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ENTREVISTA A L.A.

L.A. acaban de publicar su cuarto disco,“From the city to the ocean side”, en el cual Luis A. Segura, cantante y compositor de la banda, ha escapado a la California de Big Sur para concebir y grabar junto a Matt Wignall otro trabajo de puro sabor americano. Hablamos con él de sus escapadas al otro lado del océano, de este nuevo álbum y del futuro cercano de una banda que estará en multitud de festivales esta temporada, entre ellos el FIB, el Low Festival, el Santander Music y el Dcode.

¿Cuándo te marchaste a Estados Unidos para grabar este nuevo trabajo ibas totalmente en blanco? ¿No tenías vértigo de estar allí y no ser capaz de poder crear un disco?

Para mí las escapadas a Los Ángeles son resets. En el viaje voy quitándome cosas de encima y una vez llego allí soy L.A. Estoy solo, no tengo preocupaciones. Aquí tengo una niña pequeña y desde que soy padre en Mallorca estoy 24 horas con ella y mis cosas de casa. Para mí el hecho de poder irme a un sitio donde nadie me conoce, donde no tengo reuniones, no tengo que estar pendiente de mi familia y demás, me abre la puerta a explayarme. Así que no es que vaya a ver qué pasa, voy a encontrarme a mí mismo. No voy a escribir un disco con una fecha de entrada, además este disco salió de repente, sin esperarlo. No tenía canciones hechas, estábamos en medio de una gira, paramos a hacer unos ensayos, en un ensayo salió una canción, y Matt que es el dueño del estudio se puso a grabar, nos gustó y pensamos en seguir haciendo algo más. Se grabó en seis o siete visitas a Los Ángeles desde el verano casi hasta marzo.

El sonido característico de L.A. es netamente americano. Nosotros desde aquí podemos tener una visión de ello, pero ¿qué feedback tienes de parte de los americanos? ¿Cómo te ven tus colaboradores de allí haciendo una música que es realmente suya?

Lo recibo con respeto. Es una sensación que ya descubrí cuando mezclé “Heavenly Hell” en Atlanta. De repente me fui a trabajar con un tipo que admiraba, que había hecho mis discos favoritos de rock de la historia y que accedió a trabajar conmigo porque le gustaban las canciones. No es cuestión de pasta. Muchos de los productores importantes americanos hacen cosas por pasta, obviamente, pero no cosas con gente desconocida que viene de fuera, lo hacen porque les gusta. A mí eso me da la confianza que me permite trabajar siempre allí, porque es el sonido que busco, es el sitio al que siempre he querido ir. He tenido la suerte de trabajar en Sun City, en Southern Tracks, con productores que admiro y ver que la respuesta es positiva. Ellos lo ven como que suena americano, pero que tiene un punto mediterráneo que no saben definir muy bien. Hay algo en la cadencia de las melodías o en los acordes que utilizo que les es fresco, nuevo y diferente.

¿Qué queda del mítico Big Sur de Jack Kerouac, Hunter S. Thompson y los hippies?

Queda lo que ha habido siempre y es curioso, porque lo que ha habido siempre es el vibe. Es una sensación de algo más que los lugares que hemos construido nosotros, como una cafetería o un motel, que en el fondo son efímeros. Hay algo en esa parte concreta de la costa que está ahí; un acantilado, las secuoyas, el bosque frondoso, esa carretera desértica con un lado el océano y al otro prácticamente jungla. Eso es lo que llamó la atención a todo el mundo en su momento, lo que llevó a Kerouac o a actores de la época dorada de Hollywood a pasar sus fines de semana locos allí.

En los arreglos y el sonido hay claras referencias a algunas bandas americanas de los 80; los teclados, el saxo, etc. Incluso puede sonar al Bruce Springsteen del Tunnel of Love. ¿Es una idea que tenías en mente o es algo que surge del trabajo?

Surgió allí como todos los discos que he hecho. Nunca me he planteado como debía sonar un disco antes. Me ha pasado en todos los discos, en este incluso más loco que con los anteriores, más desordenado y más caótico. No ha habido un camino predeterminado en mi carrera, ni creo que lo haya.

Pero sí que parece que este disco tenga un sonido homogéneo. Supongo que será por la labor de Matt Wignall.

Sí, por supuesto. No te das cuenta pero el tipo tiene las ideas muy claras y cuando le enseño la canción ya sabe, más o menos, por donde llevarla. Él encamina un poco la situación, si no sería un caos. Hice tres discos totalmente solo y al final no sabes cuándo parar, Matt te dice que la canción ya está hecha, que suena de puta madre y a otra cosa.

¿Cómo sienta dejar entrar en una parcela tan personal como la composición, algo que siempre has hecho tú solo, a alguien de fuera?

Es algo que era muy reacio a hacer, hasta este año pasado era algo impensable. Pero he aprendido a verlo de otra forma, y más desde que he trabajado con estos tíos. Me he dado cuenta de que tampoco tiene porque ser tan privado. Compartir y oír otras ideas, además de gente que confías, que sabe, gente americana que controla el idioma y que es gente culta, me ha ayudado. Todo eso hace que se enriquezca la propuesta.

Siempre has hecho casi todo en tus discos, tanto en la composición, como grabando casi todos los instrumentos. ¿Cómo es el proceso de pasar luego ese trabajo personal a formato banda?

Lo he hecho así desde “Heavenly Hell”. Lo grabé mano a mano con Toni Noguera, el productor, y fue la primera vez que planté toda esa artillería sonora a una banda. No sabíamos que hacer, si emularlo y hacer una réplica en directo, lo cual era muchísimo curro y necesitamos ser cinco o seis personas en el escenario, o libre albedrío, que las canciones fueran las canciones, pero que cada uno sacara la interpretación que quisiera. Y así fue. Como espectador me gusta ir a ver a Pearl Jam o Wilco y que le den una vuelta de rosca a las canciones.

En la actualidad, las bandas indies nacionales que más venden cantan en castellano, incluso muchas de las que cantaban en inglés hace una década se han pasado a nuestro idioma. ¿Se te ha pasado alguna vez por la cabeza dar ese paso?

Hombre, claro que es posible, pero no me gusta cantar en castellano. No consumo música en castellano porque no hay nada que me atraiga. Por ahora, que me puedo permitir el lujo de hacer lo que me gusta, canto en inglés. En mi casa siempre se ha escuchado música en inglés desde pequeñito, y lo que no era en inglés era en catalán; Serrat o Lluís Llach. Pero sí que veo mis canciones en castellano. Si alguien me dice que quiere hacer una versión de “Elisabeth” en castellano, adelante. Pero yo no creo que lo haga por ahora.

Eres uno de los artistas alternativos nacionales que más se ha movido fuera de nuestras fronteras; Estados unidos, Inglaterra, Japón, Australia… ¿Tienes la intención de volver a girar alrededor del mundo con este disco?

Sí, totalmente. La premisa ahora es presentar el disco aquí. Tenemos todo ocupado hasta octubre. Tenemos los festivales y ahora estamos haciendo acústicos, pero a finales de octubre volvemos a México. También vamos a hacer Alemania por primera vez y luego Estados Unidos de nuevo. Después tenemos Australia y Japón en el punto de mira, así que el año que viene se antoja movido. Tenemos la suerte de trabajar con Live Nation a nivel mundial y haber visto que hay cierto interés por nuestra música fuera, así que yo no voy a ser quien lo pare y lo frene, aunque teniendo una niña y otra que me viene en octubre es una putada a nivel familiar.

En “In America” hablas de una situación que viviste cuando estuviste allí, que podría ser la canción social del disco. ¿No has pensado en hablar de los temas sociales que hay a nuestro alrededor?

No lo sé, tal vez el hecho de no estar mucho tiempo seguido en España me hace perder un poco la noción de las cosas que suceden. No es que pase, porque por muchos inputs familiares y de amistades te acabas enterando y estando pendiente. Pero concretamente “In America”, fue a raíz de una situación que viví estando en Los Angeles, en el downtown, y que fue el detonante de una historia que acabó siendo una canción. Cuando estoy en España desconecto y tengo tantas cosas que hacer y estoy tan pendiente de mi vida de papi, que apenas tengo tiempo de salir a exponerme a que me sucedan cosas. A nivel social ya hay peña que está ahí dando guerra. Mi música no es para denunciar nada, es para que la gente se lo pase bien, algo más positivo.

Sin embargo sí que el tono del disco tiene un punto melancólico.

Ese es mi estilo, eso está ahí. Aunque cante feliz tiene ese punto melancólico, es la cadencia de las melodías y la voz. No me ha quedado más remedio que asumir que es así, que por muy contento que esté y muy positiva que sea la canción suena como triste.

Estás estrenando las canciones en directo en formato acústico, pero este verano volvéis a estar en un buen número de festivales. ¿En qué formato te sientes más cómodo con las canciones?

Empecé haciendo show acústicos y después monté la banda. Hicimos una gira larguísima con “Heavenly Hell” y me sentí cómodo como banda, pero después empecé a no estar convencido del sonido. Estos acústicos que estamos haciendo ahora son algo puntual, pero es donde realmente soy libre. Es cómodo, pero con banda ahora estamos sonando mejor que nunca, creo que esta va a ser “la gira”, porque el repertorio casa perfectamente con todo lo anterior, somos cinco en el escenario, incluso un sexto miembro que va a hacer algunos shows en festivales, y suena rico y colorido. Suena perfecto. Te diría que con las dos cosas estoy feliz y es cierto.

Empezaste auto editándote, te fichó una multinacional, pasaste a la autogestión que utiliza como fórmula Marxophone y vuelves a una multinacional con Sony. ¿Qué buscas? ¿Es una muestra de que quieres hacer cosas más grandes?

Buscas comodidad y obviamente buscas repercusión. Empecé haciendo mis tres primeros discos solo, con mi propio sello. Después firmé con Universal y de repente no hacía nada más que las canciones. Les entregaba el disco, ensayaba y me iba de gira. Pero llegó un momento en el que me di cuenta de que lo que realmente me molaba era decidir el arte del disco, decidir las fotos; me gusta controlar el 100% de la película. Entonces es cuando amistosamente rompí con la multinacional, porque ni ellos podían ofrecerme lo que yo quería, ni yo podía ofrecerles lo que ellos querían, y saco “Dualize”, que fue libertad total, pero vi que tenía carencias. Si queremos que este proyecto explote en un momento dado, o que llegue a más gente necesitamos un músculo más grande. Estando en Los Angeles se habló de la posibilidad de Sony, porque hubo una oferta en su día. La retomamos, hicimos una reunión, cuajó y es una maravilla. Sony tiene a Octubre dentro de su sello, que funciona como una indie, pero con un músculo de multinacional.

El track list del disco solamente tiene nueve canciones y una duración de poco más de media hora, aunque al formato digital le añades una canción y tres en el caso del vinilo. ¿Cuál es el motivo de que esas canciones no estén incluidas en todos los formatos?

Me gusta ofrecer lo que me gusta que me ofrezca. Intento llevar a cabo cosas que he aprendido de bandas que me molan. Tenía pensado hacer un disco de nueve canciones hace tiempo. Pensé en jugar con los dos formatos, porque obviamente iba a editar en vinilo de nuevo. Hacer el CD de nueve y el vinilo con doce o trece canciones, y entre ellos estaba a la edición digital que también había que darle algo. El vinilo es el formato definitivo, es el disco entero, además vinilo amarillo. Tiene arte diferente y empiezo con “June”, que es una canción que le he escrito a mi hija. Aun siendo un puto caos, tiene todo más sentido. Es un track list que escribí en un avión de vuelta, porque entrabamos en fábrica, y lo escribí medio dormido, pero al escuchar el disco tiene sentido y funciona.

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