RICARDO VICENTE PORTADA 1

ENTREVISTA A RICARDO VICENTE

El plan de Ricardo Vicente no es hacer ruido, más bien es sacar al mundo, en forma de pop, las personales historias que se forman en su cabeza. Este singular zaragozano se enfrenta a un segundo disco, en el que avanza en su particular visión de los sentimientos humanos, con la experiencia de haber sido parte de de Tachenko o La Costa Brava, de haber acompañado a Francisco Nixon o de haber creado junto a este último y The New Raemon un precioso artefacto -“El problema de los tres cuerpos-. Su primer álbum fue un peculiar proyecto presentado en forma de cd/libro y aunque en este nuevo disco cambia de fórmula, también lo impregna de personalidad hilvanando las historias a través de un relato completo. Hemos hablado con Ricardo Vicente de “Hotel Florida”, de su forma de contar historias, del avance de su sonido, de filosofía y de muchas otras cosas. Ya ha empezado la gira de presentación y de momento está programado para festivales como el Microsonidos de Murcia o el Sonorama Ribera de Aranda de Duero.

Llevas mucho tiempo participando en proyectos colectivos o ajenos, aunque ello no te ha impedido crearte un nombre en la escena, incluso antes de lanzarte en solitario. ¿Por qué tardaste tanto cuando ya era clara tu virtud para las composiciones pop? ¿Miedo o comodidad?

Cuando di el paso pensaba que tenía un horizonte largo, que tenía una puerta que abrir pero con eso no es suficiente. En mi vida las decisiones van unidas a eventos externos y como de costumbre, así fue. La necesidad de escribir y tener una trayectoria en solitario estuvo siempre. Nunca me he movido por comodidad, ahora lo pienso y veo que no era un horizonte largo, es que simplemente el camino está lleno de miedo. Y por suerte, el camino del arte es de los pocos escenarios donde el miedo es una virtud y no un motivo para pisarte la cabeza.

Tu debut fue a través de un proyecto atípico, un disco acompañado de un libro que hilvanaba las historias. En este segundo trabajo has cambiado de método, pero sigue habiendo un nexo de unión entre las canciones a través del concepto que desprende el título del disco, el “Hotel Florida”, desde el que parece que observas el desarrollo de las historias de las canciones. ¿Qué importancia tiene para ti que el disco mantenga el hilo narrativo?

Toda la importancia de este trabajo es conseguir que esa parte narrativa salga  del “Hotel Florida”, lo que ocurre es que espero hacerlo en dosis. Espero trabajar este proyecto y que no termine solo con el disco. Voy a dedicar el tiempo que necesite cada apartado. He aprendido algunas cosas de mi anterior trabajo, así que voy con mucha ilusión.

Tanto el Hotel Florida como el Hotel Rwanda parecen usados como una atalaya desde donde observar y relatar la historia. ¿Es ese el tipo de corresponsal que tomas prestado para las historias de este disco? Esta forma de contarlo en primera persona pero aparentemente a través de los ojos de otro, ¿es miedo, inseguridad o simplemente un recurso?

Bueno, tomo prestado el siguiente paso de mi horizonte. Yo siempre me adelanto con canciones a lo que pretendo que me ocurra. No conozco otro tipo de religión o fe que creer que los textos tienen algo de teleología, algo que modifique mi futuro, algo que constate que manejo a duras penas mi vida pero la manejo. Así que las dos personas a las que haces referencia deben su sentido a que yo quiero ser un corresponsal.

El disco parece desgranar una historia de amor disfuncional, donde el cariño está claramente presente, pero la felicidad no tanto; desprende bastante soledad, melancolía, frustración y dependencia ¿Es esa historia de amor el gran conflicto, la cruenta guerra que observa el corresponsal?

Lo es en gran parte de la trama. En lo que al amor se refiere, diría que  totalmente. Lo disfuncional del amor es atractivo del mismo modo que lo son las guerras. Ahora bien, arrasan con uno y lo peor de todo, moldean tu zona de seguridad, moldean tu “Hotel Florida”. Yo creo que tus cuatro conceptos caben en ambas experiencias de la vida. Lo que ocurre es que por separado y sin un contexto, la soledad, la melancolía, la frustración y la dependencia se convierten en armas, son letales, te matan por dentro. Pero dentro de una historia de amor o una aventura bélica son esenciales.

Empiezas con “Belleza y miedo” la canción que cantas a dúo con Zahara, donde a pesar de la pieza se atisba el problema sentimental, la crudeza de las historias van subiendo de intensidad hasta unas totalmente descarnadas “Trampa 22” y “Roméo Dellaire”, para luego terminar cerrando el círculo cantando en solitario “Belleza y tiempo”. ¿Es un fin? ¿Un final de soledad?

El ritmo de la trama es tal cual lo describes, y respecto al final, más que un final de soledad es una aceptación de que ella es la única que va a dormir con él, pero él irá a hacerse daño mientras. El hombre que le hace signos es la imagen pura de la dependencia. Se trata de un final en el que ella debe aceptar la soledad de él.

¿Es el miedo en la pareja o el fracaso en las metas personales (el corresponsal que no llega a ser tan bueno) el desencadenante de los problemas de la historia?

Es el miedo entre los humanos y el fracaso entre los humanos lo que desencadena toda la historia. Aunque sea un desastre de pareja, la trama que se cuenta es de amor total. Aunque sea una idea estúpida, hacerse corresponsal de guerra es la única salida honesta que tiene, los resultados generalmente son juzgados por el resto de la humanidad que no te quiere como te quiere la gente que te quiere. Por eso digo que genera el miedo, pero yo siempre quise sacar la belleza de las cosas y hacerlas durar el tiempo que pueda.

En verano, relataste el viaje en el que te desplazabas a grabar el disco a El Puerto de Santamaría en varias intervenciones en “Hoy Empieza Todo” de Radio 3. Un viaje solitario y podría decirse que reflexivo. ¿Hay cierto paralelismo en ese viaje en moto y las canciones de este disco?

Hay mucho. A mí me importa mucho la verdad de los textos, más allá  del realismo, más allá de la realidad. El viaje es verdad, los sentimientos son verdad, las conexiones en radio fueron verdad, la reflexión sale de mí viajando solo y quise vivir el final de la trama en primera persona. Este proceso, me ha dado mucha seguridad, y reconozco que me hacía falta.

A lo largo de tu trayectoria has interactuado con un montón de músicos y eres amigo reconocido de bastantes artistas afines que podían haber participado en este trabajo, sin embargo la colaboración principal (en cuanto a voz) del disco corre a cargo de Zahara. ¿Cómo surgió esta colaboración? ¿Cómo llegaste a ella?

Sí, yo he tenido mucha suerte. He trabajado con gente y me han entendido casi siempre. Pero el caso de Zahara ha sido especial. Por mi forma reservada no se hubiera dado jamás. Creo que las personas que trabajan conmigo y las que trabajan con ella vieron la idea y crearon la situación y esto hizo que cuando fuimos a grabar yo estuviera nervioso, expectante y emocionado. Más allá de las canciones hay poco, pero cosas así rompen la tendencia a encerrarme que tengo y de verdad, más allá de lo contento que estoy con el resultado de la canción, creo que ha sido algo vital.

Seguramente te encontrarás con ella en el mismo cartel de algún festival, o incluso cuando visites Madrid, ciudad en la que ella vive. ¿Has pensado en que interprete “Belleza y miedo” contigo en directo?

He tenido la suerte de hacerlo hace poco en un concierto suyo en Huesca, en la sala 21. Sería genial repetirlo pero primero está la agenda de cada uno. Ahora bien, yo sé que nos vamos a cruzar más veces, así que la vida puede hacer cosas vitales como esa.

Sin olvidar puntualmente el pop clásico y preciosista, que no solamente caracteriza tu primer disco si no la mayoría de los proyectos en los que te has involucrado, en este segundo trabajo se ve un mayor protagonismo de otro tipo de arreglos, una mayor variedad de sonidos; en algunos momentos sintentizadores, en otros guitarras, muchos más coros, incluso la forma de cantar de “Muriendo de frío”. ¿Es posible que te sientas más seguro con tus canciones y eso te lleve a experimentar?

Me siento más seguro con el proyecto y uno de los objetivos de este disco era la interpretación. Así que si eso es algo que se percibe es que algo está cumplido.

Te rodeas de músicos y colaboradores habituales, y el disco lo produce Nahum García, ¿es más fácil ser uno mismo cuando está rodeado de la gente de casa?

Yo soy alguien extremadamente esquivo pero que se preocupa mucho de la gente que es buena conmigo. Soy así y no lo voy a cambiar. Ser uno mismo nunca es fácil porque el mundo no está hecho para que a uno le escuchen pero crecer como artista es tener más recepción.  Respecto a los que me rodean, creo que siempre voy a estar igual, entre la preocupación y mi habitación del “Hotel Florida”.

En la gira de “¿Qué haces tan lejos de casa?” de 2013 presentaste el trabajo mayoritariamente en formato reducido, pero quizá estas composiciones den más juego para una banda completa. ¿En qué formato vamos a verte en esta gira?

El disco y el trabajo de estos años merecen ser presentados con banda y eso es un objetivo necesario que se ha planteado para esta gira.

Naciste como “Ricardo Vicente en solitario” al mismo tiempo como músico que como escritor. Ahora una de esas facetas se ha quedado atrás, ¿Tienes pensado compensar esa pata de la mesa?

En realidad, no suelo separarlas pero el hecho de haber juntado el formato disco-libro en mi primer trabajo en solitario puede dar la sensación de que la otra pata está en el aire. Por supuesto que mi intención es compensarla. Yo siento ahora que tengo la obligación de hacer las cosas con más rigor y respeto. La seguridad que me ha dado este año de trabajo hace que los pasos tengan que ser mesurados pero atrevidos, así que sí, definitivamente voy a escribir en cuanto los plazos me lo permitan.

Es recurrente al charlar contigo hablar de la filosofía. ¿Qué influencia ha tenido el desarrollo de la reflexión metódica a la hora de definirte como artista? Tanto de compositor de canciones, como de escritor.

Para mí la filosofía ha sido como una elección vital temprana y, más allá de la importancia de la reflexión metódica y la disciplina, lo que supone es la constatación de que uno tiene que hacer en la vida aquello que se le dé bien y lo otro dejarlo de lado. Eso ha hecho que yo sea un artista que se ocupa de lo que hace bien y no pretende cosas que no están hechas para él cada mañana. Digamos que la filosofía es el primer riesgo existencial que acepté, pero no lo tomo como una disciplina. Yo soy más de rutinas que de una vida metódica, la verdad.

Fotos: Nahúm García

 

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