Jaakko Eino

CRÓNICA PRIMAVERA CLUB: VIERNES

Tras un año de descanso, en el que los organizadores del Primavera Club han tenido tiempo de barajar sus opciones y decidir que finalmente el festival era viable, ayer dio comienzo una nueva edición que, en todos los sentidos, es una vuelta a los orígenes. Volvemos a tener varias salas repartidas por el centro barcelonés programando diversos conciertos, en lugar de centrarlo todo, como antaño, en la Sala Apolo o el Sant Jordi Club. Como todas están bien juntitas y las actuaciones empiezan todas en las mismas franjas horarias, minuto arriba, minuto abajo, se propicia el movimiento entre espacios. Porque entre Sidecar y la ya citada Apolo, que es la distancia más larga, no hay mucho más que cinco minutos a pie. Otra cosa es que, por afinidad estilística, se haya propiciado que cada uno se quede en una misma sala. Otro gran rasgo de este Primavera Club es la decisión de apostar únicamente por bandas que no se han visto en la capital catalana (salvo contadas excepciones). Nada de St. Vincent o Girls, aquí no hay cabezas de cartel, sino en su mayoría formaciones noveles con mucho que decir.

 

Buen ambiente en las salas

 

Las rutas son muchas y cada cual tendrá la suya, así que la nuestra no tiene porqué ser la oficial ni la mejor, pero sí la que más nos gustaba y más completa era por diversos motivos. Empezar con Cherry es hacerlo con uno de los mejores talentos nacionales que más están despuntando últimamente. Continuar con Jaakko Eino Kalevi era apuesta arriesgada, pero interesante, porque solo te cruzas con este tipo de artista una vez en la vida: Un finlandés loco por los sintetizadores, una rara avis en toda regla. Y luego viene el dolor, es decir, los temidos solapes. Así que decidimos ver mitad y mitad de East India Youth y Fear Of Men. El primero es un joven inglés amante de la electrónica más sedosa. Su álbum de debut del año pasado, “Total Strife Forever”, pasó algo desapercibido; una auténtica injusticia, porque en su ámbito había pocos que le hacían sombra. Y los segundos son una de esas bandas de pop que venimos siguiendo desde hace tiempo gracias a su reguero de singles y que ahora acaban de debutar con el sello Kanine. Empecemos pues.

 

Cherry

 

No había mucha gente, pero la suficiente como para disfrutar de una propuesta como la de Cherry con comodidad. Mucho humo en el Teatro Latino, pero libertad para moverte por cualquiera de sus rincones y buscar el sitio adecuado. El murciano hizo gala de ese eclecticismo que impregna sus discos, algunos editados por su cuenta, y otros por Foehn. Nino García apareció en el escenario completamente sólo y demostró desde el principio que es un buen hombre orquesta. Se encargaba de la guitarra, los sintetizadores, la percusión (con la que construyó algunos loops), y, por supuesto, una voz, que incluyó tarareos y la-la-la-las. Su propuesta fue de lo más ecléctica, desde un psychobilly de estar por casa a un post-punk o krautrock de lo más contundentes. No interactuó mucho con el público, pero lo suficiente como para que los pocos que le estaban viendo se quedaran prendados con su actuación. Entre los highlights de la noche, una “Cabalgaré” muy western y “Mariposas de lunares”, con la que cerró su actuación.

 

Jaakko Eino Kalevi

 

Cuando pensábamos que lo de Jaakko Eino Kalevi iría por los mismos derroteros, nos encontramos con que el finlandés iba acompañado por un batería. No fue el directo más orgánico pero sirvió para confirmar que el tipo es el Ariel Pink de su país. Se dice de él que es autodidacta y que se gana el pan con su trabajo como conductor de tranvía, pero su debut en el subsello de Domino, Weird World, le debería servir para llegar a un público mayor. Por lo menos, el dúo le puso ganas. Él, disfrazado de esqueleto, y su partenaire de momia, dieron un toque de color a la velada de Halloween. Entre el pop psicodélico del citado weirdo Pink y el pop electrónico de policromía de Sébastien Tellier, el escandinavo nos encandiló con temas de ayer y hoy (sonó buena parte de su último trabajo, “Dreamzone”). No sabemos muy bien si le volveremos a ver, aunque sería de justicia que así fuera, pero nos quedamos con sus tres cuartos de hora de espacial actuación.

 

East India Youth

 

Lo que vino después fueron palabras mayores. A los pocos minutos de comenzar, East India Youth se metió en el bolsillo al público del Teatro Latino. Su electrónica ensoñadora, planeadora y sedosa cuajó bien entre los asistentes, que venían con ganas de escuchar algo de bombo y menos guitarras. Como Cherry, actuó en solitario, con su laptop, un teclado, un bajo del que apenas se despegaba y el micrófono desde el que hacía salir su voz. Los que le conozcan bien sabrán que su debut, “Total Strife Forever”, es ampliamente instrumental, pero también cuenta con fragmentos vocales. Pues bien, el joven de Bournemouth dio más importancia a sus temas vocales que a los instrumentales, quizá por aquello de estar en un festival pop. No le salió mal la jugada, porque la suya es una electrónica lejos de los estereotipos y los clichés. Dice que sus influencias van de Raime a Shostakovich, y algo de grandilocuente tiene su música, efectivamente, aunque aporta luz a unos temas que van desde el techno más rudimentario (con el que acabó su set) hasta las sinfonías de toma pan y moja, como “Heaven, How Long”. Un crack.

 

Fear Of Men

 

De poner el cierre se encargaron Fear Of Men, un cuarteto de Brighton que hace tiempo que lleva llamando a la puerta de crítica y público con un puñado de sencillos para los amantes del pop redondo. Si no te gustó el último de The Pains Of Being Pure At Heart pero eres fan de los neoyorquinos, es muy probable que su propuesta te encandile. No en vano beben de las mismas fuentes. No se disfrazaron, pero su vocalista comparó el Teatre Principal con los escenarios de la película “El Resplandor”. No acabamos de comprar la comparación, aunque sirvió para conectar un poco con el público, teniendo en cuenta que se trata de un grupo de indie pop algo lánguido. Pero ojo, si en disco suenan un poco desalmados, en directo resultan mucho más contundentes. Hay toques de post-punk en su sonido, y con canciones como “Luna” o “Tephra” se tienen ganado el cielo. Llegarán muy lejos.

 

Fotos: Carles Rodríguez

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