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ENTREVISTA: LOS ENEMIGOS

Los Enemigos han vuelto, si es que alguna vez se fueron. Josele Santiago, Fino Oyonarte, Chema “Animal” Pérez y Manolo Benítez han entrado en el estudio para grabar disco nuevo. El álbum, que se titulará, casi con total seguridad, “Vida inteligente”, verá la luz pasado el verano. Un aplazamiento provocado por la intervención a la que fue sometido el cantante del grupo, para extirparle un pólipo de las cuerdas vocales. Josele, totalmente recuperado, responde con su retranca y lucidez habitual.

 

¿Crees que la operación va a cambiar tu forma de cantar?

En algo tendrá que afectarme, supongo. Yo creo que tengo mejor voz. Algo se notará. Si tienes un pólipo y te lo quitan, pues tiene que ir a mejor (risas).

 

Los Enemigos tenéis por delante un verano con presencia en distintos festivales (BBK Live, Nordestazo, Zaidín, Mayorga Rock). ¿Afrontáis de alguna manera especial estos conciertos?

Tampoco es que tengamos mucha pirotecnia, ni muchos efectos especiales o cosas por el estilo. Salimos, tocamos y no montamos nada especial (risas). Hacemos nuestro repertorio y poco más. Si el escenario es muy grande, procuramos no separarnos demasiado. Nos gusta sentirnos juntos (risas).

 

¿Os sentís cómodos tocando en ellos?

Sí. Da gusto, porque se suele sonar muy bien. Antes era un suplicio. Me refiero a hace muchos años, veintipico, cuando empezamos. Entonces, en los festivales ni se probaba el sonido, ni hostias. Se salía a pelo, pero ahora el nivel profesional del equipo, de la gente que lo controla, es alto. Es muy raro que suene mal y antes era una puta pesadilla.

 

En 1999 publicáis vuestros últimos discos de estudio hasta la fecha, el álbum “Nada” y la banda sonora de la película “Se buscan fulmontis”. Desde entonces hasta nuestros días, han aparecido hasta seis discos recopilatorios, la mitad de ellos recogiendo conciertos vuestros. Eso habla muy bien de la vigencia del repertorio de Los Enemigos, ¿no?

Hicimos dos directos [se refiere a los discos “Obras Escocidas (1985-2000)” y “Obras Escondidas” (1985-2002)”], más que nada para que quedara constancia de cómo sonábamos encima del escenario, en vista de que nos separábamos. Y luego, sí es verdad, que ha salido algún que otro recopilatorio, pero no he estado muy al tanto. Es cierto que se trata de un repertorio que no está unido a ninguna tendencia o corriente determinada, ni a ningún movimiento o tribu urbana, de aquellas que había, en concreto. Al principio eso podía despistar a la gente y ha acabado jugando a nuestro favor. Suenas a Los Enemigos y punto. Son canciones hechas desde el corazón hacia las vísceras de la gente, que han sobrevivido por sí solas.

 

Y quince años después volvéis a grabar. ¿Por qué?

La reunión se estaba alargando y convirtiendo en una etapa nueva. Así que nos planteamos sacar un disco y me puse a componer. Así de sencillo (risas). También había que comprobar que las nuevas canciones valían la pena, porque si no era así, no seguíamos adelante. No era cuestión de grabar por grabar. Pero el material que hemos grabado, modestia aparte, merece la pena.

 

Hablas de nueva etapa y no de reunión.

Es que no fue nada premeditado. Nos juntamos e hicimos los dos bolos que nos habían contratado y como la cosa sonaba muy bien y el público respondía, fueron creciendo las fechas. Y aquello se alargó casi dos años. Era absurdo seguir hablando de reunión porque era algo más.

 

Pero seguís siendo la misma formación, contáis con el mismo productor (Carlos Martos) y en directo váis a seguir tocando canciones de los discos anteriores. ¿Qué hay de nuevo?

La diferencia es, simplemente, el tiempo. Nosotros lo vemos así. Los riffs nos salen más gordos, Chema es aún más bestia con la batería, yo me pongo tres o cuatro puntos más en el ampli y… suena a Enemigos. Pero a los Enemigos de hoy.

 

¿Cómo os está quedando el disco?

Estamos muy contentos, muy ilusionados, está quedando como un cañón, suena de puta madre. Y Carlos (Martos, el productor) tiene todo el rato una cara muy luminosa. Es un álbum 100% Enemigos, sin ningún tipo de colaboración. Sólo los cuatro. Sin teclados, ni acústicas, ni nada por el estilo. No por nada, lo probamos pero no funcionaba. Estarán representadas todas nuestras facetas, que tenemos unas cuantas (risas). Está nuestro lado rock, que es el que tal vez más predomina, pero también tocamos cosas más pop, más punk, rozando a veces casi el hard, algunos toquecillos country o un poco de blues. Los Enemigos somos un grupo de rock en castellano, pero tenemos muy pocas manías. De hecho, en nuestro repertorio hay, incluso, algunas canciones muy cabareteras. Tenemos un abanico, estilísticamente, bastante amplio.

 

De eso dan fe algunas de las versiones que habéis grabado (Abba, Serrat, TV Personalities, Gloria Gaynor o Palito Ortega) o los gustos musicales que compartís en vuestro facebook (The Cure, Hole, The Smiths, Hüsker Dü, Klaus & Kinski).

Es que nos gustan muchas cosas. No tiene ningún sentido escuchar sólo un mismo tipo de música. No sé. Nos gustan AC/DC, pero al mismo tiempo, un montón de grupos más. Mejor para nosotros, ¿no? (risas).

 

¿La idea es sacar un disco y ver que pasa u os planteáis algo a largo plazo?

De momento la intención es publicarlo, pasearlo por ahí, y seguir en la carretera, que es algo que a los cuatro nos sigue gustando. Yo no me aburro. Si no fuera músico, sería camionero. No puedo estar más de un mes seguido en casa.

 

¿Qué os da Carlos Martos para que sigáis contando con él como productor?

Además de ser un profesional impresionante, nos entendemos a la perfección. La primera vez que trabajamos juntos fue en 1990, en el disco “La vida mata”, y fue el álbum, que al menos a mí, más me ha hecho crecer como músico. Es un trabajo que nos marcó mucho, que nos hizo entender muchas cosas, es un disco capital para nosotros. Y luego repetimos con él hasta el último, “Nada”, y es que casi no nos hace falta ni hablar, con una mirada nos vale. Vamos, que cuando decidimos que volvíamos al estudio, la opción Carlos Martos era la única que pensábamos. Si estamos el equipo titular, tiene que estar el jefe también. Es nuestro George Martin.

 

Aunque vuestras letras siempre han tenido un halo desesperanzador, ¿las del disco nuevo están marcadas por la situación social y económica que vivimos?

Siempre, por muy etérea que sea la letra de una canción, o por muy flipado que estés, el marco en el que se desarrolle será este pequeño y cochino mundo (risas). Hay canciones más oscuras, otras más luminosas, una que trata sobre el timo de las preferentes, otra que se va a la quinta dimensión… Hay de todo.

 

¿De qué manera beneficia a Los Enemigos los proyectos paralelos de sus miembros?

Cada vez tocamos mejor y tenemos menos manías. Los cuatro nos hemos seguido dedicando a la música. Yo he sacado cuatro discos en solitario, Fino montó Clovis y Los Eterno, Manolo ha estado con Freedom y trabajando para otros artistas como Raimundo Amador o Los Porretas, y Chema ha estado en muchos musicales de estos de la Gran Vía, el de Queen, el de Abba… y ha seguido con su carrera como actor y como músico de sesión. No hemos estado quietos estos años. Y se ha notado cuando nos hemos juntado. Un grupo de rock es un mundo muy cerrado, una endogamia tremenda, así que saliendo fuera aprendes muchísimo, recibes un aluvión de información que no conocías porque estabas encerrado en el huevecillo de tu grupo.

 

Aprovechando que has mencionado tu carrera en solitario, ¿por qué crees que determinados músicos (Jorge Martínez de Ilegales, Loquillo) cuando alcanzáis cierta edad os atreveis con otras sonoridades bastante alejadas de lo que ha sido vuestra carrera e incluso coqueteáis con la figura del crooner?

Es producto de la curiosidad natural como músico. Uno está toda la vida en un grupo de rock y cuando se ve más libre de ataduras, aprovecha para investigar por otros lados. Es normal. Si es que nos pasa a casi todos. En cuanto dejas el grupo de rock, empiezan a sonar guitarras acústicas y pianos por todas partes (risas). Sales con un tapón en el cerebro de tanto decibelio y es lo que apetece. La ley de la compensación o algo así. Y como esa ley de la compensación no se cansa, ahora lo que toca es rock and roll otra vez.

 

A raíz de la gira de reunión, apareció un texto firmado por Ignacio Julià en la revista Rockdelux en el que lamentaba la desaparición de las drogas y el alcohol en Los Enemigos. Incluso en algunas informaciones sobre este nuevo disco, los periodistas han vuelto a incidir en el tema. ¿No es fijarse más en el continente que en el contenido del grupo e infravalorar, por tanto, vuestras canciones?

Me sorprendió mucho aquel artículo, pero bueno, cada uno tiene sus complejos y sus síndromes y los refleja como le permite su vergüenza. A mí me parece una estupidez, ¿qué quieres que te diga? Lo digo sin tapujos, porque es ley de vida. El cuerpo manda y hay que cuidarlo. A partir de determinada edad hay que cuidarlo y si no lo haces, no te responde. Si no estuviéramos en forma física, esto no sería posible, porque esto es duro (risas). No puedes llevar con cincuenta años la vida que llevabas con veinte. Es que no tiene sentido. Sería muy aburrido. Y me parece un despropósito andar fijándose en eso cuando uno está intentando sonar bien, hacer algo positivo, hacer algo creativo… Que de repente salga alguien diciendo: “Hey, ya no tomas drogas”, pero ¿eso, qué tiene que ver, coño? Esos comentarios son una meada fuera de tiesto.

 

¿No será que en realidad esos periodistas lo que echan de menos es cómo vivían ellos aquellos años?

Totalmente de acuerdo. Yo creo que hacen esos comentarios porque echan de menos su propia juventud. Y eso significa que no han entendido nada o muy poco. La juventud no tiene nada que ver con la dieta (risas). Está más en el espíritu y en el cerebro.

 

Eres un lector constante y voraz, incluso colaboras con algún artículo en Babelia, ¿no te has planteado nunca escribir una novela?

Sí, sí me lo planteo, pero de ahí, generalmente, no paso (risas). Me gusta mucho escribir. Tengo unos cuantos relatos cortos. Cualquier día los uno y saco un libro. Me encantaría.

 

El año que viene Los Enemigos cumplís treinta años. ¿Está prevista alguna celebración?

¡No me jodas! Me acabas de dejar chafado. No lo sabía. No creo que hagamos nada (risas). Imagino que nos pillará por la carretera, presentando las nuevas canciones. Uf, es que no había caído en eso. Si hace nada estábamos celebrando el veinte aniversario (risas).

 

Rafa Rodríguez Gimeno

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