ZAHARA 940

CRÓNICA SHE’S THE FEST 2016

VIERNES

Este pasado fin de semana, el festival She’s The Fest volvía al Centro de Creación Contemporánea “Las Naves” de Valencia para celebrar su segunda edición. Este festival tiene como propósito la promoción del “talento femenino”, y por ello además de un cartel en el que las mujeres son las protagonistas, también se realizan actividades complementarias enfocadas a la misma filosofía como la proyección de las películas “Todos están muertos” de Beatriz Sanchís, “La Novia” de  Paula Ortiz y “Family Tour” de Nuria Gago, fruto de la colaboración del festival con la VII Muestra Itinerante de Cine Español Hecho por Mujeres; el Taller didáctico para niños “La arquitectura que baila de Zaha Hadid”; o la presentación de la Asociación de Mujeres de la Industria de la Música

La jornada de viernes, la música comenzó con Papaya en formato trío en el Escenario Terraza, y aunque en este primer concierto apenas llegaron a confluir unas cincuenta personas, la banda de Yanara Espinoza y Miguel Aguas – ambos también integrantes de Violeta Vil, proyecto mucho más rocoso que pudimos disfrutar la semana anterior en el Truenorayo Fest – demostró con brío ser una de las bandas más interesantes de esta edición. El coctel musical de Papaya le confiere una personalidad única y muy atractiva; desde la new wave y diferentes pasos por el pop de los 80, hasta la cumbia y otros ritmos de fino exotismo tienen cabida en unas canciones que transcurren en el filo de la sensualidad elegante. Su primer y único disco “No me quiero enamorar” fue una de las sorpresas del año pasado y, aunque no parece destinado al consumo masivo, les ha llevado entre otros a festivales como el FIB o el Sonorama.

Papaya / Foto: VikPamNox

Tras el exotismo pop de Papaya, llegó el turno de un folk pop algo más convencional de la mano de la jovencísima Chlöe’s Clue, que actuó con gran desparpajo acompañada de una banda de auténtico lujo formada por Alfonso Luna, Cayo Bellveser y Xema Fuertes, músicos con innumerables proyectos, como ser banda de Josh Rouse, que se encontraba entre el escaso público. Este alter ego de Raquel Adalid bien podría ser el recambio natural de una Russian Red que aunque vuelve a publicar disco está realmente a la fuga, puesto que su valor es la dulzura de su voz y las melodías. Las comparaciones son odiosas, pero Lourdes fue la primera figura musical en nuestro país en llevar el folk femenino al más puro pop, exento de reivindicaciones y quizá un tanto naïf – incluso coinciden en que muy pronto comenzaron a meter sus suaves canciones en la banda sonora de anuncios-.

Chloë’s Clue / Foto: VikPamNox

Aunque Ruth Baker Band podían haber sido el final perfecto de la jornada por la garra de su espectáculo, nos tocó verles poco antes de la cena. Posiblemente fueron los únicos de la jornada a los que el Escenario Auditorio no se les quedó grande, puesto que a base de energético soul rock lo llenaron de sobra. Si bien no inventan nada puesto que beben tanto musical como estéticamente de sonidos retro, conducidos por la espectacular voz soul de su cantante pueden pasar incluso por el blues o el garage de forma solvente. Además, aderezado todo por la brillante puesta en escena de la banda y la garra de una Ruth Baker que lucía esplendida con su look pin-up, dieron muestra de un curtido sentido del espectáculo que bandas de sonidos más modernos han olvidado por completo.

Ruth Baker Band / Foto: VikPamNox

De vuelta al exterior le tocó el turno a Terrier, una banda de Madrid que sigue creciendo con cada disco y que parece que con “La Plaga”, su último trabajo, han pasado a la primera división del garage lo fi que tan de moda se ha puesto en nuestro país. Sus nuevas canciones redoblan esfuerzos en las melodías pop y en sus juegos de voces, pero conservan esa estudiada suciedad en el sonido que buscan muchos nuevas bandas. Quizá ese lo-fi fue lo que les arrastró con una pésima sonorización a dar quizá un concierto fallido. Posiblemente el tocar en un espacio abierto exterior, o simplemente y llanamente la sonorización de su set, no fueron lo adecuado para que “Évoli” o “Benidorm”, por nombrar alguna de sus nuevas canciones, sonaran mínimamente bien.

Terrier / Foto: VikPamNox

El papel de cabeza de cartel de la jornada correspondía a la cantautora gaditana Carmen Boza, que salió sola con su guitarra al Escenario Auditorio para interpretar sus primeras canciones. Esto es algo ya habitual en sus conciertos y quizá refuerza su marca como cantautora y su garra como intérprete, dos de los valores en los que se fundamenta. Precisamente esa garra es la impresión con la que más fácil es quedarse al verla en directo; interpreta los temas con pasión y con ello logra transmitir la fuerza de unas canciones que respiran de aires del sur y que contienen algunos guiños latinos. Pero Carmen Boza no se limita a ser esa voz con la que viste las canciones, la destreza con la que toca la guitarra llena el escenario, y cuando se enfunda la eléctrica es capaz de crear atmósferas que pueden recordar a Jeff Buckley – quizá me haya lanzado a una piscina vacía, pero esa fue exactamente mi impresión viendo el concierto-.

Carmen Boza / Foto: VikPamNox

Si durante la jornada el público había sido escaso, durante la actuación de Brigitte Laverne parecía que aquello era una prueba de sonido. Con un talento indiscutible y con unas canciones sintéticas que nos recuerdan a el pop oscuro de los 80, defendieron como pudieron el desangelado panorama. Quizá haber reservado a Carmen Boza para la guinda – era indudablemente el reclamo comercial de la jornada –  hubiera hecho mantener a los que había en el festival hasta el final y hubiera sido mejor para todos, porque Brigitte Laverne también hubiera tenido la oportunidad de actuar ante más público. También influyó que entre los dos conciertos finales en el auditorio hubiera un parón de más de media hora sin alternativa musical –este año no se programaron DJs-, lo que invitó a los presentes a tener una excusa fácil para la escapada. Por otro lado, no entendemos como habiendo dos espacios diferenciados, no se alternan las actuaciones entre ellos, dejando tiempo suficiente para que se monten los diferentes sets.

SÁBADO

En la jornada matutina del sábado, además de las actividades complementarias que señalábamos al principio de la crónica, tuvieron lugar los conciertos de las bandas locales Mooflower y Mantequilla Voladora gracias a la colaboración del festival con Sona la Dipu. También la tarde empezaba con una de las bandas ganadoras del certamen musical de la Diputación de Valencia, Meridian Response, que también acercaron su sugerente dream pop a la pasada edición del festival.

Meridian Response / Foto: VikPamNox

El relevo vino de la mano de Carla, proyecto de exquisito pop electrónico de Carla Serrat y su hermano Toni, ambos hermanos de Joana Serrat, que estuvo presente en la pasada edición. De la música de Carla brotan sentimiento íntimos procesados y expresados con suma intensidad emocional, algo que viste muy bien tanto con Soledad Vélez que subió a acompañarles en una canción, como con Nuria Graham que lo hizo anteriormente en estudio. Su música destila melancolía, pero también sueños.

Carla / Foto: VikPamNox

El paso al Auditorio se produjo con la primera actuación de Morgan en Valencia. Un concierto en el que ya se pudo ver mucha más afluencia que la jornada anterior – visto lo visto el viernes, que el auditorio estuviera a mitad de aforo era un triunfo – y del que al acabar no se pararon de escuchar elogios por parte del público gracias al estiloso pop soul de la banda madrileña y de la aterciopelada voz de su cantante Nina, muy en el timbre de Nora Jones. Morgan es una de las nuevas bandas en boca de todos y su valor estriba simplemente en que combinan con elegancia pinceladas de jazz, pop, rock, soul o funky, y en la destreza interpretativa de sus músicos– es increíble lo mal que habla de algunas bandas que para definir a otra se remarque que tocan bien -.

De nuevo en el exterior, nos encontramos con el grupo londinense Peluché, única banda internacional de esta segunda edición –este año ni tan siquiera se ha hablado de país invitado-. La verdad es que teníamos muy pocas referencias de este trío de chicas jóvenes, pero casi mejor, porque la sorpresa fue muy agradable. Peluché desplego una amalgama de psicodelia sintética, dub, pop de paisajes oníricos y armonías interminables que por un momento nos llevaba a Animal Collective o Vampire Weekend, como en otros a Talking Heads; un eclecticismo gratamente inspirador, que las convierten en la sorpresa de este segundo She’s The Fest.

Peluché / / Foto: VikPamNox

Zahara era el mayor reclamo para mucho del público asistente, algo comprobable de manera tangible con ver la cantidad de gente que congrego ante su escenario, aunque el aforo del auditorio no estaba ni mucho menos lleno. Estos dos últimos años, la artista de Úbeda se ha curtido actuando en montones de festivales, colaborando con innumerables artistas y paseando sus canciones por multitud de plazas. Tiene un gran desparpajo para interpretar indie pop de amplio espectro y su público recibe muy a gusto sus retazos acústicos de pop melancólico, por eso, y porque tiene muchas tablas interactuando con los espectadores, tiene un hueco reservado en la zona media de cualquier festival indie que se precie.

Zahara / Foto: VikPamNox

Tras Zahara llegaron los jóvenes vascos Rural Zombies, una banda que incita al baile y con la que ya nos lo pasamos muy bien en el pasado Ebrovisión en Miranda de Ebro. Su música sería una perfecta combinación entre otras dos bandas del País Vasco, como son WAS y Belako, y emulando el triunfo de estos últimos en la pasada edición, pusieron a fluir la adrenalina para que Fuckaine remataran el momento final del festival. El dúo madrileño, formado por Tábata Pardo – hija de Fernando Pardo de Sex Museum – y Fran Meneses, encajaba a la perfección para finalizar la jornada con su esquizofrénico rock bailable de influencias infinitas, en las que entran rave dance, punk funk, psicodelia electrónica o el noise. Así terminó una segunda edición del She’s The Fest a medio cuajar, que ni mucho menos creció con respecto al año pasado – menos grupos, actividades y público- y que parece haberse puesto en modo letargo esperando consolidar marca o encontrar un empujón de patrocinio que les pueda hacer sostenibles.

Bueno, he dicho terminó y no es cierto, se vistió de post party electrónico el cartel de la discoteca La3 con las sesiones de las DJs María Forqué, Ladrillovitz e Indira Paganotto.

CRÓNICA SHE’S THE FEST 2015

ENTREVISTA A ZAHARA

 

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