Mario Franco - The National (Undercreatives Productions) portada

CRÓNICA SOS 4.8 2015: SÁBADO

Al parecer formaba parte de una acción literaria. Alguien se acercaba como para pedirte fuego y, grabadora en mano, te espetaba: ¿el indie ha muerto? Dependiendo de la respuesta entraba una segunda cuestión acerca de su cadáver. Al parecer hubo mayoría de enterradores y de filósofos del caos pero, paradojas del mundo del rock, esto ocurría precisamente en un festival que despedía su octava edición en loor de multitudes, superando por segundo día consecutivo los 30.000 asistentes. Precisiones lingüísticas al margen, una cosa parece clara: este muerto está muy vivo.


La segunda jornada del SOS 4.8 se despertó perezosa. El programa no era tan bueno como el de la inicial, pero no fue éste el motivo del lento goteo de espectadores sino la feliz resaca del día anterior. Correos, Los Fresones Rebeldes y Alborotador Gomasio se vieron bien arropados en los Aperitivos SOS y hasta casi tres centenares de personas se acercaron a escuchar el levantamiento del cadáver indie en la mesa redonda sobre festivales, hipsters y otras barbas protagonizado por Víctor Lenore, Tomás Fernando Flores, Gerardo Cartón, Marisol Salanova y Marc Gili (Dorian) en la zona de ‘Arte y Voces’. Alguien afirmó que Camela mola y esto borró de mi disco duro el resto de conclusiones, si es que las hubo.

Juventud Juché rompieron las hostilidades acústicas. El sol en lo alto nunca ha sido el mejor acompañante del punk-rock, ya lleve prefijo art o post, pero el grupo madrileño casi provoca un eclipse con su directo dinamita. Dos bloody-mary más tarde, Murciano Total ofrecieron la mejor actuación que les recuerdo hasta la fecha. Es una propuesta llevada al directo hace poco tiempo que por fin parece cuajar. Sus ‘Quereres y dejenes’ cada vez trazan mejor. Mi Capitán inició la serie del escenario principal de manera correcta. Todos son veteranos del cadáver, digo del indie, y aunque su aportación al pop-rock no tiene visos de pasar a los anales, se dejan escuchar bien. Tanto como unos Nunatak que están en su año del despegue y que contaron con el favor de un buen número de espectadores. El pop-folk soleado de los murcianos transmite un buen rollo que se traduce en conexión directa con el público. Como tengo el don de la ubicuidad -son muchos años muriendo- aún me dio tiempo a degustar el tecnopop de El Último Vecino. De buena factura y filiación 80s, más deudor de La Mode que de Orange Juice.

Y en éstas llegó Dorian. Su pop de melodía elemental y presunta intelectualidad postadolescente siempre me ha parecido un tanto sonrojante, pero no se puede negar el buen sonido de su discurso aseado, afeitado, perfumado y permanentemente recién peinado. No se despeinan ni con un huracán. La calidad de sus canciones es otro asunto del que no voy a hablar dada su ausencia elocuente. Igualmente me cuesta apreciar el valor del sentido del humor a la madrileña de Los Punsetes y su propuesta de hieratismo supuestamente indie-punk. A mucha gente le gusta y a muchos compañeros de la crítica también, así que su aquél tendrá, aunque yo no se lo acabe de ver. Y mira que lo intento. El de Disco Las Palmeras! en cambio da igual que lleves gafas de pasta porque te salta al cuello y te mete en la cara antes de darte tiempo a valorar. Que ahora hayan bajado un punto al volumen de sus guitarras y subido otro al factor melódico vocal me parece un acierto, aunque hay que decir que el sonido les fue de menos a mucho menos. Cosas del escenario underground (Jäggermusic), supongo.

Los Punsetes

La caída del sol se agradeció notablemente, casi tanto como el primer gran concierto de la jornada, el de Temples. Visualmente poderosos, estéticamente atractivos y sonoramente categóricos, se agradece que el pop psicodélico de los ingleses gane dos puntos de impacto en directo con respecto a su muy interesante pero nada novedoso único álbum, ‘Sun structures’. Su discurso está muy claro, casi demasiado. Se trata de revitalizar -aquí, eludiendo la palabra revival- la psicodelia más amable de finales de los sesenta, sin ningún atisbo de mal viaje o factor inquietante. Es una de las diferencias que los distancian de contemporáneos más audaces como Pond, Tame Impala o TOY. Temples sonaron de lujo, el suyo es un directo concluyente y con pocas tachas o ninguna. Lo que no evita la percepción de ‘dejà vu’, así como una cierta sensación final de linealidad. Están muy bien, se me van a olvidar pronto.

Temples

La de Glass Animals es una oferta bien diferente e igualmente disfrutable. Se aprecian las influencias de Kanye West, de quien adaptaron su ‘Love lockdown’, del trip-hop más amable de final de los noventa -más Morcheeba que Tricky, para entendernos-, de aquel neosoul que nunca acabó de ser soul… Pero su sonido se aprecia más contemporáneo. Abrieron con ‘Psylla’ y desde Black mambo’ se vio que Dave Bailey estaba disfrutando a modo, embebido en su canto de textura ensoñadora. Ladies and gentlemen, we are dancing in space. Un concierto muy interesante, cautivador. Con ‘Gooey’ tuve un flashback y por momentos creí que me había subido la pasti del 99.

Y así, medio flotando, me trasladé hasta el escenario Estrella de Levante para despertarme con una ducha de contundente realidad: la de las 20.000 personas (¿seguro que no eran más?) que bailaban, cantaban y levantaban los brazos al son de las canciones de Lori Meyers. No iré de guay, conseguir eso es extremadamente complicado y tal vez un fenómeno más merecedor de análisis que si la abuela del reguetón fuma. Ni Morrissey o The Vaccines lograron semejante feedback popular. Los granadinos tienen un directo muy bueno en el que, esto sí, el factor riesgo brilla por su ausencia. Hit tras hit hasta la goleada final. Me parece bien, son suyos, aunque el hecho de haberlos visto siete veces en los últimos tres años y con prácticamente idéntico repertorio les resta algo de mérito. Arropados por un gran despliegue visual -que no ganará premios de arte-, sonaron las de siempre, desde ‘Luces de neón’ hasta ‘Mi realidad’, ‘Planilandia’ o ‘Emborracharme’.  Para pensárselo.

Lori Meyers

I’m From Barcelona son tan suecos -y por tanto felices- como todos los grupos suecos -y por tanto felices-, pero la banda de 14 piezas liderada por Emaniel Lundgren añade algún acento folkie, es menos saltarina y un poco más… cómo decirlo, Viva la Gente. No sé, bien, supongo, quiero decir… Tampoco vi mucho porque enseguida comenzaba el que debía ser y fue el gran concierto de la jornada, el de unos imponentes The National. Con un gran despliegue visual -ahora sí, mucho más arty-, su directo fue introducido con los acordes de ‘Riders on the storm’, de The Doors. Abrieron con ‘Don’t swallow the cap’, siguieron con ‘I should live in Salt’ y por fin logré cerrar la boca (y abrir los ojos) a la salida de ‘Bloodbuzz Ohio’. Imponentes. Oscuros. Dramáticos. Y menos americana, de hecho nada americana, de lo que pensaba. No sé si Matt Berninger sufre tanto como parece, pero que no se cure nunca. ‘Abel’ sonó grandiosa y ‘I need my girl’ me robó un par de lágrimas. Transformada en catarata cuando cerraron con ‘Terrible love’. Antes de ello, alguien me esbozó el esperado “no es un grupo festivalero”. Y, claro, sacó el Bruce Lee que todos llevamos dentro. The National justificó la segunda jornada del SOS4.8.

The National

Apenas pillé cachito de Étienne de Crécy y su espectáculo Superdiscount 3, pero tenía muy buena pinta. O cómo provocar el baile desde una cierta elegancia y desde unos bajos turbadores que ganan al habitual bombo a negras. Desde la cabina, Digitalism me devolvieron al mundo real, así que  imité a ET y me fui a mi casa, con el teléfono y mi cabeza ya sin batería. El SOS 4.8 mola mucho.

Fotos: Mario Franco /Undercreatives Productions/SOS 4.8

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1 comentario
  1. surferman says:

    Muy buena crónica, sobre todo por el tute que tienes que darte para poder ver todo. Discrepo sobre lo de Lori Meyers. La culpa es de que repitan repertorio no es de ellos más que de la gente que cada día más parece estar desenganchada de lo maravilloso que es descubrir música nueva.

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