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DELESTE FESTIVAL 2O15: CRÓNICA SÁBADO

Si la primera jornada destacó por lo bien compensado de un menú variado y heterogéneo, esta segunda se fundamentaba en un plato principal con guarnición; Low y el resto.

Este segundo día de festival se celebró la matinal popular en forma de Deleste Kids, con las actuaciones de Ramírez, que demostró que es una de las perlas pop de la temporada y que actuó por primera vez con batería –Alfonso Luna de Tachenko y Maronda-, y La Habitación Roja haciendo el repertorio de versiones que ofreció en el Sonorama en la Plaza del Trigo. Uno de los aspectos reseñables del Deleste 2015 es el éxito de esta jornada matutina, donde docenas de niños, en una Rambleta con el aforo completo –una larga cola esperaba en la puerta para que les dejaran entrar al ritmo que marcaba, con cuenta gotas, la gente salía del recinto-  disfrutaron de versiones desde Joy Division hasta Radio Futura, pasando por Stone Roses, The Cure o The Smiths. Es prioritario crear cantera y, mientras la legislación sigue vetando el acceso a los conciertos de los menores, es necesario que se haga el esfuerzo de proponer actividades musicales que puedan disfrutar los niños.

La Habitación Roja en el Deleste Kids

El saque de honor de la jornada vespertina fue responsabilidad de Mist presentando “The Loop of Love”, su regreso al mundo discográfico después de siete años. El holandés Rick Treffers, flanqueado por Gilberto Auban, Remi Carreres, Sergio Devece y Javi Galope, magníficos músicos valencianos que lo mismo valen para un roto que para un descosido, repasó sus nuevas canciones demostrando que su centro de gravedad permanente son el romanticismo melódico y la elegancia pop. Es una suerte que músicos foráneos como Treffers, al igual que Josh Rouse o Soledad Vélez, elijan Valencia como centro de operaciones.

Mist

El Auditorio cobró vida con la actuación de La Familia del Árbol, que también presentaban disco. “Odisea” es un segundo trabajo que continúa el naturalista camino de folk y pop psicodélico que trazaron con su debut, “La montaña y el río”. El preciosista sonido de la banda de Elche, sobre todo la voz de Nacho Casado, relucía exquisito en la sala idónea y necesaria para ello. Viajes oníricos con feliz vuelta a casa, melancolía positiva y una riqueza armónica que si vinieran firmada por Midlake sería tomada como referencia del buen gusto.

La Familia del Árbol

A Ocellot ya les habíamos visto en el Vida Festival y el FIB de este año, donde nos sorprendieron por su lisergia pop y una suerte de psicodelia magnética con juguetonas texturas sintéticas; experiencias psicotrópicas naturales con solo la cara de la moneda, la que sonríe. Ya se llevaban tres bandas en el día y a pesar de un buen hacer innegable, el río simplemente fluía; McEnroe tampoco iba a cambiar la dinámica.

Ocellot

Si El Último Vecino llegaron la jornada anterior montados en un Delorean desde 1985, McEnroe lo hizo desde 2013 y prácticamente en la misma posición que entonces. Este fue un concierto que encandiló a los fans ya adquiridos pero que no sumó en adeptos a la banda; hace dos años ya se gastó la bala del factor sorpresa. Poco o nada ha cambiado desde entonces, solamente dos años y un disco, algo que debería ser significativo pero que no se apreció sobre el escenario. “Rugen las Flores” ahonda en el camino lírico de  “La Deriva”, poniendo en común y sobre la mesa un universo introspectivo y melancólico que para algunos tan fácilmente atrapa como para otros repele.

Ocellot

La misión de El Páramo era la de repetir la arrolladora conmoción de Toundra dos años atrás. Pero eso es lo mismo que decirle a alguien que el sábado no quede a cenar porque le vas a dar una fiesta sorpresa. La magnífica efectividad y el consabido efectismo de Toundra estuvo en boca de todos al finalizar la edición de 2013, pero realmente no caló tan hondo como para sumar adeptos al post rock metálico, teorema demostrado al ver que El Páramo no congregó ni a la mitad del aforo del Auditorio. Algo similar desgraciadamente pasará con Pep Gimeno “Botifarra”; “¿Te acuerdas de como moló el Botifarra en el Deleste?, le dirá un indie a otro dentro de unos meses mientras comen un niguiri de pez mantequilla y se descargan el nuevo remix de El Columpio Asesino de Elyella Djs. A todo esto, también hay que decir que El Páramo carece de la sutileza sónica de Toundra y que puede que no hubieran salido del recuerdo para grabar un segundo disco sin el triunfo y repercusión de los primeros.

El Páramo

Y si la tarde fluía con una sensación de imperturbable calma, Exsonvaldes no habían venido para hacer que eso cambiara. Los franceses son placebo, pero no la banda, el término farmacéutico. Pop tan ligero y elegante como inocuo y dócil. Si tuvieran que romper una frágil copa de fino cristal tirándola contra el suelo, sin lugar a dudas rebotaría sin un rasguño. Es lo que pasa cuando le quitas el fuego a Phoenix, te quedas con el pájaro y te das cuenta de que tras las llamas no hay un águila.

Exsonvaldes

Todo lo anteriormente acontecido perdía valor ante la expectación del concierto de Low, banda de referencia del slowcore de los 90 pero que continúa su efectivo e imperturbable discurso con magníficos artefactos como “Ones and Sixes”, publicado este mismo año. En un auditorio en el que no cabía ni un alfiler, disfrutamos del mejor concierto del festival y de los cuatro años de Deleste. A maza y escobilla y con los dedos desnudos, como su música, Low demostraron que la actitud y la tensión no es solamente patrimonio del sudor y la velocidad, y que el susurro y la mesura pueden decir tanto o más que el grito y el desatino. Juegos de voces cristalinos, cadencias áridas e hipnóticas, dinámicas arrolladoras que los convierten en sirenas y a los espectadores en marineros indefensos. Imperturbables sobre el escenario cual filósofos patafísicos, formularon la excepción, la que nadie se creía hasta que bandas como la suya aparecieron, que la calma es trasgresora.

Low

Con todo respeto, tras lo visto con Low, lo que vino después carecía de importancia; Los Tiki Phantoms pusieron a la gente a bailar a base de surf rock juerguista, con la misma sensación de que llegan los deportes en el telediario tras un sobrecogedor reportaje sobre un terremoto en Argelia.

Los Tiki Phantoms

Tras los terroríficamente enmascarados, llegó el turno de El Chico Biónico Dj aka Gerardo Cartón y los Atomos Djs para poner punto y final con un ecléctico y descacharrado popurrí sonoro a una cuarta edición del Deleste Festival que nos deja para el recuerdo dos actuaciones memorable – Low y Pep Gimeno “Botifarra”- un puñado de estupendos conciertos – La Habitación Roja, Perro o Mourn- y la sensación de un resultado favorable pero pactado. Todo trascurrió como estaba previsto, los nombres avalaban las propias actuaciones y nadie se salió del guion, ni por arriba, ni por abajo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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