dover slider

ENTREVISTA A DOVER

“Complications” es el nuevo disco de Dover, la banda madrileña que siempre tendrá un lugar en la historia por haber roto el techo de ventas de un sello independiente en nuestro país. Llega cinco años después de “I ka kené”, un experimento a base de sonidos africanos que no obtuvo el beneplácito del público, y supone un regreso al robusto rock de guitarras que les caracterizó en sus comienzos. Hablamos con Cristina Llanos, vocalista de un grupo que completan su hermana Amparo (guitarra), Samuel Titos (bajo) y Jesús Antúnez (batería), y que este verano pasará por Contempopránea (Badajoz), No Sin Música (Cádiz), BBK Live (Bilbao) y el Festival Gigante (Guadalajara).

¿Este disco supone un regreso al origen?

No, eso no se puede hacer nunca. Puede tener puntos en común, porque volvemos a hacer rock, eso seguro, pero no se puede volver al principio, ni forzándolo. Es un disco de rock de Dover, y por lo tanto suena a nosotros, pero está hecho en 2014, no se podría haber hecho en ningún otro momento. Canciones como “Too late” o “Complications” no hubieran estado en “Devil came to me”, y muchísimo menos en “Sister”.

El álbum llega después de una gira en la que celebrasteis el vigésimo aniversario de “Devil came to me”. ¿Influyó de algún modo a la hora de orientar el sonido?

Cuando decidimos hacer la gira aniversario de “Devil came to me” ya había pasado suficiente tiempo como para que nos apeteciera hacer rock otra vez. Teníamos ganas. La verdad es que ni lo decidimos ni lo hablamos, salió de manera natural.

Han transcurrido cinco años desde “I ka kené”, más tiempo que nunca. ¿Por algún motivo?

La vida en sí. Cuando eres más joven, quieres hacerlo todo más rápido, no dejar pasar tanto tiempo entre un disco y otro, para que la gente no se olvide de ti… Luego le vas dando menos importancia. Van surgiendo otras cosas en tu vida que pueden provocar que el proceso sea más lento. Cuando empezamos a ensayar “Devil came to me” para la gira era cuando nos tocaba ponernos a trabajar en el disco nuevo, pero no nos apetecía, y preferimos esa otra opción. Además, como la gira fue muy bien, la prolongamos dos años. Entre una cosa y otra…

¿No hubo ninguna reflexión ni replanteamiento de la banda sobre la dirección a seguir? Siempre habéis hecho lo que habéis querido, pero es evidente que “I ka kené” no funcionó.

Nosotros hablamos, pero no en esos términos. Podemos comentar las críticas más salvajes por parte de la prensa, pero que al público no le guste, no. No somos tontos y sabemos que eso siempre es una opción, pero hagas “I ka kené” o cualquier otra cosa. Puede no interesarle a nadie y ser un fracaso comercial. Lo aceptamos y ya está. Lo que nunca vamos a hacer es replantearnos nuestra carrera en función de lo que le pueda gustar al público. Eso no es posible. Puedes grabar un disco de rock y comértelo con patatas. “Sister” no interesó en su momento y “The flame” tampoco. Es un álbum del que nos sentimos orgullosos, pero cuando lo hicimos estábamos cansados. Por eso luego surgió “Follow the city lights”. Llegamos ahí de manera natural, como consecuencia del cansancio de hacer discos de rock uno detrás de otro. En este caso, éramos muy conscientes de que no había interesado “I ka kené”, pero no nos hacía falta hablarlo, ya nos dábamos cuenta.

¿Volvereis sobre ese tipo de sonidos?

Eso no lo podemos asegurar. A mi hermana le siguen interesando un montón y toca con mucha frecuencia ritmos de guitarra caribeños. “Follow the city lights” fue un solo disco, no quisimos hacer una secuela. Si Amparo no hubiera conocido a un chico de Mali probablemente nunca hubiera surgido “I ka kené”, por eso es imposible saberlo, muchas veces la inspiración viene de lo que te está pasando o el lugar donde estás.

¿Sacasteis alguna conclusión de aquel disco? Salvando todas las distancias, cuando Damon Albarn se interesa por África se acepta bastante bien, pero cuando lo hace Dover o Revólver (con “Argán”) se generan reacciones especialmente virulentas. ¿Lo entendéis?

Una cosa es cómo traten en la prensa a Damon Albarn y otra cuánto ha interesado al público su incursión en la música africana, porque, en general, suele respetarse más cuando viene de los propios africanos o se sitúa en terrenos de músicas del mundo. Muchos artistas han tenido un momento de música africana, porque es muy atractiva y encandila, pero en general el público se aburre ante el término, sobre todo si esperan otra cosa de ti. Damon Albarn había dejado Blur hace mucho tiempo, y un artista en solitario que hace sus propias elucubraciones está mejor encajado. Si lo hubiera hecho con Blur, vete a saber lo que hubiera pasado.

El nuevo disco se llama “Complications”. ¿Refleja el título su proceso de creación?

La verdad es que no, todo lo contrario. Ha sido el que más rápido hemos hecho, de manera muy fluida. Tardamos casi más en grabarlo que en componerlo. Empezamos en febrero y estaba terminado en abril. “Complications” era un título que encajaba bien, es fácil de pronunciar, puede dar lugar a muchas interpretaciones y todo el mundo tiene complicaciones en su vida. Y contenía esa terminación en “ation” que conectaba con el toque de finales de los ochenta que tiene en mi cabeza; era una época en que se utilizaban mucho las palabras con esa terminación. Al mamar de ahí, me salía en las letras de manera inconsciente. Representaba bien la idea que teníamos del disco.

¿Esa época es la de The Cars, a los que has citado en alguna ocasión como influencia directa?

Sí. Cuando me puse a hacer canciones, en vez de hacerlo como toda la vida, con la guitarra acústica, empecé con la eléctrica. Me compré un amplificador pequeño de una marca que se dedica, sobre todo, a fabricar pedales, y tenía puesto un efecto que no sabía quitarle, así que sonaba mucho a los ochenta, con una reverb muy marcada. A raíz de eso, me puse a buscar por internet cosas que me sonaban de manera similar, como The Cars o Joan Jett. Y de ahí surgió.

Teniendo esa información, se explican canciones como “Four to the floor”. Pero “Too late” suena más cerca de Veruca Salt o Hole, los referentes de vuestros inicios.

Para mi este disco tiene influencias de los grupos de pop rock de finales de los ochenta y de la parte más pop del grunge, que, efectivamente, incluye a Hole, Veruca Salt, Breeders o los Nirvana entre “Bleach” y “Nevermind”, donde pese a las guitarras había un giro hacia el pop.

Hubo quien os echó en cara vuestra devoción por Nirvana, pero ahora nadie discute que es una de las bandas clave de los noventa.

A nosotros se nos ha echado en cara hasta la muerte de Manolete (risas). Con Nirvana siempre ha habido respeto, pero a finales de los noventa hubo un momento en que decir que tenías influencia suya no quedaba bien. Había una saturación con el tema y estaban de moda bandas como Prodigy. Las cosas siempre se aprecian de otra manera con el paso del tiempo y mayor perspectiva.

En ese sentido, ¿cómo juzgará la historia a Dover?

No tengo ni idea. Creo que la historia no juzga a nadie. Estás ahí, haces tu trabajo y luego nos vamos a morir todos y ya no importa nada.

¿Con cada disco se parte de cero?

De alguna manera, sí. Partes de cero porque tienes que componer repertorio nuevo e intentar no repetirte. Pero, al mismo tiempo, cuentas con la experiencia previa. El tiempo ayuda en ese sentido, porque sabes mejor cómo hacer las cosas. A veces no tenemos ni que hablar en el local de ensayo. Otras, parece que no se te va a ocurrir nada. Pero de repente oyes a The Cars, un grupo que no habías escuchado nunca para hacer un disco, y surgen cosas que te llevan a otras melodías.

Habeis pasado por dos reinvenciones. ¿Habrá más?

Nos sentimos cómodos, pero es imposible adivinar el futuro. ¿Por qué no? Si seguimos más tiempo, lo normal es que vuelva a pasar algo así, porque volveremos a aburrirnos y sentirnos estancados. La vida es cambio continuo. Incluso aunque uno no lo note.

Amparo es una de las muchas personas entrevistadas en “Pequeño Circo”, el libro sobre la historia del indie español. ¿Os sentís parte de esa escena?

Formamos parte del indie, sí, y funcionábamos como tal. De hecho, no solo éramos independientes con respecto a la industria mainstream, con la que no teníamos nada que ver en aquel momento, sino con respecto a la industria independiente. Más indies que nosotros no hay nadie (risas). Era lo que queríamos entonces, pero es que nosotros pasamos prácticamente de cero a mil. Nos costaba mucho tocar, y aspirábamos a llegar al nivel de Sexy Sadie, que por aquella época tenían muchos conciertos.

¿Cuál ha sido el mejor y el peor momento en la carrera de Dover?

El peor, seguramente ese, el hecho de no poder tocar. Con “Sister” era lo suyo, pero con “The flame” o con “I ka kené”, como no hubo respuesta de público, inevitablemente nos salió menos trabajo. Eso es complicado. Pero me da apuro quejarme, porque, en general, todos estos años nos ha pasado lo contrario. Y lo mejor, el hecho de haber podido tener una carrera larga, aunque el punto álgido es “Devil came to me”, que sigue siendo un milagro, un sueño del que no quieres despertar. Pero no fue un sueño, fue real. Y es imborrable. Cambió nuestras vidas para siempre.

valora la calidad de este contenido
1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (Aún no hay valoraciones)
Loading...Loading...
0 comentarios

Escribe tu comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Agradecemos tu participación.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

8 + diecisiete =

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>