cabecera Kabaka Pyramid

CRÓNICA ROTOTOM: SÁBADO Y DOMINGO

El sábado 16 se dio el pistoletazo de salida para el Rototom, el encuentro mundial de las culturas del reggae. A las 16 horas todo estaba preparado en el recinto para el público, que a lo largo de dos días ha ido ocupando progresivamente un espacio que durante una semana funciona como una ciudad, una comunidad que convive en armonía y en la que se siente el respeto por el aspecto cultural de la Bass Culture.

 

Organizando los horarios (Foto: Luca Valenta)

 

Dos días en los que el tiempo, pese a lo que se temía, ha respetado al festival y ha permitido respirar a los presentes con una temperatura suave y agradable. Era rimera hora de la tarde y los asistentes se iban aposentando en el camping y esparciéndose como una mancha que lo cubre todo. A esas horas, lo más interesante ocurría en la carpa de la Reggae University, donde se proyectaba el documental “Born in Trenchtown”, con un sorprendente lleno, por el día y hora elegidos. Allí tuvieron lugar citas interesantes: Tras el pase, se presentó la ONG Trenchtown Town Reading Center, a través de su portavoz en España, Abril Mills. Por su parte, Donisha Prendergast, nieta de Bob Marley, exponía con pasión las causas que originado el movimiento Occupy Pinnacle, que lucha por preservar ese espacio emblemático para el colectivo rastafari en Jamaica (fragmentado en distintas facciones), ya que allí fundó Leonard Howell el primer asentamiento rastafari. En la actualidad, el Gobierno jamaicano, amparado en la legalidad, ha anunciado que apoya al propietario legítimo de las tierras en su voluntad de construir en la zona. Según explicó Donisha, detrás de la maniobra subyacen otros motivos, relacionados con castigar al movimiento rastafari y acabar con su rebeldía, como ha ocurrido en otros momentos de la historia desde su nacimiento. Junto a ella estaba el artista y agitador cultural jamaicano I-Nation.

 

Donisha Prendergast, nieta de Bob Marley (Foto: Luca Valenta)

 

La jornada no hacía más que empezar y las ganas de escuchar a los artistas programados se notaba en el ambiente. Tanto, que para el primer concierto, el de Cornell Campbell, ya se congregaba gran parte de los asistentes. El jamaicano ocupó el escenario con una estética que bebía directamente de la cultura disco de los años ochenta, derrochando negritud y glamour decadente. Comenzó echando mano de clásicos como “Queen of The Ministrels” y “I am The Gorgon”, entre otros clásicos de Studio One, para acabar con una apoteósica versión del clásico “100 Pounds of Collie”, con el público disfrutando al máximo. Junto a él, la banda, los británicos Soothsayers, le dio consistencia al show y dejó clara su sensibilidad para los sonidos más tradicionales. También repasaron temas de su último disco. Una gran manera de empezar la noche.

 

Cornell Campbell (Foto: Liberto Peiró)

 

Las nuevas generaciones se abrieron paso hasta el escenario principal cuando el rabioso Kabaka Pyramid salió al escenario enarbolando la etiqueta del llamado Reggae Revival. Demostró que le sobra potencia para poder aspirar, con algo más de rodaje y repertorio, a ocupar un lugar entre los grandes. Ofreció un concierto compacto, basado en las letras conscientes, la tradición del ritmo one-drop y los guiños al dancehall. Repasó temas de su disco “Lead The Way” y del anterior, “Rebel Music”.

 

Kabaka Pyramid (Foto: Liberto Peiró)

 

La conciencia y la militancia anticapitalista y rastafari de Kabaka Pyramid dio paso a la fórmula de éxito de Busy Signal, quien tras el buen sabor de boca dejado en el Rototom 2013 volvió a demostrar un poderío fuera de toda duda. Solvente y en forma, el artista repasó algunos de los temas de su último disco, “Reggae Music Again”, basado, en gran medida, en el reggae tradicional, aunque no descuidó su faceta dancehall, desgranando algunos de sus éxitos pasados. El público disfrutó de un espectáculo radiante y cargado de energía que alcanzó su punto álgido cuando sonó su éxito “Jamaica Love”, basada en el riddim de “Forever Young” (adaptación de la famosa canción de Alphaville). El desarrollo del tema fue ganando en intensidad y el público respondió al estímulo, porque la calidad lo merecía. Signal cerró su propuesta con toda la fuerza del dancehall, dejando al público en lo más alto.

 

Busy Signal (Foto: Liberto Peiró)

 

Y por fin llegó el momento más esperado, el de ver y oír a la historia viva del reggae, escrita en mayúsculas: Jimmy Cliff. La gran estrella de los setenta llegó cargadísima de energía, aunque su voz sufrió mucho y fue apagándose a lo largo del show, hasta puntos que llegaban a producir padecimiento al espectador. Pero su generosidad en la puesta en escena, dando todo lo que tenía para enganchar y entretener al público, junto con algunos guiños de calidad, apoyados en su repertorio, salvaron el show. Repasó sus éxitos y parte del repertorio de su disco “Rebirth”, producido por Tim Armstrong, cantante de Rancid (antiguo punk, ahora skinhead con interés por el reggae), con el que recupera el sonido del early reggae más estricto. Sin embargo, el directo no anduvo por esos derroteros en cuanto a textura y se situó más cerca del show de una estrella decadente del soul, anclada en una puesta en escena de enérgicos bailes funk y mucha energía positiva. La suya fue una propuesta luminosa y festiva, lo que en realidad es muy coherente con su esencia artística, la de un showman deudor del sentido pop del soul de los años sesenta y setenta.

 

Jimmy Cliff (Foto: Liberto Peiró)

 

No significa que no funcionara. Al contrario. Dentro de esos parámetros, Cliff se entregó por completo al público. Aunque es bien cierto que, en su ansiedad por conectar, en algún momento se deslizó por terrenos delicados e innecesarios, optando por recursos fáciles que quizá funcionen ante públicos generalistas, pero que chirrían en un festival de reggae, como la versión edulcorada de “Hakuna Matata”. Jimmy Cliff no necesita recurrir a esos trucos para levantar a un público entregado de entrada, le sobra repertorio y trayectoria como para ofrecer algo más puro. Dicho esto, necesario es destacar que también hubo lugar para la cultura y las lecciones de historia; hizo una versión del clásico “Rivers of Babylon” con una sección de tambores Nyahbinghi dándole todo el sentido (su grabación es una versión pop de un tema Nyahbinghi), cerrando así el círculo y haciendo llegar a las masas una muestra de esta cultura religiosa. También nos dejó algunos de sus temas ska, como la magnífica “Miss Jamaica”, recordándonos sus orígenes.

 

Otra imagen del show de Jimmy Cliff (Foto: Liberto Peiró)

 

El segundo día del festival la atención estaba puesta en el concierto de Beenie Man, el proclamado rey del dancehall, llegado de Jamaica para poner las cosas en su sitio y volver a revalidar su título. El concierto fue potente, y Man volvió a demostrar la altura a la que está como artista de dancehall, aunque en algunos momentos las fuerzas parecían abandonarle. No es raro, no paró de saltar, arengar, mover al público y cantar. Al final, obtuvo su recompensa y la conexión con el público funcionó a la perfección. Sacó a un grupo de bailarinas y pese a que por momentos desplegó una propuesta de dancehall accesible con tintes comerciales, no dejó desilusionados a sus seguidores más duros a base de temazos.

 

Beenie Man (Foto: Guillem Chesa)

 

Por el escenario principal había pasado antes Romain Virgo, el chico que enamora a las chicas con su estilo suave y elegante, deudor de la gran tradición de cantantes melódicos jamaicanos. El show discurrió por el terreno del dancehall más accesible, haciendo que la casa se viniera abajo al sonar su éxito “We No Worry Bout Them”. Gracias al trabajo y energía desplegada, Romain logró una conexión muy alta con el público que se entregó a su fiesta.

 

Romain Virgo (Foto: Carlo Crippa)

 

Y la sorpresa llegó con una artista electrizante e hipnótica, Mo’Kalamity, francesa de origen africano. Empezó su concierto en el Main Stage al principio de la noche, sin aspavientos, con una banda que suena a la perfección y que busca y bebe de los sonidos más cercanos al Black Power de los años sesenta, del soul-jazz y el funk, pasados por la tradición jamaicana. Una flauta travesera que sonaba perfecta ayudaba a crear ese sonido tan cercano a la blaxplotation. La presencia de la cantante sobre el escenario daba un nuevo sentido a lo que oíamos con sus bailes y manera de dirigirse al público. Pura belleza reggae, derrochando actitud y reivindicación. Una mujer fuerte, consciente, exultante y acogedora al mismo tiempo. El concierto de la noche.

 

Mo’Kalamity (Foto: Luca Valenta)

 

Otra de las sorpresas, de carácter menor, la dio el sound system Soulboys vs Rudeboys, que llenaron la carpa del Ska Club a pesar de coincidir en algunos momentos con Romain. Funcionó a la perfección su propuesta de pinchar clásicos de los sesenta y primeros setenta, seguidos de increíbles versiones sobre las que su DJ desplegaba sus habilidades como toaster (rapero) en el sentido más clásico del término, remitiendo a Dennis Alcaponne y los primeros DJ jamaicanos.

 

Soulboys vs Rudeboys (Foto: David Sandoval Cantos)

 

Han sido dos días que arrojan una asistencia de público destacable que permite ser optimista a la organización. Y aún falta por ver a muchos cabezas de cartel y participar en multitud de actividades, que conforman la programación de un festival poco habitual, por su amplitud de contenidos y su rigurosidad. Lo veremos y lo contaremos.

 

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