FEMI KUTI

CRÓNICA ROTOTOM: JUEVES, VIERNES Y SÁBADO

Tras el mal sabor de boca que dejó Sean Paul (cuyo show del miércoles fue cuestionado hasta por el propio Rodigan), Rototom nos volvió a ofrecer el jueves una noche de conciertos mágica. En el Main Stage abrieron los veteranos del roots más puro, The Wailing Souls, un trío vocal que comenzó su carrera grabando para el mítico sello Studio One (una especie de Motown a la jamaicana), etapa que dio paso a la marcada por el sonido pesado y militante de Channel One, para el que trabajaron durante los años esenciales del periodo roots. Se trata de otro de los grupos que hemos podido ver en distintas ocasiones, con un show que no sorprende, pero que resulta eficaz. Siguen haciendo lo suyo, lo de siempre, pero sin defraudar a pesar de su avanzada edad. El recinto no se llenó, era pronto aún y todavía quedaba artillería por delante.

 

The Wailing Souls (Foto: Violeta Palazón)

 

Sobre las 22 horas tomó el escenario (o lo barrió como un torbellino, aún estamos tratando de digerir lo que vimos) la gran sorpresa y confirmación de la noche y hasta ahora, del festival: Jah9. Menuda de tamaño, Jah9 es una mujer luchadora, emancipada, apasionada, iluminada, con una misión y una gran fe rastafari. Y encima del escenario lo pudimos ver y sentir. Ofreció un gran espectáculo, cargado de electricidad, compartiendo sus puntos de vista e ideas con el público entre las canciones, con una garganta portentosa. Un show en el que la fuerza y la intensidad venían envueltas en la sutileza de su voz, los ritmos hipnóticos, la actitud aguerrida y la fe de su mensaje. Una gran voz soul que estuvo perfectamente acompañada por Dubtonic Kru, una gran banda que protagonizó un momento de conexión total con la artista. El repertorio estuvo centrado, sobre todo, en temas nuevos y singles, a pesar de lo reciente de su disco, “New Name”, del que sólo tocó un par de canciones: la enorme “Mr. Preacher Man” y la que da título al álbum. El concierto y la artista fueron creciendo a lo largo de un set basado en sonidos reggae de corte contemporáneo, muy hipnótico, buscando paisajes sonoros base de ritmos contenidos y mucha elegancia. Ya hay quien la ha coronado como la reina de esta edición del Rototom.

 

Jah9 (Foto: Luca D’Agostino)

 

Jah9 es un personaje fascinante. La habíamos podido escuchar en una de las mesas redondas de los primeros días del festival acerca del mensaje rasta en la música reggae. Allí vimos a una mujer con ansias por transmitir, por compartir sus puntos de vista, de hacer proselitismo de su fe rastafari. Habló de emancipación de la mujer, de resistencia frente al capitalismo, de cómo los rastas no han dejado un pensamiento político escrito ni les interesa, porque la revolución para ellos es algo cotidiano en sus comunidades, donde han logrado una especie de sociedad paralela a la que gobierna Jamaica. La artista se quejó también de que su música está dejada de lado en su país, donde es ninguneada sin recibir cobertura mediática ni presencia en el mundo del sound system jamaicano, donde otros artistas del Reggae Revival como Chronixx sí se han situado.

 

Jah9, diamante reggae (Foto: Maria Stawska)

 

Las buenas vibraciones que dejó la reina del Reggae Revival resurgieron con la presencia de otro grupo místico y con mensaje rasta. Midnite, de la isla de St. Croix, una de las citas obligadas del cartel. Aparecieron para compartir su energía con el público mediante canciones hipnóticas, circulares, de tempo lento, sin prisas, generando un momento colectivo de misticismo con el que la audiencia disfrutó y ante el que mostró su apoyó en todo momento. La voz de Vaughn Benjamin sigue en estado de gracia y continúa siendo una de las más carismáticas del reggae actual. De hecho, todo el grupo es una excepción dentro de la escena mundial, por su sonido, composiciones y letras. Se trata de una propuesta única en la que se perciben las raíces africanas, que remite al universo sonoro del reggae del continente negro, marcado por una dulzura que se mezcla con la aspereza urbana de la gran ciudad y la densidad del dub más hipnótico.

 

Midnite (Foto: Luca Sgamellotti)

 

Con la sensación de que ya nada podía igualar lo vivido, y tras recorrer el recinto buscando propuestas interesantes, nos topamos casi por casualidad con uno de los grupos más interesantes de los últimos años en la escena del ska británico, anclada en muchos clichés y carente de creatividad. Se trata de The Delegators, que dieron un gran show sobre el escenario del Ska Club, conducido casi en su totalidad por su cantante, Janet Kumah, quien demostró tener todo lo necesario para ser una gran estrella, algo que no parece que vaya a ocurrir, dado el género musical que ha elegido para desarrollar su carrera, el early reggae, el ska y el rocksteady. Unos estilos olvidados y maltratados con demasiada frecuencia. Janet no paró de moverse con elegancia y fuerza, mientras la banda iba cumpliendo su papel con exactitud. Su voz nos remite al soul de los sesenta, y su presencia sobre el escenario lo llena todo. Un dulce caramelo que llevarnos a la boca antes de ir a dormir tras una de la mejores (si no la mejor) jornada vivida hasta ahora en el Rototom.

 

Janet Kumah, vocalista de The Delegators (Foto: Carlo Crippa)

 

Con dos cabezas de cartel tan dispares como el facilón Shaggy (supuesta estrella de la noche) y el arrollador Femi Kuti, al día siguiente Rototom volvió a mostrar su compleja personalidad, que da cabida a propuestas tan distintas que resultan casi opuestas. A grandes rasgos, el viernes el festival sonó a África. La presencia en el escenario principal de la estrella del afrobeat Femi Kuti, hijo del inmortal Fela, propició que a su alrededor se articularan varias actividades para reivindicar los orígenes de las víctimas de la diáspora. Así, la periodista Sagrario Luna presentó la biografía “Fela Kuti: Espíritu indómito”, en el espacio African Village, donde a lo largo de toda la semana se han ido sucediendo actuaciones y actividades que dan visibilidad a las muchas culturas del continente negro. Luna dio algunas claves del personaje, que revolucionó la música en su país con un compromiso claro y no exento de polémica. Asimismo, el escenario del Showcase también sonó a afrobeat con la energía y más que correcta actuación de Café Touba. En el mismo espacio, los Hermanos Thioune, senegales afincados en España, aportaron sonidos más tradicionales, pero igual de comprometidos.

 

Hermanos Thioune (Foto: Luca Valenta)

 

La estrella de la noche era Shaggy, aunque Femi Kuti, segundo cabeza de cartel, despertaba a priori más interés entre quienes esperan algo de complejidad y profundidad en la música, entre ellos muchos africanos que ven en él una voz que se levanta frente a las injusticias que asolan África. Y así fue: resultó infinitamente más interesante y divertido Femi Kuti que el saltarín Shaggy. Son dos conceptos diametralmente opuestos. No nos equivoquemos, ambos buscan la implicación del público, que baile, que coree y responda. En definitiva, ambos montan una fiesta comunal inmensa, pero la gran diferencia es que uno, el jamaicano, opta por el histrionismo y el exceso, mientras que el nigeriano lo hace con una entrega absoluta, una banda competente, compacta, potente y resolutiva y optando por la calidad y la excelencia, demostrando que no es necesario recurrir a o obvio para transmitir fuerza e intensidad y emocionar al público.

 

Femi Kuti (Foto: Liberto Peiró)

 

Femi Kuti apareció ataviado con un colorido traje africano y rodeado por un grupo de músicos que le ayudaron a llegar a lo más alto, siempre bajo su férrea dirección y control (en ocasiones recordaba a un director de orquesta). Condujo el show por donde le interesó y logró que el público se involucrara y disfrutara con un set de temas vibrantes y bailables, en el que no faltó la adaptación a coordenadas reggae de alguna de sus canciones. Apabullante, como las tres bailarinas que le acompañan, que vestidas con una ligera indumentaria africana desplegaron una energía asombrosa a base de bailes infinitos que enlazaban los bailes del dancehall actual con la tradición africana. Femi es un torbellino sobre el escenario, baila, canta, anima al público, toca diversos instrumentos y pilota su nave musical arrastrando a todo el recinto hasta para lanzar desde ese estado frenético sus soflamas políticas y de denuncia. El concierto de la noche, sin duda.

 

Femi Kuti, embajador afrobeat (Foto: Luca D’Agostino)

 

A continuación llegó la fiesta jamaicana de Shaggy, que no resultó tan desastroso como Sean Paul, pero estuvo algo falto de forma. El simpático chico que había logrado llevar el dancehall al terreno del pop más comercial y entrar en listas de éxitos, llegó con la voz tocada, por lo que se apoyó en colaboradores que salían al escenario para suplirle en algunos pasajes. Fue un concierto deslavazado, que tuvo algún momento con música pinchada al estilo sound system: Para sorpresa de todos, en un divertido y original guiño se pudo escuchar a Camarón en un sound system style. Lamentablemente, las ansias de Shaggy por asegurar la fiesta y la diversión le llevan a convertirse en un showman sobrecargado, hiperactuado y cargante por su manera de increpar sin parar al público buscando su reacción.

 

Shaggy (Foto: Liberto Peiró)

 

El repertorio estuvo plagado de éxitos, así que no faltaron “Boombastic”, “Sexy Lady”, “Feel the Rush” o “It Wasn’t Me”, entre otros. Dio cabida a temas de su nuevo disco, “Out of many, One music”, que no funcionaron tan bien entre el público, como por ejemplo, “Bridges”, grabada con el cantante de Reggae Revival Chronixx. No paró de gritar y de dirigirse al público buscando la respuesta colectiva, que al final consiguió mientras el show se iba dirigiendo hacia ninguna parte. Un set errático, en el que Shaggy metió de todo, desde homenajes a grandes cantantes clásicos hasta un baño con un barreño de agua fría en solidaridad con la campaña mundial por la lucha contra la ELA, aunque él no supo especificar el motivo por el que lo hacía (puro show frívolo), y al final dejó al espectador con mal sabor de boca. Shaggy es un animal sobre el escenario, pero le sobra manierismo y le falta forma y coherencia.

 

Las cosas de Shaggy (Foto: Luca Valenta)

 

Pese a todo, con una programación tan amplia como la del Rototom, siempre hay grandes momentos que recordar. Antes de Shaggy y sus excesos, habíamos tenido música roots y cultura africana. Los seguidores del roots tradicional disfrutaron de una buena ración con la impecable actuación de los veteranos Twinkle Brothers, que arrancaron su carrera dejando clásico absolutos como su primer LP “Rasta P’on Top”, hundido de lleno en el sonido roots más puro de los años setenta, para evolucionar con el tiempo hasta convertirse en unos de los embajadores de los sonidos más oscuros y densos que recorren sounds systems y fiestas de toda Europa. No faltaron aromas de dub electrónico y roots digital -forman parte de su propuesta actual-, pero pasados por el filtro de sus músicos, que les hizo ganar en calidez. Y para deleite de los presentes, tampoco olvidaron sus clásicos. Un concierto equilibrado, en el que cupo todo, perfectamente ejecutado por parte de unos hermanos Grant que derramaron alma.

 

Twinkle Brothers (Foto: Tato Richieri)

 

Agradecidos a Jah y, especialmente, a la climatología por habernos evitado las fuertes lluvias que se anunciaban, encaramos el sábado el tramo final de una edición del Rototom que, según su director, Filippo Giunta, ha logrado batir las cifras de asistencia del año pasado, alcanzando los doscientos cincuenta mil espectadores. Pero en un festival dedicado al reggae y sus culturas y movimientos, resultó decepcionante para muchos de sus asistentes veteranos ver que el gran momento del festival estaba dedicado a una artista ajena a su cultura. El sábado era el día de Lauryn Hill, y se dejó notar en el número superior de personas que abarrotaban el recinto y en el tipo de público que se unió a los habituales habitantes del Rototom, gentes más tranquilas y sosegadas.

 

El recinto, a tope el sábado (Foto: Luca D’Agostino)

 

Con todo, el día volvió a dejar buenos momentos para la reggae people. Bajo el título “Everything is Great”, se celebró una mesa redonda con un invitado valiosísimo por su importancia en el desarrollo de la música jamaicana y por haber sido uno de los protagonistas del nacimiento del reggae, tal y como hoy lo conocemos: El señor Bunny Lee. Le acompañaron en su hijo Striker Jr y los miembros del grupo Inner Circle: Ian Lewis, 
Roger Lewis, Bernard “Touter” Harvey y Lancelot Hall. Entre risas y buen humor, estas leyendas vivas del reggae estuvieron compartiendo con los asistentes a la carpa de la Reggae University, recuerdos, ideas, impresiones y anécdotas de una vida pasada en el mismo epicentro del reggae. Recordemos que Bunny “Striker” Lee vivió su época dorada como productor durante el período de transición entre el rocksteady y el reggae, dejando grandes éxitos (le llamaban Mr Hitmaker) y ritmos que siguen vivos en la actualidad, ya que son recuperados una y otra vez por los artistas del dancehall. Sobre este aspecto, Lee comentó, sin cargar las tintas contra nadie, que es normal que esto suceda, porque la música que produjo estaba hecha con alma, por lo que es eterna. Lo que está por ver, dijo, es si estos artistas dancehall de ahora logran dejar un legado que viva tanto tiempo, porque tiene la impresión de que falta alma y amor en el dancehall jamaicano actual. Tras la charla, el productor de más de 74 años, estuvo cercano y amable con los fans, dejándose retratar y entablando conversación con quien se acercara.

 

Bunny Lee, una leyenda en la Reggae University (Foto: David Sandoval Cantos)

 

Mientras Mr. Lee saludaba y mostraba su cercanía, Inner Circle salieron para el Main Stage, donde abrían la programación. Esperábamos un reggae más blando y festivo, ese que parece grabado para anunciar cervezas en verano, pero, por el contrario, lograron lo que Shaggy había buscado histéricamente el día anterior: Llenar el recinto y ganarse al público con una gran fiesta. No se trató de mística rastafari, fue puro baile y diversión, pero de gran calado, muy bien realizado, sin caer en clichés y con estilo rub-a-dub, tan del gusto jamaicano durante los años ochenta. No faltaron dubs, algo de raggamuffin y efectos de sound system, que se entremezclaban fabulosamente con algunos de sus clásicos como su versión del clásico “Games People Play”, una impresionante “Bad Boys”, e incluso una dignísima versión de su megaéxito, la pegajosa “Sweat”, que en directo se situó en los terrenos del onedrop, mejorando infinitamente la versión grabada. El público entregado, los músicos encantados y cierre con broche de oro.

 

Inner Circle (Foto: Luca Sgamellotti)

 

A continuación pasaron por el escenario los franceses Danakil, una banda de largo recorrido, enclavada en la vertiente rasta del reggae, que ha girado a nivel internacional. Los vimos correctos, pero después de tanto concierto, el suyo quedó un poco gris, en tierra de nadie.

 

Danakil (Foto: Luca D’Agostino)

 

Y por fin llegó el turno en el Main Stage de la diva del soul revolucionario, del rap consciente y del activismo exhibicionista. Lauryn Hill tardó 45 minutos en salir a escena, mientras, en el escenario sonaban clásicos del rap y el dancehall, que no hacían prever lo que íbamos a ver. Al final, con un público entregado de antemano, a cantante salió con un vestido retro blanco y llenando todo el escenario con su presencia. El volumen era mayor que en los otros conciertos que hemos visto, por lo que resultaba casi imposible no moverse al ritmo que marcaba la banda.

 

Lauryn Hill (Foto: Liberto Peiró)

 

El show transcurrió entre temas soul de su disco “The Miseducation of Lauryn Hill”, canciones grabadas con The Fugges (como el estándar “Killing me Softly With His Song”), una versión de “Bang Bang”, de Cher y Sonny Bono, rapeos, baladas (marcaron un punto de bajada de intensidad importante) y una obsesión incompresible por homenajear a Bob Marley, del que llegó a tocar hasta cuatro temas (“Jammin’”, “Turn the Light Low”, “Is This Love” y “Could you be Loved”. Evidentemente, se trataba de enganchar así al público del Rototom, pero llegó a resultar cargante escuchar el último día de festival una selección de éxitos de Marley en clave reggae pop. Numeroso público abandonó el recinto antes de que acabara el espectáculo, buscando otras sensaciones por el resto de escenarios que estaban en marcha en aquel momento.

 

Lauryn Hill: soul y rap, pero poco reggae (Foto: Luca D’Agostino)

 

La cantante y el grupo lograron un sonido casi perfecto, bien armado, incontestable y que dejaba bien claro cuál es la diferencia entre una estrella y un aspirante. Ella desplegó su talento y energía. Demostró una gran eficacia tanto como cantante de soul como rapeando. Del lado negativo, la inclusión compulsiva de temas de Marley y el dudoso criterio de selección por parte del festival por incluir a una estrella innegable como Hill en un festival de reggae. Acabamos la noche vibrando en la Dub Academy, con un show mucho más profano pero cargado de vibes, como fue el de los franceses Stand High Patrol con Pupa Jim, quienes dieron una lección, desde los platos y micrófonos, de los nuevos caminos por los que evoluciona el dub de la mano de jóvenes europeos.

 

El sueño continúa (Foto: Violeta Palazón)

 

Terminado el Rototom, las ideas se agolpan en el cerebro, pero sobre todo hay una reflexión que nos queda clara: Los criterios de gestión de un festival son complejos, hay que equilibrar muchas facetas y satisfacer muchos intereses que viven en tensión, pero toda organización debe saber hacia donde va y, en caso de crecer, tener claro para qué quiere hacerlo y qué coste y riesgos conlleva. Larga vida al Rototom, punto de encuentro de tantas personas maravillosas y artistas cercanos al público. Un festival bien organizado, que ha logrado que el público se sienta bien tratado y atendido. Donde se tiene la sensación de vivir en la capital del reggae mundial y donde todo es posible. Si esa esencia se pierde algún día, Rototom se diluirá como un azucarillo, porque sin sus gentes no sería posible. Positive vibrations!

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