Loquillo & Nu Niles (Thomas Canet)

ENTREVISTA A LOQUILLO

Son ya cuatro décadas de historia del rock español las que contemplan la figura de Loquillo, un artista que ha sabido reinventarse en diversas ocasiones mientras muchos de sus compañeros de generación tiraban la toalla o se refugiaban en circuitos nostálgicos. Adicto al trabajo, empeñado en seguir sacando discos a un ritmo que el mercado desaconseja, solo un año después del directo “El creyente” publica “Código rocker”, donde revisa un puñado de canciones de su repertorio a ritmo de rockabilly y acompañado por el trío Nu Niles (con él en la foto de portada). Un proyecto que nació como mero divertimento y que se encaramó al número 1 de las listas de ventas la semana de su aparición. Aprovechando una pausa de la gira con la que está recorriendo el país, hablamos con él. (Loquillo participará este año en festivales como Tres Sesenta Festival, Guitar Festival BCN o Gijón Motorweekend.)

¿Qué entiendes por código rocker?

Para mí, el código rocker es cuando basta con solo una mirada.

¿Y cómo se define eso musicalmente?

Urgencia. No nos perdamos en complicaciones y vayamos a lo que interesa. A veces, los músicos con una trayectoria y una edad nos complicamos excesivamente la vida, cuando lo que hay que hacer es lo que uno sabe hacer.

¿El código rocker es también un código de honor, como el que te una a Leslie, cantante de Los Sirex, de quienes habéis rescatado su versión de “El tren de la costa”?

Sí, en España “El tren de la costa” está relacionada con Los Sirex, siempre ha sido así, aunque sea una canción popularizada por Johnny Burnette (“Train Kept A Rollin’”). Impresionaba que la versioneara una banda española, no era normal. Aquí se tocaban canciones de Cliff Richard y los Shadows. Tenías que ser muy listo en 1961 para saber quién era Johnny Burnette. Con Leslie tengo una relación de padre e hijo. Hay dos versiones de la historia del rock español. Desde Madrid siempre se ha dicho que todo empezó con los discos que se traía del extranjero Ángel Álvarez, que era piloto de Iberia. Pero Leslie era camarero de un bar de la Barceloneta que se llamaba Hawai y que frecuentaban los marines americanos destinados en Barcelona. A finales de los cincuenta, todo lo que sonaba allí era música rockabilly. Escuchó a Gene Vincent, Buddy Holly, Eddie Cochran… Y entonces creó su primera banda, que se llamaba Los Meteors.

¿“Código rocker” es el disco que ibas a grabar con los Right Ons?

Es cierto que buscaba colaborar con una banda joven, pero el repertorio del disco que iba a grabar con los Right Ons es el que finalmente apareció en “La nave de los locos”. El proyecto no se concretó por una serie de circunstancias. Tengo muy claro que un sector del grupo no veía con buenos ojos esa colaboración, mientras a otro le parecía cojonuda. Por otro lado, no congeniaron en absoluto con Sabino Méndez, no hubo buena comunicación. Yo me quedé un poco con las ganas, pero creo que fue un acierto que el disco lo grabase mi grupo. En cambio, el proyecto con los Nu Niles es distinto, porque es una banda que, de algún modo, ha crecido directamente relacionada conmigo. Primero, porque hace veinte años se presentaron en mi casa para ofrecerme varias canciones, entre ellas “El crujir de tus rodillas”, que hemos grabado ahora. Segundo, porque siempre he hablado bien de ellos, es un grupo rockabilly que ha triunfado en todo el mundo y al que en España no se le ha hecho ni caso. Ha habido mucho de justicia poética en este proyecto. Pero es cierto lo que dices: Ya andaba yo en eso. Lo que ocurre es que un disco de rockabilly tiene mucho más que ver con mi intención de dar un nuevo giro a mi trayectoria después de los últimos cuatro discos.

Esos discos siempre han polarizado la opinión, ganándose defensores y detractores, pero con “Código rocker” se ha producido un consenso crítico total. ¿Te ha sorprendido?

Bueno, alguna vez tenía que pasar, ¿no? (risas). Lo cierto es que ha salido en el momento adecuado. Podía haber sido el disco que hubiera hecho en 1981, pero entonces la ortodoxia rockabilly estaba en manos de Los Rebeldes, y a mi me tocaba abrir puertas, dar pasos en otras direcciones. Así que era un disco que se había quedado en el tintero, y se ha hecho en el mejor momento de mi carrera, con la banda y los invitados adecuados. Muchas de las canciones ya son clásicos de la música española, y el reto era mejorarlas. Nos apetecía mucho llevar “Political incorrectness” al sonido de “Apache”. “Tatuados” también está en el sitio adecuado, cerca de Johnny Cash y Sun Records.

¿Cuál fue el criterio de selección de canciones?

Son las que me quedé con las ganas de grabar así. Originalmente fueron tocadas con los Intocables y los Trogloditas, que hacían punk o garaje, y no trataban esas sonoridades. Por otro lado, en su momento los productores entendieron que esas canciones tenían que ser de otra manera. Simplemente, me he dado el gustazo de grabarlas como creía que tenían que haber sido. “Piratas” era un doowop en toda regla, y ha terminado siéndolo, lejos de sonidos caribeños y cosas raras que había en la versión primeriza, que nunca entendí. Tampoco “Vaqueros del espacio”, que incluía la voz de ET diciendo ‘Mi casa’. Eso fue una ocurrencia de Manolo García. Yo era muy joven…

El disco dura cuarenta minutos. ¿Qué más tocáis en los conciertos de la gira?

El show dura hora y media, pero tiene muchas sorpresas que prefiero no desvelar. Hay canciones recuperadas que el noventa por ciento de la gente que va a acudir solo ha escuchado en los discos, porque las había dejado de tocar. Y es un concierto de rockabilly y rock and roll ortodoxo, de la vieja escuela.

¿Y los festivales? Has actuado en Sonorama o Territorios Sevilla. ¿Para cuando el FIB?

Ah, eso es muy interesante. Supongo que al FIB iremos cuando no nos den un plátano y una Coca-Cola (risas). El único problema que tiene el FIB es que todavía no ha entendido que en España hay artistas clásicos. Y que el público guiri desconoce el mercado nacional. No creo que sea por otra cosa. Si fuera mucho público nacional, no dudo que otros artistas y yo estaríamos presentes.

Bueno, han tocado Ilegales, Kiko Veneno, Morente, Fangoria…

Yo no soy entendido como una boutade. Mi caso es otro. En ese sentido, estamos hablando de un artista que en este momento es número uno en las listas de ventas del país. No un artista que vuelve o que lleva una trayectoria mediana, sino el número uno de las listas. No es broma. Es lo que habría que calibrar. Pero sigo creyendo que es una cuestión del público. Tengo muy claro que tocar en el FIB sería un acontecimiento, porque les ayudaríamos a meter más gente. Así de claro.

¿Cómo te sientes en los festivales? Porque tú tiendes a acaparar el protagonismo, y en los festivales hay que compartirlo.

Te aseguro que sigo haciéndolo. Lo tengo muy claro: Cierro yo. Posiblemente, en algunos festivales haya que compartir el cartel, pero los que vengan detrás tienen un grave problema. Como dice Bunbury, la primera regla de este negocio es: “Nunca se te ocurra tocar después del Loco”. Y Enrique sabe mucho de esto. Y si viene alguien detrás, peor para él. Generalmente suelo cerrar por ese motivo. En Territorios Sevilla los cabezas de cartel éramos nosotros y Love of Lesbian. Dos bandas barcelonesas de distintas generaciones triunfando fuera de Cataluña. Es lo que tienen los festivales.

Estabas anunciado en el Vive Latino de México, pero al final no fuiste.

Coincidía con la salida del disco. Hemos suspendido la gira americana hasta octubre. Este álbum era un entremés para pasarlo bien un rato, los grabamos en ocho días, pero de repente ha pegado un pelotazo que ha trastocado todos los planes. Luego llegó la oferta de Mahou de esponsorizar una gira exclusiva con el disco y tuvimos que empezar a poner en marcha el engranaje. Ya no era un proyecto anecdótico, así que hemos tenido que suspender los planes latinoamericanos para hacer esta gira. Pero en octubre iremos, a no ser que se me ocurra hacer otro disco.

¿Cabe dentro de lo posible?

Mi intención es meterme en el estudio en julio para grabar con la banda, al menos, ocho o nueve canciones que tengo desde hace casi dos años. Esa es la idea.

 Foto: Thomas Canet

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