DamonAlbarn

DAMON ALBARN: UN MUTANTE INSACIABLE

Cuando Damon Albarn apareció en la escena musical británica de la mano de Blur, el cuarteto que había fundado junto a su amigo Graham Coxon, nadie imaginaba que pronto se convertiría en una de las figuras centrales del llamado brit pop que conquistó los oídos del mundo en la década de los noventa, ni mucho menos presagiaba las varias encarnaciones que este rubio londinense de clase media asumiría en una carrera tan zigzagueante como sorpresiva. Carrera larga y fructífera, asimismo, que ahora desemboca en su primer título como solista, Ordinary Robots, que verá la luz en fecha próxima.

Obviamente, lo primero que viene a la cabeza cuando uno se refiere a Albarn es Blur, particularmente los álbumes del grupo que afianzaron su credibilidad como compositor. Parklife (1994), su primer gran disco —tercero en su cosecha—, aquel que abría con una de las canciones más emblemáticas de su inventario: la bailable y poderosa “Girls & Boys”; el mismo que ratificaba sus intereses artísticos, en los que no había una preocupación por afianzar un sonido sino, por el contrario, reinventarlo de las más distintas maneras posibles. También el álbum epónimo de 1997, en el que una vez más Blur se mueve hacia nuevas sonoridades, indagando en vertientes en las que no habían experimentado anteriormente, yendo de la psicodelia al trip hop, y anunciando con ello el eclecticismo en el que Albarn deseaba desarrollarse. O bien 13 (1999), uno más que ejercita su capacidad para seguir sumando recursos a su paleta musical, en este caso el gospel que marca “Tender”, su tema inicial, o la electrónica de corte atmosférico de “Battle”, muy influida por William Orbit, quien se encargó de producirlo.

Si bien Blur significó para Albarn una plataforma de creación donde experimentar con cuanto sonido le viniera en gana, fue la disolución del cuarteto otro pretexto para continuar mutando. Prueba de ello es la maquinación de Gorillaz, la primera “banda virtual en la historia del rock” —así la definía su propio autor—, un concepto tras el cual, además de componer desde distintas perspectivas y arrimarse a otros estilos como el hip hop y el funk, Albarn pudo asociarse con una larga lista de colegas con quienes deseaba colaborar: Miho Hatori (Cibo Matto), Neneh Cherry, Roots Manuva, Bobby Womack —a quien en 2012 le produjo el álbum The Bravest Man In The Universe— y Lou Reed, entre otros.

Gorillaz además le posibilitó a Albarn acercarse a renovadoras formas de interacción con su audiencia, echando mano de los recursos visuales que una agrupación hecha con dibujos animados suponía: innovando lo mismo desde el escenario durante la gira del disco Demon Days (2005), que a través de internet tras el lanzamiento del álbum conceptual Plastic Beach (2010), uno de sus trabajos más aclamados y exitosos.

Pero la compulsión que Albarn tiene por transformarse no se ciñe sólo a lo realizado con Blur y Gorillaz. De igual manera unió fuerzas junto a tres instrumentistas de prestigio: el bajista Paul Simonon (The Clash), el baterista Tony Allen (Fela Kuti) y el guitarrista Simon Tong (The Verve) para dar vida a The Good The Bad & The Queen. Y, en esa búsqueda por diversificarse, asociado con Allen y Flea (Red Hot Chili Peppers) creó Rocket Juice & The Moon. Con ambos proyectos editó discos en 2007 y 2012 respectivamente.

La música africana ha sido otro de los intereses que han inspirado a Albarn. En 2002 ésta lo llevó a Mali, donde grabó un álbum en colaboración con Afel Bocoum y Toumani Diabaté, de nombre Mali Music. Años más tarde, en 2011, el inglés retornó a África donde, con la ayuda de varios productores electrónicos —Dan the Automator y Kwes, entre ellos—, grabó en el Congo Kinshasa One Two, una recopilación que presenta interpretaciones de una larga lista de músicos locales.

Súmese al currículum de este insatisfecho su trabajo en bandas sonoras como la realizada junto a Michael Nyman para la cinta Ravenous de Antonia Bird, a la par de la composición del soundtrack de 101 Reykjavic del islandés Baltazar Kormákur. No se olvide la música para la puesta en escena de Monkey: Journey to the West, ni sus varias colaboraciones con el proyecto Massive Attack.

Por si todo esto no bastara, en 2012 dio a conocer el que muchos consideraron su primer álbum como solista: la música para la ópera Dr. Dee, basada en la vida del matemático y astrónomo inglés John Dee. Una obra en la que el folk se acerca a la música clásica y para la cual trabajó con la Orquesta Filarmónica de la BBC y algunos de sus colegas más cercanos como Tong, Allen de nuevo y el también africano Madou Diabaté.

Muy pronto Albarn ofrecerá su renovado rostro, a partir del lanzamiento de Ordinary Robots. Un disco que parte de los recuerdos de sus días de infancia y adolescencia en el suburbio londinense de Leytonstone, así como en los poblados rurales de Colchester y Aldham, donde el músico vivió antes de encontrarse por azar con Graham Coxon y soñar con querer formar una banda de rock. Una ocasión más para atestiguar hasta qué punto será extraña la encarnación que asumirá ahora este insaciable mutante.

Enrique Blanc

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