Biznaga © Foto Liberto Peiró

CRÓNICA MONKEY WEEK 2015: VIERNES

Dice el reclamo promocional que el Monkey Week es el festival ideal para descubrir hoy las bandas del mañana. No miente. El cartel está lleno de grupos emergentes que, quizá, puedan dar que hablar en un futuro no muy lejano. Otra cosa es que el sonido que despliega la mayoría de ellos mire de manera indisimulada hacia el pasado. Un hecho que vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre la muerte del rock como lenguaje expresivo original y creativo, en permanente bucle revisionista. Es lo que hay, amigos. Pero tampoco se trata de lamentarse, sino de constatarlo a medida que los conciertos se van sucediendo en la primera y muy andaluza jornada de un festival que crece a ojos vista en cada nueva edición. Este año ha aumentado el número de bandas, el de salas y, dato especialmente positivo, el de público. La propuesta de anegar de actuaciones cada club, discoteca o garito del Puerto de Santa María (Cádiz), inicialmente suicida, ha demostrado con creces su viabilidad, y hoy es un hecho que el Monkey Week es una iniciativa consolidada.

Pero a lo que vamos: La mirada retrospectiva es la que predomina en muchas de las bandas que ya se han subido a alguno de los escenarios del festival. Es el caso, por ejemplo, de los sevillanos Dienteslargos, practicantes de un rock enraizado en los años setenta, con ocasionales guiños boogie, que reproduce eficazmente no pocos lugares comunes del género. En el caso de los jerezanos El Tubo Elástico, la década de destino histórico es la misma, pero cambia el género. Lo suyo es el prog rock instrumental, también según los cánones, sin que falte siquiera el guitarrista con tendencia al efectismo. Ni unos ni otros son censurables, pero tampoco exhiben particularidades que puedan dotar de personalidad propia a su repertorio. Completando la terna en las primeras horas de la tarde se podría incluir a El Imperio del Perro, también hispalenses. Se miran en un espejo menos añejo, pero bastante más manoseado en los últimos tiempos: El del dance rock indie en la estela de los grupos aupados por la emisora de radio pública de referencia moderna. Ustedes ya nos entienden.

Dienteslargos / Foto: Liberto Peiró

Un par de showcases, fuera del programa oficial, habían dado antes el pistoletazo de salida al festival. Por un lado, el de Lois Brea, a quien Trajano! parecen habérsele quedado pequeños tras un único álbum. Su nuevo proyecto en solitario, todavía en proceso de construcción, se quedó a medias en un directo a base de caja de ritmos, bajo, guitarra, voz (impostada) y letras en inglés. En ocasiones, parecía decantarse hacia la sinuosidad pop de The Monochrome Set; en otras, la guitarra evocaba a The Cure; al final, la sensación de que el proyecto está todavía poco maduro. Su set, en todo caso, tuvo la virtud de la brevedad, como la mayoría de los que se van sucediendo en el Monkey Week. Cuando se trata de bandas emergentes, lo bueno, si breve, mejor. Y lo menos bueno, también.

Lois / Foto: Liberto Peiró

En ese mismo formato escueto pudimos ver a Perlita, una parodia del sonido disco (si no lo es, lo parece, y no sabríamos concluir si eso es bueno o malo) que combinó alguna base funk y cacharrería electrónica (batería incluida) para despachar unas canciones que se sitúan en el punto medio entre Klaus Nomi y Pedro Marín, si es que tal cosa es posible. El desopilante vocalista Pedro Perlés se postuló como showman desatado con resultados desiguales: Le pone ganas (y vocoder), pero las circunstancias no siempre acompañan. Y no hablamos del entorno.

Perlita / Foto Liberto Peiró

El cartel del día incluía 35 conciertos, muchos de ellos en horarios solapados, así que la mejor opción era recorrer los diferentes enclaves de la ciudad y dejar que fueran las bandas las que captaran nuestra atención con sus propuestas. No lo consiguió la Maravilla Gypsy Band, y no porque su fanfarria balcánica no resultara convincente, sino porque, una vez más, se trataba de un ejercicio de estilo. Y otro tanto se puede decir de los gaditanos Detergente Líquido, practicantes de un pop indie de manual con reiterativos ritmos sincopados y vocación bailable que, al menos, presenta melodías trabajadas, según la escuela de Carlos Berlanga. El problema, en este caso, es la escasez de carisma (un hándicap cuando se trata de destacar entre más de una treintena de propuestas) y de actitud, quizá una de las carencias más llamativas en muchos grupos que parecían subir al escenario para cubrir el expediente, y no con la intención de aprovechar la oportunidad de destacar antes decenas de profesionales (que integran un porcentaje muy importante de los asistentes al Monkey Week).

Detergente Líquido / Foto Liberto Peiró

Las cosas empezaron a cambiar (para mejor) con una banda más rodada. El dúo I Am Dive, también procedente de Sevilla, sabe cómo transformar la frialdad sintética en calor emocional, y si bien se trata de otro caso en el que los referentes se detectan con claridad (de los Radiohead que pusieron el ojo en Warp a Beach House o Red House Painters), su música logra calar hondo porque no suena a reproducción caligráfica, sino  a reinterpretación sincera. Aunque si se trata de trabajar con materiales del pasado para regurgitarlos desde una perspectiva contemporánea, nadie como El Lobo en tu Puerta. Como ya hiciera en la edición del año pasado, el trío de Chiclana demostró que es posible hacer colisionar a Blind Willie McTell, Beastie Boys y AC/DC para obtener un sonido que solo se puede calificar de bluescore, ya que agarra el blues no para ponerlo en un altar y reverenciarlo, sino para arrancarle la ropa a mordiscos y violentarlo sin piedad, incluso si para ello hace falta echar mano de una armónica filtrada por pedales o un theremin desenfrenado. Dos bandas que, cada una en su estilo (y no pueden estar más alejados el uno del otro), demostraron que la actitud es un ingrediente fundamental a la hora de presentar un repertorio al público desde un escenario.

El Lobo en tu Puerta / Foto: Liberto Peiró

De eso también saben bastante los sevillanos Miraflores, otro grupo que repetía presencia en el Monkey Week tras pasar por el festival en 2014. Sus conciertos son aquelarres sónicos en los que su vocalista ejerce de paroxístico exorcista. De nuevo los referentes son claros (aunque muy amplios, y eso juega a su favor), pero la puesta en escena y la visceralidad de sus planteamientos convierten cada uno de sus shows en un triunfo, aunque a buen seguro debe llevar consigo un desgaste emocional que les convierte en un grupo de intensidad no apta para todos los públicos. En su libro de estilo no hay espacio para el simulacro.

Miraflores / Foto Liberto Peiró

Los mexicanos Carmen Costa no podrán decir que han inventado la rueda, pero un par de elementos juegan a su favor. Por un lado, el uso del castellano. Resulta paradójico (y tremendamente significativo) que la mayoría de grupos españoles se decanten por el inglés, mientras que los pocos representantes de las diversas escenas latinoamericanas que forman parte del cartel lo hacen en su lengua madre. Es, asimismo, el caso del puertorriqueño AJ Dávila, que actuó unas horas más tarde acompañado, precisamente, por los mismos Carmen Costa, que en ambos casos pusieron de manifiesto la otra virtud de que hacen gala: Puede que lo suyo no sea más que rock, pero nunca olvidan el roll, y eso es algo que muchas otras bandas no pueden decir. La electricidad siempre funciona bien con algo de groove, y ellos lo tienen.

Carmen Costa / Foto: Liberto Peiró

En el lado opuesto de la balanza, The Tractor, otra banda sevillana. Trío de negro riguroso y sonido cuidado que, ay, no parece querer otra cosa que imitar a Placebo (especialmente su cantante, de tesituras similares a las de Brian Molko). Los jerezanos Flecha Valona ponen algo más de carne en el asador en su asalto a un pop enérgico que igual bebe de Weezer que de Cheap Trick, y que se afana en conjugar riff y melodía, pero que adolece de una falta de carisma alarmante. El que le sobra al dúo Crudo Pimento, que no pudo desplegar su peculiar sonido en las mejores condiciones (los conciertos de la sala Mucho Teatro sufrieron una hora de retraso por un problema en el fluido eléctrico), pero ofreció una suculenta inmersión en sonidos primitivos con andamiaje blues, derivas tribales, imaginativa instrumentación artesanal, sentido del ritmo y un enfoque que hubiera hecho las delicias de Tom Waits.

Crudo Pimento / Foto: Liberto Peiró

Biznaga podrían liderar, si existiera, el rock radical madrileño. Tienen un frontman con indudable gancho, un Joe Strummer en potencia que si bien no cuenta con su correspondiente Mick Jones, sí que tiene respaldándole una banda que se podría mirar en el debut de los Clash. Sí, hablamos de punk, ese género musical que ya ha cumplido cuarenta años. La sombra del pasado, feroz e implacable, adquiere nuevamente dimensiones que obligan a recordar que, más allá de sus (pírricas) conquistas puntuales, el rock español actual (pues la mayoría de bandas del cartel son de nuestro país) presenta el mismo pronóstico reservado que el anglosajón: Un virus retro que tampoco procede de ninguna cepa nueva (la cosa viene de lejos), pero que hace cada vez más difícil encontrar chispas no ya de originalidad (tampoco exijamos lo imposible), sino de auténtica singularidad.

Biznaga / Foto: Liberto Peiró

En la recta final de la jornada aún tuvimos tiempo de degustar el adictivo free rock del trío madrileño Rosvita, a quienes no sería descabellado erigir como padrinos de la apasionante hornada de bandas underground que han surgido para animar la escena musical española de la última década. Su debut se remonta a 2003, y desde entonces no han cesado de retorcer los códigos del rock a su antojo y con un envidiable sentido del humor, quitando hierro a una actividad tan divertida y desintoxicante como es subirse a un escenario para disfrutar tocando. Y eso, disfrutar tocando, lo hacen también Toundra, y se les nota. Pero se les nota demasiado. Hasta el punto de bordear la impostura. Se han ganado a pulso y a base de trabajo su posición actual, pero son tan conscientes de ello que sus conciertos destilan una innecesaria cualidad masturbatoria. Su impecable instro rock, de raíz post pero con esquirlas doom, ha alcanzado tales cotas de fastuosidad y artificio que podría acabar devorándose a sí mismo.

Toundra / Foto: Liberto Peiró

Tras doce horas ininterrumpidas de conciertos, y a sabiendas de que muchos de los grupos que integran el cartel ofrecerán más de una actuación a lo largo de los tres días que dura el festival, encaminamos nuestros doloridos pies hacia un merecido descanso. El Monkey Week es exigente con el visitante curioso. Y quedan por delante dos jornadas en las que horarios y participantes se multiplican por dos. Permanezcan en sintonía.

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1 comentario
  1. André Lewis says:

    Esos de el tubo elástico sorpresa total! Se nota que han mamado de los clásicos pero su propuesta es super innovadora!! Lo dicho no los conocía y gran descubrimiento!

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