta que ha saciado las expectativas generadas.

 

Buen ambiente en Valencia

 

El festival ha logrado lo más difícil, una comunidad propia a la que por fortuna nadie ha bautizado con aberrantes nombres como delesters o algo así. Un punto más a favor de estas propuestas. Con el sold out de la presente edición el apuntalamiento del certamen es una realidad. La fórmula funciona. Y esa debería seguir siendo la filosofía del futuro. Hay público y la mejor de las noticias es que no corresponde a ningún estereotipo fácil. Un antropólogo babearía ante la posibilidad de analizar a este colectivo y cómo ha ido siendo su evolución a lo largo de la historia festivalera en este país. Resulta curioso cómo los años han ido arrinconando las camisetas con nombres de grupo (aquí la presencia era testimonial y gracias a bandas del pasado como The Stone Roses, Dinosaur Jr, Sonic Youth o The Police) que antes eran (casi) el ADN de sus portadores y ha globalizado el perfil de los asistentes. Otra buena noticia que nos ha dejado el Deleste ha sido la abundante presencia de músicos locales como espectadores.

 

A los apresurados en tiempos de twitter, el Deleste Festival 2014 se les podría resumir con una explicación bien sencilla: está el Grupo de expertos Solynieve por un lado y el resto por el otro. Ni siquiera unos pequeños problemas de sonido pudieron frenar la exhibición musculosa y pasional del grupo de Manu Ferrón y J. Temperamento sureño para unas canciones que crecen en el escenario gracias a una mutación instrumental que arrasa con todo lo que se encuentra en su camino. Algo así como una especie de Crosby, Stills, Nash & Young & (Robert) Pollard.

 

Grupo de Expertos Solynieve

 

Eso es precisamente todo lo que se echó en falta en el set del otro cabeza de cartel, El Columpio Asesino, que en la primera jornada del festival se limitaron a ejecutar las canciones con tal parsimonia que costaba creer que fueran los mismos que han parido un disco tan visceral y crudo como “Ballenas muertas en San Sebastián”. Cuando recuperaron “Motel”, de su disco debut, y repitieron aquello de “Y me quieres engañar pero estás domado”, daba la sensación de que exorcizaban una sesión de psicoanálisis en público. Los consabidos (y esperados) hits encadenados al final de su concierto levantaron el ánimo de sus seguidores, pero no borraron esa sensación de oportunidad perdida que flotaba en el aire.

 

El Columpio Asesino

 

La misma que acompañó a Modelo de Respuesta Polar y Polock. Ambos jugaban en casa y este debía haber sido uno de esos puntos de inflexión que marcan una carrera. Los primeros han crecido paralelamente al Deleste (es el primer grupo que repite participación en el mismo), pero su dosis de melancolía introspectiva acabó traduciéndose en una desgana interpretativa que sucumbía, en algunas zonas del recinto, al murmureo incontinente del respetable. Los segundos deberían haberse comido el escenario y canciones no les faltan para ello. Falló la actitud, esa que permite esquivar la sensación lineal y repetitiva para los no fans. Los que sí lo son, lo pasaron en grande.

 

Polock

 

Maria Coma tuvo la simple difícil papeleta de subir el telón del festival el viernes a las siete de la tarde. El auditorio de La Rambleta ya presentaba una buena entrada, presagio tal vez de lo que iba a ocurrir en ambas jornadas. La catalana no renuncia a nada y, por ello, no anda lejos de que su música sea categorizada como vanguardista. Acompañada de un necesario Pau Vallvé (que después daría uno de los conciertos más refrescantes y lúcidos del fin de semana con su proyecto personal), juega con el academicismo de la música clásica y las prestaciones de la electrónica (esos maravillosos loops tan bien utilizados) al tiempo que guiña un ojo al pop independiente, entendido tal con una amplitud de miras muy estimulante.

 

Otro de los aciertos del Deleste es evitar que se solapen las actuaciones, por lo que es posible ver absolutamente todo lo ofertado. Luego surgen necesidades vitales como calmar un estómago desbocado de hambre que bien podría inspirar un tema de los mismísimos Za! La mención no es gratuita porque fue uno de lo grupos que despertó más piropos entre los que presenciaron su directo. Otros optamos por el turismo gastronómico de la zona en clave kitsch y mientras el dúo reventaba las pulsaciones de los presentes, acabamos en un bar con un jamón en una urna en el que se había aparecido la efigie de Cristo.

 

Za!

 

La anécdota, de haberla conocido, seguro que la hubieran incorporado a su repertorio Pony Bravo. Ellos abrían el viernes el escenario Jägermeister (que, al contrario que en otros festivales, no estaba copado de promesas futuras) y gozaron de las primeras mareas de gente entregada, manos y puños en alto. Su festivo eclecticismo y sus letras, supuestamente graciosas, les colocan en la línea delgada que separa la broma de raíz verbenera de No Me Pises Que Llevo Chanclas con el rock andaluz de los setenta, evolucionado gracias a una batidora sin prejuicios. Y ahí siguen, haciendo equilibrios sin caer en el lado equivocado.

 

Pony Bravo

 

Belako no despertaron dudas. Son jóvenes y por eso tocan como si se fueran a morir mañana. No hay otra opción. Pero lo más interesante no es ese huracán que arrancó de su pasividad hasta al más inmóvil, sino el margen de crecimiento que muestran. Han saqueado las arcas sonoras de décadas precedentes (Joy Division, Pixies, Dinosaur Jr, Nirvana…) como punto de partida y no como dogma de fe, y hacen con ellas lo que quieren. Podrían entregarse a la velocidad sin sentido, pero prefieren salir de caza a por la melodía perfecta. Si el público del Deleste tuviera que otorgar un premio, seguramente lo hubieran ganado ellos. Y, además, merecidamente. Durante cuarenta y cinco minutos todos nos volvimos a encontrar con nuestra juventud.

 

Belako

 

Esa sensación, ese reencuentro con el pasado emocional y personal, es el que suele marcar las sesiones, llamémoslas, infantiles de los festivales. El Deleste Kids se llenó, el sábado por la mañana, de padres e hijos. Zumos, selfies y bailes trotones ocuparon el espacio. Me and The Bees adaptaron, en la medida de las posibilidades, su efervescente pop lofi a la ocasión. Sonaron con la frescura y diversión que garantiza un repertorio como el suyo. Mentiríamos si no reconociéramos que nos hubiera gustado volverlos a ver por la tarde sin tiernos infantes por medio. A Red Buffalo alguien les debería haber recordado el leit motiv de la sesión en cuestión. Metieron la directa y lucieron con excesiva energía su rock americano, aún demasiado deudor de sus maestros, en una matinal que acabó con overbooking en el castillo hinchable. La causa-efecto en su máximo esplendor.

 

La tarde del sábado tenía uno de esos terribles enemigos enfrente que todo evento intenta driblar. Nada que ver con la siesta post-paella, sino con el partido Real Madrid – Barça. La asistencia se resintió, pero no el ánimo de los afectados. Alberto Montero volvió a demostrar que cada vez se siente más cómodo en un escenario. Sobrio en la puesta en escena y acompañado por Román Gil, volvió a dar lustre a su folk bucólico, que bebe en Robert Wyatt y el sonido Canterbury. Presentó canción nueva, sonaron las castañuelas en otra y versionó el “Caramelo de limón” de Vainica Doble. Un golazo por la escuadra. Holzwarth, en cambio, transmitió todo el rato la sensación de estar calentando. Su propuesta electrónica no pudo fajarse de cierta bisoñez, pese a sus intentos danzarines.

 

Vista general del recinto

 

Casualidad o no, pero después de que Benzema colocara el 3-1 en el partido en cuestión, el auditorio empezó a recibir un goteo incesante de gente. Madee llenaban el recinto, incluso quedando personas de pie. ¿Quién se lo iba a decir a ellos? Su concierto no provocó sorpresa alguna, aunque bien seguro que nadie las esperaba ni deseaba. La fórmula, para bien y para mal, se la sabían todos de memoria: nervio y contundencia con esas líneas melódicas subterráneas que actúan como argamasa de las canciones.

 

Joe la Reina son vascos, pero bien podrían haber nacido en el sur. Por fortuna abandonaron el folk de manual con el que se dieron a conocer con su primer ep y abrieron puertas y ventanas para que entrara el aire. Y bien que oxigenó. El Deleste era una prueba de fuego para ver cómo defendían su debut grande, un disco renqueante, que alterna momentos de lucidez con otros peligrosamente épicos. La balanza se decantó por lo primero. Como unos Triana con Nick Cave al frente, regalaron algunos de los momentos más fibrosos del festival. Sin poses gratuitas ni histrionismo escénico, fueron compartiendo (posiblemente, el verbo que mejor se acopla a su directo) unas canciones que pueden resultar sencillas, pero son ricas en matices.

 

Nueva Vulcano la liaron

 

Todo lo contrario que Fuckin’ Bollocks, que les tomaron el relevo en el cartel. Garage a piñón fijo a mayor gloria del sudor del público. Tocar rápido no siempre es sinónimo de intensidad. Y a Nueva Vulcano (último grupo en actuar, tras los pases ya comentados de Polock y Grupo de Expertos Solynieve) alguien se lo debería recordar. Sobre todo, porque sus discos son mucho más que eso. Sin embargo, dieron la sensación de que tienen tan asumidas las enseñanzas de la licenciatura hardcore (su cantante ya retozó en el suelo con su primera canción), que han decidido que la velocidad lo tiene que ver todo con el tocino.

 

Con el bucle sonoro retumbando en nuestras cabezas, había cierto miedo por traspasar la puerta de La Rambleta y decir adiós. No porque fuera de noche y el cementerio esté, prácticamente, al lado. Sino por pensar que el Deleste Festival era un espejismo vivido en Valencia. Sin duda, ya va siendo hora de que dejemos de pellizcarnos.

 

Fotos: Liberto Peiró

 

valora la calidad de este contenido
1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (6 votos, promedio: 3,83 de 5)
Loading...Loading...
3 comentarios
  1. jvimonster says:

    Definitivamente fuimos a diferentes festivales, al menos en parte, no me voy a extender pero lo de Grupo de Expertos fue la actuación más decepcionante que he visto en cualquiera de las formaciones de J. y mira que me gustan!!! Agravado cuando demostraron lo que pueden hacer encima de un escenario en los últimos cuatro temas. (AL parecer, y esto es impresión mía, la sala se quedo en silencio y tardo algo más de tiempo en poner música esperando petición de bises, que no llegaron. Que con algún otro grupo si se pidieron y salieron)

    El Columpio Asesino hizo un concierto más que correcto (mucho más) cierto que no fue el más intenso y grasiento que nos ha ofrecido, pero muy muy buen concierto.

    Hablar de Pony Bravo…. no se, a mi no dejan de sorprenderme y los veo realmente en la senda correcta sin equilibrio alguno y sabiendo muy bien lo que hacen. yo les doy ganadores del festival. (Las letras no son supuestamente graciosas, lo son desde el título, jajaja)

    Belako, de acuerdo. Modelo de resp., polock, etc también, más o menos de acurdo. Joe la Reina los pondría algo mejor también.

    Para gustos los colores

    Responder
    • Redacción Bythefest says:

      Buenas Jvimonster, gracias por tu comentario. Evidentemente nosotros no pretendemos ser la voz de la razón, simplemente damos nuestra opinión personal y, por supuesto, habrá gente que no la comparta, es por ello que nos encanta que comentéis y opinéis al respecto. Un saludo!!

      Responder
  2. ángel says:

    Pues yo sí estoy bastante de acuerdo con todo… Quizá también pondría mejor a Joe la Reina. Me encantaron y sí coincido con lo de “compartir” como palabra para definir su directo. Para mi, el concierto más sincero y con más contenido (en su crudeza, incluso en sus imperfecciones) del festi. A diferencia de la gran mayoría de grupos (ojo, eso no quita que muchos suenen muy bien) tienen algo que contar más allá de ‘revivals’ o pura pose molona… Creo que cualquiera con un mínimo de sensibilidad se da cuenta d esto.

    Un saludo!!

    Responder

Escribe tu comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Agradecemos tu participación.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

cinco × tres =

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>